Hola y bienvenidos una vez más a otro capítulo de esta locura :3
Muchas gracias a todos los que se toman la molestia de leer esta historia, a los que dejan y a los que no dejan review, a todos se los agradezco por igual:
dragonazabache: Muy cierto, tienes razón es como el coliseo del futuro, esa impresión me dio cuando conocí esta saga; y sí, ese es justamente el problema de Leo, su corazoncito bueno y sacrificado; un lugar como la arena es una tortura para alguien como él (pobrecito, alguien así se trauma por que se trauma XD) Gracias por lo que dices de las buenas ideas :D y créeme, de que gana patrocinadores los gana y por muchos motivos :D Ok, trataremos de enviarle eso si se presenta la ocasión, aunque ahorita ya tiene agua de sobra XD Y no, cómo te decía, no la había visto (por una razón muy tonta de mi parte, resulta que le tenía un odio irracional a Russel Crowe, por eso evitaba sus pelis, pero después de verlo en los miserables me ganó el condenado y cuando me hablaste de gladiador... ¡Bueno, tenía que verla y me fascinó! Y es verdad, tiene al protagonista luchando por su vida, ganando el favor del público (bien merecido) te dan ganas de matar al maldito emperador (que nombrecito le pusieron XD) y sí, el análisis social es realmente profundo y da para un buen de reflexión, ¡Gracias por guiarme hacia esa gran película! :D Por cierto, ¿Ya ves? Te dije que Haoyoh no tardaba! XD
Iurakey: Gracias! Me alegra que te agrade ver un nuevo cap, eso me pone muy contenta :D XDD Bueno, el comen de rafa, es que él ya sabe como es su hermano y sabe que no tiene remedio, ni con un zape dejaría de ayudar a otros :3 Pobre de ti con lo del carterista! Qué rabia debiste pasar! O.O XDD Gracias por lo de Finch y Tyrene; y eso es precisamente lo que el Capitolio maneja con los juegos, la tortura de su gente al ver a sus hijos ahí, el miedo, el mensaje de "miren como matamos a sus hijos y ustedes no pueden hacer nada para evitarlo", y por desgracia la gente mal alimentada y sin armas pues no, no puede hacer nada ;_; XDD Los sexys juegos? Pues gana Leo de calle, ya para que compiten XDDDD Gracias por todo de nuevo y gracias a ti por leer ;)
Megumi-Elric-x: XDDDDD Pues orale, el beso va para ti también, pero no vendas nada, niña, que ahorita ya tiene comida y cosas, no creo que le llegue a faltar algo :D CIerto, y lo malo es que Leo es muy sensible, así que aparte de saber que sintió Belle con la sangre, también siente el peso de la muerte de la pobre chica ;_; Gracias por el consejo,procuraré hacerlo porque tienes razón, los humanos también tienen lo suyo (de hecho, creo que somos las mejores máquinas de matar) lo tomaré en cuenta :D Ya veo con lo del yaoi, de hecho a mi también me gusta así (lo admito, también el lemon, pero por lo regular como resultado de hojas y hojas de mucha miel XD) Oh, ya veo, es lo malo de los sitios de fans, muchos que han leído los tres libros se olvidan que otros apenas van comenzando y sueltan comentarios sin pensar, lo malo es cuando no hay quien los modere para evitar los spoilers =/ échale un ojo a la peli, está muy mutilada en cuanto al libro se refiere, pero es entretenida ;)
Invasor'sQueen: totalmente de acuerdo contigo en esa moción! (Los del capitolio son unos malnacidos) *aplaude de pie a queen* no los quemes! La contaminación está muy dura! ;_; Gracias por lo que dices del cap! (en verdad, lo valoro mucho *.*) y lo de leo :D Es lo que más me preocupa, no salirme de personaje (es que el manejo de los personajes... a veces tiendo a desvariar y ellos conmigo XDD) XDDD Si Rafa hiciera eso lo meten a la cárcel o sí lo matan XDDD Y creo que no es la única vez que leo va a matar de un coraje a Haymitch Jeje y no le podemos dar un valium (sale muy caro XD) Tu coment de Cinna me mató! XDDDDDDDDDDDD no creo que Usagi llegue al canibalismo, al menos no por ahora Jejeje, y si Rafa viene y quiere algo yo por mi encantada! Ejem... digo, algo bueno, no me quiera dar cran del malo si es así entonces tú te haces cargo, y no el niño no es mío, aunque tenga ojos como los míos (ok, yo también ya me quedé en la canción XDDD) Muchísimas gracias de verdad por todo y nuevamente besos, Gracias!
