Fanclere:
Miércoles! Eso quiere decir nuevo capi de Letian, esta vez de manos de Fanclere, aunque Lemwimsen me lo ha dejado muy muy difícil espero estar a su altura.
Primero quiero agradecer enormemente vuestro apoyo, vuestras palabras, visitas y votos que nos animan a continuar.
Agradecer también a Lemwimsen ser tan especial y aparecer en mi vida… Estoy emocionada porque en UNA SEMANA le voy a ver el careto y decirle lo idiota e increíble que es a la cara!
Sin más disfrutad del capítulo escrito con todo el amor del kokorito.
CAPÍTULO 10 SIN SALIDA
No se lo podía creer, todo, absolutamente todo cuanto había planeado se tambaleaba ante la noticia que Lexa había compartido con ella. No tuvo tiempo a enternecerse ante la insistencia de la reina por su seguridad, no, ella solo podía pensar que la boda se le escapaba de las manos, que si el consejo vencía todos sus planes se escaparían por la alcantarilla más putrefacta de Letian.
Fingió, como la vida le había enseñado a hacer, fingió que su turbación se debía al miedo y, poniéndose su máscara de autocontrol, su mente ideo mil formas de sacar a Lexa de Polis, necesitaba hacerlo cuanto antes y terminar el trabajo encomendado ya que parecía que el plan inicial hacía aguas por todas partes.
La solución apareció en su mente como un rayo de luz y sonrió internamente por su enorme creatividad, el bosque… No estaba lejos pero si salía de la protección que Polis ofrecía y ahí, las dos solas, podía dar su golpe de gracia y terminar ese encargo que tantos dolores de cabeza le había dado.
Suspiró, contra las puertas de su habitación, ya recogida después de su batalla de la noche anterior y luchó, con todas sus fuerzas, para apartar de su mente el recuerdo de la risa cristalina de Lexa, sus ojos verdes brillando cargados de ternura y entusiasmo… Luchó por apartar la mirada cargada de dolor que le mostró en la cena, luchando contra sí misma y los deseos de su pueblo… Simplemente quería sacar a Lexa de su mente pero era una batalla perdida de antemano, la reina se había colado en su ser sin avisar, tenía sentimientos sin nombre, profundos por ella y necesitaba terminar, acabar de una vez con ella y largarse lejos a disfrutar de su recompensa.
Perdida en sus propios demonios, sus ojos claros se posaron sobre la mesita auxiliar que adornaba la estancia y frunció el ceño, sobre ella pudo ver perfectamente colocado el adorno real que Lexa solía llevar en la frente, cayendo en la cuente que durante el día no se lo había visto puesto, debió perderlo en medio de la batalla nocturna… Con pequeños pasos se acercó a tomar el adorno entre sus manos… ¿Debía devolvérselo? ¿Sería importante para ella? Mil preguntas bailaban en su mente mientras enredaba ese pequeño círculo con la marca de los elfos entre sus manos para, finalmente, esconderlo entre sus bolsillos sabiendo que, si al día siguiente acababa con la vida de Lexa, por lo menos tendría un recuerdo de la soberana y de esa risa que había puesto su mundo del revés.
Con la mirada perdida más allá del ventanal, no se percató de que abrían la puerta de la habitación y que Ontari y Raven entraban en la estancia, entre risas y algún chiste que no habían compartido con ella, mas al ver su semblante serio y atormentado se detuvieron en el acto, esperando que Clarke rompiese el tenso silencio que bailaba en la habitación.
-Mañana- dijo en un susurro ahogado pues ni ella misma sabía por qué, la idea de acabar con Lexa ya no le parecía tan sencillo como al principio… -Mañana la llevaré al bosque fuera de Polis y acabaré el trabajo.
-Pero… ¿No es mejor esperar a la noche de bodas? ¿Cómo habíamos planeado?- Susuró Ontari, dejando ver entre sus palabras la alarma que iba más allá de un simple cambio en su estrategia.
-No, posiblemente no se celebre la boda, Lexa ha recibido órdenes del consejo para detener el proceso de paz y si elige a su pueblo romperá el compromiso… No hay tiempo, tengo que hacerlo mañana.
