Capítulo 11
No es lo que crees
-A ver, espera, volvamos a empezar, nos estamos liando…
-Desde luego… a ver, ponlo como estaba.
-Se cerraba aquí ¿no? ah, ya está.
-Veamos, tan solo tenemos que seguir al pie de la letra el manual, no es tan complicado…
-Vale, en ese caso guíame y empecemos de nuevo.
-Está bien. Empezamos dando clic a Inicio.
-Inicio…
-Todos los programas.
-Todos los programas…
-Microsoft Office 2000.
-Office 2000…
En esos momentos, Twilight se sentía capaz de escribir un tratado titulado: "El ordenador, ese gran desconocido"; y es que esa mañana prometía bastante, ya que la idea fue suya. Desde que leyó acerca de internet, quiso saber más de los ordenadores en sí y decidió intentar algo sencillo con el que tenían en la sala de lectura. Tras una profunda investigación usando el manual de instrucciones del aparato y un manual de uso para ordenadores, intentaron dar el siguiente paso, encendiendo el ordenador y trabajando con él, resultando ser aún más complicado de lo que en un principio pensaron.
Spike era la piedra angular del experimento, puesto que con sus garras podía teclear rápidamente, casi como lo haría un humano; Twilight lo había intentado con su magia, pero temía que ésta entrara en contacto con el ordenador. Hasta ese momento, sus investigaciones acerca de las diferencias y similitudes entre la magia y la electricidad habían avanzado poco a poco, descubriendo más cosas, aunque no tantas como a ella la hubiera gustado. Descubrió que ambas corrientes, la mágica y la eléctrica, llegan a complementarse, pero también a oponerse si su carga es demasiado alta. Debía de profundizar más en ese aspecto y tratar de desentrañar una forma de combinar las dos, para así poder replicar la electricidad por sí misma.
-Vale, ya se ha abierto ¿ahora qué?-inquirió Spike en ese momento.
-Ah, bien, quería empezar con esto del procesador de textos, así que vamos a hacer algo sencillo. Vamos a transcribir algunas de mis notas que tengo escritas en papel y luego a guardarlas en una carpeta de Mis documentos.
El manual de instrucciones flotaba junto al manual de informática, y una serie de papeles llenos de notas y apuntes de la unicornio lavanda; los papeles se reordenaron solos, mientras que ella la iba indicando a Spike el formato a usar.
-Cambia la fuente a Times New Roman en la pestaña superior izquierda, al lado de archivo; auméntala a 14 y luego justifícala.
Siguiendo sus indicaciones, el dragón configuró correctamente la fuente; cuando no entendía algo, Twilight le acercaba el manual para que viera las ilustraciones y se guiara mejor.
-¿Estás ya?
-Cuando quieras.
Twilight comenzó a dictar sus anotaciones y Spike las fue escribiendo en el ordenador; todas ellas eran informes y reportes, explicando todo lo que había aprendido acerca de la cultura humana desde que vivían allí. La unicornio los había escrito como si fueran reportes para mandar a la princesa, de hecho había estado rumiando el mandárselos a la misma para así tratar de localizarla, pero tenía sus dudas; EEUU era un país muy grande, con casi diez millones de kilómetros cuadrados. De toda esa superficie, ella se encontraba en una mínima parte; además, no sabía dónde podía estar la princesa. Y tampoco sabía si ella también estaba allí. Las posibilidades eran infinitas. Y eso mismo era lo que la hacía dudar.
-¿Twilight? ¿Sigo o qué? ¡Twilight!-exclamó Spike.
La unicornio lavanda despertó de golpe, reubicándose enseguida.
-Ah, sí, sí… ¿por dónde iba?
-Atributos de la electricidad…
Echó un vistazo a todo lo que llevaba escrito, ocupando casi veinte páginas; de fondo, podía oír el traqueteo del generador en el hall.
-Vale, vamos a dejarlo aquí por hoy, no quiero gastar más de lo necesario. Para guardar lo escrito hay que ir a Archivo y seleccionar Guardar como.
