Capitulo 11
En un bello balcón de la mansión, (El cual se encontraba decorado con bellos adornos), nuestra amiga Saori trataba de contener las ganas de llorar, mientras miraba el cielo nocturno con una mirada de melancolía en sus ojos.
Si era verdad que ella sabía en el fondo que era demasiado para ser cierto, sabía que esa felicidad que sintió al estar por primera vez con Seiya no duraría demasiado, pero lo que no sabía, (Y la hacía llorar por dentro y por fuera más que nunca), es que por su culpa, había metido a todos sus amigos en ese problema.
En esos momentos, Saori sentía que una parte de su ser quería gritar a toda potencia, y salir corriendo como una loca, con tal de enfrentar esa batalla eminente ella sola y no inmiscuir a sus amigos, mientras que su otra parte, la hacía quedarse a ella donde estaba por una sola razón, Seiya.
Saori podía sentir como su corazón volvía a dolerle, al recordar como la gente que quería, podía sufrir de nuevo. Se secó los ojos con fuerza para no llorar desconsoladamente otra vez, y respiró con profundidad, antes de darse cuenta que la estaban mirando a sus espaldas.
Cuando se dio cuenta de que era solo Seiya, no pudo evitar hacer una mueca de felicidad y correr como una tonta hacia él para abrazarlo con fuerza. Al sentir el contacto de sus brazos en su espalda, no pudo sino soltarse a llorar y llorar, pues las lagrimas que había estado tratando de guardar, afloraron como las flores en primavera.
Saori no supo cuanto tiempo estuvo llorando (Ni le importó), pero agradeció de verdad que Seiya no la soltara en ningún momento durante ese tiempo, pues este se limitó a permanecer en silencio y dejo que desahogara todo lo que ella quiso.
Cuando por fin sintió que se había desahogado lo suficiente, Saori levantó la cabeza y se encontró con la suave mirada de su amado de nuevo, la cual terminaba reconfortándola como siempre lo hacía.
— Gracias —dijo al fin ella con voz ronca luego de unos segundos de silencio.
Seiya observó a Saori con algo de extrañeza en su rostro, pues no era muy común verla en ese estado, pero rápidamente cambió su expresión a una más suave, para después acariciar su cabello con delicadeza.
— ¿Por qué? —preguntó él sin entender.
— Por estar siempre conmigo —admitió Saori abrazándolo de nuevo—. No puedo creer que desperdicie tanto tiempo sin estar a tu lado.
— Sabes que no fue culpa tuya —aclaró él sonriendo con calidez.
— Lo sé, pero aun así te agradezco por todo lo que has hecho por mí, Seiya.
Momento de silencio.
— ¿Te sientes mejor? —Comentó él luego de un rato al notar que ella seguía sin emitir sonido alguno.
Buena pregunta, fácil respuesta, o al menos eso pensaba nuestro amigo.
— No, aun no puedo creer que ahora estemos en este tipo de situación otra vez —dijo ella con resentimiento en su voz—. Y lo peor de todo… es que todos están metidos en esto por mi culpa.
— ¿De qué hablas Saori? Eso no es cierto —interrumpió Seiya algo exaltado y molesto por el tono auto acusatorio de su novia.
— ¿Es que no entiendes Seiya? —preguntó ella algo exaltada y separándose de él.
— ¿Entender qué? —dijo sin comprender y manteniéndose a una distancia prudente.
— Si no fuera por mí condición de diosa, las chicas, los chicos… nosotros, no estaríamos metidos en estos problemas —soltó ella muy nerviosa—. ¿Cómo quieres que me sienta, Eh? Luego de pensar que tendríamos un futuro tranquilo tú y yo, y de repente todo se echa a perder por culpa de otro dios egoísta, que quiere que ahora tengamos que sacrificarnos de nuevo —agregó ella bajando la vista —. ¡No tienes idea de cómo detesto esto! ¿Tienes idea de cómo sufrí cuando estuviste en esa silla de ruedas y no pude hablar contigo luego de la batalla de Hades? ¿De cómo lloré cuándo te vi ser herido por Hades y su espada invisible casi te mata? ¿O como sufrías durante todo ese tiempo solo para protegerme y yo sin poder hacer nada? ¡¿Tienes idea de cómo se siente?! —exclamó alterada y mirándolo de repente a los ojos.
