El lugar de las fantasías robadas
South Park no me pertenece, ni sus personajes, ni la historia original. Ni Stan, ni Tweek, lo saben.
– ¿Me puedo sentar aquí un rato?
Mirar por la ventana de un avión mientras vuelas de noche, no es precisamente la mejor manera de matar las ansias durante el recorrido.
Tweek estaba ahí, sentado justo a unos pocos centímetros de chocar el rostro contra la ventana, esa pequeña esperanza cristalizada que le recordaba su posición de prisionero. Eso mismo, estaba en una prisión de acero, volando junto a las nubes que surcaban el cielo y que parecían fantasías lejanas de sus tardes infantiles, formando parte de un plan del que desconocía todo, excepto las condiciones y al cual fue sometido por una jugada cruel de uno de los que fuera su amigo fiel hasta horas antes a ese momento… y de su propia estupidez.
– Kyle… si, supongo. – El pelirrojo junto a Tweek era Broflovski. Con el paso de los años había olvidado por completo todo respecto a él, pero tenerlo ahí, rozando su mano izquierda con su propio brazo, sonriéndole de aquella forma tan condescendiente, una tranquilidad casi sobreactuada… lo mataba más lentamente. Iba a colapsar… lo sabía.
– ¿Por qué no intentas dormir un poco? – Kyle colocó una pequeña manta sobre el regazo de Tweek y apagó la única luz que brillaba en la sección ejecutiva, de la cual solo eran parte él, Tweek, Cartman, Kenny y probablemente… Stanley. – El recorrido hasta Haworth es cansado.
¿Haworth?, ¿era ahí a donde lo llevaban?
Tweek parpadeó un par de veces. Primero confundido con aquella actitud del judío… después molesto.
– Déjame en paz. – Amenazó con una voz que parecía mas al punto de quebrarse, que enfadada en realidad. El pelirrojo cambió su semblante, pero con como Tweek esperaba. En realidad, parecía muy entristecido.
– Lo entiendo. Perdona. – ¿Quién estaba en todo ese juego?, ¿esos cuatro?, ¿o solo Kenny?
Tweek tomó la sabana y se abrazó a ella, cubriéndose el rostro y abrazándose en dirección de la ventana, dando así, la espalda a Kyle.
El pelirrojo suspiró cansado y estuvo a punto de levantarse, cuando escuchó los susurros del rubio tan claros que parecían ser intentos lastimosos de no llorar.
– ¿Por qué?
– Porque es la única forma, Tweek. Lo lamento… pero, no temas. Stan duerme… casi todo el tiempo estará dormido, hasta que lleguemos al King Cross… – Kyle volvió a su lugar y apuntó con la cabeza en dirección de enfrente. Tweek se descobijó tembloroso y vio ahí, a unas cuantas hileras de ambos, la cabeza del moreno recargada contra la ventana. Tenía los ojos cerrados y un rostro pacifico.
Cuanto lo odiaba Tweek… esa imagen tan vulnerable de ese hombre… le daba ansias por lastimarlo. No se sentía mal por desearlo…
…quizá el moreno sintió lo mismo hacia él, 12 años atrás…
– Ah. – Fue todo lo que contestó. Kyle lo observó inquisidoramente, pero evitó realizar ninguna pregunta. Ya habría tiempo para todo.
– Buenas noches, señoritas. – Kenny, con su acento sureño perdido, llegó hasta los dos chicos y se sentó justo sobre la superficie, quedando así frente a ambos chicos. El espacio entre hileras era superior a los de las otras clases dentro del avión, así que cabía a la perfección. Entregó una taza con café a Kyle y la otra Tweek. El rubio miró el objeto, después su procedencia y giró su rostro de nuevo en dirección de la ventana. Kenny agachó su cabeza resignado y suspiró. Sería un largo camino. – De acuerdo… no lo bebas si no quieres… ¿y tu porque no duermes? – Se dirigió a Kyle con diversión. Conocía la respuesta perfectamente.
– Eric está roncando como un jodido león… me sorprende que Stan pueda dormir con ese escándalo… maldito culón. – Terminó y bebió tranquilamente de su taza. Kenny colocó la otra sobre la superficie y recargó su cabeza en el respaldo de los asientos de enfrente.
– Quizá si metemos un par de calcetines en su boca… – Sugirió divertido, mientras Kyle se reía bajito. Voltearon a ver a Tweek, pero este seguía con su mirada perdida y atormentada dirigida al exterior. Aquella noche oscura celestial que tanto le recordaba a un moreno que le hacia sentir todo lo contrario al moreno que descansaba a unos metros de él. – No está allá afuera.
– ¿Quién? – Kyle respondió a Kenny, ya que Tweek se empeñaba a no dirigirle la palabra.
– Craig Tucker… – Dijo sin mas. Tweek abrió los ojos con asombro y coraje, se puso de pie casi de golpe y caminó en dirección del baño. Kyle y Kenny lo siguieron con la mirada hasta que se encerró en el.
– Te lo dije… no va a ayudar mucho, ¿crees aun que debimos…? – Comenzó Kyle, mirando como Kenny se sentaba en el lugar que fuera de Tweek.
– Estoy por completo seguro que es lo correcto. Obviamente, los medios no fueron ni los mejores ni los más apropiados… pero, con el tiempo, descubrirá la verdad.
Entonces el sonido leve de unos sollozos arrebató en ambos el deseo de seguir bebiendo café. El llanto de Tweek se escuchaba hasta ellos… y era desgarrador.