Siguiendo los pasos apropiadamente, no tuvieron problemas para ubicar la carpeta de Mis documentos y guardar el archivo en ella; una vez que terminaron, apagaron el ordenador.
-Vaya, ha sido muy interesante… con algo así no hace ni falta escribir a mano-observó Spike.
-No, e incluso se puede tener toda la información ordenada y lista para ser consultada. La verdad es que es muy útil, quizás los humanos no tuvieran una magia como la nuestra, pero no hay duda que ésta era su propia magia. Los humanos fueron increíbles…
Y es que con cada cosa que iba descubriendo, no hacía más que aumentar su admiración para con ellos; a lo largo de toda su historia, fueron descubriendo una serie de adelantos tecnológicos que iban supliendo todas sus carencias. En ese aspecto, los ponis no eran tan diferentes de los humanos, pero éstos se desmarcaban mediante las técnicas que emplearon para desarrollar todos sus aparatos y máquinas que tan a diario usaban en su vida cotidiana.
-Entonces… ¿para cuándo iremos a Oklahoma? Pregunto para ir preparando las cosas para el viaje…-inquirió en ese momento Spike.
-Pues… dado que las investigaciones van bien y no quiero gastar demasiado combustible… quizás salgamos pasado mañana. Habría que levantarse pronto para aprovechar las horas de viaje, eso sí.
-Muy bien, sólo espero que el tiempo nos dé un respiro…
El dragón y la unicornio regresaron de nuevo a sus tareas de investigación, en la sala de lectura; afuera, el sol calentaba las vacías calles de Central High.
Mientras tanto, en lo alto del Kitt Peak, la bóveda del telescopio Mayall se movía lentamente, mientras que un aura de color azul cobalto la envolvía durante el proceso. Al otro lado de la cima de la montaña, el objetivo del telescopio solar McMath-Pierce hacia lo mismo, sólo que ésta vez un aura de color dorada lo rodeaba. Para las dos princesas, la semana se había pasado en un suspiro; quizás fuera por el continuo trabajo que habían estado realizando con los dos únicos telescopios que tocaban, puesto que se habían acostumbrado a ellos rápidamente. Un rápido repaso previo a los manuales de los mismos las había ayudado a comprender mejor su funcionamiento, y la falta de energía no había sido un problema en absoluto; su magia podía suplirla perfectamente, sobre todo a la hora de mover los objetivos.
Celestia eligió el McMath-Pierce sobre todo por su curiosa forma, aunque su funcionamiento también la llamó la atención; siendo el sol su principal elemento, la convenía estudiarlo en profundidad usando el que era la mayor y mejor herramienta para ello, al menos en el mundo humano. Se centraba, sobre todo, en explicar el extraño fenómeno que las transportó hacia allí; tenía la firme convicción de que éste había tenido algo que ver en el inusitado teletransporte que habían sufrido hace poco. Además, no todos los días tenía la oportunidad de observar al astro rey sin sufrir ningún tipo de lesiones oculares. Eso era lo que más la fascinaba del telescopio, el poder contemplar el gran espectáculo que el sol la ofrecía sin nada que temer.
En cuanto a Luna, eligió el Mayall por obvias razones, según ella; estaba situado en el punto más alto del monte y era el más alto de todos los telescopios, por lo que el rango de visión era único. Al contrario que su hermana, ella se centraba en estudiar todo lo que se la ponía a tiro, tratando de descubrir los misterios y entresijos del nuevo universo que se abría ante ella. Planetas, estrellas, nebulosas, meteoros, cúmulos, constelaciones… todo era relevante para la princesa de la noche, la cual se esforzaba por estudiarlo todo y saber más.
Desde que llegaron al observatorio, su nuevo ritmo de vida era constante y rutinario; se levantaban pronto para ver el amanecer mientras desayunaban, luego se metían en sus respectivos telescopios y trabajaban hasta la hora de comer. Se reunían en las oficinas centrales para descansar y luego seguían trabajando hasta bien entrada la noche. Durante el día, Celestia solo enfocaba al sol, mientras que Luna siempre enfocaba hacia el lado contrario, para evitar que la radiación la dañara los ojos; en cuanto este se ponía, Luna podía moverse hacia todos los lados, mientras que Celestia seguía de cerca al astro rey hasta que éste desaparecía. Durante la noche, Luna se podía mover libremente, mientras que Celestia enfocaba otros puntos más concretos, buscando radiaciones solares perdidas. Luego se reunían de nuevo en las oficinas para cenar juntas y poner en común todo lo que habían aprendido.
