Aquellos que se aman:

Después de largas cinco horas de viaje, Yuki notaba como el agotamiento comenzaba ha hacer presa de ella. Solamente habían hecho un par de paradas muy cortas para poder estirar un poco las piernas, ir al baño y comer; por ese motivo, el haber llegado a su destino la llenaba de enorme alegría y alivio.

El lugar donde se encontraban era un pueblo pequeño, de casas simples pero bonitas y gente que parecía agradable. Su visión desde el coche era bastante limitada, pero aun así podía hacerse una idea del sitio al que acababan de llegar. Se preguntaba como sería y en que condiciones estaría la casa de Zero.

A pesar de que en incontables ocasiones había intentado sonsacarle un poco de información, él había sido muy parco con sus respuestas. Parecía que a cada kilometro que se acercaban a aquel lugar, más doloroso se iba volviendo todo para Zero. Yuki deseaba desesperadamente poder hacer algo para ayudarlo, pero no sabía muy bien que podía ser.

Al entrar en una calle de casas apartadas entre ellas y bastante tranquila, percibió como la velocidad del coche se reducía ostensiblemente hasta que, una vez en su destino, finalmente se quedó inmóvil. Yuki miró a Zero que apagó el motor del coche, pero siguió sentado allí, sin hacer amago alguno que indicara intención de salir ni tampoco de querer mirarla. Ella posó su mano sobre la suya y le dio un ligero apretón.

—Podemos buscar por hoy un sitio donde quedarnos y cuando te sientas mejor comenzar con la investigación, ¿te parece una buena idea, Zero?

Él negó con un gesto de cabeza. Estaba tan tenso que por un momento Yuki temió que aquella situación terminara superándolo; sin embargo, cuando sus ojos se encontraron, algo en su interior le dijo que a pesar de todo, iba a estar bien. Zero le dedicó una sonrisa pesarosa y miró luego entrecerrando un poco los ojos hacia la casa.

—Lo mejor es que me quite esto de encima lo más rápido posible. Además, el objetivo de este viaje es el de intentar averiguar algo sobre lo que pudo haber desencadenado la muerte de mi familia —un largo suspiro escapó de sus labios—. Mi idea original era quedarnos aquí unos días, pero no tengo ni la menor idea de en que condiciones está la casa. Lo más seguro es que no sea habitable.

—Nunca has regresado, ¿verdad?

Zero negó.

—No tenía una verdadera motivación para hacerlo. Mi vida aquí acabó hace once años y nunca más había vuelto a plantearme el regresar —se pasó un mano por el cabello con evidente frustración—. Quiero creer que existe un motivo importante para haberme obligado a venir aquí. Necesito asegurarme de que este esfuerzo por lo menos vale un poco la pena.

—Solo date un poco de tiempo para asimilar todo esto, ¿vale? —Yuki apoyó la cabeza en su hombro y gimió cuándo notó el dolor en su espalda por la cantidad de horas que llevaba sentada. Zero se rió—. Lo siento, soy una pésima viajera. Por favor recuérdamelo la próxima vez que insista en seguirte.

—No existirá una próxima vez —le advirtió Zero intentando ocultar su diversión—. Si es necesario que te amarre…

Su tranquilidad se vio interrumpida por el timbre del móvil de Yuki. Se puso derecha de inmediato, separándose del lado de él y rebuscó en su bolso hasta dar con el bendito aparato. Cuando vio de quien se trataba, se puso terriblemente nerviosa y le lanzó una mirada desesperada a Zero.

—¡Es papá! ¡¿Qué hago?! —el móvil nuevamente volvió a sonar y en un acto reflejo causado por la desesperación, cortó la llamada.

Zero la miró ceñudo.

—¿Por qué demonios has hecho eso? —la regañó mientras le arrebataba el aparato para llamar, pero en ese momento comenzó a sonar el de él—. Dios, Kaien ya se ha dado cuenta de que no estamos en casa. Podemos darnos por muertos.

—¿Te cabía alguna duda de que sería así? —le preguntó ella mordaz—. Después de esto, estaré castigada por el resto de mi vida.

—Y a mí me arrancará la piel a tiras por traerte conmigo. No se en que demonios estaba pensando cuando te hice caso —le dijo Zero con frustración y durante una fracción de segundos, Yuki lo vio dudar entre contestar la llamada o cancelarla. Ganó la buena conciencia—. Kaien, antes de que comiences a gritarme, por favor cálmate y escúchame.

—¡¿Dónde están, maldita sea?! Me he levantado esta mañana como cualquier otro domingo, pero al ir a buscarlos, ¿que me encuentro? La sorpresa de que ambos se habían marchado de casa sin avisarme, escabulléndose en plena noche y dejando solo una nota. ¡Tienen hasta la medianoche para regresar a casa, Zero! ¡Y esto sí es una orden!

Yuki se arrodilló en el asiento del coche para poder acercarse hasta Zero y así oír la conversación a pesar de la mirada de enfado que este le dedicó. Ella lo ignoró completamente y sujetándole la mano lo obligó a inclinarse un poco para poder escuchar mejor.

—Lo siento mucho, pero no podemos —le dijo Zero a su padre—. Tenemos que resolver un pequeño problema antes de pensar en regresar. Pero no tardaremos más que unos cuantos días, te lo prometo, así que no te preocupes por nosotros.

—Preocuparme por ustedes es mi derecho, así que no te atrevas a decirme lo que puedo y no puedo hacer —le dijo Kaien enfadado—. ¿Es que has perdido la cabeza, Zero? Shizuka Hiou puede aparecer en cualquier lugar y prácticamente no sabemos nada de ella en estos momentos. Es peligrosa y tú lo sabes mejor que nadie, así que, ¿como puedes ponerte en esta clase de peligro y meter a Yuki también en ello? No creía que pudieras llegar a ser tan irresponsable.

Notó como ante ese comentario Zero se tensaba visiblemente, apretaba la mandíbula y una expresión tormentosa se reflejaba en su rostro. A pesar de lo mucho que quería a Kaien, Yuki se enfureció ante aquella acusación, sobre todo porque prácticamente ella lo había obligado a llevarla. Era consiente de que su padre no podía saberlo y comprendía que el miedo y la frustración lo hacían hablar sin pensar, pero aun así…

Sin miramientos, le quitó a Zero el móvil y se volvió a sentar en su sitio para que no se lo quitara.

—Eso que has dicho es muy injusto, papá —se apresuró a decirle indignada a Kaien—. El motivo por el que hemos viajado es importante y si yo estoy aquí es por decisión propia, de hecho, Zero no quería traerme pero lo obligué. Si estás enfadado por eso, regáñame a mí.

—Yuki… —Kaien maldijo por lo bajo e intentó tranquilizarse un poco—. Es peligroso para los dos que estén solos y sepa Dios donde. Por favor, convence a Zero para que regresen a casa hoy mismo.

—No —le dijo ella con rotundidad—. De momento estamos bien y cuando nos sea posible regresaremos. Te mantendremos informado.

—¿Dónde están, Yuki? Si me lo dices podré estar allí en…

Zero le quitó nuevamente el aparato y ella no protestó, porque la seriedad de su expresión le advirtió que no era un buen momento para discutir con él. Zero podía llegar a ser muy testarudo y malhumorado sin que a ella le importara meterse con él, pero cuando se enfadaba realmente, era preferible darle el espacio suficiente para que sus emociones decantaran un poco.

—Lo siento, Kaien, pero no podemos decírtelo. Cuidaré de Yuki lo mejor posible e intentaré no hacer nada estúpido, así que no te preocupes mucho por nosotros. Te llamaremos mañana.

—¡Adiós, papá, te queremos! —se apresuró a gritarle Yuki antes de que Zero apagará el móvil. A él, lo miró preocupada—. No te enfades con papá por lo que ha dicho, ¿vale?

Zero apoyó los antebrazos y la frente en el volante del coche cerrando luego los ojos por un momento. Siguiendo un impulso, Yuki le acarició la nuca y los rígidos músculos del cuello intentando aliviarle un poco la tensión.

—¿Cómo podría enfadarme con él si lo que ha dicho es verdad? —le preguntó en un tono cargado de remordimientos—. Trayéndote conmigo te estoy exponiendo al peligro, sin embargo la parte más egoísta de mí, necesitaba desesperadamente tenerte a mi lado en este momento. Por favor, perdóname, Yuki.

