Naruto y sus personajes son obra de Masashi Kishimoto. Lo único que me pertenece es la idea y la historia, las cuales hago sin ánimo de lucro, con el fin de entretenerme y entretener a quien quiera leerla.
¡SORPRESA!
Bueno... Tampoco os hagáis demasiadas ilusiones porque este capítulo es básicamente lo que se suele llamar "de relleno". Aquí vamos a conocer los pensamientos de Sombra y lo que él siente cada vez que está con sus humanos. Sé que no va a ser la gran cosa, pero quería hacerlo porque me parecía una manera divertida de pasar el rato hasta que llegara la hora de comer xD
Este capítulo va dedicado a mi adorada Anamicenas y también a todas aquellas personas que, como yo, amáis a los animales y en especial a los perritos. Porque ellos son ángeles caídos del cielo que, muchas veces, no nos merecemos.
Nota de la autora: Es la primera vez que escribo algo así, ha sido raro ponerme en la mente de un animal pero, sabiendo cómo se comporta mi Seven (el nombre de mi perrito), he podido descifrar un poco sus pensamientos para hacer este capítulo.
Espero que os guste, es cortito.
Sin más que añadir;
disfrutad de mis locuras.
Sabor a coincidencia y café
Capítulo VIII - Parte II
Sombra
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POV Sombra.
Salimos de mi hogar, esta vez no iba solo con mi humano, sino que la humana que últimamente está frecuentando mucho esta casa también nos acompaña; la verdad no me importa.
Noto el asfalto rozar mis patitas, no me gusta demasiado porque donde vivíamos antes había muchos lugares verdes que olían bien, mi humano me dejaba suelto, me dejaba correr libre pero ahora... Desde que pasó aquello noto el miedo de dejar que de nuevo me pase lo que me pasó. Pero ella estuvo ahí, ella paró la bestia que olía mal, esa extraña cosa que se movía deprisa e hizo un ruido muy agudo cuando me crucé delante; ella paró a esa bestia, me cogió en brazos y me salvó.
Ella era como una heroína.
Giro mi cabeza hacia ella y veo que es quien lleva mi agarre, me extraño un poco pues es siempre mi humano el que lleva mi correa; aunque no me desagrada la sensación de que ella la sujete. Noto algo, algo bueno y amable.
Seguimos el paseo hasta el parque de siempre, todos los olores me inundan los sentidos y necesito correr hacia una farola, noto que huele a otro perrito y se supone que esa era mía; me enfado.
Estiro de la correa, pero la humana me retiene, la miro y alza su dedo, me dice algo que no logro entender, pero supongo que es que no quiere que vaya tan deprisa. Bufó por mi nariz y su expresión cambia, escucho un sonido agradable salir de su boca.
¿Por qué los humanos cambian tanto de actitud?
Mi caminar se vuelve más tranquilo y la paciencia me inunda hasta que llegamos a esa farola; se va a enterar ese perro que ha entrado en mi territorio, eso no se hace. Alzo la patita y lo marco como mío de nuevo; y espero que así se quede.
Ya más feliz, continúo paseando tranquilo. El tacto de la tierra es más agradable que el del asfalto, por eso me gusta este parque... Aunque ojalá me dejaran pasear por la hierba que hay a los lados.
Los humanos prefieren ir por aquí en lugar de por algo más cómodo; qué raros son... Con lo agradable que es la sensación de notar tus patitas en la suavidad de la hierba; sobre todo cuando está mojada y puedes oler todo mejor.
Noto mi correa dar un pequeño estirón y tengo que parar.
¿Qué ocurre?
Miro hacia todos lados intentando comprender quién es el responsable de hacer que pare y veo a mi humano pegado a la humana. No comprendo lo que hacen, juntan sus hocicos y se acarician.
Bufó por la nariz y emito un suave ladrido para reclamar atención; lo consigo. Ambos me miran y continuamos caminando.
-Vale, vale...— Me habla mi dueño; no comprendo qué dice, pero deja de tocar a la humana.
No entiendo bien porqué juntan sus hocicos, deberían olerse el trasero, así conoces mejor a quien está cerca de ti; o al menos eso es lo que yo hago.
Llegamos al final del paseo, o eso parece pues damos la vuelta. He marcado varios sitios como mi territorio, pero no importa, los vuelvo a marcar; esta zona es mía y solo mía.
Mientras estoy olisqueando un árbol, otro olor conocido se hace presente en mis sentidos, mis orejas se tensan y miro en todas direcciones observando dónde puede estar.
-Buenas tardes pequeño ¿Quieres jugar con Sombra?— Mi dueño ha dicho mi nombre pero no descifro si quiere que haga alguna acción.
Miro en la misma dirección que él y por fin puedo ver al perrito que estaba esperando.
Es un perro más pequeño que yo, no huelo su olor por ninguno de mis territorios, así que para mí es amigo. Mi humano me acerca a él y yo le olisqueo; él se deja y se tumba en el suelo.
Quiero jugar con él, me agacho en posición de atacar, pero otra humana aparece y de repente el perrito desaparece de mi campo de visión. Ladeo la cabeza confundido y miro hacia arriba.
