Capítulo XI
Se veía hermosa, no iba a negarlo de ningún modo. Antes podía disimular su fascinación por ella, pero ahora era difícil esconder sus sentimientos tan evidentes. Lo sabía, no era la clase de chico que tomara la iniciativa, pero ahí estaba, a centímetros de ella, de sus labios, con sus respiraciones entremezclándose. Y lo más extraño, Anna no parecía molestarse con la nula distancia, lo cual únicamente incrementó los latidos de su loco corazón.
—Realmente…es un buen momento—afirmó con una pequeña sonrisa mientras comenzaba a cerrar sus ojos
El barullo de las personas a su alrededor dejó de importar. No esperaba una situación similar en su mente, mucho menos con apenas unos segundos de haberse encontrado. No era lo que había imaginado para la noche. Sin embargo, cuando percibió la tibieza de sus labios, sintió también un gran golpe en su espalda, que la obligó no sólo a chocar su cara bruscamente con él, sino a tirarlo al suelo. Aunque ella no tuvo mejor suerte al caer de rodillas.
—¡Mierda!—bramó realmente molesta, mientras tomaba su nariz roja—¡Pero qué diablos!...
La colisión no había sido suave. Sentía su cara arder, y su boca no había salido ilesa, no sabía si al grado de sangrar, aunque no sentía ningún sabor salado y sí percibía un ligero hinchazón. Giró de inmediato para buscar al culpable, mientras un hombre le tendía la mano para incorporarse. Y encontró cajas regadas por todas partes. No sabía si eran regalos, pero había por lo menos dos personas más en el piso. Individuos que discutían prácticamente a golpes, mientras tres oficiales intervenían en la disputa.
Su atención volvió al sujeto que aún le tomaba la mano.
—Lo siento, señorita—dijo realmente apenado—Todo sucedió muy rápido, no quise chocar con usted.
Eso comenzaba a tener sentido.
—Bien…—pronunció al ver con mayor claridad el alboroto que se había formado en poco tiempo.
Yoh miró desde el suelo cómo algunas personas rodeaban la pelea. Nunca entendería el morbo que provocaban los conflictos, pero sí podía ver claramente la cantidad de artículos tirados en el suelo. Quizá besar a alguien en una zona transitada no era la mejor opción. Se incorporó aún adolorido, caer de lleno en el asfalto no era nada fortuito para su columna.
—Eso definitivamente no lo esperaba—dijo estirándose y sonriendo nervioso.
—De verdad lo siento, ellos venían corriendo cuando yo…
—No se preocupe—mencionó el castaño y dirigió su vista hacia ella, que sacudía su ropa—¿Estás bien?
—Sí—respondió desviando su mirada.
—Me alegro que no te hayas lastimado—dijo suave—Bien…Ahora debemos recoger sus cosas.
—No es necesario, joven.
—Pero claro que lo es, hay muchas cosas tiradas.
—Gracias, de verdad.
Sonrió y procedió ayudarlo. No esperaba que Anna lo hiciera. Sin embargo, realizó una buena tarea apilando las cosas de mejor modo en una caja que el dueño de la cafetería les proporcionó. Al menos ahora las compras tenían una mejor distribución. La cuestión era… si después de la ligera interrupción, las cosas tomarían su rumbo.
—Bien, vámonos—dijo con autoridad, mientras acomodaba su bolso.
Definitivamente no.
—¿A dónde? —cuestionó confundido—¿No íbamos a tomar un café?
Bien. El plan era ése. Era, tiempo pasado. Antes de que todo mundo los viera a punto de besarse, en el suelo, en una situación vergonzosa. Sinceramente, no tenía ganas de entrar en el local y ser el centro de atención entre miradas chismosas y comentarios reiterativos.
—Prefiero ir a patinar, así que muévete o habrá demasiada gente esperando.
—Pero… es que yo…
—¿Qué? —preguntó impaciente—¿No sabes patinar?
—No mucho en realidad—mencionó apenado— ¿Tú sabes?
Dudó un momento antes de continuar, pero no servía de mucho cortarse, después de todo él conocía gran parte de su historia, era una cosa lógica si lo pensaba con mayor claridad.
—Algo…Hao y yo patinábamos todos los años en el Central Park—mencionó comenzando a caminar.
—Entiendo.
Y el silenció predominó un par de minutos mientras emprendían camino. En realidad, no parecía incómodo, pero había silenciado bastante tiempo para ser él. Miró a su alrededor las luces navideñas y los arboles iluminados por toda la larga avenida. Personas iban y venían ante la ligera brisa helada que parecía formarse con el caer de la noche. ¿Pensaría en las diferentes formas que pudo terminar aquel beso? ¿Acaso pensaba que era aceptación a una relación? ¿O pensaría en su hermano?
—Cuidado—dijo tomándola de la mano.
Retrocedió un paso cuando notó que estaba por cruzar la calle en plena circulación.
—Creo que estas muy distraída—comentó en un tono divertido—¿En qué estás pensando?
¿De verdad quería saberlo?
—Sólo recordaba…
—Oh…
Supuso que no era la respuesta que esperaba, pero sus dedos se entrelazaron, mientras él miraba sus manos unidas. El semáforo cambió y ambos caminaron de ese nuevo modo. Para ella era extraño, para él también debía ser algo nuevo, pero no sentía incomodidad al respecto. ¿Sería correcto permitirlo? No consideraba adecuado esa clase de tratamiento, pero creía que retirarlo sería una grave ofensa a su persona. Rápidamente desdeñó la idea.