Alargando un brazo, ella le sujetó el rostro lo suficiente para llamar su atención y que la mirara. La pena que vio en los de él era tan grande que se sintió invadida también por los remordimientos, algo que no podía permitirse en aquel momento. Le sonrió.

—No hay nada que perdonar, ¿sabes? Estoy aquí contigo porque es lo que deseo, así que cambia esa cara —lo instó al tiempo que se inclinaba un poco y lo besaba en los labios—. Venga, bajemos del coche de una vez y entremos. Mientras más tiempo esperamos, peor será, ¿no me has dicho eso antes?

Zero le sujetó un mechón de su oscuro cabello y le dio un leve tirón que la hiso soltar un gritito por la sorpresa y el dolor para luego mirarlo ceñuda. Un amago de sonrisa apareció en sus labios.

—Eres mi peor castigo. Un verdadero incordio —le dijo él bajándose del coche.

Ella se apresuró a hacer lo mismo, asombrándose un poco al verlo nuevamente frente a ella mientras le sujetaba la puerta del coche para que bajara y le quitaba de las manos su bolsa.

—Para que lo sepas, tú tampoco eres el chico más dulce del mundo —le dijo Yuki por lo bajo—. Pero de todos modos te quiero.

Zero se giró a mirarla. La sujetó de un brazo para acercarla hasta él y plantarle un rápido beso en los labios.

—Yo también te quiero —le dijo antes de apartarla nuevamente y seguir su camino.

¡Dios, Zero era tan tonto! De igual modo, ella no pudo evitar sonreír como una idiota ante aquello. Quizas era uno de los efectos que provocaba estar enamorada.


Después de once años de ausencia, para Zero aquel regreso al que había sido su hogar, era complicado. No solamente porque los recuerdos de aquella noche en que toda su vida había cambiado para siempre parecían a punto de desbordarlo, sino que también por la complicada maraña de sentimientos encontrados que parecían desarrollarse dentro de él: miedo, angustia y tristeza, mescladas con la alegría de los buenos recuerdos de sus primos años y la añoranza. Sí, porque por sobre todas sus emociones, la añoranza provocada por aquello que había perdido era lo que más le perturbaba.

Yuki estaba a su lado y sin darse cuenta se había sujetado a su brazo, buscando de forma instintiva protección ante lo que les esperaba. Intentó mirar la casa que se mostraba ante ellos imaginando como se vería a través de los ojos de ella y no pudo evitar comprender porque su desazón. El jardín estaba terriblemente descuidado, con plantas y hierbas crecidas de manera salvaje, mientras que la fachada, antes blanca, lucía descolorida, sucia y avejentada. Por lo demás, parecía conservarse en buen estado, aunque hasta que entraran no podría asegurar con exactitud como estaría todo por dentro. Lo más probable fuera que en tan malas condiciones como el exterior.

—Bueno, supongo que tenemos que entrar —le dijo Zero de mala gana mientras buscaba en su bolsa el manojo de llaves—. No sé si vayan a servir, pero creo que aun tendrán que valer si no se han cambiado los cerrojos. Yagari nunca me dijo si lo había hecho o no.

—¿Y si no sirven? —le preguntó insegura Yuki.

—Romperé una de las ventanas para entrar. Si soy el dueño, no pueden acusarme de entrar en propiedad ajena, ¿verdad? —le dio un ligero apretón en la barbilla y se dedicó a probar llaves hasta que dio con la que necesitaba. Le costó un poco hacerla girar, sin embargo finalmente la cerradura cedió y la puerta se abrió—. Bueno, supongo que tengo que darte la bienvenida a mi casa, Yuki.

Ella entró con paso lento y temeroso, manteniéndose casi pegada a él. Como el día era gris y oscuro a causa de la próxima tormenta, las sombras parecían cubrir todos los espacios de aquella primera estancia; además, las cortinas cerradas no los ayudaban mucho. Yuki debió pensar lo mismo, porque armándose de seguridad, se dirigió hacia la ventana más cercana para abrirlas provocando que una nube de polvo los cubriera y los hiciera toser desesperados.

—Supongo que en once años se puede juntar bastante suciedad —le dijo ella con voz jadeante cuando pudo recuperar en parte el habla—. Si vamos a quedarnos aquí un par de días, Zero, tendremos que limpiar. Aunque sea solo por el bienestar de nuestra salud. No quiero agarrar alguna infección.

—Completamente de acuerdo —le dijo él mientras con bastante esfuerzo lograba abrir la ventana y dejar que entrara un poco de aire fresco. Se sintió inmediatamente aliviado—. Reconozco que no había pensado en este pequeño problema.

—Tenías cosas más importantes en la cabeza como para preocuparte por un poco de polvo. O bueno, bastante polvo —se corrigió Yuki mientras miraba todo con atención—. Sin embargo, sigue siendo una casa muy bonita.

Zero miró hacia la dirección en que ella estaba y notó como poco a poco, el dolor y los recuerdos lo abrumaban. Desde aquella posición podía ver el salón y el comedor, divididos por un largo pasillo que llevaba hasta las habitaciones en la parte posterior de la casa. Estaba casi convencido de que si prestaba atención, podría oír los gritos de él y su hermano cuando entraban gritando en la casa después de haber estado jugando fuera mientras su madre los regañaba por ensuciarlo todo y su padre intentaba calmarla con palabras indulgentes. Era un pequeño retroceso al pasado, como si el tiempo repentinamente se hubiera detenido…

—¿Dónde te has ido?

Zero miró confundido a Yuki percatándose de aquel pequeño lapsus de su inconsciente. Aquella casa estaba llena de momentos y recuerdos, por lo cual sería inevitable que los pasara por alto. Quizas, pensó, ese había sido el verdadero motivo para no haberla visitado en años ni tampoco haberse decidido nunca a ponerla en venta. Como tantas otras cosas en su vida, aquella estadía sería un paso más en su sanación.

—Al pasado. Me he perdido en mis recuerdos —le dijo él y sonrió con cierta tristeza—. Supongo que no puedo evitarlo, porque todo resulta tan… familiar. Viví aquí hasta que Kaien se convirtió en mi tutor legal. Son demasiadas cosas…

Acercándose despacio, ella lo abrazó con ternura. Un gesto simple y que habían compartido en infinidad de ocasiones, sin embargo en ese instante, quizás provocado por la misma situación en la que se encontraban, a Zero le pareció algo más íntimo y profundo de lo que cabía esperar. Normalmente, ese tipo de emociones tan intensas lo asustaban un poco, pero parecía que con Yuki no podía evitarlas.

Permanecieron juntos un momento más, pero después de unos minutos, ella se apartó rápidamente y comenzó a estornudar. Dios, aquellas toneladas de polvo iban a acabar con ellos.

—Creo que deberíamos terminar rápidamente con la exploración de la casa para saber que necesitamos y luego ir a comprar —le dijo Yuki mientras rebuscaba en su bolso hasta dar con los pañuelos de papel y así poder limpiarse la nariz—. ¿Nadie se ha pasado por aquí en todos estos años?

Zero se encogió de hombros.

—Puede que Yagari, pero jamás me ha dicho nada. De todos modos, aparte de lo sucia que está, no parece encontrarse en muy malas condiciones. De todos modos y como me sugeriste antes, podríamos buscar un lugar donde quedarnos estos días y venir solo a revisar lo que sea indispensable.

Ella parecía sopesar la idea durante unos instantes pero finalmente la rechazó.

—No vale la pena si la casa se puede habitar. Además, siento que a pesar de lo doloroso que puede ser esto para ti, tienes que estar aquí Zero. Quizas sea una buena manera de borrar tus últimos recuerdos de este lugar, ¿no crees?

Los últimos recuerdos que tenía de aquel sitio, pensó Zero, estaban cargados de dolor, miedo, gritos, sangre y muerte. Sus pesadillas más terribles, tenían esa casa como su escenario de fondo. Por ese motivo, ni siquiera le gustaba recordar lo bueno y había permitido que solo la rabia lo dominara aquellos últimos años. De algún modo, dejó que el asesinato de su familia le quitara no solo a las personas que quería, sino también lo que él había sido antes de aquella fatídica noche. Shizuka Hiou también le había arrebatado todos sus recuerdos.