Fortuneladystar: De verdad, gracias y ¡CON MUCHO GUSTO TE AYUDO CON ESO! Mira, este es mi mail : katara1978 (si no aparece aquí, lo puedes ver en mi perfil) Con toda confianza mándame un mail y te ayudo a abrirte la cuenta y a subir el fic cuando tú gustes :D Y sí, pobre leo que le ha tocado vivir cosas horribles ;-; (y las que le faltan, sorrry , sólo soy sincera ;_;) XDD No me acordaba que Itachi es comadreja, hace tanto que ya no veo naruto XD Sobre Usagi, creo que eso te lo respondo pronto jeje. Gracias a ti por leer y con gusto te echo la mano, ya sabes ;)
Violeta: Gracias, en verdad me halagas mucho con ese comentario :D Por desgracia Leo va a tener que pasar por muchas cosas y no creo que pueda durar mucho de esta forma, pero por ahora mientras él pueda ayudar lo hará. (por cierto, fé de erratas o lo que sea :3 Sobre el consejo que me diste de los acentos, en el cap anterior, resulta que ya lo tenía terminado cuando me llegó tu review anterior dónde me echas la mano con eso, y la bruta de yo subió el nueve sin revisar y por eso aun se ven esas faltotas de ortografía, pero creo que en este ya lo comencé a remediar; gracias de nuevo y por fa, si ves alguna otra falta, dímelo por favor que sólo así aprendo :D)
Denisse: Gracias! :D Qué bueno que te agradó; alguna duda que tengas sobre ella, no dudes en decirlo :D
SSMinos: ¡Gracias! XDD a mí también se me antojó :D En cuanto al nombre y el personaje, quisiera decir que es totalmente mío, pero no; Ya ves que en el libro la chica del cinco le llaman comadreja porque tiene cara con facciones que recuerdan a las comadrejas y es muy astuta (aunque en inglés le dicen "foxface") y en la peli se escucha que la llaman "FInch" yo sólo la transformé en una verdadera comadreja y la hice interactuar con Leo del modo como yo siento que esa chica pudo haber sido, porque la verdad ese personaje me cayó muy bien y me gusta, de hecho me dolió que muriera en el libro y la peli ;_; XDDDDDDDDDD con esa advertencia con más ganas corre Leo, mira que si lo alcanzan le hacen eso O.O Cualquiera huye pitando XDDD Amé que le dijeras pulpito al pulpito! *_* Gracias por lo que me dices,bueno lo de las habilidades es que siento que cada muto debía tener una utilidad durante la guerra (en el lugar de los cientificos no me tomaría la molestia de mutar un animal si no supiera como sacarle provecho :D que mala soy XDD) No he tenido el gusto de ver esa serie, es de televisión? es saga literaria? es americana o japonesa? (por que vi un poqito de la peli de Battle Royale y como que no me atrapó) Esa que mencionas suena interesante, me gustaría verla *.* Dónde la encuentro? :D Gracias por el dato, por leer y por tu comentario :D
Disclaimer: Los juegos del hambre, Teenage mutant ninja turtles, personajes, situaciones y demás no me pertenecen, son propiedad de Suzanne Collins, Peter Laird y Kevin Eastman respectivamente.
Gracias a mi Beta Haoyoh Asakura, sin ella este fic no podría ser.
Capítulo X
Nuevamente, amaneció en la arena, pero Leonardo no lo notó hasta ya entrado el mediodía; había quedado tan agotado por todos los horrores vividos que su cuerpo simplemente se había aferrado al poco descanso que se le había proporcionado.
Cuando un rayo de sol logró colarse entre las apretadas ramas superiores de aquella estrecha vereda de árboles y le dio de lleno en los ojos, la tortuga comenzó a despertar; desubicado nuevamente con respecto a donde se encontraba, el dolor del cuerpo y las heridas de sus manos le hicieron volver de pronto a la realidad; nuevamente se riñó a sí mismo, ahora por haber dormido a la intemperie, sin cuidado alguno y sin ocultarse en algún refugio, a la vista de cualquiera que hubiese pasado por aquella zona, aunque siendo realistas, el camino de árboles era tan estrecho que jamás se le habría ocurrido a nadie buscar a alguien ahí.
Aun adolorido y con el corazón herido, tomó su mochila y se dispuso a remediar en lo posible las secuelas del día anterior; sacó el kit de primeros auxilios y volvió a curar sus heridas, tomando ahora también el tubo de aloe para quemaduras y aplicándose un poco en donde el ácido de la lluvia le había salpicado; obviamente aquel remedio no era suficiente para algo de esa envergadura, pero por lo menos le calmaba un poco el escozor que sentía. Tras guardar todo aquello, más la foto que Finch deseaba devolverle a Tyrene, recogió las ramas más fuertes que encontró desperdigadas en el sendero y con la cuchilla se dispuso a tallar más flechas, pues había perdido demasiadas el día anterior; ahora ya contaba con veinticuatro flechas nuevas que, sumadas a las que le quedaban, le brindaban un bonito y numeroso grupo de treinta, las cuales guardó en su mochila. Bebió algo de agua, pero no comió nada, aun sentía el estómago revuelto y por lo tanto no le apetecía tomar bocado alguno. Se levantó con desgano y empezó a andar, siguiendo aquella estrecha vereda hasta salir a otro claro amplio, verde y recubierto de flores; un lugar tan fresco y maravilloso que deleitaba a la vista; le recordó a uno que se hallaba en el bosque del distrito doce, un lugar al que su padre los llevaba a entrenar cuando eran niños, pues era más seguro cruzar al bosque para las prácticas ya que ahí no había posibilidad de ser observados o espiados. A Leonardo le hizo sentir bien el ver aquel lugar; su corazón se sintió más tranquilo ante su belleza y los amados recuerdos que le despertaba, sin embargo no podía dejar de sentir algo de desconfianza por ese pequeño "oasis", a lo igual que por el resto del bosque; después de las experiencias con el cenagal y la lluvia ácida, aquello empezaba a parecerle una enorme trampa en la cual nunca se podía bajar la guardia. Caminaba con la cuchilla en la mano, al pendiente de lo que pudiera ocurrir.
Atravesó aquel claro y siguió caminando, en busca de alguna señal que pudiera conducirlo hasta Usagi; siguió por mucho tiempo, tanto que Leo no podía decir con exactitud que hora podría ser; empezaba a cansarse y a desesperarse, temiendo que su búsqueda fuera inútil y que su amigo pudiese estar... ¡no, no quería pensarlo!, no se había escuchado el cañón, por lo tanto no podía ser posible; a menos que hubiese resonado durante el momento que estuvo dormido... Sacudió la cabeza; debía dejar de pensar esas cosas tan pesimistas y animarse, aunque fuera un poco; Usagi debía continuar vivo y quizá hasta lo estaba buscando; tal vez hasta se encontraran por ahí si continuaba andando.
