Capitulo 10 Rebeldía

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"Tras más de 20 años, nunca se había sentido tan bien desobedecer…"

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Había evitado encontrarse con ella tras la visita del director y hasta esa hora tan entrada de la noche, lo había logrado, y a pesar de ello no podía dejar de sentirse frustrado. Había encontrado varias excusas para que lo que hubiera entre ellos fuera meramente un requisito más de su importante papel en la guerra pero no, aquella molesta vocecilla interior no le dejaba en paz cada vez que sus deliberaciones le llevaban a un mismo círculo vicioso el cual le provocaba migraña. El Lord se la había regalado, simplificando las cosas, a él no le importaba si la tocaba o no, si la alimentaba o no, mucho menos si la usaba o no, aunque si la maltrataba seguro tendría ciertos límites porque al ser sangre pura era digna de ser mujer de uno de sus servidores. Que maldito desgraciado era el Lord pero peor aún era el viejo Dumbledore que se la había encargado para cuidarla y protegerla. ¿Acaso lo creía de piedra? Nunca le había indicado que podía acostarse con ella, al contrario, una vez enterado de las circunstancias impuestas por Riddle y aunque a ella le hubiera dicho lo contrario, a é le había pedido expresamente que evitara tocarla a menos de que fuera "estrictamente necesario". Hipócrita, ciertamente nunca creyó poder escuchar una insinuación tan cínica por parte de Albus Dumbledore, más lo que realmente le hacía sentir frustrado fue la reacción de su subconsciente quien le gritaba incitándole ansioso a que se revelara contra aquella restricción. Por un efímero momento su yo interno había tenido un desliz de sinceridad y supo que aunque el viejo se lo estuviera literalmente prohibiendo no lo obedecería. Por primera vez en mucho tiempo el no seguir órdenes difícilmente le atraería consecuencias, si acaso un molesto director por un par de días así que…. Intentaría obedecer claro que sí, pero si por propia voluntad la joven intentaba intimar con él, mandaría al demonio aquella prohibición del director.

Por lo pronto trataría de no dirigirle la palabra siquiera, no verla, no nada para evitar la tentación aunque claro viviendo en la misma casa….

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Intentó poner su mente en blanco y conciliar el sueño, estaba inquieta por Adrien su cuerpo estaba cansado, apenas llevaba cinco minutos dormida o eso le pareció a ella cuando escuchó que alguien llamaba a su puerta, lo más hábilmente que pudo se apresuró a atender el llamado, al abrir la puerta vio que se trataba del hombre de ojos color ébano, este no pronunció palabra e incluso no hizo seña alguna pero Alessa comprendió que quería que le siguiese. Así que eso hizo, le siguió hasta su propia habitación cerrando la puerta tras de ella, al dar vuelta vio la puerta que conducía hasta la pieza de Adrien abierta y eso llamó su atención así que se acercó hasta la cuna y encontró al pequeño con restos de lágrimas en las mejillas, su corazón se estrechó al ver esto y de inmediato, lo tomó en brazos acunándolo. No tenía mucho que decirle ella misma comprendía porque había llorado, le extrañaba a su lado igual que ella a él pero debía ser fuerte para darle fortaleza al bebé. Una vez que este volvió a dormirse lo abrazó fuertemente antes de dejarlo de nuevo en su cuna, acarició sus finos cabellos y le dio un beso en la frente antes de salir de allí.

Recargado en el marco de la puerta notó que Alessa ni siquiera se dio cuenta de que lo había pasado al salir de la pieza del niño, con gesto cansado dio dos pasos hacía ella y habló. — ¿Prefieres dormir aquí? —preguntó sin pensarlo dos veces, más de inmediato al notar como había sonado eso, rápidamente agregó. —Será más… creíble.

