Nota: La serie de Blood+ no es de mi propiedad.

Título: Sobre la espina de la rosa

Autor: ari wills


Capítulo 11. ¿Recuerdas…?

Aquel día había pasado tan lentamente… desde el momento en que la habitación se lleno de silencio, Rika no pudo evitar sentir la atmósfera tan tensa que le rodeaba a ella y a su tía Saya, y todo por una simple pregunta, el momento aún claro en su memoria…

Fue una verdadera sorpresa cuando Rika entró en la habitación y la encontró vacía. No había rastros de Hagi por ningún lado, y estaba completamente segura que lo habría visto si se hubiera encontrado fuera de la habitación… eso significaba que no se encontraba en la casa; su conversación con Iréne todavía en su cabeza.

La charola sobre la mesa de la habitación y ella sentada en la cama. No supo cuanto tiempo paso, perdida en sus pensamientos hasta que la puerta de la habitación –que no recordaba cuando la cerró- se abrió para dar paso a Saya.

-¿Rika?

-Tía Saya –dijo al tiempo que volteó a ver el reloj despertador-, hoy llegaste temprano.

-Hoy no hubo práctica en el club. Puedes llamarlo milagro si así lo prefieres. Por cierto¿qué haces aquí sentada y sola?... ¿Esperas visitas? –comentó después de notar la charola de té.

-No. La verdad, es que pensé en ofrecerle a Hagi una taza de té, pero supongo que no le gusta mucho. Y qué me dices de ti, tía Saya¿deseas una taza?

-Sí, porque no. ¿De qué es?

-Dorian Grey. Como han viajado mucho pensé en darles algo que no fuera té verde… o negro. Espero que no te moleste.

-Para nada –contesto Saya antes de darle un sorbo-, aunque cualquier té esta bien. Te lo agradezco Rika –ante la cara de incógnita en Rika, prosiguió- por tomarte todas estas molestias para conmigo y Hagi.

-… No son molestias. Además en este caso, algunas veces creo que nosotros somos la molestia para ti y Hagi.

-Por supuesto que no. A decir verdad, me siento muy bien aquí, como si este fuera mi hogar, quiero decir, que se siente como si ya hubiera pasado por esto: los días de escuela, el regreso a un hogar, las preocupaciones sobre cualquier cosa… nada de peleas o cosas de vida y muerte. Y además estás tú y tu hermana.

La habitación se lleno de silencio por un breve momento. Saya pensando sobre lo que acababa de comentar, y Rika observando cuidadosamente a su tía… las miles de preguntas que deseaba hacerle desde el mismo momento en que supo de su existencia, y que habían sido pospuestas por diferentes razones; ahora parecía ser un buen momento para vociferarlas…

-¿Realmente era muy diferente?

La pregunta pareció sacar a Saya de sus pensamientos, quien se quedo mirando durante un instante a Rika… miles de pensamientos, miles de respuestas, miles de sensaciones y todo resumido en una palabra que salió de su boca sin su consentimiento.

-Sí.

La habitación se llenó de silencio y ninguna de las dos hablo durante el resto de la tarde mientras bebían un poco de té.

La llegada de Hagi había sido perfecta, dándole una excusa para irse de la habitación sin parecer descortés...

Los inesperados golpes en la puerta, sonaron con increíble volumen en medio del silencio que prevalecía en la habitación, provocando que Rika saltara por la impresión. Un segundo después –después de que tía Saya contestara con un 'adelante'- entró Hagi tan tranquilo como si nada.

Y no es que se le culpe, ya que después de todo, no sabía que ella, Rika, le pensaba ofrecer un poco de té.

-Salí temprano –contestó tía Saya ante la mirada interrogatoria de Hagi.

Hagi sólo asintió con la cabeza a modo de entendimiento, y otro hacia Rika a modo de saludo. Un segundo después ya estaba dirigiéndose hacia la puerta para salir, probablemente debido a su suposición de que había interrumpido alguna conversación importante.

-¡Espera! –contestó rápidamente Rika-, en realidad tía Saya y yo ya terminamos de hablar. En realidad llegaste en el momento perfecto –dijo al tiempo de levantarse y tomar la charola con el juego de té, para dirigirse hacia la salida-, yo estaba a punto de retirarme.

Y antes de que Hagi o Saya pudieran decir algo, Rika ya estaba saliendo por la puerta.

