Sakura estaba con sus amigas cuando alguien le tocó el hombro por detrás. Sakura se giró, rogando que no fuera Shaoran quien la hubiese tocado. Por suerte, se encontró con que había un chico, tal vez no mucho mayor que ella, con el pelo oscuro y los ojos negros, que le sonreía y le ofrecía su mano.

-Espero no ser una molestia, pero…-dijo el desconocido con voz grave- Me gustaría bailar contigo, si tú quieres.

Sakura miró a sus amigas, boquiabierta. ¿Así era cómo se ligaba? Sus amigas le instaron con la cabeza y los ojos a que dijera que sí y, finalmente, Sakura aceptó la mano de aquel chico. Él la llevó entre la gente a la pista de baile y la sujetó por la cintura. Sakura comenzó a moverse y a disfrutar de la música. Sin embargo, notó que una de las manos de su acompañante estaba bajando peligrosamente rápido a una zona vedada para el noventa y nueve por ciento de personas en el mundo. Inmediatamente, le cogió la mano y se la apartó con firmeza.

-No-sentenció Sakura, algo seria.

Su acompañante asintió y se mantuvo quietecito durante los siguientes minutos que duró esa canción. Apenas comenzaba otra cuando Tomoyo apareció a su lado, salvándola del pulpo que tenía por acompañante de baile.

-Ven conmigo-le dijo Tomoyo al oído para que la escuchara por encima de la música.

Sakura no necesitó más que aquello para largarse de la pista de baile sin despedirse del Señor Pulpo, que se quedó plantado entre la gente como si fuera un arbusto. Sakura debía reconocer que era bastante guapo, aunque aquel tipo de belleza ya no le llamaba la atención, por mucho que le doliera reconocerlo.

Tomoyo cogió del brazo a Sakura y se la llevó directa a la barra principal de la discoteca. Sakura pudo distinguir a una figura con el pelo negro azulado y sonrió.

-Así que Eriol está aquí, ¿eh?-bromeó Sakura, mirándola.

Tomoyo asintió, enrojeciendo un poco.

-Sí, pero también hay algo más que quiero que veas.

Sakura asintió.

-Muy bien, ¿y qué se supone que…?

Pero a Sakura se le quebró la voz al ver a quién tenía Eriol colgado del cuello. Sintió que el calor se le iba del rostro y que la cabeza le daba vueltas. Se llevó una mano a la boca, incrédula.

-Pero… Pero… ¿Qué…?-tartamudeó Sakura, mirando alternativamente a su amiga, a Eriol y al ebrio Shaoran, que no se había dado cuenta apenas de que Sakura estaba allí, observándole.

-¿Qué es esto, Eriol?-se quejó Tomoyo de inmediato- Me dijiste que viniera.

-No-rectificó Eriol frente a Tomoyo-, te dije que te fueras-repitió el gesto y Tomoyo comprendió; lo había visto todo al revés.

Tomoyo se giró hacia Sakura, que seguía de pie sin poder decir nada y sin color en la cara. Se acercó a ella y la abrazó.

-Sakura… Lo siento, no quería que vieras…

Sakura no escuchaba ni una sola palabra de lo que estuviera diciéndole Tomoyo. La sentía a su derecha, oía algo de su voz, pero no se percataba de su apuro y su angustia por ella. Lo único en lo que podía concentrarse era en que Shaoran estaba borracho, colgado de Eriol, que había ido a buscarla… Y que, probablemente, la hubiese visto con el Señor Pulpo bailando, porque no le cabía en la cabeza que Shaoran se hubiese emborrachado por que sí.

Sin pensarlo, sin darse cuenta de lo que hacía, se acercó a Shaoran y le alzó el rostro. Tenía los ojos marrón chocolate completamente nublados. Sus pupilas apenas parecían enfocarla y había esbozado una sonrisa torcida que en cualquier otra persona habría resultado asquerosa. Pero a él le quedaba bien. Era la sonrisa más inocente que Sakura había visto en él.

-Li…-le llamó Sakura, sin conseguir resultados- Li, por favor… Estoy aquí… Li…

Shaoran volvió a dejar caer la cabeza en el hombro de su amigo, que no soportaría la incomodidad por mucho tiempo. Sakura no aguantaba ver a Shaoran así, por lo que lo volvió a intentar.

-Li, ¿me escuchas? … Shaoran…

Ahora, sí. Los ojos de Shaoran la buscaron y la encontraron, enfocándose en ella cuanto podían. La expresión de Shaoran cambió bruscamente y pasó de tener aquella sonrisa extraña a parecer ¿asustado? Al menos esa fue la impresión que le dio a Sakura: Shaoran estaba asustado y perdido.

