Una historia original de NikkaFuza y LuenePetris
Traducida por Asideilogica21 y Vaana.
Capítulo 11 - Stay Together For The Kids
Their anger hurts my ears
Been running strong for seven years
Rather then fix the problem
They never solve them
It makes nosense at all
I see them everyday
We get along, so why can't they?
Blink 182
Me desperté con el maldito despertador sonando ¿Por qué tan pronto? ¿No puede dejarme dormir un poco más? Cinco minutos más no molestan a nadie, cielos.
Después de un tiempo con esa cosa sonando incesantemente, decidí abrir finalmente los ojos y... ¡Mierda! ¿Cómo me quedé veinte minutos con esa cosa gritando en mi oído?
Yo corrí para despertar a Claire, ya que no podemos volver a retrasarnos de nuevo. La directora de su escuela dejó bien claro que la próxima vez que eso pasara contactaría a Dimitri y si el ruso se enterara que ella se retrasó cinco veces en el primer mes de clases, estoy segura de que rodarán cabezas. La mía, para ser más específica.
Cielos, era un promedio de sólo un retraso por semana, no veo el problema en eso ¿Por qué aquella bruja de la directora tiene que meterse? La chica no llegó más de quince minutos después del inicio de clases en esas ocasiones y no debe haberse perdido nada demasiado importante. ¿Qué es lo que un niño de siete años aprende que sea tan importante?
Mi mente estaba a toda marcha mientras le ponía el uniforme de la escuela a una Claire soñolienta y corría para recoger su almuerzo. Ella estaba aún con cara de medio dormida cuando al fin nos dirigimos al garaje, pero lo importante es que conseguimos salir a horario.
Metí a la niña rápidamente dentro del coche y lancé su mochila, de cualquier forma, en el asiento del pasajero, entrando enseguida y arrancando el automóvil.
Sólo que aquella maldita lata vieja simplemente no funcionó.
- Rose, ¿Qué está pasando? - Claire preguntó.
- Lo que está sucediendo es que estamos un poco atrasadas de nuevo. - di mi mejor sonrisa, mirándola por el retrovisor, mientras intentaba hacer que el coche arrancara y por segunda vez no obtuve ninguna respuesta del motor. - La puta que lo parió. -
- Has dicho una palabrota. - se rió.
¡Maldita sea! ¿Cómo he dicho eso delante de la niña? Y qué mierda ¿Por qué este maldito coche no arranca?
- Sí, yo he dicho una mala palabra. - admití desconcertada intentando por tercera vez que esta cosa encienda. - Y su padre no necesita saberlo. -
- ¿Puedo decir palabrotas yo también? - Claire sonrió de forma diabólica.
- ¡Por supuesto que no! - exclamé. Si ella dice eso cerca de Dimitri, él va a arrancar mi lengua. Él siempre tiene cuidado de jurar en ruso cerca de ella. Tal vez debo usar la misma táctica en turco. - Vamonos, no vamos a poder ir en esto. -
La saqué del coche mientras tomaba mi teléfono que estaba en mi bolsillo ¿Cuánto tiempo tardará un taxi en llegar hasta aquí? Con certeza cualquiera que sea el tiempo no va a ser lo suficientemente rápido.
- ¡Pero qué mierda! - solté mirando el reloj y Claire empezó a reírse de nuevo. - No me mires así, cuando tengas mi edad podrás decir cualquier cosa que quieras. -
Miré a mi alrededor buscando una salida mágica para mi situación, cuando mis ojos se posaron sobre el Mustang. Dimitri sólo usa ese coche en pocas ocasiones, prefiriendo utilizar su SUV para el día a día.
Fue ahí cuando una solución me vino a la mente. Una que probablemente me va a costar una muerte muy dolorosa en las manos de un ruso muy cabreado. Pero, de todos modos, él me va a matar incluso si Claire no llega a tiempo, y tal vez todavía había una mínima posibilidad de que no se diera cuenta de que toqué su coche.
Entonces, con esas opciones frente a mí, decidí arriesgarme.
Seguí hacia el llavero que había en la pared del garaje y cogí la llave del deportivo, desbloqueando las puertas.