Seiya se quedó mudo al notar los ojos llenos de lágrimas de furia de su princesa, aunque poco después su cuerpo salió de shock, para después entrar en un estado una gran tristeza, al verla en ese estado de suma tristeza y dolor.
— Pero… Saori.
— No hables —dijo ella acercándose a él.
Seiya estaba anonadado, nunca había visto a Saori tan alterada como ahora y se sintió aun más sorprendido con lo que vino después, ya que ella tomo su rostro con sus manos y se acerco con una mirada extraña en sus ojos que nunca había visto.
— Y lo peor de todo es… —comenzó a decir ella sosteniendo su rostro—. …es que desperdicie mucho tiempo fijándome en otras cosas, y no llegue a notar lo mucho que te importaba —respondió ella con tristeza.
— Saori... eso ya lo habíamos hablado antes, tú eras una pequeña niña y yo un joven inmaduro, no sabíamos manejar nuestras emociones correctamente ¿Recuerdas? —contestó él sosteniendo la mano de ella y mirándola con melancolía.
— Pero eso no evitó que te viera sufrir ante mis propios ojos —recalcó ella con obstinación.
Nuestro amigo se mordió el labio al no poder responderle a su amada, pues en realidad era cierto, Saori siempre había defendido al planeta, pero Seiya nunca imaginó en el pasado, que le dolería tanto, sacrificar su amor por él para salvar a este en varias ocasiones.
— Y verte sufrir Seiya... continuó ella mientras se acercaba más a él—. Es lo peor que hay en mi vida… y ya no quiero hacerlo más.
Saori por fin termino de cerrar el espacio que los separaba a ella y Seiya, para después besar sus labios con pasión, mientras que al mismo tiempo, pasaba los brazos alrededor de su cuello su cuello. Él por su parte se limitó a dejarse hacer durante unos segundos, reaccionando de manera un poco tímida ante su asalto, pero después de un rato, profundizó más el beso, al abrazarla por la cintura y apretarla contra su torso.
— Saori escúchame una cosa —indicó Seiya al separarse de ella un poco—: Nunca y te repito, nunca vuelvas a decir que tú tienes la culpa de algo como esto, desde que fuimos elegidos para protegerte, hicimos un juramento con las estrellas que nos eligieron, si bien es difícil para nosotros luchar y superar todas las adversidades que nos ponen los dioses, nosotros como caballeros, jamás dejaremos de protegerte, y yo jamás permitiría que alguien te hiciera daño de alguna manera ¿Entendiste? Yo no peleo por obligación a los dioses, sino para protegerte ¿Te quedo claro?
Saori volteo la vista sonrojada al notar la mirada de él, pues esas eran las palabras que necesitaba en ese momento para recuperarse, ya que el hecho de que él dijera, que la amaba demasiado, no por obligación, ni por voluntad de otros, hacían que su corazón latiera más deprisa y sus pensamientos volaran rápidamente.
— Lo siento, supongo que he debido parecer una tonta al comportarme así y decir cosas sin sentido —dijo ella más calmada y sonriendo un poco.
— Shhh —le cayó él con un dedo en sus labios—. Todos tenemos que desahogarnos alguna vez, y tú no eres la excepción, solo dime una cosa: ¿Me prometes que lucharemos juntos en esta ocasión?
— Si —respondió ella muy feliz ahora y volviendo a besarlo con pasión.
Luego de un rato, las caricias entre ambos se volvieran mas apasionadas entre ambos, Seiya cargó a Saori en sus brazos, y la llevó a su habitación, en donde continuarían de manera más profunda sus asuntos.
Mientras era cargada, Saori pensaba que todo saldría bien mientras, Seiya estuviera con ella, ya que no tendría por qué preocuparse por nada, si estaba junto a él.