Entró por un área, amplia con una gran arboleda; de pronto escuchó que algo golpeaba por detrás, no muy lejos de él, al tiempo que se sentía un calor sofocante; alarmado, Leo giró la cabeza al instante y vio que un grupo de árboles se encendía en llamas, mientras que del cielo venía volando una bola de fuego directamente hacia él.
Leonardo saltó, quitándose justo a tiempo de aquel lugar, justo cuando la bola aterrizaba de golpe encendiéndolo todo ante el impacto; siguió corriendo, pues obviamente después de esas vendrían más y no se equivocó; una a una, enormes bolas de fuego caían hacia el piso, como si las lanzaran desde la parte superior de la arena. Leonardo hacía uso de toda su agilidad y destreza para esquivarlas, corriendo a toda velocidad, logrando moverse antes de que las llamaradas le cayeran encima, pues al parecer, quien las estuviera disparando, estaba obstinado en darle de lleno.
Era imposible que hubiese llegado de "casualidad" al punto en el que tenían una trampa como esa, pensó la tortuga; era obvio que eso de casualidad no tenía nada, aquello había sido preparado expresamente para él, valiéndose de lo que Cinna había creado, de la imagen que le había formado y del sobrenombre que le habían dado en base a ello; se dio cuenta de la ironía...
... llamas para un chico en llamas.
-¡Te odio, Cinna!- Gritó al esquivar otra de aquellas bolas de fuego, saltando por encima de unos matorrales y yendo a caer en medio de un área rocosa, flanqueada por una montaña, raspándose al rodar sobre el piso. Al ponerse en pie salió corriendo de inmediato, pero de repente fue derribado por alguien que le cayó del cielo... o mejor dicho, de una roca de la parte baja de la montaña. Leo se repuso rápidamente y pudo ver a Liberia, la muto de pantera del distrito dos, encima de él, la cuchilla que llevaba en su mano, salió volando cuando la pantera le había impactado. Alarmado, echó un vistazo hacia el lugar del que venía huyendo, pensando que si no se deshacía de ella, las bolas de fuego los quemarían a los dos en el acto; sin embargo notó que estas ya habían parado; se habían quedado en esa zona o bien...
... las habían usado para llevarle justo a ese lugar, a donde se hallaba otro tributo con el cual debería pelear.
-¡Pero que sorpresa!- Se relamía la pantera, con ambas garras colocadas en su cuello.- ¡El chico en llamas! Casi te hacen a las brasas, tortuguita.-
Leonardo colocó sus manos en los antebrazos de la chica y presionó en cierto punto específico, logrando que esta lanzara un grito de dolor, soltándolo. La tortuga aprovechó para sujetarla de los hombros y empujarla lo suficiente como para conseguir recoger una de sus piernas, pateándola de modo que la lanzó lejos de él. La pantera cayó sobre sus pies; tenía los brazos inutilizados; por más que trataba de moverlos le era imposible; miró al chico con una mezcla de sorpresa, horror e ira, ahora más que nunca lo deseaba muerto.
-¡¿Qué diablos me hiciste?!- La duda y el espanto ante aquella "brujería" la estaban aterrando.
-Es temporal.- Replicó el muchacho, tomando sus cosas, que habían caído al piso cuando la chica lo derribó, y disponiéndose a irse.- Dentro de unas horas podrás volver a usarlos.-
El rostro de Liberia era un poema a la sorpresa y el espanto conjugados; confundida, se debatía entre intentar atacarlo de alguna otra forma, o salir corriendo de ahí como realmente deseaba desde lo más profundo de su ser, ya que si le había hecho algo como eso no quería imaginar que otros "trucos" podría ocultar. Era la primera vez que enfrentaba algo así; desde muy pequeña había sido entrenada para pelear con grandes gurreros, para enfrentar a seres incluso más altos y fuertes que ella y soportar los peores golpes que pudiesen propinarle, y sin embargo, ni todos sus maestros o entrenadores la habían advertido de algo similar; de encontrar a alguien de apariencia inferior que lograse hacer lo que aquel chico le había hecho. Ya eran dos veces que la tortuga la atacaba de maneras inesperadas y contundentes; la patada en el estómago que le dio en la cornucopia y que la dejó sin aire y a merced de los otros (si no fuera por la alianza, seguro la habrían matado el primer día), y ahora esto, aquel extraño "hechizo" que la había dejado "lisiada". Psicológicamente, Liberia no estaba preparada para ello y ahora se encontraba asustada y sin saber cómo proceder.
Sin embargo, ella era del distrito dos, el lugar que entrenaba y dotaba de agentes de la paz a todo Panem, era una profesional y por lo tanto tenía su orgullo. Se mordió el labio, tratando con ello de controlar su miedo y corrió hacia la tortuga, con los brazos colgando y dispuesta a todo; aún tenía sus colmillos para poder atacar.
Leo al ver que se acercaba, tomó una posición de defensa, listo para recibirla; sin embargo, la chica abrió los ojos desmesuradamente al tiempo que se detenía en seco; un hilo de sangre corrió por su cuello y cayó de bruces sobre la roca. Leonardo, impactado, vio como un hacha pequeña se hallaba en la parte posterior de su cabeza. El cañón resonó de repente; Liberia estaba muerta.
-¡Cuidado!- Se escuchó gritar a alguien.
Leonardo fue derribado, quitándolo del camino de otra hacha que iba en su dirección. Una mano blanca le tomó de la muñeca y lo jaló, haciéndolo correr lejos de aquella zona y llegando a un pequeño cobertizo creado con una roca saliente de la montaña. Solo ahí, Leo pudo hablar con su salvador.
