11
Había transcurrido una luna desde que le vi irse del campamento de los Lannister.
Ha sido un tiempo difícil. Cada día que pasaba se me hacía más largo que el anterior. Los primeros días fueron normales, aún sentía el frío calado en mis huesos, como si el mismo invierno se hubiese instalado en mi sistema, pero poco a poco ese frío fue pasando, dejando que un ardiente fuego creciese en mi interior. Pasé un tiempo en cama, rodeada de maestres y mujeres que intentaban bajar el calor de mi cuerpo. Apenas comía y mucho menos me podía mover.
Lo peor de todo fue levantar la cabeza cada día y ver frente a la cama una sombra negra que me susurraba un suave 'ven'. Según fue bajando mi temperatura corporal más lejano era ese susurro, hasta que un día simplemente me desperté y no vi nada.
Las mujeres me arreglaban cada día y me hacían salir a dar un paseo por el campamento militar. Hablaba con ellas sobre como recordaba mi hogar y lo cálido que se sentía a pesar de su localización, y ellas me hablaban de las maravillas del Sur y la capital. Me prometieron que algún día me llevarían con ellas y me enseñarían todas esas maravillas.
Cuando conseguí recuperarme del todo ya no necesitaba que me sujetasen cuando andaba y comencé a ayudar en las tareas del campamento.Ya no hablaba solo con ellas. La gente dejó de alejarse de mi cuando la fiebre paso. No los culpo, Tywin dio órdenes de que no se hablase de mi estado de salud y nadie salvo quien entraba en esa carpa sabía lo que me había ocurrido.
Tywin me ofreció la posibilidad de formarme y acepté. Ahora cada noche voy a su carpa y me enseña todo lo que en su momento enseñó a sus hijos.
El día había amanecido nublado y el sol que hubo ayer en lo alto del cielo se había ido sin dejar rastro. El invierno se acerca y por donde quiera que mirases podías apreciarlo. Los pájaros emigrando al sur, los ríos aumentando su caudal, el frío que acompañaba las noche ya era diario...Todo te recordaba que el invierno estaba por venir.
El vestido de lana abrigaba mi cuerpo dándole una dulce sensación a mis sentidos. Fue un regalo de Lord Tywin. Trence mi cabello y me apresure en la salir cuanto antes de mi carpa.
Como cada mañana fui a desayunar con Lord Tywin, solíamos hablar de mi clases y me contaba anécdotas de cuando sus hijos eran pequeños. Gracias a esas cosas y esas historias he conseguido coger algo de cariño a Ser Jaime aunque luego realmente sea algo...prepotente.
Cuando llegue a su carpa me estaba esperando con el plato lleno de comida como siempre. El desayuno transcurrió apaciblemente.
— Jaime siempre ha sido así pero Cercei siempre piensa en cada pequeña cosa, observa... -le escuchaba atentamente antes de que sus palabras fueran interrumpidas por una trompeta retumbando en la colina. Tywin se levantó rápidamente y buscó un papel entre su mesa de trabajo.-
— ¿Qué ocurre mi señor?
— No esperamos a nadie. Jaime me envió la última carta hace una semana y me dijo que aún le quedaba bastante tiempo para volver.
Le mire alarmada temiéndome lo peor. Tywin salió rápidamente de la carpa y comenzó a dar órdenes. Intente salir de allí pero uno de sus caballeros me hizo permanecer dentro de ella. Me senté en una de las sillas esperando a recibir alguna noticia. Se escuchaba revuelo y gritos de los altos mandos dando órdenes sin parar. ¿Los Stark nos estarían atacando? No tenía ni idea.
La impaciencia comenzó a filtrarse en mi sistema, no podía permanecer ahí sentada sin saber lo que estaba ocurriendo allí fuera. No se escucha ni un alma en todo el campamento, y entonces me empecé a preguntar qué habría ocurrido o dónde estaría todo el mundo. Lord Tywin me dijo que las guerras no suelen tener lugar en los campamentos a no ser que fuese una emboscada y precisamente esto lo había sido. La trompeta provenía de uno de los escuderos de los Lannister ,pero el puesto se encontraba muy lejos de aquí, no obstante al tener una buena acústica en la colina se podía apreciar perfectamente. Quizá aún no hayan llegado porque aún se encontraban lejos.
Decido volver a sentarme en la silla, mis pensamientos y mi imaginación se han disparado. Necesito relajarme y dejar de pensar en ello, en cuanto todo esté bien Tywin o alguien vendrá a avisarme.
Cuando me desperté estaba tumbada en la gran cama de Tywin, ¿cómo he llegado hasta aquí ? ¿Cuánto tiempo había pasado?
Recordé que después de unos minutos esperando en la silla me decidí por sentarme en la cama pero al final mi cuerpo me traicionó y me acabé quedando dormida.
Frote mis ojos y escuche atentamente. Se volvía a escuchar a gente fuera haciendo sus tareas normales, como si nada hubiese ocurrido. Asome mi cabeza y vi que ya nadie guardaba la entrada. Salí lentamente confundida, ¿qué estaba pasando? ¿Qué había ocurrido?