Volteó a ver el rostro del profesor... Severus… se corrigió a si misma,lo notó cansado, necesitaba dormir al igual que ella así que sin responder se acercó a la cama y subió a ella, dándole la espalda, era verdad que horas antes habían dormido juntos bajo un intento de perdón de ambas partes, pero no dejaba de ser algo inusual, suspiró y trató de relajarse, pronto sintió el peso del hombre a su lado.

Por su parte Snape contempló el cuerpo de la joven en su cama, era la primera vez que algo así pasaba y aunque llamó su atención lo bien que se veía, le restó importancia no la tenía solo sería esa noche y ninguna más. Se recostó del lado contrario, jaló la cobija, colocó sui debajo de la almohada y se preparo para una noche más de insomnio, miro el techo varios minutos enlistando los ingredientes de las pociones que el día siguiente realizaría, en cierto punto de esta lista un bostezo le sobrevino sin embargo también le resto importancia, era obvio que estaba cansado y eso lo sabía, el problema es que no podía tomar una pocion porque debía mantenerse alerta. Dio vuelta dándole la espalda y permaneció así varios minutos pero no se hallaba, regresó a su posición original viendo al techo pero tampoco se acomodaba, así que aún a su pesar dio vuelta desde ahí podía ver la parte posterior del cuerpo de Alessa, enfocó su vista y notó que por la posición en que ella se encontraba su columna se asomaba, con una la mano izquierda tocó su espalda. Casi de inmediato sintió como a su toque la joven se removió, alejó deprisa su mano justo a tiempo antes de que ella diera media vuelta hasta quedar boca arriba, estaba dormida o eso parecía, algo intrigado enfocó su vista ahora en el rostro de ella, desde sus delineadas cejas, largas pestañas, nariz respingada hasta sus notablemente suaves y carnoso labios. Recordó el momento en que masajeo esa mejilla con savia y lo cerca que sus dedos estuvieron de rosar aquellos labios. Cuando le había dado la bofetada y la había lastimado, no tuvo tiempo de maldecirse porque estaba muy enojado y algo preocupado, aunque eso no lo aceptaría pero ahora al verla recostada a su lado se daba cuenta que había hecho bien en curarla y en cierta forma disculparse, de lo contrario se sentiría culpable, mejor dicho más culpable. Estaba en estos pensamientos cuando escuchó la voz de la joven… — Profes… ¿Severus?

Pensó seriamente el no contestar al llamado de la mujer a su lado pero finalmente aún no estaba dormido y era un hecho que le costaría trabajo conciliar el sueño así que cedió. — Hmm?

— ¿Podemos hablar de lo que ocurrió en la oficina del director? – dijo al abrir los ojos y buscar los del hombre a su lado.

¿Qué demonios se trae en mente ese hombre?. — No me agradará ¿cierto? — aseguró apoyando su espalda en la cabecera de la cama.

Era obvio que no le agradaría en absoluto, tal y como no le había agradado a ella que el director le pidiera mentirle, por ello prefería hablar con la verdad. — ¿Podría…podrías utilizar Legeremancia?

— Puedo. – aseguró sin poder evitar esta vez el tono de extrañez por la petición, solo recibiendo un leve cabeceo por parte de la joven, suspiró cortamente y concentrándose fijo su vista en los ojos de la joven. Varios segundos se perdió en ello, hasta que rompió la conexión abruptamente… — ¿Cómo se supone que debo de interpretar eso? – cuestionó en un tono molesto intentando levantarse de la cama.

Alessa deprisa lo sostuvo del brazo y le instó a mirarle a los ojos. — Puedes interpretarlo como quieras, pero la única verdad, es que si vamos a estar juntos en esto lo que menos quiero es ser una carga más para us… ti. – dijo a la par que este emitía un ruido burlesco como si no creyera en sus palabras. — Cree lo que digo, me odiaría aún más de lo que he llegado a odiarme, si vuelvo a ver ese reflejo de culpa que vi en tus ojos cuando fingías violarme. Ambos sabíamos que no era una violación y ello no evitó que te sintieras culpable, con algo así no se puede vivir, tú lo sabes y yo lo sé.- concluyó sin huir del contacto visual con el pocionista. En verdad si él no accedía a su último intento por entablar relación de respeto, el fingir ser sumisa le costaría mucho. En primera ya no era una chiquilla intentando seducir a un muchacho con tal de quedar preñada, no, ahora era una joven en la casa de un hombre que no daba señales de tener interés en ella más allá del interés sexual. Quizás podía vivir con algo así un tiempo ya pero también tenía sentimientos y tocaría fondo de nuevo (como con Demian) y sería una existencia muy triste de vivir.