-¡Usagi!- Le daba gusto ver a su amigo después de tanto tiempo, y más cuando justamente se hallaba buscándolo; el conejo parecía encontrarse bien, salvo la venda hecha con un trozo de su playera y enredada en el brazo, donde Danae lo había herido; además de eso, se hallaba con varios rasguños en el rostro, las orejas, brazos y piernas, donde incluso su rompevientos y su pantalón presentaba algunos cortes.
-Fue Tyrene, la vi al límite de la arboleda, ella le lanzó esa hacha a Liberia.-
-Gracias.- Dijo Leonardo.
-Para eso son los amigos, ¿no?- Replicó el chico, sonriente.
Ambos miraron a la zona rocosa.
-No podemos quedarnos aquí, en cualquier momento se dará cuenta de nuestro escondite y sin espacio para movernos seremos blancos fáciles.- Murmuró Leo.
-Lo sé… quizá habrá que salir de nuevo.-
-¡Espera!- Le detuvo la tortuga, antes de que Usagi hiciera cualquier movimiento. Tyrene salió de la arboleda y llegó a la zona rocosa, buscándolos con la mirada mientras sacaba su hacha de la cabeza de la pantera. Iba a ir por la otra que se hallaba en el suelo, pero un ruido la puso en alerta, por lo que se puso en guardia. Leonardo y Usagi observaban también, pendientes de lo que pudiera ocurrir.
Desde otro punto en la arboleda, salió corriendo Calibur, un muto de lobo proveniente del distrito nueve. Cayó rodando al área rocosa y al ver a Tyrene se puso de pie de inmediato, listo para defenderse; la chica le miraba con ese desprecio con el que solía mirar a los mutos, se lanzó por el hacha que quedó en el piso logrando tomarla, pero no fue tan rápida como el lobo, cuyos reflejos naturales eran más agudos; este a sabiendas de lo que la muchacha haría en cuanto obtuviera el arma, decidió adelantarse, saltándole encima y clavando sus garras en la espalda de la chica, listo para clavarle los dientes en el cuello.
-¡Tyrene!- Usagi salió corriendo del cobertizo, seguido por Leonardo. Ambos saltaron hacia Calibur, pateándolo en la cara y haciéndolo caer al piso, lejos de ella. Los dos chicos quedaron en guardia, esperando cualquier movimiento que este pretendiera hacer.
-¡¿Acaso están locos?!- Gritó el lobo, poniéndose de pie, aturdido, para luego mirarlos como perro rabioso.-¿Por qué la defienden? ¡Nos han traído para matar, deberían dejar que la acabara...! ¡Bueno, si así lo quieren, así será!-
-Usagi, ve por Tyrene, yo lo entretendré.-
-De acuerdo.-
Usagi se acercó presuroso hacia su compañera; esta al verlo acercarse, trató de empuñar su hacha, pero esta cayó de su mano sin fuerza. Miró al conejo, con una mezcla de horror y odio, pensando que había llegado su fin, que aquel muto iba a matarla.
Pero al contrario de eso, Usagi la tomó en sus brazos y la echó sobre su hombro.
-¡La tengo!-
-¡Bien, ahora voy!-
Leo combatía cuerpo a cuerpo contra el lobo, el cual arremetía contra la tortuga haciendo uso de todo su cuerpo, sus garras y sus terribles colmillos, y pese a lo grande y fiero que se veía, pues doblaba en tamaño a Leonardo, su espalda era más ancha y sus brazos más fuertes y largos, le costaba hacer frente a la tortuga, que, haciendo uso de su habilidad como artemarcialista, rebatía sus embates con movimientos gráciles, golpes potentes y ágiles saltos; al final, Calibur se lanzó de lleno contra él, embistiendo con la cabeza, listo a atraparlo entre sus dientes cuando estuviera cerca; Leonardo dio un salto, giró en el aire y golpeó con el codo la parte trasera de la cabeza del lobo, dejándolo inconsciente sobre el piso.
Cuando el chico lobo cayó al suelo, Leo se acercó y con trabajos lo arrastró hasta el cobertizo de roca donde Usagi y él se habían refugiado, para no dejarlo a merced de otros tributos y se reunió con su amigo. Llevando a Tyrene, los tres dejaron aquella zona rocosa.
-¡¿Qué... qué piensan... hacerme?!-
-Nada... ¿A dónde la llevamos?- Preguntó Leo.
-¡Ustedes piensan hacerme algo!-
-No.- Contestó esta vez Usagi.- Sé de un lugar, sólo sígueme.-
-De acuerdo.-
-¡No! ¡Ustedes van a hacerme algo!-
-¡Ok, está bien! ¡ya no nos ruegues pues, siempre sí te vamos a comer sólo para que no te quejes!- Exclamó el conejo, tratando de no reírse.
-¡¿Qué?!- Soltó la chica aterrorizada.-¡Malditos, suéltenme, no seré su cena!-
-Eres terrible, Usagi.-
-Lo sé, pero si me rascas por la oreja muevo la patita y eso me hace ver adorable; compensa, ¿no?-
Leonardo se echó a reír, ¡Vaya que ya extrañaba a ese conejo loco!
Usagi guió a Leo hasta lo que ahora era su guarida; un valle que se hallaba no muy lejos de ahí. Aquel lugar era enorme, la gran montaña formaba una férrea y alta pared que respaldaba un enorme y hermoso lago con una pequeña playa de roca; en el extremo derecho de la misma, había una cueva de buen tamaño, oculta a la vista. Llegaron hasta la cueva y depositaron a Tyrene sobre el piso con cuidado.
-Lindo lugar.- Dijo Leo, mirando a su alrededor.- ¿Es seguro?-
-Hasta donde yo sé, sí; lo encontré hace poco; después de mi encuentro con Danae, y hasta ahora ha sido seguro, es decir, el agua es buena, no hay trampas hasta dónde yo sé e incluso creo que hay peces que quizá se puedan comer, no parecen bestias monstruosas o cosas así.-
-¿Te topaste con algún monstruo?-
-Polillas carnívoras, se comieron a la chica del distrito cuatro.-
-Así que así fue como murió.- Murmuró Leo, estremeciéndose de solo pensarlo.
