Hola!

Bueno, primero que todo tengo que decir que no sé cuando volveré a actualizar. La semana que viene estoy con exámenes, y después tendré que prepararme para selectividad, así que... no sé si tendré demasiado tiempo

Ése capitulo no me gusta demasiado, pero es que tenía que actualizar ya. Además, no creo que hubiera podido mejorarlo mucho. Bueno, no sé que opinaréis al respeto

Gracias por leerme y cuídense mucho. Besos!


Permanecieron en silencio unos minutos sentados bajo aquel viejo sauce de los jardines, mirando como el Lago Negro se oscurecía conforme anochecía. Las nubes, ocultando la luna con sus brazos, la privaban de su poder para alumbrar la oscuridad de la noche, haciendo que los alrededores de Hogwarts se sumieran en la sombra.

Fred dio otro trago a la cerveza y se la devolvió a su hermana. Ella la cogió con la mano temblorosa y la dejó a un lado sin quitar ojo al muchacho. Él, pero, seguía sin immutarse.

- ¿No es bonito el cielo por la noche? - le preguntó, mirando hacia el infinito.

Ella sólo asintió.

- ¿Sabes una cosa? Hacía tiempo que quería que habláramos a solas. Este último curso parece que nos haya distanciado, y éso no me gustaba. Quería arreglar las cosas – hizo una pausa. Ginny escuchaba el silencio de la noche, paralizada –. Realmente el cielo es precioso. Y que estés tú conmigo aún hace todo esto más perfecto.

De repente, Ginny notó como la cálida mano de Fred se deslizaba sobre la suya. Lentamente, giró su rostro y se percató que él la estaba mirando fijamente. Sabía que todo aquello era fruto de una poción, no de los sentimientos de él, pero, aún así... no pudo resistirse. Llevaba demasiados años deseando que Fred la amara como algo más que como hermana.

Con gestos algo torpes, tragando saliva, hizo que su cabeza reposara sobre el hombro de él, y notó como la cabeza de él se posaba sobre la suya. Con la otra mano, Fred fue a buscar la larga cabellera pelirroja de la chica. Sus dedos jugaron con sus rizos durante unos segundos, luego apartó de delante de sus ojos de color miel un mechón de cabellos que los cubrían, posándolo tras la oreja de la chica. Entonces acarició su mandíbula, haciendo que Ginny entreabriera los labios, sorprendida. Fred, sonriendo, tomó suavemente el mentón de la muchacha, rozando la comisura de sus labios con el pulgar.

Dentro del castillo se oían voces, gritos de los alumnos exaltados. Las luces que salían por las ventanas iban a reflejarse en el Lago Negro, el agua del cual ondulaba sus formas, dándoles un aspecto fantasmagórico. Pero ninguno de los dos hermanos se percataba de nada que ocurriera más allá de las sombras que los ocultaban bajo aquel sauce. Sólo estaban ellos en el mundo, y se habían perdido el uno en los ojos del otro.

Fred puso ambas manos en las mejillas sonrosadas de ella y se acercó. La frente del chico descansó sobre el de la chica, sus narices se rozaban. Ginny, sabiendo qué ocurriría luego, tragó saliva. No se sentía incómoda, no estaba ansiosa, ni siquiera estaba nerviosa; se sentía perfectamente bien en aquel pequeño mundo de azúcar que había creado con su hermano.

Quizás no era adecuado hablar en aquellos momentos, pero Ginny sintió que tenía que decirlo. Hacía demasiado que se lo guardaba.

- Te quiero mucho – susurró con la voz quebrada por la emoción.

- Y yo también.

Y, sin más dilaciones, ladeando la cabeza, Fred salvó la pequeña distancia que aún separaba sus labios y los unió. Ginny se estremeció, pero no se separó de él. Sólo cerró los ojos con mucha fuerza y dejó que él la llevara.

Ella se separó un poco para mirarle a los ojos, pero Fred la siguió, no queriendo desengancharse. Con la mano, Ginny tanteó el suelo, tratando de apoyarse para no desaquilibrarse. Él se inclinó más sobre ella, quien finalmente cayó sobre el suelo de espaldas. Se sonrieron, y Fred se acercó un poco más a su hermana. Ginny cerró otra vez los ojos, esperando que él fuera a encontrar sus labios otra vez, pero, en vez de eso, notó como las manos del chico empezaban a desabrocharle la blusa. Se sobresaltó.

- No – dijo ella, tomandole las manos para que se detuviera –. No lo hagas.

- ¿Por qué? - preguntó él con la decepción pintada en el rostro.

- Porque... no creo que esté... preparada.

Él no insistió más. Sonrió dulcemente y se tumbó a su lado, mirando el cielo.

- No importa. Lo haremos como tú quieras.

HPHPHPHP

Estuvieron así tumbados cara las estrellas y abrazados durante muchas horas. Después se durmieron.

La mañana siguiente, Ginny se despertó justo al hacerse de día. Lo primero que vio fue que Fred no estaba. Se había ido ya hacía un buen rato, pero la había cubierto con su capa para que no tuviera frío.

Se levantó, tratando de orientarse. Era un lunes. Tenía que desayunar y después ir a clases. ¿Qué hora debía ser? ¿Era muy tarde? No, el sol apenas se vislumbraba por las bajas montañas del horizonte. Tenía tiempo de sobras para hacerlo todo. Incluso podría hablar con Fred.

Mientras iba hacia al castillo, recordaba todo lo ocurrido durante la noche anterior. Sentía como sus piernas flaqueaban de la emoción. Por una banda, se sentía feliz, casi alegre, como hacía tiempo que no se sentía. Pero, por otra banda, tenía miedo de pensar que Fred no la quería realmente, que había actuado así a causa de la poción que ella había preparadao.

En el vestíbulo de Hogwarts se encontró con Fred. Iba a sonreirle, pero algo se lo impidió. Los ojos de su hermano tenían un aire lúgubre y serio que jamás había visto en él. Jamás. Enseguida adivinó que algo había fallado. Tragó saliva.

- Venía a buscarte – informó él.

- Yo también quiero hablar contigo – hizo Ginny, armándose de valor.

Él se cubrió los ojos con la mano unos instantes antes de proseguir. Ella se mordió el labio. Sería dificil decir cual de los dos lo estaba pasando peor.

- No sé qué me ocurrió anoche. La cerveza de mantequilla se me subió de algún modo a la cabeza, porque si no, no logro entenderlo. O quizás estaba caducada. O me volví loco... - hablaba muy rápidamente, siempre mirando al suelo – No entiendo que me ocurrió, de veras no lo sé. Que suerte que me detuviste a tiempo, que si no... Oh, Dios, no quiero ni pensarlo. Pero tranquila, que no volverá a suceder.

Para Ginny, sólo había algo claro: los efectos de su poción ya se habían terminado. Seguramente se equivocó mientras la hacía, pues era muy compleja. Es una suerte, pensó, que Fred no esté en la enfermería por mi culpa.

Siguió escuchando en silencio. Fred siguió hablando.

- Esta mañana he estado charlando con George... No le he contado nada de aquello, claro... Bueno, que hemos decidido que nos iremos.

- ¿Os iréis? ¿Dónde?

- Es algo que ya habíamos planeado, pero no sabíamos cuando hacerlo. Estamos ya cansados de los estudios y de Umbridge. Nos iremos esta tarde. Así que tranquila. Ya no me volverás a ver.