Detrás del espejo

Capítulo 10

Escuchó un golpe en la puerta del baño que la hizo sobresaltarse, golpeando un pequeño florero que estaba a su derecha y en el esfuerzo de evitar que cayera y se quebrara haciendo un tremendo ruido, se lastimó la rodilla con el mueble de lavamanos y la frente con la madera que sostenía la toalla de mano.

Quiso maldecir lo más fuerte posible, pero eso alertaría a quien quiera que estaba del otro lado de la puerta y en el resto de la casa, que algo raro le había sucedido.

Otro golpe en la puerta, esta vez haciendo que volteara con una mirada asesina hacia la madera blanca.

−¿Jane? − Era su madre.

Respiró profundamente y acomodó todo en su lugar, evitando pasarse la mano por la rodilla o la frente, abrió la puerta, encontrándose con Marie Potter, su madre. O al menos, era la madre de Jane Potter.

−Madre, lo siento.

−Jane, ¿hay algo que quieras decirme? Sabes que puedes confiar en mi…

−Lo se, lo… se. –Hizo una pausa y volvió a mirarse en el espejo.

Allí estaba Jane Potter, hija mayor de Harrison y Marie Potter. Hermana de James Potter. Las líneas de tiempo se estaban cruzando, mezclando, frente a ella. ¿Qué era verdad y que era fantasía? Nunca había escuchado hablar de Jane Potter, ¿sería que realmente había existido? Y si ella vivió, ¿Dónde está la prueba fehaciente de su existencia? Porque de una cosa estaba segura, si ella era realmente Jane Potter, ella hubiera sido la guardiana de Harry en un abrir y cerrar de ojos.

−Hay cosas que, que puedo explicar… me.

−¿cosas? –La mujer se acercó a ella y la miró a través del espejo. −¿Qué clase de cosas, hija?

−Yo… −Cerró los ojos con fuerza, prometiéndose que ella misma averiguaría qué estaba sucediendo realmente. –No, no es nada importante. Creo que mejor comienzo a arreglarme para la fiesta de esta noche.

−Pero son solo las once de la mañana. –Rió su madre y Hermione no pudo hacer otra cosa que reir con ella.

−Al parecer estoy ansiosa.

−Y me parece que está perfecto. Si este chico te gusta…

−Mamá. –llamó Hermione cuando Marie Potter dejaba el baño. La mujer volteó con una sonrisa maternal y dulce. –¿crees que las personas son capaces de cambiar?

−Bueno, eso depende, hija. ¿Qué quieres cambiar?

−En realidad, es… es evitar algo que sabes que es muy probable que suceda.

−Bueno, en lo particular, yo creo que si algo ha de suceder, puedes retrasarlo, pero no evitarlo. Si esta escrito en el destino de cada uno, cielo, entonces sucederá. Tarde o temprano.

Hermione se sintió desfallecer.

−¿Ha sido de utilidad mi respuesta, Janey?

−Si, gracias.

Su madre dejó el lugar y Hermione se encaminó a su cuarto.

Al sentarse sobre la cama sintió algo plano y duro y rápidamente recordó el libro de magia oscura.

Con el tomo en su mano, Hermione comenzó a hojearlo detenidamente, pero por mas que buscara, no podía hallar nada en relación a la fracción de personas. Aún cuando ese era el único razonamiento que podía deducir, la unica explicacion que podía darle a este asunto de Jane Potter, Hermione no podia encontrar una sola anotación sobre el tema.

Volvió al comienzo del libro y releyó el indice. Allí estaba, el último capítulo del libro hablaba sobre la fracción. Seguramente, en su estado de ansiedad, le pareció no haberlo visto. Asi que, con cuidado y paciencia, Hermione fue hasta la pagina 345…

−No. –murmuró al ver el número de la ultima pagina. –No puede ser… 344. ¿Dónde demonios está la pagina 345?

Intentó corroborar que no hubiera sido arrancado del libro, pero no había señales de haber sido dañado de alguna forma. Tomó su varita y pronunció un par de palabras determinadas. Obligando así que el libro le mostrara si había sido destinatario de algun hechizo, pero no. el libro estaba tan intacto y sano como si hubiera sido impreso recien. Esto era de lo mas extraño. Y ahora que se fijaba mejor… el libro tampoco tenía el nombre del autor.