-Sakura…-murmuró Shaoran, levantando una mano hasta llegar al rostro de Sakura- Eres preciosa, Sakura…

Sakura cerró los ojos. Aquello no podía estar pasando.

-Soy un inútil, Sakura…

La aludida abrió los ojos, decidida. Tenía que llevárselo de allí. Miró a Eriol, que intercambiaba gestos y palabras más suaves con Tomoyo.

-Eriol-le llamó Sakura.

El chic se volvió de inmediato hacia ella, dispuesto a ayudarla en lo que hiciera falta. Tomoyo hizo lo mismo y se mantuvo a la espera.

-Necesito que me ayudes a meterlo en un taxi. Hay que llevarlo al apartamento, no puede seguir aquí en ese estado.

Eriol negó con la cabeza.

-Yo os llevaré.

-¡Pero habrás pagado la entrada para nada!-se quejó Sakura- Además, Tomoyo está aquí. Necesito que cuides de ella por mí.

-¿Cuidarme?-intervino Tomoyo con los brazos en jarras- Pero sí…

Cerró la boca en cuanto vio la significativa mirada de Sakura. Era el momento perfecto para que pasasen un rato bastante agradable juntos, como una primera cita pero sin serlo realmente. Tomoyo asintió, enrojeciendo de nuevo.

-Cuídate mucho-le susurró cuando se abalanzó hacia ella para darle un fuerte abrazo-. Los dos.

Sakura le devolvió el gesto con los ojos cerrados.

-Todo irá bien-musitó, repitiendo las palabras que Shaoran le había dicho en alguna ocasión.

Ambas amigas se separaron. Tomoyo se fue con el resto de las chicas, mientras que Eriol ayudó a Sakura a llevar a Shaoran a la salida. En cuanto llegaron, Sakura se adelantó y paró al primer taxi que se cruzó en su camino. Eriol se acercó al vehículo y dejó caer a Shaoran en el asiento trasero. Sakura se volvió hacia él y le abrazó efusivamente.

-Muchas gracias, Eriol.

Confundido, Eriol le devolvió el abrazó y dibujó una tímida sonrisa.

-Cuídalo por mí, ¿vale?

Sakura asintió con energía y se metió en el taxi, ubicando la cabeza de Shaoran de nuevo sobre sus rodillas, como hiciera hacía tan solo mes. Minutos después, el taxi se perdía en el barrullo del tráfico de un miércoles por la noche.

Durante los escasos minutos que tardó el taxista en llegar a la puerta del bloque de apartamentos de Shaoran, Sakura no podía dejar de pensar en la ironía de la situación y en lo curioso que eran los giros que daba la vida. Había jurado y perjurado no volver a ver a Shaoran nunca más, a no sufrir de nuevo por él. Y, sin embargo, allí estaba, metida en un taxi que olía a tabaco con Shaoran en sus brazos, otra vez. «Solo lo meteré en la cama y lo dejaré tranquilo. Luego me iré», se repetía Sakura, aunque en el fondo sabía que eso era solo lo que la parte sensata de ella quería hacer. La parte más alocada, la que solo florecía cuando estaba con Shaoran, le decía que debía quedarse con él, acompañarlo y cuidarlo cuando le viniera la resaca.

Sakura lo observó con detenimiento. Bajo sus ojos había unas ojeras que antes no tenía. Parecía algo más delgado, algo desmejorado, pero igualmente atractivo. Daba igual lo que le ocurriese, Shaoran siempre sería guapo, le pesara a quien le pesara. Ya podría caer una bomba a su lado, cortarle la cara, cambiarle un ojo por otro de un color diferente, mancharle de sangre, de alquitrán o romperle cada uno de sus huesos, Shaoran siempre tendría ese punto que atraía a cualquier mujer, incluida la propia Sakura, aunque le costase media vida reconocerlo. Shaoran le gustaba. Fin de la historia.

El taxi llegó por fin a los apartamentos y Sakura sacó dinero de su pequeño bolso de cartera de color negro azabache. El taxista se ofreció a ayudar a la chica a cargar con el imbécil borracho que llevaba, pero ella rechazó su ayuda con una sonrisa y se internó en el caminito que llevaba a la puerta de acceso a los apartamentos.

