Aclaraciones: Mo Dao Zu Shi no me pertenece.

Esta historia está ambientada en el universo de la novela.


— Capítulo 11 —

Aflorando lo inexplicable

Cuando llegaron a YiLing, Wei WuXian sintió que había vuelto en el tiempo. El sentimiento que cruzó por su cabeza invadido en recuerdos le atenazó el pecho y una sensación de angustia mezclado con ansiedad le aceleró el pulso de forma extraña, como si hubiera sucedido algo importante en aquel lugar y que, para bien o para mal, había olvidado. Miró las espaldas de Lan WangJi y Lan HuiYing, que iban unos pasos más adelante en absoluto silencio, y se preguntó si podría alejarse de ellos en algún momento para explorar el sitio que fue su hogar y ver si podía descubrir algo que le ayudara a recordar.

En los últimos dos días, luego de dejar la villa donde Wei WuXian enfermó, no fue mucho lo que conversaron. Wei WuXian permaneció sumido en sus pensamientos, lo que le hizo imposible prestar atención a su alrededor. Era un hecho que este viaje aún le resultaba incierto y con un futuro poco claro. Hasta podía considerarlo peligroso si se cruzaba en el camino de algún cultivador que buscaba destruir su alma, pero se sentía seguro con Lan WangJi. No podía entenderlo realmente, pero junto a él, incluso si el mundo caía sobre su cabeza, estaría a salvo.

El viento mecía su cabello y la cinta blanca que alguna vez él tomó por accidente y que provocó aquella mirada cargada de desprecio en Lan WangJi. "Era solo una cinta de adorno" pensó cuando la tomó en ese entonces, pero realmente desconocía su significado.

"Tal vez lo supe pero lo olvidé".

Sacudió su cabeza y suspiró. Aún estaba convaleciente. Ya había pasado lo peor, y la cicatriz en su vientre casi estaba curada gracias a los cuidados de Lan WangJi, pero su nuevo cuerpo era débil, y una herida que en el pasado casi podía considerarla un simple rasguño, ahora era algo que debía tratar con cuidado.

Llegaron al corazón de la ciudad cuando anochecía, por lo que no tuvieron oportunidad de recorrer el lugar ni explorarlo. Luego de dejar a Manzanita en un corral, cruzaron las puertas de una posada que Lan WangJi conocía a la perfección. El dueño no tardó en reconocerlo y le recibió con una cálida bienvenida mientras le ofrecía la mejor mesa del local y la misma habitación de siempre. Wei WuXian alcanzó a escuchar sobre ello, pero le restó importancia. Tomaron asiento junto a una ventana y le esperaron. Lan HuiYing, sentado a su lado, miraba de lado a lado, queriendo acaparar todo con sus expresivos ojos claros. Él en cambio miraba por una de las ventanas del edificio y de la cual se podía apreciar los túmulos funerarios. A simple vista lucía igual; oscuro, sombrío, solitario. Casi sentía nostalgia por él, pero ahora sus intereses eran otros.

—Nada ha cambiado —pensó apenas murmurando.

—¿Escuchaste que nuevamente habrá actividad en la colina LuanZang?

En una mesa contigua a la suya, la voz indiscreta de uno de los comensales capturó su atención. Volteó a verle y notó que se dirigía a otros dos hombres que bebían y comían sentados a su lado.

—Ese lugar está maldito después de todo —comentó uno de ellos, siguiendo la conversación.

—El alma furiosa del Patriarca YiLing nunca tendrá descanso —señaló el otro, sacudiendo la cabeza con resignación—. Fue asesinado por un cultivador muy cercano a él. Fue traicionado.

—Es cierto —agregó el primero—, por eso los cultivadores vienen de vez en cuando para calmar su alma. Al parecer las bestias de piedra que colocaron en la cima de la colina no fueron suficientes para contener su energía resentida.

Sus dos acompañantes asintieron mientras bebían.

—Todo creen que su alma será restaurada por algún seguidor de la cultivación demoniaca y dejará caer una maldición sobre todos. En especial sobre su asesino.

Wei WuXian y Lan HuiYing contuvieron el aliento al escuchar aquello y continuaron prestando atención a la conversación.

—Aun así su alma ha causado problemas en estos años —continuó uno de los hombres—. Ha poseído cultivadores para sembrar el caos y vengarse de sus enemigos.

—Pero no solo a ellos —señaló otro—. También se atrevió a acabar con la vida de su hermana de cultivo y su esposo. Dejó huérfano a un niño que culpa alguna no tenía de los conflictos de los adultos.

Abrumado y molesto por tantas mentiras y acusaciones infundadas, Wei WuXian estaba a punto de levantarse y decirles que él no había hecho tal cosa, pero prefirió guardar silencio y seguir escuchando que quedar él como un mentiroso. Miró de reojo a Lan HuiYing pues sabía que podía tener una reacción violenta como la última vez, previo a la cacería nocturna de cultivadores demoniacos, y notó que estaba a punto de ponerse de pie e ir a encararlos. Su semblante lucía pálido y tenso, casi al borde de la cólera, y sus puños temblaban cerrados sobre la mesa.

Sus miradas se cruzaron y Wei WuXian negó con la cabeza para calmarlo. Lo que menos quería era verle perder el control. Ambos sabían que esos chismosos solo hablaban producto de la ignorancia, por lo que solo debían escuchar e ignorar, porque la verdad ambos la conocían.

—¿Entonces es cierto que las cuatros sectas decidieron capturar y destruir su alma furiosa?

La conversación continuaba, y todo apuntaba a que el evento que sucedería en los siguientes días sería todo un acontecimiento en YiLing.

—Así es, pero si en diez años no lo han logrado, ¿qué les hace pensar que podrán esta vez? Ahora sin embargo será el turno de la secta YunmengJiang. Espero tengan suerte.

Wei WuXian no pudo evitar sonreír con cierta burla al pensar que podrían pasarse la vida entera buscando su alma en la colina LuanZang, y no la encontrarían. Él había regresado y estaba ahí, observando mientras las sectas perdían la cabeza buscándolo entre cualquiera que resultara sospechoso.

—Los métodos de captura de cultivadores demoniacos y almas errantes han mejorado gracias al cultivador en jefe y al líder de la secta YunmengJiang —explicó el que inició el debate.

—Ellos son los más interesados en destruir el alma del Patriarca YiLing que tanto mal causó —agregó el segundo.