−¿Qué clase de libro es este?

Su puerta sonó y Hermione guardó rápidamente el libro debajo de la almohada. Acto seguido abrió la puerta para encontrarse con Remus Lupin. Un acalorado, ruborizado y tímido Remus Lupin.

−Eh, hola. –dijo nervioso. Hermione tuvo que reprimir una sonrisa, al ver la escena tan tierna frente a ella.

−Remus, ¿Qué puedo hacer por ti?

Los ojos de Remus se abrieron el doble al escuchar que Hermione lo llamaba por su nombre y no por su apellido como solía hacer en la escuela.

−Bueno, yo… James y yo iremos al pueblo y… pense –pensamos- que quizá querías venir…

−Claro. ¿Me dan cinco minutos para arreglarme?

Remus solo asintió y se marchó camino a la habitación de James.

Con una sonrisa tierna en su rostro, Hermione se dirigió a su armario para decidir que ponerse antes de salir.

Había salido cientos de veces con Harry, pero nunca con James. A pesar de que sus recuerdos le dijeran lo contrario y que Jane hubiera salido a pasear con su hermano y sus padres, Hermione nunca lo había hecho. Este era un hecho para apreciar. Tal vez pudiera decirle a Harry…

Si Jane nunca formó parte de la vida de Harry, entonces…

−¿estaría muerta?

...

Había llegado a la conclusión que Remus Lupin estaba actuando muy extraño. ¿Desde cuándo era tímido e introvertido? Aunque podría ser que, al ser un adolescente aún no era el mismo Remus Lupin que ella conocía, profesor Remus Lupin.

Pero a pesar de todo, el muchacho la miraba de reojo, y siempre escuchaba atentamente lo que Hermione tenía para decir.

En una ocasión pasaron por una importante librería y Hermione no pudo resistir la necesidad de entrar, Claro que Remus fue con ella. James, al contrario, decidió ir a comprar un helado y esperarlos allí. Entonces, Remus se vio a solas con Hermione por primera vez.

−¿Jane?

−¿si Remus?

−Quería saber si, realmente… bueno, si realmente irás a la fiesta de los Malfoy.

−Bueno, si. Fui invitada y Lucius Malfoy y yo somos amigos.

−¿Solo amigos? –Oook, esto se estaba tornando inquietante.

−¿Por qué preguntas?

El muchacho se puso muy colorado y miro hacia otro lado. Rápidamente captando su atención en un libro cualquiera. Esto le dio a Hermione la pauta que Remus Lupin tenía un enamoramiento… con ella.

−Genial. – murmuró para ella misma.

Lo que necesitaba ahora era que Remus, el profesor Lupin sintiera un amor de verano… bueno, de invierno, dado que era diciembre, con ella.

Intentó ignorar la mirada lejana de Remus y se concentró en los libros delante de ella. Historia de la magia, historia del ministerio… tal vez le hubiera interesado hojear esos libros en otro momento, en otra vida. Ahora, los pasaba por alto. Si tan solo supiera porqué el libro que tenía escondido en su cama decía que tenía hojas que en realidad no tenía…

Sin prestar mucha atención, Hermione pasaba el dedo índice por los lomos de los libros apilados prolijamente uno junto al otro, en las altas estanterías. Le hacía acordad a la biblioteca de Hogwarts donde los libros parecían hablarle…

–Hogwarts. –murmuró de pronto teniendo una idea.

Si esta librería era similar aunque fuera solo un poco a la biblioteca de la escuela entonces, también tendría que tener un sector prohibido donde estuvieran los libros de magia oscura. Solo tenía que encontrar ese lugar.

Comenzó a pasar rápidamente por entre las estanterías, sin prestar mucha atención a los nombres de los libros. De vez en cuando detenía su mirada para calcular el tema de uno o dos para hacerse la idea en qué sección estaba.

Finalmente alcanzó el primer libro con su dedo, haciendo que le recorrieran cosquillas desde el mismo hasta su hombro. Esas cosquillas que ella misma había sentido alguna vez hacía mucho tiempo, cuando piso por primera vez el sector prohibido de la biblioteca de Hogwarts.

