Disclaimer: Resident Evil y sus personajes correspondientes son propiedad de Capcom.

No creo que Nickleback llegue a leer esto, pero deseo agradecerle infinitamente por esa maravillosa canción que es Photograph. Gracias.

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"Luz de Sol"

Por: Galdor Ciryatan

CAPÍTULO 11.- Un último adiós

No le importaba comer en el suelo, no hoy; no necesitaba su plato, más aún, no necesitaba ninguna clase de plato, comer del suelo una vez en su perra vida no iba a matarle. Estaba bien y contento porque andar en ayunas le ponía irritable pero ahora ya tenía alimento.

— ¿Necesitas ayuda? — Leon asomó la cabeza por ese pasillo de la tienda (se hallaban en una gasolinera Texaco), pero al ver que It ya se las había arreglado para tirar una bolsa de croquetas al piso y abrirla, le dejó solo — No te alejes— sentenció antes de irse.

It continuó comiendo de la bolsa mientras que, no muy lejos de ahí, Jill se hallaba sentada sobre el mostrador (junto a la registradora), con la Tommy gun sobre sus muslos, vistiendo la blusa azul y bendiciendo a ese mini-super por tener café.

Le encantaba el solo hecho de mirar el vapor de la bebida porque la relajaba y la arrancaba de la realidad; se sentía como aquella niña otrora pequeña que, sentada en la altísima mecedora de su madre, bamboleaba las piernas en el vacío y discutía con su hermana sobre quién era mejor: Rainbow Brite o El Último Unicornio. En fin, se sentía bien y a gusto; como si en realidad no hubiese monstruos allá afuera.

Continuando con el recorrido nos encontramos a Chris, quien vigilaba la entrada de la tienda, pero a lo que más le prestaba atención era a los panquecitos que comía con gran ímpetu. Tenía hambre, ¿y qué? Era humano.

En su compañía estaba Ada, siempre silenciosa, sentada en el borde de la banqueta a la entrada del lugar.

— ¿No vas a comer nada? — indagó el hombre.

Ella negó.

— No tengo hambre.

Agotado el tema ambos callaron. Chris quería iniciar plática; le daba curiosidad saber cómo una mujer que se veía tan exquisita (aunque muy segura de sí misma) había sobrevivido y estaba ahí. Más aún, cómo tenía un arma en su poder y cómo había contado con la suerte de encontrar a otros sobrevivientes. Claro que Redfield también tenía curiosidad acerca de las miradas 'raras' entre Leon y Steve, mas ya no les preguntaba nada.

Curiosidad era curiosidad al fin y al cabo, pero decidió satisfacer la referente a Ada (por lo menos).

¿Cuál era su historia a detalle?... Todavía le intrigaba aquello.

Chris se aclaró la garganta y se recargó en la fachada del establecimiento mientras se deslizaba hacia el suelo.

— Entonces…— Preguntar de lleno "¿Cómo llegaste hasta aquí?" no era muy sensato ni cortés…pero de todas formas lo hizo: — ¿Cómo llegaste hasta aquí?

De ser otra persona, Ada se hubiese apabullado con lo directo de Chris, pero ya hemos aclarado que las mulas son mulas y que Ada es Ada, así que ella se limitó a intentar responderle, sin mucho sentimiento, pero con mucha credibilidad.

— Yo sólo tuve suerte de no estar en un lugar demasiado malo cuando esto se desató; no hay gran ciencia en ello. He tenido suerte hasta ahora y espero conservarla.

¿Suerte?... ¡Bah! Eran mentiras; Natura le ayudaba.

— ¿Te encontrabas sola?

"Siempre he estado sola"… — Sí. Pero me valgo por mí misma, no tengo problemas con ello.

— Ya veo…— Bueno, al menos ya sabía un poco más de Ada: Era segura, autosuficiente, independiente y al parecer había recorrido sola su camino hasta antes de encontrarlos a ellos. ¿Y el arma?... — ¿De dónde la sacaste? — Chris señaló la Browning HP y luego se metió a la boca otro pedazo de panqué; mientras comía, esperó a que la mujer le contestara.

— Es un cacharro nada más. La compré hace tiempo, por seguridad.

— Es una Browning High-Power, y está en muy buenas condiciones— puntualizó el hombre.

— Sé lo que es— afirmó ella sin el más mínimo deje de ofensa.