-¿Qué van a hacer conmigo?- Susurro Tyrene, aún asustada y sin dejar de verlos.
-Comerte.-
La chica abrió los ojos con horror.
-¡Por favor! ¿En serio lo crees? No vamos a hacerte daño... si es posible vamos a curarte, aunque sólo tenemos agua.-
-No, tenemos más.- Leo sacó el kit de emergencias de su mochila.
-¡Vaya! Sí que tuviste suerte en la cornucopia, ¿Eh?-
-No, eso no... me lo enviaron.-
Tanto el conejo como la chica le miraron sorpréndidos.
-Conviene tener a Cinna como estilista.-
-Si tú lo dices.- Rió Leo, torciendo el gesto de manera graciosa, acordándose de las llamaradas con las que le habían atacado. Se acercó a Tyrene para curarla; la joven dio un respingo y quiso retroceder.-En verdad, si quisiéramos matarte, te habríamos dejado a merced de ese lobo, ¿no crees?-
La chica bajó la mirada y exhaló un suspiro, bajando también su defensa. Leo le quitó el rompevientos, le levantó la espalda de la playera y comenzó a curarle las heridas que el lobo le había infringido.
-Gracias.- Murmuró la chica cuando la tortuga terminó. Leonardo esbozó una dulce sonrisa.
-Ahora tú.- Se giró hacia Usagi.-Necesitas curarte.-Se acercó al conejo, tomándole de las solapas del rompevientos, dispuesto a quitárselo.
El conejo se encogió en un gesto pudoroso y con expresión pícara, dijo en tono meloso.
-Pero… señor Hamato, aquí no, que la gente nos mira.-Leonardo se quedó pasmado por unos segundos, para luego echarse a reír junto con Usagi y luego soltarle un zape en la cabeza.
-¡Ya quédate quieto!- Exigió, riendo.
-Con esos golpes, no me quedaré quieto, me quedaré lelo.-
-Así ya estás, no me eches la culpa.-
-¡Oye!-
-Yo solo digo la verdad.-
-¡Eso no es cierto, no es verdad, me levantas falsos!-
Tyrene los observaba mientras discutían, y sin quererlo, esbozó una sonrisa, pero después volvió a ponerse seria.
-¿Por qué no me mataron?-
Leo y Usagi se giraron a verla.
-Calibur tiene razón, para eso nos han traído, para matarnos, así que... ¿qué planean? Y lo pregunto en serio, ¿Cuál es su plan? ¿Cuál es su estrategia?-
Los dos chicos se quedaron callados, mirándose uno a otro y luego mirándola a ella.
-No tenemos ninguna.- Replicó Usagi y Leo asintió, pues él también pensaba lo mismo. Tyrene soltó una risa sardónica.
-¿Sin estrategia? Entonces, ¿Qué piensan hacer? ¿Cómo piensan salir de aquí?-
Los dos chicos siguieron callados. La joven bufó, levemente exasperada.
-Solo puede haber un vencedor; por lo visto ustedes tienen una alianza, por ahora, pero en algún momento tendrán que romperla si no quieren que...-
-Por ahora no queremos hablar de eso, ¿Está bien?-Interrumpió Leo ahora, bastante incómodo ante la idea que sin duda iba a plantear la chica; él y Usagi tendrían que separarse a la larga si no querían verse en la obligación de pelear entre ellos; Tyrene había expuesto algo que ambos no habían pensado o no habían querido pensar; se habían estado buscando el uno al otro solo para tener que separarse al final. La chica guardó silencio.
Un relampago cruzó el cielo; una torrencial lluvia comenzó a caer en la arena; Leo se acercó a la entrada de la cueva, jalando a Usagi suavemente del brazo para que se adentrara más en ella, ya que se hallaba muy cerca de la orilla.
-Será mejor no salir por ahora, no sabemos que tipo de lluvia puede ser.-
-¿Qué tipo de lluvia?- Soltó el conejo con extrañeza.
-No querrás saberlo.-
-Pues si no podemos salir, no podremos buscar alimento.-
-Yo...- Leo miró a Tyrene y se sonrojó de repente.- ... yo tengo algunas... reservas...-
-¿En serio? ¿De tus patrocinadores?-
-No exactamente.- Abrió la mochila y comenzó a sacar las reservas de Finch. Tyrene abrió los ojos con sorpresa.
-Así que sí era tu complice.-
-No exactamente... ella... ella volvió después de que tú te fuiste, me dio esto por agradecimiento.-
-¡Maldita ladrona!- Murmuró la chica con rabia.-¡No sé como la mataron, pero se lo tenía bien merecido esa insensible y...!-
-¡Cállate!- Exigió la tortuga con tono autoritario, de tal modo que Tyrene se calló al instante y Usagi lo miró con sorpresa. El chico, algo apenado, bajó un poco la mirada.- Ella no era como tú crees... era una buena persona.-
-¡¿Tú cómo sabes?!- Insistió la joven, retomando su aplomo.
-Por que a pesar de todo sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal... sabía que había ahí algo importante para ti.- Sacó la fotografía de la mochila, esta se hallaba algo corroída de las orillas, pero el centro estaba en buenas condiciones; se la entregó a la joven.- Te estaba buscando... para devolvertela, pero no pudo, fue cuando ella... cuando ella...-
Tyrene tomó la foto; en la cual aparecían ella, su padre y su madre; bajó la mirada para luego ver a Leonardo, que se hallaba realmente consternado.