-Shaoran, por Dios… Cómo pesas…

Tras unos cuantos minutos en los que tuvo que lidiar con sus tacones y con el cuerpo bamboleante de Shaoran, por fin llegó a la puerta. Ahora había que resolver otro problema. Apoyó a Shaoran en la pared, rogando por que se mantuviera de pie los segundos necesarios que le hacían falta para rebuscar entre sus bolsillos las llaves. Shaoran soltó una risa desganada.

-¿Qué haces, Sakura? No sabía que fueras tan fogosa…

Sakura se lo quedó mirando desde su cintura, donde estaba agachada para buscar mejor las llaves.

-Deja de decir tonterías, Shaoran.

El chico rió de nuevo y dejó caer la cabeza en la pared, mirando al cielo.

-Mira, Sakura-levantó una mano y señaló con el dedo índice un punto en el cielo-, te regalo esa estrella.

Sakura siguió la trayectoria de la mano de Shaoran y vio que se estaba refiriendo a la Luna. La joven rió. Lo cierto era que tenía bastante gracia.

-Si te regalo esa estrella, ¿me perdonas, Sakura?

Ella volvió la vista hacia Shaoran de inmediato, sorprendida. Vale, Shaoran era muy dulce cuando estaba borracho, pero aquello era demasiado. Shaoran bajó la cabeza y la miró con fuego en los ojos.

-Perdóname, Sakura. Perdóname, por favor.

Sakura abrió un poco la boca para contestar, pero la voz del sentido común la devolvió a la Tierra y la instó a que terminase de buscar. Finalmente, encontró las llaves en uno de los bolsillos delanteros de sus pantalones. Sakura se levantó y fue metiendo llave por llave en la primera cerradura, hasta que dio con la adecuada y pudo abrir la puerta. Manteniendo la puerta abierta con un pie, Sakura metió a Shaoran en el interior del bloque y presionó el botón del ascensor. El aparato llegó por fin y abrió sus puertas para recibir a Sakura y a Shaoran. Sakura pulsó el número siete y el ascensor subió, obediente. Por suerte, la caja metálica no se quedó estancada entre una planta y otra y, diez segundos después, Sakura volvía a probar llaves en la cerradura de la puerta de Shaoran.

-Es la que tiene el dibujo verde-intervino Shaoran, masticando las palabras.

Sakura buscó una llave con algún símbolo verde. Finalmente, dio con ella y la metió en la cerradura. La puerta se abrió y Sakura hizo entrar a Shaoran con las pocas fuerzas que le restaban. No obstante, en cuanto encendió la luz del salón, estuvo a punto de desmayarse ella también. El salón estaba, como poco, hecho una pocilga. Había envases de plástico por todas partes, latas de refresco y cerveza tiradas por el suelo y sobre la mesa del comedor, bolsas de patatas y chucherías adornaban el mueble de la televisión. Todo se encontraba bajo la más absoluta basura. Todo, salvo la estantería con los libros de Shaoran, que parecía impoluta.

Sakura trató de obviar el estado de la casa de Shaoran, intentando no pensar en cómo tendría que estar la cocina, y arrastró al anfitrión hasta el baño. Shaoran necesitaba una buena ducha de agua fría y, después, café. Tenía que soltar todo lo que había bebido. Manteniendo su firmeza, Sakura sentó a Shaoran en el retrete y abrió el grifo del agua de la bañera.

-Sakura…

Ella se volvió inmediatamente.

-Dime.

-Creo que voy a vomitar…

Sakura abrió mucho los ojos.

-¿Qué? No, no, espera un momento… Aguanta…

Sakura se apresuró a cerrar el grifo y a sentar a Shaoran en el suelo. Apenas le dio tiempo de abrir la tapadera del retrete cuando Shaoran se volcó sobre él y expulsó todo lo que había bebido y comido en las últimas cuatro horas. Sakura, aguantando las náuseas, le recogió el flequillo a Shaoran y le sujetó la cabeza para que no acabase lleno de vómito. Shaoran se dedicó a deshacerse de todo lo innecesario durante unos minutos. Cuando acabó, respiraba con dificultad por la boca, sintiendo el sabor amargo de la bilis en ella.

-¿Ya, Shaoran?-preguntó Sakura con dulzura.

Le había visto sufrir mientras devolvía todo. Con ello, incluso se le había pasado la sensación de fatiga.

Shaoran asintió débilmente y se dejó caer sobre el pecho de Sakura, que lo recogió y lo abrazó. Estuvo así durante un minuto hasta que lo apoyó sobre la pequeña pared que separaba la bañera del resto del baño para poder limpiarle bien. Se aseguró de que lo dejaba más o menos equilibrado, aunque tuviera los ojos cerrados por el agotamiento, y se levantó.