—Pero también hizo mucho en la guerra de los ocho años —aclaró el tercero—. Él tomó la cabeza del líder de la secta QishanWen, el cual fue responsable del inicio de tan desastrosa guerra. Ese evento marcó el antes y el después de esa secta y el destino de la guerra. No pueden olvidar eso.

Los tres asintieron coincidiendo que, a pesar de todo, nadie podía olvidar que Wei WuXian había logrado lo imposible.

Tras unos minutos de uno que otro intercambio de opinión, la conversación cambió, y temas como la venta de ganado y la próxima cosecha llenaron la mesa. Wei WuXian suspiró y se relajó contra el respaldo de su silla. Había sido una conversación absurda pero a la vez interesante.

—¿Qué opina, maestro Mo? —La voz de Lan HuiYing llamó su atención.

—¿Qué opino? —Cabeceó un poco y resopló, levantando su flequillo. —Opino que la gente tiene el derecho de decir lo que quiera. —Picoteó con la mano un pocillo de semillas que había dispuesto en la mesa y se llevó un puñado a la boca. —Pero al final es decisión de los demás creer en lo que dicen o no.

Lan HuiYing se mostró complacido con su respuesta y relajó sus puños. Wei WuXian había dicho lo que quería oír. Qué importaba lo que el mundo opinara de la persona que le dio la vida; él solo debía apegarse a sus creencias y a la verdad que conocía.

Su semblante se tranquilizó y en su mirada se vio una luz de entusiasmo y esperanza. Wei WuXian reparó en ello y no pudo evitar suponer que se debía al hecho de estar allí.

—Luces contento. —Su voz hizo que una sonrisa se dibujara en los labios de Lan HuiYing y sus ojos le vieran con expectación. —¿Primera vez visitando YiLing?

—Sí —contestó él mientras jugueteaba un poco con las manos sobre la mesa—. Tenía muchas ganas de conocerlo. Ya ansío visitar los túmulos funerarios.

—Creo entender el motivo de tu interés, pero ese lugar no es para que un niño ande merodeando.

—No me sucederá nada —contestó Lan HuiYing—. Estaré bien.

Wei WuXian no quiso cuestionarlo. Sus capacidades como cultivador, en especial como uno que manejaba las artes prohibidas, no lo dejaban a merced de cadáveres ni espíritus malignos como podría suceder con un cultivador novato. Lan HuiYing era la representación de lo que se podía considerar como un prodigio debido a su edad y capacidades. Aun así, no podía simplemente tentar su suerte y adentrarse en el sitio más peligros del mundo.

Esbozó una sonrisa y suspiró.

—Supongo que tu emoción es porque allí vivió el Patriarca YiLing.

La expresión de Lan HuiYing se suavizó y su sonrisa se amplió.

—Quiero conocer el lugar donde él vivió —declaró.

—Aún no logro entender el motivo de tanta admiración. —Wei WuXian alzó las cejas con suspicacia. —No alcanzaste a conocerlo. Naciste después que él murió.

Esas palabras abrumaron el corazón de Lan HuiYing. Sus ojos se inundaron de tristeza y sus manos se cerraron en dos sólidos puños mientras sus labios temblaban como si quisiera reprimir un sollozo.

—Me hablaron tanto de él —contestó con la mirada baja—, que puedo decir que de alguna forma lo conozco. Aunque no es suficiente. —Su mirada se atenuó abatida. —Quisiera tenerlo frente a mí y poder hablarle. Hay mucho que quisiera decirle.

Entre la sorpresa, el desconcierto y la incredulidad, Wei WuXian entornó la mirada. De lo que recordaba, aparte de Jiang Cheng, nadie podía dar una opinión real de su persona. Y cualquiera que tuviera el atrevimiento de hacerlo, la mitad de sus palabras serían mentiras. Pero lo que más le intrigó fue el imperante deseo de Lan HuiYing por querer conocerlo. ¿Qué había realmente detrás de ello y qué le habían contado para tener esa fascinación por su persona que incluso quería visitar el lugar donde vivió? Porque si quisiera pensar que se trataba de simple curiosidad, podía quedarse con lo que los demás le contaron incluso si eran mentiras. Pero había algo más, y prueba de ello era que en su cinturón portara a Suibian y a ChenQing.

Cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó hacia adelante.

—¿Acaso existe alguien que lo conoció tanto como para hablarte de él?

Lan HuiYing asintió y reveló el nombre de la persona.

—HanGuang-Jun.

—¿HanGuang-Jun? —Wei WuXian se sorprendió—. ¿Qué tanto alcanzó a conocer al Patriarca YiLing que puede dar una opinión de él?

—Lo suficiente para decirme todo lo que necesito saber.

Wei WuXian no lo entendía. Si bien era cierto que él y Lan WangJi se conocieron cuando eran jóvenes, nunca lograron establecer una relación que facultara a Lan WangJi de opinar sobre él. A menos que los recuerdos que había perdido contuvieran una parte de su historia con él.

Hubo una pausa y Lan HuiYing tuvo necesidad por preguntar algo que desde que llegaron acudió a su mente.

—¿Había estado antes aquí?

Dudoso en responder con la verdad, Wei WuXian terminó por asentir con la cabeza. ¿Qué peligro había en decir que Mo XuanYu visitó YiLing? Él después de todo lo hizo cuando se veía a escondidas con Wen Yeun.

—Sí, muchas veces —contestó.

La mirada de Lan HuiYing se iluminó curiosa y expectante.

—¿Qué lugares ha visitado? ¿Conoce los túmulos funerarios? ¿Sabe lo que hay ahí? ¿Cuál es el lugar que más le agrada de YiLing?

Wei WuXian pudo notar el ávido interés de Lan HuiYing respecto a lo que él había visto y explorado como Mo XuanYu, pero lo cierto era que conocía YiLing mejor que cualquiera. Decidió entonces ser sincero desde sus propias vivencias y le contó con detalle todo lo que conocía del lugar.

Desde un costado del área de comida de la posada, Lan WangJi los observaba. Llevaba un rato allí contemplándolos sin intenciones de interrumpirlos. Le gustaba ver esa cercanía natural y espontánea que se había dado entre los dos y que confirmaba el vínculo que ambos compartían más allá del destino que los separó y que también los había reunido.

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Después de cenar, Lan HuiYing fue el primero en irse a dormir. Las actividades en los túmulos funerarios comenzarían a la noche siguiente, por lo que ahora solo debían recuperar fuerzas luego del viaje hasta YiLing y prepararse para lo que podría suceder si se encontraban una vez más con Jiang Cheng, pues era un hecho que sucedería.

