Una linda tarde de té y dulcecitos para compartir

Dime… que el problema son mis ojos… Que no estoy leyendo mi nombre en esta aberración de la naturaleza…

Tus ojos están bien. Si es aberración, es precisamente porque tú apareces…

Estar en un lugar público salvó a Usagi-san. Sentados en la enorme mesa circular, en el restaurante más caro de esa calle, Hiroki no lograba entender aún cómo es que Bakahiko lograba todo lo que se proponía… a base de estoyaquello, persuasión, esto y aquello, vanidad, esto y aquello, y… esto y aquello

Aunque, claro, la principal víctima era su pobre estudiante, Takahashi, quien estaba más rojo que el mantel e intentaba por todos los medios fusionarse con el ambiente. Pobre idiota. Cómo lo compadecía. Y agradecía a la fuerza superior que hubiera hecho que Bakahiko no le correspondiera en su momento, el no estar en su misma situación (aunque, claro… Nowaki tampoco era un santo, ¿cierto?).

A mí no me parece tan mala idea esto de aparecer en una novela… Hasta podría ayudarme con la venta de mis cuadros, ¿no crees, Kisa-san? – el aludido, quien se encontraba en el mismo estado que Misaki, se hizo el desentendido, oculto desde su llegada tras la carta del restaurante – Lo malo… es que… no conozco ni soy amigo de la señorita Ritsuko – un bufido se dejó escuchar desde el lugar de Usagi-sensei.

Yo, por el contrario, sólo quisiera saber algo… ¿Por qué los nombres de los personajes protagonistas se parecen tanto… mejor dicho… SON… los nombres… de mi actual jefe y de mi compañero HOMBRE más joven? – Hatori le lanzó una mirada de desconfianza al autor, mientras Chiaki dibujaba un nuevo personaje en su pequeña libretita. Como siempre que un acceso de inspiración se presentaba en su mente, se sustraía de la realidad por completo.

¿Eso es cierto? – nadie se tragó su mentira piadosa – Ah, con lo que me gustaban, de seguro los leí en una de mis visitas a la editorial y se me quedaron grabados en la mente… No tenía idea…

Considerando que nuestra participación es mínima… ¿podemos retirarnos? Tengo mañana un examen que requiere que repase toda la enciclopedia de literatura japonesa – Miyagi le sonrió a su eterno tormento, sonrojándolo. Usagi-san, quien aún no se familiarizaba con algunos de sus invitados (es decir, no los conocía, y entre ellos estaba Shinobu), asintió. Y ellos, sin mayores explicaciones, se retiraron del restaurante.

Yo también tengo tarea, Usagi-san, me voy a casa…

Tú te quedas… Durante nuestro primer intermedio de la noche te enseñaré todo… lo que necesites… saber – el joven tuvo que beber toda la jarra de agua para tranquilizarse.

Hatori, creo que deberíamos regresar a Marukawa. Se va a ver demasiado sospechoso que sólo Takano-san y Ricchan estén trabajando. Aunque Isaka-san nos haya exigido venir… no creo que nos convenga hacernos con más retrasos…

Tienes razón… Mino, quédate para que luego nos informes – Kanade le regaló una amplia sonrisa, exasperándolo – Ufff. Estoy de acuerdo con la inclusión de nuestros nombres, aunque no termino de entender cómo pudo enterarse de… de…

Tengo mi informante… Trabaja en Japun y es muy chismoso – todos los presentes miraron con rabia a Misaki. Esta vez decidió esconderse debajo de la mesa – Gracias por su apoyo, supongo que Yukina-kun y Kisa-san también aceptan – el más joven casi saltó en su lugar, emanando toneladas de luces multicolores. Asintiendo con fastidio, pese a su sonrojo, Kisa se lo llevó casi a rastras, seguidos por Hatori y su aún hipnotizado Chiaki.

Usami-sensei, con el debido respeto que se merece… ¿por qué demonios me convocó aquí…? No me diga que es por culpa de Ijuuin y su interés por Takahashi-kun – Kirishima Zen, el adonis que no parecía encajar en el mundo de confusión en el que se encontraban en ese momento, le habló con interés. Habían ahora seis lugares libres entre él y el escritor, de modo que tuvo que inclinarse al máximo para hacer que el otro escuchara su susurro. Usagi-san casi lo golpeó con el pequeño cuadernito en la cara al lanzárselo, mientras jalaba del cuello de la camisa al ruborizado y aterrado Misaki. Él sería el único afectado por la mención del autor de The Kan… Como siempre.