De pronto el sonido de los ronquidos desapareció y Kenny notó que Cartman se había levantado. El castaño miraba con una humanidad casi desconocida en él, justo en dirección del baño. Kyle no apartó la mirada de su taza, pero esta no era muy distinta a la de Eric.
Así, Kenny suspiró de nuevo… definitivamente sería un viaje largo.
– Es Tweek, ¿cierto?
Los tres hombres se exaltaron a escuchar aquella voz tan tranquila y grave en el rincón extremo de la sección.
Con ambas piernas sobre el asiento y las rodillas pegadas contra su pecho, Stan miraba en dirección de la ventana, con su mirada, azul rey, perdida.
Aun cuando los tomó a todos por sorpresa, Kyle pudo reaccionar antes que sus amigos.
– ¿Cómo lo sabes, Stan?
– Su llanto… – Dijo tranquilamente. Arrugó la nariz ligeramente y ocultó su rostro entre sus rodillas. Kenny y Eric intercambiaron miradas, interpretando eso como otro de sus "despertares". Solamente Kyle, quien casi corrió a su lado para abrazar a su amigo, pudo escuchar sus susurros. –…suena igual siempre.
–O–O–O–
– Puedes ayudar si quieres, judío…
– No me presiones, culo gordo… ya llevo 3 maletas y ninguna es mía…
– ¡Carajo, Ken!, ¿que tanta basura traes? – El castaño discutía con sus amigos severamente mientras intentaba maniobrar dos maletas entre sus brazos y otras 2 esperándolo cerca de sus pies.
Kyle cargaba dos mochilas, una de mensajero y la otra mas como una maleta redonda. En una de sus manos aguardaba una maleta con llantitas.
Kenny guardaba y esculcaba entre sus mochilas un sinfín de papeles, mientras acomodaba su laptop lo mejor posible dentro de su maletín de mezclilla.
A unos metros de ellos, Tweek aguardaba frente a una de esas paredes enormes de cristal que adornan los aeropuertos de todas las ciudades importantes del mundo. Frente a él, aquel paisaje de aviones llegando, entrando, saliendo y partiendo en direcciones que abarcaban casi todo el mundo. Un lugar que le recordaba tanto al sentimiento de la libertad y que no podía ser mas opuesto.
Tenía los brazos cruzados sobre su pecho, la mirada perdida y una mueca parecida a la de un niño segundos antes de llorar.
Inglaterra… al otro lado del océano, de Chris, de su casa, su empleo…
De Craig y su prometida.
Y a 3 metros de Stanley Marsh.
– Deja de verme. – Amenazó, quitando aquella expresión acobardada y poniendo, en su lugar, un rostro de rechazo y enojo.
A su izquierda, Stan lo observaba embelesado.
Era más alto que él, por mucho. Su complexión se había vuelto mas grande y marcada, tal y como Craig. Con una cabellera negra con brillos azulados ligeros, el flequillo acomodado en dirección de la derecha, un par de ojos de un color extraordinario, no solo azul rey, sino con un leve deje de color verde. Una combinación maravillosa. Su piel era blanca, ligeramente pálida y era poseedor de un par de labios delgados y ligeramente rosados. Vestía una camiseta blanca y un pantalón de vestir negro. Sus zapatos, que no cambió desde que salieron del simposium, eran los que usaba dentro de la cocina.
En resumen… el príncipe azul que todas las chicas sueñan.
Y el demonio de las pesadillas más sádicas en Tweek.
– Te contemplaba… – Comenzó con aquella voz tan juvenil, pero profunda. Tranquilidad era todo lo que destilaba.
– Pues te ordeno que lo dejes de hacer. – Cuanto le hervía la sangre… cuanto lo odiaba… cuanto quería saltarle encima y torturarlo hasta que sintiera una millonésima parte de su dolor… eran cantidades que no podían medirse.
– Me recuerdas… – Cerró los ojos un segundo y de nuevo volvió a mirarlo sencillamente. – A un sueño.
– Y tú me recuerdas una pesadilla, una asquerosa fantasía concebida por un enfermo y un desquiciado, no sabes cuanto asco siento de encontrarme aquí, contigo… – Comenzó a hablar tal y como lo hacia en su infancia: rápido y sin detenerse ni para respirar. – Como desearía que tú desaparecieras del mundo, que solo murieras, que algo terrible te pasara a ti y a todo lo que amas… y que alguien te desgarre el alma como tú lo hiciste conmigo. Eres un monstruo – Susurró lleno de ira, dio un paso hacia adelante y apuntó con su dedo índice al pecho del moreno. Kenny notó aquella escena y se dirigió hacia ellos con cierto miedo. – Eres el ser mas despreciable del mundo, nada que digas o hagas podrá recompensar todo el daño que me hiciste… y no sabes lo que soy capaz de hacerte, así que no vuelvas a mirarme de ninguna forma si no quieres que te lo haga pagar…
– ¡Basta! – Kenny golpeó la mano de Tweek y lo hizo ceder. El otro rubio temblaba lleno de rabia, pero no lloró. Ni una sola lagrima.
Stanley no se las merecía.
Stan, quien no había cambiado aquel rostro lleno de serenidad, alzó la cabeza, como si mirara a Tweek desde una perspectiva bastante elevada.
¿Quién se creía ese tipo para hablarle de esa manera?
– Cualquier mal que desees, se te regresará. – Fue todo lo que dijo.
Y fue suficiente para congelar la sangre del rubio.
Lo recordaba, porque muchas ocasiones lo leyó mientras esperaba su turno para volver a subir a la silla eléctrica.