Ese día, Celestia estaba especialmente absorta observando la superficie del sol; en lo que llevaba de mañana había tenido la suerte de contemplar varias erupciones solares moderadas y el espectáculo era fascinante. Largas lenguas de fuego se desprendían de la candente superficie del sol para elevarse hacia el espacio y desaparecer al poco rato. Según lo que había estado investigando, el sol estaba compuesto en su gran mayoría por hidrógeno, el cual lo quemaba transformándolo en helio en su núcleo y liberaba el calor hacia todas las direcciones. De vez en cuando, debido a una combustión mayor, llamaradas solares más largas y potentes escapaban de la enorme estrella, dejando un rastro de plasma aún mayor. Nunca antes había podido observar el sol con tanto detalle y nitidez, por lo que el espectáculo la dejaba hipnotizada en todos los sentidos.
-Es… hermoso…-masculló, despegándose por un momento para tomar notas.
A parte de eso, también había podido observar una serie de manchas solares alrededor de la parte superior de ese lado de su superficie; desde hacía unos pocos días, buscaba otras manchas similares que estuviesen más o menos dispersas y cercanas a las que ella había visto al principio. Algo la decía que esas manchas podían ser la respuesta que andaba buscando, o al menos algo aproximado y una posible pista.
-Sexto día de observación solar, sin cambios aparentes alrededor de las manchas detectadas; el flujo de helio y plasma alrededor de la superficie es constante y a veces se realiza de forma cónica o en espiral. Tres últimas erupciones solares en lo que va de mañana. No me canso de verlas.
En cuanto de terminó de anotar sus impresiones, consultó algo rápido en sus libros y volvió a pegarse al ocular; de vez en cuando movía un poco el objetivo para enfocar a otros puntos del sol, pero cuando se centraba en un área específica se quedaba en esa para observar con más detenimiento. Y la de esa mañana no era ninguna excepción.
-Antes me pareció ver una perturbación en el flujo del helio… ¿dónde está?-se preguntó ella, frunciendo el ceño.
Giró un poco el objetivo con su magia, en busca de ese fenómeno; normalmente, cuando el helio se arremolinaba sobre un solo punto, solía ser el preludio para una llamarada solar leve o un pequeño escape de plasma. En ese momento vio un ligero halo rojizo rodeando una de las manchas que antes vio y un enorme chorro de helio y fuego salió de golpe del sol, alzándose sobre la superficie; hilos de plasma se alzaron hacia la oscuridad del espacio y el resto volvió a caer sobre la ardiente estrella.
-Uuah…-murmuró ella, sin quitar ojo del ocular.
Quiso observar un poco más, pero en ese momento recordó algo y se dirigió al pequeño despacho que allí había y donde apareció por primera vez; una estrecha estantería contenía libros de todo tipo, pero ella solo cogió uno de los tantos que allí había, consultando algo rápido.
-Me pregunto si esas manchas pueden tener relación con la radiación mágica… se muestran de una forma muy similar, aunque…
Era en momentos como esos en los que Celestia lamentaba no haber podido traerse consigo ningún manual o tomo sobre magia genérica; tenia que partir sobre todos sus conocimientos previos, pero hasta ella sabía que éstos no siempre eran del todo exactos. A pesar de sus años y su sabiduría, había cosas que se la escapaban. Y en ningún momento tuvo tiempo de hacer las maletas, por así decirlo.
Un gran reloj de arena sobre la mesa, que encontró en las oficinas centrales, terminó de dejar caer los últimos granos de arena; Celestia cerró el libro con su magia y lo dejó donde estaba. Regresó un momento hasta donde se encontraba el ocular y lo cerró, al igual que el objetivo en lo alto del telescopio. Ya era la hora de comer y, con toda seguridad, su hermana la debía de estar esperando en las oficinas centrales.