Mientras tanto, en el Tártaro, (más específicamente, en el Palacio de Nix)…
El constante silencio que reinaba en los aposentos de Nix, hacían que Urano comenzara a perder la paciencia, pues ya eran varias las veces que se había levantado de su asiento, al no poder soportar la visión de su hermana tomando tranquilamente el té, y sin contestar lo que le había dicho anteriormente.
Luego de que Urano hablara con Nix, acerca de su plan para abrir la puerta de Atlantis hacia el tártaro, usando para ello las fuerzas del Tártaro, para evitar cualquier interrupción mientras el odio hacia el conjuro antiguo, la diosa simplemente lo miró en silencio durante unos segundos, para luego dirigirse hacia la biblioteca, sin hablar o decir gesto alguno.
Al ver esto, Urano se quedo de piedra, pero debido a que la diosa era su aliado mas importante en esta luchar, el titán entonces no tenía más opción que seguirla, pero aun así, su frustración fue aun mayor, cuando se dio cuenta de que ella no hizo más que servir el susodicho té, sin hablarle.
Luego de que pasara media hora más, el titán ya estaba en sus límites, por lo que giró sobre sus talones y se sirvió un poco mas de té de Valeriana, para ver si calmaba sus nervios, antes de que cometiera una barbaridad.
— ¿Sucede algo? —preguntó la diosa calmada al notar como su hermano bebía mas te, mientras ella terminaba de tomarse el suyo.
— ¿Te diste cuenta de que existo? —dijo él de forma sarcástica y tratando de no romper la taza.
Al notar la molestia de su hermano, Nix hizo una mueca con su boca.
— No, pero pareciera que estuvieras a punto de asesinarme en cualquier momento —contestó ella sin alterarse.
Bien, al menos la diosa no era tonta.
— Tal vez sea porque no me has contestado lo que te propuse hace casi una hora —le espetó él con voz baja pero firme.
— Creí que era evidente mi respuesta —dijo tranquila mientras dejaba su tasa en una mesa al lado suyo.
El titán al oír esto, trato de contar hasta diez, pero por alguna extraña razón no pasaba del cuatro.
— ¡Pues no! —exclamó el titán enojado y a punto de perder los papeles.
Nix dejo su tasa (Ya vacía) a un lado, y tranquilamente sonrió a su hermano, respirando profundamente antes de hablarle.
— ¿Por qué quieres hacer esto, Urano? —preguntó la diosa de la noche con calma.
— Para liberar a mis hijos —respondió él de mala gana y absteniéndose de decir: ¡Ya lo dije!
— Ambos sabemos que tus verdaderas intenciones son apoderarte del trono de los dioses, y castigar a tu nieto para que no interfiera en tus planes de dominar al mundo, pero para eso necesitas del poder de todos de tus hijos antes de ir al Olimpo, ¿Me equivoco? —indicó Nix con una ceja levantada y tono irónico.
Al escuchar esto, Urano apretó sus puños con fuerza, haciendo que sus uñas se clavaran a sus palmas y lo hicieran sangrar.
Al parecer era cierto que ella y sus hijas, controlaba todo el destino del Olimpo con tan solo un dedo de sus manos, pues de no ser así no la hubiera escogido como su aliada.
— Todo lo que me explicaste hace rato, yo ya lo sabía gracias a mis hijas, las cuales me proporcionan toda la información de lo que pasa en el mundo exterior, debo decir que me sorprendió mucho el hecho de que reencarnaras, pero más me sorprendió fue tu plan de que decidieras liberar a tus hijos —comentó la diosa con el ceño fruncido—. Pero déjame advertirte una cosa, aunque yo me una a ti, no será fácil completar la meta, pues Atenea no permitirá que te apoderes de la tierra tan fácilmente, como ya sabes, ella tiene ese extraño amor por los humanos que la ha llevado a pelearse con los más fuertes, por lo tanto no debes subestimarla a ella, ni a sus caballeros —explicó Nix con tranquilidad.
