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Disclaimer
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"Los personajes de Naruto, así como su mundo, son propiedad de Masashi Kishimoto; yo sólo los tomé prestados para hacer este fanfic"

Título: Vampyr
Autora: Antifashion19
Género: Sobrenatural | Horror | Misterio | Suspenso | Romance
Personaje(s)/pareja(s) principales: Hinata H. | Sasuke U. | Ino Y. | Naruto U. | Sakura H.
Advertencias: Sasuke x Hinata. Sakura x Naruto x Ino. Universo Alterno. Posible OoC. Palabras soeces.
Leve Yuri. Violencia y muertes.
Sobre aviso no hay engaño.

Si eres anti de estas parejas, no leas y ya; pero si eres un lector de gustos variados, y sólo te importa el contenido de la historia… ¡Bienvenido seas!

Créditos: La imagen que he usado para la portada le pertenece a Majiteenshi, cuyo link a su Tumblr se encuentra en mi profile.

Edición: 04 de Febrero de 2017. Con la perdida de todos mis escritos de mi laptop, he vuelto a editar.

Aclaraciones sobre el capítulo:
Bueno, aún se seguirá hablando de Hanako-san, o mejor dicho, Hanako-san de los baños, una de las tantas leyendas urbanas japonesas. Y aquí mismo sabrán desde cuándo Sakura posee su don, sí, ella puede ver fantasmas; también deben saber que no es la única habilidad que tendrá.

Pronto entrarán a escena otros personajes importantes para la historia, al final del capítulo se darán una idea de quién es uno de ellos. No, no se adelanten, lean todo con calma.

No se me ocurría nada para la historia de Sakura y Hanako-san, estuve pensándolo mucho tiempo hasta que recordé que hacía tiempo me compré un libro (cuando estaba de viaje) de Stephen King, el libro es una colección de historias llamado: Skeleton Crew; y entonces me di cuenta que una de ellas me podía servir para el pasado de Sakura. Así que este capítulo está basado en el cuento de este autor, llamado: "Here There Be Tygers" / "Hay tigres".

Traté de no hacer copy/paste, pero… en fin, espero que les guste. Por cierto, este capítulo va dedicado a Bella Scullw y a Ama . Amaya-chan


Capítulo VIII. Toire no Hanako-san
トイレの花子さん
Segunda parte


"¿Vamos a jugar?"

. . .

Sakura necesitaba desesperadamente ir al baño. Sabía que era inútil el tener que engañarse y pensar que podría esperar hasta llegar a su casa, pero por más que intentara contenerse, no podría soportarlo más; su vejiga protestaba desesperadamente y Hanare-sensei le había visto retorciéndose, moviendo sus pequeños pies de un lado a otro y, también, mordiéndose sus labios.

Había cuatro profesoras en el tercer grado del colegio de Otogakure, bueno, sólo eran tres, porque la que permanecía a un lado de Hanare-sensei, aquella mujer pálida y casi huesuda que no dejaba de verla con las cuencas de sus ojos vacías… no estaba viva. A veces, Sakura podía distinguir a esos seres por su piel blanquecina, porque se quedaban inertes y no hablaban; o porque ellos no tenían ojos, sólo sus cuencas vacías, negras, tan negras como un agujero profundo. No los necesitaban. Y eso era lo que más le atemorizaba, aquellos agujeros que parecían poder tragarse todo a su paso…

Volvió a retorcerse en su asiento.

Una vez intentó decirles a los adultos sobre aquellos seres, pero sus padres creyeron que estaba imaginando cosas, su tía pensó que sólo quería llamar la atención; Hanare-sensei decía -delante de todos sus compañeros de clase- que era una niña malcriada. "¿Qué pasará cuando se entere que esa señora está a su lado?", se preguntó; y entonces notó como aquellas cosas, que se aferraban a los cuerpos de sus compañeros, la miraban atentamente.

Se retorció de nuevo, y Hanare-sensei le vio.

—Sakura —dijo mientras sostenía sobre sus manos el pequeño libro que les leía—, ¿no necesitas ir al baño?

Escuchó las risillas ahogadas de sus otros compañeros, y también de aquellos seres que se movían a su alrededor; los ignoró, porque ellos –los otros- no debían enterarse que podía verlos o si no se aferrarían a ella y no la dejarían en paz hasta seguirla a su casa y quedarse ahí, como lo habían hecho los demás… y su casa ya estaba infestada.

Negó con la cabeza y siguió escribiendo en su cuaderno.

—Di algo, Sakura —insistió Hanare-sensei. Y Sakura volvió a cruzar sus pequeñas piernas tratando de contener, de nueva cuenta, sus ganas de orinar—. Di que necesitas ir al baño…

Las risas de sus compañeros se hicieron más fuertes. No. Ya no eran risas, ahora eran los gritos desgarradores de aquellos seres que se movían frenéticamente de un lado hacia a otro; incluso Sakura pudo notar que el número de estos iba en aumento conforme pasaban los minutos. Sintió que ya no podía respirar…

—Sí, Hanare-sensei —se levantó de su lugar, esperando que así, los fantasmas que se habían aferrado a su cuerpo se desprendieran de éste.

