Ni Digimon ni sus personajes me pertenecen. La historia de las siguientes líneas, sí.
Dos castaños corrían enérgicamente por las canchas del campus, las nubes cubrían amplia porción del cielo volviéndolo imperceptible. La ojimiel se detuvo colocando sus manos sobre sus rodillas y encorvándose un poco. Taichi se detuvo en seco segundos después mirando como la espalda de la muchacha subía y bajaba agitadamente, se acercó a ella y colocando una mano en su hombro habló.
—Es suficiente por hoy.
La castaña alzó la mirada topándose con una sonrisa cálida. Estuvo apunto de renegar y apostar por otra vuelta pero las gotas de sudor que ahora le bañaban hasta los labios le impidieron las palabras. Solamente pudo asentir despacio con la cabeza e incorporarse para caminar juntos hacia las duchas.
Dos golpecitos bastaron para tirar la ceniza que caía con gracia directo hacia el pasto decorado con rocío matutino. Era demasiado temprano aún. Llevaba desde el sábado sin poder conciliar el sueño y despertándose antes del amanecer, algo raro ocurría con él y lo confirmó cuando ni el cigarro pudo quitarle la ansiedad que le recorría el cuerpo.
Soltó un bufido y el cigarro al mismo tiempo, ni siquiera se molestó en pisarlo antes de continuar con su camino andando sin rumbo alguno simplemente dejándose llevar por sus instintos. No se reconocía. Estaba molesto consigo mismo y ensimismado en sus pensamientos se encontró de pronto frente a la puerta del salón de música. Palpó su bolsillo derecho y se dio cuenta que no cargaba su armónica. Siempre cargaba su armónica. Agitó la cabeza y respiró para tranquilizarse.
—Será mejor esperar en el salón. —dijo para sí mismo y emprendió el camino que conocía de memoria.
Caminaba desganado, sin ilusión, detrás de un montón de estudiantes que se dirigían a su mismo destino. Rodó los ojos y pensó como ir a la escuela en aquel instituto se había convertido en un completo fastidio. Divisó a lo lejos a Taichi y se detuvo en seco provocando que la multitud se tropezara entre ellos.
—¡Oye qué te sucede! —gritaba un estudiante, pero cuando Matt le dirigió una mirada asesina éste simplemente bajó la cabeza y se fue. El moreno entonces también identificó a Matt y caminó hacia a él.
—Hey, ¡llegas temprano! —sonreía el moreno.
—Lo lamento —se disculpó el rubio, lo miraba fijamente a los ojos.
—Oye, no es nada por lo que te debas disculpar, incluso creo que deberías hacerlo más seguido… —el moreno se rascaba la nuca. Yamato sonrió de lado, enternecido, ante la torpeza de su amigo.
—Me refiero a lo del sábado, fui un cabrón contigo y no lo merecías. Definitivamente Sora a veces se mete entre mis nervios.
—¡Ah! Sobre eso… quisiera hablarte de algo…
Taichi estuvo a punto de comentarle que él quería liderear pero un montón de estudiantes más los empujaron hasta adentrarlos en el salón. Casi todos estaban ocupando sus lugares correspondientes y se dieron cuenta que sobre sus mesas yacía un sobre. Reconocieron el sello aún desde la distancia.
Yamato corrió a su esquina y lo sostuvo entre sus manos. Henry. Frunció el ceño.
—Hoy. 10:00 pm. —Dijo Sora susurrando lo más bajo que pudo. Taichi asintió y guardó el suyo inmediatamente en su mochila. Se tiró aliviado en su asiento.
—Taichi —dijo Matt para llamar su atención y miró fijamente el pupitre de Mimi, en donde también reposaba un sobre. Taichi se estiró para guardarlo en su mochila y levantó el pulgar en señal de éxito.
La ojimiel llegó minutos después, tomó su asiento de costumbre y Taichi le entregó el sobre. —Ábrelo hasta que llegues a tu habitación. —le dijo despacio.
Una pelirroja estaba sentada en el borde de su cama son el sobre entre sus manos. Sabía que le pertenecía a Henry y sabía que lo que contendría significaría otro encuentro brutal más lo abrió con toda delicadeza. El sobre estaba sellado con cera, como cuando los reyes firmaban antiguamente, así que pasó el dedo índice suavemente entre el papel y lo deslizó hasta que rompió el sello color azul oscuro con una H en medio.
"Mismo. Diez. Solo Uno. Aventura. Silencio. Pronto. Muy."