— ¡No son más que basura! —espetó él por lo bajo y molesto ante el comentario.
— Basura que ha logrado encerrar a Poseidón, matar a Hades… ¿Sigo? —preguntó ella sarcástica.
Urano respiró con fuerza al tratar de calmarse, mientras que apretaba sus dientes con fuerza.
— Urano… Yo no soy quien para juzgar las acciones del mundo exterior, pues sabes que soy una diosa neutral al momento de las guerras —explicó ella sin hacer caso a su enojo—. Pero no pienso poner en riesgo a todo el Olimpo o el Tártaro, si tu plan llega a salir mal.
— ¿A qué te refieres con eso? ¿Viste mi destino? —preguntó exaltado y un poco emocionado.
— Eso no te importa, pero si, lo hice.
— ¿Que decía Nix? —quiso saber molesto.
— No puedo darte esa información, pero lo que sí puedo decirte, es que todavía no hay nada asegurado en el telar del destino —admitió su hermana sin perder la calma ante su tono.
El titán parpadeó un poco confundido ante esa declaración, pero aun así, trató de tomarse las cosas con calma, antes de proseguir con la conversación.
— ¿Eso quieres decir que no me ayudaras, verdad? —argumentó él algo decepcionado al notar la posible negativa de ella.
— Al contrario, cuentas con todo mi apoyo —aseveró ella sonriente.
— ¿En serio? —Preguntó él totalmente en shock.
— Claro que si ¿Acaso dudaste de que no prestaría mis servicios a ti querido? Sigue caminando cuando salgas al pasillo y cuando te encuentres con mis demonios, les explicaras que están bajo tus órdenes, cuéntales lo que me has dicho y diles después, que yo les he dado permiso para pelear contigo ¿De acuerdo? —dijo ella con calma.
— ¡Gracias! ¡Te prometo que no lo lamentaras! —respondió él con una sonrisa e inclinándose ante ella muy entusiasmado, para luego irse rápidamente.
— Eso ya lo sé —añadió ella con tranquilidad antes de que se fuera
Urano se detuvo antes de poner un pie en umbral de la puerta que daba al pasillo, al escuchar eso.
"¿Qué quiso decir ella con eso?, Hay algo que no cuadra bien en esto" pensó el titán.
El titán se dio la vuelta con el ceño fruncido, y se acerco de cuatro zancadas, a donde estaba sentada Nix, y luego inclinándose lo suficiente para que ella lo mirara a los ojos.
— ¿Qué quisiste decir con: Ya lo sé? —le imitó él algo agitado.
— Déjame responderte eso de otra manera ¿Sabes por qué acepte tu propuesta? —contestó ella de manera desafiante.
Urano se quedo callado al no poder contestar esto, haciendo que su hermana sonriera maliciosamente ante su reacción.
— Me lo suponía. Como sabrás, soy una de las primeras diosas que existieron en los inicios del tiempo terrestre, e incluso el mismo Zeus me tiene miedo, ya que con un solo movimiento, puedo alterar el destino de todos y cada uno de los dioses, por lo tanto yo no tengo nada que perder si tú fracasas, pero aun así, el destino es algo que debo proteger, y puesto que yo soy una de las pocos seres que puede influir en él, (Ya que mis hijas las Morías obedecen cada uno de mis mandatos), es mi deber eliminar cualquier cosa que pueda dañarlo —relató ella como si nada.
Urano tuvo miedo al pensar que su destino pendía de las manos de esa diosa tan poderosa, ya que si con un solo dedo ella podía hacerlo desaparecer, no quería ni imaginarse, que más podría hacer aparte de eso.
— ¿Qué estas insinuando? —quiso saber muy preocupado por la respuesta.
— Solo una cosa —respondió ella levantándose y haciéndole frente—: Te prestaré mis fuerzas para que abras la primera puerta hacia el tártaro, pero si llegas a fallar una sola vez, o veo que estas a punto de traicionarme de alguna manera, o simplemente, notó que en el futuro me llegases a perjudicar de alguna manera… solo digamos, que no tendrás que preocuparte por Atenea o sus caballeros, porque yo misma cortare tu hilo de la vida antes de que lo notes* ¿Entiendes? —terminó de decir ella con voz grave.