—¿Sí qué? —preguntó la mujer, tratando de avergonzarla más—. Sakura, ¿sí qué…?

—Que yo… —se ruborizó—, necesito ir al baño.

Y al escucharla, sus compañeros estallaron en burlas mientras Hanare-sensei sonreía complacida; Sakura sólo bajó la cabeza completamente abrumada, y pudo ver por el rabillo del ojo como aquellos espectros dibujaban unas sonrisas siniestras y bailaban a su alrededor.

—Muy bien, Sakura. Puedes ir al baño a orinar… —dijo. Y la otra profesora, la muerta, le miró fijamente a la vez que taconeaba el piso mientras algo negro brotaba de las cuencas de sus ojos vacías—, porque eso es lo que necesitas hacer, ¿verdad?

—Sí.

—Está bien, ve —indicó la mujer con un tono de burla en su voz—. Y por favor, que sea la última vez que esperas a que te lo pregunte…

Y sin más nada que agregar, le señaló la puerta. Sus compañeros siguieron riéndose hasta que Hanare-sensei golpeó la mesa con la mano para llamar su atención. Mientras, Sakura avanzó hacia la puerta con varios pares de ojos clavados en su espalda, pero eso a ella no le importó; lo único que esperaba, era que los seres fantasmagóricos -que no dejaban de verla desde que se levantó de su asiento- se quedaran dentro del salón de clases y así la dejaran en paz, sin embargo, pudo escuchar sus risillas ahogadas y sus cánticos siniestros… y en aquel momento la puerta le pareció tan lejana, y de pronto sintió como si sus pies se pegaran al suelo.

Hanare-sensei no siguió con la clase, si no que guardó silencio hasta que ella consiguió abrir la puerta y salir del salón. Sakura observó el pasillo completamente vacío, inhaló profundamente antes de seguir caminando con dirección a los sanitarios.

—Por favor, no… por favor, no —repitió incesantemente, esperando no toparse con los espectros que rondaban en aquel lugar—. Que no vengan, que no vengan aquí.

Caminó a toda prisa hasta llegar a la entrada del baño de niñas, se quedó quieta, esperando no encontrar a ni uno de esos seres dentro de aquel lugar; le aterraba la sola idea de estar adentro, sola… no, sola no, con ellos, con los muertos que no dejarían de mirarla con las cuencas de sus ojos vacías. De pronto pudo escuchar unos pasos detrás de ella, y entonces notó como una criatura deforme pasaba justo a su lado derecho, balbuceando y dejando un rastro de sangre por donde se arrastraba.

"No lo mires, Sakura", se dijo así misma; sabía que si esa cosa se daba cuenta que ella podía verlo, entonces la seguiría. Quiso llorar y regresar al salón de clases, pero también sabía que no podría aguantar por más tiempo las ganas de orinar.

Entró en el baño y cerró la puerta detrás de ella. Dentro estaba solitario, tan solitario que le tranquilizaba; sonrió como tonta e inmediatamente entró al primer servicio…

—¡Frentona! —gritaron, entonces Sakura pudo escuchar como varias personas entraban y murmuraban entre sí—. Fren-to-na.

"Frentona", repitió; así era como las otras niñas se burlaban de ella. Cerró con seguro, se sentó y subió los pies al retrete, después se abrazó así misma esperando que se fueran y la dejaran en paz; no obstante, escuchó sus risas y como sus pasos se aproximaban hacia ella, entonces éstas comenzaron a sacudir la puerta.

—¡Frentona, frentona! —siguieron sacudiendo la puerta con fuerza y riéndose sin parar—. Eh, sal de ahí, frentona. ¿Tú frente se atoró y por eso ya no puedes salir?

—¡Ba-basta! —gritó y comenzó a llorar. Las burlas de aquellas niñas se hicieron más fuertes—, basta.

—Uh, ya está llorando… —soltaron la puerta—, vámonos.

Y antes de salir, una de las niñas pateó la puerta; Sakura siguió abrazándose, sollozando sin parar, y entonces se preguntó qué les había hecho para que la molestaran. "Son muy crueles", se dijo antes de bajar sus pequeños pies del excusado; recordó que ya las había acusado con Hanare-sensei, pero ella no había dicho nada, al contrario, la había regañado por ser una chismosa.

—O-odio esta escuela —se dijo, y limpió los rastros de lágrimas antes de salir del servicio. Abrió la puerta y caminó hacia los lavabos—. P-e-r-r-a-s —creyó que si sólo lo deletreaba, Dios no se molestaría con ella. Giró la llave del grifo y comenzó a lavarse la cara—. Hanare-sensei y mis compañeras son unas p-e-r-r-a-s.