—Entonces —concluyó Wei WuXian mientras jugueteaba con su vaso de licor antes de llevárselo a los labios—, el plan es intervenir y descubrir al que está detrás de la agitación en los túmulos funerarios.

Lan WangJi asintió sin perder de vista los movimientos que hacía con el vaso en su boca y de cómo el licor pasaba a través de ella.

Wei WuXian por su parte no estaba del todo convencido. Siempre había considerado que adentrarse en los túmulos era igual a una sentencia de muerte. Él vivió en carne propia el infierno cuando fue devorado por la energía resentida. Y si bien después de aquello esa energía fue su mejor aliada, los demás no podía tentar su suerte y desconocer lo que sucedió la primera vez que se atrevieron enfrentarlo y lo forzaron a salir para asesinarlo.

En esa ocasión se cobraron muchas vidas debido a un artículo mágico que a partir de ese evento se arrepintió de haber creado.

—¿Qué habrá sucedido con él? —se preguntó mientras se llevaba el último trago de licor a la boca y lo pasaba por su garganta, saboreando su áspero sabor.

Cruzó miradas con Lan WangJi y estuvo tentado a pedirle que le comprara otra botella; esta vez para compartirla con él, pero se detuvo cuando le vio ponerse de pie. No hacía falta preguntar qué hora era.

En silencio subieron las escaleras y Wei WuXian se mentalizó que una vez más debía compartir la misma habitación y la misma cama con Lan WangJi. Lo siguió resignado por el corredor hasta el final; allí estaba la última habitación que exhibía una puerta con finos detalles en la madera, y que provocaron en Wei WuXian un extraño sentimiento. Se detuvo en seco a pocos pasos de ella y vio a Lan WangJi abrirla con calma. En ese momento pudo haber retomado el paso pero dudó. Había algo al interior de ese dormitorio que aceleraba de forma inquietante su corazón, como si estuviera a punto de descubrir algo importante.

Buscó la mirada de Lan WangJi y se dio cuenta que él desde hacía rato le miraba fijamente con esa natural y profunda solemnidad que estremecía su cuerpo y sus pensamientos.

—¿Otra vez una sola habitación? —Quiso ganar algo de tiempo y disimular su nerviosismo. —Desde que viajamos siempre tengo que dormir contigo.

—Tú lo pediste —contestó él sin alterarse.

—No —le corrigió—, yo pedí la mejor habitación.

—La mejor siempre tiene una cama —insistió Lan WangJi sin variar su tono templado.

—¿Y cómo en QingheNie? —Wei WuXian no iba a rendirse tan fácil. —Era la mejor habitación y contaba con muchas camas.

—Pero terminaste durmiendo en la mía.

Wei WuXian enmudeció y suspiró.

—Tienes razón.

Se dio un valor que nunca creyó necesitar y cruzó el dintel. Cuando lo hizo, su mente fue sacudida y su cuerpo se vio envuelto en un súbito y violento escalofrío que le heló la sangre. Estaba seguro que había estado allí antes, porque de alguna manera podía reconocer cada aspecto del dormitorio. Los lienzos, las lámparas, los muebles, la cama.

Dio un paso hacia adelante pero se tambaleó. Se llevó una mano al pecho, como si de pronto quisieran arrancarle el corazón, y soltó un jadeo al tiempo que sus piernas cedían. Lan WangJi alcanzó a sujetarlo y lo contuvo entre sus brazos.

—¿Estás bien?

El tono tranquilo de Lan WangJi cambió; ahora era preocupado y algo acelerado. Wei WuXian asintió apenas. Sudaba frío y su corazón lo sentía en la garganta. Ni siquiera podía emitir una palabra.

Lan WangJi lo llevó hasta la cama y lo ayudó a sentarse en ella. Su respiración no había cambiado, jadeaba en busca de aire y su cuerpo temblaba como si fuera una hoja de papel al viento. ¿Cómo un lugar era capaz de despertarle tantas emociones? Podía recordar hasta los detalles más ínfimos pero no lo que había ocurrido allí, y aun así lo sentía todo, como si en verdad lo recordara.

Con la mirada baja permaneció con los brazos tensos y las manos aferradas con fuerza al borde de la cama. Sus hombros se sacudían y su piel se había perlado en sudor mientras su cabeza bombeaba. Si seguía así se desmayaría.

Sintió una ligera caricia en su rostro y su cuerpo vibró. Aun así no tuvo fuerzas para alzar la cabeza y buscar la mirada de Lan WangJi; esta le pesaba y parecía concentrarse en lo que experimentaba y los recuerdos que iban y venían sin claridad.

La mano de Lan WangJi se alejó de su rostro y lo escuchó levantarse. En ese momento un impulso le hizo dejar la firmeza y seguridad de la cama y con ambas manos se aferró a él de su cintura, reteniéndolo a su lado.

—¿Qué es esto? —murmuró con la frente pegada a su espalda mientras su propio cuerpo convulsionaba—. ¿Por qué me siento tan triste? ¿Por qué?

Lan WangJi no contestó; a cambio solo se quedó allí, permitiéndole a Wei WuXian aferrarse a él con todas sus fuerzas mientras se culpaba por haberlo expuesto de esa forma tan peligrosa y violenta a recuerdos que quizá aún no debía recuperar. Después de todo, en esa misma habitación, en esa misma cama, hacía doce años, habían consumado su amor.

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Cuando Wei WuXian volvió a tomar conciencia de lo que sucedía a su alrededor, se sintió particularmente reconfortado. Su pecho ya no dolía y su cuerpo ya no temblaba. Estaba envuelto en una agradable calidez y un embriagador aroma que por un momento le hizo dudar en si debía alejarse o quedarse allí para siempre. Decidió entonces levantar un poco la cabeza para confirmar el lugar en el que se encontraba y el por qué se sentía tan a gusto, y en el momento que lo hizo sus ojos se encontraron de frente con el rostro dormido de Lan WangJi, a solo unos pocos centímetros de distancia, casi rozándose piel con piel. Su corazón dio un salto en su pecho y sus mejillas se tiñeron de un intenso color rojo mientras contenía súbitamente el aliento. Y tan pronto como su cuerpo reaccionó de esa manera se cuestionó el motivo. ¿Por qué reaccionaba así? ¿Por qué se sentía tan ansioso y a la vez tranquilo entre los brazos de Lan WangJi? El hormigueo inicial que había invadido sus extremidades ahora se expandía al resto de su cuerpo y aceleraba cada vez más el palpitar de su corazón. Este golpeaba su pecho y retumbaba en su cabeza sin control. Tensó los labios y frunció el ceño al darse cuenta lo que estaba experimentando, y se sintió un tonto por ello. Sus emociones le jugaban una muy pesada broma porque, incluso en el pasado, jamás sintió vergüenza o arrepentimiento por la cercanía que buscaba en Lan WangJi. Su mayor deleite era verle reaccionar con ese nerviosismo puritano que tanto le divertía y atraía, pero ahora era él quien se sentía apenado y opacado por sus propias emociones.

