Este capítulo en lo particular, es uno de mis favoritos. Aunque todavía quedan muchos por delante, no puedo dejar de leerlo de vez en cuando. Creo que sí existe algo que demuestra que has hecho un buen trabajo, es que tú te conviertes en fan de lo que tú mismo has hecho. Supongo que será una marca registrada, para todos los que disfrutan haciendo lo que hacen.
No los entretengo más. Con ustedes, el undécimo capítulo.
Chris abrió las puertas del instituto de par en par, sin mediar en las horas de historia que le faltaban por rellenar con el profesor Bertolucci o de ir a buscar a su hermana. En aquellos momentos, su mente era un torbellino de mares revueltos, y por todos lados podía ver el nombre de Jill Valentine atravesándole la cuenca de los ojos de un lado a otro.
Se encontraba en la intercepción de dos calles, buscando a la chica de cabellos castaños. Esperaba no llegar muy tarde para dar su explicación.
Y pensar en el valor que había tenido que acumular para poder invitarla al baile de otoño. Ahora el idiota de Carlos tendría el camino abierto y él… Sino pensaba en algo pronto, tendría que resignarse al sueño de ser piloto de la aviación e ir salvando el mundo por ahí; casado con una mujer a la que de seguro no amaría y que haría de su vida un poco más miserable por el poco afecto que él le demostraría. No sonaba como algo inherentemente malo, pero Chris simplemente no quería averiguar qué tan ambigua podía llegar a ser esa premonición.
Finalmente cruzó la calle, y la siguiente, y la siguiente, hasta que divisó el famoso parque de Racoon y su riachuelo con bancas a los costados. Era uno de los lugares favoritos de Jill, para pasar el rato y meditar. A Chris le gustaba acompañarla. Hablaban de cualquier tipo de cosas y cuando no lo hacían, él podía apreciarla sonreírle a la nada y riéndose de anécdotas viejas que terminaban rememorando. Era un espectáculo para el azabache, un espectáculo que tendría su contraparte si no llegaba ahora mismo adonde ella estaba sentada.
La divisó finalmente, recostada con los brazos y las piernas muy juntas y la cabeza gacha. Estaba sentada en la misma banca de siempre. Sus deseos le imploraban a gritos que fuera hasta ella y que no le permitiese derramar una sola lágrima más.
Fue ahí cuando sintió una mano palmearle el hombro. Era una presencia insoslayable, e inquebrantable que le transmitió una paz que nunca antes creyó haber sentido. Una paz, solo comparada con la que debían de sentir aquellos que han dado por finalizada una tarea importante y que por fin pueden descansar.
Paulatinamente fue volteando el rostro y se encontró con la sonrisa de un chico alto, de cabello negro, suéter verde y brazos largos. Algo delgado, pensó Chris, pero eso era algo intransigente. Sentía unas ganas incorruptibles de escucharlo; y fue así como se sentó en la banca más próxima que tuvo, junto a aquel sujeto, del cual no conocía ni siquiera su nombre.
-¿Qué vas a decirle?
-Iba a disculparme – Contestó Chris con duda – A disculparme por lo que pasó. Ella tiene que saber que no fue mi intención, que yo…
-Las intenciones no importan, cuando el acto está hecho, amigo mío. Por eso debes escoger bien tus palabras. Y te lo pregunto de nuevo, ¿Qué ibas a decirle?
Chris, privado de toda emoción, sintió sus esperanzas entrar en un limbo mientras sopesaba la respuesta. Era cierto, el daño ya estaba hecho. Quisiese o no, Jill lo observó en el momento y lugar equivocados aun en contra de su voluntad, debía darse el tiempo para razonar.
-Yo, no lo sé… Pensé que una disculpa bastaría. Somos mejores amigos.
-Yo no estaría tan seguro. Un mejor amigo actúa diferente, tengo entendido.
-Siempre hemos sido mejores amigos.