-No te acerques a ese perro, seguro que te muerde.— Escucho una voz desconocida y ladeo la cabeza cuando noto mi correa tensarse; miro hacia arriba y la humana de mi dueño está enfadada.
-Este perro es más educado que usted.— La humana buena da un paso adelante pero mi dueño la retiene.
La humana mala ha cogido al perro como mi dueño me cogía cuando era un cachorro. Me pregunto si he hecho algo mal, pues noto que esa humana desprende una sensación negativa que no me gusta, así que ladro enfadado.
-Tranquilo, es idiota... Tú eres un amor.— La humana de mi dueño se agacha y me acaricia el lomo; eso me tranquiliza.
Esta humana sí me gusta, huele bien y me cuida; aquella otra humana parece mala y encima no me ha dejado jugar con ese perrito.
Bufó por la nariz y seguimos el paseo.
Escucho a mi dueño y a la humana hablar, no comprendo lo que dicen, pero parecen enfadados. Ladeo mi cabeza para mirarlos y observo que señalan hacia atrás; quizás están hablando de la humana mala que me ha prohibido jugar.
No comprendo por qué los humanos son tan idiotas a veces... Menos mal que mi dueño es genial.
Llegamos a casa y, como siempre, mi dueño me limpia la suciedad de las patitas, las orejas y pone sus labios sobre mi frente; siempre que lo hace noto un extraño amor inundar mi corazón y me hace muy feliz, me gusta que lo haga. Me gusta incluso más que cuando me acaricia.
Bostezo, hemos hecho un paseo bastante largo y estoy cansado. Estiro mi cuerpo y y noto la mano de la humana rozar mi cabeza; dejo que me toque, es mi zona preferida.
Empieza a acariciarme despacio y después pasa al lomo; me rasca con sus uñas y me da un escalofrío, ella suena feliz y vuelve a hacerlo.
¡Qué gusto!
Sus uñas parecen las de un gato, pero más suaves. Nada que ver con las de mi dueño, que son cortas y no me hacen nada en comparación con ella.
Para de rascarme y le gruño pidiendo que siga; y sigue.
Se sienta en el suelo del cuarto de aseo a mi lado y me rasca más fuerte; no puedo evitar mover la patita en forma de espasmo cuando incrementa la velocidad.
¡Qué es esta brujería! ¡No quiero que pare nunca!
Cierro los ojos y escucho cómo me dice cosas, pero no las comprendo; aunque parece feliz.
-Sombra, déjala ya, a dormir, venga.— Mi dueño entra y nada más hacerlo la humana para.
Ladeo la cabeza y comprendo lo que me dice, quiere que me vaya a dormir.
Me vuelvo a estirar mientras bostezo y lamo la mano de la humana en señal de agradecimiento, espero que vuelva a hacerlo pronto.
Me dirijo hacia la zona que más huele a mí de toda la casa, una zona que mi dueño me ha acomodado a mi gusto; tengo juguetes y un sitio muy blandito para dormir.
Doy varias vueltas y me tumbo; ellos se sientan en un gran sitio blandito donde a veces me acuesto cuando mi humano no está, en frente de una caja grande y que emite sonidos; los humanos pasan mucho tiempo mirándola.
¿Qué verán ahí? No huele bien, huele raro...
Los humanos son raros.
Se me están cerrando los ojos, intento mantenerlos abiertos porque no quiero perder de vista a mi dueño; tampoco quiero que esa humana tan buena se vaya.
Me pregunto si será ella la que me haga la cena; se ha portado muy bien cuando me ha dado de su comida ¡Estaba deliciosa! Ojalá mi dueño me diera ese tipo de cosas.
Mis ojitos se cierran, no puedo evitar quedarme dormido.
Pasa un rato; no sé cuánto tiempo, pero me despierto. Paseo por la casa después de desperezarme y busco a los humanos.
Encuentro a mi dueño haciendo cosas en la cocina, eso significa que es hora de comer otra vez ¡Bien! Muevo el rabo y él me mira.
-¿Ya te has despertado?— Sus labios se curvan y parece muy feliz.
Se agacha y me acaricia la cabeza, yo cierro los ojos y muevo más la cola mientras olisqueo lo que está preparando; la verdad que huele muy bien.
Miro hacia varias direcciones, pero la humana no está; vuelvo a mirar a mi dueño y sonríe.
-Se ha ido a su casa ya...— Su mirada es triste y me da dos golpecitos en la cabeza para volver a cocinar.
No sé por qué, pero eso sí lo he podido comprender.
Mi humano está triste porque esa chica no está aquí. No comprendo por qué no está aquí, yo también quiero que se quede siempre.
Ojalá algún día no tenga que irse nunca.
Y hasta aquí. No quería hacerlo demasiado largo para no aburriros, jajajaja.
Como he comentado es la primera vez que escribo algo así y estoy bastante nerviosa por conocer vuestras reacciones; aunque de verdad espero que os haya gustado.
Muchísimas gracias a todas las personitas que lo habéis leído hasta el final, sería un verdadero halago conocer vuestras opiniones en la sección de comentarios; y sino siempre me podéis contactar por Facebook. ¡Buscadme como GLOW 241O! Justo como me llamo aquí.
De nuevo gracias.
¡Besitos de chocolate con leche para todos!
