CAPITULO 11

OFERTA

Cerró la puerta cuando él ingreso; apoyó su frente en esta. Respiró profundamente, él se acercó para tomarla por detrás, pero antes de que sus manos hicieran contacto con sus hombros, ella habló.

–Me voy. –dijo volteando a ver su reacción. Su rostro no expresaba nada. Se quedó callado por un buen rato.

– ¿A dónde? –después de una larga espera respondió.

–América –apoyo su espalda en la puerta.

– ¿Pero cómo piensas irte? No tienes documentos ni los permisos.

–Snake los tiene.

– ¿Snake? ¿Quién es? ¿El tipo ese?

–Sí, es él –dijo en tono molesto; le desagradaba la manera en la que se refería a él, pero prefería evitar discusiones.

–Acaba de llegar hoy y ¿ya te piensas ir con él? –daba vueltas por la habitación.

–Él llegó a mi vida hace poco más de cuatro años, y vivir alejada de él todo este tiempo ha sido un tormento. –Se abrazó a sí misma, recordando todos esos años– Lo siento Nathan, pero él es al único a quien le entregaría mi vida para cualquier cosa sin pensármelo.

–Y todo este tiempo que estuvimos juntos ¿No significa nada? –se acercó rápidamente a ella y plantó ambas manos a los lados de su cara apoyándose en la puerta. Ella abrió los ojos en sorpresa por tal acción.

–Tengo que reconocer que si no hubieras estado a mi lado no estaría con vida ahora mismo… –la interrumpió inmediatamente tomándola de los brazos.

–No hablo de eso, Eva… las noches que estuvimos juntos, ¿No significaron nada? ¿No sentías nada? –buscaba su mirada.

–No hagas esto… –volteó su rostro

– ¡Respóndeme!…. –la zarandeó en desesperación. – ¿No sentiste nada?

– ¡No!… –fijó su mirada en la de él. –No sentía nada…

– ¡No me mientas!... ¿No me pedías más? ¿No me decías que te encantaba como lo hacía?

– ¡Estaba fingiendo!… ¡Sí! También me ensañaron a fingir en eso… –La soltó; su rostro completamente desencajado– Yo solo no quería herir tus sentimientos… ¿Por qué me haces decirte todo esto?

– ¿No hubiera sido mejor que me lo digas desde un comienzo?

–Y te lo dije. Te dije que no sentía nada por ti. Que sí te tenía cariño, pero no el que tú esperabas.

–Y te pedí que me dieras tiempo; que lograría que me amaras. –la volvió a tomar de los brazos.

–Entiéndelo por favor… es inútil… nunca sentí nada… no siento nada cuando estoy contigo… cuando me hablas… cuando me tocas… cuando me besas… o cuando tenemos sexo… nada… –puso una mano en la mejilla de este– discúlpame pero eso no puedo cambiarlo aunque quisiera…

–Y así acabas todo... ¿él llega y desmorona todo lo que estaba construyendo junto a ti?

– ¿Es que no escuchas nada de lo que digo? –molesta lo empujó y se sentó en la cama

–Y yo ¿dónde quedo? –la sigue con la mirada.

– ¿Quería preguntarte si te quedabas o ibas a América conmigo?

–Ahora quieres que este contigo

– ¡Que no! Eres mi amigo y has estado a mi lado todo este tiempo. No te puedo dejar así.

–Sabes que no quiero ser tu amigo –hablo en tono muy suave. Ella cruzó una pierna sobre la otra, colocó un codo sobre ella y apoyo su rostro sobre la mano.

– ¿Podemos dejar este tema por la paz?

–Entonces ¿Qué quieres?

– ¿Vas a América o te quedas? –Hubo unos minutos de completo silencio.

–Me lo pensaré bien. Mañana te respondo.

–Bien. –respondió Eva finalizando la conversación. Nathan saco una toalla de la cómoda que se encontraba al lado derecho de la habitación y salió.

Ella recogió su ropa del suelo, la colocó en una cesta y cerró la puerta con seguro. Soltó la sabana, cayendo esta al suelo, quedando desnuda. Camino hacia la cómoda e inspecciono los cajones en busca de ropa. Tomó un brasier y bragas blancas de encaje, y se vistió. Continuo revisando los cajones y saco un polo grande rojo de Nathan, se lo puso; le quedaba exacto en el pecho y suelto en la cintura hasta la tercera parte de sus muslos. A los cinco minutos tocaron la puerta. Al abrirla entró Nathan vestido con una toalla que cubría su parte baja, ella camino hacia un lado permitiéndole entrar y luego poder ella salir.

– ¿A dónde vas? –preguntó al notar que se iba.

–A dormir. –se detuvo en el umbral de la puerta.

– ¿Afuera?

–En el sofá. ¿O piensas darnos la habitación?

– ¿No vas a dormir conmigo? ¿Cómo todas las noches?