—¿Y me contarás?….—pronunció sacándola de su profunda ensoñación.
—¿Qué cosa?
—Lo que recordabas—respondió con una ligera sonrisa—Decías que estabas recordando algo, qué es.
—Oh... Creo que…ésta es la primera vez en esa pista. —se limitó a decir, tratando de darle coherencia a sus pensamientos tan dispersos.
—¿De verdad? —dijo sorprendido—Pero si es la pista más popular. Es uno de los atractivos de la ciudad, por lo menos en Navidad. ¿Cómo es que no has patinado ahí?
—Tú lo has dicho, es popular.
—¿Y? Yo no creo que en Central Park esté vacío—argumentó con gracia.
Y tenía razón, para qué negarlo, pero no había una razón en específico. Simplemente a Hao se le hacía más práctico ir al parque, dar la vuelta, comer algo y volver a tomar el autobús. Caminar al centro no le agradaba tanto y menos con el trayecto algo prolongado a su casa con el tráfico.
—Bueno, será la primera vez. No creo que eso sea algo malo—respondió finalmente—Al contrario, es lindo.
No había duda en eso, el sitio era una ensoñación. Ideal para una cita. Pero él, técnicamente no entraba en esa categoría. En teoría, y ella manejaba bien esos términos. Quizá debería dejar de pensar todas sus acciones y simplemente disfrutar la velada como él. Porque no veía que él se estuviese matando por develar las razones de su ocurrente salida, ¿o se equivocaba?
—Y especial—añadió el castaño.
—Supongo. Aunque todas tienen un algo especial—describió con firmeza—La primera vez siempre es un misterio, pero conforme conoces, entiendes por qué puede convertirse en un sitio romántico.
Y se maldijo por quinceava vez en la noche. Debía evitar ser tan racional, no le estaba sirviendo en lo absoluto y por el contrario, decía cosas muy burdas. Pero al menos él estaba feliz, se denotaba en la indiscutible sonrisa que adornaba su rostro. ¿Por qué no simplemente le informaba de sus planes y ya? ¿Por qué tanteaba tanto el terreno? ¿Por qué le estaba costando ser tan cortante?
Su respiración se aceleró, podía percibir su nerviosismo. Sus palabras lejos de ser hirientes estaban llenas de un dejó de solemnidad y belleza. Aunque la mención de su hermano no le agradaba mucho, comprendía que todo el contexto lo tenía con él, además, viendo su buena suerte no tenía ni porqué quejarse. Un momento especial, ambos primerizos en un lugar que no había frecuentado con Hao. Tenía todo para transformarse en un momento único y especial.
Anna no dijo más. Volvió a callar y un ligero sonrojo se asomaba en sus mejillas cada tanto la observaba de reojo. Incluso deseó con ferviente anhelo poder leer su mente, en verdad se sentía intrigado de conocer sus pensamientos y sentimientos. La razón por la que había llegado a esta súbita decisión que lo incluía en su vida y de buen modo. Era arriesgado preguntar directamente, no quería caer en un error y tirar a la basura el gran progreso que llevaba. Debía resistir, aguantar y ser paciente. Pero con Kyouyama era un reto difícil.
Comenzaron a caminar a un paso mucho más lento. Entre el frío que se acentuaba con mayor severidad y la afluencia de personas que pasaban apresurados, poco era su entusiasmo para tropezar de nuevo y quería disminuir las posibilidades. Al menos ya tenía algo que contarle a Chocolove cuando llegara a casa.
—¿Y… cómo has estado?—se animó a preguntar.
La pregunta la había descolocado, lo sabía, era torpe para estas cuestiones, pero ni siquiera tuvieron tiempo de entablar una charla incial como tal y él estaba intrigado por su repentina desaparición.
—Bien ¿y tú?—respondió con simpleza cuando acomodaba su cabello detrás de su oreja.
—Bien, con mucho cansancio—reconoció sin pena— Tengo partido y una competencia próximamente, entonces Billy ha estado muy pesado en cuanto a los entrenamientos.
Y no mentía. Seguramente su cuerpo le dolería a raudales al día siguiente.
—Imagino. Es el cierre de temporada y también donde varios reclutadores acudirán a los eventos, debes estar en condición para estar en ligas profesionales.
Sinceramente, no lo había pensado tan a detalle.
—Así es, es… el pase a la universidad—dijo en un suspiro—Pero aún no sé.
Observó su figura a un costado y lo neutral y calmada que se veía. Tampoco quería arruinar el momento mencionando lo que para ella era un tema fundamental: su futuro. Un punto que no veía tan lejano, y tampoco viable dadas las circunstancias actuales. No creía que su enojo se hubiese disipado de la noche a la mañana, tampoco que quisiera estar con él cuando nunca antes habían salido a solas, al menos no desde que fuera novia de Hao.
—La última vez me dijiste que tenías tres opciones de universidad, deberías mandar solicitud a todas, son buenas escuelas.
—Supongo que sí—dijo extrañado— ¿Sabes…? Nunca habíamos salido sólo tú y yo, no desde que comenzaste a salir con él.
—Lo sé—afirmó sin pena— ¿Tiene algo de malo? ¿Somos amigos, no?
El argumento estaba claro, no deseaba que confundiera las cosas, aunque sabía que no podía valerse mucho de esas palabras. Comenzando por el calor de su mano. No era muy propio de simples amigos. Y sus gestos e incluso su forma de actuar delataban que ya sospechaba algo de sus intenciones, eso o estaba creando una fantasía épica en su mente. Quizá la cita no era buena idea.