Apenas había entrado, Rika no pudo dejar de notar como tía Saya parecía una persona diferente… más seria de lo normal, pero más alegre también. Era como si el cuerpo de Hagi tuviera escrito en su torso con palabras gigantes 'confianza', permitiéndole a tía Saya hablar como no lo hacía con nadie más. Pero era de esperar ¿no?, ya que si no tenía mal la información, ellos dos se conocían desde hacía tantos años…

Una idea súbitamente le llego a su cabeza.

-…Estoy imaginando demasiado…


Por alguna extraña razón, Hagi se había encontrado repitiendo el mismo comportamiento de días atrás –cuando Iréne le encontró- sin darle real aviso a nadie de a donde se dirigía. La misma calle, diferentes horas, con él y su cello; sólo que esta vez había una pequeña diferencia… siempre se topaba –de un modo u otro- con Iréne.

Al principio creyó por un breve momento que le estaba siguiendo, pero gracias al incidental anuncio –una discusión entre Rika e Iréne-, se enteró que era debido a un trabajo de medio tiempo que se encontraba a unas cuantas calles de distancia de donde él tocaba. Aún podía recordar con total claridad aquella primera vez que le descubrió tocando…

¿Qué le había impulsado a abandonar la casa tan impulsivamente? Hagi no tenía idea. Primero se encontraba hablando con Rika, o más bien, ella estaba hablando con él –sobre cualquier cosa- igual que todos los días anteriores desde que Saya entrara a la escuela; después se encontraba en la puerta de la casa –con el instrumento al hombro-… y antes de darse cuenta, ya estaba en el mismo lugar de hace ya tantos años con el instrumento en mano, sentado en medio de la calle, tocando aquella melodía que Saya le enseñara tiempo atrás.

La ligera sensación que producían las cuerdas al ser tocadas, el viejo y conocido peso del cello, su ya innata postura al sentarse a tocar, el gradual silenciamiento de su alrededor mientras tocaba… todo ello que le era tan familiar, todo ello que había realizado desde antes de ser quiróptero. Y Saya en algún lugar que seguramente estaba escuchando esta misma melodía.

Fue una verdadera sorpresa cuando un sonido llego hasta sus oídos que no fuera provocado por su cello… su nombre. La melodía cesó y a través de la gente, pudo distinguir sin ninguna duda a Iréne, parada –al igual que muchos otros espectadores- enfrente de él.

El cielo le dio una idea aproximadamente de la hora. Era momento de regresar, y ya que Iréne se veía con nada más que hacer, decidió preguntarle –muy a su manera- si deseaba regresar… Hagi jamás esperó que Iréne le interrogara de camino a casa, y después de que supuso que aquello que tocaba era un violín, bueno, él ya no se pudo quedar callado.

Lo que sí fue cosa para pensar, era si realmente Saya tenía el mismo nivel que él… una tontería por supuesto, pero que no pudo quitarse de la mente, ni siquiera cuando –tiempo después- entró a la habitación de Saya y empezó a escuchar –después que saliera Rika- los problemas y curiosidades diarias de su vida como estudiante.

Fue desconcertando –por decir lo menos- al principio, pero después de analizarlo un poco Hagi se dio cuenta que no era tan molesto como debería ser –o como creía que debía ser-. El tener a alguien con quien conversar durante el camino de ida o regreso a casa era… agradable; y es que los temas de conversación de Iréne –o más bien, sus preguntas- eran tales, que él no podía quedarse callado. Si bien lo pensaba, estos últimos días había hablado más que en los últimos 33 años de su vida.

Esta probable nueva rutina le hacía sentir como si él también estuviera integrándose a la familia de Saya; tal vez no era un gran esfuerzo por su parte visto desde los ojos de los demás, pero Hagi había vivido la mayor parte, corrección, toda su vida, con un número de personas contadas, de las cuales sólo Saya hablaba abiertamente con él, independientemente de si él le respondía o no… tal vez era un rasgo de los quirópteros el no importarte si te respondían o no…

De cualquier manera, Saya estaba feliz con esta nueva vida; lo menos que podía hacer él, era intentar seguir su ejemplo.