—Quizas —reconoció Zero de mala gana—. Pero de momento prefiero concentrarme en el verdadero motivo que me trajo hasta aquí.

Como si se tratara de una amenaza que se cerniera sobre ellos, un trueno retumbó en el cielo, haciéndose notar aun más por el silencio que reinaba en la casa. Sin pensarlo demasiado, Zero tomó a Yuki de la mano y la sacó rápidamente de la casa.

—Pero, Zero… —comenzó a protestar ella, pero él la acalló con una mirada de advertencia.

—Te aseguro que se va a desatar también aquí una tormenta. Y si no recuerdo mal, en este sitio apartado de la mano de Dios, tienden a ser de las grandes. Así que más vale que nos aprovisionemos si tenemos que dedicarnos a trabajar en esa casa.

Yuki miró hacia el cielo oscuro y gris con preocupación, sin embargo luego le sonrió llena de optimismo, como casi siempre.

—Si nos damos prisa, podemos tenerlo todo más o menos decente antes de que anochezca. Será divertido.

Zero la vio meterse en el coche y pensó con fastidio que seguramente aquello era una de las cosas menos divertidas que había hecho en su vida, pero agradecía los ánimos que Yuki le daba. Por lo menos para uno de los dos, las cosas tenían siempre un lado positivo.


Maria entró apresuradamente al coche agradeciendo enormemente el poder protegerse del agua que caía a cantaros. La lluvia había comenzado hacía un par de horas atrás, pero auguraba una tormenta bastante larga. Suspiró.

—Bien, ¿cómo te ha ido?

Miró a Ichiru que estaba sentado frente a ella en el coche y negó pesarosa. Aun estaba dividida entre la certeza de haber hecho lo correcto al decirle que podía tener información sobre su familia, ya que de ese modo había logrado mantenerlo en su casa sin protestar, pero también se arrepentía en parte ya que él no la dejaba en paz decidido a saber que era lo que estaba pasando a pesar de que ella se negaba ha darle mayores explicaciones aun. Tenía que hablar primero con Zero y concertar de algún modo un encuentro de los dos chicos en el momento adecuado.

Y aquel era el principal motivo que los había impulsado a salir en un día como ese a pesar de la lluvia y el mal tiempo, sin embargo el padre de Yuki le había dicho que ninguno de los dos estaba en casa y él no sabía con certeza cuando regresarían. Un problema más que agregar a su lista, se dijo Maria.

—No ha ido bien. La persona con la que necesitaba hablar no se encuentra y puede que tarde unos cuantos días en regresar.

La mirada que Ichiru le dedicó fue tan fría y tormentosa que por un momento Maria se quedó desconcertada por lo familiar que le pareció. Si alguna vez había albergado la menor duda entre el parentesco de ambos chicos, aquel simple gesto la eliminaba de un plumazo. No le cabía duda de que Ichiru y Zero eran hermanos. Podían llegar a ser igual de desagradables.

—¿Qué es lo que sabes acerca de mi familia? —le preguntó él por enésima vez, aunque en esta ocasión su tono ya reflejaba la impaciencia que la situación le estaba provocando—. Vamos, Maria, dime por lo menos algo.

—Aun no puedo. Hay… algunas cosas que debo aclarar antes.

—¡Maldición!

—Lo mismo digo, pero tendrás que ser paciente y esperar. Además con este tiempo no puedes hacer nada más por el momento, Ichiru —Maria miró pensativa las gotas de agua que resbalaban por el cristal de la ventana del coche—. ¿Nunca te preguntaste nada sobre de donde venias no quien eras?

Al mirarlo, se dio cuenta de inmediato como a pesar de la actitud desenfada que parecía tener siempre respecto a ese tema, sus palabras le habían dolido un poco. Durante toda su vida había sido la única hija de un matrimonio que temía perderla en cualquier momento y por ese motivo en demasiadas ocasiones se sentía como si sus padres la asfixiaran. Los quería, sí, pero hubiera deseado que le otorgaran un poco más de espacio y libertad. Pero en ese instante, viendo lo afligido que parecía el chico que estaba a su lado, se preguntó que se sentiría el no tener ningún recuerdo de su familia. Ni bueno ni malo, solo el vacío. Tenía que ser terrible.

Maria quería dedicarle algunas palabras de consuelo y asegurarle que no debía responderle si eso lo hacía sentir incomodo, sin embargo él simplemente apartó la mirada y la concentró en el exterior. Ignorándola por completo.

—Durante los primeros años fue difícil —le dijo de pronto Ichiru—. En ocasiones tenía pesadillas además de la constante sensación de que me estaba olvidando de algo importante y me desesperaba. Y siempre estaba enfermo. Débil —él la miró nuevamente. Le sonrió sin una pizca de humor—. Después de unos cuantos años simplemente dejó de importar tanto y me concentré en aprovechar lo que tenía. Mis padres estaban muertos y nada iba a cambiar ese hecho, ¿verdad? Tuve suerte, porque Shizuka cuidó de mí aunque no tenía ninguna responsabilidad de hacerlo. Le estoy muy agradecido por todo lo que hiso.

—Temo que esto que estoy haciendo… no te cause mas que dolor —reconoció finalmente Maria—. Creo que es lo correcto… No, quiero creer que es lo correcto para ti y… esa persona, pero, ¿hasta que punto podrían complicarse las cosas? Supongo que yo también tengo un poco de miedo por lo que podría ocurrir.

Inesperadamente, Ichiru sujetó su mano y le dio un leve apretón. Un simple gesto pensado solo para reconfortarla, se recordó Maria, a pesar de lo nerviosa que se sentía por ello.

—Mmm… quizás si me dijeras de que se trata podría ayudarte a superar ese temor, ¿no te parece? —le dijo él con una sonrisa de diversión en el rostro. Maria apartó la mano con brusquedad y lo miró ceñuda—. Que terca eres.

—Y tú también. Creo que me gustabas más herido e inconsciente. Me lo ponías todo mucho más fácil.

Ante sus palabras de enfado, Ichiru simplemente rompió a reír a carcajadas. Una risa sincera, intensa y espontanea. De aquellas que provienen de los momentos en los que se es realmente feliz. Maria había tenido muy pocas de aquellas risas en su vida, por ese motivo, aquella muestra de despreocupación y alegría le sorprendió y fascinó a partes iguales.

—Lo tendré en cuenta, Maria. Aun así, recuerda que no te dejaré en paz hasta que me digas que es lo que sabes sobre mí. Solo espero que no tardes mucho, ya que en un par de días tengo que volver a concentrarme en buscar información de Shizuka.

Cuando el coche entró finalmente en los terrenos de su casa, Maria pensó con consternación en todas las cosas que tenían aun por hacer: hablar con Zero, intentar saber si realmente él e Ichiru eran hermanos, buscar a su tía y ayudarle si eso era posible. Apenas dos semanas atrás, los domingos solían ser días tan aburridos como cualquier otro. Como podían llegar a cambiar las cosas, ¿verdad? Con razón decían que había que tener cuidado con lo que se deseaba…

Pero al mirar a Ichiru que estaba sentado a su lado, tuvo que reconocer que no se arrepentía por nada de lo que había ocurrido. Había ganado un buen amigo.


Zero miró bastante satisfecho todo el trabajo que había avanzado durante las tres horas pasadas. La cocina estaba bastante aceptable y confiaba en que pudieran tener esa noche una cena decente porque estaba muerto de hambre. Aun agradecía infinitamente el que tuvieran agua y electricidad para poder sobrevivir los días que tenían por delante, aunque si la tormenta resultaba tan violenta como esperaba, podían pasar unos cuantos días a oscuras.

Después de haber hecho las compras necesarias, y haber tenido que soportar una cantidad abrumadora de miradas curiosas por partes de los habitantes del lugar, por fin habían regresado a la privacidad de la casa y tanto Yuki como él se habían concentrado en limpiar lo más posible. Aquel, pensó, sería un día perdido, pero por lo menos esperaba poder aprovechar el siguiente para buscar… lo que fuera que esperaba encontrar en aquel lugar.

