Día 10- Todo lo que paso en tu día + fantasía

Tom Riddle corría, cosa muy poco usual vista en él, pero ahí estaba y todo por una maldita encomienda perdida.

Su día había comenzado lo más normal del mundo. Como siempre se levantó temprano, se tomó su taza de café matutino y pan tostado con mantequilla, tomo un baño y se vistió lo más presentable que fuera posible en menos de veinte minutos y salió camino a su trabajo.

El periódico no abre hasta las nueve, pero él como empleado tenía que estar media hora antes. Trabajaba en la sección editorial como aspirante a escritor de una de las tantas secciones informativas en el periódico, al ser nuevo no le daban mucho respeto que se diga y en lugar de enseñarle cómo funcionaba todo, los superiores lo tenían como asis-tonto*, y no solo ellos, sino que también sus compañeros de trabajo le dejaban cualquier carga extra, sin poder decir que no a menos que quisiera ser despedido. Era como un tiempo de prueba en el que solo llevaba una semana y ya quería mandar al carajo a todo el mundo.

Entro en el edificio, subiendo al tercer piso y entrando en la sección donde había viarias casillas con varios de sus compañeros pululando a esa hora intentando terminar algún artículo o buscando los titulares recogidos el día anterior. Lo típico de los lunes.

Se dirigió a la última de las casillas y encendió su computadora, aun no le asignaban nada muy espectacular, solo inmensos reportes de facturas atrasados y los pedidos de almuerzo para todos en la oficina. Malditos explotadores. Respiro profundo y miró hacia la pantalla, mientras se encendía lentamente sentía que varios minutos preciosos de su vida se perdían y moría un poco, debía recordar por qué seguía allí. Por millonésima vez.

Cuando al fin la maldita computadora del siglo de los dinosaurios encendió, uno de sus jefes lo llamo. Sin rechistar se levantó y apresuró a llegar a la oficina.

-Riddle, necesito que vayas a recoger un paquete al área de correos en el piso doce. Lo quiero aquí antes de las tres de la tarde. Aconsejo que te apresures, suele congestionarse. –Le entregó un papelito con el nombre y el código del paquete.

-¿Algo más, señor? –Hablo con su voz monótona sin dejar pasar ninguna emoción.

-Si tienes tiempo, pásate por un latte. –El jefe le tendió un billete y luego lo despidió.

Tom suspiró internamente y después de pasar apagando su computadora fosilizada, se dirigió al ascensor para subir al piso doce. Observo la información en el papelito que decía "Asuza-7102372" no debía ser mucho trabajo además de hacer fila.

Diez minutos después al fin había llegado a su piso y camino hacia las oficinas de correo, y se sorprendió al ver que solo había cinco personas haciendo fila para retirar paquetería. Eso era bueno, no se perdería tanto tiempo. Otros cinco minutos y llego a la ventanilla con una chica que lo atendió amablemente. Él solo dijo "buenos días" y luego le tendió el papelito. La chica lo tomo y después de un rato tecleando en la computadora (que por cierto era más actualizada que la suya) se volvió hacia a él y le informo que el código no era válido. Tom maldijo por dentro.

-¿Cómo que no es válido?

-El código no corresponde a ningún paquete recibido actualmente. Tal vez te dieron un número equivocado.

-¿No puede revisar de nuevo?

-Ya lo hice tres veces, el código es denegado.

Perfecto, simplemente perfecto. Tom tomó el papelito de vuelta y lo miro fijamente por unos segundos.

-¿Seguro que te dijeron que buscaras en esta casilla? En el piso 23 hay otra oficina de correo. Tal vez se equivocaron de oficina postal.

-¿Eso es posible? –Preguntó incrédulo Tom.

-Te asombraría la de veces que ha ocurrido. Suerte. –la chica lo despidió y dándole las gracias salió de la fila rumbo al ascensor.

Quince minutos después de nuevo salió del ascensor buscando la mentada oficina de correos, se estaba volviendo claustrofóbico de tanto estar encerrado en el ascensor. Casi estaba tentado a tomar las escaleras. Esta vez la fila si estaba larga y suponiendo la hora que era estaba un 90% seguro de que cerrarían la ventanilla para ir almorzar antes de que él llegara. Bueno, perecía ser su día de suerte, llego antes de que dieran las doce en punto y el bendito código funcionó. Casi se pone a bailar de alegría. Pero se contuvo.

El hombre que lo estaba atendiendo le pidió la identificación, la oficina de donde venía y el número de teléfono de la sección. Como era nuevo solo se había aprendido un número, el de su casilla así que ese dio.

Otra vez rumbo al ascensor, ahora con el paquete, una horda de empleados muertos de hambre y desesperados por salir, lo atropellaron e hicieron que botara el paquete que cayó justo dentro del ascensor que tan pronto se cerró antes de que pudiera tomarlo. Solo atinó a reaccionar y buscar las escaleras, el comedor en el edificio quedaba en el piso 8 que era lo más probable a donde se dirigía, más de diez pisos por los cuales bajar corriendo.