Un cuaderno perdido.
Una nota.
Esperanzas…
Y el sentimiento de desesperación apagado…
A pesar del dolor de sentir las descargas recorriendo su frágil cuerpo… y oír a lo lejos los gritos de Christophe, quien padecía lo mismo…
Una luz… brillante y hermosa.
En un lugar gris… incluso crecían las flores.
– Andando. – Fue todo lo que dijo Kenny, llevándose a Stanley de ahí.
Tweek permaneció de pie, petrificado unos segundos más. Alzó su rostro en dirección del moreno que se alejaba junto a Kenny.
¿Ese… era Stan?
Realmente, el… ¿era Stan?
–O–O–O–
A pesar del hecho de estar siendo secuestrado, Tweek sintió una extraña sensación en su pecho al sentir esa extraña sensación que inunda el estomago de una persona siempre que está en un lugar nuevo y desconocido, el emblema de una aventura, el comienzo de lo nuevo, el proceso de descubrir los nuevos aromas, los colores, las voces que corren de un lado al otro del andén y los sonidos que jamás habías escuchado antes.
En la estación del tren, King Cross, Tweek esperaba de pie junto al pequeño grupo de chicos que aguardaban el regreso del otro rubio del grupo.
Kyle revisaba su bandeja de correos con su celular, Cartman comía una caja de dulces de colores. Stan, en cambio, cabeceaba extrañamente de pie, como si estuviera al punto de dormirse en esa posición.
– Es extraño, siempre llegamos aquí y jamás he ido al andén 9 ¾*– Dijo en voz baja el pelirrojo. Tweek lo escuchó y miró en dirección de los letreros que señalaban números en cantidades ascendentes y descendientes desde el lugar donde aguardaban. Todos eran números completos.
– Cuanto te gustaría, judío… anda, y te haré ver magia de verdad. – Contestó Eric en susurró mal disimulado, ladeando su cabeza y besando tiernamente la mejilla de Kyle. Tweek se atragantó ante la escena. Jamás lo hubiera imaginado… ¡JAMÁS!
– Basta, Eric… – Murmuró Kyle avergonzado, pero con una sonrisa amable en su rostro.
Ambos se pusieron de pie y se alejaron de ahí. Eric llevaba una mano por detrás del pelirrojo, abrazándolo desde la cadera. Kyle hizo lo mismo con el castaño.
– ¿Desde cuando? – Susurró Tweek, mas para si mismo.
Caminó de lado un poco, después un poco más y un poco mas, asomándose desde aquel lugar, en dirección de las vías.
– ¡GAH! – Entonces cayó directo sobre las vías. Todos alrededor comenzaron a alzar las voces y gritar. El rubio había caído de costado y miró todo alrededor. Se lastimó ligeramente el tobillo.
Fue en ese momento que sintió una fuerza extraña levantándolo de las vías.
Fue extraño, se sintió protegido, por un momento… fue como recordar la escena junto a Craig, cuando lo abrazó en el pasillo…
No…
…
…fue distinto.
Como en secundaria. Cuando se sentaba en una banca de la secundaria, tomándose un café del lugar que su padre administraba. Al caer la tarde, con las hojas del árbol secas descendiendo frente a sus ojos, el otoño en el ambiente y las aves escapando a sus escondites nocturnos… él aguardaba ahí, cuando incluso se dormía, esperando a su mejor amigo. Al único chico que le hacia sentir de "esa" forma.
Enamorado
Y protegido.
– Tenga cuidado. – Pero su sueño no podía ser mas distinto… – ¿Se ha hecho daño?
Stanley lo cargó desde las vías y lo alzó para colocarlo en la superficie. Tweek lo observó consternado. Confundido… y ligeramente enojado. Pero más confundido.
– Suéltame… – Fue lo único que pudo decirle. El moreno lo dejó ir y subió también al andén. Miró a Tweek caminando en dirección de Kyle y Kenny, que volvieron asustados por los susurros de la gente.
El moreno cerró los ojos con fuerza… intentando aplacar todas las imágenes que corrían dentro de su cabeza. Recuerdos que… era imposible poseer…
…acerca de un chico aguardando en una banca…
–O–O–O–
– ¿No es maravilloso? – Kyle se sentó justo frente a Tweek dentro de aquella cabina. Las 9 maletas hacían pequeños sonidos chirriantes en las barandillas sobre su cabeza. Solo ellos dos estaban ahí dentro.
– Supongo… – Contestó sin ganas. – Nunca he salido de la ciu… – Recapacitó. Ni siquiera sabia donde había estado internado con certeza. – Nunca había visto el campo abierto.
Al mirar aquel lugar, no pudo evitar evocar la imagen de su amigo. Christophe había vivido en un lugar de Francia que al parecer poseía un terreno tan extenso que podía recorrerse completo en 5 horas caminando. Al menos, eso le platicó en algunas ocasiones…
Lo extrañaba, deseaba estar a su lado. Ayudarle a fingir un matrimonio para alejar a Gregory… el británico era inigualable, pero su amigo era bastante cabeza dura. Deseaba darle consejos, escucharlo y regañarlo por su terquedad.
Quería estar con él.
No ahí…
Por mas hermoso que fuera el paisaje verde y celeste allá afuera, la imagen de un prado de las miles de cientos de novelas escritas y por escribir…
Nada reemplazaría nunca el lugar donde se sentía mas tranquilo.
Su hogar.