— ¿Conoces de armas? ¿Eres policía o algo así? — Chris le sonrió ampliamente, por la ironía, y volvió a comer del panqué.

— Algo así.

Ada se puso de pie y ostentó uno de esos esbozos de sonrisa, esos que usan las mujeres y que son profundos e indescifrables porque no sabemos si intentan decirnos que somos unos estúpidos o que realmente se ríen con nosotros.

Por alguna razón, Chris se sintió pequeñito al contemplar a esa mujer, de pie, erguida, con los hombros hacia atrás y un aura de "soy un ángel aquí en la Tierra, pero no puedes tocarme, estoy fuera de tu alcance".

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Leon le sonrió y le besó la nariz y el labio inferior; le acababa de cambiar las vendas y, como no había nadie cerca que los pudiera ver, el sonrojo de Steve vino y se fue tan rápido como el gesto que lo provocó.

El pelirrojo se hallaba sentado sobre una caja que estaba contra la pared, frente a un estante con alcohol, vendas, botiquines de primeros auxilios, banditas adhesivas…

— ¿Cuánto tiempo vamos a permanecer aquí? — preguntó el huérfano.

— No mucho. Hay que llegar a la casa de mi madre.

A Steve le desilusionó la respuesta. Estaba adolorido y quería descansar, además, la tienda estaba relativamente limpia de zombies en su interior y había comida; se sentía un poco más seguro ahí que andando por la calles de la ciudad. Pero en fin, si era lo que Leon decía…

El rubio le volvió a besar, esta vez en la frente… Eran esas simples caricias las que le devolvían la vida a Steve poco a poco.

— Busca algo para comer, ¿quieres? Pronto nos iremos.

Steve asintió y se puso de pie con cuidado; las heridas le punzaban pero sabía tolerar el dolor, sino, el miedo a las 'repercusiones físicas' le hubiera puesto un hasta aquí luego de su primer intento de suicidio. Pero nunca fue así.

Buscó algo ligero, apetecible, que le contentara el estómago y que estuviera lejos de los refrigeradores y, por ende, de las cervezas. Una adicción de años no se superaba en una semana, Steve tenía noción de eso y sabía que no le convenía una recaída o siquiera sentir tentación.

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En otro lugar del mini-super estaba Billy, solo, mientras su mente se debatía sobre si debía ir en busca de Birkin o no, sin compañía o con ella y cómo excusarse para ir o si debía simplemente 'desaparecer'.

Un suspiro quedo salió de sus labios.

— "…te ayudaré" —le había dicho aquella mujer de ojos fríos y grisáceos. ¡Carajo! ¡Pues si ella tenía tanto voluntad de quedarse con It y compañía que le ayudara a marcharse solo y todos contentos! ¡Que Ada se quedara a arreglar sus asuntos y que él pudiera irse en santa paz a hacer su trabajo!

Ciertamente, Billy ya quería partir; no tenía intenciones de inmiscuir a esa gente en su 'asunto' son William. De eso nada. Pero no podía decir "Adiós, no se preocupen" y cerrar la puerta tras de sí.

Por Dios que Ada tenía que ayudarle, aunque fuera por esa última vez.

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Luego del pequeño receso en la gasolinera Texaco y de haberse hecho de una mochila, un botiquín y unos cachivaches más (que Jill cargaba), continuaron andando rumbo a la casa de Zahra. No faltaban muchas cuadras para llegar, pero la presión, el miedo constante y el Sol ardiente en el cielo despejado les hacían sentir algo de cansancio más rápido de lo normal.

Mientras más se acercaban a la casa, Leon sentía cómo se le empezaba a formar un nudo en la garganta, cada vez más grande, y creía que si no veía pronto a su madre algo en su interior iba a desmoronarse lentamente y con mucho dolor.

Cada paso era difícil de dar, cada zombie que encontraban le hacía rezar por el bienestar de su madre, rezar porque la realidad fuera benevolente y amena. No es que fuese remilgoso, no pedía a esa señora de pelo encanecido sin un solo moretón o rasguño, la aceptaría como fuera, ¡pero viva!