-Entonces debo resarcir mi percepción de amistad, Compañero Redfield. He de admitir que pensaba que los amigos, eran mucho menos de lo que veo entre ustedes dos y que entre dos personas que se hacen llamar amigos, los problemas fluyen y se resuelven por axioma. Como un lago que busca una vertiente hacia el mar abierto. No creí que los amigos, tuviesen que dar tantas explicaciones por cosas que ustedes consideran… Nimiedades.
Tenía razón. Chris no podía refutarle nada. Le había costado un mundo convencerse a sí mismo de poner la palabra "mejores amigos" en su boca, pero esta vez ya no podía. Era un hecho que Jill y Chris, no eran amigos convencionales. Eran eso a lo que la gente llama: Más que amigos.
-… Pero creo saber que las amistades, como la historia, son irreversibles y no pueden modificarse ni con el paso del tiempo ni con los acontecimientos. Todo aquello que sea más o menos que eso, puede alterarse.
-Jill para mí es más que una amistad.
-Entonces el que estés aquí, tiene un poco más de sentido, por lo que veo.
-¿Es el momento?
-¿Te refieres a….?
-Si debo hablar con ella.
Aquel sujeto le sonrió, y Chris dentro de sí deseó que cuando se fuera, no se olvidara de él. Que volviese alguna vez. Sabía, que a partir de ahora estaría más que dispuesto a recibirlo con una sonrisa ¿Y por qué no? Algún día le invitaría una hamburguesa, si llegaba a ser novio de Jill Valentine.
-Creo que el momento solo es, cuando sabes lo que tienes que hacer. Lo demás es preludio y consecuencia.
Entonces no era el momento. Aún si veía a una manada de Carlos Oliveira tratar de consolar a Jill con su particular estilo, que a Chris le parecía de lo más irritante, él tendría que esperar. Tenía que ser paciente, tenía que saber qué hacer. Solo de esa forma, sabría cuando era el momento.
Pensó que debía agradecerle. Ese sujeto, quién quiera que fuese, le había dicho más de todo lo que él sabía a sus jóvenes diecisiete años de existencia. Quería agradecerle, aun cuando creía que él no aceptaría sus agradecimientos.
Pero cuando se dispuso a hacerlo, ya no estaba; ni siquiera en los alrededores. Se había esfumado. Quién era y que se proponía, eran preguntas que Chris le haría en otra ocasión.
-¿Entonces?...
Leon se encontraba en medio de un camino con dos salidas y no sabía cuál de las dos debía tomar. El letrero frente a él, tenía entablilladas dos flechas que apuntaban en sentidos opuestos con los nombres de: Claire y Ada, respectivamente. Sentía una confabulación cósmica extraña entre esas dos. De pronto, le pareció que su brillante idea de presentarle a la oriental a sus amigos, había salido demasiado bien y ahora ella y Claire eran como uña y mugre. Las veía reír juntas y hablar de trivialidades más seguido de lo habitual y en más de una ocasión, el chico de cabellos castaños se vio envuelto en las bromas inocentes de las chicas que disimuladamente, competían por conquistar su corazón.
-No sé, mamá. No había pensado en invitar a nadie al baile de otoño – Mintió – Recuerda que es una celebración muy tonta, no tiene sentido. Un baile para celebrar el inició de clases…
-¡Pero a ti te encantaba! Siempre dabas gracias al Dios Cthulhu por faltar a clases a causa del baile de graduación.
Punto a favor para la hermosa mujer de cabellos lacios color café que caían y culminaban en ondas alrededor de su pecho y sus ojos color miel. Con una cara ovalada de rasgos perfectos, que observaba a su hijo con un rostro de fascinación inmensa. Le gustaba ver a su primogénito pensar mucho en una respuesta; creía que eso lo hacía tomar las decisiones más sabias.
-¿Qué te parece esa chica, Ada Wong? El otro día te vi conversando con ella de lo más animado y por primera vez, me pareció ver a alguien digna de competirle a Claire.
-Claire no tiene competencia mamá, es mi amiga.
-¿¡Qué acaso Roberto Carlos les tiene lavado el cerebro a todos ustedes o qué!? – Exclama Bidden.