- Entra. - ordené a Claire.
- Pero ese es el coche de papá. - ella me miró asustada. Hasta la niña sabía las consecuencias a las que me enfrentaría por mi audacia.
- No tenemos tiempo para eso, Claire. - hablé, siguiéndola. Con toda seguridad hoy va a ser mi último día en esta casa, pero yo no caería sin luchar. - Entra en el maldito coche.-
- Él se va a enfadar mucho.- la niña murmuró mientras hacía lo que yo le pedía.
- Él no va a saberlo si nosotras no se lo contamos.- Tarareé después de abrochar el cinturón en ella y me senté en el asiento del conductor.
- ¿Este será nuestro secreto? - Claire cuestionó sonriendo.
- Definitivamente va a ser el mayor secreto que hayamos tenido hasta ahora. - respondí mirando al panel de aquella cosa.
Era un maldito modelo con cambio manual¹. Yo sólo había conducido un coche así en las pocas ocasiones en que conseguí robar el Porsche del viejo. Eso fue hasta el día en que descubrió que había sido capturada por la policía por andar a doscientos por hora en una carretera. Mi padre me aseguró que jamás me subiría a uno de ellos mientras viviera. Pobre Abe.
Colocando el vehículo en punto muerto, giré la llave y el motor ronroneó. Invocando todos mis recuerdos acerca de la conducción de modelos manuales, introducí la primera de las seis marchas y salí del garaje.
El reloj del panel indicaba que yo tenía sólo quince minutos para hacer un trayecto de casi media hora, así que aproveché para emplear un poco de la potencia de aquella belleza a mi favor.
Acabe por llegar a la escuela con tan sólo cinco minutos de retraso, aunque Claire estaba un poco pálida. Intenté conversar con la directora que me miraba de forma sesgada y le avisé que tuve un problema con el coche. Espero que ella tenga un poco de compasión por mi pobre persona y lo olvidé por esta vez.
Volví a casa lo más rápido que pude y traté de dejar el Mustang estacionado exactamente como lo encontré. Mi corazón latía a mil por hora cuando colgué la llave de vuelta en la pared. Realmente espero que nadie se dé cuenta de lo que acabo de hacer.
Después de comprobar el vehículo por milésima vez y conformarme con que hice el mejor trabajo que pude, seguí hacia dentro de casa.
- ¿En qué diablos estabas pensando? - Kirova casi saltó encima de mí tan pronto como crucé la puerta.
- Usted tendrá que ser más específica que eso. - murmuré a pesar de saber claramente a qué se refería ¡Mierda! No había contado con la presencia de la vieja buitre.
- Usted pasó los límites esta vez. - ella gritó - ¿Realmente creyó que nadie notaría que tomó el coche del señor Belikov? -
- Eh, pero es que era una emergencia. - me defendí. - Mi coche se rompió y la niña ya no podía retrasarse una vez más o le avisaran a Dimitri. -
- Usted no tendría ese problema si se despertara a la hora que debería.-
- Fue sólo una vez. Juro que no volverá a repetirse. -
- Ah, por supuesto que no, me voy a asegurar de que eso realmente no vuelva a suceder. Me encargaré de contarle personalmente al señor Belikov lo que ha ocurrido aquí hoy. - Kirova me miró con desprecio. - Estoy segura de que usted fingió aquella payasada del otro día solo para deshacerse del uniforme y poder caminar por ahí pareciendo una prostituta barata. Sólo que esta vez no hay teatro suficiente que la salve. -
Sentí mi sangre hervir. ¿Esta vieja realmente me estaba llamando puta?
- Que le den. Si Dimitri quiere despedirme, que me despida. Por lo menos no tendré que aguantarla más hablando mierda sobre mí.- solté antes de darle la espalda. Definitivamente hoy va a ser mi último día aquí.
Me fui a mi habitación y comencé a pensar si debería llamar al viejo y pedirle que me reserve un billete para el próximo vuelo a casa. Sólo que si hago eso definitivamente seré su rehén para toda la eternidad.