Se estiró para relajar un poco los tensos músculos de su espalda y luego se dirigió a buscar a Yuki que se estaba encargando de las habitaciones. Nada más enfilar hacia el pasillo la vio fuera de uno de los cuartos, con una mano en el pomo y mirando con atención lo que había dentro de él. Cuando se volvió a mirarlo, Zero pudo notar como un dolor terrible se había apoderado de ella.

Yuki cerró la puerta de golpe.

—No puedes entrar aquí —le advirtió ella con una firmeza que mostraba muy pocas veces—. Ven, ayúdame con la otra habitación…

—Esa es la mía —Zero se acercó hasta ella y le acarició un mecho de su oscuro cabello—. Pero ya lo sabes, por lo que has visto allí, ¿verdad?

Yuki asintió y a pesar de los visibles esfuerzos que hiso por evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas. Él la envolvió entre sus brazos porque sabía el impacto que debía haber significado para ella aquella visión.

Aunque no lo había pensado demasiado, seguramente su habitación aun conservaría los vestigios de un baño de sangre. Su madre, su hermano y él habían sido atacados allí y por muchos años que hubieran pasado, había algunas cosas que el tiempo parecía incapaz de borrar. Que espantoso.

—Lo siento. No quería que tuvieras… —Yuki se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar desconsoladamente—. Lo siento tanto. Esto es tan horrible.

—Hey, no te pongas así cuando se supone que eres tú quien vino a consolarme a mí —Zero la abrazó con más fuerza y le acarició la espalda de forma lenta y constante para calmarla—. Todo esto nos va a resultar inevitable, Yuki, pero no podemos hacer más. Mi familia esta muerta, Shizuka Hiou sigue por ahí haciendo quien sabe que y nosotros… bueno, a nosotros nos ha tocado la parte complicada.

La oyó reírse ante lo absurdo de sus propias palabras e incluso a él mismo le entraron ganas de hacerlo. Se suponía que aquella situación tenía qué ser terrible por todo lo que implicaba, pero habían ocurrido tantas cosas que no estaba muy seguro sobre como debía sentirse con respecto a todo eso. Estaba triste, sí, y enfadado, pero por lo demás, se sentía bastante más tranquilo de lo que esperaba en un comienzo. Quizas en algún momento todo se le fuera de las manos, pero de momento estaba bien.

—Te está vibrando el móvil. Lo siento contra mi estómago —le dijo Yuki apartándose lo suficiente de él para que pudiera sacar el aparato y ver de quien se trataba.

—Es un mensaje de Kaito —le informó Zero—. Al parecer, también se ha enterado de nuestra pequeña fuga y no está muy contento conmigo.

—¿También quiere que regresemos?

—No estoy muy seguro. Aparte de insultarme solo dice que tiene que hablar conmigo sobre algo.

Zero leyó nuevamente el mensaje sopesando las opciones que tenía. Podía llamar a su amigo para saber que ocurría ya que podían ser noticias importantes; sin embargo, si

Kaien estaba presionando a Kaito para obtener información sobre el paradero de ambos, sería una mala idea ponerse en contacto con él. Lo llamaría al día siguiente, se prometió, después de haber comenzado su investigación y si era posible, con buenas noticias para darle y que de ese modo perdonara su falta.

—Zero… Tengo que confesarte que Yori también me ha llamado… Y he hablado con ella —le confesó Yuki con evidente culpabilidad—. Estaba preocupada por nosotros, pero le he dicho que estamos bien y que regresaríamos pronto. Lo siento, pero no podía dejarla así y que se asustara por culpa nuestra.

Él se encogió de hombros para restarle importancia al asunto.

—No tienes que disculparte por eso. En ningún momento hemos acordado no hablar con nadie mientras estemos aquí, solo creo que lo hace un poco más fácil. ¿Le has dicho donde nos encontramos? —Yuki se apresuró a negar y él se sintió más tranquilo—. Solo serán un par de días y luego volveremos a la normalidad, ¿te parece?

Las dos horas siguientes se la pasaron arreglando un pequeño cuarto de invitados que Zero estaba seguro casi nadie había utilizado en el tiempo en que él vivía allí, por lo cual resultaba un lugar mucho menos traumatizante para que pudieran descansar aquellos días. Luego de aquello, él se concentró por completo en la cena mientras Yuki se aseaba un poco antes de que pudieran comer.

Terminada la cena y mientras esperaba a Yuki en la cocina, comenzó a sentirse intranquilo y decidió recorrer un poco la casa para asegurarse de dejar todo cerrado antes de que comenzara la tormenta.

Quizas porque necesitaba hacerlo, o por puro masoquismo, se dirigió hacia la que había sido su habitación durante trece años. Durante unos cuantos segundos dudó con la mano apoyada en el pomo de la puerta. No tenía por qué obligarse ha hacer aquello, de hecho, sería mucho más fácil simplemente dar la vuelta y olvidarse de todo eso, vetando aquella zona de la casa durante su estadía. Sin embargo…

Al abrir la puerta lo primero que llamó su atención fue lo desnudo y triste que parecía todo. Muchas de sus cosas seguían estando allí: libros, juguetes, recuerdos; como si se hubieran quedado atrapados en aquel espacio en concreto. Una pequeña capsula del tiempo. Lo demás, estaba… vacío. Su cama solo era un colchón desprovisto de la ropa de cama y cubierto por una espesa capa de polvo.

Armándose de valor, dio un paso al frente y luego otro, hasta llegar junto a la cama y sentarse en ella. Con dedos temblorosos quitó la suciedad y recorrió una de las manchas oscuras que ahí se apreciaban, notando como un dolor agudo y sordo se expendía dentro de él. Era sangre, sí. Aquella tenía que ser la sangre de su hermano.

Una furia absoluta lo invadió en una oleada intensa. Rabia e impotencia por aquello tan injusto que no pudo evitar. ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡Todo aquello era tan malditamente retorcido! ¡Aquella mujer no tenía ningún derecho de arruinarle la vida!

Un gemido de dolor escapó de su garganta y antes de darse cuenta de lo que pasaba, notó que estaba llorando y no podía controlarlo. Nunca había llorado por la muerte de su familia, ni siquiera cuando con trece años, Yagari le informó que exceptuándolo a él, todos estaban muertos y tendría que irse a vivir con otras personas. No, Zero jamás se permitió llorar a sus muertos, hasta ese momento en el que parecía que aquel dolor se había desbordado por completo dentro de él.

Poco a poco se dejó caer al suelo hasta quedar sentado en medio de aquellos vestigios de recuerdos y sufrimiento. Nunca había creído que se pudiera morir de pena, pero las sensaciones que lo invadían en ese monumento resultaban tan devastadoras que lo creyó posible. Aquel sufrimiento podía sentirlo incluso como algo físico.

—¡Zero!

Se sorprendió un poco al ver que Yuki se arrodillaba a su lado y lo abrazaba. Oía que le hablaba aunque era incapaz de comprenderla porque se sentía completamente entumecido por dentro. Sabía que la estaba asustando con su actitud y quería explicarle lo que le ocurría, pero simplemente no podía hacerlo.

—Lo siento, lo siento, lo siento —le repetía ella sin parar en un desesperado intento por hacerlo regresar a la realidad—. Tranquilo, Zero. Todo va ha estar bien. Pase lo que pase, yo voy a estar contigo.

Un sinfín de imágenes pobló su cabeza, como una pila de fotografías lanzadas al azar o el ver una película a saltos. Todo eran retazos inconexos de recuerdos de antes y la noche del asesinato, una mezcla confusa e irritante que no le permitía pensar con claridad. Pero aquello…

Levantó la cabeza aterrado y miró a Yuki que lo observaba con sus oscuros ojos abiertos de par en par llenos de preocupación por él. Notaba los músculos doloridos y tensos, pero sobre todo la presión que sentía en el pecho le hacía difícil respirar. Era como estarse ahogando sin estarlo haciendo en realidad.

Zero sujetó la mano de ella desesperado, como si aquel simple contacto pudiera evitar que se hundiera más en aquella desesperación. Aquella imagen se volvía cada vez más clara y persistente en su cabeza. ¿Por qué nunca antes se había acordado de aquello?