Un momento. ¿Ella misma estaba llamando cita a esa salida ocasional? En verdad estaba delirando.
—Tenemos que bajar por allá—señaló una escalinata—Es más rápido que darle la vuelta a la manzana.
Lejos quedaban los gritos, los maltratos, ni siquiera esa actitud hostil de los días precedentes, se notaba de muy buen humor, como si sus acciones pasadas no hubiesen repercutido en lo absoluto en su vida. Sonaba extraño, pero sentía que estaba siendo presa fácil de un gran cazador. El día de hoy, prácticamente, estaba en un idilio. No podía dejar de verla con gran fascinación. Aun cuando estaba enamorado de ella, no perdía el suelo y la objetividad de sus actos, pero hoy se sentía encandilado.
Apenas llegaron, se formaron en la fila para entrar. Ella pensaba que tardarían más, pero el turno estaba casi desierto gracias a la generosa oferta de la cafetería del edificio. Se jactó de tener buena suerte. Y él sabía que el afortunado era él. Tenía la oportunidad de comenzar una relación y no la desperdiciaría por nada.
—Apresúrate, comenzará a llegar la gente de nuevo.
Se recargó en la cabecera de la cama y contempló el reloj sobre el televisor. Era bastante trágico desperdiciar el viernes terminando la tarea de literatura, pero no tenía más opciones. Los exámenes estaban próximos y no llevaba el mejor promedio de la clase como para confiarse. Si no concluía en el fin de semana dudaba poder hacerlo en los días posteriores
—Al menos pude darle algo del resumen—dijo con una ligera sonrisa—Y mañana vamos a ir por un helado.
Aunque, tenía que agradecerle a Anna, porque gracias a su intervención y al generoso castigo de Saty es que tenía un pretexto para verlo, más allá de la cita de mañana, había tenido oportunidad de conversar con él de forma más natural en la semana. Sin ella, quizá no hubiese progresado tanto en tan poco tiempo.
Recordaba verlo con admiración desde las gradas, incluso en algunas clases que compartían, pero jamás había tenido el impulso de conversar con él. Yoh siempre corría apurado. Se topaba en pasillos con él, pero su atención se centraba en ella, la novia de su hermano. Era una lástima que no valorara lo que tenía, pero no iba a juzgarla, no le correspondía.
Entonces sus pensamientos se vieron interrumpidos por una gran vibración en la cama. Buscó por todos lados dónde estaba el origen del sonido, cuando recordó que había casi caído en la orilla del colchón. Se apresuró a meter la mano antes de que la llamara entrara al buzón.
—¿Alo? —cuestionó con premura.
—Damuko, pensé que ya estabas durmiendo—pronunció con extrañeza al otro lado de la línea—Pero qué bueno que te encuentro despierta.
—Rutherford…no esperaba tu llamada, creí que estarías en el pub.
Sonrió aliviada mientras colocaba las almohadas de vuelta a la cama.
—¿Esperabas la llamada de tu príncipe azul? Porque dudo mucho que eso ocurra.
—En realidad no estaba pensando en él—mintió tratando de parecer indiferente—Sólo terminaba de leer, se me han acumulado varios trabajos.
—Claro… —dijo no muy convencida—Bueno, yo sólo quería decirte que aún estás a tiempo de alejarte de él.
—Apenas nos estamos conociendo, no lo tomes tan personal, amiga.
Caminó a la barra y dejó caer la basura del café al cesto. Sus amigos querían continuar la fiesta a un pub cercano, pero ella había optado por continuar en la cafetería un rato más. Su razón era sencilla, tenía al blanco en la mira.
—Yo no lo tomo personal, amiga. Sólo te digo que Asakura no te está tomando muy en serio y si quieres mi consejo yo me alejaría de él.
—¿Por qué lo dices? —cuestionó interesada—No debes creerte todo lo que dicen de él, ya te dije que muchas de esas cosas son mentiras.
—Tú eres demasiado buena para ver la crueldad, Damuko.
—Rutherford, odio que me taches de ingenua—recriminó molesta—Sé que eres mi amiga y te interesas por mí, pero si no me das razones claras entonces no te tomaré en cuenta
—¿Así de serio es?
—Me interesa bastante—le informó—Sabes que me gusta desde hace mucho.
Tocó su frente, mientras seguía observándolo a través del cristal. Sabía de antemano que esos sentimientos no eran producto de unos días, sino de varios meses acumulados y quizá algunos años.
—Sé clara.
—Bien. Ese tipo no te conviene porque en estos momentos lo estoy viendo divertirse de lo más tranquilo con Anna Kyouyama en el Rockefeller— zanjó directo al verlo caer en hielo.
No era el tipo de declaración que esperaba, lo sabía, su respiración había cambiado, pero debía ser franca por su bienestar. Un balde de agua helada en pleno invierno.
—¿Quieres seguir mi consejo? Aléjate de él. ¿Quieres seguir sufriendo por algo que nunca va a ser? Sigue haciendo su tarea. Porque aunque te duela, estás ilusionándote en vano con alguien que quiere tener otra pareja. Y además es un descarado, cómo puede salir con la ex novia de su hermano.
—Quizá él…
—Quizá a él no le gustes tanto como tú crees—puntualizó su amiga—Quizá tu sólo eres su segunda opción.
Se sintió extraño y más cuando ella comenzó a caminar con más naturalidad en el hielo. A él no le era fácil, ya había caído más de tres ocasiones apenas deslizó los pies dentro del área. Anna hacía que se viera sencillo, pero realmente no lo era.