El contenido de la carta se basaba en palabras claves, de manera que si alguien más lo encontraba se vería confundido ante lo que leería. Hoy habrían que reunirse en el mismo lugar, a las diez para elegir al próximo líder, Taichi o Yamato. Se tiró sobre su cama exhalando pesadamente, miraba el techo con fijeza.
—No pensé que nos citaran tan pronto.
—Esto se podría haber decidido la vez pasada si la "princesa" no hubiera interrumpido. —Rika se incorporó de inmediato, Ryo estaba recargado sobre el marco de su puerta. Ni siquiera había escuchado cuando se abrió. El muchacho sonrió, mirándola.
—Ryo, ¿qué haces aquí? —Rika estaba sonrojada, era evidente. Después se recordó los tratos que el muchacho había tenido para con ella y recobró el semblante serio y duro que la caracterizaba.
—Vine a dar una vuelta, asegurarme que todos hayan recibido sus cartas.
—Bien, ya puedes estar seguro. Leí la carta. —La muchacha miraba hacia otro lado. Ryo se acercó a paso lento, sus botas resonaban en el interior de Rika trayendo de vuelta mil recuerdos. Él se inclinó quedando a la altura de la oreja de la muchacha.
—Algún día podré explicarte todo. Jamás dejaste de importarme y jamás lo harás pero, frente a los demás… no puedo dejar que vean eso. Corro peligro y también tú, así que es mejor mantener la distancia. ¿Bien? —La muchacha volvió a tener el color rosado en las mejillas. Giró el rostro para mirarlo a ls ojos. Sonrió ligeramente.
—Bien. —Ryo rozó sus labios solo un instante y después se fue. Rika se quedó estática.
La noche cayó sin premura, el viento corría agresivamente y las estrellas se veían ocultas tras una capa de nubes grises. probablemente llovería. Los elegidos ya estaban dentro de la segunda sala, todos en sus respectivos asientos, esperando. Joe y Henry cruzaron la puerta y todos se levantaron. Es parte de los beneficios de ser liderar y técnicamente, Henry aún es líder. Hasta hoy.
—Bien, como todos saben hoy terminará mi magnífico mandato. Intenté retrasarlo lo más posible pero Joe presionó en que fuese hoy por "ética" y no sé que otras cosas más, así que… terminemos con esto rápido, ¿quieren?
Henry se colocó tras una mesa con Joe a su lado, la sala estaba en completo silencio observando los movimientos que el peliazul realizaba. Organizaba un montón de papeles y leía algunas cosas de tarjetas. Carraspeó la garganta.
—Bien. Taichi Yagami y Yamato Ishida, pasen al frente. —Ambos muchachos se colocaron al lado del otro, mirando a Henry de frente y dándole la espalda a los demás.—Haré la pregunta por protocolo, ¿quién será líder?
—Yo seré. —dijeron al mismo tiempo.
—¿Qué? —Dijo Yamato sorprendido, mirando a Taichi.
—Tú fuiste el líder pasado, ahora lo seré yo. —Dijo el moreno, sin apartar la mirada del frente.
—Tai, pero…
—¡Entonces! —dijo Henry interrumpiendo— Esto significa que hoy habrá pelea. Prepárense ambos y los veo en el ring en 15 minutos.
Ambos muchachos estaban en cada extremo del ring, vestidos únicamente con jeans y camisa interior se preparaban mentalmente para comenzar la pelea. Henry y Joe ya estaban en sus puestos, Joe listo para monitorear la pelea y Henry para ceder su lugar. Los elegidos que los miraban desde sus asientos estaban incrédulos de la situación, Kari y T.K. estaban preocupados por sus respectivos hermanos, Sora se mordía las uñas, Izzy estaba desconcertado y Mimi estaba nerviosa, molesta y asustada.
Los ojos azules del rubio penetraron los cafés del moreno, ambos se habían enfrentado mucho antes y no había terminado nada bien. Rezó para que su amistad no se fragmentara después de esto.
El silbato que daba inicio la pelea resonó en los labios de Henry causando un rebote de adrenalina en los cuerpos de ambos peleadores. Taichi se abalanzó hacia Matt buscando ser el primer golpe, sin embargo Yamato lo esquivó sin dificultad, el moreno debía seguir buscando atacarlo, debilitarle las piernas pues ese es uno de sus puntos más fuertes. Los dos muchachos se conocían a la perfección, Yamato conocía la técnica de Taichi quien siempre buscaba ir agresivo desde el inicio y Taichi conocía a Yamato; él cansaba a su oponente.
