Culpa. Aquel sentimiento invadía mi cuerpo desde que me enteré que debía robar a Nadja Chamack. Me había enterado por Alya, y después que el asunto del cargador hubiese pasado a segundo plano, ese había sido el pensamiento que había tomado protagonismo en mi mente. No podía presumir de conocer mucho a la periodista, pero sí conocía a su hija y era precisamente el cariño que sentía por Manon el que se estaba convirtiendo en un impedimento para realizar el robo.
Suspiré, mientras me llevaba las manos a la cabeza. Mi sentido de la moral había dado un giro de 180º desde que comencé a robar, y aquel cambio tan repentino hacía que me replanteara continuamente sobre mis acciones. En los últimos meses había realizado tantos robos que ya había perdido la cuenta. Había robado a personas importantes, incluso en lugares famosos como lo era la Basílica del Sagrado Corazón. Sin embargo, aquello no era suficiente para justificarme a mí misma sobre lo que estaba haciendo. En aquellos momentos como ese, era cuando habría preferido haber recibido una peor educación, de esa forma no me lamentaría por robar, bien porque no lo vería como algo tan malo o porque quizás así el guardián de los miraculous, de quien tanto me hablaba Tikki, no me habría escogido para este trabajo en primer lugar.
Aquellos pensamientos no me ayudarían en absoluto, así que decidí que lo mejor sería dejarlos de lado y para ello lo mejor que podía hacer era distraer mi mente con otras cosas. Miré los restos de tela que había desparramados por mi escritorio. Minutos antes había estado diseñando un disfraz para cuando realizáramos el robo. Pensaba infiltrarme como una periodista más, simular ser parte del paparazzi al igual que Chat. De aquella manera nos sería muy sencillo adentrarnos dentro del edificio sin llamar la atención. Aunque al realizar la ropa había gastado menos tela de la que necesitaba y ahora grandes trozos de tela descansaban en la mesa, esperando a ser utilizados.
Reprimí una carcajada al ver a Tikki dormitar sobre uno de ellos. Llevaba unos días acostándose antes con la excusa de que no quería ser vencida por el sueño durante las mañanas, ya que era cuando ella se comunicaba con Plagg, el kwami de mi compañero, e intercambiaban información entre ellos. Según ella la intención de aquellas reuniones era no llevarse sorpresas a la hora de realizar un robo, mas sin embargo yo seguía enterándome de los robos mediante las noticias o Alya, es decir, por medios externos y no por Tikki precisamente. Aquello hacía que tuviera ligeras sospechas sobre Tikki, sabía que me ocultaba algo desde hacía bastante tiempo, pero seguía sin descubrir el qué.
Suspiré, mientras me reclinaba hacia atrás en mi silla. Dejaba de reflexionar sobre un tema para calentarme la cabeza con otro distinto y que, para colmo de males, mantenía relación indirectamente con el anterior. Últimamente mi identidad como Ladybug había pasado de estar en un segundo plano en mi vida a ser parte de lo más importante en ella. Por ello pensé que lo mejor que podía hacer era acostarme y dormir, imitando el ejemplo de Tikki que descansaba plácidamente.
En los días posteriores a ese no ocurrió nada interesante, mas sentía una inquietud que no era capaz de explicar. Tal vez fuera porque el robo a Nadja eclipsaba mis pensamientos y ocasionaba un poco de nerviosismo en mí. Sin embargo, aquel hurto sucedió y muchísimos más tras él, y yo seguía con aquella misma sensación. Creía que algo iba a suceder, pero cuando pensaba que iba a pasar nada ocurría.
Quizá se le podía llamar paranoia, pero comenzaba a pensar que alguien me espiaba en secreto. Sentía como si una mirada me escrutara desde la espalda e intentara descifrar cada aspecto sobre mí. Sonaba bastante macabro y por esa razón solo de pensarlo un ligero escalofrío recorría mi columna.
Para Alya no pasó desapercibido, ya que podía notarlo en la mirada que me dedicaba cada vez que aquella idea pasaba por mi cabeza. Aún así, a pesar de saber que podía confiar en mi amiga, no me atrevía a confesárselo. No quería preocuparle más de lo que ya hacía, Alya no se lo merecía.