Salió afuera y voló hacia éstos rápidamente, dejando que la luz del sol bañara las plumas de sus alas; aterrizó justo al lado de la puerta y se internó rápidamente, resguardándose del calor. Descubrió entonces la cafetería vacía y frunció el ceño, extrañada.
-¿Luna?-la llamó en voz alta, retumbando su voz por todas las oficinas.
-¡Estoy aquí arriba!-oyó entonces la apagada voz de su hermana.
Sin perder tiempo, se dirigió al primer piso y encontró a su hermana pequeña trasteando junto al televisor del salón audiovisual.
-¿Qué haces, Luna?
-Oh, te estaba esperando antes, pero como tardabas me subí un momento-explicó ella, mientras sostenía con su magia una pequeña caja negra.
-Ah, perdona, pero es que me quedé absorta investigando el sol… ¿Qué es eso, que haces?
-Oh, no es gran cosa, desde que llegamos aquí me quedé extrañada sobre qué podría ser y lo he estado investigando a fondo; gracias a un manual que he podido encontrar sé que es una PlayStation 3 y que sirve para jugar, aunque aún no comprendo tal cosa. Creo que se conecta al televisor, pero no estoy segura…-explicó Luna.
Celestia echó un vistazo a las estanterías que allí había y le pareció ver una serie de títulos con el mismo nombre que su hermana nombró; sacó entonces una serie de cajas pequeñas y finas, con el nombre de PlayStation 3 arriba del todo y con títulos extraños en ellas.
-Mira, estas cajas también tienen el mismo nombre ¿era esto lo que buscabas?
Le tendió las cajas con su magia y Luna echó un vistazo a los títulos.
-DmC, Anarchy Reigns, Ni no Kuni: la ira de la Bruja Blanca, Tomb Raider, Bioshock Infinite… extraños títulos, y no parecen ser libros…
Abrió la caja titulada Bioshock Infinite y mayor fue su sorpresa al encontrar lo que parecía un disco encajado en una base con la misma forma. Si antes había llegado a comprender algo acerca de la PlayStation 3, ahora volvía a estar en las mismas.
-Bof, esto me va a llevar su tiempo entenderlo… vamos a comer, lo dejaré para otra ocasión-murmuró Luna, dejándolo todo en la mesa.
Bajaron a la cafetería y, mientras comían, hablaron de sus descubrimientos como venia siendo costumbre.
-¿Has descubierto algo nuevo acerca del sol?
-No gran cosa, aunque algo me dice que las manchas solares pueden estar relacionadas con la radiación mágica… ya sabes, por la influencia de las ondas hertzianas y demás, estoy convencida de que el sol tuvo algo que ver. ¿Y tú?
-He estado explorando El Joyero.
-¿El Joyero?
-Sí, un cúmulo estelar precioso compuesto por un montón de estrellas de muchos colores, tendrías que verlo, brillan como joyas, de ahí su nombre.
-Anda…
-Fue descubierto por Nicolas Louis de Lacaille, un astrónomo francés, pero el nombre se lo dio Sir John Herschel, un astrónomo inglés. Me he pasado toda la mañana enfocando a las diferentes estrellas que tiene, he llegado a contar hasta cien.
-¿Y ya sabias distinguirlas?
-¡Pues claro! ¡Todas brillan de forma distinta, es muy fácil diferenciarlas! ¡Tienes que verlo, es impresionante!
-Bueno, si eso dame las coordenadas y lo enfocaré esta tarde… aunque ahora que lo comentas, también tendrías que ver las erupciones solares, son asombrosas, ni el fuego del tártaro se compara, incluso es mucho más bonito a la vista.
-¿De veras? me pasaré entonces mañana a echarle un vistazo…
A lo largo de toda esa semana habían estado racionando sabiamente todo lo que tenían para que les durara el mayor tiempo posible, pero aun así la poca comida que tenían iba menguando poco a poco.
