Perdonen la tardanza :)
Cáp. 11: La cajita de cristal…
Me odio. Me repetía una y otra vez. Inuyasha me había confesado que le gustaba ¿Y yo que hice? ¡Nada! Quede como una tonta frente a el, no le respondí y el lo tomo a mal, por que había echo una mueca, una de esas como si fuera que le responde a la mente con una sonrisa como si dijera Vez, tenia razón pero sin embargo, el se rindió así no mas… Amigos así quedamos, amigos.
¡Ah! Tenia ganas de gritar, patalear y…
Hice una mueca. Me había mordido sin querer el labio y aun lo tenía sin curar. ¿Por qué dios me hizo tan tonta? ¿Por qué no reacciono al momento? Debería de cambiarme el cerebro… ¡Maldición! Lo que daría por volver el tiempo atrás…
Me tape el rostro con la almohada al escuchar la puerta de mi habitación abrirse y cerrase. No deseaba que nadie viera mi cara de arrepentimiento.
– ¿Qué sucede, Kag? –pregunto. Era Sango. Se había enterado de toda la pelea con Kikio y me había reprochado como la anciana Kaede.
¿Acaso nadie entiende mi necesidad de pisotear aquellas personas que me hacen mal?
Se ve que tanto Sango como Inuyasha son personas mimadas, quienes no saben nada de la vida. Si alguien que vive destrozándote la vida desde hace años, sin un poco de respiro un día se debilita y tú tienes el poder… ¿Qué harías? No creo que hacerle una broma. Bueno, quizás tenga una forma rara de pensar, pero desde hace semanas tenia el poder y nunca lo había usado.
Hoy tuve mi oportunidad, la oportunidad de demostrarle a Kikio quien era. Quede suspendida, ¿Pero a quien le importa? Por lo menos Kikio aprenderá a no meterse en mi camino por algunos días, quizás semanas.
– Inuyasha me dijo que le gustaba y yo como tonta no le conteste –dije apenas, ya que la almohada aun me tapaba.
– Bueno…
– ¡Ya se! –me levante de repente lanzando la almohada contra la puerta. Sango pego un respingo –Iré a su casa y le diré que a mi también me gusta…
– No creo que sea buena…
– ¡Si, soy genial! –interrumpí emocionada, mientras me ponía los zapatos. Sango suspiro.
– Llévate una campera, hace frió y te enfermeras. Además advirtieron lluvia para la noche –me advirtió ella observándome. Yo ignore su comentario, estaba más emocionada en pensar como decirle a Inuyasha las cosas…
– ¡Nos vemos! –me despedí saliendo corriendo de mi habitación.
O.o
¿Por qué no hice caso a Sango? Maldición, me estaba congelando y si no era mas, el cielo se estaba oscureciendo. Me abrase a mi misma y aumente mas el paso, estaba a punto de llegar donde vivía Inuyasha. Según Miroku, el vivía solo, ya que sus padres se mudaron por trabajo y el al tener a todos sus amigos aquí, prefirió quedarse aquí a ir con sus padres…
Por este mismo camino queda mi casa. Solamente que debo doblar la próxima a la izquierda y a media cuadra estaba mi hermosa gigante casa. Colores vivos, rosa afuera, celeste en la sala… amarillo en las habitaciones…
Cruce la calle y seguí con mi camino. ¿Habrán vendido ya la casa? Yo tengo algunas cosas aun allí, como la mitad de mi ropa y alguna que otra pertenencia o recuerdo. Pare en seco y las calles se oscurecieron. A lo lejos pude deslumbrar los rayos que comenzaban a caer en silencio.
La cajita que mi padre me había regalado aun se encontraba en mi habitación, escondida debajo del suelo de madera, debajo de mi cama. Seguramente seguirá allí, después de todo, nadie sabia de mi escondite.
Apreté mis brazos y me gire. Doble en la esquina y corrí hasta mi casa, camino por el costado hasta llegar al patio trasero, donde daba la ventana de mi habitación. Allí, escondida entre las ramas y los yuyos de las flores, se encontraba una escalera de madera, la que usaba en las noches para escapar…
Mire hace arriba y comencé a subir con rapidez. Seguramente Kikio o Bankotsu no estarían, ya que ellos nunca estaban en la casa, ¿Por qué estarían ahora? Di un par de golpecitos a la ventana y se abrió, entonces, después de tanto tiempo volví a mi verdadera habitación…
O.o
– Señor Naraku, la señorita Kikio desapareció –informo serio. El hombre, quien fumaba tranquilamente se giro asombrado.