—Lloraba —le dijo al fin a Yuki notando como su propia voz sonaba áspera y ronca a sus oído—. Lloraba y me decía que lo sentía.

—Zero, no te comprendo —Yuki le puso ambas manos en la mejilla para secarle las lágrimas y le sopló en el rostro. Él pestañeo sorprendido por aquello pero increíblemente pareció recobrarse un poco y ser consiente nuevamente de lo que los rodeaba—. ¿Me hablas de tu madre? ¿De tu hermano?

Él movió la cabeza negativamente.

—Shizuka Hiou —le dijo él, sintiendo como si pronunciar el nombre de aquella mujer en ese lugar fuera un sacrilegio—. Ella… me dijo que lo sentía una y otra vez mientras intentaba matarme. Y no podía dejar de llorar —Zero se cubrió el rostro con las manos y soltó una risa completamente carente de humor—. ¡Dios, esa mujer acababa de matar a mis padres e intentaba hacer lo mismo conmigo y solo me decía que lo sentía! ¿Qué significa eso, Yuki? ¿Qué demonios significa…?

Ella le obligó a apartar las manos para luego apoyar su frente contra la suya. Zero podía sentir su respiración lenta sobre su rostro y notar el rubor que cubría sus mejillas. Y las lágrimas. ¿Por qué Yuki siempre terminaba llorando gracias a él?

—No lo sé, pero lo averiguaremos, Zero. Te prometo que en algún momento sabrás la respuesta. Ahora, salgamos de aquí. Tienes que asearte un poco antes de comer. Y descansar, porque mañana tenemos un día muy largo.

El tiempo, pensó Zero, no podía medirse en espacios cortos o largos por mucho que uno lo deseara. Para todo el mundo, habían transcurrido once largos años desde aquel incidente, pero para él, en ese preciso instante, parecía como si todo hubiera acabado de suceder.

Aun así, aceptó la mano que Yuki le ofrecía y la siguió obedientemente fuera de allí. Cuando cerró por fin aquella puerta, comprendió que también había cerrado parte de su pasado con ella.

Y eso era bueno.


Kiryu era un maldito idiota, se dijo Kaito mientras salía apresurado de su apartamento después de haber ido a buscar unas cuantas cosas que necesitaba antes de volver a casa de Yagari. No podía creer que Zero fuera tan estúpido como para irse solo con esa cría como compañía sabiendo que las cosas se podían complicar en cualquier momento. Tengo un buen motivo, le había escrito él. Ya sabría Kiryu lo que era un buen motivo cuando regresara y él lo golpeara hasta sentirse satisfecho.

No podía evitar estar preocupado, sobre todo después de lo que había averiguado aquella tarde. Aun no era información segura y tenía que atar bien algunos cabos sueltos, pero al parecer su amigo tenía razón al sospechar de Maria Kurenai. La madre de aquella chica estaba emparentada con Shizuka Hiou, y aunque le costaba creer que la muchacha tuviera malas intenciones, no lo podía descartar completamente. Cosas más raras se habían visto.

Intentó nuevamente llamar a Zero, pero el móvil de este estaba apagado. Maldijo por lo bajo y salió rápidamente del edificio para dirigirse a su coche. No quería correr más riesgos de los necesarios y después de lo ocurrido durante los últimos días…

Se sorprendió muchísimo al ver que alguien estaba de pie junto a su coche. De forma automática se metió la mano al bolsillo del abrigo hasta dar con la pistola que siempre llevaba consigo, pero cuando aquella figura se giró, advirtió de inmediato que era Sayori. Aquello, lo asustó aun más.

—Vaya, vaya. No me puedo creer lo que me espera aquí —le dijo él con sarcasmo mientras la miraba divertido—. Si querías tener una cita conmigo para recordar viejos tiempos, solo tendrías que habérmelo dicho. No había motivo para que vinieras hasta aquí con este mal tiempo. O, ¿tenías otras intenciones, Sayori?

Ella lo fulminó con la mirada.

—Eres un idiota, Kaito.

—Si me lo sigues repitiendo sin cesar cada vez que nos vemos, puede que en algún momento me convenzas de ello. Y ahora, ¿el motivo de esta agradable visita?

—Te estas mojando —le dijo ella evitando su pregunta mientras le señalaba a la vez su paraguas y miraba el estado desastroso en el que estaba quedando su ropa. Kaito se encogió de hombros.

—Me agrada saber que aun te preocupas por mí, pero todos modos ya me vuelvo a casa de Yagari. Respóndeme, Sayori, ¿qué te ha traído hasta aquí? Pensaba que hubieras preferido morir antes de tener que volver a hablar conmigo, y como Zero y Yuki ya están oficialmente juntos, no tenemos mucho que hacer, ¿verdad?

Yori lo miró enfadada.

—Quiero saber donde están y sobre todo, el porque se han marchado —le dijo ella con notorio fastidio por no haber podido obtener aquellas respuesta gracias a sus propios medios y por lo tanto, tener que acudir a él—. He hablado con Yuki una vez, pero no me ha dicho gran cosa.

—Pues has tenido más suerte que yo. El idiota de Zero no ha querido contestar a ninguna de mis llamadas y solo me ha enviado un mensaje. Cuando regrese, lo voy a matar por esto.

Se quedaron allí, parados bajo la lluvia y simplemente mirándose unos instantes más. Era extraño, se dijo Kaito, como dos personas podían cambiar tanto hasta llegar al punto de no saber que decirse. Culpa de él, culpa de ella o culpa de ambos. En aquellos momentos, ya daba igual.

—Bueno… tengo que irme —le dijo Sayori rompiendo al fin aquella situación tan incómoda—. Si sabes algo sobre ellos…

—Te avisaré. No te preocupes —Kaito fue a subirse al coche cuando vio que ella seguía avanzando por la calle. La muy tonta había ido caminando justo en un día como ese. Las mujeres no tenían sentido común. Acercó el coche hasta donde ella se encontraba y le abrió la puerta del copiloto—. Súbete, te llevo.

Pensó que Yori iba a negarse, sin embargo para su sorpresa, obedeció sentándose a su lado. Kaito la miró de reojo y notó una punzada de angustia al darse cuenta de que ella parecía profundamente triste.

—No puedes ponerte así solo porque Yuki no te lo cuente todo, ¿sabes? Inevitablemente todo el mundo guarda siempre algún secreto.

—Claro que lo sé. No soy una niña como para comportarme de un modo tan infantil —le dijo ella en tono ofendido—. Es solo que… ¿Qué es lo que realmente está ocurriendo, Kaito? Sé que algo grave le pasa a Zero y que Yuki no puede evitar preocuparse por él. Actúan de forma extraña y… tengo miedo por ellos.

—¿Cuánto sabes sobre el pasado de Zero?

—No mucho. Que su familia fue asesinada y poco más. Él no cuenta nada y Yuki es como una tumba con respecto a sus cosas.

—Es complicado todo lo que pasa con Zero, y no sé cuanto te puedo decir sin traicionar su confianza —Kaito se concentró en la conducción intentando deshacerse de la incomoda sensación que tenía—. Deberías preguntarle directamente a él. Si quiere contártelo, lo hará, y si no quiere hacerlo, te lo dirá directamente antes de mandarte a paseo.

—Que gran consejo —le dijo Yori con sorna.

—Simplemente es la manera en que funcionan las cosas con ese chico. Por el momento, no te preocupes más y confía en que esos dos son inteligentes y saben lo que deben hacer.

Por lo menos, esperaba que Zero lo supiera, porque en su opinión, desde que estaba con Yuki, a su amigo todo parecía desbordarlo y verlo de esa manera era muy extraño. Kaito aun no estaba seguro de si aquella chica le gustaba para Zero.

Cuando algo llamó la atención en su campo de visión, se concentró un poco más para prestar atención a los detalles. Había un coche que parecía seguir el mismo trayecto que ellos, lo que no era nada raro, pero sentía algo… Dobló en la siguiente calle conteniendo el aliento y notó con alarma que el otro conductor hacía lo mismo.

Sayori lo miró asustada cuando él soltó una maldición.

—¿Qué te ocurre?