—Qué torpe eres—dijo mirándolo con fijeza—Para ti debería ser fácil, señor deportista.
En teoría debería serlo. Pero la práctica distaba mucho de la fantasía.
—Tienes razón, pero es… algo complicado.
—Sólo es coordinación.
—Y equilibrio—completó levantándose con gran esfuerzo mientras una pareja les rebasaba por la izquierda.
En realidad, estaban estorbando en esa parte de la pista. Pero a su alrededor todo parecía fluir con algo más de naturalidad, sin importar que obstruyeran el paso a los principiantes que deseaban sostenerse de la orilla.
—Nunca pensé que sería tan difícil—dijo en un tono lastimero—Y ya me duele la cadera de tanto caer.
—Eres un llorón, eso es lo que eres—respondió con dureza—Apenas tenemos veinte minutos, todavía te queda el resto de la hora. ¿Vas a seguir quejándote?
—No….Bueno sí—contestó apoyándose para caminar—Es que Anna, tú lo haces ver muy fácil y no lo es.
—Llorón.
—Oye, en vez de criticarme deberías ayudarme—dijo señalando a la pareja que daba su tercera vuelta—Mira, ella le sostiene de la mano y se deslizan más fácil.
—No.
—¿Por qué no? —se quejó una vez más.
—Por qué vas a tirarme, y no quiero hacer el ridículo—negó de inmediato.
Buen punto, hasta lo justificaba porque lo que menos deseaba era lastimarla.
—Está bien, no te agarraré, pero al menos podrías enseñarme—dijo resignado.
—¿Y por qué lo haría? Arriesgaría mi integridad física—respondió con una ligera sonrisa— Además, yo no doy clases gratis.
Así que ese era su movimiento clave. Lo malo es que no era tan buen negociante y posiblemente saldría perdiendo ante la propuesta, pero debía ser inteligente. Meditó unos breves segundos algo que pudiese interesarle.
—¿Y si te llevo a un bonito lugar para cenar?
—¿Te refieres a un lugar caro y bonito? —cuestionó interesada mientras se acercaba a él.
Y volvió a perder el equilibrio. En verdad era torpe, estaba sostenido de la barra metálica, cómo podía siquiera resbalarse. No obstante, se abrazó a la rigidez del metal. Definitivamente necesitaba esas clases.
—Sí… prometo que será algo especial.
Admitía que en primera instancia sonaba lindo, al menos sus intenciones eran sinceras y viendo su situación bien podía ablandarse un poco. Se agachó y miró de frente su rostro. No era feo. Imposible que lo pensara si era casi igual a su ex novio. Pero era tan obvio el amor él le profesaba, que casi podía sentir culpa por involucrarlo en su vida de esa manera. En realidad, no podía deducir si sería factible abordarlo como un simple amigo, porque claramente estaba lejos de serlo. Y quizá en algún recóndito lugar no sentía tanta indiferencia.
—¿Cómo aquel lugar que decías que era especial y terminamos en un restaurante de lujo y sin dinero para pagar? ¿Cómo ese lugar? —ironizó dándole su mano para levantarlo.
—¡Lo recuerdas! —dijo levantándose y perdiendo un poco el equilibrio en el proceso.
—Y cómo olvidarlo, fue una vergüenza lo que me hiciste pasar—respondió con obviedad—Todos terminaron lavando trastes en la cocina gracias a mis negociaciones.
—Cierto—respondió abrazándola—Discúlpame, de verdad yo pensé que los cupones eran para una cena gratis en ese restaurante.
Cerró sus ojos, sintiendo el calor de su cuerpo. Se sintió apenada y levemente avergonzada por el suceso, pero él la soltó al notar su tensión.
—Lo siento, sé que no debo tomarme esas libertades—se excusó agarrando la orilla—¿Entonces? ¿Me enseñarás un poco? Prometo que esta vez sí será un buen lugar y no tendrás que lavar ni un plato.
Esbozó una pequeña sonrisa al recordarlo.
—Bueno… te enseñaré, pero a cambio tendrás que hacerme un favor.
—¿Un favor? ¿De qué se trata?
—Te lo diré cuando nos sentemos a comer algo—dijo tomando su mano—Por lo mientras debes aprender a soltar la barra.
—Trataré…—respondió caminando con cuidado, cuando ella tomó su segunda mano.
—No, no trates, sólo hazlo.
Pero a él simplemente no le parecía tan buena idea. Es decir, se estaba metiendo literalmente en la guarida del lobo. En el pasado había sostenido charlas hostiles con Peyote debido a su disyuntiva musical. No quería darle más motivos para provocar una pelea a gran escala. Pero estaba siendo solidario, después de todo no podía dejar a su suerte a Chocolove.
—Vamos a entrar por el cuarto de Peyote, su habitación está cerca de la escalera de incendios y está en el mismo piso que el mío.
Eso sonaba muy precipitado.
—A mí no me parece tan buena idea—opinó Usui—Además, casi es media noche, y este lugar está peor que mi zona, que tal y nos descubren. No nos vamos a librar de la paliza que nos van a poner.
Sabía de antemano esa información, pero no tenía otra alternativa. Lo poco que había sacado de su habitación no le servía y ya no deseaba abusar de la buena fe de Yoh. Menos cuando usaban tallas ligeramente diferentes.
—Tú tranquilo—dijo bajando con un gran salto—Esperamos a que salgan los dos matones del piso de abajo y entramos—Zen y Ryo son fáciles de distraer.
—¿Y por qué no entras con el casero y le pides la llave? Le dices que se te olvidó y asunto zanjado. Somos tres. ¿Qué puede pasar? No creo que nos golpeen por hacer de forma civilizada.