Alcanzó su rostro y, con la yema de los dedos, se atrevió a recorrer sus mejillas que se sentían tibios al tacto.

—No puedo entenderlo —murmuró sin dejar de acariciarlos—. Me asesinaste, y aun así me siento tan seguro contigo. ¿Por qué, Lan Zhan? ¿Qué ocurrió entre nosotros? ¿Qué promesa te hice?

Contra más lo pensaba menos lo entendía. Hasta lo que podía recordar, Lan WangJi jamás aceptó su camino, y aunque no lo recordara lo sabía de antemano. La secta GusuLan condenaba la cultivación demoniaca y él, para desgracia de todos, era su fundador. Pero ahora, por más extraño que pareciera, Lan WangJi guiaba a un niño que manipulaba la energía resentida y a la vez se oponía a las prácticas de las sectas que daban caza a otros cultivadores que habían elegido el camino de la herejía.

Necesitaba saber qué había ocurrido mientras estuvo muerto para que Lan WangJi cambiara su postura, pero más necesitaba saber era porqué se sentía a salvo con él. ¿Era acaso el hecho de que se preocupara por salvarlo y ayudarlo todo el tiempo? ¿Era acaso el que no lo cuestionara y solo permaneciera a su lado? ¿O era la manera en la que sus ojos traspasaban su alma?

Lo ocurrido momentos atrás parecía haber marcado un antes y un después entre los dos, porque luego de sentirse tan afligido por las emociones que golpearon su mente al estar en ese dormitorio y de permanecer aferrado a Lan WangJi sin cruzar palabra alguna, él entrelazó las manos a las suyas y Wei WuXian correspondió el gesto apegando su cuerpo contra su espalda, alimentándose de su calor. No supo cuánto tiempo permaneció así, abrazándose a él como si su vida dependiera de ello. Tras unos minutos en absoluto silencio, Lan WangJi volteó hacia él y acarició su rostro con ambas manos, como una caricia sanadora que reconfortaba su espíritu abatido.

No se hablaron, solo se buscaron con la mirada y permanecieron observándose mientras sus pulsos y respiraciones se sincronizaban. Wei WuXian se sentía seguro entre sus dos manos, como si nada ni nadie pudiera hacerle daño mientras Lan WangJi le sostuviera de esa forma. Finalmente, del mismo modo condescendiente y delicado con el que él le acariciaba las mejillas y parte de sus labios, lo tendió en la cama y se recostó a su lado. Wei WuXian buscó su calor y se arrebujó en su pecho. El ritmo del corazón de Lan WangJi era un tanto agitado, pero su melodía era hermosa, y Wei WuXian pronto se quedó dormido mientras Lan WangJi acariciaba sus cabellos y los besaba tal como lo hacía en el pasado, cuando Wei WuXian acudía a él buscándolo después de una dura batalla contra la secta QishanWen.

Wei WuXian apenas se movió por temor a despertarlo. Casi contenía el aliento en su deseo inexplicable por permanecer allí y contemplándolo como si fuera lo más importante que tuviera en la vida, pero sus ojos finalmente se desviaron hacia la única ventana de la habitación y desde la cual se podía ver la colina LuanZang. No había vuelta atrás, estaba resuelto a ir a lo que alguna vez fue su guarida con un único propósito, y no podía dejar que sus emociones lo retrasaran.

Con cuidado se apartó de los brazos de Lan WangJi y se levantó. Sus pies descalzos tocaron el suelo y tuvo un pequeño estremecimiento. Una parte de si parecía querer seguir envuelto en ese reconfortante calor y aroma, pero antes de ceder a esas emociones que tanto le confundían, salió de la habitación sin mirar atrás.

Dejó la posada en medio de la noche y se dirigió recordando perfectamente el camino hasta las faldas de la colina LuanZang. Cuando se plantó frente a ella como en los viejos tiempos y contemplaba su imponente y sombría presencia, los recuerdos que aún permanecían en su memoria afloraron en medio de una espesa niebla. Luego se batían y disolvían en la nada, quedando nuevamente todo en un desolador vacío que oprimía su corazón.

Se llevó una mano al pecho y lo frotó despacio, esperando disipar el malestar que de cuando en cuando le asaltaba al querer recordar, y retomó el paso. Poco a poco comenzó a adentrarse en los territorios que conocía como la palma de su mano, pero antes de avanzar lo suficiente para perderse en medio de esa inconfundible y familiar energía resentida, se detuvo.

—Siempre fuiste pésimo jugando a las escondidas. —Volteó hacia su izquierda. —Wen Ning.

El crujido de ramas secas y suelo pedregoso fue seguido de unos temblorosos tintineos y una figura vacilante emergiendo tras un viejo tronco seco.

—J-joven amo Wei.

—Sabía que aún me seguías.

—No tengo otra cosa que hacer —contestó él sin dejar el tronco viejo.

—Ven —le ordenó Wei WuXian con un gesto con la mano. —Acércate para verte.

Wen Ning obedeció y se acercó despacio. Antes, Wei WuXian no había tenido la verdadera oportunidad ni intención de observarle, pero ahora que lo hacía, podía confirmar si el paso del tiempo le había afectado a su cadavérico cuerpo. Al hacerlo se dio cuenta que no había cambiado en lo absoluto. Después de todo estaba muerto, pero lucía mucho más deteriorado. Sus ropas ajadas y sucias. Su piel cadavérica parecía mucho más desagradable que antes y su cabello enmarañado no ayudaba a mejorar su aspecto, como si de verdad lo hubiera pasado mal mientras estuvo muerto. Reparó en los grilletes que portaban sus muñecas y tobillos y no dudó en preguntar por ellos.

—La secta LanLingJin me capturó —explicó él un tanto incómodo.

—¿Te capturó?

Wen Ning asintió.

—Fue poco antes de que la guerra contra la secta QishanWen terminara.

Wei WuXian conocía y recordaba a la perfección la fuerza sobrenatural de Wen Ning y lo que sucedía cuando explotaba en ira. Descontrolado y mortalmente violento, era sin duda su mejor invento pero el más peligroso de todos si no tenía el control absoluto de él, por eso podía apostar que esos grilletes no eran de un acero común, y que si en verdad había sido capturado por esa secta, el hecho de que ahora estuvieran frente a frente no era simple casualidad.

