Ya estoy de vuelta, si habeis leido mis otros fics sabreis la razon por la que tarde en actualizar. Espero que les guste mi nuevo cap.

Una aclaración: lo siento si no lo dije antes, pero este ES EL ÚLTIMO CAPÍTULO. Sé que dije que quedaba otro cap más, pero decidí juntar el epílogo con este capítulo ya que antes lo iba a hacer por separado. También aquí se aclara eso de que "son primos". Es cortito el cap, pero creo que es bastante interesante para ser el último cap. Ojalá les haya gustado mi fic.

Bueno, ya sabéis: One Piece no me pertenece, es de un tal Eiichiro Oda; un genio, el tío.


MISTERIO DE UNA VIDA ENTERA

CAPÍTULO 11. ¿ADIÓS O HASTA LUEGO?

En el tiempo que llevaba en España, Robin había perdido parte de su acento y había empezado a sustituir algunas expresiones coloquiales -¡semejantes a las de Dalia Negra!- por otras más nuestras. El resultado era una manera de hablar peculiar que me encantaba. Aunque no había nada de ella que no me gustara.

Me gustó cómo me tomó de la mano y me llevó senda arriba hacia la cumbre de la montaña de cuyo interior brotaba la fuente del río. Mi madre nos recomendó que tuviéramos cuidado, pero nadie intentó seguirnos: seguramente, las tres se alegraron de quedarse a solas unos minutos en aquel último día. También a mí me encantó estar a solas con mi prima y que ella tirase de mí, aun siendo más pequeña y supuestamente más débil, como si conociera el terreno y tuviese un propósito.

-Muchas veces he jugado a ser explorador -confesé casi sin aliento por el esfuerzo de la ascensión- y me he imaginado que era le primero en descubrir un lugar como este.

Durante varios minutos continuamos subiendo en silencio hacia la soledad de la cumbre, dejando cada vez mas atrás y más abajo el resto del mundo. No me habría importado pasar horas así. Dentro de mi pecho había como un dolor nuevo que ocupaba el lugar del viejo dolor de la enfermedad, y era una sensación dulce y buena, y al mismo tiempo infinitamente triste porque yo sentía que jamás volvería a repetirse.

Al día siguiente, Robin estaría muy lejos, y al cabo de unos días quizá me habría olvidado.

-Mira qué lindo -dijo, deteniéndose.

Seguí la dirección de su mirada. A nuestro alrededor, había plantas y árboles que retoñaban, pequeñas flores silvestres; todos los colores de la naturaleza que revivía tras el largo invierno. Aspiré a pleno pulmón el intenso aroma y vi que Robin hacía lo mismo conteniendo la risa.

-Acuérdate de respirar -dijo, imitando a mi madre.

Estábamos frente a frente, separados por un paso de distancia, como si cada uno esperarse un gesto del otro. Había una cosa que me habría gustado mucho, pero nunca me habría atrevido a proponer. Y entonces ella, y pensé que la querría toda mi vida por ello, lo dijo con toda naturalidad:

-¿Me das un abrazo?

Nos abrazamos. Su pelo, suave y brillante como la seda, me cosquilleaba en la nariz. Levantó la mirada hacia mí. Sus ojos sonreían y yo habría querido quedarme así mucho tiempo, jugando a mi viejo juego de verme reflejado en otras pupilas. Pero el tiempo corría en nuestra contra, y suavemente ella deshizo el abrazo.

-Ahora, allá está empezando el otoño -dijo, confesando sin darse cuenta que pensaba ya en su país.

-Me gustaría ir a verte algún día.

-Y a mí me encantaría que vinieras. Pero no es fácil.

-No, no es fácil.

-Tal vez cuando volvamos a vernos seamos ya unos viejitos -se rió.

-No digas eso.

-Prométeme que harás todo lo que puedas para que volvamos a vernos.

Me tendía la mano, muy seria, como un adulto. Se la estreché con fuerza para solemnizar la promesa.

-Prometido.

Apenas acabábamos de conocernos y ya estábamos despidiéndonos. Tal vez para siempre, a pesar de la promesa. Pensé que la vida era injusta.

-No estemos tristes -pidió.

Pero yo no podía evitarlo.

-¡Se me acaba de ocurrir una idea! -exclamó-. Cuando seamos grandes, podemos casarnos. Así estaríamos siempre juntos.

-Pero para eso falta mucho tiempo.

-Nos escribiremos -propuso ella-, y además yo podré verte siempre que quiera.

-¿Cómo?

-Con mi bola de cristal.

Pensé en los tebeos que me habían acompañado y ayudado durante mi enfermedad, y que habían sido nuestro primer contacto. Ahora, mis días de encierro, tan cercanos, empezaban a parecerme algo remoto, como de otra época o como si le hubiera sucedido a otra persona. El secreto de la enfermedad, los secretos de la familia, aquello a lo que algunos llamaban el esqueleto en el armario pertenecía al pasado.