—Tú no los conoces como yo, son de lo peor.
—¿Es porque les tienes miedo?
Considerando los tres moretones en su rostro, la respuesta parecía obvia.
—Como dices… es mi barrio—respondió asustado—Mejor no los provocamos.
—Entrar en la habitación sí les va a dar motivos para pegarnos—dijo trepándose a la escalera—Pilika va a matarme por esto.
—Bueno al menos tenemos alguien que pregunte por nosotros en el hospital—consoló de buen modo.
Ni siquiera quería llegar a esa alternativa. Continuó subiendo hasta lo que dedujo era el último piso. Supuso que la cerradura en la ventana le daría problemas, pero Chocolove no tenía un historial de conducta impecable. Pero bueno, no abordaría de su pasado con la vieja pandilla Shaft. Aquellos tiempos habían quedado muy lejos y ahora estaba entrando en la habitación de una de las personas que más conflictos tenía con él.
Pero tenía que admitirlo, el cuarto de verdad era fabuloso. Incluso se maravilló al ver toda clase de vinilos, se notaba que era un asiduo coleccionista de discos de antaño, y contempló con admiración un aparato ecualizador de audio de gama alta. Las guitarras, acústicas y eléctricas, estaban a un costado del escritorio, donde se situaba una computadora con tres pantallas.
—Mira lo que tenemos aquí—mencionó tocando una tecla para desbloquear la pantalla— Parece que es para la audición del Bandslam.
Chocolove giró su vista, terminando de asegurar la ventana y volver a su sitio la cortina.
—¿Y…? ¿Se supone que eso no nos importa o sí?
—El año pasado nos boicotearon, cantaron la misma canción que nosotros tres grupos antes. Ni siquiera quiero recordar cómo nos tuvimos que arreglar para improvisar una canción nueva—detalló molesto mientras observaba el disco que salía de la charola—Robó nuestras canciones. Editó la música, hasta se dio el lujo de registrar las letras a su nombre.
—Sí… lo sé…
—Pero….
—Basta, se acabó la competencia sana. Querían guerra, pues guerra tendrán—mencionó modificando los tonos de voz y los registros de música—Después de esto, dudo que lo acepten en un concurso tan importante.
Incauto adolescente contra alguien que llevaba dos años más en la preparatoria. No olvidaba tan fácil su rivalidad musical y ahora él no olvidaría tan fácil el ridículo que haría en el concurso de selección más importante a nivel estatal.
—¿Qué piensas hacer? Recuerda que no tenemos mucho tiempo, Horo Horo.
—Lo sé—dijo mandando el archivo de nueva cuenta a grabar—Ve a tu habitación, voy a esperar a que salga el disco. Dejaremos el original aquí, supongo que por el empaque está por mandarlo por correo.
Eliminó el registro y borró toda copia existente de la anterior edición, culminando la obra de arte en un adefesio musical. Tuvo miedo, era muy probable que supieran de ellos. Más si recogían sus cosas. Sabrían de su estancia ahí, lo sabrían.
—No creo que sea tan buena idea… Mejor vámonos.
—No, espera, tú confía en mí—aseguró—Vamos a recolectar algo de evidencia.
—A qué te refieres.
—Debe tener archivos confidenciales, algunas fotos… unos vide….—señaló la pantalla al encontrar una carpeta bastante personal—Lo tenía bien escondido. Fotos y videos caseros. Nunca fallan. Por eso nunca te grabes, Chocolove.
Metió la memoria a la computadora y su corazón palpitó acelerado cuando escuchó los pasos en el pasillo.
Abrió la puerta lentamente. Considerando la hora, esperaba que su hermana estuviese durmiendo. No era usual que se desvelara antes de presentar un proyecto, pero su sorpresa fue grande al verla dormida en el sillón de la sala. Aunque considerando la gran cantidad de papeles a su alrededor era lógico pensar que estaba demasiado ocupada para dormir en su habitación. O quizá sólo no tenía el suficiente espacio en cama.
Dejó su mochila a un costado para verla con mayor detalle a una distancia menor. No pudo evitar sonreír al notar su gesto tranquilo. Era una de las mujeres más hermosas, de eso no le cabía la menor duda. Y la forma en que protegía su vientre abultado no hacía más que enaltecer su ternura. Pronto tendría un sobrino. Pronto, en tan sólo cuatro meses.
Quizá por eso estaba algo sensible con el tema. Veía a Jun. Veía a Anna. Y aunque ambas eran diametralmente distintas, no podía dejar de comparar la situación. Muy en el fondo, sabía que Anna no era tan diferente de su hermana. Posiblemente obstinada, caprichosa y un poco terca, pero definitivamente no insensible.
—Llegas muy tarde—escuchó una voz detrás de él.
Alzó la ceja, un tanto incrédulo. No esperaba su visita, mucho menos que estuviera en bata para dormir.
—Estaba preocupada por ti—puntualizó enojado mientras se sentaba en el sillón más pequeño—Le dije que llegarías tarde y que no te esperara, pero no quiso escucharme. ¿Si sabes que eres una molestia, verdad?
Se contuvo. Sabía de antemano que hacía todas esas cosas para provocarlo. Sus gestos, incluso la forma en que sostenía el café en su mano derecha, le provocaban una inmensa furia.
—Qué demonios haces aquí—espetó de golpe.
—Es mi casa—se limitó a decir.
—Eso no es verdad—masculló entre dientes—Ésta es la casa de mi hermana. Y tú no tienes por qué estar aquí. Así que lárgate.