-Espera-le dijo Shaoran con la voz rota mientras agarraba la tela de los pantalones de Sakura y abría un poco los ojos-. No te vayas, por favor… No me dejes…

A Sakura se le encogió el corazón. Tragó saliva con fuerza y volvió a agacharse ante él.

-No voy a irme, Shaoran. Voy a limpiarte, ¿vale?-le informó Sakura, apartándole algunos mechones del flequillo.

Shaoran asintió y volvió a dejarse caer sobre la fría pared de azulejos, cerrando los ojos. Sakura le echó un último vistazo y se dispuso a limpiar el baño. En menos de dos minutos ya lo tenía todo listo y se dedicó al completo a Shaoran. Aguantando la timidez, comenzó a quitarle la chaqueta y la camisa blanca, que ya no lo era tanto. Se detuvo a mirar unos segundos el torso de Shaoran, que no era demasiado musculoso, pero tampoco pasaba desapercibido. Respiró hondo y prosiguió con los pantalones. Decidió que no quería quitarle los calzoncillos y que, si hacía falta, le bañaría con ellos como si fuese un bañador. Durante todo el proceso, Shaoran no se movió un ápice, pero sí fue consciente de cada una de las caricias de Sakura y pidió a lo más sagrado que aquello no fuera un sueño, que ella realmente estuviera allí, con él.

Por fin, Sakura terminó de desnudar a Shaoran y lo metió como pudo en la bañera. Resoplando, abrió el grifo y calentó el agua. Bañó a Shaoran con mimo, con dedicación, teniendo mucho cuidado al tocarle. Shaoran se dejó hacer y se sumió en una especie de duermevela, ese estado en el que sabes lo que ocurre pero crees que estás soñando y que no merece la pena despertarte del todo. Minutos después, Sakura había eliminado de Shaoran cualquier rastro de suciedad y vómito. El pelo le caía húmero por la cara. Las pestañas, largas y oscuras, adornaban unos ojos entreabiertos que apenas veían a Sakura, pero que eran conscientes de que ella estaba allí. La chica sujetó a Shaoran y lo sacó de la bañera. Lo vistió, pasando por alto el hecho de que los bóxer estaban algo húmedos aún, y se lo llevó a su habitación, la cual estaba, sorprendentemente, limpia y perfecta. Recostó a Shaoran en su cama y lo arropó.

Sakura se quedó sentada durante unos minutos al lado del cuerpo de Shaoran, que ya dormía, tranquilo. Al final, no haría falta el café. ¿Qué le habría llevado a beber tanto? ¿Por qué no dejaba repetir que era un imbécil, que le perdonara? Sakura no podía creer que Shaoran se sintiera mal por lo que pasó aquel día, no le cabía en la cabeza. El Shaoran que ella recordaba era orgulloso, engreído…, y dulce cuando se lo proponía. Sin embargo, eso no le eximía de nada. Un momento de dulzura no se podía comparar con todo el daño que le había hecho en las últimas semanas, aun sin estar presente. Había luchado día y noche con su hermano para que no se encargara de buscarle y de partirle la cara. Había tenido que fingir, una vez más, que se encontraba perfectamente y que no le afectaba en absoluto su comportamiento. Sabía que ni su hermano ni Tomoyo se tragaban su mentira, pero agradecía por dentro que no estuvieran todo el rato encima de ella, atosigándola. Lo había pasado realmente mal por culpa de la persona a la que ahora no podía dejar de mirar.

-Es absurdo…-musitó Sakura, cansada por todo el ajetreo.

Miró el reloj de la mesita de noche, que marcaba las cuatro de la mañana, y decidió que era hora de marcharse. Se levantó de la cama, pero no le dio tiempo a alejarse de ella. Shaoran le había aferrado la mano con una fuerza sorprendete y tiraba de ella hacia la cama.

-No me dejes… No me dejes… Por favor, no me dejes…-repetía Shaoran una y otra vez.

Sakura se mordió el labio inferior. Debía irse, estaba segura que debía hacerlo. Las consecuencias de quedarse esa noche acabarían con la poca fuerza que le quedaba. Y, a pesar de tener esa certeza en mente, volvió a la cama, se tumbó en ella y se acomodó al lado de Shaoran, que no le soltaba la mano por nada del mundo. Antes de que sus ojos se cerrasen, vio que él se acercaba a ella y, con los ojos cerrados, esbozaba una pequeña sonrisa teñida de absoluta felicidad y alivio. Aquello fue suficiente y Sakura cayó rendida.