La persecución duró unos segundos hasta que Tai lanzó una patada al suelo, que derrumbó al rubio y entonces se subió en él, apresándolo con sus piernas y cortándole el movimiento. Taichi soltaba puños a diestra y siniestra hacia sus hombros, buscando atontar al muchacho para que no pudiera responderle más adelante, sin embargo el rubio empujó el moreno liberándose de su agarre. Tai lo miró en la distancia y sonrió. Dos segundos después se encontraba corriendo directamente hacia él con la mano hecha un puño.
Yamato esquivó los golpes, midiendo la velocidad de estos y cuando encontró la oportunidad asestó uno en el estómago, aturdiendo a Tai. Entonces pateó su costado empujándolo directo hacia las cuerdas. Yamato se acercaba lento, como era su costumbre, esto le permitió a Tai recuperarse y esperó a que Yamato estuviera lo suficientemente cerca para volver a lanzarle una tanda de puños.
Yamato contestaba los golpes y pronto ambos se vieron envueltos en un lanzador de puños y patadas, en donde solo se veían sus cuerpos moverse contra el otro. Tai comenzaba a cansarse y Yamato iba a aprovechar eso, asestó un golpe al pecho con la suficiente fuerza para tirarlo, se encaminó hacia el moreno quien se incorporaba para seguir golpeándolo pero algo lo detuvo.
—¡Ishida! —el grito de la ojimiel no solo hizo que el rubio volteara, sino toda la sala. Los ojos azules de Yamato se centraron por completo en Mimi. Ésta negaba con la cabeza, mordiéndose el labio. Estaba asustada.
—Perdóname —solamente movió los labios, sin emitir sonido alguno. Se giró para anunciar su renuncia cuando un puñetazo lo tiró al suelo. Taichi ya se había incorporado y golpeó el labio del rubio con todas sus fuerzas. Éste cayó directo al suelo y la sangre no tardó en escurrir.
Se incorporó, tocándose el labio y al ver la sangre miró con furia al moreno, no esperó más de dos segundos antes de lanzarse con él y lloverle con puños. Golpeó el rostro, el pecho y todo cuanto pudo de Taichi y éste hacía lo que podía para defenderse, cubriéndose con sus antebrazos. En cuanto Yamato bajó la velocidad Taichi se abalanzó sobre él tumbándolo y pasando la pelea al piso. Rodaban entre puños y rodillazos hasta que ambos se quedaron sin energía.
Estaban tumbados boca abajo, respirando con pesadez. Ambos tremendamente golpeados y exhaustos, bañados en sudor y sangre. Yamato se levantó con lentitud, miró a Henry y después miró a Mimi. Sonrió del lado, con el labio hinchado y sangrando. Se bajó del ring y se fue. Mimi quiso ir tras él pero las palabras de Henry la detuvieron.
—¡Taichi es el ganador! —gritaba animado. El silencio sepulcral inundó la habitación y dos a dos se fueron, siguiendo el protocolo sin hablar entre ellos. Los elegidos aún estaban tratando de procesar todo lo que había ocurrido esa noche.
Solo quedaba Mimi que estaba parada frente al ring, mirando a Tai aún en el suelo. Éste estaba descansando su pelea. Henry y Joe también esperaban a que el moreno se incorporara para salir de ahí.
—Taichi ya no seas payaso y levántate —Henry comenzaba a perder la paciencia.
El moreno se incorporó con dificultad, una sombra morada le decoraba el ojo y varias partes del cuerpo, la nariz le escurría de sangre sin embargo su expresión era de genuina felicidad. Caminó hasta Mimi y le sostuvo la mano.
—Lo hice, Mimi… soy el líder ahora —Taichi estaba orgulloso.
—Felicidades. —dijo ella con expresión neutral, su tono de voz delataba la decepción que sentía.
—¿Qué sucede?
—Prometiste que evitarías esto. —Dicho esto se dio media vuelta y miró a Henry. —Vámonos. Ahora él es el líder y se va al final, ¿no es cierto?
—Cierto. —dijo Henry y salió con Mimi. Tai intentó ir tras ella pero Joe estiró la mano, impidiéndole el paso.
—Es protocolo
—Me vale un carajo el protocolo, yo…
—Tienes que arreglar otros asuntos primero —dijo Joe sin mirarlo. El moreno comprendió. En cuanto salió del lugar fue a buscar a Matt.
Lo encontró donde esperaba, en la sala de música. El rubio miraba su armónica, se la llevó a los labios para intentar tocarla pero una punzada de dolor le recordó que probablemente no podría hasta que la herida sanara.
—Hey —dijo el castaño apenado, apenas le salía la voz.
—¿Ya viste imbécil? Ahora no podré tocar mi armónica en un buen rato —dijo con tono ofendido, aunque después le regaló una sonrisa de lado.