Callaron, las tres sumidas en sus propias cavilaciones sabiendo que no había vuelta atrás. Había llegado el momento de culminar la misión por la que se hallaban en Polis. Con una simple reverencia, Ontari y Raven se marcharon de la habitación, demasiado deprisa, dejándola sola con sus pensamientos. Al día siguiente todo habría acabado.
CL
Raven caminaba con prisa por los pasillos, huyendo de sí misma y su propio fracaso. Estaba convencida de que tendría tiempo suficiente para conseguir que Clarke desistiera de sus planes pues en ningún momento le pareció apropiado que su amiga asesinase a sangre fría a la soberana de los elfos y, tras haberla conocido, aunque fuese solo un poco, sabía que Lexa no merecía la muerte, que solo buscaba la paz y ellas, como lacra humana, destruirían las esperanzas de ambos pueblos simplemente por ambición.
Sus pasos la guiaron por el entresijo de habitaciones sin un destino fijo hasta que se topó de bruces con una de las guardas de Lexa. La recordaba por su vivida batalla de cojines la noche anterior, Octavia, sí, ese era su nombre y sus ojos claros consiguieron que se quedara estática en medio del pasillo sin saber si continuar su andar o romper el silencio instaurado entre las dos sin saber muy bien cómo hacerlo.
-Vaya, si es la chica cojín… -Sonrió, cómo no hacerlo, Octavia si supo como acercarse a ella y romper el silencio, recordando con cariño su momento de travesura de madrugada. -¿Qué haces sola por aquí? ¿No deberías estar cuidando a la princesa?
-La princesa se cuida solita esta noche, yo necesitaba andar, distraerme un poco.
Octavia la miró, de lado y le sonrió. Su sonrisa era algo nuevo para Raven, acostumbrada al semblante serio de los elfos, era una sonrisa pícara y cargada de vida. Durante unos instantes no supo reaccionar y sintió la corriente eléctrica recorriendo su cuerpo entero cuando la joven semielfa la agarró de la mano y estiró de ella, guiándola por los pasillos del caserío.
-¿A dónde vamos?- Consiguió preguntar, con un hilo de voz nervioso al sentir la calidez de sus manos enredadas. Octavia simplemente la miró sin dejar de sonreir antes de responder a sus incógnitas.
-Resulta que a mi también me gusta dormir, y cierta persona se dedica a despertarme al alba con cazos de agua fría, un despertar horrible que no le deseo ni a mis peores enemigos… Pero ella no sabe con quién se está metiendo, encontraremos la forma de devolvérsela una y otra vez…
-¿Encontraremos?
-Encontraremos, eres buena en esto señorita Cojín, puedes ayudarme- Y nuevamente su sonrisa, desarmándola, obligándola a reír, a olvidar que Clarke estaba a punto de cometer el mayor error de su vida, simplemente se dejó arrastrar por esos pasillos, por esa risa que ya la había cautivado sin pensar en el mañana.
CL
Amaneció, apenas había dormido pensando en el paseo que se presentaba por el bosque. Sus escoltas no habían vuelto en toda la noche y lo agradeció, necesitaba estar sola para poner en orden sus pensamientos.
Suspiró, terminando de ponerse el vestido, escondiendo sus dagas entre sus pliegues pues sabía que esta vez tendría que usarlas y, por primera vez desde que pisaron Polis, fue ella la que recorrió los pasillos al alba en busca de Lexa.
Frente a su puerta respiró para calmarse y, suavemente, golpeó esperando que la reina apareciese ante ella.
Lexa no se hizo de rogar, a los pocos segundos se presentó en la puerta con una cálida sonrisa y sus ojos verdes más brillantes que nunca, su rostro mostraba una mueca divertida.
-Vaya princesa, no os esperaba, no hasta después del desayuno.
-Después del desayuno los guardias de Polis estarán despiertos majestad, será más difícil escabullirnos, es mejor salir con el alba, aprovechando las sombras
Lexa simplemente asintió y sonrió, cogiendo su mano y estirando de ella, impaciente por salir de los muros de Polis y perderse entre los árboles que tanto echaba de menos.
Fue relativamente fácil escabullirse sin ser vistas, cuando finalmente el sol salió. ellas ya estaban lejos de la protección de Polis, adentrándose entre los árboles del frondoso paraje.