Adiós libertad. Adiós al sol increíble de Tampa, adiós piratas, adiós casa maravillosa y gatito tierno. Adiós Claire y adiós jefe sexy. Voy a extrañarlo.
Pero por ahora no he sido despedida, así que debería tratar de actuar como si fuera un día normal y mantener la rutina. Quizás tenga alguna oportunidad de librarme de esta ¿No?
Mientras estaba en el cuarto de Claire, llamé al mecánico que Dimitri había indicado para arreglar el aire acondicionado el otro día. Él vino a la mansión por la tarde y arregló el coche en menos de media hora. Aparentemente era la basura de la batería que necesitaba ser sustituida. En cuanto terminó, salí a buscar a Claire a la escuela.
Nosotras hicimos juntas su tarea de matemáticas y poco después de que ella tomara un baño, me hizo ver "Donde viven los monstruos" por cuarta vez. Realmente necesito encontrar otra película para que la niña vea, si bien luego de intentar con "El viaje de Chihiro" estaba asustada y no quise arriesgarme. Nunca tuve tanto miedo de algo como de aquel dibujo de gente loca. Si, yo.
- Realmente disfrutaste esta película. - observé cuando se acabó, revisando el reloj.
Ya pasaban y por mucho las siete de la tarde y Dimitri aún no había llegado. Él suele llegar al menos dos horas antes, siempre que sale del entrenamiento y va directamente a otro lugar nos avisa para que Karp prepare la cena de Claire. Esto era realmente algo muy extraño ¿Será que debía preocuparme?
- Me parece mejor que prepararemos algo para comer. - le dije a Claire ya levantándome. - Tu padre está retrasado. -
- Quiero comer la comida de mi papá. - ella contestó decidida.
- Ya son casi las ocho, Claire. - argumenté. - Probablemente olvidó avisarnos de que tendría un compromiso.
- Mi papá nunca se olvida. - la niña murmuró obstinadamente, pero me siguió hasta la cocina. - Sólo voy a comer su comida. -
- Puedes ser muy difícil cuando quieres ¿Lo sabes? - giré los ojos haciendo a la chica sonreír. - Tomate un vaso de zumo por lo menos. -
- Está bien. - ella se sentó con dificultad en la bancada mientras yo le servía.
Al final el vaso de zumo acabó acompañado de una manzana, pero la niña se negaba a cenar sin su padre.
Dimitri llegó a casa media hora más tarde y parecía estar con un mal humor de los infiernos, pues apenas le dijo buenas noches a Claire que había ido a saludarlo y se encerró en su oficina.
Me quedé en la cocina con Claire, pretendía quedarme fuera de la vista del ruso lo máximo posible para ver si el asunto del coche era olvidado, pero entonces vi a Kirova caminar directamente hasta la habitación en la que Dimitri estaba estaba ¿Aquella vieja chismosa no debería haberse ido a su casa ya? Realmente había una cosa que no iba a echar de menos de esta casa y sería tener que lidiar con aquel espíritu errante que vagaba por aquí, al menos me voy librar de ella.
- ¿Mi papá no va a venir a prepararme la cena? - Claire preguntó un tanto decepcionada mientras yo hacía una sandwich de mantequilla de maní para mí, que pretendía llevármelo para comerlo en mi cuarto.
- Creo que debe haber tenido un día difícil ¿Qué tal si tú... - no llegué a terminar la frase. La figura que surgió delante de mí me dejó completamente perpleja.
¿Cómo diablos entró aquí? ¿De nuevo? Y, por la expresión en el rostro de Tasha, el día del ruso iba a empeorar bastante.
- ¿Dónde está? - ella prácticamente gruñó en mi dirección, ignorando totalmente a su hija.
- Mamá. - Claire gritó animada, tratando de ir hasta ella.
- Ahora no, Claire. - Tasha la cortó todavía encarándome. - Te hice una pregunta, Rose. -
El modo en que mi nombre salió de su boca me dejó bastante incómoda. Había una mezcla de rabia y desprecio allí que nunca había notado antes. Ella no se parecía en nada a la mujer simpática a la que estaba acostumbrada a ver.
- Él ... Él está en la oficina. - tartamudeé un poco.