-De acuerdo -embocé una sonrisa de lado-. Pero, somos primos... ¿no sería un poco extraño? -dije sin siquiera pensarlo mucho, ya que estaba pensado en nosotros de mayores en nuestra boda.

-Sobre eso, hay algo que no te he dicho -estaba un tanto misteriosa, cosa que hacía que me intrigara más aún-. Ahora que estamos solos tengo la oportunidad de decirte... que no soy tu prima.

No parpadeé durante unos segundos por el shock que me había dado.

-¿Cómo que no somos primos?

-Lo que oyes. No corre ninguna semejanza de sangre por nuestras venas. No tengo ningún parentesco contigo. Si te fijas bien, ¿no te das cuenta que no nos parecemos en nada?

La observé fijamente, memorizando cada detalle de su cara en mi mente.

-Tienes razón. Tenemos diferentes narices y ojos.

Ella me sonrió. No sabía exactamente por qué, pero yo también le devolví la sonrisa.

-Pero aún hay algo que no entiendo... ¿Por qué dijiste que eras mi prima? ¿Mi tía Diana es mi tía? Por favor, dime que está pasando -le dije tranquilo.

-Bueno, es un poco difícil de contar pero esta fue una de las razones por las que quise subir aquí contigo.

Me cogió la mano con delicadeza y me sentó en una roca que daba una vista a todo el cielo, sin árboles de por medio.

-¿Sabes de la historia que tu abuela te contó sobre cómo te quemaste las manos, no? -asentí-. Pues, cuando mi mamá estaba embarazada, se fue y viajó a Mexico por temor a hacerte algún mal mayor si se quedaba a tu lado. Allí, en La Paz, se quedó en un hostal, ya que no pensaba quedarse mucho tiempo. Y por fin dio a luz a una linda bebita en el hospital. Desgraciadamente, el parto no fue tan sencillo como imaginó, y quedó dormida un día por las complicaciones ya que era primeriza.

Yo escuchaba atentamente la historia y no la interrumpí en ningún momento.

-Cuando por fin despertó, quiso ver a su hija recién nacida y al no verla llamó a una enfermera. Creyó que estaría en alguna sala de maternidad o algo por el estilo así que no se sorprendió mucho. Cuando llegó la enfermera, iba acompañada del doctor encargado del parto de poco más de un día. Después de platicar un poco, le dijeron que su hija había muerto y que mientras estaba dormida la sepultaron. Dicen que intentaron despertarla por todos los medios, pero no abría los ojos. No despertaba. Mi madre lloraba como nunca lo había hecho y no podía sentirse más triste en la vida.

Una pequeña lágrima salió de los ojos de Robin e inmediatamente se la secó sin que a mi me hubiera dado tiempo a intentar secarla.

-Tras una depresión de un par de años viajando por toda América del Sur, llegó a Argentina. Decidió que ella estaba hecha para ser madre y que tenía que aprovechar ese cariño y ternura que nunca se utilizaron, y me adoptó. En ese momento tenía un año y medio, y lo único que sé de mi anterior familia es que mi madre biológica se llama Olvia y que mi pueblo natal se incendió, muriendo en él mi madre. Estuve en ese orfanato hasta que me adoptó tu tía y tuve la infancia más feliz de mi vida. Yo nunca supe que era adoptada, es más, me enteré justo antes de venir acá a España. Según me a contado mi mamá; ni tu abuela, ni tu madre saben que soy adoptada. Ya que como dio a luz en Mexico, nunca supieron que falleció la pequeña, ni que me adoptó -en este momento me miró a los ojos-. Necesito que me cumplas otra promesa: no le cuentes a nadie lo que te he dicho. Nunca le digas a mi mamá que te lo he confesado, tampoco a tu madre que en realidad no es tía, ni a tu abuela que únicamente tiene un nieto. ¿Prometido?

Tenía la misma expresión seria que con la otra promesa. Me tendió la mano y sin ninguna duda la estreché prometiendo así no contar nunca que no tenía ninguna prima.

-Prometido, no se lo contaré a nadie.

-Gracias -en ese momento pude ver como sus ojos azules brillaban y yo los miraba sin ningún disimulo.

-Tenemos que volver -dije- o empezarán a preocuparse.

-Aún tengo que pedirte una cosa, Zoro. Esta noche no vengas a la estación. Sería muy triste. Vamos a despedirnos aquí, ahora, y el resto del día lo dejamos para cosas alegres.

Después de unos segundos de sorpresa inicial, comprendí que tenía razón.

-Es una buena idea -admití-. Pero no diremos adiós, porque los amigos no deben pronunciar esa palabra. Nos diremos hasta luego.

Aquello lo había leído yo en alguna parte, y me pareció que resultaba muy apropiado. Las lecturas podían convertirse en una ayuda inesperada.