Tantas preguntas se arremolinaban en mi cabeza pero de repente todo desapareció cuando le vi a lo lejos, Ser Jaime.
¡Por los Antiguos Dioses! ¡Han vuelto!
Mi cuerpo no tardo en reaccionar y salí corriendo por el campamento en su busca. La tierra estaba húmeda y eso disminuía la rapidez de mis pasos. Pero cuando llegue a nuestra carpa la decepción se hizo palpable en mi interior, no estaba allí. Había recorrido todo el campamento corriendo hasta llegar aquí y si no estaba aquí no sabía donde podría estar.
Salgo de mi carpa mirando el suelo resignada. Pensé que tal vez se encontraría aquí o habría venido a buscarme pero al parecer no fue así. Camino de vuelta la carpa de Lord Tywin viendo como todo el mundo festeja su vuelta. Una vida entre leones, quien lo iba a decir.
Cuando estoy cerca de llegar a la carpa veo como un cuerpo esbelto y fuerte se alza entre la multitud. Es él. Después de un mes sigo sintiendo esas mariposas en mi estómago cuando le veo. Mi cuerpo reacciona por si solo y comienzo a correr en su búsqueda. A medio camino se da cuenta de mi presencia girándose hacia mi, tiene una herida en la mejilla y se le ve tan cansando.
Salto sobre él abrazándole cuando llegó, escondo levemente mi cara en su cuello sintiendo sus fuertes brazos sostenerme. Me separo levemente para poder mirarle. Una pequeña sonrisa se forma en mi rostro al ver que es él realmente, que ha vuelto para estar conmigo. Una de sus manos sube hasta mi nuca y me acerca a él para besarme.
¡Dioses! Nunca algo se había sentido tan terriblemente bien. Coloco mis manos en sus mejillas besándole.
No sé cuánto tiempo transcurre antes de separarnos pero ha parecido una eternidad. Nuestras miradas conectan y en sus ojos puedo ver cansancio y felicidad, ha sido un largo camino. Bajo de encima de él y acaricio una de sus manos sin poder apartar mis ojos de él.
— Te he echado de menos. -susurró ganándome una sonrisa leve de su parte. Deposita un leve beso en mi frente y me atrae hacía si.-
Lord Tywin nos dice que esta noche habrá una gran fiesta para celebrar la vuelta de todos ellos. Sin separarme de él caminamos hacia la carpa que nos pertenece. El silencio que nos rodea no es incómodo. Acaricio con ternura su mano sin poder apartar mi mirada de él. Entramos en la carpa. De la bañera sale un espeso vapor que me da a entender que han echado agua caliente en ella. Cuando me giro Sandor me esta mirando. Me acerco colocándome de puntillas, no le recordaba tan alto pienso; y le beso acariciando su brazo. Sus brazos bajan hacía mi cintura y me apegan a él posesivamente.
— No sabes cuanto he deseado volver a besarte. -dice en mis labios antes de devorarlos con fervor.-
Sus manos bajan suben hasta los cordones de mi vestido comenzando a soltarlos con agilidad. Siento como el vestido comienza a bajar por mis hombros dejando mis hombros expuestos. No tarda mucho en atacar mi cuello dejando besos húmedos por toda la extensión. Sus manos descienden hacía mi culo y lo aprietan provocando que un gemido salga de mis labios.
— Tienes que bañarte. -digo en un susurro. Siento arder mi vagina pero ahora mismo tiene que descansar y no tardarán en venir a curarle la herida de la mejilla.
— Báñate conmigo. -dice aún con su boca pegada a mi cuello. Río leve y asiento complaciéndole.- Vamos.
Le ayudo a quitarse la pesada armadura a pesar que él sabe quitársela solo perfectamente. Cuando solo le quedan sus ropajes menores me comienzo a quitar la ropa dejándola colocada a en la silla. Sandor ya se ha metido en el agua por lo que voy hacia él. Cuando llego me quito los ropajes pequeños y me meto poco a poco en la tina. Cierro los ojos ante la sensación de calor que recorre mi cuerpo. Siento sus manos colocarse en mi cadera y atraerme hacia él haciendo que quede sentada sobre su regazo. Al abrir mis ojos le veo mirarme con cansancio, debe de haber sido un viaje muy largo.
— Debes estar muy cansado Ser. -digo lo último en un tono burlón recordando lo mucho que odia que le llamen así. Le escucho reír levemente.-
— No me llames Ser corderito, pero si, estoy muy cansado. Ha sido un mes duro, apenas hemos parado de cabalgar. -dice con los ojos cerrados-
— ¿Y la herida de la mejilla? -digo pasando la pastilla de jabón por su cuerpo.-
— Unos hombres de los Starks. -notó su cuerpo tensarse pero no tarda en volver a estar relajado.- Según veníamos nos encontramos con una partida y nos atacaron.
Aprieto mis labios concentrándome en dejar su cuerpo limpio y fresco. Tywin me dijo que el joven lobo se había casado con una curandera y que desde ese momento, había perdido la guerra. Pero Robb seguía ganando batallas.