Sus ojos se detuvieron en el primer lomo negro, que resguardaba hojas amarillentas y obviamente descuidadas, ya que trataban de salir de su prisión de cuero. Ahora que sabía que estaba en la sección correcta, solo tenía que encontrar el libro que necesitaba. El libro que guardaba en su cuarto le había costado mucho trabajo obtener. De hecho, casi no lo consigue, pero ella era el cerebro del trío dorado, así que se las ingenió para obtener el libro.

Sin embargo, cuando su mente tocó ese recuerdo, Harry y Ron aparecieron en su mente como un huracán imposible de evitar. Desde su primer año, encerrada en el baño de mujeres luego de haber escuchado a Ron hablar mal de ella, hasta el día que tanto ella como Ron le prometieron a Harry que irían a donde sea por él. El dolor que sintió cuando Sirius murió y la alegría de volver a ver a Ron tras esa larga ausencia que él mismo había provocado por el estúpido medallón.

Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas que ella misma intentó sacudir para evitar que se derramaran.

Ron y Harry no habían nacido aún. De hecho, aun faltaban un par de años para que James y Lily comenzaran a salir. La creación de la Orden, según sus cálculos, aún no se había dado y a estas alturas, Voldemort se encontraba escondido en el norte de Europa aprendiendo magia negra y reuniendo su futuro ejército.

Ella estaba consciente de todo eso, pero no estaba segura de poder decírselo a todos, o a Dumbledore que era quizá lo que más importaba. Aún no podía, porque eso significaba tener que confesar que ella era la mejor amiga de su futuro sobrino.

Se frotó las sienes. Le daba dolor de cabeza cada vez que pensaba en la complicada relación familiar que ahora parecía unirla con Harry.

Tal vez podría cambiarlo todo, darle a Harry una vida como la que merece, destruir a Voldemort antes de que la profecía sea incluso dicha. Si podía lograrlo, entonces no importaba nada más, Voldemort nunca sería temido, Harry tendría a sus padres, y quien sabía, tal vez tuviera hermanos y hermanas. Ella… ella no podría estar con Ron, pero sí podría crear una vida aquí, con Lucius.

Las palabras de su madre le inundaron la cabeza esta vez. Las cosas pasan porque están destinadas a suceder. Entonces, si eso era cierto, ella no iba a poder hacer nada para cambiar los sucesos que marcaron al mundo mágico, o que lo marcarían dentro de unos años.

James y Lily moriría, Sirius sería inculpado y Remus quedaría solo en el mundo. Voldemort amenazaría el mundo mágico por segunda vez, siendo esta peor que la primera. Lucius sería un mortífago dispuesto a matarla, sin segundos pensamientos. Todo sería un caos, todo dependería de Harry…

–No voy a permitir que eso suceda. Las cosas deben de poder cambiarse. Tengo que creerlo, de lo contrario todo mi esfuerzo sería en vano.

–Hola Pequeña, ¿puedo ayudarte? –La vos del dueño de la librería la sobresaltó tanto que casi se golpea con uno de los estantes.

Era un hombre demasiado viejo, demasiado encorvado y demasiado extraño. Nada que estuviera fuera de lo común en el mundo mágico. Aún así, la imagen se le antojó sacada del cuento Aladdin, cuando el malvado visir se transforma en anciano.

–Eh, en realidad… estaba buscando información sobre un tema en particular.

–¿cual sería ese tema?

–Fraccionamientos.

El hombre la miró por eternos segundos, pero luego dio media vuelta y caminó hacia una parte de los estantes unos metros más alejados.

–No puedo serte de mucha ayuda. El único libro que tengo sobre ese tema tan particular es ese de allí. E incluso ese libro carece de información factible.

– ¿Qué quiere decir?

–Bueno, nadie ha escrito sobre el Fraccionamiento desde hace siglos, y cuando sí se escribió sobre eso, bueno… la magia era llamada alquimia.

...

Hermione se estaba observando al espejo de cuerpo entero. Tenía puesto el vestido que su abuela le había regalado para navidad, unos tacos finos haciendo juego con su pequeña cartera y un peinado simple, donde tenía su cabello recogido en perfectos bucles.

Sabía que se veía bien, de hecho, se veía mejor que bien. Había logrado dejar sin habla a su padre y a su hermano, y Remus se había ruborizado y dado una tonta excusa para dejar la habitación.