Kaito miró nuevamente al coche que los seguía de cerca. La lluvia le impedía vislumbrar bien la patente y saber quien era el conductor. Si hubiera estado solo se hubiera arriesgado a forzar un encuentro con aquel desconocido, pero con Yori…

—Nos vienen siguiendo —le dijo él con tranquilidad—. No sé quien es ni el porque, pero prepárate para cualquier cosa, ¿entendido?

Ella asintió nerviosa, sin embargo no perdió los nervios, algo que él agradeció. Dobló nuevamente en una calle angosta y desierta mientras pensaba a toda velocidad en lo que podía hacer para librarse de aquel sujeto.

Notó el golpe.

Miró asustado a Yori que había gritado bajito mientras se aferraba con fuerza al salpicadero justo en el momento en que el otro coche volvía a envestirlos. Aquello no podía estar pasando, se suponía que quien lo vigilaba solo se dedicaba a seguirlo y espiarlo, entonces, ¿por qué ahora quería sacarlo del camino? Dios, el que ella estuviera a su lado lo preocupada todavía más…

Kaito intentó virar hacia la calle que estaba a su derecha pero el otro conductor debió adivinar sus intenciones, ya que antes de poder comprender que pasaba realmente, notó un nuevo golpe en la parte posterior del vehículo antes de perder el control del coche definitivamente por culpa del pavimento resbaladizo por la lluvia.

Se estrellaron de frente contra uno de los edificios que había en aquella esquina, mientras sentía con fuerza el impacto en cada uno de los huesos de su cuerpo y oía los chirridos del coche y del amasijo en que se había convertido el metal.

Miró a Sayori que estaba pálida e inconsciente a su lado… y sangraba. Aquello lo hiso entrar en pánico, sobre todo cuando comenzó a tomar conciencia del dolor que se propagaba por su propio cuerpo. Un gemido escapó de sus labios cuando intentó girarse para poder verla mejor, pero una sensación terrible lo recorrió. Se llevó la mano al abdomen y comprobó que él también estaba herido y sangrando. Mucho.

Poco a poco el dolor siguió extendiéndose por su cuerpo seguido después por un leve entumecimiento. Y el frío. Hasta que finalmente todo se quedó sumido en la oscuridad. Había perdido el conocimiento.


Yuki terminó de ponerse el camisón y se sentó en la cama de la habitación que habían preparado sintiéndose cansada y somnolienta después de la cena y el baño. Estaba agotada, tanto física como mentalmente. Aquel primer día había sido difícil para ambos, sobre todo para Zero, ya que la carga emocional que todo aquello había significado parecía haberlo afectado bastante.

Oyó el sonido de las gotas de lluvia cayendo antes de verlas. En el silencio reinante de la casa podía percibir con facilidad aquel compás rítmico y constante que parecía perderse de vez en cuando por el gemido que hacía el viento. Finalmente, se había desatado la tormenta.

Se acercó hasta la ventana para mirar fuera mientras terminaba de secarse el cabello con la toalla. La calle parecía desierta y a la distancia se veían las demás casas tras aquella fina cortina de agua. Se preguntó si estarían bien Kaien y Yori, sintiendo a su vez como la invadía un poco de culpa por haberlos puesto en esa situación y preocuparlos, pero Zero la necesitaba mucho más que ellos y eso era lo que contaba. En algunas ocasiones, inevitablemente se terminaba haciendo daño a algunos aunque no se quisiera para proteger a otros.

Dejó la toalla sobre el respaldo de una silla para que se secara y oyó el sonido de una puerta al abrirse y cerrarse posteriormente, seguido luego de algunos pasos que se acercaban por el pasillo.

Zero.

Yuki se sentó en la cama sintiéndose como una tonta. Se llevó una mano al vientre que le dolía de la ansiedad y respiró profundamente intentando calmarse. Aquello era absurdo, se recordó, ya que ella y Zero habían dormido juntos en incontables ocasiones a lo largo de los años. No sería la primera vez, sin embargo…

En un comienzo aquella opción le había parecido la adecuada y por supuesto, la más lógica. La antigua habitación de él estaba descartada por motivos obvios y pensar en dormir tanto en el cuarto de sus padres como en el de Ichiru les habían parecido un poco inquietante. Por ese motivo, se quedaron con aquella pequeña habitación bastante impersonal, en la que no había recuerdos y ambos podrían sentirse más cómodos.

Y los dos estarían a solas.

—Deja de poner esa cara de preocupación. No voy ha hacerte nada, ¿sabes?

Yuki dio un respingo y se giró a mirar sorprendida a Zero que estaba apoyado en el marco de la puerta cruzado de brazos. No tenía idea de cuanto tiempo llevaba parado allí ni que había visto, pero se sintió profundamente avergonzada al saber que había adivinado lo que pasaba por su cabeza.

—Yo no… —comenzó a decir ella pero se calló de golpe—. Estoy solo un poco preocupada por la tormenta. Me asustan un poco.

Cuando Zero se acercó hasta ella, Yuki no pudo evitar que se el acelerara la respiración al tiempo que sentía como su corazón latía desenfrenado dentro de su pecho. ¡Dios, le latía con tanta fuerza que seguramente él sería capaz de oírlo! Se acuclilló frente a ella para poder mirarla directamente a la cara.

—Mentirosa. Pero supongo que esta vez tienes tus motivos para hacerlo así que te lo voy a perdonar —él le sonrió para luego rozar suavemente sus labios con los suyos antes de ponerse de pie—. Venga, metete en la cama. Tenemos que dormir. Para los dos ha sido un día muy largo.

Yuki le obedeció de inmediato, asustada y muerta de vergüenza. Se puso de costado sin atreverse a mirarlo, cubriéndose hasta la barbilla y conteniendo la respiración cuando notó que la cama se hundía levemente al sentarse Zero sobre ella.

Y un trueno hiso retumbar el cielo antes de que la lluvia comenzara a caer con una fuerza ensordecedora consumiéndolo todo. Y entonces se fue la luz, justo en el momento en que la tormenta se hacía más y más violenta.

—Maldición —oyó murmurar a Zero y lo sintió levantarse de la cama—. Espérame aquí, iré a buscar…

—¡No, quédate conmigo! —le suplicó Yuki mientras se arrodillaba sobre la cama y lo buscaba a tientas hasta encontrarlo y luego obligarlo a sentarse a su lado—. Da igual si estamos a oscuras porque nos vamos a dormir, ¿no? Pero quédate aquí. Por favor.

Zero soltó un suspiro de resignación pero accedió a su petición. Yuki sintió como la tranquilidad la invadía cuando él se acostó en la cama y la atrajo a su lado para abrazarla. Odiaba esa clase de tormentas aunque sabía que era una estupidez. Era como si le removieran en el alma recuerdos tan malos…

—Deja de pensar y duérmete —le dijo él mientras acariciaba de manera despreocupada con los dedos un mechón de su cabello—. Tienes que descansar. Los dos tenemos que hacerlo.

Con la cabeza apoyada sobre su pecho y escuchando los latidos fuertes y constantes de su corazón, Yuki comenzó a relajarse poco a poco. Aun aquel nerviosismo que parecía haberla invadido persistía en lo más profundo de ella, como un animal agazapado en un rincón que esperaba el momento oportuno para lanzar su ataque, pero tenía que ignorarlo, porque entre los brazos de Zero, podía recordarse que seguían siendo los mismo y no había de que atemorizarse. Estaba enamorada de él, y ya había decidido que tenían que estar juntos por lo que no tenía que preocuparse por nada. Pero lo hacía, porque todo lo que sentía en aquel momento era tan intenso. Todo parecía tan sumamente violento…

Contuvo la respiración cuando él se giró sorpresivamente colocándola de espaldas sobre el colchón y sentándose a horcajadas sobre ella. En la penumbra de la noche sus rasgos eran apenas visibles. Una débil sombra de aquel rostro que ella conocía de memoria. Pero no necesitaba verlo, pensó Yuki, porque de algún modo podía percibir con facilidad las emociones que bullían dentro de él.

—Basta —le dijo Zero con suavidad al tiempo que ella notaba como rozaba con sus labios su mejilla—. Estás tan nerviosa que inevitablemente me estás alterando a mí, Yuki. ¿De qué tienes miedo? No es la primera vez que pasas la noche conmigo.