– ¿Cómo que desapareció? –inquirió molesto.
– Abandono el país –respondió –Al parecer… si la tenía ella…
– ¿¡Como puede ser eso!? –Exclamo -¡Has dicho que la tenía Kagome! –grito.
– Kohaku se equivoco…
El hombre se giro rápidamente y suspiro.
– Búsquenla y tráiganmela –ordeno. El joven asintió –Y Ryuk… vigila a Kagome…
– Como ordene señor…
O.o
Eche un ultimo vistazo a la sala desde las escaleras y efectivamente, no había nadie. Entre nuevamente a mi habitación corrí la cama desordenada, me tire al suelo de rodillas y comencé a palpar el suelo, pegando pequeños golpecitos.
Sonreí al escuchar un sonido hueco, entonces, con mis dedos enganche un huequito y levante la madera vieja. Lo primero que estaba tal y como la deja, la cajita de cristal. La tome y la limpie.
– Tendré que buscar un nuevo escondite –murmure para mi. Y entonces, fue cuando un ruido me alerto. Me levante rápidamente y apreté la cajita contra mi pecho.
Salí de la habitación y me asome al barandal del comienzo de las escaleras y mire apenas…
– Bankotsu… -susurre sorprendida.
Me incorpore nuevamente y fui hacia mi habitación. Mi corazón latía con rapidez y la adrenalina corría por mis venas. Me asome a la ventana y note como la lluvia comenzaba a caer.
Los pasos en las escaleras me hicieron desesperar. No sabia como diablos poner la cajita, hasta que por fin, en un acto de desaparecer, tire la cajita por la ventana, la vi caer y luego chocar contra el suelo. Hice una mueca al momento que choco, pero no se rompió, o eso quería creer.
Pase mi pierna y luego la otra, eche una última mirada a la habitación y entonces, apareció Bankotsu. Me congele, ambos lo hicimos y nos miramos detenidamente a los ojos.
– ¡Kagome! –su grito me despertó y al querer bajar el otro pie termine resbalando…
Cerré los ojos con fuerza y mi cuerpo choco contra el suelo brutalmente.
– Ahg… -emití apenas. Me puse de costado como podía. Ya que mi cuerpo me comenzó a doler mucho.
Una vez que estaba de pie, tome la cajita y Salí corriendo, si es que tropezar y dar pequeños grititos se llama correr. Doble en la esquina y trague saliva con fuerza, mientras que levantaba mi mirada con los ojos cerrados al cielo y dejaba que la lluvia fría mojara mi rostro.
Sentía mi piel dura y adormecida. Tenía tanto frió. Abrí mis ojos y mire a mí alrededor. Estaba a tres cuadras de la casa de Inuyasha.
– ¡¡Kagome!! –el grito de Bankotsu me alerto nuevamente y sin saber de donde saque fuerzas comencé a correr con desesperación, sintiendo un fuego comenzándome a arden en el estomago. Ya no sentía frió, si no mas bien calor y no se si era por la caída o que, pero mi vista comenzaba a nublarse.
Pare en la esquina y mire hacia atrás. El no estaba. Suspire aliviada y seguí mi recorrido dos cuadras mas…
O.o
– Ahí esa niña me preocupa –murmuro nerviosa Sango.
– Deja de preocuparte –pidió Miroku –Esta con Inuyasha, ¿no? –pregunto. Ella asintió dudosa -¿Entonces de que te preocupas?
– Es que… me preocupa que intente ir a su casa… -contesto.
Miroku frunció el ceño y quedaron varios minutos en silencio.
– No creo que tenga una razón para ir… -opino después de un rato Miroku.
– Es verdad –coincidió Sango un poco más tranquila.
– ¿Sabes que? Llamaremos a Inuyasha para comprobar que ella esta bien…
O.o
No tenia fuerzas ni para caminar. Sentía que mis piernas pesaban y mis parpados luchaban por cerrarse. Trague saliva y en medio de la lluvia me senté en un escalón de la entrada de un edificio. Apoye mi cabeza contra la columna blanca y entre cerré los ojos.
– No debí haber salido… -murmure cansada.
La lluvia parecía aumentar cada vez mas y con ella el viento. Faltaba una cuadra para llegar a la casa de Inuyasha, pero sentía que si no me sentaba me caería a el suelo. Me toque la frente y estaba sudando, quizás, era por que había corrido.