Vaya al último capítulo escrito – obediente, acató la orden. Y le empezó a doler el estómago.

Yo… no soy un… acosador… Aunque… lo mío con él – su rostro fue recuperando gradualmente el color. Y terminó de leer el capítulo sonriendo dulcemente – Por cómo va el asunto, me imagino que falta máximo un solo capítulo…

Así es.

Ah, no sé si él estará de acuerdo… Pero le agradezco por incluirnos…

Estaba pensando, luego de que Misaki descubrió su secreto y me lo contó por teléfono – el jefe del casi adolescente lo fulminó con la mirada. En qué mala hora había accedido a ayudarlo – escribir una novela BL basada en su historia… ¿Puede autorizarme?

¡NO LO HAGA, NO SE IMAGINA EL INFIERNO QUE VIVIRÁ A PARTIR DE ESE MOMENTO! – Hiroki casi le rogó con lágrimas en los ojos. Kirishima se contentó con sonreírle tranquilizadoramente.

Me honra, Usami-sensei. Pero, por mi hija, desearía que mi historia no pasara de esta novela – todos en la mesa lo miraron, sorprendidos. No sabían sobre la niña – Yo… estoy felizmente enamorado y soy completamente correspondido. No deseo, por tanto, darle motivos a él para huir despavorido. Ya lo ha intentado, y además, es muy frágil a nivel emocional. Para mí, su tranquilidad vale más que todo. Es muy importante para mí saber que no desea irse de mi lado – hasta Misaki se olvidó de su vergüenza.

Lamento… mi comportamiento egoísta… Gracias por dejarme incluirlo en la historia, Kirishima-sama – Zen le sonrió. Se puso de pie, despeinó la cabellera de Misaki y, luego de inclinarse ante los que quedaban, se fue, caminando despreocupadamente.

Deberías imitarlo, Bakahiko. Se nota que ama a su pareja – Hiroki se ruborizó cuando Nowaki lo tomó de la mano por debajo de la mesa.

Hiro-san, todos tenemos diferentes formas de amar. Yo sé que Usami-sensei ama a
Misaki-kun por encima de todas las cosas – el joven Takahashi asintió en silencio.

¿A mí no me va a preguntar mi opinión, Usami-sensei? – la vocecita de la única mujer sentada alrededor de la mesa llamó la atención de los cuatro. An-chan, la de carne y hueso, tenía las mejillas sonrojadas, pero hablaba con calma – Creo que… soy la que tiene más motivos para quejarse…

Te dije que no la hicieras aparecer como la bruja de la historia… ¡USAGI-BAKA!

…pero no lo haré – Misaki dejó de gritar – Creo… que es natural que me sienta ofendida… Pero al menos… cuando Ricchan lea la novela… sabrá que hay una abismal diferencia entre ella y yo… Y… quizás… me quiera un poquito más…

Él ya la quiere…

Pero no como yo hubiera querido – limpió una lágrima que caía lentamente.

Kohinata-chan, la acompaño a su casa – el hombre de la eterna sonrisa, Mino-san, se puso de pie y la ayudó a pararse. Luego de inclinarse con respeto, se fueron, él abrazándola.

Te superaste. Hiciste llorar a una mujer cuyo único pecado fue amar a alguien que no podía amarla…

Kohinata-chan no leyó el último capítulo… Me parece que no puedes negarme que me salió bien…

Un intento de rectificación… un poco tibio... En fin. No me queda nada más que aceptar que salgamos en la novela. Pero, creo, igual que Takahashi, que ellos deberían leerla antes…

Por supuesto. Si hay algo cierto en la historia que inventé… además de los romances… es que Onodera es como un hermanito para mí – Misaki y Hiroki se miraron entre sí, sombrados.

Pero Usagi-san no volvió a hablar del tema. Se contentó con burlarse de los dos ukes, con Nowaki como cómplice.

Durante todo lo que restaba de la noche.