-Gracias.- Susurró avergonzada.
-Agradecele a ella.- Espeto la tortuga, mientras sacaba las raciones.
-¡Oh, sopa!- Exclamó Usagi, viendo la lata que había sacado Leo y tratando de aquel modo de calmar el ambiente.
-Sí, podemos dividirla... aunque deberemos tomarla fría.-
-No necesariamente.-El conejo sacó de su mochila una pequeña lata, similar a una de atún, pero más ancha.- Es un quemador artificial; solo abres la tapa y listo, funciona solo sin dar mucha luz, evita que alguien pueda verla a lo lejos... fue lo único bueno que me tocó en esta cosa.- Señaló la mochila.- Lo demás son solo cuerdas y cosas de poca utilidad.-
-A mí también me tocaron algunas cosas inútiles...- Replicó Leo, con una sonrisa.- ... estas gafas.- Sacó las gafas oscuras de la mochila.- No te protegen del sol.-
-¡Esas no son para el sol!- Intervino Tyrene.- Son para ver en la oscuridad.-
-¿Estás segura?- Los dos chicos la miraban con sorpresa. La joven esbozó una sonrisa de autosuficiencia.
-Sí, mi padre me envió unas iguales en el nuevo regalo que me mandó.-
Leo se probó las gafas; como ya estaba oscureciendo, miró hacia la entrada de la cueva; aquello se veía como si fuera de día.
-¡Es increíble!-
-Sí, son muy útiles.- Tyrene guardó silencio, luego tomó su mochila, la abrió y sacó dos latas de sopa.- Ten.- Le dio a Usagi.- Ahora tendremos una cada uno.-
El conejo le sonrió, haciéndole una pequeña reverencia.
-Gracias.-
La chica le sonrió con sinceridad.
No tardó en oscurecer; a pesar de la lluvia, el himno de Panem resonó en la arena, el escudo del Capitolio brilló en lo alto del cielo y tras de él las imágenes de los caídos del día, primero apareció Liberia, la chica pantera; a la que Tyrene miró fijamente para luego desviar la mirada; después apareció la chica humana del distrito ocho y por último Calibur, el lobo del distrito nueve, al terminar el himno, la imagen del lobo desapareció del cielo.
Leo y Usagi estaban pasmados; Tyrene los miró intrigada.
-Crees que murió por tu culpa, ¿no es así?- Le preguntó a Leo. El chico se giró a verla; no dijo nada, pero en su rostro podía comprenderse la respuesta. La chica resopló.
-Tú no pareces muy afectada.-
-¿Por la pantera? No.- Replicó, tratando de sonar dura.
-Pues no lo parece.-Añadió Usagi. Tyrene rodó los ojos.
-Para eso nos trajeron aquí.- Insistió la chica, cruzándose de brazos e inclinando la cabeza hacia atrás.- Y si realmente quieren salir de la arena, más les valdría hacerse a la idea.-
-No creo que siempre hayas sido así...-
-¡Mi padre me entrenó para sobrevivir a este lugar! ¡Así que, sí, siempre he sido de esta manera, porque así han querido que sea; no solo mi padre y la gente del distrito siete, sino también el Capitolio, todos esperan que repita la gloria de mi padre, que salga victoriosa, por lo tanto sólo actúo como se supone debería actuar!-
-Mi padre también me entrenó para esto.- Replicó Leo.
-El mío también.- Secundó el conejo.
-Pero lo hicieron pensando en que sobreviviéramos, no en ser vencedores; jamás nos exigieron que pensaramos de algún modo en específico... y tampoco creo que te lo hayan exigido a ti.- Siguió la tortuga.- No creo que tu padre haya querido transformarte en una máquina asesina, solo quería que sobrevivieras, quiso darte una herramienta para salir viva de esto si te elegían, pero no quiso imponerte una forma de pensar, no creo que haya querido volverte algo que tú no eres.-
Tyrene bajó la mirada y desvió el rostro; luego volvió a mirarlos.
-Quizá... Sin embargo, debo aferrarme a eso si no estaré como ustedes, temerosa de matar a alguien aun cuando eso significa mi boleto a casa. ¿O qué? ¿Piensan dejar que los demás nos matemos hasta que solo quede alguno de ustedes? Les recuerdo que si eso pasa, tendrían que pelear entre los dos y quizá... quizá eso les sería más difícil.-Insistió con el tema.
Los dos chicos suspiraron, pero sus miradas parecían serenas y firmes.
-Aún así... yo soy quien decide quien quiero ser, no mi padre, ni mi gente, ni siquiera el Capitolio.-
Tyrene y Usagi miraban a Leo con verdadero asombro y admiración.
-Eh... bueno, yo por si acaso me muevo de este lado...- Dijo el conejo, alejándose un poco de su amigo.- por que no quiero que me salpiques cuando te lancen un rayo, ¿eh?-
Tanto Tyrene como Leo se le quedaron mirando para luego reírse; la tortuga sin embargo alcanzó a su amigo y le dio otro zape. La chica dejó de reír y más serena, dijo.
-No creo que lo que hiciste haya matado a Calibur.- Admitió la joven con voz suave. Leo le sonrió, agradecido.
Como la lluvia no paraba y aunque así fuera, era muy tarde como para salir de la cueva, decidieron pasar la noche en ella, turnándose para vigilar. Leo, que era el menos herido, decidió tomar la primera guardia; Usagi tomó la segunda y Tyrene la tercera. Cuando el amanecer volvía a la arena, la chica los despertó a ambos.
-Vamos, niños, ya es hora de levantarse.-
-¿Dejó de llover?- Leo abría los ojos perezosamente.
