Baúl de recuerdos

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Disclaimer: Historia ficticia hecha por una fan sin fines de lucro.

Resumen: Nyo!Mundo. Serie de viñetas con los Nyotalia. Margarita. Italia del Sur quería sorprenderle y regalarle una flor, pero no sabía cuál. Quien menos se lo espera la ayuda. ¿Me amas? Italia del Sur/Bélgica.

Personajes: Nyo!Italia del Sur, Nyo!Bélgica y Nyo!Países Bajos.

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Mary Foster, Chocolate n' Cokkies muchas gracias por sus reviews :)


21. Margarita

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¿Me amas?

Ese era el día perfecto para llevar acabo el plan que con esmero había elaborado. Lo sorprendería regalándole aquella flor y después le pediría un beso. Era una idea perfecta. Ahora solo debía ejecutarla. Por ello la pequeña Italia del Sur era cuidadosa.

Giró su cabeza de izquierda a derecha y agudizó el oído en busca de alguna presencia. Segura de que no había nadie que se interpusiera en su camino corrió al invernadero que cuidaba la holandesa, rezando para que no estuviera trabajando en el lugar como acostumbraba, y le diera vía libre.

Se detuvo frente al invernadero y respiró profundamente, para recuperar el aire. Con el mayor sigilo posible abrió la puerta, asomándose antes de entrar. Sonrió feliz cuando notó que el área estaba despejada. Ahora solo necesitaba encontrar rápidamente la flor y salir de ahí. Así le daría un bonito regalo a su amor y podrían iniciar su historia juntos.

Caminó observando cada una de las flores que había ahí ¿cuál sería la mejor? El tulipán al instante lo descartó, por un lado le atemorizaba la idea de enfrentarse a Holanda si ella se enteraba que se había atrevido a tocar una de sus amadas flores y más aún, no deseaba que al ver el tulipán su amor pensara en su hermana y no en ella. Eso sería fatal.

Después pensó en la rosa. Esa era la flor que la francesa siempre regalaba cuando quería conquistar a alguien —lo cuál era casi todo el tiempo—. Aún recordaba cuando había llenado a España con ramos de rosas. El belga había sonreído al ver el apuro de la "Jefa" con tantas flores ¿pero si entonces pensaba en la francesa y que el regalo era de su parte? Negó al instante con la cabeza. Detestaba esa idea.

Suspiró, ella no conocía mucho de flores. Tal vez debió preguntarle a alguien antes, pero a quién ¿España? ¡Jamás! No quería que su Jefa conociera los sentimientos que tenía para el belga, solo de pensarlo la apenaba. ¿Holanda? Daba miedo. ¿Francia? Aún más y a España no le gustaba que se acercara demasiado a ella.

Levantó la vista y se topó con unos girasoles. Esa podría ser una buena idea. Era una flor hermosa, grande y luminosa, como sus sentimientos. Además se movía para seguir al sol. Como ella con el belga. Sonrió, era una idea brillante, pero al acercarse, justo antes de tomarla una terrible imagen pasó por su mente ¡la rusa! No, no, no. Retrocedió. ¡Empezaba a resultar más difícil de lo que ella creía!

— ¿Qué se supone que estás haciendo aquí?— cuestionó una gélida voz a su espalda. La italiana tembló y se giró con lentitud, hasta que se topó con la inmensa figura de la neerlandesa, que la veía con ojos de piedra y las manos en las caderas. —Espero que no tocaras nada.

—Solo veía— afirmó Italia del Sur. Mientras retrocedía un paso ¡maldición, esa mujer era terrorífica! Pensaba. Más cuando tenía esa maldita expresión de desagrado. Ante el silencio de su interlocutora le enseñó las manos, para demostrarle que le decía la verdad. En todo caso, si le hacía algo se las tendría que ver con España y eso a ninguna le convenía ¿verdad?

—Bien, por lo visto ya pudiste observar lo que querías. Fuera— contestó Holanda, mientras amarraba su rubio cabello en una coleta alta.

Italia soltó el aire que no sabía sostenía y se alejó ¿por qué tenía que ser tan alta? ¿Por qué tan cortante? La insultó mentalmente por arruinar sus planes y decidió salir del lugar antes de que alguna palabra se le saliera o la otra se arrepintiera.