*No creo que valga la pena aclararlo, pero recuerden que cuando hablo de Roberto Carlo, me refiero al cantante; no al futbolista. Aunque seguramente, ustedes pensaron lo mismo.
-Oye, Mike, ya es la tercera vez que te veo en mi casa, mientras estoy comiendo o hablo con mis padres – Intervino Leon – ¿Esto no es allanamiento de morada?
-Leon, Leon, Leon… ¿Sabes lo que pasó con el chico de cabello castaño que hacía muchas preguntas?
El aspirante a policía tragó en seco, ignorando el hecho de que su madre desesperada cogía el teléfono para llamar a las autoridades, pues ella no veía con ojos tan normales como su hijo, el hecho de que un completo extraño, se apareciese de la nada en su casa y hablara con Leon de la forma tan amena en que lo hacía.
-¿Se volvió muy sabio?...
-Más de lo que debía… A nadie le gustan los sabelotodos, Leon. Eso deberías saberlo, y si tienes planes en el futuro con este fic, te recomiendo que no hagas muchas preguntas, ¿Capische?
Bidden chasqueó los dedos y desapareció dejando una estela de humo que se difuminó por todo el apartamento, espolvoreándose a través de las fosas nasales de Leon y su madre quienes tiraron medio cuerpo a través de la ventana, buscando aire limpio de forma desesperada.
-¿Y bien? – Preguntó su madre con dificultad. Aún seguía expulsando las reminiscencia del gas tóxico de Michael Bidden, ¿Qué diablos había utilizado para desaparecer? ¿Gas pimienta? – Según el guión, ¿Con quién irás al baile de otoño?
Leon recordó de pronto aquel papel corroído y bastante feo, que Bidden le había dado al comienzo del fic. Estuvo a punto de botarlo en la primera papelera que había visto, pero los guardaespaldas del guionista lo amenazaron con limones y servilletas y en menos de lo que canta un gallo se vio disuadido a conservar aquella fea hoja que Michael hacía llamar guión.
Según la persona que lo había contratado para interpretarse a sí mismo en esta historia, era importante leer el guión, así no se encontraría con sorpresas desagradables en el transcurso del fic.
Abrió el armario y se fue adentrando, abriéndose paso a través de la selva de ropa que su madre se había encargado de acomodarle con el paso de los años. A Leon poco le importaba, después de todo, él solo hacía uso de menos del 10% de lo que había en ese armario.
Sin embargo, debía aceptar que podía esconder cualquier cosa, lo suficientemente bien como para querer que nadie lo consiguiese; incluyéndolo a él.
Luego de batallar con los mares de franelas, el pulpo de los pantalones sin planchar y las pirañas del mar de calzoncillos azules; Leon dio con lo que buscaba: La corroída y desdoblada hoja de papel o guión de Resident Evil 2012-2013
La ojeó rápidamente pasando de capítulo en capítulo, sin prestar atención a las palabras marcadas por el resaltador.
-A ver, a ver… Capítulo 11, capítulo 11… ¡Vaya, a Chris le saldrá un grano mutante en el capítulo 20! ¡Ah sí!... Capítulo 11, capítulo 11…
Pero cuando Leon llegó a la sección que contenía el dichoso capítulo y donde debía revelarse la identidad de la persona con la que asistiría al baile de otoño, no pudo hacer otra cosa más que gritar. Gritar lo más fuerte que pudo, tomarse de los cabellos y dar varias vueltas en el suelo, mientras se chupaba el dedo en posición fetal.
Su madre, salió de entre la marejada de ropa como si se tratara de una víbora de mar, observando a su hijo hacer cosas muy propias de su edad, como berrear y refunfuñar. Le pareció de lo más tierno y pensó que podría consolarlo acariciándole el rostro con una hebra de cabello que controlaba mentalmente para no utilizar sus manos, que de seguro a esas alturas, ya se habían convertido en aletas.
-¿Qué dice, hijito?