¿Qué podía decirle? Ni ella misma sabía que había cambiado y desatado ese caos de sentimientos que la embargaban. Lo necesitaba desesperadamente, ansiaba tenerlo cerca y sin embargo no podía evitar que el miedo hiciera a su vez presa de ella. Aquellas emociones eran tan contradictorias que no sabía muy bien que esperar de ellas ni como afrontarlas.

—Quiero que estemos juntos. Quiero… Quiero que me hagas el amor, pero estoy muy asustada —le soltó Yuki rápidamente. El corazón le latía a mil por hora mientras un rubor intenso le abrasaba las mejillas. Se quedó unos segundos en silencio para que él asimilara aquella confesión—. ¿Crees que es normal sentirse así?

Zero se apartó de encima de ella para recostarse a su lado y esconder el rostro en su cuello. Su cálida respiración la estremecía por dentro y de forma inconsciente, Yuki llevó su mano hasta la mejilla de él para acariciarlo, recorriendo con la punta de sus dedos la piel de su barbilla. El contorno de su boca…

—En ocasiones, a mí también me asusta un poco pensar en ello —reconoció Zero. Su voz era baja y suave, provocando que aquel momento se volviera aun más íntimo—. Me provocas tantas emociones que la mayoría de las veces no sé como enfrentarme a ellas. Te amo y también te deseo, pero en ocasiones odio lo que me haces sentir, porque no lo entiendo. Así que sí, creo que es normal que tú también tengas miedos y estés confusa.

—¿Tú has…? Bueno, nunca me has dicho si… ¿Ha habido… alguien más? —le preguntó ella y contuvo la respiración esperando su contestación. ¿Pero en qué estaba pensando para hacer algo así?

—No.

No debería importarle, pero lo hacía. Yuki sabía que no podía exigirle a Zero más de lo que en ese momento tenían, pero egoístamente se alegraba de su respuesta. Se alegraba muchísimo.

Zero levantó el rostro para mirarla y atrapó la mano que aun tenía sobre su rostro bajo la suya. Despacio, la llevó hasta sus labios para besarle los dedos antes de bajarla y apretarla sobre su corazón. Poco a poco, sus ojos se habían ido adaptando a aquella oscuridad, por lo cual cuando sus miradas volvieron a encontrarse, lo que vislumbró en la de él la dejó fascinada.

—Solo deja de racionalizarlo todo —la instó Zero con ternura—. Relájate, Yuki. Sabes que preferiría morir antes que hacerte daño, ¿verdad? Porque te amo.

Ella contuvo la respiración al sentir su rostro aproximarse al suyo. Tan cerca, tan cerca, que la respiración de ambos parecía ser solo una. Tan cerca, que podía percibir la humedad de los mechones de cabellos que le rozaban al rostro. Se sentía atrapada… Hasta que con la delicadeza de una caricia, él posó los labios sobre los suyos logrando que desterrara al fin sus miedos.

Zero comenzó a besarla con tanta suavidad y ternura que Yuki poco a poco se fue olvidando del temor y los reparos que aun pudieran quedar... Con su boca sobre sus labios ella sentía que perdía rápidamente la razón mientras él la acariciaba y reconfortaba entre sus brazos. La recorrió un temblor de ansiedad cuando él deslizo las manos por su cintura y la apretó contra su cuerpo. Zero parecía necesitarla con tanto anhelo que por un instante Yuki creyó que no podría soportar más aquella tortura que no hacía mas que dejarla insatisfecha.

Cuando los labios de Zero descendieron hasta su cuello dejando un rastro de pequeños besos, Yuki sintió como el calor crecía entre sus cuerpos, a la vez que sus respiraciones se volvían cada vez más aceleradas y sus corazones palpitaban violentamente contra el pecho. Nuevamente la invadió una potente mezcla de sorpresa y emoción. Aquella necesidad de sentirlo cerca la embargó por completo haciéndola temblar por los nervios. Desesperada, le sujetó de los hombros para abrazarlo deseando poder llenar de alguna forma el vació de su vida y así convertirse en parte de él. Deseando desterrar sus penas y sus miedos. El pasado que tanto lo atormentaba.

—Si me pides que me detenga ahora, lo haré —le dijo Zero con la voz enronquecida y un poco entrecortada. Suspiró lentamente—. ¿Qué deseas que haga, Yuki?

Aquel, pensó, era el momento decisivo. Con solo una palabra suya podría detener aquello y estaba segura de que Zero no se lo reprocharía ni la presionaría. Él aceptaría sin vacilar sus deseos, y la parte de ella que tenía miedo la instaba ha hacerlo, sin embargo, también quería desesperadamente que estuvieran juntos. Lo necesitaba hasta el punto de volverse doloroso.

Solo una palabra, y lo cambiaría todo.

—Sigue —le dijo al tiempo que rozaba lentamente sus labios—. Sigue.

Fue entonces cuando percibió que algo dentro de Zero se relajaba. Se inclinó con suavidad hacia ella y comenzó a besarle los labios, provocándole estremecimientos al sentir su contacto. Suspiró ante la sensación de notar sus manos vagando a placer por su cuerpo, explorando y acariciando. Le hundió una mano entre los claros cabellos y tiró de él para besarlo de nuevo con un beso ardiente que le dejó una marca en el alma. Yuki contuvo la respiración para luego abrazarlo con fuerza.

—Te amo, Zero —le susurró ella junto al oído—. Quiero estar contigo porque te amo.

Las emociones que los embargaban a ambos en aquel momento eran tan intensas, que Yuki temió pudieran terminar consumiéndolos. Podía distinguir en sus pupilas violetas todo aquello que él ansiaba decirle, pero parecía como si las palabras entre ellos solo hubieran estado de más porque no habría bastando para expresarlo todo. Simplemente, volvieron a besarse.

Despacio, los labios de Zero se perdieron en su cuello para besarla con delicadeza, arrancándole suspiros. Yuki contuvo el aliento cuando notó que su mano resbalaba por su cadera para luego volver a subirla de forma lenta y un poco titubeante junto con la falda de su camisón, acariciando en su recorrido con suavidad sus piernas, sus caderas y su cintura hasta que finalmente logró quitarle la prenda por la cabeza. Al saberse prácticamente desnuda frente a él, Yuki no pudo evitar ruborizarse.

Zero no dejaba de observarla y parecía tan absorto en sus expresiones como lo estaba ella con las suyas. Posó los dedos sobre su rostro, acariciando su piel cálida, pálida y sensible bajo su contacto. Trazó la forma de sus ojos de color violeta que la miraban hipnotizados. Tocó su boca y sus labios entreabiertos.

Él no la hizo esperar más y la besó dulcemente, explorando con sus manos su cuerpo. A pesar de que era la primera vez que se sentía así, Yuki se dijo que jamás se cansaría de que la tocara, de estar con él, perderse en el olor de su piel. Lo abrazó acariciándole la espalda hasta que Zero se acercó más y ella pudo enredar sus dedos en los cabellos plateados de él.

Unos instantes después, él comenzó a besarle el cuello de nuevo y los hombros lo que le produjo una oleada de excitación. Despacio, fue bajando por el canalillo hasta llegar a uno de sus pechos y luego al otro. Los besó, los mordió, mientras ella sentía como se agitaba su respiración por momentos. Yuki se hundió un poco más en la cama, con los ojos cerrados, sintiendo como él continuaba con aquella lluvia de besos y caricias.

Cuando sus ojos volvieron a encontrarse, los dos se miraron con cierto rubor. Un poco nerviosa, Yuki metió las manos hacia el interior de su camiseta para acariciarle la espalda desnuda, recorriendo la piel y músculos que la conformaban, familiarizándose con su contacto. Y a pesar de lo avergonzada que aun estaba logró, con manos un poco temblorosas, ayudarlo a quitársela y contuvo la respiración cuando Zero terminó de desnudarse finalmente.

Le acarició el pecho con las puntas de los dedos, explorándolo muy despacio para apreciar las diferencias entre ambos. Notó como Zero temblaba levemente bajo sus caricias y en ese momento supo que a pesar de todo por lo que él había pasado y lo mucho que se había esforzado el destino por quitarle su ternura y su inocencia, no las había perdido completamente, porque su mirada reflejaba todavía la de un niño que tiene miedo. Y ella deseaba protegerlo.