Las lágrimas pujaron por salir de nuevo, pero Sakura dio pequeños saltitos mientras con su mano le echaba aire a sus ojos para así no llorar, después contempló su pequeño rostro, delgado y pálido en uno de los espejos; notó su gran frente e hizo todo por cubrirla, llevándose un mechón de su cabello para taparla. Sin embargó, pudo ver algo por el rabillo del ojo, así que se giró inmediatamente…

Aquella niña estaba echada al fondo, recargada sobre la pared mientras sus cabellos largos y negros escurrían sobre su rostro. Sakura había notado lo pálida y demacrada que lucía, incluso pareció verle los huesos a través de su piel, también se dio cuenta que el uniforme que llevaba puesto se encontraba mojado. Entonces la niña levantó la cabeza para mirarla, y sus ojos negros -e inertes- se estrecharon.

Una especie de cacareo, siniestro como la carcajada maléfica de una vieja bruja, escapó de su boca; y fue en aquel momento en el que Sakura se dio cuenta que aquella niña no era humana. Dio un paso hacia atrás intentando salir de ahí, pero de pronto la pequeña también se levantó.

—¿Vamos a jugar? —le preguntó. Y Sakura se precipitó por donde había entrado e intentó abrir la puerta, pero se atoró—. ¿Vamos a jugar, Sakura-chan?

—¿Co-cómo sabes mi nombre? —cuestionó a la niña, se giró para mirarla mientras ésta se aproximaba hacia ella—. No te conozco.

La pequeña sólo siguió acercándose, flotando hacia ella mientras las puertas de los servicios se abrían al mismo tiempo que avanzaba; se detuvo por un instante y después, dibujó una inquietante sonrisa en su pálido rostro.

—Te he visto antes… —fue lo que le respondió.

Empero, cuando se encontraba a escasos centímetros de ella, la puerta de la entrada se abrió y entonces Sakura aprovechó la oportunidad para huir de ahí. Sin mirar atrás, corrió todo lo que pudo por el pasillo hasta llegar a la entrada de su salón de clases; se detuvo por un instante y contempló a Hanare-sensei, a sus compañeros y a los otros seres que dejaron de hacer lo que hacían para regresar a verla. Quiso decirles sobre aquella niña que se encontraba en los sanitarios, pero sabía bien que no iban a creerle… y que también, volverían a burlarse de ella.

—¿Ya acabaste de orinar, Sakura? —preguntó Hanare-sensei. Sakura le miró por un instante y después asintió—. Bueno, ahora entra y siéntate en tu lugar.

Sus compañeros contuvieron sus risas y fueron siguiéndola con sus ojos hasta que llegó a su asiento, esperaron a que se sentara y cuando Hanare-sensei les dio la espalda, comenzaron a molestarla; les gustaba arrojarle bolas de papel a su frente. Los otros seres sólo chillaban frenéticamente mientras bailaban a su alrededor, y ella sólo se tapó los oídos esperando que la clase acabara por fin…

. . .

Caminaba apresurada con aquellos seres a cuestas, esperando que así los otros -los que no eran fantasmas-, no se adhirieran a ella también; sabía bien lo peligrosos que eran, ya una vez habían querido lastimarla al lograr hacerla tropezar y que cayera por unas escaleras, pero por fortuna había salido ilesa. Aun así, seguían intentando herirla porque… la querían muerta.

Entonces los vio dibujar unas sonrisas siniestras y torciendo sus cabezas de un lado a otro, sin embargo, siguió avanzando hasta llegar a la entrada de su casa; luego se detuvo, por un instante, para contemplar a los otros seres que ahora habitaban su hogar, permaneciendo quietos en un sólo lugar, asomados por las ventanas y en espera a que llegara para poder molestarla.

Por esa razón ya no quería entrar a su casa, la sola idea de permanecer varias horas con ellos no le era muy grata…

—¿Vas a quedarte todo el día ahí? —Sakura regresó a ver a la dueña de aquella voz.

—Lo siento, Hanare-sensei… que diga, tía Hanare —se corrigió.

Pero lo que más le aterraba, era la compañía de su tía -que también era su profesora-, porque al igual que aquellos seres… la quería muerta.

—No volverá a pasar —agachó su cabeza, esperando que aquella mujer no se molestara más.

—Muévete, mocosa —dijo, y esperó a que Sakura entrara.

La odiaba. Odiaba a esa niña con todo su corazón. Tal vez por el simple hecho de que su hermana había tenido a esa bastarda con el hombre que ella amaba, y ahora tenía que cuidarla mientras ellos trabajaban fuera de la ciudad; además, no sólo tenía que soportarla en la casa, también tenía que vigilarla en la escuela, y simplemente ya se estaba hartando de eso.

—Come —le dijo, viéndola quedarse quieta junto a la puerta, mientras ella seguía de pie con un plato en la mano—. Necesito revisar la tarea de tus compañeros y no puedo estarme aquí, para darte de comer en la boca.

—Yo… —Sakura miró el plato de comida—, no tengo hambre. Pero gracias, tía Hanare.

—¿Te parece poca cosa mi comida? —le preguntó; pero la verdad, es que sólo quería tener un pretexto para golpearla—, ¿eh?