Sin embargo, no vio la más ligera muestra de aflicción de su parte. Al contrario, parecía totalmente inamovible. No sentía temor por él, lo había enfrentado repetitivas veces, más de las que Jun tenía conocimiento, por eso era franco en sus ideas. Eran enemigos y convivían por razones forzadas. Y sabía de antemano que lo quería fuera de sus vidas a como diera lugar, mas no le iba a dar ese placer.
De ninguna manera iba a dejar a su hermana sola en un país extraño. No después de que sus padres prácticamente le dieron la espalda al saberla amante de un hombre casado. Porqué sí, así era su vida. Tenía ventaja económica, pero a un costo bastante alto.
—Yo pago las cuentas, tú sólo eres un parásito aquí.
Mordió sus labios con rabia. Pese a todo, tenía razón en ello. Jun tenía trabajo gracias a él. Nadie había querido contratarla. Y las oportunidades en su país eran limitadas. Sus padres habían hecho el esfuerzo de mandarla lejos en busca de nuevas oportunidades. Sus intenciones se quedaron en deseos, cuando su hermana comenzó a experimentar que las buenas notas de su colegio se evaporizaban de la nada en esa nueva nación.
Sueños rotos, esperanzas marchitas. El país de las oportunidades, decían, pero para Jun había sido todo lo contrario. Y no quería admitir su fracaso, regresar con las manos vacías. Aceptó la única oportunidad laboral superior al resto. Ya había probado suficiente. Costaba creerlo, pero a Jun no le importaba vivir de ese modo. Y sabía que en gran parte se debía a él. A sostener sus gastos, ayudarle a tener mejores oportunidades de las que ella no tenía el goce.
—Yo te mantengo.
—No del todo—negó rotundamente—De ser así, Jun no dormiría con tantos papeles a su alrededor.
—Eso…. Sí, tienes razón—consideró arrogante—Quería espacio, y no distraerse, ya sabes… cuando tenemos sexo como dejamos la cama.
Apretó sus puños, conteniendo su ira.
—A pesar de que está embarazada todavía se mueve muy bien.
—Imbécil—murmuró con tanto rencor que estaba seguro que golpearía su rostro de tenerlo a su alcance.
Pero no valía la pena. Hacer más escándalo, golpearlo, todo era parte de una cadena de acciones que al final no valía para nada. Jun seguía aferrada a esa vida. Y su sobrino, no quería siquiera pensarlo, pero tendría un destino similar al de su hermana, siempre en las sombras, tolerando lo poco que un canalla como Pino podía ofrecerles. No era lo que deseaba para ellos, pero debía resistir por su familia.
—Bien, así me gusta, parece que a pesar de que te quema por dentro, sabes controlarte—dijo levantándose hasta acercarse a él—Es lo más conveniente.
Su respiración se agitó, pero no respondió, sólo sintió el golpe en su estómago que lo dobló. Se sostuvo por orgullo y contempló su silueta con odio, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en el rostro de su atacante.
—Considérate afortunado, la próxima vez es probable que te quedes durmiendo en la calle.
No hablaba en serio. Lo suponía por la forma en que trataba de patinar sin ayuda. Cómo aprendió a deslizarse tan rápido, era un misterio, minutos atrás era una verdadera pena verlo andar, pero ahora, después de dos horas y media parecía un experto. No le importó pagar el alquiler dos veces más, se veía empeñado en continuar su labor.
—Oye amigo, sólo les quedan quince minutos—gritó el chico de la maquinaria—Aprovéchalos bien.
Quizá pocas veces lo había visto tan ensimismado en una actividad. Y aunque cayó infinidad de ocasiones, se levantaba con la misma entereza. Hasta le pareció divertido cuando la animaba a seguirlo. Su velocidad era mejor, pero no su técnica. Al menos eso pensaba cuando vio el giro en el aire sin caerse. Entonces sí estaba impresionada.
—Tú novio sí que tiene estilo—escuchó bastantes comentarios al respecto.
—Sí, parece que sí.
Alzó los brazos en señal de victoria. Pensó que moriría, pero estaba íntegro. Había sido un movimiento arriesgado, pues sólo lo había visto una vez en los juegos de invierno. Jamás creyó imitarlo, aunque no a la perfección, pero sí de una manera menos profesional.
—Vaya… eso fue…
—¿Genial? ¿Maravilloso? ¿Intrépido?
Sonrió al verlo tan emocionado.
—Peligroso—dijo señalándolo con un dedo—Pudiste haberte caído.
—Lo sé—dijo tomando sus manos—¡Pero no me caí, me siento tan feliz!
Fue fácil comenzar a girar, aunque no con tanta rapidez.
—Basta, Yoh.
Era evidente, con el embarazo, una caída sería fatal y tomaba con cuidado esas precauciones por su futuro hijo. Detuvo paulatinamente el deslizamiento y la abrazó.
—¡Gracias por esta noche tan maravillosa! Me he divertido como nunca.
Por extraño que sonara, también se sentía de la misma forma. Y el calor de su cuerpo se sentía agradable, era curioso que lo pensara. Quizá tenía algo de frío y no le sentaba mal sentir el contacto. Además rechazarlo no se vería bien en ningún aspecto.
—Y también, gracias por enseñarme.
—No tienes que agradecérmelo, yo simplemente te mostré unos trucos—murmuró mirándolo hacia arriba.