-Voy… Voy a… Voy a ir con, con… ¡Oh, mamá! Es tan horrible. Fue como Bidden dijo que sería. Tan horripilante que no podría decirlo en este capítulo.
-¡Oh! – Exclamó con un dejo de sorpresa la señora Kennedy - ¿Y dice algo sobre mí?
-Dice que se te está quemando el pastel de melaza que dejaste en el horno y que por eso el apartamento está lleno de humo… ¿Incendiar el apartamento?... ¡MICHAEL BIDDEN!
-¿Estás enferma?
-Me temó que sí. Está bronquitis me alejará del instituto por unas semanas, y por recomendación del doctor, tampoco podré asistir al baile de otoño.
-Pero… Entonces, ¿Quién será mi acompañante?
-Barry…
-¡Ah, sí! Cierto, tú eres mi única pareja – Recordó con algo de gracia el pelirrojo – Bueno, creo que iré con mis amigos.
-Solo… No te lo tomes tan literal, y ven a visitarme las veces que puedas. No quiero estar aquí encerrada todo el día, escuchando las historias del tío Bob sobre las algas mutantes del mediterráneo que se comieron a la mitad de su pelotón.
-A mí me gusta. Sobre todo la parte donde el amigo de tu tío Bob, el Sr. Squirrell, perdió un ojo con la estrella de mar.
-Barry…
-Ok, nada de historias del tío Bob, entonces…
Helen le sonrió y en vista del buen comportamiento que su novio prometería tener con ella de ahora en adelante, le regaló un tierno beso en la mejilla que se prolongó por cada uno de los segundos de agonía que el pelirrojo pasaría sin su pareja.
¿No podía ser tan malo, verdad? Después de todo, estaría con Helen, cosa que él adoraba, pero en el baile todos estarían acompañados, inclusive sus amigos y no podía evitar pensar en un Barry Burton solo, rodeado por vasos y vasos, buscando ahogar su aburrimiento en ponche.
-Oye – Le llamó Helen – Si tanto te preocupa aburrirte, entonces puedes elegir no ir.
Pero Barry había entrado en su modo anti-parabólico. Nada lo sacaría de ese trance a menos de que se tratara de algo lo suficientemente loco o descabellado como para pasar un buen rato.
Y sabía bien con quién aplicarlo.
-¿Recuerdas la operación: Cambio de roles? – Preguntó con los dientes apretados y un rictus de sarcasmo.
-¡Oh no, Barry Burton! De todas las ideas que has podido tener, esa es la más estúpida e innecesaria que has concebido. Ni se te ocurra es una mala id…
Pero el pelirrojo consideró que los colores ya se estaban subiendo a la frente de su novia, a la que sepultó bajo kilos y kilos de esponjas frías para ayudar a bajar su temperatura, al tiempo que tomaba el teléfono y marcaba un número sin dejar de esbozar una sonrisa confabulada.
-¿Hola? Sí, soy yo… Ajá. Precisamente por eso llamaba. Verás, mi novia está enferma y me pareció el momento apropiado para…
Cada palabra fue significado de náuseas para la pobre Helen que oía a su novio maquinar el plan más estúpido y sin sentido de toda la historia, para ir al baile de otoño y no aburrirse ¿Qué diablos podía tener esa estúpida fiesta para que Barry no quisiese perdérsela?
Cuando por fin pudo asomar su cabeza entre la montaña de esponjas y su novio había concluido la llamada telefónica, lo miró con ojos acusadores y de reproche. A veces se preguntaba, porque estaba tan enamorada de él, en primer lugar.
-Sabes que saldrá mal, cierto.
-No te preocupes – Le guiñó un ojo – Será como recorrer las Montañas Arklay con los ojos cerrados.
Bueno, mis panitas de Fanfiction. Espero que les haya gustado mucho el capítulo. Un poco más corto que los anteriores, aunque en mi opinión, es algo que no se llega a notar mucho. Ya saben, si les gustó, háganmelo saber, y si no, también… Bueno, si no les gustó, mejor pasen a otro fic =P
Que pasen buenas lecturas y nos estamos leyendo (Y)