—¿Cómo escapaste?

Wen Ning tensó los labios. La respuesta era simple de decir, pero no podía delatar a Lan WangJi frente a él. No ahora.

—Solo escapé.

—¿Así nada más? —Wei WuXian alzó las cejas con incredulidad, pero luego resopló. —Supongo que no puedo poner en duda tus palabras si aún desconozco muchas de las cosas que sucedieron mientras estuve muerto.

Wen Ning agachó la mirada con cierto pesar.

—No te pongas así —le corrigió Wei WuXian—. Párate derecho.

Con un movimiento vacilante, Wen Ning obedeció. Reparó entonces en las intenciones de Wei WuXian y se atrevió a intervenir.

—Joven amo Wei, ¿por qué está aquí? ¿El segundo maestro Lan lo sabe?

Al escuchar su nombre, Wei WuXian recordó lo que momentos atrás había ocurrido en la habitación de la posada, y un sentimiento de culpa y ansiedad se apoderó de él.

—¿Por qué debería saberlo? —Vio la expresión preocupada de Wen Ning y se arrepintió de su respuesta. —No te preocupes. Puedo cuidarme solo.

Wen Ning no parecía del todo seguro, pero conocía a Wei WuXian, y no importaba si le insistía, él seguiría adelante incluso si el mundo se le caía encima.

—Quiero ir a echar un vistazo a mi antiguo hogar —explicó sin prisa.

Dio un paso hacia adelante pero Wen Ning se puso en frente.

—Joven amo Wei, ¿de verdad quiere ir allá?

—¿Qué te pasa? —le cuestionó—. De pronto te pusiste insistente.

—Allá no hay nada.

—Entonces no habrá problema en que vaya a echar un vistazo. —Quiso avanzar pero Wen Ning no se lo permitió.

—¿Recuerda que la vieja taberna vende su licor favorito? ¿No quiere ir y beber un poco?

A Wei WuXian se le hizo agua la boca de solo imaginar bebiendo nuevamente la sonrisa del emperador después de tanto tiempo. Podía aprovechar que Lan WangJi no se encontraba para beber todo lo que quisiera, y cuando llegó a esa conclusión dio media vuelta y caminó de regreso a la ciudad. Pero solo alcanzó a dar un par de pasos cuando se detuvo y volteó hacia Wen Ning.

—¿Por qué intentas evitar que suba a la colina? —Casi había caído en su engaño. —¿Qué me estás ocultando?

—¿Y-yo? ¡Nada! —Wen Ning sacudió la cabeza con tanta fuerza que todo su cuerpo se sacudió y los grilletes tintinearon. —No intento impedirle nada, joven amo Wei.

Wei WuXian entornó la mirada con recelo. Conocía a la perfección a Wen Ning, y más aún cuando los nervios le dominaban. Los tartamudeos aparecían y los nervios convulsionaban su cuerpo, contrastando con su intimidante aspecto.

—Entonces no te entrometas y espera aquí mientras voy a investigar. —Retomó el paso y comenzó a alejarse.

—¡Es peligroso! —exclamó Wei Ning, esperando con ello persuadirle—. Hay miembros de la secta YunmengJiang patrullando y colocando talismanes para destruir su alma. Si se topa con alguno o si cae en una de esas trampas, usted podría...

Wei WuXian se detuvo y volteó a verle nuevamente. Podía comprender su preocupación. La última vez que no hizo caso a las advertencias de alguien había terminado en manos de Jiang Cheng.

Regresó hacia Wen Ning y palmeó uno de sus hombros.

—No soy tan débil como lo aparento. Un grupo de cultivadores no va a detenerme. —Sonrió confiado—. Estas son mis tierras, aquí es donde pertenezco.

Abrumado por su valentía despreocupada e insensata, Wen Ning apenas le miró. Lo vio alejarse nuevamente y no pudo continuar fingiendo que no sabía nada. Necesitaba al menos presionar un poco su memoria para que desistiera de ir a un sitio que resultaba tan peligroso como el que recuperara su memoria.

—¿Está seguro, joven amo Wei?

Wei WuXian se detuvo y lo miró por sobre el hombro.

—¿A qué te refieres? —Entornó la mirada y volteó hasta encararle. —¿Qué tratas de decir?

Wen Ning tensó los labios y comenzó a temblar nervioso. Aun así fue capaz de sostener la mirada y contestar.

—Usted asegura que pertenece aquí —explicó un tanto vacilante—, pero hay un espacio en su memoria.

Endureciendo la mirada, Wei WuXian dio un paso hacia él mientras que Wen Ning retrocedía otro.

—¿Me estás tratando de decir algo? —Su expresión se endureció y su voz cambió de tono. —No me des pistas sin sentido. Sé directo y dime qué es lo que sabes.

Fue en ese momento que Wen Ning se arrepintió de hablar de más. Sabía lo astuto que era Wei WuXian y que si no tenía cuidado podía romper su juramento a Lan WangJi. ¿Pero realmente era correcto ocultarle la verdad a Wei WuXian? ¿Era justo para él mantenerlo engañado? Podía ver en sus ojos la ansiedad por saber lo que le ocultaban, porque sabía que así era, sabía que le mentían y que tarde o temprano lo descubriría. Y si así sucedía, ¿sería capaz de perdonar?

Arrepentido de su torpeza, bajó la mirada y negó decepcionado de sí mismo.

—Y-yo... yo no... yo no sé nada, joven amo— mintió—. Se lo aseguro.

—¿Entonces por qué dices eso? —Wei WuXian se estaba impacientando. —No me mientas.

—Solo digo lo que veo, joven amo. Asegura algo de lo que realmente no está seguro.

De algún modo Wen Ning tenía razón. Wei WuXian no podía asegurar saber todo si había un espacio vacío en su memoria.

—¿Dónde fallecí? —preguntó— ¿Fue aquí?

Wen Ning negó.

—¿Dónde?

—Cerca de Gusu —contestó.

—¿De Gusu? —Abrió los ojos con sorpresa. —¿Qué hacía allá?

Con un movimiento vacilante, Wen Ning volvió a negar.

—No lo sé. Yo no estaba cuando fue asesinado por el segundo maestro Lan.

—¿Dónde estabas?

—Usted me pidió que me ocultara porque me estaban persiguiendo.

—¿Por qué te perseguían?