El silencio que dejo la declaración de Nix, en la mente del titán, fue tan grande, que Urano hubiera jurado oír los latidos de su corazón rejuvenecido dentro de su cabeza.
Mientras tanto, en la mansión de Julián Solo…
— ¿Señor Julián se encuentra bien? —preguntó Sorrento algo preocupado al notar la cara de su amigo.
Al no tener respuesta por parte de él, Sorrento se acerco un poco más y notó que su amigo estaba estático, y con los ojos en blanco, dando muestra de estado ausente, poco después de que ambos terminaran de cenar un poco de pescado.
— "¿Qué le ocurrirá? ¿Por qué se abra puesto así tan de repente?" —pensó Sorrento algo extrañado al notar el aspecto del peli azul.
— Sorrento —exclamó Julián con una voz completamente distinta a la de él y que era muy familiar para el austriaco.
Al escuchar aquel tono, Sorrento se quedo de piedra, ya que notó, como poco después, el cosmo que emanaba de Julián cambiaba drásticamente, transformándose sin lugar a dudas en el del mismo Poseidón, quien aparentemente había tomado posesión del cuerpo de él, tal y como lo había hecho una vez durante la batalla de Hades.
— Mi señor… —susurró el aludido con voz temblorosa—. ¿Qué necesita? —agregó haciendo una profunda reverencia.
— Me temía que este momento llegara… Sorrento, necesito que le lleves esta información a Atenea lo más rápido posible —indicó Poseidón con voz ronca y trémula.
Después de esto, Sorrento observó como el señor de los mares, escribía con una pluma y en un papel, que salieron de la nada con un agite de su mano, cosa que supuso era, por obra de su cosmo; luego de lo que a él le parecieron horas, Poseidón terminó de escribir susodicha información, para después proceder a enrollarlo y sellarlo con una especie de cosmo extraño.
— Ten Sorrento —indicó el dios con tranquilidad y dándole el pergamino con cuidado.
A Sorrento le tembló un poco el pulso al tomarlo, pero después se calmó un poco cuando sintió el cosmo cálido que emanaba del papel al momento en que su piel entró en contacto con esto.
— ¿Qué tiene este papel señor? —se atrevió preguntar Sorrento muy nervioso al dirigirse a su maestro.
— Es mejor que no lo sepas Sorrento, al menos no por ahora —indicó el aludido con voz grave—. Tampoco te sugiero que lo abras, solo te diré que se acerca una gran batalla que decidirá el destino de la tierra, y en la cual los caballeros de Atenea, deberán superarse a sí mismos, o si no será, demasiado tarde para todos nosotros.
Al terminar esa frase, los ojos de Julián volvieron a tomar color, demostrando que Poseidón ya se había ido de su cuerpo.
Momentos después de esto, el joven Solo, cayó dormido en su silla, a lo cual Sorrento, lo llevó a su habitación, para dejarlo descansar en su cama, dejando después, una nota en la cual le explicaba que tenía que enviar un paquete muy importante a la señorita Saori, y que se iba en tardar en volver.
Luego de dirigirse a su habitación, en donde preparó para partir hacia la Mansión Kido, un pensamiento vino a su cabeza:
— "Espero que todo salga bien y que no ocurra nada malo" —pensaba él mientras miraba el pergamino que estaba sobre su cama.
Mansión Kido, Madrugada.
A pesar de que faltaba poco para que saliera el sol, Ikki se encontraba en la cocina con el equipaje que había traído para él ayer, en su hombro.
Luego de pasar lo quedaba de noche en vela, pensando en lo que debía hacer, llegó a la conclusión de que debía buscar cómo ayudar a sus amigos por su cuenta, y para eso decidió ir en busca de la primera puerta él solo, con tal de adelantarse a sus enemigos un poco.
— Lo siento chicos, pero cambiar me costara más de lo que yo creía —dijo en silencio para sí mismo el joven de piel morena.