Yuki se mordió el labio inferior cuando sintió como él introducía sus manos por los laterales de su ropa interior bajando cuidadosamente la prenda hasta sacársela finalmente por los pies antes de volver a sus labios y besarla apasionadamente. Por fin, totalmente desnudos se miraron el uno al otro por unos instantes, hasta que ella lo abrazó con fuerza, besándole el cuello e instándolo a seguir, sin embargo, momentos después abrió los ojos sorprendida al sentir las manos de Zero recorrerle los muslos y separándole las piernas a medida que iba avanzando.

—Sigo teniendo miedo —le dijo Yuki con voz apenas audible—. Intento calmarme, pero sigo estando asustada.

—Tranquila. Yo también lo estoy —le dijo Zero y besó suavemente sus mejillas para darle confianza—. Pero todo irá bien. Lo prometo.

Yuki se relajó un poco y lo besó para que entendiera que le creía. Cuando él correspondió a su beso, ella se quedo sin aliento. La fuerza de lo que sentía la asustaba, sí. Estaba desnuda en sus brazos y ya no podía dar marchar atrás, pero tampoco deseaba hacerlo, porque aunque iba mas allá de lo que hubiera podido imaginar, la intimidad del momento la tenía embelesada. Lo deseaba desesperadamente. Aquello era simplemente perfecto.

Momentos después, separándole las piernas con una caricia, sintió que él entraba en ella muy despacio y con delicadeza. Contuvo el aliento al notar un latigazo de dolor por lo que estuvo apunto de gritar pero Zero le susurró palabras tranquilizadoras hasta que de a poco el dolor se fue desvaneciendo. Cuando sintió que él se estremecía entre sus brazos, comprendió que esa experiencia sería inolvidable para ambos.

Zero fue moviéndose poco a poco y ella siguió el ritmo que él le marcaba, primero suave, después más frenético. Pensó que era como un extraño baile en el que sus cuerpos sudorosos subían y bajaban cada vez más rápido, casi haciéndose daño y arrancándose gemidos. Yuki podía oír sus jadeos en su oído mientras ella le envolvía con sus piernas las caderas para sentirle más cerca. Eso le produjo una especie de escalofrío por todo el cuerpo, como un cosquilleo que se extendió por sus venas hasta llegar a sentir la tensión que recorría sus cuerpos para finalmente acabar en un tipo de explosión y distensión.

El cuerpo exhausto de Zero cayó sobre ella inerte y sin fuerza, pero siguieron abrazados pese a todo. Nada ni nadie hubiera podido separarlos en ese momento. Mientras ella enredaba sus dedos entre sus cabellos y acariciaba su nuca escuchó un susurro:

—Por sobre todas las cosas, te amo. Porque tú, compensas todo lo malo.

Yuki cerró los ojos mientras oía la tormenta que se desataba fuera y la que parecía estar creciendo a su vez dentro de ella después de haber oído sus palabras. Porque ella, también le amaba de la misma manera.


Bueno, aquí el capitulo once de este fanfic y espero les gustara sin llegar a resultarles demasiado agotador. Yo reconozco por mi parte que para mi sí lo ha sido, quizás por el hecho de haber tantas emociones diferentes entre diversas situaciones.

Por lo demás, al fin, y para las que lo esperaban, ha aparecido el "lemon". Confío en que haya estado a la altura de la expectativas de todas, tanto las que lo querían como las que no, y haya resultado una escena bonita sin llegar a ser chocante. Lamentablemente en muy difícil llegar a ser imparcial cuando se escribe, así que mi opinión no cuenta mucho.

Como siempre, agradezco a todos los que se dan el tiempo de leer y dejar comentarios. Saber que la historia sigue gustando anima mucho a seguir escribiendo sobre todo los días en que hay menos ganas.

Meel Fozthii: Como siempre, gracias por seguir leyendo. Tu idea del encuentro entre Maria, Ichiru, Zero y Yuki me ha parecido interesante (y también a Taormina que lo ha señalado en su comentario) así que si te parece bien, me lo pensaré para trabajar la idea, ya que me ha venido muy bien porque aun no tenía muy claro como juntarlos sin que fuera una situación extremadamente violenta o dramática.

akari hiroyuki: Lo de Ichiru de momento va bien, aunque supongo que también le esperará su cuota de dolor al saber la verdad y su encuentro con Zero, ya se vendrá en los próximos capítulos así que hay que ver como salga. Muchas gracias por seguir pendiente de mi historia.

Linwen: Muchas gracias por tus felicitaciones, la verdad es que a mi también me sorprende un poco que la historia haya gustado tanto. Lo de un capítulo especial de momento lo veo complicado, más que nada porque la universidad me quita tiempo y entre esta historia y algunos encargos más, me parece un poco difícil. Sobre el final de la historia, aunque no lo sé con seguridad, por lo menos tanteo que irá de momentos por la mitad ya que debería rondar los veinte. Y sobre lo de otro Zeki, muero de vergüenza al reconocer esto, pero no he leído nada más. De hecho, después de comenzar esta idea publiqué aquí por consejo de una amiga, así que estoy un poco perdida con respecto a eso. Siento no poder serte de más ayuda.

Taormina: Espero que este capítulo también te haya gustado y gracias por seguir leyendo. Reconozco que la escena del pastel la hice un poco al azar sin pensarla mucho y salió más del momento que por necesidad real, y solo después de publicarla se vinieron a mi mente mil variantes para la misma. Lo de Shizuka y Zero es un asunto complicado y se desatará muchos problemas no solo a ellos y con respecto a la escena del reencuentro de los gemelos junto a Yuki y Maria, como le he comentado a Meel, la trabajaré un poco haber que tal sale.

Neko589: Gracias por seguir leyendo mis historias y espero que te haya gustado este capítulo. He leído otra de tus historias (disculpa la demora y el ir tan lenta, pero en ocasiones siento que la universidad me consume) y te he dejado el comentario correspondiente. Que tengas un buen regreso a clases.

Nou—hime: Muchas gracias por tus palabras, animan mucho. Y si sigues con la historia, espero te siga gustando y no defraude.

Yahiro: Me alegro de que te haya gustado el capítulo anterior y espero que este también, sobre todo porque me ha sido imposible reducir el número de páginas a pesar de que mi idea original era que fuera mucho más corto. Sobre el final de la historia, como le comenté a Linwen, lo más probable es que el fanfic ronde los veinte capítulos aunque aun no lo tengo fijado con seguridad. Lo del "lemon", pues ya ha sido y espero que haya gustado y haya cumplido las expectativas (creo que nunca en mi vida había revisado tantas veces una escena escrita). Lo de Kaname con Shizuka, es un asunto complejo así como el pasado de él y todo lo que eso significa y sobre una posible separación de Yuki y Zero, lo siento, no puedo adelantar nada aun. Y sobre todo, muchas gracias por seguir cada semana mi historia y que te guste tanto. Muchas, muchas gracias.

ShadowDancer: Me alegra mucho saber que la historia te sigue gustando tanto y bueno, la idea es un poco esa, que puedan comprometerse con las emociones de los personajes y si es así, me doy por satisfecha. Lo de Kaito, bueno, en este capítulo se han complicado un poquito las cosas para él y con Kaname y Shizuka, se viene un enfrentamiento de dos personajes con mucho carácter. Y lo de Yuki y Zero a solas, después de este capítulo, ¿qué más puedo decir?

Tania: Lo primero, me alegro muchísimo de que ya tengas internet y ya puedes leer tranquila (reconozco que personalmente estar sin él para mies terrible) y saber que la historia te sigue gustando tanto. Lo de Kaito, bueno, las cosas se pusieron un poco complicadas para él así que solo queda esperar, y lo mismo con Shizuka, porque ella es más peligrosa de lo que se ha visto hasta el momento. Lo de Zero y Yuki a solas, a llevado por fin al "lemon" que muchas esperaban, así que solo espero les haya gustado y resultaba como esperaban. Y bueno, muchas, muchas gracias por seguir leyendo a pesar de todo.

Vampyr: Muchas gracias por tus palabras y por seguir con mis historia. Espero que de aquí al final no te defraude. Muchas gracias.