–Nathan, las cosas han cambiado ¿Entiendes? Mi lugar es con el hombre que está en la sala, no a tu lado. –antes de que pudiera protestar se marchó.

Caminó por el pasadizo y al llegar a la sala, él no estaba. Miró por todos lados pero no había rastro de Snake. Rabia e impotencia invadían su cuerpo; cada segundo más aumentaba descontroladamente, ¿Qué haría ahora? ¿A dónde se marchó? ¿No debería de haber llegado muy lejos? ¿O sí? Salió de la casa lo más rápido que pudo.

–Un momento… en un rato me comunico contigo si puedo. –ella volteó inmediatamente a verlo. Ahí estaba él, en el extremo derecho de la casa. – ¿Qué haces fuera? –dijo acercándose a ella.

–Pensé que te habías ido y salí a buscarte.

–Mis cosas están dentro. Además te dije que irías conmigo a América.

–Sí, pero… No importa… ¿tienes hambre?

– ¿Sucede algo?

–No, todo bien… Vamos que te sirvo algo… –la tomó del brazo.

–Dime ¿Qué te sucede?

–Luego hablamos. Primero debes comer. –y se adentró en la casa, él la siguió.

–Dime ¿Qué quieres?… Hay frutas, verduras, comida enlatada, carne, cereales… hmm… También hay sopa instantánea. –dijo mientras observaba lo que había en el refrigerador y las alacenas.

–No tengo hambre, ya me comí dos cajas de Calorie Mate. –se sentó en el sofá y extendió ambos brazos en el espaldar. – ¿dónde dormirás?

–Contigo… –se sentó a su lado.

– ¿Dónde duermes usualmente? –no respondió. Él observo rápidamente el pasadizo donde solo habían tres puertas. Una debía ser el cuarto de baño y las otras dos habitaciones, donde se encontraba Nathan era la más grande. – ¿Con él?

–Sí… –dijo en casi un susurro.

– ¿De quién es el polo que traes puesto?

–De él… –se notaba la molestia que lo embargaba. Ella volteó y se sentó a horcajadas sobre él, tomándolo por sorpresa.

– ¿Qué haces? – Eva se quitó el polo con ambas manos lo tiró al otro sofá, quedando solo en ropa interior. Le rodeó el cuello con ambas manos y lo besó. Snake la apartó –Eva… nos van a ver.

–La señora Tuyen duerme como un tronco, igual Nathan. No te preocupes… y solo hazme el amor… – dichas esta palabras, se acercó nuevamente y unieron sus labios.

Sus manos recorrían cada centímetro de su cuerpo, deteniéndose por ratos en su trasero. Desabrochó su brasier y ella se lo quitó dejándolo a un lado. Descendió besando su cuello hasta llegar a sus pechos. Besó y masajeó ambos. Se detuvo un momento para poder quitarse el polo y procedió a besarla lenta y apasionadamente. Aguantando cada gemido, molió con lentitud sus caderas contra las de él. Sintiendo como crecía la erección bajo sus bragas se apresuró en abrir su pantalón y sacar su prominente miembro. Deslizo ambas manos por su espalda hasta llegar a las bragas.

–No las quites… –dijo entre jadeos. – solo pon la tela de lado.

Obedientemente colocó la tela de lado e introdujo despacio un dedo en su interior.

–Ahhh… –gimió. Introdujo otro y jugó con ellos. –No me hagas esto… no quiero esperar… hazlo… Snake… – los sacó y sosteniendo la tela de lado con dedos introdujo su longitud adentrándose hasta lo más profundo. Ella comenzó a subir y bajar pausadamente, abrazó a Snake del cuello y lo besó de manera exigente. Tomó sus caderas haciendo que parara, no quería terminar con el momento tan rápidamente. Tiró el cuerpo de Eva hacia atrás sosteniéndola con una mano por la espalda y el cuello. Ella sostenida con una mano en la espalda de su amante y la otra en su cabello, acariciándolo y tirando de él por ratos. Aun unidos, se acercó y saboreo nuevamente sus prominentes pechos, subiendo lentamente hasta su clavícula, donde chupo provocando que gimiera. Continuó avanzando por su cuello y finalmente sus labios, que besó con ganas apremiantes. Él empezó a mover sus caderas. Cada vez a un compás más rápido. Llegando ella al clímax no paró de moverse hasta que él también culminara.

Aún permanecían en la más íntima unión. Ambos recuperaban aliento; él la abrazaba de la cintura y ella del cuello. Con sus frentes apoyadas, rozando apenas las narices.

–Debo darme una ducha. –dijo Eva rompiendo el silencio. – ¿Quieres acompañarme? –una sonrisa de lado apareció en el rostro de Snake. – Eso ¿lo tomo como un sí o un no?

–Vamos. –respondió con voz ronca. Ella se levantó despacio con una mano en la boca, silenciando el gemido que emitía. Se puso de pie y camino hacia el cuarto de baño. Esperó que el entrara y cerro con seguro.