La marcha y el tiempo mataban a Leon, consumían su energía y él sentía que si eso se prolongaba más no tendría fuerza para afrontar lo que podría venir. Quería llegar a la casa de su madre porque la angustia estaba creciendo como un monstruo descomunal y no estaba seguro de si podría seguir llevándolo a cuestas…

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-Ringggg… Ringggg…-

El medio día se aproximaba y el calor del ambiente subía con pereza al igual que la intranquilidad en Leon y hasta en Chris. Zahra era prácticamente como una tía, la segunda de dos que tenían los hermanos Redfield (la otra residía en Omaha) y demás familiares ya habían muertos o eran tan lejanos que el único lazo de sangre que los unía era el color de ésta. "La tía Zahrita" le decía Claire de pequeña.

-Ringggg… Ringggg…-

"Si algo les pasa a ellas dos voy a estar muy solo" pensaba Chris con inquietud, sobre todo por Claire; ella era joven y tenía mucho futuro. Además, ¿qué tal si a él le pasaba algo?... Claire aún dependía de su hermano en muchos aspectos, no podía dejarla sola. En definitiva, no iba a dejarse vencer por nada hasta salir de esa ciudad con Claire en una sola pieza.

Lo sentimos, el número que usted marcó se encuentra fuera de servicio. No es necesario que lo reporte a... — rezaba la voz al otro lado de la línea antes de que Chris colgara el teléfono de golpe y con enojo.

Salió de la cabina telefónica con gesto de fastidio y dijo: — Nada.

— Claire es inteligente, estará bien— le animó Leon.

Redfield asintió con una mueca de derrota y siguieron caminando.

Dos cuadras… Únicamente un par de cuadras y ahí estaría la casa de Zahra, de un piso y con barandal blanco y bajito, pintada de rosa pastel y con un saúco en el jardín frontal. Indudablemente eso continuaría ahí por mucho tiempo, la casa estaría allí aguardando cuando llegaran, pero, y ¿Zarha?

Las dudas y el miedo mordisqueaban el corazón de Leon y sus manos empezaron a temblar.

Ahí estaba… Ahí estaba ya la casa frente a ellos. La puerta frontal y la de la reja estaban abiertas de par en par… Qué angustia… Leon se aventuraba a entrar primero cuando Chris le puso una mano en el hombro; el rubio se detuvo a mitad del umbral y se giró para ver a su amigo.

— Yo entro primero— se ofreció Redfield.

Un leve asentimiento, nada más, fue la respuesta de Leon.

Cruzar el camino de grava entre el barandal y la puerta de la casa fue como un calvario en el que uno siente que los segundos se estiran hasta convertirse en horas sólo para torturarte; era como un trance en el que la angustia se convierte en un dolor que nos va adormeciendo poco a poco y al final no sabemos dónde quedó la realidad o cuándo entramos de lleno en la fantasía.

La lengua de Leon se puso pastosa y cada fibra de su cuerpo estaba tan tensa que podría haberse roto con el soplo del viento. Mas no había siquiera una tenue corriente de aire, éste se encontraba estancado y salpicado de sangre aquí y allá, impregnado de putrefacción acullá y… En resumen: Lo regular.

Cuando Chris entró a la casa con la ametralladora más que lista y sus sentidos alertas, a Leon le palpitaba el corazón en la boca del estómago. El rubio llamó a su madre con un nudo en la garganta y no hubo contestación.

Extrañamente —o no tan extrañamente— Steve también estaba muy inquieto. Su unión con Leon les hacía compartir muchas sensaciones, y dada la reciente muerte de Luis (o al menos su descubrimiento), ambos estaban a un paso de convertirse en auténticos manojos de nervios.

- ¡Chank! -

Un ruido se escuchó en el interior de la casa e hizo que Steve respingara; se le erizaron los vellos de los brazos y apretó los dientes. Igualmente, a It no le reconfortó el sonido, sobre todo por su oído tan sensible.

Chris se aventuró hacia el comedor, de donde pareció proceder el ruido, que era algo más como un golpe, y al entrar ahí no supo si las cosas se estaban volviendo nítidas o turbándose más…

Bajo la repisa volcada donde la tía Zahra solía guardar cachivaches, libros, revistas y más cachivaches, había un ser muy familiar para It, bastante conocido por Leon y Chris y que provocó caras de asco… De ojos almendrados, dientes blancos y pelo revuelto color castaño. It no recordaba bien su nombre, pero sí haberla visto antes… ¿Pasha? ¿Micha?... ¡Michel! Eso es, así se llamaba la pastor alemán que ahora tenía medio cuerpo bajo la repisa de madera.