—Yo le daría margaritas —alcanzó a escuchar antes de salir. Por lo que volteó a verla sorprendida ¿sabía algo? ¿Por qué lo decía?

— ¿Qué?— preguntó a la holandesa, que se había girado y ahora le daba la espalda en busca de las cubetas de agua. Seguramente había oído mal, porque ya no recibió respuesta. Frustrada la italiana salió y se dirigió al jardín.

Se dejó caer en el pasto y observó a una prudente distancia las margaritas, mientras pensaba en lo que le parecía que había oído por parte de la holandesa ¿en serio? Gateó hasta la flor y tomó una en sus manos, pensó en quitarle pétalo por pétalo, con el típico ¿me quiere o no me quiere? Pero las palabras de Holanda aún se repetían en su mente, por lo que optó por tomar varias y formar un pequeño ramo. Notó que había una sola amarilla, así que la tomó y la rodeó de blancas.

Cuando terminó y antes de perder el valor se puso de pie. Corrió por toda la casa en la búsqueda del belga. Primero fue a su habitación, al no encontrarlo se dirigió al salón, después al despecho, al cuarto de España, a la cocina, al sótano ¿dónde estaba? Se mordió el labio y regresó al cuarto de Bélgica, pensando que en algún momento debía regresar, cuando lo vio salir del cuarto de Holanda.

— ¡Bélgica!— lo saludó efusiva y corrió hacía él.

—Hola pequeña— respondió sonriente. Italia sintió que se le pararía el corazón. Él era tan guapo y perfecto. — ¿Me buscabas?

La italiana asintió, sonrojada e increíblemente nerviosa ¿qué le pasaba? Se le quedó viendo y no encontró las palabras que con tanto esmero había pensado (y ensayado). Sonrió tímida. Sintiendo la carga de esa mirada verde que tanto le gustaba, que la hipnotizaba.

—Que flores tan bonitas— le dijo él ante el silencio de la pequeña italiana, que pareció reaccionar con las palabras y le extendió el ramo a la cara. El rubio miró con dulzura el detalle de la pequeña. — ¿Son para mí?

Ella volvió a asentir, muda. Sin tiempo para maldecirse porque estaba muy ocupada viendo al belga y controlando que el corazón no se le saliera de lo rápido que latía.

—Muchas gracias, dulce señorita— susurró, galante, mientras tomaba el ramo en sus manos y agitaba el cabello de Italia. Se agachó para estar a su altura y le dio un beso en la mejilla.

Italia se sintió arder. Estaba maravillada, estaba encantada ¡su amor la había besado! Suspiró radiante. Se giró y corrió al lado opuesto de Bélgica. ¡Jamás volvería a lavarse esa mejilla! No prestó atención en Holanda que la veía con una ceja arqueada.

—Esa niña es rara— le dijo a Bélgica, que tenía un ramo de margaritas en su mano. "Y predecible" agregó para sus adentros, disimulando una sonrisa.

—A mí me parece tierna e inocente— contestó él. —En el libro que me prestaste leí que las margaritas significan amistad ¿a poco no es linda? Por cierto, lo dejé en tu cama. Gracias.

—Las margaritas blancas significan amistad— coincidió su hermana. Mientras avanzaba a su cuarto— pero las amarillas son una declaración: ¿me amas? Parece que no leíste tan bien, hermanito.

Ante las palabras un ligero rubor se extendió en las mejillas del belga, más cuando Holanda colocó la mano derecha en su hombro y lo apretaba cariñosa, mientras reía con una risa tan ligera como la brisa.

—Eres todo un galán.


Notas de la autora:

Antes que nada y si terminaron de leer muchas gracias :)

Sé que soy una mala autora por tener tanto tiempo sin actualizar :C Pero entre la facultad, la tesis y un horrible bloqueo (en verdad fatal) no había salido ¡nada! En serio lo intentaba y me apena mucho con mis regulares lectoras. Una disculpa enorme (ojalá alguna lo lea). Espero poder retomar el ritmo, aunque me está costando, como habrán notado.

De la historia no tengo mucho que decir. Solo que amo la Tomato Gang y tal vez por eso pude volver escribir con o más bien de ellos.

Y bueno, aún así espero alguien desee decirme qué le pareció, los comentarios siempre son bien recibidos :)

Son las lectoras quienes le dan vida/alma al escrito, quien escribe le da cuerpo.

Saludos ;)