Mientras caminaba hacia la salida, Ikki pensó en Elene un momento, haciendo que le doliera aun más a su corazón, la cara de felicidad de ella cuando llegaron a la mansión, esperando que la carta que le había dejado en su habitación, la reconfortara un poco al notar su ausencia.
Ikki también recordó, como había conocido a aquella niña hace varios atrás cuando fue a la isla de Kanon, haciendo que el fénix suspirara quedadamente, al recordar su pasado, dándose cuenta con esto, que a pesar de su actitud, aun no había superado varias barreras en su camino a la redención, a pesar de contar con la ayuda y el apoyo de sus hermanos*.
Inevitablemente, al recordar este detalle; pensó en Esmeralda, y de como ella había sido vendida como esclava hace tiempo, cuando él estuvo entrenando. Al pensar en esto, Ikki se estremeció al imaginar que ese podría haber sido el destino de Elene, si él no la hubiera comprado (Por así decirlo), aunque la realidad era, que él simplemente golpeó a todos los que querían adueñarse de ella, hasta la inconsciencia, para después llevarla a una casa abandonada en buenas condiciones que el consiguió en la isla.
"— Este es tu hogar de ahora en adelante, espero que estés bien, porque yo ya tengo que irme —dijo el fénix secamente a la pequeña.
— Gracias —respondió la niña con lágrimas en los ojos y contenta de estar viva.
— Bien, vendré de vez en cuando a darte un poco de comida y a ver que necesitas; si cualquiera de esos sujetos te vuelve a molestar, me avisas cuando llegué ¿De acuerdo? —indicó Ikki sin expresión en su rostro.
— Si.
Ikki ya se retiraba hacia la salida, pero antes de llegar a esta, una mano cogió la suya, e hizo que se detuviera abruptamente.
— Disculpe, pero es que… —la niña vacilo en su tono al notar la mirada de él—. No me ha dicho su nombre… Vera el mío es Elene, señor.
Ikki dudó un poco ante la mirada bondadosa de la niña, pero después de reflexionarlo un poco, dijo:
— Ikki, Ikki de Fénix o Ikki Kido, como mejor te suene—respondió él con voz profunda.
— Gracias… gracias señor caballero —dijo la niña antes de abrazarlo y estallar en lagrimas en su pecho.*"
Y desde ese entonces, entre ambos surgió el tan tierno apodo que ella le había dado.
Con el tiempo, inevitablemente Ikki sintió como la niña despertaba los mejores sentimientos de su parte, y lo ayudaba poco a poco, a ser una mejor persona.
Aunque a pesar de esto, él no tuvo el valor de presentársela a sus hermanos o amigos, sino hasta que ella se lo pidió y con sorpresa, descubrió que les cayó bien a todos inmediatamente después de que superaran el shock de conocerla.
Mientras se dirigía hacia su destino, Ikki no sabía que estaba dejando atrás mucho más de lo que decían sus pensamientos, mucho más, mucho, mucho más.
*Hilo de vida: Es un trozo de cuerda, que según dice la leyenda, es el que determina el destino de todos los seres vivos de la tierra.
*Según el manga, los santos de bronce son hijos de Mitsumasa Kido (Los hombres).
*En esta historia Elene es un nuevo personaje, aunque sé que es del anime, decidí que como no aparecía en el manga, esta era la mejor manera de integrarle.
N/a: Perdón por la Tardanza del capítulo, pero es que tenía que arreglar un par de cosas antes de publicarlo.
Chicos… de una vez les aviso, que cambié el nombre de Eri a Natasha, (La chica que encontró Hyoga en el país del hielo, una historia propia del manga).
Sé que es un poco brusco el cambio, pero lo pensé muy detenidamente y llegué a la conclusión, de que quiero hacer este fic, basándome principalmente en el manga, ya que así caigo menos en el OC y otro errores, espero su apoyo con esta decisión, y descuiden que, en el siguiente capi comprenderán a lo que me refiero si no entendieron lo que quise decir.