Intentando calmar los latidos desenfrenados de su corazón, Clarke dejó que Lexa guiara sus pasos entre la espesura, que no soltase su mano, que se maravillase como una niña ante todo lo que veía y sonriese de forma sincera sin saber que, en breves instantes sería su final… Le debía al menos un último momento de ser feliz.
La dejó investigar concienzuda cada rincón, encaramarse a los árboles y agarrarse a las ramas entre risas, incluso se atrevió a mirarla con ternura cuando ante ella se mostraba inocente y niña, sin el peso de una corona que le venía demasiado grande.
Finalmente, decidieron detenerse, Lexa cansada de trepar y brincar mientras Clarke batallaba con todo su interior, sujetando con fuerza el mango de la daga con la que segaría la vida de la joven soberana.
Se sobresaltó cuando sintió que Lexa apartaba su cabello del rostro, quitando alguna hoja que se había enredado entre sus bucles dorados y le regalaba una sonrisa.
Era el momento, ahora o nunca, solo tenía que sacar la daga y enterrarla en su pecho, aprovechar que la reina esa mañana no llevaba su pesada armadura, solo unos segundos y todo habría acabado por fin.
Suspiró de forma inaudible, aferrándose a la daga para darse valor, cuando su dedo rozó algo extraño, algo que no debía estar en su bolsillo, hasta que recordó que la noche anterior ahí había metido el pequeño amuleto de Lexa.
Fue solo un segundo, un momento efímero, un relámpago en su mente acariciando inconsciente ese pequeño círculo, recuerdo de la reina, solo un mísero segundo y soltó la daga, sabiendo que no podía hacerlo, no podía matarla.
Sacó con cuidado el pequeño adorno, mirándolo perdida en sus pensamientos hasta que la voz de Lexa, firme pero dulce y demasiado cerca la despertó de sus ensoñaciones.
-Eso es mío, princesa… Creí que lo había perdido.
-Estaba en mi habitación.
-¿Por qué no me lo disteis de inmediato al verme?
-¿Es valioso para vos majestad?
¬-Lo es, tiene un gran valor para mi ¿Por qué? ¿Pretendíais quedároslo?
-No sabía si devolverlo… Quería tener algo que me recordara a vos.
Sintió un escalofrío recorriendo su espalda, cuando Lexa rodeó su cintura con el brazo, hablando tan cerca que podía sentir su cálido aliento en su oído.
-Si es vuestro deseo, princesa, quedároslo. Os lo regalo.
Clarke no pronunció palabra, observando atentamente el amuleto reteniendo las lágrimas en sus ojos pues Lexa no debía verla llorar. Finalmente suspiró, girándose y quedando a pocos centímetros del rostro de la reina, colocando con cuidado el amuleto en medio de la frente de Lexa, donde debía estar y sonriendo débilmente.
-Queda mejor en vos majestad.
Cerca, demasiado cerca, podía sentir su aliento enredado, sus ojos chocando y el fuego en las pupilas verdes de Lexa… No podía matarla porque sus emociones ya tenían nombre, le aterraban y a la vez le daban vida… Sabía que por primera vez se estaba enamorando, sus ambiciones y sueños banales se estaban tambaleando, no podía acabar con Lexa…
Su cuerpo dejo de reaccionar a sus órdenes, dejándose llevar por el temblor de su corazón, por su latido incesante. Su mano se elevó acariciando tan suavemente la mejilla de Lexa que esta se estremeció. No hicieron falta las palabras entre ambas, sus miradas cargadas de miedo y anhelo hablaron por ellas, empujándolas al abismo, al choque irremediable, empujándolas a romper la poca distancia existente entre sus rostros, uniendo sus labios en un beso.
Un choque entre el mar y el bosque que puso su piel de gallina, el sabor de Lexa inundando sus sentidos, poniendo nombre a los sonrojos, a su noche en vela, al delirio que sentía… Un beso que la reina correspondió con ternura, mientras una lágrima se escapaba, rebelde y caía por su mejilla pues, tras toda una vida buscando sentir más que el odio y la destrucción, en medio de ese bosque descubrió que Wanheda también podía enamorarse.