Pero nada de eso importaba. Sabía que el reto vendría una vez en la mansión Malfoy. Tenía que impresionar a los padres de Lucius, y así lograr cancelar el compromiso entre él y Narcisa Black. Si podía hacer eso, entonces la teoría de su madre estaría errada y habría una posibilidad de evitar todo lo que sucedería dentro de seis años.

El timbre de la casa se escuchó en la sala de estar y Hermione se puso de pie, jugando con un bucle de su cabello que le rozaba el hombro.

Su abuela se acercó a ella para darle un abrazo de confianza, pero Hermione había superado ya su límite de nerviosismo. Este era el primer paso a un camino sin vuelta atrás. Porque estaba segura, haría lo todo lo humanamente posible para evitar ese futuro. Le costara lo que le costara.

Harrison Potter saludó con voz grave al recién llegado, obviamente Lucius. Inconscientemente se tocó el pequeño dije que llevaba en su cuello. El obsequio navideño de Lucius. Al mismo momento un elegante muchacho entraba en la sala seguido por el dueño de la casa.

Lucius vestía una impecable túnica de gala color negro que cada vez que se movía las luces parecían ejercer un juego de color azules en la tela. Su cabello apenas largo, estaba sobre su rostro y hombros. Sus manos detrás de su espalda. Era la imagen de la perfección.

El muchacho recorrió con la mirada a Hermione, prestando sumo detalle en su vestido. Siguió subiendo hasta la brillante gargantilla que él mismo le había obsequiado, y no pudo evitar una pequeña sonrisa de satisfacción. Ella era perfecta para él, en todos los aspectos. Era bella, inteligente y elegante. Seguramente sus padres se darán cuenta que Jane Potter era mejor opción que Narcisa Black.

–Lucius. –dijo Hermione acercándose a él con paso lento pero firme.

Él inmediatamente tomó su mano y beso sus nudillos, dejando que sus labios reposaran sobre su piel un poco más de lo correcto.

–Estás preciosa, Jane. –Murmuró manteniendo sus ojos grises sobre los café de ella.

–Gracias, tu te ves muy bien también. – Escucharon un carraspeo y Hermione se ruborizó al darse cuenta que no estaban solos en la habitación. –Deja que te presente a mi familia. Ya conociste a mi padre, Harrison.

–Así es. Un placer. –Dijo con una elegante inclinación de cabeza.

–Ella es mi abuela, Antoniette Dubois.

Lucius hizo una reverencia digna de la realeza y Hermione no pudo evitar sonreír.

–Y mi madre, Marie.

–Es un verdadero gusto y placer conocer a la familia de Jane. Ahora puedo afirmar de dónde saca sus encantos. –Dijo sonriendo a su madre y abuela. Ambas mujeres se ruborizaron inmediatamente.

– ¿Puedo ofrecerte una taza de dé, Lucius? –Preguntó Marie Potter.

–Por mucho que me encantaría debemos partir a la brevedad. Los invitados estarán llegando y mis padres quieren que esté allí para cuando eso suceda.

–Por su puesto. –Dijo su padre mientras acompañaba a Hermione y a Lucius hacia la puerta.

El muchacho ayudó a Hermione a colocarse el abrigo y ambos partieron a la fría calle, directo al punto de apariciones.

–De verdad te ves perfecta, ángel.

–Gracias. Solo espero estar a la altura de las circunstancias…

Lucius la volteó y la hizo mirarlo a la cara. Tenía el semblante serio y hasta preocupado. Hermione se asustó por un momento, pero acto seguido Lucius pasó el revés de su mano suavemente sobre su mejilla.

–La circunstancias deben estar a tu altura Jane, no a la inversa. Siempre recuerda eso. –La beso en los labios antes de agregar. –Además, estoy seguro que mi madre va a adorarte. Eres encantadora, perfecta para…

Pero no continuó y Hermione se vio en la necesidad de instar en que continúe con esa frase.

– ¿Perfecta para qué, Lucius? –El chico sonrió de costado y volvió a besarle los labios.

–Perfecta para mi, perfecta para ser la próxima señora Malfoy.

...

Pido disculpas por la tardanza. El capitulo estaba listo para publicar hace como quince dias, pero por alguna razon, el sistema de la pag, no me ha permitido cargarlos y publicarlos.

de cualquier modo aquí está, espero que lo disfruten!

saludos!