—No es así, es que yo no tengo hambre —respondió, haciéndose hacia atrás y temblando de miedo—. ¿Pu-puedo salir afuera a jugar? —preguntó, impaciente por salir.

—Haz lo que quieras…

Y Sakura vio a su tía caminar hacia las escaleras mientras botaba el plato sobre una mesa, para luego regresarla a ver -como siempre lo hacía- con odio. Alguna vez se preguntó qué le había hecho para que la odiara tanto; tal vez porque no era una buena niña como siempre le decía, o quizás por la vez que la despertó en la madrugada, diciéndole que había una mujer vestida con un kimono en su recamara, y cuando Hanare se levantó -molesta por su sueño interrumpido- para revisar la habitación, no vio nada… a pesar de que la mujer del kimono estaba frente a ella, con una gran corte que le atravesaba el cuello.

"¿Para eso me despertaste? Sólo fue un sueño", le había dicho antes de irse; y a pesar de que Sakura le rogó que no la dejara sola en aquella habitación, su tía sólo se burló de ella y salió de ahí para cerrar la puerta con seguro. "¡Tía, no me dejes aquí! ¡aquí está la mujer! ¡Tía!", había gritado durante varias horas, y aun así, Hanare jamás regresó; entonces giró levemente su cabeza y pudo apreciar como la mujer del kimono le sonrió y después de eso, la arrastró hacia un closet. Y a pesar de que Sakura intentó todo para poderse salvar, incluso enterrar sus uñas en el piso de madera para así evitar que la siguiera arrastrando, no lo logró; cuando despertó al día siguiente, se encontraba dentro del closet, su tía le abrió y siguió riéndose de ella…

"¿El coco* vino por ti?", le había preguntado; pero ella guardó silencio, y no volvió a hablar de los otros seres que siguieron apareciendo en su habitación.

—Tía Hanare es muy mala… —se dijo mientras caminaba hacia el jardín.

Cuando estuvo fuera de la casa, miró hacia todos lados. Tampoco le gustaba estar ahí. Recordó aquella vez en la que había querido dormir en el jardín después de lo que le había pasado en su habitación, cogió la tienda de campaña que le había regalo su padre cuando le prometió que pronto irían a acampar, también tomó unas mantas, galletas, una botella de agua y una linterna. Ya era de noche cuando se acurrucó dentro, dispuesta a dormir, de repente escuchó unos jadeos provenir desde fuera, así que se reincorporó lentamente y se acercó a la entrada de la tienda para abrir y asomarse.

Entonces las vio, a una inmensa cantidad de sombras que emergían de la tierra; y una tras una fueron saliendo, susurrándose entre sí algo que no pudo escuchar. De pronto una de ellas se giró, y Sakura pudo contemplar cómo sus ojos parecían brillar en la oscuridad; después, todas avanzaron hacia su casa para poder entrar. "No entren, no entren", repitió incesantemente; estaba aterrada de lo que había presenciado y no sabía qué hacer.

Sin embargo, recordó que su tía se encontraba dentro y sabía bien que no podía dejar que esas sombras le hicieran daño, porque a pesar de que Hanare era cruel… ella era su familia. Y cuando se armó de valor para salir fuera de la tienda de acampar, pudo contemplar que en una de las ventanas que se encontraban en el segundo piso de su casa, se asomaba su tía; y Sakura entrevió, a pesar de los metros de distancia que las dividía, la maldad que la otra reflejaba.

"¿Tía Hanare?", preguntó; y antes de dar un paso hacia la casa, se quedó quieta, y prefirió no entrar porque se había dado cuenta que, tal vez, su tía había invitado a todas esas sombras a pasar…

. . .

—Sasori —aquella voz la sacó de su ensimismamiento—, no llegues tarde.

—Ya lo sé…

Reconoció a las personas que hablaban, eran sus nuevos vecinos que hacía unos cuatro meses se habían mudado ahí, a la casa de al lado; la mujer se llamaba Chiyo, y ella vivía junto con su nieto Sasori, ambos venían de Sunagakure y se habían mudado a Konoha al morir los padres de aquel chico. Y a pesar del poco tiempo que tenían de conocerse, la anciana parecía apreciarla más que su tía.

—Chiyo-san —saludó a la mujer—, buenos tardes.

—Buenos tardes, Sakura —respondió y asomó su cabeza por la pequeña cerca que dividía ambas casas—. Así que ya llegaste de tu escuela.

Entonces Sakura comenzó a subir a la pequeña cerca, esperando así, verla mejor. Cuando logró trepar, pudo verse cara a cara con aquella mujer mientras su nieto las observaba a la lejanía; Sakura le miró y él le sonrió, después el chico siguió su camino hasta que desapareció de su vista.

—¿Quieres comer? —le preguntó Chiyo. Sakura asintió y se apresuró a brincar la valla que separaba ambas casas—. Se ve que no has comido.

—No me gusta la comida que prepara mi tía —respondió a la vez que caminaba detrás de la anciana—, son las sobras de la semana pasada. Además… —hizo una pequeña pausa y la vio.