– Nosotros vivimos en Haworth y cada vez que vamos a Londres lo vemos, a menos que tomemos el autobús, entonces está tan lleno que ni siquiera se puede ver por las ventanas… pero… no deja de sorprenderme, es muy distinto a South Park, ¿eh? – Invitó Kyle a continuar charlando con una sonrisa amigable, pero ni eso hacia volver en si a Tweek. Seguía consternado por lo ocurrido en la estación de trenes. – Tweek… sé que no tenemos derecho a pedirte nada…
– No piden, ¡ordenan!, Kenny me ha dejado claro que soy un prisionero… hasta que pague mi deuda… – Agachó la cabeza enfadado. Odiaba la amabilidad del otro. ¿Cómo podía pretender ser tan amigable cuando lo tomaron en una sala de conferencias, subieron a un vuelo, hicieron viajar en tren y todo eso bajo la exposición a ese sujeto que tanto despreciaba?
– Pero no deseamos que te sientas de esa manera, Tweek… ni Kenny, ni Stan ni yo… ¡Cartman tampoco, claro!... es solo que, ya sabes… es menos expresivo. – Afirmó con otra sonrisa. Después miró en dirección de la puerta. Probablemente Kenny, Stan y Eric volverían pronto.
– Si tu supieras… – Susurró indignado Tweek. Justo en ese momento notó su propia duda… ¿Kyle y Eric lo sabían?, porque era evidente que Kenny si, pero… el judío ahí…
– ¿Que cosa?... – Comenzó Kyle. – Lo que Stan… hace 12 años…
– ¡Si, eso mismo! – Entonces lo sabían. – Y aun así me piden que viaje a su lado… sin considerar cuan repulsivo es para mí estar cerca de él.
– Pero es precisamente por eso que te hemos traído, Tweek… te podemos ayudar y ayudar a Stan en el proceso… el está muy enfermo, no tenemos opciones, o más. – Kyle parecía al borde del llanto, pero eso solo confundía y hería más al rubio.
¿Cómo podía pedirle ayuda a él, precisamente A ÉL, para Stanley?
– Yo lo estuve durante mucho tiempo por gracia de Stanley, Kyle… y perdona si te molesta, pero si el muere o enferma o lo que sea, no solo se me resbala, sino que, ¡si!, ¡se lo deseo!, todo lo malo de este mundo se lo deseo a él…
– ¡Tweek! – Kyle se preocupó al escuchar al otro, pero Tweek no había terminado. ¡Oh no, Dios sabía que llevaba años esperando eso! – ¡No digas eso!
– ¡Lo digo porque es cierto!... si está enfermo, ¡me alegro mucho! Y saber que necesita mi ayuda no me hace sentir peor… porque yo supliqué, Kyle – El pelirrojo comenzó a llorar, apartando la mirada del otro. Tweek se puso de pie y se sentó a su lado, obligándolo a mirarle con ambos ojos verdes claro. – Cada maldito segundo bajo él supliqué por mi libertad, porque me dejara ir… y aun amarrado a una silla eléctrica, con cientos de tubos incrustados en mi piel y los moretones de los golpes, las cortadas que los grilletes dejaban sobre mis brazos y piernas, soportando el frío de las duchas frías…
– ¡Basta! – Kyle intentó cubrir su rostro con ambas manos, pero Tweek las sostuvo desde las muñecas. Jamás se había sentido lo suficientemente seguro para hablar de eso con nadie, pero aquel hombre, igual de débil que el físicamente hablando, lo obligó a explicarle porque odiaba a ese bastardo. Porque eso era para él Stan.
– Todas las noches lloraba hasta que no podía hacerlo mas, cuando caía desmayado del dolor y mi voz ya no podía salir… viendo morir a muchos que compartieron el mismo destino que yo… y sintiendo el aroma de alguien siendo torturado diariamente… preguntándome que fue lo que hice para terminar ahí, en ese lugar… preguntándome en que maldito momento mis saludos cordiales y mis comentarios aislados fueron una señal para él, para creer, ¡para pretender…! Que yo deseaba algo mas que su amistad… 4 años, Kyle… durante 4 años me torturaron… cada maldito día… con tan solo 2 horas al día para descansar, sin contar claro lo que pasaba inconsciente… por eso, no me pidas piedad o ayuda… porque nada que tu o Kenneth o Cartman o Stanley Marsh puedan darme, me devolverá esos 4 años… ni mis ilusiones por vivir…
Kyle terminó llorando incontrolable, mientras Tweek soltó de golpe sus muñecas y volvió a su lugar. Y finalmente pudo llorar el también…
Y así permanecieron por los siguientes 10 minutos antes que los otros 3 chicos volvieron.
– ¿Que carajo? – Cartman fue el primero en entrar en el lugar, pero en cuanto Kyle lo observó, salió de ahí casi corriendo y empujándolos en el camino. Sin pensarlo, Cartman corrió tras él.
De esa forma, terminaron Kenny y Stan solos con Tweek. Este secó su llanto y se acomodó de manera que solo miraba hacia afuera.
– ¿Que le dijiste? – Preguntó Kenny a Tweek, pero este no volteó siquiera.
Kenny observó en silencio al chico, finalmente se resignó y dejó a su lado un pequeño envase con café. Tweek lo observó, llevaba casi dos días sin comer… pero no sucumbiría. McCormick lo notó y sonrió resignado.
– No te traería hasta aquí para envenenarte, ¿cierto?, puedes dejar de comer si quieres, pero, piensa que podrías enfermar y lo único que posees ahora es tu temple…
Tweek se giró para ver el rostro de ese sujeto.