-Sí, desde hace rato, y no fue nada de "lluvia peligrosa" como pensabas.-
Leonardo suspiró más aliviado, levantándose al mismo tiempo que Usagi; los tres salieron de la cueva y miraron el paisaje que brillaba por los rayos de sol reflejados en los charcos que yacían en la playa de roca. El lago parecía haber subido su nivel.
-Si quieren pueden lavarse la cara; ya revisé, el agua no es venenosa.- Dijo Tyrene.
-Genial... aunque quizá debamos conseguir el desayuno primero, ahora que podemos salir debemos aprovechar lo que nos rodea.- Sugirió el conejo.
-Podríamos pescar.- Leo miró el lago.
-Eh... no lo creo, ya lo intenté y no pude.-
-Es verdad, yo también lo intenté cuando di con el lugar, pero tampoco pude.-
-¿Saben pescar?- La tortuga los miró con suspicacia.
-No tengo ni idea de como se hace.- Admitieron Usagi y Tyrene al mismo tiempo a la par de que se cruzaban de brazos, aguantándose la risa.
-Me lo suponía.-
-¿Qué quieres? En casa no hay lagos como este, solo un montón de árboles, somos leñadores, no pescadores.-
-¿Somos? No te he visto en los bosques sacando leña.- Soltó el conejo.
-Eso no quiere decir que no sepa cortar un árbol.-
-Pero no tienes la experiencia que yo tengo.-
-¿Ah, sí? Cuando quieras te demuestro que sé hacerlo mejor que tú y que...-
-¡Muy bien, muy bien! Ya entendí, buenos con la madera y no han pescado en su vida, dejen de discutir.-Leo empezó a quitarse el rompevientos, las botas, la playera y el pantalón.-Observen y aprendan.-
-Muuuuy bien, yo observo tooodo lo que quieras.- Replicó el conejo con tono pícaro.
-¡Así se consiguen patrocinadores, niño!- Exclamó Tyrene, riendo también.
-Graciosos.- Murmuró Leonardo, lanzándose después al lago.
Ya en el agua, la tortuga se desenvolvió con libertad; nadando ágilmente pues se hallaba en su elemento; y a pesar de que había un lago perdido en el fondo del bosque del distrito doce, lugar al que Splinter solía llevarlos para divertirse de vez en cuando, no siempre tenía la oportunidad de darse un respiro en el agua como ahora, ya que siendo la cabeza de la familia y el responsable casi en su totalidad de poner comida en la mesa, no siempre había tiempo para jugar. El chico se sumergió, capturando fácilmente a los peces que no lograban nadar lejos de él lo suficientemente rápido y pronto consiguió una buena cantidad de ellos, saliendo del lago con una enorme sonrisa. Usagi y Tyrene, sorprendidos, no pudieron hacer más que aplaudir, a lo que Leonardo correspondió con una reverencia.
Cuando Leonardo pudo volver a vestirse, Usagi y Tyrene decidieron enseñarle como podían aportar al desayuno de ese día; si bien aquel par no eran buenos pescando, sí sabían de frutos secos y bayas que crecían en los alrededores, enseñándole a la tortuga cuales se podían comer y cuales no; Leonardo aprendió rápido a diferenciarlos y entre los tres lograron hacer una buena colecta; con el quemador artificial de Usagi, las bayas, los peces y los panes (algo aplastados) que Leo aun conservaba de las reservas de Finch, pudieron disponer de un sustancioso banquete.
-¡Esto se ve muy bien!-
-¡Y huele bien!-
-Me muero de hambre.-
-¡A comer!-
Los tres comenzaron a servirse los pescados y las bayas con el pan. Leo miró a Usagi.
-Oye, olvidé preguntarte... ¿Qué te pasó?-
-¿De qué?-
Leo le señaló los arañones que, después de la curación del día anterior, parecían más tenúes.
-¡Oh, esto! Cuando Danae me atacó y di con este lugar... después de vendarme el brazo, salí a buscarte; me perdí en el bosque y me desubiqué por completo; pero después, de los árboles surgieron unos zarzales llenos de espinas que comenzaron a atacarme, parecían estar vivos.-
-¿Y te dices buen leñador?- Soltó Tyrene, risueña, para luego tomar un bocado de pescado. Usagi la miró con seudo molestia.
-Si hubiese tenido un hacha o una espada no habría tenido problemas, pero como me hallaba desarmado solo me quedó salir de ahí lo más rápido posible; fue como llegué a aquel lugar y los vi.-
-Yo llegué ahí por casualidad, luego vi a la pantera y a Leonardo.- Agregó la chica, bajando la mirada un poco al haber llamado a la tortuga por su nombre.
-Creo que lo usaron para reunirnos.- Continuó Usagi.-Sabían que estábamos todos nosotros en esa área y querían crear un enfrentamiento; y supongo que el que los árboles me atacaran fue una ironía.- Rió levemente.- Ya saben, por lo regular soy yo el que aporrea los árboles con un hacha en la vida diaria y luego nos visten de árbol para el desfile, fue una bonita ironía.-
-Te entiendo, me pasó lo mismo.-
-¿Hicieron que te replegaras golpeándote con... carbón?- Inquirió Tyrene no muy segura, abriendo los ojos con extrañeza.
-No, bolas de fuego.-
-Oh, ya veo.-
-¿Tomaron lo hecho por Cinna y lo usaron en tu contra?-
-Sí, odio a Cinna.- Replicó la tortuga, torciendo el gesto de modo infantil, fingiendo molestia y tomando un bocado de pan.
-¿Sí?- Replicó el conejo, con sonrisa maliciosa y mirada suspicaz.- ¿Entonces, porqué dijiste su nombre mientras dormías?-
-¡¿Qué?!- La tortuga abrió los ojos a todo lo que daba, casi atragantándose; tosió por un momento, mientras Tyrene y Usagi reían.-¡Eso no es verdad!-
-¡Oh, sí qué lo es!- Siguió el conejo tozudamente.- Decías, "Cinna... Cinna..."- Y volvió a reír a carcajadas.