—¿Sigues viéndolos? —le preguntó Chiyo, y de pronto pudo apreciar como el ambiente se hacía más pesado. Sakura afirmó —. ¿Siguen entrando a tu casa?

—Sí —y Sakura volteó la cabeza para contemplar la horrible criatura que permanecía a su lado, jadeando mientras un extraño líquido brotaba de su cuerpo—. Y tía Hanare no quiere creerme… ¡ya hay otros!

Chiyo regresó a ver la casa de la pequeña, y aunque no podía verlos, sabía que estaban ahí, llenos de maldad; miró a Sakura de nueva cuenta y sólo le sonrió para lograr tranquilizarla.

—Pasa —dijo, y abrió la puerta—. Tranquila, sabes que ellos no pueden entrar aquí.

—Gracias —quiso llorar, y en aquel momento pudo contemplar como la criatura que permanecía a su lado se quedaba quieta—. Muchas gracias, Chiyo-san.

Chiyo le señaló la mesa para que se acomodara mientras ella se apresuraba a revisar la comida que ya tenía preparada en la estufa.

—¿Le contaste a tus padres? —preguntó, sirviéndole la comida. Sakura negó con la cabeza—. No sobre los fantasmas… me refiero a tu tía. ¿Ellos saben cómo te trata?

—Papá y mamá trabajan fuera de la ciudad, están muy ocupados y por eso no pueden venir todos los días a verme —respondió—. Además, no quiero que se preocupen por mí.

—Para ser una niña, eres muy madura… —soltó la anciana y después le aproximó un vaso con agua—, pero ellos deben saber qué clase de persona es tu tía. No cuida de ti, eso no está bien —Sakura le miró—. Tampoco hace nada para defenderte de tus compañeros de la escuela… si tienes miedo, yo les diré a tus padres.

—¡No! —gritó y se levantó de la mesa, pero al ver lo que había hecho, se apenó—. Yo no quiero que mis papás entristezcan y que me lleven con ellos… —Chiyo no parecía entender—, porque si me voy, ya no podré verla a usted.

La mujer suspiró.

—Entonces, no haré nada por ahora, pero… —hizo una pausa mientras se acercaba más a ella—, si veo que esto no se arregla, yo hablaré con tus padres.

—Está bien —se llevó un poco de fideos a la boca—. Oh, Chiyo-san —se apresuró a comer lo que ya tenía en la boca—, hoy vi a una niña en el baño de las niñas.

—No es raro encontrarse una niña ahí —la mujer dibujó una sonrisa de burla en su rostro.

—Está muerta —agregó Sakura, lo que provocó que Chiyo callara y la viera sorprendida—. Nunca la había visto ahí.

—No te acerques a ella, Sakura —le tomó de las manos, causando que Sakura le mirara con detenimiento—. Prométeme que jamás vas a acercarte a ella, ni siquiera a ese baño.

—Pero, ¿por qué…?

—Porque esa niña puede ser Hanako-san —respondió—, y ella es muy peligrosa.

—¿Hanako-san?

—Sí, es Toire no Hanako-san —comenzó a narrar—: Hace mucho tiempo atrás, existía una niña llamada Hanako. Ella era acosada por todos sus compañeros y un día, no se sabe si se suicidó o fue asesinada, la encontraron muerta dentro de los sanitarios de las niñas; precisamente, en el servicio número cuatro —explicó—. Y desde aquel día, se manifiesta cuando vas tocando desde la primera puerta hasta la cuarta mientras dices — dijo y, tras una breve pausa, añadió—: Hanako-san, ¿ya terminaste?

Sakura la observaba detenidamente a la vez que se llevaba más fideos a la boca.

—Es ahí cuando ella te contestará y luego se manifestará ante ti para después asesinarte —terminó de hablar. Y entonces la miró seriamente—. Por eso, debes prometerme que no te acercaras.

—Está bien —respondió, para seguir comiendo.

. . .

Observó a todos sus compañeros entrar al salón, en como la regresaban a ver para burlarse de ella, y que después, comenzaban a arrojarle bolas de papel; quiso llorar de nueva cuenta y salir huyendo de ahí para esconderse de ellos, pero de pronto notó como aquellas criaturas la miraban con detenimiento, y en aquel momento recordó lo que le había contado Chiyo-san sobre Toire no Hanako-san.

Entonces sintió pena por aquella niña ahora que sabía parte de la historia: Hanako había sido igual que ella, una niña que era molestada por sus compañeros y no tenía a nadie que pudiera ayudarla; ahora seguía sola y muerta en aquel lúgubre lugar, sin compañía de alguien con quien jugar.

"Si yo fuera ella, me gustaría tener un amigo", pensó; y a pesar de que Chiyo-san le había hecho prometer que no iría a los sanitarios, no podía cumplir aquella promesa porque tal vez Hanako-san se sentía sola al igual que ella, y por eso se convertiría en su amiga.