Podía ver el miedo de ser rechazada reflejado en sus ojos, la soledad y tristeza que tenía albergaba producto de sentirse casi como cualquier callejera. Todo esto era confuso y la única claridad que tenía era que ella estaba aceptando ayudar en todos los sentidos pero a cambio esperaba al menos un poco de empatía. Ahí estaba el detalle, él no recordaba lo que era eso, difícilmente la había sentido de joven pero la había olvidado con la muerte de Lily. Quizás si era posible, pero lo dudaba… — Yo ya vi y escuché lo que me pediste ahora es tu turno, — sentenció con seriedad. —Quiero que escuches sin interrumpirme. – dijo esperando alguna reacción de la joven pero esta permaneció en silencio instándole a que continuara. Entonces continuó. — La noche siguiente de tu llegada, el Señor Oscuro me llamó para que yo confirmara o negara las palabras del padre de Draco. Como era de esperarse él ya había sido informado de tu presencia en mi casa y que el director me había encargado expresamente tu cuidado. Así mismo me cuestionó sobre si me parecías atractiva o no, creo que basta con que sepas que mi respuesta fue la correcta y en resumen: él me dio permiso de poseerte. Ahora dime, ¿estás segura que quieres seguir con esto y con todo lo que implicará? Cada vez que nos estén vigilando, tu voluntad y tu cuerpo serán míos. ¿Estás dispuesta a ello?

—Mi cuerpo siempre ha sido mío al contrario de mi voluntad… No me agrada la idea de ser solo un objeto más solo tengo una respuesta. — No tenía nada más que perder siendo totalmente suya; al contrario y quizás estaba cometiendo una locura, quizás desde años atrás había perdido todo sentido de cordura pero lo que iba a responder tenía demasiado sentido para ella. — Te pertenecerá mi voluntad siempre que sea necesario y cuando no lo sea, trataré de ser comprensiva, mi única condición es que seas honesto conmigo cuando te lo pregunte, por más cruda que sea la verdad.

Observándola, un tanto contrariado analizó su petición, no esperaba esa respuesta. Ella era demasiado joven para atar su vida a él con un futuro incierto, tenía que estar muy desesperada y/o quererse muy poco para aceptar algo así ¿cierto? ¿Pero qué rayos estaba pasando? ¿Por qué aquella respuesta de la joven le había agradado? ¿Tan pesada ya era su propia soledad que su inconsciente se revelaba en contra suyo? — ¿Te refieres a que serás complaciente?

— Me parece que comprendes a lo que me refiero, pero si deseas estar cien por ciento seguro de lo que significa, no te culpo. – comentó mientras este fruncía el ceño, acercándose un poco a él. — Quiero decir, que si ambos lo deseamos, no veo inconveniente en compartir cama solo pido el respeto que merezco.

Respeto… Hay escasas personas a las que he respetado a lo largo de toda mi vida… Al menos no se está comportando con ingenuidad pidiéndome cariño o algo así, aunque siendo realistas lo pidiera o no yo nunca podría hacerlo… No nací para ello y la vida se encargó de demostrármelo… Al menos no pierdo nada ofreciéndole el respeto que me pide, de todos modos al final todo se va a ir al carajo cuando el Señor Oscuro se dé cuenta que le he mentido desde hace años, ¿Qué más da? Tardándose un par de minutos en contestar algo, por fin habló. Comprendo lo que pides, pero no esperes que de la noche a la mañana comience a tratarte más civilizadamente, para empezar solo podré tratarte con respeto siempre y cuando no estén vigilándonos eso está claro ¿no es así? Además no soy un hombre de buen carácter, sé que recuerdas tus días en el colegio.

