DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Nerd Corps y Asaph Fipke.
N/A: Debo admitir que el título del capítulo me hace reír cada vez que lo leo.
Capítulo 11:
¡Se ha tragado el chicle!
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Trixie.
Eli lucia extremadamente enojado, lo que hacía preguntarme su razón. Aunque, no pude pensarlo mucho debido a que escuché la puerta de madera abrirse.
Me congelé, como si estuviera de intrusa o algo y, de alguna forma, me sentía así.
Alguien se aclaró la garganta detrás de mí. Con una mueca, me di la vuelta, esperando que mi futuro no sea tan terrible como lo que estaba pasando por mi mente en aquellos momentos.
—¿Quién es usted? —preguntó Blakk. Recordé la primera vez que anduve totalmente sola por las calles de Nueva York. Era todo tan grande, con esos infinitos rascacielos que me hacían sentir como una hormiga. Mi jefe era tan alto y corpulento que podría hacer a cualquiera desmayarse del terror.
Mis piernas temblaron en respuesta y ahogué una sonrisa al escuchar en la parte más oscura y pequeña de mi mente: Su peor pesadilla.
—¿Qué hace en mi oficina? —Volvió a preguntar. Parecía estar a punto de avanzar y estrangularme o despedirme nada más. Era difícil de deducir.
—Soy la... —Suspiré. Mi voz apenas se escuchaba —Soy la chica del café.
Su enojo pareció disminuir. Me miró de pies a cabeza y asintió, como si aprobara mi atuendo.
Casi me sentí orgullosa, hasta que murmuró:
—Vete —Pasó la mano por su cabello lleno de gel, con tranquilidad—. Y dale esa comida a alguien más, tengo una cita.
Él giró los ojos y caminó hacia su escritorio. Enarcó una ceja y supe que debía moverme rápidamente.
Al salir, mis manos se convirtieron en puños.
¡Ese engreído ni siquiera me había agradecido! Tampoco se tomó un mísero segundo para pensar en el tiempo que me hizo perder.
Al menos sé que tendrá una cita, pensé. Ojalá lo planten. Sonreí al solo idearme la situación.
Entré en mi oficina y comencé a...
oOo
Eli.
Después de enviar las invitaciones, quise distraerme haciendo otros quehaceres. Una sonrisa apareció en mi rostro al pensar que debía de ir a buscar las carpetas azules, si así lo deseaba. Y lo hacía, obviamente.
Caminé hacia la puerta roja y abrí sin tocar. La persona detrás del pequeño escritorio se puso de pie, quizás sorprendida.
Yo me quedé en total silencio. Sin aliento.
De alguna manera, sabía que ella estaba más alta; seguramente, usaba tacones. Vestía leggins y una blusa roja, sus ojos estaban rodeados por un color negro que la hacía verse misteriosa y tenía el cabello... rubio.
¿Acaso...?
Conocía muy bien que esa chica era Trixie; esos ojos verdes podía reconocerlos en cualquier lugar. Sin embargo, la cabellera rubia me confundía.
—Hola, Eli —Ella saludó, sonriendo tímidamente ante mi fija mirada. Dejé de observarla con cara de tonto enamorado y levanté una mano a modo de saludo.
—Hola, Trix —Cerré la puerta detrás de mí—. ¿Cómo te ha ido?
—Bien, supongo —Trixie bajó la cabeza, como si recordara algo—. ¿Y a ti?
—Debo ir a un estúpido baile, así que no muy bien —Me reí, aunque fuera cierto. Ella volvió a mirarme.
—¿Qué baile?
Entorné los ojos.
—Tienes suerte si no vas —aseguré. Minutos después, volví a hablar: —Luces diferente.
Trixie levantó una ceja.
—¿Diferente mal o diferente bien?
—Diferente maravilloso —Un suspiro salió de mis labios sin mi consentimiento. Al darme cuenta de lo que había dicho, traté de corregirme: —No me malinterpretes. Antes te veías preciosa también.
¿Qué rayos me pasaba?
—Gracias —Ella rió con nerviosismo en voz baja. Movió sus manos por el cuestionario que estaba haciendo, frunciendo el ceño—. ¿Puedo ayudarte en algo?
—¿Tienes...? —Mi voz vaciló. Había sentido de repente ganas de acercarme a ella, así que lo hice. Solo escritorio nos separaba y ella lucia felizmente confundida—. ¿Tienes novio?
Mi pregunta nos tomó por sorpresa a los dos.
—No —Algo dentro de mí comenzó a saltar de alegría.
—Qué tontos. No saben lo que se pierden —Estaba a punto de golpearme por decir palabras que no pasaban por mi cerebro primero.
—¿Y tú? ¿Tienes novia?
—No, pero estoy casi seguro que pronto la tendré —dije, mirándola fijamente. Trixie sonrió.
¡Eso es, campeón!
—Creo que... —Ella frunció los labios, como si tratara dejar de sonreír, pero no pudo. Colocó un mechón rubio detrás de su oreja y completó: —Tengo que seguir trabajando.
—Sí —concordé. Recordé mi pregunta original—. ¿Tienes las carpetas azules listas?
Trixie también las recordó. Negó con la cabeza.
—Me faltan dos más. Si quieres... —Se sentó y tomó el par de carpetas azules que le quedaban —Puedes esperarlas.
Me miró y sonreí. Asentí.
Mientras las arreglaba, tomó un chicle de un pequeño compartimiento y comenzó a mascarlo.
—¿Quieres ir a cenar el viernes? —pregunté, apenas pensándolo. En seguida, ella colocó una mano sobre su boca cerrada y abrió los ojos, sorprendida.
No pude evitar pensar en que se había tragado la goma de mascar. Trixie tosió, confirmando mis sospechas o la mitad de ellas.
¡Te sale ser tu propio saco de boxeo, Eli!
—Si —Volvió a mascar—. Me encantaría.
¿Cuál saco de boxeo? Mereces palmaditas en la espalda, chico.
Sonreí, hasta que tocaron la puerta.
N/A: ¿Les he dicho que comencé las clases? Justo ahora estoy estudiando para la exposición de mañana. ¡Deséenme suerte!