Ella luchaba frenéticamente por liberarse, tratando de arrastrar su cuerpo con sus patas delanteras (libres), pero sólo lograba raspar ­el suelo y desprender poco a poco su parte trasera. Jadeaba y tenía los ojos y la lengua hinchados.

It le gruñó con repudio pero ella no parecía prestar atención, se avocaba a la tarea de mirar a la nada y deshacerse de sus cuartos traseros. La piel se le estiraba hasta romperse pero no manaba sangre; y ¿por qué?: Porque era una infectada, nada más y nada menos.

- ¡Chank! -

La hebilla del collar que aún portaba golpeó con fuerza el piso en medio del forcejeo. Un esfuerzo más, un jadeo más, una marca más en el suelo y la piel se estiró de forma asquerosa, un hueso (probablemente una vértebra) se desprendió de su lugar y el cuerpo de Michel (o más bien la parte que no estaba atrapada) avanzó hacia delante una distancia irrisoria.

"Pobre Michel" pensó Chris "la señora Daniels la quería tanto". Pero no se tentó el corazón para acabar con el sufrimiento del cánido; una bala en su cráneo y Michel dejó de moverse.

Descanse en paz Michel Daniels. Punto, así era la vida, corta; no importaba cómo había ido a parar bajo la repisa y ya estaba muerta. No tenía quién le llorara y su existencia dejó el mundo en silencio… Un silencio que embargó la casa luego del efímero estruendo del balazo. Ni una mosca volaba. El pelambre de It estaba erizado y la boca de Leon continuaba pastosa.

"¿Mamá?" caviló el rubio…

¿Qué había hecho Michel antes de que llagaran? ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué no habían oído siquiera un grito de sobresalto de una dama cuarentona luego del disparo? ¿Es que no había nadie ahí que gritara por el repentino estruendo? ¿Es que no había nadie vivo ahí?... ¿Nadie?

La sola idea de sopesar el aterrorizaba a Leon, le carcomía por dentro, por eso decidió espantar todas las preguntas y sus posibles respuestas y empezar a revisar la casa. Necesitaba hacer algo, quemar energía antes de que el nudo en su garganta le ahogara.

— Busca en el patio trasero— dijo Chris a Jill luego de que el rubio saliera de ahí.

Por otra parte, It también inició su propia y minuciosa revisión, guiándose por su olfato; y ya que Ada y Billy no tenían vela en el entierro, aguardaron afuera, cuidando la entrada. Steve no tenía ganas de estar con ellos, mucho menos con Ada, y siguió en silencio a Leon a lo largo de toda su búsqueda.

"Seguro que ella está bien" quiso decir el pelirrojo en más de una ocasión, para animar, pero las palabras simplemente no le salían. Consolar no era para él, ni aunque se tratara de Leon, a quien quería con fervor.

Cuando nadie te ha consolado antes, ¿cómo aprendes tú a hacerlo?... No puedes, y Steve decidió quedarse callado antes que meter la pata en un experimento de "Haber si acaso mis palabras llegan a animarte por casualidad".

/.-.It's POV.-./

¿Por qué no estaba ahí?… ¿Por qué no estaba ahí?... Leon la merecía; por Natura que así era. Buena madre, encantadora dama, alegre y tierna, que animaba y sabía lo límites establecer. Leon la merecía…pero ella no estaba más ahí.

La búsqueda debía comenzar, la latente reserva de fracasar…no causó desanimo en mí. Mas en Leon, su mirada entristecida le delataba traicionara; y el nudo en la garganta, desapercibido no pasaba, no hablaba, era un mudo pragmático, convencional. Las palabras, antes de salir de su boca, le hubieran rasgado la garganta como cuerdas ásperas aferradas al viento y bañadas en sollozos que a veces el humano no quiere dejar salir aunque la angustia le esté matando. El silencio era mejor, menos mortal y más sosegado, casi un amigo de los que atraviesan lagos de amargura y se empapan de su aflicción.

Qué mal día era ése… Abarrotada de zombies insulsos mi cabeza, sucio y caminando donde los humanos me llevaban, con Ada, con Steve, Natura lejos de mí y la plaga creciendo y 'viviendo', la madre de Leon sin paradero. ¿Dónde estaba?... Oh, correcto, mi trabajo era ése.