— Gracias por advertirme, - sonrió con un dejo de añoranza, mirándolo con ojos llenos de una inocencia que claramente descolocó al hombre. — ¿Puedo sellar nuestro trato?

— ¿Puedes? – repitió aún más extrañado. — Espero no arrepentirme de ello… -refunfuño mientras buscaba en los ojos de la joven sus intenciones encontrándose con algo parecido a alivio.

— Yo espero que no.- dijo al eliminar el espacio que había entre ambos y colocar un ligero beso en los labios del hombre antes de dar media vuelta para por fin conciliar el sueño ahora que su conciencia ya estaba tranquila.

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Como un reflejo se llevó las yemas de los dedos donde segundos antes los suaves labios de la joven le rozaron y un sentimiento de enojo invadió su ser, se sentía muy enfadado por el simple hecho de que aquel roce provocó casi que un gesto parecido a sonrisa se asomara en su rostro, él no se podía permitir algo así. Intentando hacer caso omiso a todo esto, dio media vuelta y acomodó en la cama aunque definitivamente durmió pocas horas, aquellas cuantas que no sintió ni cuando pasaron hasta que algo a su lado se removía, en un segundo recordó la noche anterior y frunció el ceño, ¿Por qué ella tenía que moverse y alejarlo de la tierra de los sueños? Peor aún él y su sueño ligero. Suspirando profundamente aguardó unos minutos aún con los ojos cerrados esperando por algún movimiento más de ella, al no suceder, abrió los ojos y la vio justo a su lado mirándole, algo sorprendido por ello, le sostuvo la mirada por un varios minutos hasta que noto que en medio de ellos estaba una charola con el desayuno. Al seguir sus ojos Alessa se dio cuenta de que camino habían tomado y explicó.— Le pedí a Vodka el desayuno.- al haber dicho eso, se levanto de la cama y camino directo a donde el pequeño, con cuidado abrió la puerta y cerró tras de sí.

Con lo inusual de ese momento y volviendo de nueva cuenta su vista a la charola en la cama, bufó dirigiéndose al cuarto de baño, donde se duchó deprisa, mientras por una fracción de segundos analizó la manera en como Alessa le había observado cuando acababa de despertar, era muy extraño, pero igual nunca había dormido, literalmente dormido con alguien así que le achacó a eso la sensación extraña que en él había. Contrario a lo que sus estudiantes decían, lavo sus dientes como cada mañana, colocó una toalla alrededor de sus afiladas caderas, secó con un hechizo su cabello y regresó hasta su habitación con la certeza de que ella seguiría en la otra pieza. Camino hasta su closet una vez ahí sacó un pantalón negro y una camisa blanca, de un cajón que a simple vista no se notaba, tomó unos bóxers y calcetines negros. Apenas tenía los bóxers puestos cuando escuchó la puerta detrás de él abrirse y cerrarse con cautela, un segundo después escuchó también como Alessa contenía la respiración, de inmediato sintió ganas de gritarle que dejara de ver las cicatrices de su espalda, pero se detuvo y prefirió voltear a verla. Al encararla, pudo notar que en sus ojos no había nada parecido a repulsión, al contrario, pudo notar en su delicado rostro un tiño rosado que había en sus mejillas y ahora mismo rehuía a su mirada. Encontrando este comportamiento inusual pero interesante, se relajó visiblemente y tomó la situación en sus manos, acercándose hasta estar enfrente de ella y mirándola fijamente habló en un siseó. — En cualquiera que hayan sido la circunstancia, ya tuvimos intimidad, ¿Por qué te inquieta verme casi desnudo?

n/a: 08/oct/2012…. He extrañado demasiado esta historia en mi vida, me da gusto verla actualizada después de tanto. n/a.