Tasha se marchó hasta allí sin una palabra más, dejándonos a Claire y a mi en la cocina.
Decidí que era la hora de darle de cenar a la niña de una vez por todas, pues con certeza aquello no iba a terminar muy pronto. Tomé mi sándwich y le entregué el plato a ella en el mismo momento en que oí una puerta, la cual creía era de la oficina, siendo estrellada con violencia.
- ¿Cómo entraste aquí? - se oyó a Dimitri preguntar totalmente enojado. Por la forma en que dijo aquello no iban a tener una conversación civilizada.
- Cambio de planes, Claire. - dije recogiendo los elementos que había separado y el plato de ella. - Vamos a comer en tu habitación hoy.-
Yo le cogí la mano mientras ella miraba asustada hacia el pasillo de donde se oía las voces cada vez más exaltadas. Entramos en su habitación e improvisé nuestra cena en el escritorio. La niña comió con una expresión triste y la observé en silencio.
Definitivamente algo malo sucedió con Dimitri hoy, él siempre es tan cariñoso con su hija; pero lo peor fue la actitud de Tasha ¿Cómo puede llegar de esa manera y prácticamente ignorar a Claire? Ella puede no haberse dado cuenta, pero vi como esto fue chocante para la pequeña y la decepción en sus ojos, eso me entristeció enormemente.
Claire apenas si comió la cena que le preparé y yo también acabé perdiendo el apetito. Después de hacer que se pusiera un pijama, conseguí entretenerla lo suficiente con un libro sobre las historias más divertidas e inusitadas de la NFL y aproveché para llevar la comida a la cocina y de esa forma no atraer insectos a su habitación.
En el momento en el que estaba bajando las escaleras paré para observar a Kirova irse. Esperé hasta que cerrase la puerta y sólo entonces seguí mi camino hacia la cocina, donde tomé dos botellas de agua.
La discusión entre Dimitri y Tasha parecía lejos de terminar. Oí gritar algo acerca de una puta barata y empecé a pensar si la mujer había descubierto alguna otra amante de la época en la que ellos aún estaban casados, si es que realmente tuvo alguna. Comenzaba a encontrar extraños esos rumores, ya que Dimitri era un tipo extremadamente tranquilo. Si él era tan mujeriego cuando estaba casado ¿Por qué quedarse tan tranquilo ahora que está soltero?
El ruso se limitaba a gruñir pidiéndole a Tasha que cerrara la maldita boca. Nunca imaginé oírlo tan descontrolado.
Comencé a sentirme mal por estar escuchando a escondidas un asunto que no me afectaba y subí rápidamente. Entré al cuarto de Claire, cerrando la puerta rápidamente para sofocar los sonidos de la pelea, la encontré parada en medio de la habitación totalmente asustada y eso hizo que mi corazón se rompiera.
- ¿Por qué no vas a cepillarte los dientes antes de acostarte? - sugerí sonriendo, fingiendo que nada sucedía en el piso de abajo.
- Está bien. - Claire caminó hacia el baño, cerrando la puerta detrás de ella, sin discusión. Eso era siempre una mala señal.
Quería entrar allí con ella, pero pensé que la niña estaría bien y probablemente necesitaba un tiempo.
Me senté en su cama tratando de entender algo más de lo que estaba siendo discutido, pero desde allí sólo escuchaba voces sofocadas.
Claire salió del baño justo en el momento en el que el volumen de los gritos de los dos empezó a aumentar y vi los ojos de la chica llenarse de lágrimas mientras ella me miraba con pura tristeza.
¿Cuál es el problema de aquellos dos? ¿No se dan cuenta de que tiene un niño aquí que se ve afectado por todo esto?
- Eh ¿Qué opinas sobre construir un fuerte? Es guay ¿No crees? - intenté pensar en algo rápidamente para distraerla.
- Eso creo. - Claire me miró de forma desanimada, en nada se parecía a aquella niña alegre y divertida a la que estoy acostumbrada y que venía conquistando mi corazón. En el fondo sabía que no debía aferrarme a ella, pero no podía evitarlo.
- Ven, Claire. - la llamé abriendo el armario y cogiendo un par de sábanas blancas.