Iba por el piso 18 cuando sentía que ya no respiraba ¿Por qué carajo había tantos pisos en un solo edificio? Después de tomar un respiro, siguió su carrera hacia abajo. Cuando ya sentía su alma desfallecer, llego frente al ascensor justo a tiempo. Pero cuando se abrió y la misma horda de empleados hambrientos salieron y el ascensor quedó vacío, no había nada. NADA.

Ahora sí estaba despedido, así de fácil y rápido solo por un maldito paquete perdido. Maldito código. Malditas oficinas. Malditos empleados moribundos. Maldito ascensor. Malditas escaleras. ¡MALDITOS TODOS! Resignado volvió a su piso y se dirigió a su casilla, dejándose caer en la silla una vez hubo llegado.

-¿Riddle…?-Hablo una voz a sus espaldas.

-¡¿Qué, maldita sea?! –Estaba frustrado, y aunque nunca respondía así no pudo evitarlo.

Sintió como le tiraban algo al escritorio y se levantó solo para seguirle gritando al idiota que lo estaba molestando.

-¡Paquetería perdida, idiota! –Le gritó el chico frente a él. Tom se giró hacia la mesa y ahí estaba. Casi se ponía a llorar de felicidad. ¡No estaba despedido! –Un simple "gracias" hubiera bastado. –El chico dio la vuelta y comenzó a caminar enfurruñado, hablando algo acerca de la gentileza perdida y de que el mundo se estaba volviendo cada vez peor.

Tom quiso seguirlo para disculparse, pero el chico ya había entrado en el ascensor y se había ido. No quiso esperar más y se dirigió a la oficina de su jefe a entregar el paquete, no vaya a ser que lo vuelva a perder.

El jefe lo recibió y en frente de Tom lo abrió. Casi le da una ulcera al ver lo que contenía el maldito paquete. ¡Piedras! El endemoniado paquete por el que casi pierde la vida en las escaleras contenía… PIEDRAS.

Con un tic en el ojo, Tom decidió que se tomaría el día libre, se lo dieran o no. Ya suficiente había sufrido hoy. Tomo sus cosas se encaminaron fuera de las casillas. Entonces llegó a una encrucijada, no sabía que era peor: las escaleras o el ascensor. Opto por el ascensor, después de todo estaba en el tercer piso, no sufriría tanto.

Con andar cansado y desanimado salió a la calle, pero iba tan perdido en sus pensamientos que no se fijó en la persona que venía delante de él con una montaña de paquetes que le obstaculizaban la vista, por ende terminaron en el suelo los dos al mismo tiempo.

-¿Tu otra vez? –Grito indignado el chico.

-¿Yo?

-No sé qué te andas, wey, pero conmigo no la tomes. Ya suficiente trabajo tengo encima.

-¡Tu! –Grito Tom al darse cuenta de quién era.

-Sí, Yo. –El chico comenzó a recoger los paquetes y Tom se apresuró a ayudarlo.

-Quería disculparme, no fue mi intención gritarte. Estaba teniendo un pésimo día y creí que eras uno de mis molestos compañeros de trabajo. Lo lamento.

Tom tomo el último de los paquetes caídos y el chico lo miró con los ojos entrecerrados.

-Te disculpo si me ayudas a llevar esto al sótano. –Sonrió y Tom aunque no quería caminar más, decidió acompañarlo porque después de todo el chico le había devuelto el paquete perdido y gracias a eso aún tenía trabajo. –Por cierto, me llama Harry. Mucho gusto.

-Tom, igualmente.

-Tom, después de esto tengo la tarde libre. ¿Qué te parece ir a tomar un café? Pareces necesitarlo, yo invito. –Ante la mención del café, Tom se acordó del latte que quería su jefe y casi tuvo el impulso de salir corriendo a buscarlo, pero se detuvo a tiempo. Ya se había dado el día libre, ni de coña regresaba a ese lugar. Tom le sonrió a Harry, aceptando el café.

-Si tú invitas al café, yo invito las galletitas.

-¡Hecho! –Dijo Harry. Se apresuraron a ir al sótano y dejar los paquetes que faltaban para ser libres al fin.

Ese lunes comenzó hecho un desastre, pero todo pintaba a que terminaría esplendido. Mientras las personas dentro del edifico seguían ajetreadas y llenas de trabajo, ellos dos disfrutaban de un rico café con galletas de chocolate. Hablando de todo y de nada.

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XD HORRIBLE! Que te manden una encomienda y se equivoquen de sucursal es horrible, el lunes prácticamente me hicieron correr de un punto a otro, pero al final del día todo termino bien para mí, con un rico café y charlando con un amigo que no había visto en todo un mes.

*Asis-Tonto: es un juego de palabras en la que se une Asistente y Tonto. Se define a los babosos que sirven de PTM (ParaTodaMierda) cuando entran a trabajar en un lugar, así les dicen en mi país xD

Bueno, eso es todo, espero se hayan reído de la desgracia de Tom y hayan disfrutado el cap.