Mire la cajita con atención, le pase la mano por encima para limpiarlo un poco y lo abrí con cuidado. Dentro de esta se encontraba una perla rosa o púrpura, era de pende de cómo la mirabas. La saque con cuidado y fruncí el ceño…
¿Qué tenia de importante esa baratija como para buscarla tanto?
Debería de tirarla. La guarde nuevamente y la deje en el escalón del edificio y me levante para continuar con mi recorrido. Hice dos pasos y me quede parada, apreté mis puños con fuerza y me volví por la cajita…
– No vale nada pero… -murmure mirando detenidamente la cajita sobre el escalón –Padre… -susurre melancólica. Hice una mueca y la tome nuevamente…
O.o
Pare en seco y me gire. Sentía que alguien me estaba siguiendo y ya me estaba asustando en cierta manera. Para colmo, como ya comenzaba a anochecer, las calles estaban vacías. Bueno, y también, ¿Quién saldría con esa lluvia? Solamente yo, pero… bueno, yo era otro tema…
Si llegaba a encontrar una rama de un árbol y veía a un hombre o lo que sea detrás mió, le partiría la cabeza con la rama por seguirme. Sea o no una equivocación. Estoy sonando paranoica, lo se, pero… ¿Cómo te sentirías si sientes que alguien te sigue y no hay nadie?
¿Alguna vez le paso estar solas en sus casas y cuando duermen en las noches sienten que alguien las esta mirando?
Yo si y siempre pensé y quiero pensar que es un ángel. Bueno, no creo en Ángeles pero… me aferro a eso, prefiero mil veces que sea un maldito ángel a que sea…
Ahí ya me dio miedo.
La lluvia paro y entonces escuche los pasos detrás de mí. Me gire y no había nadie. Inspeccione el lugar y vi algo negro detrás del muro del callejón. Si, alguien me estaba siguiendo.
– Maldición –murmure asustada.
Esto estaba mal, ¿Por qué me seguía? ¿Kikio le habrá dicho que yo tengo esa baratija? Entonces, alguien me toco el hombro y yo grite…
– ¡Eh Kagome! Soy yo, Inuyasha…
Puse una mano en mi corazón y comencé a respirar agitadamente. Me gire despacio y ahí se encontraba Inuyasha preocupado. Suspire aliviada.
– ¡Baka, me asustaste! –le reproche. El sonrió.
– Baaah miedosa –suspiro -¿Qué hacías? –pregunto comenzando a caminar.
– Pues… iba a visitarte –conteste con un sonrojo en mis mejillas y mirando el suelo.
– Uhm… Sango llamo a mi celular para decirme que su mejor amiga salio en medio de la tormenta a visitarme –comento mirándome. Yo me mordí el labio inferior y me arrepentí nuevamente de mi tonta idea de ir a visitarlo -¿No tienes frió? –pregunto.
– Mas bien…
No pude seguir por que sentía que todo daba vueltas y me dieron nauseas. Inuyasha me vio preocupado y puso una mano sobre mi hombro.
– ¿Kagome, que sucede? –pregunto.
Yo no respondí, cerré mis ojos con fuerza. Me sentía horriblemente mal, mi cabeza había comenzado a doler mucho. Apreté la cajita entre mis manos y ahí fue cuando de repente, todo se oscureció…
– ¡Kagome!
O.o
– ¡Ya! Tú tuviste la culpa –señalo con su dedo. El enarco una ceja.
– ¿Y que culpa tengo yo de que a ella se le ocurra salir en medio del frió y desabrigada? –devolvió el irónico.
– Tú interpretaste mal su respuesta y ella se puso mal –señalo.
– ¿Qué respuesta? –pregunto inocentemente.
– Ya, hazte el tonto –replico Miroku.
– ¡Bien! –Exclamo –Supongamos, que yo no interprete mal el silencio de Kagome –dio un ejemplo -¿Qué culpa tendría yo de que ella igual tratara de venir en medio del frió? –pregunto.
– ¡¡Todas!! –grito Sango. El suspiro cansado.
– Ya, échenme toda la culpa a mi –dijo irónico.
– Tu tuviste la culpa de que la profesora de matemáticas me diera una cachetada –culpo señalándolo. El frunció el ceño y ambos lo miraron -¿Qué? Le dije que tenia un buen trasero ¿Acaso esta mal piropear a la profesora? –pregunto.
Sango negó y salio molesta de la habitación.
– Tu eres idiota de nacimiento –replico burlón Inuyasha.
Miroku fingió estar ofendido.