-No nos quedan muchas provisiones… tenemos para unos cuantos días más, pero me temo que se nos acaban-anunció Celestia, echando un vistazo a la pequeña despensa.
-En ese caso tendremos que salir de expedición un día de estos ¿no?-obvió Luna.
-Sí… he estado consultando el mapa de esta zona y las ciudades más grandes que mas cerca nos quedan son Tucson y Phoenix, respectivamente. Si quieres, pasado mañana nos acercamos a Tucson y buscamos algo de comida-sugirió su hermana mayor.
-Me parece bien… aunque supongo que la que peor lo está pasando aquí eres tú ¿verdad, Tia?-inquirió entonces ella, con una sonrisita mordaz.
-¿Y eso a que viene?-quiso saber ésta, extrañada.
-Bueno, es evidente… ¿Cuánto hace que no hemos vuelto a comer tarta?
En ese momento, la princesa del sol contuvo una exasperación y murmuró.
-¿Sabes? a veces pienso que debería haberte encerrado más tiempo en la luna…
A pesar de eso, Luna la miró divertida y la sacó la lengua, de forma algo infantil; aun así, Celestia esbozó una pequeña sonrisa. Si no hubiera sido por su hermana, la estancia en Kitt Peak habría sido muy dura y difícil. Agradecía a los cielos que estaban juntas en ese extraño pero atractivo e interesante mundo.
El desierto de Mojave se dejaba sentir más seco y cálido que nunca; a pesar de que empezaba a atardecer, el calor presente amedrentaría a cualquiera de trabajar duramente con trabajos pesados. Pero Rainbow Dash no era una cualquiera, por supuesto. La semana había pasado volando, sobre todo cuando había estado ocupada ensamblando de nuevo el Supermarine Spitfire; la cola había sido lo último y todas las partes estaban unidas de nuevo, de forma completamente apañada. Muchos metros de cuerda y una serie de barras metálicas habían conseguido que el caza volviera a tener forma de caza. Ahora se encontraba repintando el aparato, con pintura que pudo encontrar en el mismo hangar; no tenía todos los colores, por lo que tuvo que mezclar los que tenía a mano para conseguir la gama que ella quería.
-Unos cuantos brochazos más y esta ala estará terminada-murmuró ella, por lo bajo.
Quizás la parte que menos le gustaba a la hora de pintar era el tener que sujetar la brocha con los dientes; lo había intentado usando los cascos, pero se la había caído demasiadas veces. Por ahora había tenido la suerte de no haber tragado pintura, pero aun así tocaba madera. El morro dejaba a la vista una mezcla de naranja y amarillo oscuro alrededor de éste y la cabina, mientras que el resto del fuselaje presentaba una tonalidad más clara de amarillo. Algunas partes no estaban del todo pintadas y se notaba que aún le faltaban varias capas más con la brocha.
Acabó con esa ala dando unos últimos repasos a la punta de la misma y devolvió la brocha al bote de pintura mezclada.
-Bof, qué calor… necesito un trago.
Cogió con sus patas una larga botella de agua casi vacía y la apuró de un solo trago.
-Mierda, creo que ésta era la penúltima…-recordó ella, preocupada.
Y es que los suministros comenzaban a acabarse, siendo el agua el más acuciante de todos; ya había explorado todas las áreas colindantes en busca de más agua, pero no había encontrado nada. Comenzaba a pensar en ir más allá, ya que sin agua no podría sobrevivir; y eso mismo le recordó su idea de ir a ver lo que podría ser ese brillo que venía observando desde lo alto del cerro de un tiempo a esa parte. Todas las noches se quedaba un buen rato en lo alto del mismo, divagando y pensando en lo que podría ser ese punto de luz en la lejanía. Y ese día no fue menos.
En cuanto el sol comenzó a despuntar, voló hacia el cerro y se quedó allí, admirando la nueva noche que se cernía sobre ella; esta vez, la luna menguante apenas llegaba a iluminar el valle, por lo que el punto de luz se veía mejor. Rainbow especulaba mucho sobre qué podría tratarse.