Y es que no era fácil, su olor llenaba la casa nostálgicamente.

Pasé la nariz por la alfombra del pasillo, entre los muebles de ahí, elevando la cabeza hasta la base de los cuadros, más arriba de la cenefa… Tela raída, vieja, a eso olía; a la casa de una anciana…y yo a la caza de su búsqueda.

Leon impotente, Ada en sus mentiras (su costumbre), yo en mi mundo de perro-lobo, Steve con sus nervios de alambre —oxidado, por supuesto—; Billy como el cancerbero del lugar, sin inmiscuirse en la búsqueda, prioridad; Chris, amigo; Jill, compañera, apoyo. Y el día no paraba, no daba respiro; el Sol avanzaba con parsimonia y todo sufrimiento se dilataba con el calor…

Fuera error, o por mera condena de mi estirpe, Chris pasó… ¡Me pisó!... ¡Me pisó la mano que arrastro, sin consenso, sin autorización! Murmuró algo… ¿Perdón?... No importa, siguió de largo por el pasillo adelantándose a donde yo ya caminaba: El baño… Santo recinto con una bañera que yo tuve alguna vez que probar…

Leon recién me conocía —yo le había salvado la vida— y tuvo el descaro de darme un baño en pleno invierno… Nevaba poco ese día, mas me metió en la tina a la fuerza. Su madre, algo sobre las pulgas había dicho, ¡pero yo no tenía!

Y al fin, ¿quién gastó si tiempo en mí? ¿Quién me secó el pelo luego del forzoso baño? ¿Quién arropó y acogió a este extraño en un día de frialdad?... No fue toda la familia Kennedy, reunida en el cálido hogar por motivo de la festividad… Fue Zahra… Fue Leon…

Y al abrir Chris de golpe la puerta atrancada del baño y ver a Zahra a través del marco de madera con sus labios pálidos y una mano en el pecho, un nudo en la garganta me ahogó el gemido que estuvo a punto de escapar… No estaba ahí… Zahra realmente no estaba ahí; por más que la buscase nunca hallaría su alma porque ésta se había ido con el último latido de se corazón. Se había ido…y Leon no merecía esto. La aflicción… El dolor. ¿Por qué se marchó?

La cara de horror, los sorprendidos ojos de Chris clavados en los fríos e idos de Zarha, convenciéronme de no querer ver eso en Leon. ¿Y si era tarde?... Ya iba hacia allá, jalado por el sonido del portazo.

¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a hacer?... Si la veía, se derrumbaría. ¿Impedirlo? Tal vez… Como guardián, no deseaba verlo herido.

Decídete, ¡decídete!

Le corté el paso. Esponjado mi pelo, los colmillos fuera.

— ¡Detente! — Pero no quería oírme, sordo estaba por la adrenalina— ¡Alto!

Mordí su pierna, sin fuerza. El pantalón, ganchado quedó a mis dientes… Lo jalé, lo jalé con fuerza. No debía verla, no merecía algo así.

— ¡Cierra la puerta! — y Chris pareció entender. Un portazo y pronunció algo, a Leon, que no era una gran idea entrar al baño.

— Apártate— le dijo Leon, luego me gritó: — ¡It! Déjame.

Obedecerle no era opción, no figuraba en la lista. No y otra vez ¡no!

Que no la viera, por Natura que yo no deseaba que la viera.

Gruñí, jalé, rasgué…decidido a detenerlo. Volvió a gritar y el pasillo se encogió. En su corazón, una fisura figuró y la desesperación brotó lentamente.

¿Por qué se lastimaba a sí mismo? ¿Por qué? Que la dejara ir.

Chris lo sujetó de los hombros. Le solté. Me adueñé de la puerta del baño.

Un guardián… Protegerlo… Tenía que protegerlo.

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El barullo resonaba en el pasillo, el cual se le antojaba cada más pequeño a los ahí presentes, y no eran sólo tres, Jill y Steve también estaban.

Los gritos se propagaban más allá del lugar, fuera de la casa, pero aún así, ni Billy o Ada encontraron muy conveniente entrar; eran…asuntos de familia, prácticamente.

Y, además, eran tres contra Leon, más gente no hacía falta para defender el argumento de Jill, It y Chris de "No entres ahí o se te zafará un tornillo. Deseamos lo mejor para ti".