Así que esperó una oportunidad para ir al sanitario, sabía bien que no podría hacerlo durante el receso ya que las otras alumnas irían ahí y podrían interrumpirla. Se quedó quieta, aguardando que el reloj marcara las diez de la mañana, y cuando llegó la hora, se levantó de su asiento para pedirle permiso a Hanare-sensei de ir al baño; a pesar de que sabía lo que implicaba hacerlo, ya que su maestra no tardaría en avergonzarla frente a sus compañeros… sin embargo, eso no sucedió.

—No tardes —fue lo único que le dijo antes de que saliera por la puerta.

Sakura avanzó rápido por los pasillos del colegio, esperando que no hubiera nadie más en el baño. Una vez que estuvo frente a la entrada de estos, abrió la puerta con mucho cuidado; asomó su cabeza y pudo observar que estaban vacíos. Entró lentamente mientras miraba por todos lados para encontrarla.

Hanako-san no estaba ahí.

Quiso irse, pero sabía de antemano que no podría regresar hasta el día siguiente; entonces recordó lo que le había mencionado Chiyo-san para poder invocarla, así que se posicionó en la puerta del primer servicio mientras tragaba saliva e inhalaba profundamente…

—Hanako-san, ¿ya terminaste? —tocó dos veces, pero ella no apareció—. Hanako-san, ¿ya terminaste? —se colocó en la segunda puerta y volvió a repetir el mismo procedimiento—. Hanako-san, ¿ya terminaste?

La puerta del cuarto servicio se abrió, y Sakura pudo contemplar como de ahí salía Hanako-san; lentamente fue retrocediendo mientras aquel ser seguía caminando, incluso le pareció idéntica a la niña de una película de terror.

Hanako-san le vio, y ella sólo se estremeció.

—¿Vamos a jugar? —le preguntó a la vez que avanzaba hacia ella—, ¿vamos a jugar, Sakura-chan?

—Sí, vamos a jugar —fue lo que respondió Sakura, y Hanako simplemente sonrió.

. . .

—Hanako-san, ¿vamos a jugar? —preguntó mientras tocaba la puerta del primer servicio—. Hanako-san, ¿vamos a jugar? —escuchó unos ruidos provenientes del último servicio; entonces soltó una risilla mientras seguía avanzando a la siguiente puerta—. Hanako-san, ¿vamos a jugar?

Vio como la nombrada salía del último servicio, dibujando una sonrisa en su pálido rostro para después avanzar hacia ella. Sakura llevaba varias semanas pidiendo permiso de ir al sanitario a la misma hora, y así poder encontrase con Hanako para jugar; aunque, a menudo, se sentía mal por mentirle a Chiyo-san y no contarle sobre lo que ahora hacía con aquel espíritu, y mucho menos que las dos se habían vuelto amigas.

—¿Te sientes sola? —cuestionó Sakura. Ambas permanecían sentadas en el suelo.

—Sí, a veces —le contestó, y ella pudo observar como Hanako hacía que el agua saliera a borbotones del retrete—. Pero ahora tengo a varios amiguitos con quienes jugar.

—¿Tienes más…? —Sakura preguntó, curiosa; no sabía que su amiga tuviera otros amigos con quien jugar a parte de ella.

Sin embargo, Hanako-san no contestó, sólo mostró una sonrisa maliciosa. Y entonces, la pequeña sospechó que ella le ocultaba algo, así que no quiso seguir insistiendo porque sabía que su respuesta le aterraría.

—Hanako-san… —intentó decir algo, pero se vio interrumpida por la presencia de aquellas niñas que la molestaban—. ¿Qué hacen aquí?

—Eh, aquí está la frentesota —las otras niñas sujetaron a Sakura para que ésta evitara escapar—, y está jugando a Hanako-san. Lo estás jugando, ¿verdad?

—No —negó rápidamente. Regresó a ver a Hanako, pero ella había desaparecido—, no lo estoy jugando.

—Mentirosa —la aventaron contra la pared, causando que Sakura se golpeara la frente—, te escuchamos decir "Hanako-san".

Sakura comenzó a arrastrarse por el suelo, pero aquellas niñas volvieron a sujetarla y la obligaron a levantarse, luego se colocaron en la puerta del primer servicio e intentaron hacer que tocara e invocara a Hanako-san; empero ella hizo todo para zafarse y así no tener que hacerlo. Cuando jugaba con Hanako, ésta siempre aparecía antes de que pudiera golpear la cuarta puerta, tal vez porque si Sakura lo hacía… tendría que asesinarla.

—¿No vas a hacerlo, frentesota? —aquella niña se burló de ella—, entonces vamos a hacerlo por ti, cobarde —golpeó la primer puerta—. Ha-na-ko-san, ¿ya terminaste? —las demás comenzaron a reír con fuerza—, Hanako-san, ¿ya terminaste? —ahora tocaban a la segunda puerta; y se giró hacia Sakura—. Hanako-san, ¿ya terminaste? —pateó la puerta del tercer servicio.

—¡No! —gritó la Haruno, pero ellas la ignoraron.