Missy estuvo ahí todo el tiempo… probablemente esperando, aguardando en silencio el momento preciso para atraparlo entre sus garras. Pero, ¿eso significaba que…?
– Todo el tiempo nos mentiste… a Chris y a mi… – Comenzó, con una lagrima escapando de sus ojos. Tomó con impotencia el vaso y lo colocó entre sus manos. – Fingiste que eras nuestro amigo, nos conseguiste una casa y una escuela… solo para atraparnos…
– Te equivocas, Tweek. – Kenny dejó también un lonche envuelto en plástico junto al tembloroso rubio. Stan había recargado su cabeza en el extremo junto a la puerta y cerrado los ojos. Al parecer, dormiría de nuevo, tal y como Kyle había predicho. – Yo si soy tu amigo y mi intención, aunque parezca cruel y arbitraria, no ha sido herirte… pero muchos tendremos que padecer para que pocos sean felices…
– ¿Stan y tus amigos?, perdona si no me uno a la causa…
– No es así… alguien más… algún día, Tweek. – Kenny también miró en dirección de la salida, hacia donde Stanley dormía. – Algún día vas a comprenderlo, pero… ese día no será pronto.
– Quizá para ese día yo esté muerto. – Terminó Tweek.
Y viajaron en silencio las próximas 4 horas.
–O–O–O–
– ¿Trasbordar? – Tweek cargaba con una de las maletas que antes llevara Kyle. Se sentía cansado de solo mirar en todas direcciones y no saber nada de lo que sucedía. Cargar algo al menos le hacia darse cuenta que no era una pesadilla.
– Si, es que… – El pelirrojo se recuperó después de su tiempo a solas con el castaño. Estaba bastante claro para el rubio que ambos tenían una relación. En su infancia, ni aunque le apostaran todo el café del mundo, lo habría creído. – Tenemos que subir al tren que lleva a Keighley, es el único que se detiene en Haworth… es demasiado viaje para ser la primera vez, ¿cierto? – Admitió condescendiente el pelirrojo. Tweek miró en dirección de Kenny, quien aguardaba con las maletas, haciendo señas con sus manos para atraer la atención de ambos. El tren estaba ahí y había conseguido lugares.
– Pero supongo que está bien para ocultar un secuestro… – Admitió sin una expresión en su rostro, pero Kyle reaccionó asombrado. ¿Era eso…?
– Jaja, supongo… – ¿Sarcasmo?
Con Stan lejos, Tweek podía sentirse ligeramente mas tranquilo.
Ya no tenia opción… eso era más que un secuestro. Estaba en un continente nuevo, con personas desconocidas y un futuro incierto. Era evidente que no podía huir, que no tenía a quien acudir en el país de los reyes del siglo XXI, pero… ¿que más podía pasarle?
¿Que cosa podía superar la tortura que ya había pasado en toda su vida?
Una vez abajo… ya solo podía subir.
–O–O–O–
Stan durmió profundamente, como solía hacer después de su medicación.
Dormía mucho, Kyle y Cartman lo obligaban a vivir así… si es que eso contaba como "vivir" de alguna forma. Soñando… era la única forma en que podía comunicarse con el mundo real. La vida era injusta… pero solo porque había sido creada para seres imperfectos. Recordaba muy poco de otras épocas… de lugares que ya ni siquiera podía afirmar que existieran.
Permaneció encerrado por mucho tiempo. Vivió atormentado por años…
Pero no por culpa… sino por confusión.
Era tan duro conocerlo todo, saber poco y reconocer nada.
Entonces el ciclo se repetía… para, finalmente, regresar al día 11.
11 de Noviembre. Once del mes once.
Una nota escrita esa tarde.
Pero, en su bolsillo…
El número nunca concordaba.
El numero 11 tenía dos números 1.
Y en su bolsillo había dos números 1 también.
Pero dos 1 suman 2.
Entonces todo se perdía de nuevo.
Era un sueño.
Lo único que siempre se repetía dentro de su cabeza era aquella imagen. Igual que en la camioneta, el rostro de rechazo en Tweek. Pero mucho más joven.
¿Era dolor?... no… era decepción.
¿Por qué lo decepcionó?
¿Por qué lo miraba de aquella forma?
– Léelo cuando tengas tiempo – Tweek frente a él, entregándole algo…
Un sentimiento de alivio.
Y finalmente…
…el despertar.
Era imposible haber visto eso de frente… pero, era demasiado real. Todos los recuerdos similares a ese, eran tan reales.
¿Había enloquecido?
–O–O–O–
– Ya casi llegamos, Stan. – La voz paciente de Kyle despertó al moreno.
El ojiazul abrió los ojos con lentitud, intentando enfocar bien la mirada.
Al otro extremo del asiento, Tweek observaba por la ventana. Lucía diferente…
…resignado.
– Viajar en el KWVR siempre es una aventura, ¿verdad? – Kyle sonrió a su mejor amigo. El moreno terminó de reaccionar y asintió con una sonrisa leve.
Cartman y Kenny jugaban cartas justo frente a ellos. Parecían muy entretenidos con el juego.
Tweek seguía mirando hacia afuera, como si soñara que estaba lejos de ahí. Como si, en su mente, volara.
– ¿Le gusta el paisaje? – Preguntó Stan, pero mirando en dirección de Tweek. El rubio tardó en notar que se dirigía a él, pero solo alzó la mirada y lo ignoró. Kenny bajó una carta de las 6 que había entre sus manos y habló hacia el otro rubio.