Era alto, justo como su hermano. Probablemente un poco más, no podía asegurarlo del todo, pero seguía sintiéndose pequeña a su lado, aunado a que no lleva los zapatos altos, bueno era lógico que le sacara distancia. Sus pensamientos comenzaron a viajar en las diversas situaciones que lo habían llevado a enamorarse de ella, pero por más que trataba no veía lógica en sus acciones. Estuvo disponible bastante tiempo antes de salir con su hermano, tanto tiempo juntos para que no fuera sincero y terminaran en ese embrollo difícil de cuadrar.
Suspiró y se apartó de él para deslizarse fuera de su alcance.
—¿Pasa algo? —cuestionó intrigado por el gesto retraído y molesto en su faz
En ocasiones, en contadas situaciones, podía traslucir en su mirada ese brillo de amor, no era la primera ocasión que lo notaba, pero así como venía fácilmente se diluía. Era como si algo más lo opacara al momento, un sentimiento con el que no podía combatir.
—Nada.
Y sus palabras no eran lo más complementarias.
—¡Bien, se acabó el tiempo! ¡Todos fuera, vamos a cerrar!
Resopló resignado de que aún tenía una última oportunidad para clarificar su futuro. Admiró el paisaje y quiso grabar en su mente aquella imagen. Su primera cita. El lugar romántico e idóneo para pasear en pareja. Giró a buscarla, mas no pudo hallarla hasta los cubículos, donde ya llevaba puestos los zapatos de tacón estilizado. Se preguntaba si no sería cansado en su condición usar algo así, pero tampoco es que fuera notorio, es decir, nada evidenciaba que estaba embarazada.
Se detuvo para admirarla a detalle. Probablemente jamás había puesto suficiente atención en su trasero como ahora, que incluso se preguntó cómo sería verla desnuda. Su tersa piel, su bonita y bien acentuada cintura, sus senos… sus piernas. Vaya, era realmente extraño fantasear con ella cuando técnicamente ya habían pasado la noche juntos.
—Deja de mirarme así, no necesito voltear para ver que me estás viendo como un pervertido.
—Lo siento.
Y encima lo admitía. Cerró el locker y arrojó la chamarra a su original dueño.
—Jamás había notado que me veías de esa forma tan vulgar.
Se sentó para desabrochar los patines, mientras ella le observaba con desconfianza. ¿Era en serio? Ni siquiera se quejaba de Horo Horo, que a su parecer, sí la veía con cierta curiosidad sexual.
—Claro que no, yo… te respeto mucho. Sería incapaz de…
—Te recuerdo que ya lo hiciste—mencionó sentándose al lado contrario—Y no es algo que me guste recordar.
—Pensé que ya lo habías aceptado, por lo menos asimilado—dijo tomando ambos patines para entregarlos en caja.
Se levantó y marchó rápidamente antes de que cerraran las ventanillas. Eran prácticamente los últimos, salvo por otra pareja que charlaba y se besaba esporádicamente. No era el mismo caso y dudó mucho que lo fueran algún día, aunque compartiesen una vida con su genética mezclada. Debía relajarse y no sobresaltarse o arruinaría sus avances, su buena disposición de resolver el asunto. Lo miró recargado en la pared justo para admirar el árbol de navidad, pensativo, más ansioso de lo normal.
—Aún no me has perdonado—dictó con dureza.
Entonces dejó escapar un suspiro largo y profundo. ¿Por qué tenía que evocar esas mismas palabras?
—No se trata de perdonar, tú lo dijiste, sino de asimilar las cosas—dijo parándose frente a él.
—¿Y a qué conclusión llegaste? Si se me permite saber, porque veo que tú ya tomaste las decisiones sola.
Suspiró de nuevo y caminó un par de pasos lejos de él.
—Olvida eso, tengo hambre y no quiero discutir contigo de esas cosas.
—¿No quieres discutir conmigo de esto? —repitió alcanzándola—Perdón pero yo creo que sí debemos hablar de esto, es importante, para mí lo es.
—Para mí no—contesto más exaltada— Ya te dije, quiero ir a comer algo, damos una vuelta y nos vamos. No necesitamos hacer este drama, todo está resuelto.
—¿A qué estás jugando, Anna? —preguntó extrañado— ¿Por qué simplemente quieres olvidar el tema del bebé? Vamos a ser padres, a mí me parece que es necesario definir nuestra situación. Nada está resuelto.
—No salí contigo para hablar de ese tema, así que deja las cosas como están—advirtió molesta— Lo estábamos pasando muy bien, como los amigos que somos.
Entonces toda clase de ideas brotaron en su mente, pero nada tenía sentido. Bajo cualquier arista que lo viera.
—Sí, claro que lo estamos pasando bien. Es sólo que no te entiendo—pronunció ofuscado—¿Acaso no quieres arreglar las cosas conmigo? ¿Por qué te arreglas y vistes bonito? ¿Por qué me hablas con tanta familiaridad? ¿Por qué siento que esto fue más una cita que una simple salida de amigos como lo quieres hacer ver? ¡Casi nos besamos!
Temía que fuera a verlo de ese modo, todo el camino consideró apartarlo, debió hacerlo ahora ya era tarde para aclarar puntos.
—Lamento que lo vieras así, no era mi intención hacerte creer algo que no es— dijo con mayor volumen del que hubiese deseado—Sólo somos amigos y eso todo lo que puedo darte. Por el embarazo no tienes qué preocuparte, encontré a una persona que está dispuesto a pagar todos los gastos con tal de quedárselo. Así que, deberías agradecerme, porque no vas a ser padre y no vas a tener ese tipo de responsabilidades, en unos meses todo será normal. ¡Tú irás a la universidad y yo también!