Oímos el sonido de las puertas siendo golpeadas en el piso de abajo, lo que pareció acabar con la discusión, aunque yo todavía seguí con mi plan y prendí las puntas de las sábanas en el mástil que había en el techo, atando las otras puntas a la cama de cada lado, formando una gran carpa. Abrí el cajón de la cómoda y cogí la linterna que estaba allí por si se daba el caso de que fallase la energía y se apaguen las luces del cuarto.
- ¿No vienes? - pregunté al subir a la cama y entrar en el fuerte que se iluminada apenas gracias a la linterna.
- Voy. - ella dio una sonrisa minúscula y me siguió.
Era casi la hora en la que Claire se dormía y probablemente ya debería estar acostada hace algún tiempo. Esto sería así si su madre no hubiera aparecido y comenzado aquella situación. Me acosté en la cama y la niña se recostó en mis brazos mientras yo intentaba hacer algunas formas con sombras usando la luz.
- ¿Rose? - Claire me llamó de repente.
- ¿Sí?-
- ¿Por qué no le importo? - la niña preguntó con una voz bajita. Mi corazón se estrujó al oír eso.
- Cariño, por supuesto que le importas. - respondí tratando de arreglar esto de la mejor manera posible. - Ella sólo está ocupada. Estoy seguro de que te echa mucho de menos. -
- Pero ella sólo quiso pelear y gritarle a mi padre, podría haber hablado conmigo.-
- Su madre sólo estaba aburrida, Claire. A veces los adultos se aburren y no pueden pensar bien. Estoy segura de que va a volver solo para a verte. -
- Era siempre así cuando estaban casados ¿Sabes? - ella contó encogiéndose un poco en mis brazos y solté la linterna después de apagar la luz para poder abrazarla mejor. - Me pareció que iba a mejorar después de que se separaran, pero todo es igual cada vez que mi madre viene aquí. -
- Eso va a pasar, mi amor. Ellos se van a entender pronto. Sólo necesitan un tiempo para resolver las cosas del pasado. Pero nunca dudes de que ambos te aman mucho. -
La niña se quedó en silencio, tal vez absorbiendo mis palabras, y tuve que contener un suspiro. A pesar de todo, yo veía cuánto Dimitri amaba locamente a su hija y como se esforzaba para estar presente en su vida, pero ¿Y Tasha? ¿Cómo alguien puede dejar a una chica tan especial como Claire así sin más?
- ¿Rose? - ella volvió a llamarme después un tiempo en que pensé que finalmente se había dormido..
- ¿Sí, Claire? -
- ¿Tú entiendes de soledad?
- ¿Quieres saber si puedo alejar la tristeza? - pregunté recordando esa frase de la película "Donde viven los monstruos".
- ¿Tu puedes? - ella insistió somnolienta.
- Tengo un escudo 'anti-tristeza' que aleja toda la tristeza. - recité la frase de la película en medio de una sonrisa. - Y es bastante grande para todos nosotros. -
- ¿Para mi padre también? - ella continuó, cogiéndome de sorpresa. - A veces me parece que está triste. -
Pensé en ello por unos momentos. Realmente Dimitri parecía siempre tan concentrado, viviendo sólo para el trabajo y para Claire. Raramente lo vi sonriendo pero las veces en que lo hizo se quedaba tan guapo, más de lo que ya es. Definitivamente el ruso debería sonreír más veces.
- Si él quiere, sí. - respondí después de un tiempo.
- Te quiero, Rose. - ella dijo bajito y me llené de alegría por eso.
- Yo también te quiero, Claire. - suspiré. Tal vez no debería decirle eso, pero es la verdad y no podría no ser sincera con ella. - Ahora vamos a dormir porque no podemos retrasarnos de nuevo mañana. -
La niña se rió y se anidó más en mí. Cerré los ojos, dejándome envolver por aquel gesto cariñoso. Tuve la impresión de oír la puerta de la habitación cerrarse poco antes de caer dormida.
¹ En los Estados Unidos lo más común es que los coches tengan cambio automático. Sólo los modelos deportivos tienen cambio manual.