– Stan quiere saber si estás disfrutando el paisaje.
– Lo disfrutaría mas si estuviera solo… – Contestó cortante. Kyle lo miró entristecido, pero Kenny y Cartman seguían mirando su juego. Kenny contestó al moreno.
– Tweek dice que lo disfrutaría más si estuviera solo.
– Es una pena… encaja perfectamente en él. – Sugirió en voz baja. Kenny volvió a responder.
– Stan dice que encajas perfectamente en él.
– ¡Pues dile que no me interesa su opinión!
– Tweek dice que…
– ¡Carajo, Ken!, ¿eres el mandadero o que? – Cartman arrojó otra carta sobre el montón y tomó 2 de la baraja. Kyle se giró en dirección de Tweek, pero este seguía mirando hacia afuera. Kenny simplemente se rió bajito.
– Bueno… cuando lleguemos a Haworth, nos relajaremos un rato… podremos dormir, ¿Stan? – Kyle sugirió a su amigo, pero el moreno se perturbó, tomó la pequeña almohada que llevaba usando desde el aeropuerto y cerrando los ojos con fuerza.
Otra vez… siempre querían dormirlo. ¿Por qué?, ¿Por qué le prohibían formar parte del mundo?
Lo peor era… carecer de la voluntad para negarse.
– Yo no voy a dormir ni un poco, ¡muero de hambre!
– ¡Fuiste quien mas comió en América, Cartman! – Kenny repuso y dejó la baraja en sus manos. Ni siquiera tenía interés en seguir jugando.
– Eso fue en América, a Europa lo de Europa, pobretón… ¿que me cocinarás en casa, Khal? – Eric también bajó la baraja y miró al pelirrojo con diversión.
– Las bolas si no me dejas dormir al menos 10 horas seguidas… estoy exhausto, ¿Quién carajo crees que quiere cocinarte después de tremendo viaje, gordinflón?
– Tú judía madre, colorado.
– ¿Tu suegra, Eric? – Preguntó con malicia el rubio de ojos celestes, el castaño el respondió con un empujón bastante fuerte.
– ¡Deja a mi madre en paz, culón!
– ¡Entonces tienes que cocinarme un banquete!
– ¡Estás jodido!, ¡Jamás!
Tweek se giró para ver a los chicos en el compartimiento.
Aquellos recuerdos perdidos parecían tan frescos… esos cuatro, matándose, bromeando, peleando, sonriendo y pasando de todo juntos. Como los grandes amigos que eran. A pesar del tiempo, ellos seguían así, iguales… claro que, con sus obvias diferencias.
Stanley era un monstruo para el… Kenny un traidor de dos caras… Kyle Broflovski y Eric Cartman eran pareja, eso ¡aun no lo asimilaba!, tan solo imaginar a esos dos besándose o… haciendo cualquier otra cosa… ¡IMÁGENES MENTALES!
– ¡JESUCRISTO! – Sacudió su cabeza con fuerza, asustando a los otros 3 chicos. Stanley ya dormía, así que ni siquiera se inmutó.
– ¿Estás bien, Tweek? – Kyle tomó al rubio entre sus brazos para calmarlo, pero todo había sido momentáneo. No debía imaginar cosas tan bizarras…
– ¿Richard? – Kenny observaba intranquilo al otro. Temía que estuviera sufriendo otro espasmo, pues son llevaba con el los medicamentos con los que lo tuvo a su disposición durante todos esos años. – ¿Que pasó?
– ¡Ah!, yo… ja… jaja… jajajaja, ¡Jajajajajajaja! – Comenzó a reírse a carcajadas, después más lentamente. No podía creer que esos dos, después de años de peleas, aun cuando habían sido como los dos mas grandes enemigos de toda la historia, estaban ahí, uno frente al otro, acariciándose y dirigiéndose miradas y palabas de cariño. Probablemente se habían dado "mucho mas". Y él, después de ser violado, porque ya no le daría mas vueltas al asunto, fue eso lo que Stanley le hizo, estaba ahí a tan solo un par de metros de él, sentado de lo mas tranquilo, viajando por un hermoso paisaje verde… Y a Kenny, quien fue su consejero, apoyo y amigo en los años después de su escape junto a Chris, quien les consiguió hogar en más de una ocasión y quien le prestó dinero en incontables ocasiones, en realidad era un demonio sádico.
¡El mundo estaba loco!
Era una maldita locura.
Y en ese País de las Maravillas… solo faltaba Craig.
– ¿Que está pasado? – Cartman guardó las barajas en su bolsillo y observó consternado al rubio, pero Kyle se encontraba tan confundido como él. Kenny se recorrió hasta quedar justo frente a Tweek, mirando directamente a los ojos Tweek. Así como si nada, comenzó a llorar, a cambiar esa enorme sonrisa por un semblante completamente triste…
Era doloroso, terriblemente doloroso.
Craig iba a casarse con aquella amable chica… era rico, lo olvidaría con rapidez. Miraría siempre en su corazón la imagen de aquel Craig rechazando su nota, riéndose a carcajadas de su estúpida inocencia, pero… en el fondo, siempre sería ese Craig que lo defendía de los otros alumnos, el que lo acompañaba hasta su casa al terminar las clases, quien lo hacia esperarlo en una banquita a las afueras del gimnasio de South Park porque entrenaba tae kwon do ahí. Y juntos, sentarse a descansar; el tomando un café y Craig tomando alguna cerveza o un jugo de la tienda de 24 horas. Su corazón lo hacia sentir tan lejos en ese momento de él… y el cuerpo también. Tardó 12 años en reconocer cuanto lo amaba, cuanto había deseado volver a verlo. Lloró de nuevo como un niño… pero por la resignación.