—Estúpida Hanako-san, ¿ya terminaste? —la cuarta puerta fue golpeada. Y todas estallaron en risas mientras arrojaron a Sakura al suelo para comenzar a patearla.

De pronto, pudieron escuchar el chirrido que hizo la puerta al abrirse. Todas miraron hacia aquella dirección.

—Sí, ya terminé… —les dijo, y todas contemplaron que del retrete que estaba en el cuarto servicio, comenzaba a emerger una cabeza—. ¿Vamos a jugar?

Y una gran fuerza sobrenatural las jaló hacia ese pequeño lugar, mientras no dejaban de chillar desesperadas, muertas del miedo; y a pesar de que lucharon por escapar, Hanako-san logró atraparlas y sumergirlas dentro del excusado. Sakura sólo permaneció quieta, observando lo que su amiga les hacía; escuchando también, los llantos de esas niñas, y como vomitaban sangre después. Las estaba matando y ella no podía hacer nada para salvarlas.

—Hanako-san… —se hizo hacia atrás, aterrada—, ¿Hanako-san?

Ahora entendía a lo que se refería Chiyo: Hanako-san era peligrosa.

—¡¿Qué está pasando?! —escuchó la voz de Hanare-sensei. Volteó la vista y pudo verla junto a la puerta, sumamente enojada—. Maldita niña malcriada, ¿así que para eso te sales de la clase? ¡Para estar aquí de vaga!

Pero Sakura no contestó, sólo señaló la puerta manchada de la sangre de sus compañeras. Su tía se acercó inmediatamente para ver que sucedía…

—¿Qué ha pasado? —se giró para verla—. ¡¿Qué has hecho, niña estúpida?! —le sujetó del brazo mientras le daba una bofetada.

—Fue Hanako-san —comenzó a llorar.

—¡No seas ridícula! —le gritó y volvió a golpearla—, ¡esto lo hiciste tú!

—Fue Hanako-san… —y entonces Sakura pudo ver, como aquel ser emergía de nuevo para tomar del cuello a su tía y así, arrastrarla hacia el retrete.

Hanare-sensei la soltó y ella cayó al suelo, en shock al ver como su tía era arrastrada por Hanako-san, y como ésta no dejaba de gritar y llorar, pidiéndole ayuda; pero Sakura no hizo nada, sólo permaneció quieta, observando todo lo que pasaba. La puerta se cerró y ya no hubo más gritos, todo el lugar quedo en silencio; los excusados comenzaron a escupir agua, y solamente la que salía del cuarto servicio estaba teñida de rojo por la sangre de sus compañeras y su maestra.

Así que ella se levantó, como pudo, del suelo; se volteó para caminar hacia la puerta, la abrió lentamente y…

—¿Vamos a jugar, Sakura-chan? —escuchó detrás de ella.

Un miedo atroz la invadió; sin embargo, no se giró, y continuó avanzando hasta salir de ahí. Y a pesar de lo que había pasado, de ser testigo de la muerte de sus compañeras y de su tía, se sintió extrañamente feliz… porque ya no las vería de nuevo. Se sujetó el estómago y no supo si llorar para pedir auxilio o reír frenéticamente.

—Oye, ¿estás bien? —alguien le preguntó.

—Sí —miró a la persona que le hablaba y entonces le sonrió—. Sí, lo estoy.

. . .

Vio salir su cabeza lentamente del retrete, y pudo escuchar como los huesos del cuello le crujían para volver a su sitio, también notó su piel azulosa y las grietas oscuras que surcaban todo su cuerpo; y en aquel momento se preguntó si de pequeña las había notado cuando solían jugar juntas. El agua siguió escurriendo al piso, sucia y con trozos de pelo flotando, hasta llegar a sus pies…

—Tranquila —se dijo así misma para evitar gritar. Y entonces oyó que aquellas chicas chillaban asustadas al ver el agua salir por debajo de la puerta—. Tranquila, Sakura.

Hanako-san regresó a verla, y comenzó a torcer su cabeza de un lado a otro para acomodarla en su lugar; mientras ella sólo se quedaba ahí, contemplándola y escuchando el ruido que hacía su cuello al doblarse. Giró inmediatamente e intentó abrir la puerta con todas las fuerzas que tenía, desesperada al ver que seguía saliendo del retrete.

—¡Ayuda! —gritó, pero lo único que provocó, fue asustar a las otras chicas que inmediatamente corrieron hacia la entrada—, ¡no puedo salir de aquí!

—¿Vamos a jugar? —preguntó Hanako, jadeando, y después su boca emitió un ruido extraño, cómo si se estuviera atragantando—, ¿vamos a jugar?

Y en aquel momento, a su mente vinieron los rostros de sus compañeras y de su tía siendo arrastradas por ella, con sus gritos de auxilio que aún hacían eco en su cabeza.

—Sakura-chan —y al escuchar su nombre se quedó quieta, sin siquiera respirar, esperando que así Hanako-san no le hiciera nada—, ¿vamos a jugar? —mordió sus labios y comenzó a temblar al darse cuenta que ella no la había olvidado durante todo este tiempo.