Cuando acabo de limpiar su cuerpo una muchacha, de una edad cercana a la mía, entra en la carpa y dice que viene a curar a Sandor. Él al principio gruñe pero le convenzo de que es mejor curar las heridas antes de que se infecten. Me aparto de su lado y le dejo salir. Río leve al ver la cara de la chica cuando Sandor sale completamente desnudó de la bañera.
Salgo de la bañera envolviéndome en una tela. Me comienzo a secar y camino hacia el baúl donde tengo mis ropajes, decido coger uno de los vestidos que he adquirido a lo largo de este mes. Cuando la chica acaba con Sandor me ayuda a ponerme el corsé y el vestido.
Decido hacerme dos pequeñas trenzas con dos mechones de mi pelo sobre la oreja y juntarlas. Me acerco al espejo y miro como me queda todo, el vestido es de tonalidades marrones, el vestido entero es de un tono marrón claro pero tiene estampadas como hojas de un tono más oscuro, no tiene un escote muy pronunciado ya que en él tiene como una tela plegada varías veces, las mangas son algo amplías en la zona de las manos, queda justo de tronco y en la falda queda con vuelo.
Veo a Sandor mirarme, me giro y le sonrío.
— ¿Qué te parece?
— Pareces una dama del sur. -me observa detenidamente.- ¿De dónde sacaste esas ropas?
— Fueron un regalo de Tywin, a mi me gustan. -sonrío.-
— Me lo imaginé.
— Fue muy amable al prestármela. -Frunzo levemente el ceño.-
No quiero discutir con él así que dejo el tema a un lado y decido ayudarle a vestirse para así poder ir a la fiesta que Lord Tywin celebra.
Caminamos hacia la gran carpa que se ha dispuesto en el centro del campamento. Al entrar un ambiente de jolgorio nos envuelve.
Los hombres ocupan gran parte de la carpa cantando sus canciones y bebiendo mientras las mujeres sirven la comida y se encargan de los borrachos. Caminamos hacia la mesa principal donde nos espera Lord Tywin, a su lado hay un asiento vacío que me indica que ocupe. No quiero separarme de Sandor ahora que ha vuelto pero me anima saber que solo estará a tres asientos de mi.
La cena es amena y festiva. Después de haber acabado con la comida, la bebida comenzó a fluir con más rapidez. Los caballeros se iban a las zonas más oscuras de las carpas para poder aparearse con alguna mujer. Tywin me había enseñado a mantener mis formas y no dejar que las circunstancias influyeran en mis modales, pero a pesar de eso me había costado mantener la sonrisa cuando vi como un hombre se corría en el pie de una chica.
Lord Tywin se levantó y se aclaró la garganta pero el alboroto ahogó su llamada de atención. Siento como se comienza a cabrear por el descontrol en el que se ha hundido su tropa. Veo como coge la copa y da dos fuertes golpes en la mesa haciendo que la carpa se quede en un profundo silencio. Todos se giran a mirar a su general mientras las mujeres llenan las copas de cada uno de ellos. Me levanto cuando todos los demás lo hacen.
— Han sido semanas duras para nuestro ejército. El joven lobo sigue ganando batallas y dejándonos como inútiles ante todo el mundo, pero eso se acabó, el joven lobo tiene su agujero ya cavado desde que se casó con esa curandera. -Todos ríen y gritan un 'sí'.- Él mismo ha firmado su sentencia de muerte, y nosotros vamos a acercarlo a ella. -Miro a Tywin.- Hoy vamos a celebrar eso, también vamos a celebrar la vuelta de mi primogénito y de la guardia del rey, y no olvidarnos de celebrar del compromiso de Roose Bolton. Brindemos. Por el verdadero y único Rey Joffrey Baratheon.
Dejo que el líquido recorra mi garganta. Me vuelvo a sentar y coloco mis manos en mi regazo pensando.
Al final de la noche poca gente queda en la carpa y he llegado a un punto en el que no entiendo las palabras de Tywin. Él ya se ha ido pero no puedo esperar a saber la razón. Me levanto pidiendo disculpas y voy hacia la carpa de Tywin. Cuando llego me alivia ver que aún está despierto.
— ¿Lord Tywin, puedo pasar?
— Claro. -Entro con cuidado y me siento frente a él.- ¿Qué te ocurre?
— No he podido dejar de pensar en lo que ha dicho mi señor.
— ¿En qué? -Deja la pluma en el tintero para mirarme.-
— Dijo que brindábamos por la cercana muerte de Robb, la vuelta de su hijo y de la guardia del rey, y por el compromiso de Roose Bolton. -Le miro pensando.- Pero Lord Roose Bolton está casado con Walda Frey y ¿por qué quiere celebrar el compromiso de alguien que está en el otro bando?
— Porque -sonríe- dentro de poco estará de nuestro lado, yo me encargaré de darle una mujer que pueda darle descendientes.
— Pero está Walda Frey.
— No durará mucho tiempo.
— ¿La va a matar?
— Un accidente de caza pequeña Aalis. -le miro fijamente-
— ¿Y su hija Cercei está de acuerdo con casarla con él?
— ¿Quién dijo nada de Cercei?
— Entonces...
— Tú te casarás con él Aalis.