-Quizás sea una especie de luz mágica… o puede que solo se trate de algún efecto óptico… no sé, es muy misterioso…
No podía negar que su curiosidad iba cada vez en aumento; y si tenía que moverse en busca de suministros, no sería mala idea hacerlo en dirección hacia ese extraño fenómeno. Así mataría dos pájaros de un tiro.
-Sí, en el caso de que me vaya será también para descubrir lo que es esa luz. Aunque antes prefiero terminar de pintar el avión, yo creo que si me tiro mañana todo el día podré acabarlo; así que pasado mañana puedo irme…
Aunque en realidad estaba divagando, supo enseguida que cumpliría con la fecha prevista; cuanto antes saliera, mejor, pero el avión era lo primero. Dio entonces por concluidas sus divagaciones y echó a volar de nuevo, de vuelta hacia el cementerio de aviones; debía que acostarse pronto para levantarse temprano y terminar con el trabajo que tenía entre cascos. Por lo que no se lo pensó más, cenó algo rápido y se metió en la cama a no más tardar.
Las estrellas coronaban el monte de Kitt Peak, junto con la estrecha luna por corona; ambos telescopios estaban ya cerrados y las dos princesas se encontraban contemplando el espectáculo, maravillándose ante la inmensidad del firmamento.
-¿Pudiste ver el joyero?
-Sí, la verdad es que es precioso… es una pena que esta no sea tu noche, Luna… ni siquiera en Ecuestria teníamos un cielo así…
-Sí, es verdad… aun así se disfruta igual ¿no crees?
-Desde luego…
Las dos se quedaron en silencio por un momento, prestando especial atención a los detalles; un rastro blanquecino recorría el cielo verticalmente, siendo una de las cosas más destacables del mismo. El sonido de los grillos y el ligero brillo de las luciérnagas las acompañaba.
-Ésa es la Vía Láctea, una porción de la galaxia en la que nos encontramos que lleva el mismo nombre-reveló Luna.
-¿De veras?
-Sí, cruza de este a oeste toda la esfera celeste y se puede ver fácilmente, como puedes ver. Según leí, recibe el nombre de una antigua leyenda griega.
-¿Y qué leyenda es esa?
-Una que cuenta que Hermes, el mensajero de los dioses, puso a Heracles en el seno de Hera, mientras ella dormía, para que mamara la leche divina. Pero, al despertar y darse cuenta, lo separó bruscamente y se derramó la leche, formando la Vía Láctea.
-Vaya, qué interesante…
-¿Verdad? He de reconocer que los humanos tenían buena imaginación… fueron increíbles…
Las dos se quedaron en silencio por un momento, escuchando los sonidos de la noche; Celestia frunció el ceño, pensativa, y luego habló.
-Luna… ¿puedo hacerte una pregunta?
-Claro, dispara…S
Su hermana mayor tomó aire y entonces inquirió.
-¿Te gusta este mundo, Luna?
La aludida la miró, un tanto extrañada por la pregunta.
-Bueno, he de admitir que desde que llegamos he estado descubriendo un montón de cosas nuevas… por un lado todo se siente extraño y distante, pero por otro es algo interesante y que merece la pena ser descubierto…
-Entonces te gusta…
Luna se quedó en silencio brevemente, pero no tardó en contestar.
-Pues… sí, se podría decir que sí. ¿A ti no te gusta?
-Bueno, no me disgusta, aunque…
Fue entonces cuando la princesa de la noche quiso decir algo, pero prefirió quedarse callada; su hermana vio su momento de duda, aun así no dijo nada más. Extendió su ala derecha y arropó con ella a su hermanita. Luna apoyó su cabeza en el hombro de Celestia y, sin decir nada más, siguieron contemplando la bóveda celeste.
Poco después, una estrella fugaz la cruzó rápidamente, siendo vista por las princesas, las cuales no dijeron nada y formularon su deseo en voz baja.
Vale, queda poco para llegar al primer punto de inflexión en la historia, se encontrarán unos cuantos, pero no todos y entre todos, aun quedan muchos capítulos hasta que lleguen a encontrarse las seis. Hasta entonces, lo haremos en grupos ;) Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