—Ba-basta… —quería que ella desapareciera, e intentó abrir la puerta de nuevo—, basta.

Pero la puerta siguió sin ceder y de pronto, descubrió que Hanako-san ahora se encontraba a un lado de ella. Y en aquel momento pudo percibir su olor nauseabundo; su larga cabellera azabache, mojosa y enmarañada, que le escurría por la cara; también escuchó como ésta parecía balbucear algo indescifrable, mientras un líquido negro y hediondo emergía de su boca.

Sujetó con fuerza la manija de la puerta, temblando al ver que aquella criatura seguía a su lado; y dejó de intentar escapar, porque… sabía bien que no iba a lograrlo.

—Sakura-chan —la llamó. Y también pudo oír su respiración entrecortada, así que cerró sus ojos inmediatamente—, Sakura-chan.

Entreabrió sus ojos sólo para contemplar la torcida boca de Hanako-san que intentaba formar una sonrisa y mostrar así, sus dientes negruzcos; igualmente, pudo oler su aliento a podredumbre, y tuvo que contener las ganas de vomitar. De pronto, la puerta logró abrirse y Sakura cayó de lleno al suelo, arrastrándose rápidamente para alejarse de Hanako; mientras ésta permanecía de pie, girando la cabeza en su dirección para verla mejor.

—Oh, cielos… —soltó una de las chicas, provocando que aquel espíritu las mirara—. Oh, no.

Hanako-san comenzó a caminar hacia ellas, mientras las puertas de los servicios se movían frenéticamente, cerrándose y abriéndose una y otra vez; las luces se apagaban y encendían conforme avanzaba para poder atacarlas. Sakura sabía bien lo que ella iba a hacerles, pero, a pesar del miedo atroz que sentía, no podía permitir que tuvieran el mismo destino que sus anteriores compañeras y su tía Hanare; debía hacer algo para salvarlas.

—Vamos a jugar, Hanako-san… —fue lo único que se le ocurrió decir, provocando que Hanako ignorara a las otras chicas y le prestara atención—, vamos a jugar.

Hanako-san le sonrió y se detuvo, para después aproximarse a ella dibujando una tétrica sonrisa en su cadavérico rostro; entonces, la puerta principal se abrió y Sakura pudo ver que aquellas chicas salían corriendo mientras no dejaban de gritar. De pronto, un joven de piel pálida y cabello negro se asomó, las vio… y Sakura por un instante creyó que sería salvada.

—¿Vamos a jugar, Sakura-chan? —preguntó Hanako-san; la sujetó del brazo y comenzó a arrastrarla hacia el servicio número cuatro. Y aunque a Sakura le aterraba la idea de lo que iba a pasarle después, no hizo nada por huir de ella—, vamos a jugar.

Y cuando el joven entendió lo que sucedía, intentó ayudarla, la tomó del otro brazo para así evitar que aquella criatura se la llevara. Sakura no lo conocía y estaba segura que aquel joven no pertenecía a la escuela, no supo qué hacía ahí; sin embargo, le pareció reconocerlo de algún lado…

—¿Sai? —soltó al percatarse de su identidad.

No obstante, Hanako-san logró meterla al retrete del servicio número cuatro; y entonces Sakura miró aterrada al joven, esperando que él sostuviera su mano y no dejara que aquella criatura se la llevara, pero por más que lo intentó, no logró ayudarla… fue arrastrada a la oscuridad y nadie, absolutamente nadie, pudo salvarla.


Continuará…


"Más allá de la puerta"

*Toire no Hanako-san: Es el fantasma de una niña pequeña que habita en los baños de niñas de todas las escuelas japonesas, situada en el baño número cuatro.

Nadie conoce su verdadera historia y el por qué es que ella asusta a todas las niñas que van a los baños solas, saliendo del baño número cuatro y dando un buen susto de muerte. Por lo general sólo te da un susto apareciendo detrás de ti o delante tuyo bañada en sangre.

Coco (también conocido como "Bogeyman"): El bogeyman es un aterrador ser legendario, caracterizado como un asustador de niños. Su equivalente en países hispanoparlantes es "el coco" o "cuco", y más lejanamente "el hombre del saco", o en México como "el viejo del costal" y en Argentina se lo conoce como "el viejo de la bolsa".

Suele ser un monstruo que se mantiene al acecho en dormitorios (por ejemplo: detrás de la puerta, dentro del armario, o debajo de la cama), lugares en los que se esconde antes de atacar al durmiente. Los padres a veces, para controlar a sus niños, animan la creencia en un bogeyman que asusta solamente a los niños que se comportan mal.


Notas de la autora:
¿Creen que esto ya acabó? Pues no.
Aún falta la tercera y última parte, así que tengan paciencia, no tardaré mucho con esta criatura.
También quiero darles las gracias por seguir tan loca historia, y bienvenidos a los nuevos lectores… ojalá sigan pasando.

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