Craig no estaba ahí…
…nunca más.
–O–O–O–
– Así de simple, te vas…
– Tengo que hacerlo, Richard está en peligro, aunque no entiendo a Missy ni sus motivaciones, estoy seguro que… – Christophe dejó de hacer su maleta, para observar al rubio frente a él.
Gregory miraba resignado el suelo, sentado en la esquina contraria de su cama. Aquel Pent-house jamás se había sentido tan solo.
Christophe le mintió… todo el tiempo.
Había odiado tanto a la, ya no tan molesta, rata amarilla… completamente en vano. Se sintió desplazado cientos de veces, por un simple amigo.
Pero eso no era lo malo… lo triste era que, a pesar del engaño…
– Ya veo… – Seguía amándolo con fuerza. Estúpidamente, contenía esperanzas…
– ¿Te encuentras bien? – Aunque conocía la respuesta, Christophe prefería preguntar. Cuando el rubio no estaba tratando de seducirlo británicamente con su británica voz sensual y su británica manera de ser, era porque algo muy grave le estaba ocurriendo. Y el sabía lo que era.
– Yes… I… I just…
Christophe alzó su celular, pero no tenia llamada alguna. Tweek seguía sin comunicarse con él.
Se sentó resignado sobre la cama y colocó su mano sobre la del ojinaranja. Nunca fue bueno expresándose… y esa no era la excepción…
– Gregory, yo…
– No tienes que decir nada… – No deseaba seguir escuchándolo… no quería seguir amando tan irracionalmente a ese francés, pero… había algo en el que le evitaba dejarlo. Era un sentimiento tan fuerte, que poco importaba su propio bienestar. Pero estaba harto de seguir así…
– ¡Si, si tengo, DAMN! – Empujó al otro contra la cama y le separó las piernas con su rodilla. Gregory se llenó de sorpresa y un miedo ligero. Christophe era mandón, pero jamás tanto… – Te amo, ¿me escuchas?, te amo demasiado, mas que a toda dignidad o cualquier promesa que me haya echo en el pasado… pero no puedo permanecer así, a tu lado… – Agachó la cabeza y besó apasionadamente, robándole en aliento por completo. Gregory perdió cualquier pizca de coherencia y cerró los ojos, agarrando su cabeza por atrás y empujándolo para devorar con mayor maestría aquella lengua francesa que tan buena fama tenia su pueblo. Después de algunos minutos, Christophe lo apartó de golpe y colocó sus manos alrededor de su rostro. – Pero esto jamás funcionará para ti, Greg… vives un cuento de hadas, eres rico, ¡millonario!, sé que me amas, sé que eres honesto… pero la gente que te rodea no es así, ellos te harán daño solo porque me amas, te arrancarán de ese mundo y, Greg… yo he vivido entre desgraciados, dentro de las cloacas, he visto cosas que tu mente no podría imaginar siquiera… y tu no podrías vivir de esa forma, mon petit anglais bombasse… (Mi pequeño bombón inglés) – Dijo el castaño con una voz que Gregory jamás había escuchado, pero que el erizó la piel y le gritó dentro de su cabeza que debía hacerlo, tirar a Christophe sobre la cama y violarlo, de ser necesario.
– Chris… yo… – Entrecerró los ojos y acercó sus labios a los del francés, cuando este lo empujó con un golpe sobre la cama y se puso de pie enseguida.
– Y no andes de fácil, británico marica… guárdate estas palabras porque nunca me volverás a escuchar decírtelo… – Cerró su maleta y caminó en dirección en dirección del elevador.
Un largo camino había entre él y Tweek. Lo encontraría como diera lugar… y haría pagar a quien le hiciera daño.
Pero antes de poder entrar en aquel lugar, unas manos se aferraron a su cadera y lo hicieron girarse en dirección del dueño de estas.
– I'm with you ... anywhere, Chris. I follow you ... always ... until you're mine.
El rubio abrazó con una fuerza que desconocía al otro hombre. Con su cabeza sobre su hombro, Christophe comenzó a respirar con dificultad. Era tan bello y desconocido para él poder dejar de fingirse fuerte frente a alguien… y poder simplemente… ser el mismo.
– Tengo tanto miedo, Greg… – Liberó su llanto u escondió su rostro en el pecho del otro. Aunque ambos median lo mismo, el castaño se recargó de una forma que lo hizo lucir más pequeño. – No quiero que nada le pase a Richard…
Gregory acarició su espalda y besó aquella cabellera alborotada que tanto amaba ver al despertarse por las mañanas.
– Tranquilo… yo, tengo 4 aerolíneas en el aeropuerto… alguna deberá saber de él… moveré todo en cuanto pueda para hacerte sentir tranquilo.
Christophe miró ilusionado a aquel hombre.
La sociedad del siglo XXI se burlaba a carcajada abierta de todas las niñitas estúpidas que soñaban con príncipes perfectos. Los cuentos de hadas murieron el siglo pasado y el hombre perfecto, más que un mito, se había vuelto en una denominación cómica hacia cualquier idiota que, como el resto de los hombres sobre la Tierra, solo tardaba un poco mas que el resto en cometer su primer error. Entonces se volvía de nuevo en un sapo y desaparecía…
…pero ese sujeto… ese rubio de ojos anaranjados, un rostro paciente, una personalidad caballerosa y un amor puro, honesto y desinteresado… ¿no podía ser acaso un príncipe de cuento?