– Por lo menos yo no ando ocultando mis sentimientos saliendo con una zorra –dijo el saliendo de la habitación. Inuyasha desencajo la mandíbula.
– ¡¡Yo no oculto mis sentimientos!! –grito persiguiéndolo…
O.o
(Sueño de Kagome)
Mire todo mi alrededor extrañada. Me encontraba sentada en el sofá de mi casa mirando los… ¿Dibujitos? Sonreí emocionada y aplaudí feliz.
La puerta de la calle se abrió. Me di vuelta contenta y allí se encontraba un hombre, mirándome con una sonrisa amplia en sus labios y los brazos abiertos…
– ¡Papi! –grite levantándome rápidamente y corriendo hacia el. El hombre me tomo en brazos y me hizo upa.
– ¿Cómo esta, pequeña Kagome? –pregunto dándome un gran beso baboso en la mejilla.
– Bien –respondí. El de repente, me bajo al suelo y se agacho a mi altura.
– Escucha, pequeña –pidió –Quiero que guardes bien este tesoro… -me dijo extendiéndome una pequeña cajita. Yo asentí dudosa.
– ¿Pero que es? –pregunte tomándola y examinándola.
El no contesto.
– No dejes que nadie lo vea, ni siquiera tu madre, ¿Entendido? –Yo asentí –Guárdalo bien y si algún día Naraku lo quiere… no se lo des y si llega a agarrarlo…
Guardo silencio. No entendía muy bien que pasaría si mi tío agarraba la cajita. La puerta de la sala se abrió. Mi padre se levanto rápidamente y me dio la espalda, como protegiéndome. Mire apenas y allí se encontraba Naraku con dos hombres mas. Uno de ellos comenzó a acercarse a nosotros. Yo me aferre al pantalón de mi padre y el me acaricio la cabeza aun dado vuelta…
– No temas…
Trague saliva y aquel hombre alto me tomo de la mano y me condujo escaleras arriba. Yo iba pero cada tanto me giraba para observar a mi padre hablar con aquellos hombres. Pare en seco cuando termine de subir las escaleras y me gire. Mi padre noto mi mirada y también lo hizo, con una sonrisa en su rostro…
– Ve, pequeña Kagome… -pidió. Yo asentí dudosa y el hombre me estiro del brazo, para que continuara caminando.
Me llevo hasta mi habitación, donde me metió en la cama y me tapo hasta el cuello. Me miro desde arriba y con su expresión fría me hablo…
– Escuches lo que escuches… -comenzó. Me tomo de ambas manos y las puso en mi oído, tapándolas –No te levantes… -finalizo apagando la luz y yéndose.
Cuando estaba durmiendo de tanto pensar escuche un fuerte estruendo y pegue un respingo. Apreté aun más las manos contra mi oído y cerré los ojos fuertemente, luego de eso todo quedo en silencio nuevamente y no pude evitar que unas tontas lágrimas se me acumularan en los ojos y resbalaran por mi mejilla al aparecerme en mi mente el hermoso rostro de mi padre con su sonrisa tranquilizadora que mostraba siempre para mi…
– Tu padre esta enfermo –dijo mi madre. Entonces yo me acerque y mire a través de la cerradura –Ni se te ocurra entrar –me prohibió, entonces se fue…
Trague saliva y comencé a alejarme de la puerta dando pasos hacia atrás…
– Padre… -susurre cerrando mis ojos fuertemente. Me abrase a mi misma, y comencé a llorar, las lagrimas caían por mi mejillas y luego terminaban su recorrido en mis labios…
La puerta de mi habitación se abrió de repente y la luz del exterior me ilumino.
– ¡¡Kagome!!
Abrí los ojos de repente, exaltada y con el corazón latiéndome violentamente. Trague saliva y note como me costaba tragarla. Toque mis mejillas y las sentí mojadas, había estado llorando de verdad…
Mire a mi alrededor y pude notar que precisamente no me encontraba en el departamento de Sango. Mire a mi costado y me sorprendí. Se encontraba Inuyasha, durmiendo con la cabeza apoyada en el colchón. Sonreí y le acaricie apenas la cabeza.
– Inuyasha… -murmure.
El movió levemente su cabeza.
– Kagome… -suspiro entre sueños.
– Te quiero mucho… -el entonces sonrió de costado.
Deje de acariciarlo y mire la mesita de luz. Ahí se encontraba la cajita me incline para tomarla y antes de que pudiera rozarla con mis dedos, una musiquita extraña comenzó a sonar. Mire a mí alrededor y entonces comenzó a vibrar mi parte trasera.