—Hermano, lo siento muchísimo. Lamento que esto llegara a tanto y…
—Te entiendo, yo también lo siento. Tenías razón, yo ya había sido líder y era lógico que tu quisieras serlo ésta vez.
—No, yo… iba a hablarte sobre ello, se lo prometí a Mimi. Pero fuiste un cabrón conmigo así que lo guardé para otro día pero…
—¿Se lo prometiste a Mimi? —El moreno asintió —Si que tienes una memoria terrible, ¿verdad?
—¿A qué te refieres? —el semblante del rubio se ensombreció.
—¿Ya no te acuerdas —El moreno encogió los hombros, genuinamente no tenía idea. —Jamás pude superarla.
—¿A quién? —los ojos de Taichi se abrieron grande, temiendo la respuesta que iba a proporcionarle.
—A la princesita. —soltó un bufido para después sonreír de lado. —Estaba profundamente enamorado de ella.
—¿Estabas? … ¿Qué? —Taichi lo miraba incrédulo. —Me estás tomando por idiota, ¿verdad? eso es, literalmente, imposible.
—Estoy, de hecho. No sé cuándo empezó, ni cómo o por qué… pero año tras año me gustaba más y más. Jamás había sentido algo así por nadie.
—Yamato, no me jodas. La tratabas terrible, jamás le hablabas y siempre estabas con Sora. Le repetías lo insoportable y mimada que era y aún así ella siempre estuvo ahí para lo que necesitaras. Para lo que todos necesitáramos.
—Tai, vengo de una familia rota. Crecí con mi padre quién jamás me demostró cariño explícitamente. Sé que me quiere, pero jamás se esmeró demasiado en ello. No tengo idea de cómo se quiere a alguien, ni de lo que significaba querer en realidad hasta Mimi.
—Pero… cuando volvió básicamente volviste a tratarla horrible. ¿Recuerdas cuando la viste por primera vez en años y simplemente la hiciste a un lado?
—¿Recuerdas el 8 de Julio? Sora me declaró sus sentimientos.
—Recuerdo eso, estaba muy emocionada…
—Yo… le pedí que me esperara. Le pedí que me esperara porque el 10 de Julio iba a pedirle a Mimi que saliera conmigo, en… en una cita. Pero… ella se fue el 9. —El moreno guardó silencio, haciendo cálculos.
—Ya veo… se fue antes de que pudiera darte una oportunidad. —Yamato asintió.
—Aún así, estaba decidido a esperarla el tiempo que fuera necesario pero… tuviste que haber visto a Takeru cuando se enteró de que se había ido. Estaba destrozado. Jamás había visto a mi hermano así, Taichi. ¿Y Sora? Estaba tan afligida, tan vulnerable. Tú estabas tan apagado, Joe tan cobarde e Izzy tan perdido. Yo, yo estaba roto, Taichi.
—Ninguno lo vimos venir, es cierto. Su partida cambió radicalmente en quienes nos convertimos…
—Me enojé con ella, con su falta de intención, de preocupación, de todo. Y me refugié en Sora. Estuve 3 años tratando de convencerme de que quizá pueda quererla de la misma manera en que a Mimi. Y luego volvió, como si nada. Como si pudiera reparar todo lo que destrozó con su partida…
—No seas tan duro con ella… Vino tan frágil…
—¿Te gusta? —Tai se irguió ante la pregunta. Posó su mano en su nuca y sonrió ligeramente.
—Es diferente a las demás, definitivamente. Con ella no necesito tener sexo para sentirme a gusto, es una calidez extraña.
—Entiendo…
—Aún así, creo que me odia. Se fue con Henry porque no evité la pelea entre nosotros.
—¿Se fue con Henry?
—Sí, por el puto protocolo. —Matt frunció el ceño. —Pero en fin, deberíamos regresar antes de que nos descubran.
Yamato asintió y se dirigieron a su habitación.
N/A: ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que de lo mejor porque yo estoy súper contenta. Este cap está medio intenso y espero no se les dificulte leer lo de la pelea (de ser así díganme para no hacer tanto párrafo tan largo y feo) Pero sí, es mucho drama y amor y peleas y SANGRE ¡muajajajaja!
Ya por fin sabemos por qué Matt anda raro con Mimi 3 y ahora la pregunta es, ¿qué pasara entre esos dos? ¿Y tai? ¡Y sora! Y HENRY nomentira jajajaja, espero les guste este capi y espero leerlos en la siguiente actualización :)
Sin más, me despido y ¡les mando mil besitos!
-Alex.