Su familia ya no era la misma de antes y Kai no podía esperar menos, pero algo muy en el interior de su cuerpo le decía que no era tan bueno como creía, Saya seguía acudiendo a la escuela como cualquier otra estudiante, Rika estaba empeñada en ser su amiga, Hagi seguía haciendo las cosas sin decirle nada a nadie –Saya no cuenta- e Iréne había decidido trabajar en otro lado…fuera de casa.

-¿Tal vez la estoy descuidando?

-Si estás preocupado por Iréne, yo no lo estaría tanto.

Kai ya una vez había escuchado a Iréne quejarse por la forma tan abrupta e inesperada de aparecerse de Rika, pero nunca había estado tan de acuerdo como en esos momentos. No había muchos clientes y estaba todo tan tranquilo, que sabía no sería bien apreciado un grito proveniente de la cocina… suerte para ellos que Kai tenía tan buen control de su persona. Sin notar como seguía sosteniendo el sartén con un agarre de hierro, se dispuso a contestarle a su hija sin despegar los ojos de la comida.

-¿Y porqué dices eso?

-Últimamente ha estado muy feliz. Ese trabajo de medio tiempo le ha ayudado.

-… ¿Se volvieron a pelear?

-¿Qué…¿Porqué dices eso, papá?

-Estás molesta, tu voz te delata.

-¡Por supuesto que no lo estoy!

-… Es sobre Saya ¿verdad?

-… Es muy difícil –un ligero movimiento de los hombros de Kai le dijo que siguiera adelante-. Al principio estaba tan entusiasmada por conocerle –y no me lo tomes a mal, todavía quiero conocerla-, pero me parece que hice algo que no debí hacer y creo que la he hecho enojar.

-… Creo que te equivocas. He conocido a Saya desde hace ya tanto tiempo atrás que te aseguro que cualquier cosa que hayas hecho o dicho, no puede hacerla enojar. Aquellas cosas que podrían enojarla han sido todas dichas –o hechas-… deberías tener más confianza en ti misma e intentarlo de nuevo. Además, deja de desquitarte con Iréne.

-…Esta saliendo humo del sartén.

Y mientras Kai soltaba improperios en voz baja, antes de tirar el contenido del sartén en el bote de basura y empezar nuevamente, no pudo dejar de escuchar el 'gracias' que Rika pronunció antes de dirigirse hacia el cliente cuya orden estaba inservible, para informarle que tardaría un poco más en llegar su comida.


-Bien Saya, esto es todo por hoy. Aún es temprano por si deseas regresar a las prácticas de atletismo.

-Gracias doctora Julia, será mejor que me dé prisa o Kaori se quedará esperando.

La doctora Julia no pudo evitar paralizarse momentáneamente.

-¿Sucede algo, doctora Julia?

-…No es nada, es sólo que seguramente escuché mal. ¿Podrías repetir lo que me dijiste hace un momento?

-… ¿Qué si sucedía… algo?

-No, eso no. Antes de eso.

-… ¿Que será mejor que me dé prisa o el entrenador se quedará esperando?.

-…Tal como pensé, estaba escuchando cosas.

-… De acuerdo. Sabe, si esto es muy cansado para usted, podría ir a su clínica junto con Kai al salir de la escuela, en vez de que usted venga hasta aquí.

-No es ninguna molestia para mí, Saya. Además Kai debe estar ocupado con el restaurante a estas horas.

-¿Ocupado?... Pero si papá es el que… ¿papá?

-Saya¿estás bien?

-… Sí. Es sólo que por un momento…, descuide –comentó con una gran sonrisa-, sólo estoy imaginando cosas. Debo estar más cansada de lo que creí. Después de todo, creo que no iré a mis prácticas.

-… No te esfuerces.

-Por supuesto.

Y la doctora Julia salió de la enfermería.


p.d. ¡Capítulo 11 arriba! –confeti volando en el cielo-. Bueno, aquí esta el capítulo de esta semana y espero que les haya gustado. Como ven, Saya ya está empezando a recordar, aunque eso será el menor de sus problemas –porque me parece que ya es hora de meter el drama en la historia-… adiós momentos felices. En fin, me disculpo profundamente por no hacer los capítulos más grandes pero –y aunque no me lo crean-, me cuesta muchísimo hacerlos de este tamaño… ¡ahhh¡lo que uno sufre cuando la inspiración no está completamente de tu lado…!

p.d.2 Como siempre, cualquier comentario es siempre bienvenido!