No era justo que ellos decidieran, aunque fuese por su bien, lo que debía ver o no. Era un adulto, no necesitaba que lo tomaran de la mano para explicarle las cosas de la vida.

Finalmente, harto de que, por la fuerza. Chris no lo dejara entrar, siguió de largo por el pasillo. El nudo en la garganta no le abandonaba todavía y se sentía incapaz.

Salió al patio trasero, dando un portazo y dejando atrás a los otros. Se sentía…vacío, triste. El Sol le lastimaba los ojos; y el dolor, su alma. Se quedó de pie a mitad del patio.

Ya sabía que Zahra no se hallaba ahí, entonces ¿para qué ver su cuerpo frío? ¿Para qué mirar la expresión de dolor que no había abandonado su rostro horas después de la muerte? ¿Para qué torturarse?... ¿Era por la curiosidad inherente al ser humano? ¿Por morbo?

"No…". Leon sabía por qué era, en el fondo, lo entendía bien.

Y en ese momento, bajo la luz del día y de agonías y dolores abarrotados, dos corazones heridos fundieron su sufrimiento en un abrazo…

"No me gusta verte triste" soltó Steve, saliendo de la casa. Era el único que no estaba en su contra ahora.

Leon lo miró sin responder y con idéntico sentimiento porque temía que los ojos del huérfano no volvieran a brillar como antes luego de lo de Luis.

— Sólo quisiera verla…una última vez— murmuró el rubio.

Steve no tenía palabras para consolarlo; trataba de lidiar con su propio dolor y al mismo tiempo continuar con su vida; únicamente se pegó al pecho del rubio y lo rodeó con sus brazos. Trataba de arrancar su mente del recuerdo de Zahra.

"Mírame a mí, déjala ir… Céntrate en mí, por favor… Yo estoy vivo y te necesito. Te necesito" imploraba.

— Steve…— musitó justo en su oído y convirtió el abrazo en algo mutuo.

No les preocupaba que los vieran, el dolor en sus vidas les hacía pasar las extrañas condiciones de su relación a segundo término.

El abrazo era lo importante, el contacto y la tibieza de otra alma que también lloraba, lo relevante, la idea de tener alguien a su lado y vivir juntos lo que el destino les deparara.

Un dulce beso en los labios y una caricia después, el dolor parecía haber amainado.

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El pasillo le parecía Leon ahora tan grande, eterno de recorrer. Vacío como estaba, sólo con It ante la puerta del baño, adquiría una nostalgia que le embargaba de pies a cabeza.

— Ve con los demás— habló el policía al joven—, deben estar afuera, y diles que vamos a irnos de aquí, que vamos a ir por Claire y a salir de la ciudad. Te alcanzo en un minuto.

El albino alzó las orejas. No le cuadraba el tono de Leon, era decidido y tramaba algo.

— No hagas esto— le pidió Steve—. Vámonos ya. No tienes por qué verla…

— Vete, de verdad voy a estar bien, lo juro.

El joven quiso protestar más, pero no quería pasarse del lado de los que creían saber qué era mejor para el rubio. Allende, creía en su palabra. Se fue cojeando, apoyándose en la pared y confiando en la fuerza de Leon.

Cuando el pelirrojo se hubo marchado, una palabra salió de la boca de Kennedy: "It", y el susodicho estampó su mirada en los ojos grisáceos de Leon.

Chris lo había delegado como guardián de la puerta de la discordia porque confiaba en su inteligencia, su determinación y, además, porque el cariño que le tenía a Kennedy lo obligaría a impedir que éste cruzara la puerta.

— "¿Cómo estás tan seguro de la capacidad de un animal así?" — había vuelto Jill a poner en tela de juicio a It.

— "Te consiguió tu blusa azul, ¿o no?" — le había argumentado Redfield.

Y así era que el albino se encontraba como cancerbero.

It— le volvió a llamar su 'dueño'.

El perro-lobo se mantuvo firme y sin mover un músculo.

— ¿Vas a dejarme entrar?

"No, no, no y de nuevo no".

El rubio se arrodilló frente al de ojos azules; éste se tensó, no temía que Leon intentara algo desconcertante o que jugara sucio —lo conocía— pero si llegaba a ser así, estaba dispuesto incluso a morderle la piel.

El rubio le palmeó los pómulos, le acarició el sedoso pelaje del cuello…

"Quiere ablandarme" pensó It.