Eso era mi… ¡Celular! Haciendo movimientos cuidadosos de no despertar a Inuyasha lo tome y conteste. Antes de que pudiera decir algo la otra persona comenzó a hablar desesperada.
¡Kagome! ¿Dónde diablos te encuentras?
– Bankotsu… -murmure –Eso no te interesa –le conteste fríamente. El gruño.
No tenemos tiempo para amor fraternal -dijo sarcástico –Tenemos problemas. El primero es que Kikio se fue a vivir a otro país, el segundo es que tenemos a personas que nos siguen y tercero… nuestro tío volvió…
– ¿Cómo que se fue? –le devolví incrédula.
Al parecer ella sabia mucho mejor los problemas que nosotros…
– Bueno, en cierta forma es una buena noticia… -susurre para mi –Y eso de las personas… ya lo se, lo note hoy en la tarde…
Al parecer nuestro tío los mando a vigilarnos…
– ¿Y lo llamas tío? –le pregunte irónica.
¡Eso no importa! El busca algo y ese algo no lo tenemos ni Kikio ni yo, solamente quedas tu…
Apreté mi puño y mire a Inuyasha hacer muecas, estaba por despertarse…
– No se de que hablas –dije cortante.
Kagome no lo hagas más difícil. ¿Qué te dio nuestro padre antes de morir?
– ¿Una despedida triste? –el gruño exasperado.
¡Basta! Debes entregarle al hombre que te vigila ese algo para que acabe de una vez todo esto…
– No puedo hacer eso –replique. El murmuro un leve Por que –Le prometí a mi padre que lo cuidaría con mi propia vida… -recordé mi sueño y la promesa.
¿Aunque nos cueste la vida? ¡¡Estas loca!! Moriré…, moriremos ¿Acaso no te importa?
Mire a Inuyasha quien abrió sus ojos y parpadeo un par de veces, entonces me miro extrañado. Yo le sonreí y el hizo lo mismo…
– No me importa…
¡Por dios, Kagome! ¿Dónde estas?
– Adiós…
¡No, no! No cortes…
Demasiado tarde, había apagado el celular. Inuyasha se había incorporado y me miro con el ceño fruncido.
– ¿Con quien hablabas? –pregunto con voz ronca.
– Con Bankotsu… -respondí –Mi hermano –agregue en un murmullo –Al parecer esta en problemas y… -callé de repente. ¿Para que meterlo en mis problemas y preocuparlo?
– ¿Y? –me animo. Yo negué sonriendo.
– Idioteces –murmure –Me contó que Kikio se fue del país –le dije mirándolo fijamente, estudiando su reacción, pero el no dijo e hizo nada…
– ¿Se fue? –pregunto incrédulo. Yo asentí -¿Y por que?
– Ahm… seguramente encontró un amante –mentí. El suspiro –Te destrozo la boda –supuse. El negó.
– No pretendía casarme con ella de todos modos…
– Bueno… ahora dime, ¿Cómo llegue aquí? –le pregunte interesada.
– Te desmayaste –respondió.
Suspire y me tire nuevamente sobre la cama. El me miro y se acostó aun lado mió.
– ¿Y que querías decirme? –pregunto directamente. Yo me sonroje y el entonces, se puso de costado, sosteniéndose con su codo y mirándome a los ojos.
Su respiración chocaba en mi rostro y nuestras miradas se conectaron.
– Debe ser algo importante como para que salgas desabrigada de… -pero yo no lo soporte mas.
Sacando valor de quien sabe donde, lo tome del rostro y acerque sus labios a los míos. Fue solamente un rose, nada de otro mundo. Lo solté y el me miro asombrado, yo trague saliva nerviosamente…
¡Tenia que ser impulsiva! El tenia que dar el primer pasó… ¡demonios!
– No me dejaste responderte hoy en la enfermería y…
Pero no pude seguir. Ahora el fue quien me cayo. Fue despacio y tierno. Sus labios se movían lentamente sobre los míos, atrapándolos y succionándolos. Cerré los ojos y pase mis brazos por su cuello, mientras que el dejo caer un poco de su peso sobre mi. Se separo de mí y yo abrí mis ojos, encontrándome con los dorados que brillaban. Sonrió de una manera seductora y volvió a besarme, dejando esta vez el lado tierno, para comenzar un beso rápido y violento.
Hasta puedo decir, que parecía querer comerme la boca…