-¡Qué no es verdad!-
-¿La verdad?-Intervinó la chica.- Sí lo hiciste.- Y rió también. Leo la miró con sorpresa y duda; una cosa era el bromista de Usagi, pero ¿Tyrene haciendo bromas? O era eso o en verdad...
-¡Mira tu cara! ¡Es todo un poema!- Soltó el conejo, esforzándose por parar de reír.-¿Entonces no te importa si trabaja conmigo si salgo de aquí? ¡Cinna!- miró hacia donde podía haber una cámara.- ¡Llámame!-Añadió, haciendo el gesto con la mano como si trajera un teléfono.
-¡No! Qué me llame a mí, yo soy la que saldrá de este lugar. ¡Cinna, ya sabes, te odia!- Dijo ahora Tyrene, señalando a Leonardo.-¡Pero yo no! ¡Llámame!-
-¡No, esa fue mi idea!-
-¡Él es mío!- Exclamó Leo; los otros dos chicos le miraron sorpréndidos y aguantándose la risa. Cuando Leo se dio cuenta de como sonaba eso, soonrojado y turbado, siguió.- ¡Saben lo que quiero decir... yo... él...! ¡Es mi estilista y solo trabaja conmigo! ¿Ya?-
Cinna, que al principio se reía de las locuras de Usagi y Tyrene, se quedó pasmado al escuchar lo dicho por Leonardo, para luego sonreír pícaramente.
-¡Wow! ¡Cinna!- Comenzó Effie de manera burlona, riendo coon picardía.- ¡Eso me suena a romance!-
Portia, asentía mientras se llevaba la mano a los labios para ocultar su risa.
-Envidiosas.- Replicó el estilista, con orgullo y sin dejar de sonreír.
-¡Te dije! ¡Te dije! ¡Ahora sé por qué lo llamabas dormido y...! Eh... ¿Por... por qué me miras así? ¿En qué piensas?- Inquirió el conejo, aguantando de nuevo la risa.
-Estoy seriamente replanteándome mi decisión de no volver a comer conejo.- Murmuró la tortuga. Tyrene y Usagi volvieron a reír.
En eso se escuchó un terrible grito que los alarmó, haciéndolos ponerse en pie de golpe.
-Esa voz...-
-¡Es Belle!-
Leo tomó su arco y su mochila llena de flechas; él y Usagi salieron corriendo; Tyrene fue detrás de ellos.
Belle, y las tributos del distrito nueve y diez corrían a toda velocidad por entre los árboles, siendo perseguidas por una númerosa bandada de murciélagos,pero estos no eran normales; pues aparte de tener la capacidad de salir de día, tenían el triple del tamaño de un murciélago normal, las orejas muy largas, los ojos rojos como carbones encendidos y la nariz grande y aplastada de tal modo que les levantaba el labio superior dejando en evidencia dos enormes colmillos alargados y muy afilados. Uno de ellos cayó encima de la chica del nueve, que era la que venía más rezagada, ensartando sus colmillos en la parte posterior de su cuello; al hacerle brotar la sangre, comenzó a beberla de manera ruidosa; el aroma del rojo líquido atrajó otros de la bandada y pronto la chica yacía boca abajo en el piso, gimiendo lastimeramente con la espalda cubierta de aquellos animales. Belle y la otra chica, aterradas, no hallaban la forma de ayudarla, por lo que continuaron corriendo, el cañón se escuchó de repente.
Leonardo, Usagi y Tyrene llegaron cuando ambas chicas se hallaban acorraladas contra un enorme árbol y aquellos bichos estaban a punto de lanzarse a ellas. Leonardo lanzó una flecha contra la criatura más cercana a las jóvenes, atravesándolo justo en el centro y cargando el arco lo más rápido que le era posible para continuar con las otras.
Tyrene, que llevaba sus dos hachas en las manos, le dio una a Usagi; el conejo le hizo una breve reverencia en agradecimiento y entre los dos se dedicaron a abatir murciélagos, ayudando a Leonardo. La chica lanzaba el hacha, cortando las alas y corriendo a recuperar su arma a toda velocidad para repetir la faena; Usagi, con la ayuda de su agilidad natural, perfeccionada con su entrenamiento, saltaba de un lado a otro, cortando a aquellos bichos a la mitad sin necesidad de lanzar o soltar su arma; de ese modo, la gran bandada iba reduciéndose poco a poco.
En eso, un cuchillo atravesó el cielo, clavándose en la garganta de la chica del diez. Belle, que se hallaba a su lado, lanzó un grito de terror que hizo que todos se giraran a verlas, quedando horrorizados ante el espectáculo, pero poniéndose alerta de repente, pues el que la había matado debía estar cerca de ahí.
Pronto, de entre un grupo de árboles detrás de Tyrene, apareció Dominus, el chico del distrito dos, compañero de Liberia.
-¡Tyrene, cuidado!- Gritaron Leo y Usagi, aprestándose para atacar...
... pero era tarde; Dominus había clavado el cuchillo en el centro de la espina dorsal de la joven, retorciéndolo con saña. Tyrene abrió los ojos de manera desmesurada, de su boca brotó un borbotón de sangre y sus piernas se vencieron ante el peso muerto que ahora era; el cañón resonó.
Y resonó dos veces, porque justo en el momento en que Dominus retorcía el cuchillo dentro del cuerpo de la joven, Leonardo había disparado una flecha que le atravesó la cabeza al muchacho en el centro de la frente. Éste cayó sin vida.
Leonardo, Usagi y Belle se quedaron ahí, en medio del bosque, estáticos sin poder mediar palabra alguna.