— Escucha… Realmente escucha— empezó a hablarle con calma en lo que era poco más que un susurro apenas audible—: Lo que voy a pedirte lo diré sólo una vez, sólo en este momento y quiero que me ayudes— Lo miraba a los ojos con decisión, con anhelo y esperanza—. Quiero…que me dejes abrir esta puerta…que me dejes ver del otro lado…

La voz de Leon se apagaba con lentitud y las palabras empezaron a ahogarse y a morir en su boca.

—… Déjame hacer esto, es…es algo que necesito… Algo que quiero…que quiero hacer. No me negarás esto…

"¡No lo escuches!" se gritaba a sí mismo el albino, pero la voz de ese hombre, que se quebraba poco a poco, le seducía y no podía dejar de escucharlo.

It…quiero que me dejes ver a mi madre…una última vez…

"No pidas eso, no le pidas las llaves de la puerta a un guardián".

—…Déjame…despedirme de ella…— y la voz de Leon Kennedy se rompió por completo en la última palabra antes de que el inminente llanto reclamara sus ojos.

"Por favor no vayas a llorar… Eso nos lastima… No lo hagas".

Pero era inevitable que las lágrimas cayeran por su propio peso, no se les podía detener.

It no tenía corazón para seguir mirándolo a los ojos, apartó la vista así como su cuerpo de la entrada del baño. Si los lobos pudiesen llorar, éste lo hubiera hecho, por impotencia, por tristeza… Por más fuerte que se hubiese sentido —o de verdad sido— no tenía la capacidad para enfrentar los ojos de Leon, llorosos, llenos de melancolía y deseos, porque toda su fuerza (existente o imaginaria) era doblegada por lo que sentía hacia el rubio; por eso tuvo que apartarse, dejar de ser un guardián y comportarse comprensivo. Se doblegó porque lo que Leon le pedía…lo pedía de corazón.

Así, las bisagras rechinaron al abrirse la puerta y ese aire de desconcierto que reina sobre las cosas muertas se posesionó de Leon. It por su parte, se marchó; ya había visto a Zahra y no poseía el morbo suficiente como para mirarla de nuevo.

Al instante en que el rubio tuvo la oportunidad de ver a su madre, las preguntas se le echaron encima como bestias salvajes y hambrientas… ¿Cuánto tiempo llevaba muerta? ¿Cuánto pasó ahí dentro antes de desfallecer? ¿Había sufrido? ¿Habría sido un infarto? ¿Se habría encontrado en el baño cuando el virus tocó ese sector de la ciudad? ¿Michel la habría orillado a refugiarse ahí? ¿Había tenido la desdicha de ver gente muerta caminar por las calles?...

Pero entre más preguntas, menos quería saber. La ignorancia era un velo que le cubría los ojos a los detalles y a las cosas aterradoras.

— Mamá— susurró como si en realidad ella estuviese ahí para escucharlo.

Aún tenía la cara húmeda y no enjugaba sus lágrimas porque tenía presente que derramaría más.

— Vengo a…decirte algo…

Hincó una rodilla en el suelo y con el más estúpido, inocente e ingenuo de los cuidados colocó el cuerpo de su madre contra la pared, dejándola sentada junto a la bañera.

— Voy a irme…— dijo y le cerró los párpados para luego arreglarle el cuello de la blusa.

Ella llevaba algo no muy formal para morir, pero de todas formas su hijo quitó las arrugas de la tela y el cabello de su frente… Lo tenía encanecido desde hacía algún tiempo.

—…pero antes te digo que fuiste la mejor madre que yo hubiera podido pedir. — Más lágrima cayeron —. Y también estoy aquí porque quería despedirme… Decirte adiós.

En ese momento, la voz de Leon no se quebraba, era firme, agradable y resuelta.

El rubio se levantó del suelo de mosaicos blancos.

— Debo irme.

Contempló una vez más el cuerpo frío, las ojeras y las arrugas de la piel, los labios que habían perdido su tonalidad rosada y trató de ser fuerte y no desmoronarse porque tenía la convicción de que Zahra había vivido su vida y, allende, que había cierto pelirrojo que lo necesitaba cuerdo e íntegro para poder amarlo.

— Adiós, mamá… Adiós…

.-.-.-.

CONTINUARÁ…

Galdor C.