Tantas preguntas y hasta el momento ninguna era peligrosa de responder. Aun así, Wen Ning debía tener cuidado con el ritmo con la que estas eran formuladas. Wei WuXian podía pillarle desprevenido y sacarle la verdad sin darse cuenta.

—Porque asesinamos a muchos miembros de la secta... Wen —respondió al fin—. Descubrieron su identidad y la mía, y usted...

—Yo qué.

—Usted fue con el segundo maestro Lan.

—¿Yo fui con él?

Wen Ning asintió.

—¿Sabes el motivo?

Dudoso de lo que podía provocar la respuesta, Wen Ning negó una vez más, fingiendo desconocer la verdad. Vio cómo Wei WuXian resopló contrariado y supo que estaba decepcionado. Lamentaba no serle de ayuda, pero prefería ser un inútil ante sus ojos que romper su palabra.

Wei WuXian aguardó en silencio, casi como si quisiera estudiar a Wen Ning y descubrir algo que lo delatara. No podía evitar pensar en la posibilidad de estar siendo engañado por quien más confió en el pasado. El sentimiento era inevitable, después de todo habían sucedido diez años, y en esos diez años Wen Ning pudo haber cambiado. Prueba de ello era que ahora le servía a Lan HuiYing, y a simple vista no parecía existir conflictos entre él y Lan WangJi.

Lo miró durante unos momentos y concluyó que era imposible. Wen Ning era demasiado inocente como para engañarle.

Volvió a suspirar.

—Está bien —concluyó—. Intentas ocultarme ciertas cosas que al parecer no me conviene saber ahora y me evitas entrar al lugar que llegué a conocer como la palma de mi mano por mi seguridad.

—Lo lamento joven amo. —Wen Ning volvió a bajar la cabeza con pesar. —Es muy peligroso si entra solo.

—Se supone que tú me acompañarás —señaló Wei WuXian, esperando en verdad que lo hiciera.

—Aun así es peligroso —insistió Wen Ning—. Los cultivadores están colocando muchas trampas. —Lo miró apenas. —El segundo maestro Lan debe ayudarlo.

Nuevamente ese nombre estremecía su cuerpo. Wei WuXian no lo entendía realmente, pero quería suponer que se debía a lo que había sucedido en la posada y no por lo que inevitablemente sentía por Lan WangJi. No era simple estima por el tiempo que llevaban conociéndose, era algo más que quería descubrir para definir sus sentimientos y pensamientos por él.

—Lo sé. Ahora dependo mucho de él. —Se cruzó de brazos con cierta resignación. —No lo entiendo realmente, pero estoy a salvo con él, a pesar de que me asesinó.

Wen Ning guardó silencio. De momento era mejor dejar que Wei WuXian solo especulara. Pronto llegaría el momento de decirle la verdad.

Tras un profundo suspiro, él dio media vuelta y comenzó a caminar de vuelta a la ciudad.

—Volveré a la posada —señaló—. Tú mantente a salvo. De seguro también te están buscando.

Con un movimiento con la cabeza, Wen Ning asintió, y no tardó en desaparecer entre las sombras.

Era poco lo que Wei WuXian había logrado adentrarse en los territorios de la colina LuanZang, pero fue suficiente para tardar alrededor de quince minutos en pisar terreno seguro.

Cuando divisó las luces de la ciudad, aceleró el paso, sintiéndose cada vez más cerca de Lan WangJi, pero se congeló cuando lo vio a él precisamente de pie a orillas del bosque que conectaba la ciudad con la colina. Su expresión molesta y su postura de vigilia no lo dejaron indiferente.

—¡HanGuang-Jun! —exclamó, fingiendo sorpresa—. Creí que dormías. Yo solo salí a dar una vuelta para tomar un poco de aire. No creas que tenía intenciones escapar.

—No pienso dejar que lo hagas —contestó él sin variar su inalterable tono de voz.

—Lo sé, lo sé. —Se acercó a él y alcanzó su rostro. —Eres un hombre muy persistente.

Lan WangJi se dejó acariciar, pero sujetó la mano de Wei WuXian y la apartó despacio, como si con ello le hubiera dicho que no hacía falta tocarle de esa forma. Wei WuXian lo entendió y le sonrió.

—¿Cómo supiste que estaba aquí? —cuestionó de pronto.

—Te conozco —contestó él.

—¿Me conoces?

—Mejor de lo que crees.

A Wei WuXian no dejaba de llamarle la atención la forma en la que Lan WangJi le hablaba. Parecía como si realmente supiera su verdadera identidad, o tal vez no se refería precisamente a él, por lo que la idea de que se conocía con Mo XuanYu cobraba cada vez más fuerza.

Sintió un ligero cosquilleo en el estómago cuando pensó en ello, y se preguntó si sería capaz de seguir fingiendo ser Mo XuanYu. Conocía lo más relevante de su historia, en especial su inclinación sexual, y sentía que contra más se acercaba a Lan WangJi, más difícil era mentirle y mentirse a sí mismo.

—HanGuang-Jun. —Dudó un momento. —Lo que ocurrió en la posada...

El semblante de Lan WangJi no se alteró; incluso parecía estar esperando tocar ese tema.

—¿No te molesta dormir conmigo?

—No.

—Eres una persona que aparenta rechazar el contacto con los demás. ¿Por qué no te molesta?

—Porque eres tú.

Wei WuXian no supo qué contestar.

—Porque soy yo... —pronunció intrigado—. ¿Qué significa exactamente?

—¿Por qué quieres saberlo?

Dudoso de la respuesta que podía darle a Lan WangJi, Wei WuXian lo pensó un momento.

—Porque tengo curiosidad de saber por qué significo tanto para ti —contestó finalmente.

Necesitaba saberlo. Hacía mucho, desde que se encontraron en la Villa Mo, que esa duda agitaba sus pensamientos. Lan WangJi lo confundía, y nunca antes se había sentido así. Ni siquiera en su otra vida.

Vio de pronto que Lan WangJi abandonaba su postura y se le acercaba. Se sintió repentinamente intimidado por la forma en la que lo hacía y sus aparentes intenciones. Sin darse cuenta, retrocedió y terminó chochando contra un árbol. Su respiración se agitó y sintió que le temblaban las piernas. La forma en la que Lan WangJi le miraba le provocaba una extraña sensación, trayendo a su cuerpo viejas sensaciones.

Lan WangJi alzó su mano y alcanzó su rostro, acariciándolo apenas. Wei WuXian no entendía por qué lo hacía ni el por qué su cuerpo se estremecía con el roce de su mano sobre su piel. Sus emociones simplemente afloraban y su mente se confundía. Y cuando sintió que estaba en su límite y que su corazón saldría de su pecho, Lan WangJi lo dejó. Lo vio dar media vuelta y alejarse de regreso a la posada.