-Hasta luego -dijo Robin en voz baja, antes de comenzar a descender por la escarpada senda.

Todavía otras palabras acudieron a mi labios. Dudé antes de pronunciarlas, y cuando lo hice, ella me daba ya la espalda.

-Te quiero.

Ignoro si llegó a oírme. Puede que sí, y que tomase mis palabras como un juego. En cualquier caso, no hubo respuesta. Echamos a correr, uno tras el otro, entre gritos y risas al sol de esa mañana de primavera.

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EPÍLOGO.

Transcurrieron los días, y las semanas, sin noticias.

Ya no faltaba mucho para que acabase el curso. Antes de eso, tendría que tratar de aprobar todas las asignaturas, a pesar de los muchos días que había faltado (incluyendo uno, el último, por el que mi padre ni mi colegio habían llegado a preguntarme).

Pero el buen tiempo hacía que resultase muy duro encerrarse a estudiar, y más aún para alguien que había pasado encerrado tanto tiempo como yo.

A mediodía, entre la hora de salida y la de la comida, tenía unos minutos para jugar en la calle con Luffy.

A veces veía pasar al cartero, e interrumpía el juego para ver si tenía algo para mí. Pero nunca había nada...

Hasta que un día...

Un día, el cartero se acercó y preguntó si yo era Roronoa Zoro. Muy emocionado, respondí afirmativamente. Entonces me entregó un paquete atado con cuerdas que llevaba muchos sellos raros.

Comprendí que aquello había tardado en llegar mucho más que una carta, que podía enviarse por correo aéreo. Aquel paquete había viajado en la bodega de un barco durante muchos días. No pude esperar a subir a casa para abrirlo. Saqué una navajita que tenía en el bolsillo y allí mismo, sentados en el bordillo, mi amigo y yo desenvolvimos el tesoro.

La colección completa de Dalia Negra.

Allí estaban todos los tebeos, del primero al último, con el olor a imprenta, tan nuevos que apenas me atrevía a tocarlos.

Había también una carta.

Lo primero que saqué del sobre fue una foto en la que mi tía Diana y Robin me sonreían.

-Es mi novia -expliqué a Luffy, señalando a Robin.

Recuerdo que al empezar a leer la emoción casi me impedía respirar.

Recuerdo cada palabra de aquella carta, en la que primero había escrito mi tía y para terminar Robin. Recuerdo sobre todo que Robin comenzaba escribiendo:

He visto en mi bola de cristal...

Eso me hizo sonreír y agitó imágenes secretas en mi memoria.

Pero lo que más me gustó fue el final de la carta, la última palabra:

Continuará...

.

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FIN ❤


Bueno, siento de nuevo no haber dicho que era el último capítulo y que os pillara de sorpresa. Espero que les haya gustado mi fic y que hayan disfrutado leyendolo. Pero tengo una nueva noticia: mientras escribía el capítulo me di cuenta de que no todo acababa. Así que voy a hacer una segunda temporada de este fic, en el que se sabrá más sobre Zoro y Robin. No sé cuando subiré el nuevo fic, pero no más de un mes. Espero que lo leais y comenteis :)

Para que estéis informados, la siguiente temporada se llamará:

MISTERIO DE UNA VIDA ENTERA II

(/:::::|REVIEWS|:::::\)

CrisGC: PUUFFF... Tiiaa, que me esta pasando ultimamente que me olvido de toooddo! De verdad es que leo tus reviews diciendo que te comente, y yo me digo "venga, ahora cuando lea los otros reviews se lo dejo" Y asi semanas! Pero de verdad que ya te lo he dejado así que lo siento por no dejarte comentarios, me siento muy maall... me disculpo de rodiillas :'(( jajaja anda que si, tranquila no te asustes que ya paso totalmente de el, es que como no te respondo al PM no sabes como va mi vida ahora... ha cambiado mucho, espera, MUCHO, ahora si jaja ;) Mira, como no se cuando te respondere al PM, te digo alguillo para que sepas mas o menos algo de mi en este tiempo: con decirte que uno de los mejores amigos del anto... me a pedido salir! Jaja tranquila que le he dicho que NO! Jamas saldria con un mejor amigo de mi ex y ademas que no me gusta porque es feeo! Me tienes que contar algo, lo que sea, de cual es la relacion que tienes con el cat ¡miau! ¿Estais saliendo? ¿Ligoteo? ¿Amigos? Responde yaaa! Y lo de la intriga te lo dire por PM, aunque es una tonteria enormee...!

LOS DEMÁS REVIEWS LOS CONTESTARÉ POR PM CUANDO TENGA UN POCO DE TIEMPO ;)

Sin más, espero les haya gustado este pequeño escrito, ya saben, los reviews son gratis, siempre bienvenidos, pero sobre todo, me alegran mucho el día.

Nos leemos ^^

Fatima-swan