—¿Y eso es lo que verdaderamente quieres? ¿Deshacerte de él?
—Es lo mejor, él tendrá una mejor vida y nosotros también—puntualizó firme— Es mi cuerpo, las decisiones son mías. Tú puedes hacer de tu vida lo quieras, no me debes nada, ni tienes obligaciones conmigo. Supéralo y deja de martirizarte por algo que no vale la pena.
Apretó un puño y maldijo a lo bajo mientras golpeaba al aire. Era notorio su enfado. Y debía reconocerlo pocas veces lo había visto hecho una furia y su mirada era intimidante, más cuando regresaba y se acercaba a punto de tocarla. Temía que fuera a liberar todo con brutalidad, pero se contenía a pesar de estar a centímetros de ella.
—Maldición, maldición—repitió dándose la vuelta, tratando de retener su misma frustración—Es que… vaya… tu buena disposición…. Había muchas cosas negativas y yo me rehusé a creer que fueras así…
— ¿Así cómo? —dijo agitada.
—No… respeto mucho a mi madre y mi abuela como para decir esas palabras a una mujer—dijo decepcionado—Mejor dime, por qué querías verme, debe ser importante para llamar al sujeto al que apenas toleras en clase.
Y aunque no había dicho nada hiriente en lo absoluto, percibía un gran hueco en su pecho, ansiedad, desconcierto ante la tranquilidad hostil con que estaba asimilando las cosas.
—Sólo trato de llevar las cosas con diplomacia.
—Sí, supongo—afirmó tomando distancia— Perdón si no te invito a tomar un café, pero no tengo toda la noche para hablar con una compañera.
—¿Así quieres que sean las cosas? —cuestionó Anna—Te ofrezco mi amistad, algo que no debería siquiera hacerlo ¿y prefieres desdeñarlo? Aún después de todo lo que pasó entre nosotros, deberías estar agradecido.
—Pues… gracias, pero no quiero tu amistad. Tengo buenos amigos. Tu amistad no me es tan necesaria—dijo sarcástico—Así que ahorrémonos todo el espectáculo completo. Necesitas algo, no me llamaste simplemente para arreglar las cosas, porque por lo visto eso ya se dio por sentado. Pero me enseñaste a patinar, supongo que te debo un favor, ¿no? Después de todo, te di mi palabra.
Tomó una gran bocanada de aire, tratando de retener sus sentimientos, sólo que no podía, estaba tocando puntos sensibles.
—¿Sabes qué? No quiero nada de ti—concluyó la rubia—Tienes razón, esto es una tontería, por qué querría algo de una persona tan poco confiable. Traicionaste a tu hermano, te acostaste con su novia mientras estaba borracha, la embarazaste y no conforme con eso, exiges que tenga a un niño que no quiero, ni deseo —señaló con un dedo sobre su pecho—Me obligas a arruinar mi vida, mi futuro. ¿Por qué? ¿Por tus caprichos? ¿Tus sentimentalismos baratos? ¿A quién quieres engañar? ¡Ni siquiera te creo que quieras a ese engendro! ¡Lo único que quieres es que tengamos a ese niño porque es la única manera en que crees que puedes tenerme, pero te equivocas, porque yo nunca ni con un niño tuyo voy a estar contigo! ¡Nunca!
Su exaltación era clara, pero no lo suficiente para hacerlo estallar. Tenía claro todo lo que ella decía, una gran mayoría cierta, sólo no dejaba de doler.
—Supongo que tienes razón. Traicioné a mi hermano y eso es algo que me duele como no tienes idea, quizá no éramos tan unidos, pero nos agradábamos. Transgredí los límites, y te lastimé. Me he disculpado muchas veces por eso, he tolerado tus rechazos, tus palabras. Y no quiero arruinar tu vida, sólo pretendía apoyarte, estar contigo, luchar a tu lado. ¿Tú crees que yo supuse que sería fácil? Pues no. Sé que es difícil, pero quiero hacerme cargo, no sólo porque es mi hijo, sino porque te quiero y me importas. No quiero que en diez años te recrimines y te culpes….
—Eso no pasará.
—Pues me alegro por ti, de verdad—dijo desviando la mirada—Tú eres fuerte, así que lo harás bien. Y ya que no necesitas nada más de mí, me voy.
Suspiró agitada, su corazón era un vuelco de emociones. Incluso cuando sus miradas se cruzaron una vez más, sintió todo el peso de sus palabras.
—No te voy a buscar más, así que no te preocupes que ya no voy a fastidiarte. Y… sí pretendo luchar por mi hijo, pero será cuando ya no esté en tu vientre. Entonces tendré los mismos derechos que tú.
—Desiste de esa idea.
Movió negativamente su cabeza y comenzó a caminar alejándose por la acera.
— ¡Yoh!
Pero esta vez, no hubo respuesta.
Continuará….
N/A: Capítulo difícil, muy difícil. Siento haber tardado una eternidad, lo tenía casi completo, pero he tardado más de lo previsto por inspiración, tiempo o simplemente porque no tenía la más remota idea de qué escribir. Espero les agrade el capítulo, se vienen cosas más rudas e intensas. Ni Yoh ni Anna se definen bien, pero tienen suficiente trasfondo para pensar que hay más sentimientos de por medio que los que dicen que hay. No se pierdan los próximos episodios, mismo canal. Y muchas gracias por sus comentarios, han sido una guía espiritual para continuar mis fics, que últimamente andan en decadencia.
Agradecimientos especiales: DjPuMa13g, papaola y Sstridnt.