Wei WuXian quedó paralizado y sobrecogido por lo que había ocurrido. Lan WangJi actuaba de una forma como si la relación que los uniera fuera demasiado antigua como para ignorarla.

Decidió seguirle, pero se paralizó cuando a lo lejos se escucharon ladridos. De inmediato, su expresión cambió. Su rostro palideció y se llenó de terror.

—¡¿Qué es eso?! —gritó—. ¡¿Es un perro?! ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde?!

Los ladridos se acercaron hasta que se escucharon al otro lado del camino, y Wei WuXian perdió el control. Intentó salir corriendo en sentido contrario, pero al pasar junto a Lan WangJi su brazo fue sujetado. Al ver que no podía escapar, su instinto le hizo trepar sobre lo más cerca que tenía, y ese fue Lan WangJi. Se aferró a él con fuerza y hundió su rostro en la curvatura de su cuello mientras su propio cuerpo convulsionaba víctima del pánico.

—¡Haz que se vaya! —chilló—. ¡Hazlo! ¡Hazlo por favor!

Lan WangJi miró al animal y este se detuvo. El aura que transmitía intimidaba lo suficiente para amedrentar al perro que, tras meter la cola entre las patas, dio media vuelta y se alejó visiblemente asustado.

Wei WuXian no paraba de temblar, ni siquiera se atrevía a apartar el rostro del cuello de Lan WangJi. La fobia a los perros era claro que ni siquiera reencarnando desaparecía.

—¿Ya se fue? —preguntó aterrado.

—Aún no —contestó Lan WangJi.

Lo sujetaba con fuerza, procurando no dejarlo caer. Quería aprovechar cada segundo sintiendo su cuerpo contra el suyo. Su alma vibraba cuando sucedía. Y simplemente no quería permitirle bajar, incluso si el perro ya se había marchado.

—¿Todavía no se va?

Después de unos minutos de tortura, Lan WangJi terminó por compadecerse de él y le dijo la verdad.

—Ya se fue.

Wei WuXian se relajó de inmediato. Soltó un profundo suspiro y levantó apenas la cabeza, descubriendo que por estar sumido en el terror de ser mordido por un perro, incluso por el solo hecho de saber que había uno cerca, no se había dado cuenta que estaba en los brazos de Lan WangJi. Su fobia le había nublado el juicio, y solo ahora que el temor pasó podía sentir su calor y aroma invadiendo cada parte de su cuerpo y sus sentidos. Y entre la vergüenza por mostrarse como un cobarde, el temor de su desafortunado encuentro con un perro y lo que había sucedido en la habitación de la posada, se bajó despacio eludiendo cualquier contacto visual. Mientras lo hacía, podía sentir cómo las manos de Lan WangJi se deslizaban por su cintura y ascendían por su espalda, moldeándola, a medida que sus pies tocaban el suelo. Cuando lo hizo, no se apartó, su rostro estaba frente a su pecho y podía escuchar su respiración mientras el perfume de su ropa parecía sentirlo más fuerte que nunca.

Alzó apenas el rostro, encontrándose con la expresión tranquila de Lan WangJi, y allí se quedó. Permaneció inmóvil observándolo, conteniendo incluso la respiración, y vio que en sus ojos había una profundidad inexorable, y que parecía haber visto antes. No estaba del todo seguro, pero el estremecimiento que esa expresión le producía le resultaba muy familiar.

Finalmente, cuando los segundos parecieron tornarse en minutos, Wei WuXian pudo ver algo más que sus ojos. Los años no habían pasado por Lan WangJi, y de alguna forma eso le agradaba. Seguía siendo de ese pálido e inmaculado rostro que distinguía a los miembros de la secta GusuLan, sin una imperfección que lo arruinara. Sus pestañas, si bien en el pasado no había tenido oportunidad de verlas tan de cerca, desde que reencarnó en el cuerpo de Mo XuanYu podía contemplarlas de un mejor ángulo, confirmando así lo que ya intuía: también eran perfectas. Continuó su meticuloso recorrido, y en el momento que sus ojos recayeron sobre sus labios, algo en su interior se agitó. Al igual que las pestañas, también los había visto de cerca desde que regresó, pero nunca con tanto detalle al punto de resultarle interesantes. Lucían tan suaves y en un sutil tono rosa pálido que conmovió cada fibra de su cuerpo y agitó su estómago, como si un calor comenzara a arder allí, y pronto se dio cuenta que unos deseos poderosos lo impulsaban a querer probarlos. Pero aun si tenía ganas, sabía que si lo hacía cruzaría un límite peligroso que despertaría el odio de Lan WangJi.

—HanGuang-Jun... —Su voz sonó casi como un ronroneo. —No tienes que sostenerme tan fuerte. No iré a ningún lado.

Desde hacía rato que podía sentir sus manos rodeándole y apresándole con fuerza, como si realmente no quisiera dejarle ir. Le parecía un gesto tierno de su parte, pero incluso si lo consideraba de ese modo, una parte de su propio pensamiento quería escapar y dejar de sentirse tan atraído por él y sus labios que pedían ser besados.

Lan WangJi pareció sujetarlo con más fuerza y lo apegó contra su cuerpo. Su calor de inmediato se mezcló con el suyo.

—Y aunque quisieras no te lo permitiría.

Su aliento suave y fresco golpeó sus labios y fue suficiente para finalmente ceder ante los de Lan WangJi. Por un momento había querido eludir sus sentimientos que irrumpían en su sistema desde que fue consciente de ellos, pero el instinto simplemente actuó y se dejó llevar por él. Con una acompasada lentitud se inclinó hacia adelante. Ya no sentía que tuviera algo que perder; por el contrario. Ahora más que nunca quería tocar esos labios. Necesitaba sentirlos, probarlos y descubrir por qué le despertaban tantas emociones y llamaban tan poderosamente su atención. Pero algo lo detuvo. Quizá su cordura, la que pocas veces se había manifestado en su otra vida.

Casi como si se tratara de un hechizo disuelto, se obligó a volver a sus sentidos y se alejó en el preciso instante que el cielo se iluminó de un intenso color amarillo, seguido de un estallido proveniente de la colina LuanZang. Ambos miraron al cielo y vieron el emblema de la secta LanLingJin dibujándose brillante entre las nubes. Ya no había tiempo para flirteos ni confusiones; corrieron de regreso a la colina LuanZang y se adentraron a ella. A mitad de camino divisaron a Jin Ling enfrentándose a un cadáver feroz al que le faltaba un brazo. Jin Ling se lo había quitado con su espada. Aun así, no lucía como si llevara la ventaja.