Muy a su pesar… el se convirtió en una de esas niñitas estúpidas… pero mas que anhelar, el deseaba permanecer ahí… hasta que Gregory descubriera al sapo en su interior y se marchara.
Hasta ese momento, el príncipe de los cuentos de hadas, el hombre perfecto…
…estaba ahí.
–O–O–O–
– ¿Craig-sama?, ¿Dokoikuno? (¿A dónde va?) – La joven Linda caminaba tras un alterado Craig Tucker. El moreno recorría la habitación del hotel como si este ardiera en llamas. Buscaba una maleta desesperadamente.
– Tengo que buscar a Tweek… algo muy malo le ha sucedido… – Entonces dio con ella. Aunque la mayoría de las cosas estaban aun en su departamento, en el cual era vecino de Tweek, en la habitación que había retando para si mismo al llegar a aquel lugar por primera ocasión y que le pertenecía en ese momento a Linda, estaban algunas otras aun.
– ¿Tuiku? – Pronunció Linda, intentando asimilar la palabra. – ¿Pellizco?*
– No, yo… es, mejor déjalo así… ¿y esto? – Un montón de tarjetas se encontraban regadas por la cama. Craig no tenia tiempo que desperdiciar en ellas, pero sus colores eran tan llamativos que no pudo evitar notarlo. Entonces lo relacionó con lo eminente… – ¿Son…?
– Son las invitaciones para la boda que su madre le envía… quiere que elija alguna… – Afirmó la chica con la cabeza agachada y el rostro escondido entre su flequillo.
Craig tomó una del montón, sin pensarlo dos veces. Era verde opaco. Verde, como los ojos de Tweek.
– Esta… – La chica sonrió sonrojada por completo. Finalmente Craig le dirigía la palabra respecto al futuro evento… y participaba en él. Era su momento soñado… – Dásela a mi madre de mi parte y dile que la use para las cartas de cancelación, porque no voy a casarme ni contigo, ni con nadie.
…o quizá no.
Entonces Craig tomó la maleta, salió de la habitación y cerró la puerta tras el con un fuerte golpe sonoro.
Afuera había una limusina esperándolo…
Entró rápido en ella y dio la dirección del edificio donde sus cosas aguardaban. El hogar de Tweek… su Tweekers…
Cerró los ojos con fuerza y recargó la cabeza contra la ventana… las luces de la noche decoraban aquel lugar, dándole a todo un ligero tono de sueño… de cansancio.
Con los ojos cerrados por completo, Craig intentó visualizar alguna imagen de Tweek, la que fuera…
…
Pero nada.
¿Por qué no recordaba su infancia junto a Tweek?
Todos los recuerdos que tenia de el eran las conversaciones con Clyde, los momentos que platicó con Token y lo que su hermana le recordaba, pero…
Todo parecía tan falso…
¿Por qué…?
…
¿por qué todo parecía visto desde otra perspectiva que no era la suya?
como visto por otra persona, al fondo… lejos…
En ese momento vió algo extraño… el recuerdo mas vivo que poseía… el único que sabía suyo.
Un aula de clases sola… y un cuaderno abierto sobre un pupitre viejo.
La última página tenía algo escrito… un recadito.
Entre muchos garabatos, las iniciales "C.T."
Ese día lo supo… lo que Tweek sentía realmente…
Pero entonces…
¿Dónde estaban los recuerdos de Tweek?
¿Por qué los bloqueó?
¿Por qué?
¿Por qué?
Solo escuchaba gritos… muy lejos… bastante lejos… demasiado lejos…
"¡Espere…! ¡Aun estamos adentro!, ¡alguien!"
¡Entonces alzó la cabeza de golpe!, comenzó a sofocarse extrañamente y un frio parecido al de la cercanía con la muerte lo embriagó.
Ya que la cabina del chofer y la parte trasera estaban muy separadas, este ni siquiera lo notó.
Pero Craig estaba helado…
¿Que carajo fue eso?
¿Esa voz era la de Tweek?
¿Por qué imaginó algo así?
¿Que era esa adrenalina tan terrorífica corriendo por sus venas?
De pronto comenzó a llorar… fue peor que una pesadilla.
Sintió algo inexplicable.
Vió una forma humana para el dolor.
(*) No tenia por completo la seguridad de aclarar esto, pero igual ahí va: El andén 9 ¾ es una referencia a la saga de libros Harry Potter, donde el protagonista y sus amigos (así como todos en el mundo mágico) usan este anden en King Cross para acceder al expreso de Hogwarts. En la actualidad es un lugar que se visita en la estación e incluso tiene un carrito supuestamente "a medio paso" del mundo mágico. Por eso Kyle quiere visitarlo… tal parece que leyó alguna vez los libros, jaja n_n.
(*) Tweek se escucha como Tweak, que puede interpretarse en inglés como Pellizco, entre otras denominaciones, por eso lo explico jaja.
Pues me gustaría decirles que la historia se va a poner normal, pero la verdad es que no… ¡ya pensé en el final!, así es… y está tan… (Insertar adjetivo) que no podrán creerlo.
Por ahora, los chicos viajan hacia Haworth, quien haya leído Cumbres Borrascosas, va entenderlo jaja. Creí que era importante describir el tedioso viaje de Londres a Haworth, pero no creí que me llevaría un capitulo entero, pero… bueno.
Espero que puedan seguir leyendo y suerte a todos.
Cuídense mucho!
By: Roglia15