—¡Jin Ling! —exclamó Wei WuXian corriendo hacia él.

Él estaba en el suelo, enlodado y con una herida en la cabeza. No parecía haber sido causada por el cadáver; más bien fue el árbol tras él que al golpearse contra el macizo tronco, se rompió su frente.

Lan WangJi se plantó frente al cadáver que buscaba su brazo y sacó a Guqin. Con un agitar de las cuerdas, una aplastante tonada logró inmovilizarlo. Mientras, Wei WuXian intentaba despertar a Jin Ling.

Cuando él comenzó a tomar conciencia, se vio rodeado y se sobresaltó.

—¡¿Q-qué haces?! —exclamó al reconocer a Wei WuXian—. ¡No me toques asqueroso manga cortada! ¡No soy como tú!

Wei WuXian curvó los labios en una sonrisa maliciosa.

—No importa si no eres como yo, no es tu culpa —contestó divertido—. Y solo estamos ayudándote. Vimos la señal en el cielo.

—¿Qué señal? —masculló él mientras eludía cualquier contacto con Wei WuXian—. Yo no hice nada.

—¿De verdad? Entonces el pánico te hizo activar la señal de tu secta.

—¡Te digo que yo no lo hice! —insistió Jin Ling cada vez más irritado—. ¡Jamás haría eso! Puedo arreglármelas por mí mismo.

Intentó ponerse de pie pero se contuvo casi atragantándose con su propia respiración cuando reconoció a Lan WangJi. Su presencia imponente y de naturaleza pragmática le hacía pensar que si se le cruzaba por delante terminaría mal. No lo consideraba un mal sujeto, por el contrario; lo admiraba por haber sido el asesino de Wei WuXian. Sin embargo, debido a los fuertes rumores sobre de su personalidad traicionera también le temía, suponiendo que por conseguir lo que quería podía engañar a quien quisiera.

Apartó a Wei WuXian con un manotazo y finalmente se puso de pie.

—Esa es... mi presa —declaró, temiendo que eso molestara a Lan WangJi.

—Podría apostar que ese cadáver no piensa lo mismo —comentó Wei WuXian.

Jin Ling le arrojó una mirada de desprecio y se alejó.

—Qué te metes tú, asqueroso manga cortada.

—Oye, no tienes que ser tan antipático —se quejó Wei WuXian—. Soy tu tío después de todo.

Enfurecido, como si hubiera escuchado el peor insulto, Jin Ling volteó a encararle con el semblante crispado.

—¡De ninguna manera te considero mi tío! —espetó—. Solo tengo dos, ¡tú no cuentas!

Para Wei WuXian no era sorpresa su reacción. Podía ver claramente la influencia de Jiang Cheng sobre él.

—Bueno, pero yo te considero mi sobrino —le rebatió mientras se encogía de hombros—, así que te ayudaré lo quieras o no.

El ceño de Jin Ling pudo arrugarse todavía más después de eso. Con un gesto despreciativo, dio media vuelta y caminó hacia el cadáver tendido en el suelo.

—No podría nunca considerarte como tío después de lo que hiciste.

Wei WuXian arqueó las cejas con curiosidad.

—¿Y qué hice que no merezco ser tu tío? —indagó.

—Cometiste una herejía. Te metiste en las entrañas a una abominación. —Jin Ling se detuvo y lo miró por sobre el hombro. —¡Y tuviste un castigo por eso!

La sonrisa se borró de los labios de Wei WuXian y su semblante se endureció. Podía tolerar las rabietas de un preadolescente malcriado y de mal carácter, pero con ese comentario había cruzado el límite. Le dio alcance antes de que pudiera alejarse lo suficiente y lo sujetó de un brazo.

—¿Y qué si lo hice? —declaró con voz grave—. ¿Acaso por eso mi hijo debía morir? Él era inocente, al igual que tus padres, pero lo asesinaron. —Apretó con fuerza su brazo y casi tiró de él. —¿Acaso es justo que personas inocentes mueran solo porque otros lo deciden?

No lo entendía realmente, pero esa inexplicable conexión y empatía con Mo XuanYu había nublado su juicio y arruinado su postura campechana y a ratos traviesa. Sentía como suya la pérdida de su hijo al punto no de no poder soportar que alguien avalara la muerte de una criatura inocente por el simple hecho de ser considerado como prohibido. Miró fijamente a Jin Ling y notó la palidez en su rostro y la humedad en sus ojos. Lucían al borde del llanto, por lo que decidió soltarlo para que reflexionara y se disculpara.

—Vamos —le dijo a Lan WangJi sin mirarle. No le importaba si había visto ese lado suyo; después de todo, ya conocía el origen de la cicatriz en su vientre.

Lan WangJi le siguió en silencio. No cuestionó su reacción ni la forma en la que dejó a Jin Ling. Aquel lugar no era propicio para enfrentamientos ni sermones. El llamado en el cielo tarde o temprano atraería a otros cultivadores, y por el bien de Wei WuXian y suyo, no debían ser vistos.

Pasaron junto al cadáver tendido en el suelo y dejarían que Jin Ling lo terminara para no complicar las cosas entre ellos. Sin embargo Lan WangJi, se detuvo cuando una presencia familiar llamó su atención. Wei WuXian también la percibió y volteó a hacia Jin Ling en el preciso instante que una sombra se aproximaba hacia él.

Pudo simplemente haber ignorado la situación y correr a esconderse, pero Wei WuXian no era esa clase de individuo. Para bien o para mal, él simplemente actuaba cuando la ocasión lo ameritaba. Corrió hacia Jin Ling antes de pensarlo siquiera y lo empujó, evitando así que Wen Ning le cayera encima.

El pesado cuerpo de Wen Ning derrapó en el suelo, deteniéndose contra un grueso árbol de abeto. Se quedó inmóvil, como si quisiera fundirse en el suelo mientras la figura de Jiang Cheng aparecía unos pasos más atrás y dejaba en evidencia sus intenciones de terminar su trabajo en él. Zidian destellaba en su mano, y un grupo de cultivadores le escoltaban, pero en el momento que advirtió la presencia de Lan WangJi y Wei WuXian su objetivo cambió. Apuntó a Zidian hacia ellos y los cultivadores les rodearon.

Lo que Lan WangJi temía, se cumplió.

...Continuará...