No me sorprendía que Alya se hubiera dado cuenta de que algo me pasaba, pero sí lo hizo que Chat Noir también lo hiciera. Fue en la ocasión en la que robamos en el Louvre. Faltaban pocos minutos para que nos dirigiéramos hacia el antiguo palacio y estábamos repasando detalladamente nuestro plan para hacernos con el "Corazón de Afrodita", cuando de nuevo sentí aquella horrible sensación de que alguien me estaba mirando. Mi reacción de temor fue mínima, ya que me limité a temblar un poco y hacer una minúscula mueca por poquísimo tiempo, pero a mi compañero le bastó tan solo eso para descubrir que me sentía mal.
A la vez también me asombré de su determinación a la hora de preguntarme si algo me ocurría. Normalmente cuando alguna persona me cuestionaba si me pasaba algo solía acompañar sus palabras de una sonrisa amable o una mueca llena de preocupación. Cierto era que Chat mostró abiertamente su preocupación hacia mí a través de los gestos de su rostro, pero también mantuvo una firmeza en su mirada que nunca había visto en alguien más.
Claramente, al igual que hacía con Alya, intenté evadir el tema al verme descubierta. Mas no lo logré hacer hasta que la hora que habíamos indicado para el robo se acercó. Debía admitir que mi compañero era muy insistente cuando se lo proponía y que, ignorando el hecho de que me había incomodado bastante con sus preguntas continuas sobre mi estado, admiraba aquella actitud tan leal que tenía hacia los demás, ya que con su preocupación hacia mí no paraba de demostrármela.
Con el tiempo pisándonos los talones conseguimos llegar al lugar del robo. Confieso que me sorprendió la enorme cantidad de espectadores que tuvimos aquel día en concreto, y no dudaba que Chat sentía la misma estupefacción que yo tenía, solo que él sabía simularla perfectamente con sus coqueteos. También admito que me sentí aliviada cuando durante el robo Chat no hizo ninguna referencia a la conversación que se nos había quedado pendiente y en la que no quería por nada del mundo inmiscuirme. No pensar en ello mantuvo mi mente atenta a nuestra misión y evitó que cometiera algún error por distraerme.
La misión terminó antes de lo esperado, eso sí con algunos contratiempos. Para mi fortuna pude manejar la situación para que fuera mi compañero quien devolviera el rubí al afamado museo y también para huir de este antes de que le diera tiempo de objetar, o bien de regresar a aquella charla que tanto me incomodaba.
Varias veces se me escaparon risas traviesas durante el trayecto y la razón tras ello no era otra que el recuerdo del rostro de Chat molesto por ser él quien tenía que devolver el rubí. El viento que me golpeaba contra el rostro mientras me balanceaba entre los altos edificios de la ciudad hacía que la experiencia fuera todavía más grata. El chico disfrazado de gato me había encomendado el trabajo de llevar de regreso las joyas más de una vez, así que cambiar los roles me divertía y mucho. Además todavía recordaba como se las había arreglado para encasquetarme el zafiro en nuestro primer robo, lo que incrementaba la diversión aún más si se podía.
La alegría que sentía hizo que el trayecto se me hiciera más corto y cuando menos me lo esperaba ya estaba sobre uno de los muchos tejados de la catedral de Notre Dame. La superficie de estos era resbalosa debido al rocío que cubría las tejas, consecuencia de la cercanía del río Sena, por ello tuve especial cuidado al aterrizar por miedo a caerme.
Justo a mi lado se hallaba una gárgola que tenía su vista hacia el frente. No lo negaría, una de las cosas que más me gustaban de la catedral, junto a los rosetones, eran aquellas criaturas terroríficas de piedra que protegían el edificio religioso tanto de seres malignos como de posibles inundaciones.
Las gárgolas me hacían recordar tantos momentos inolvidables junto a mi familia mientras veíamos El jorobado Notre Dame de Disney que era imposible que no me gustarán. Debido a ser la entrada a la catedral gratuita en más de una ocasión había ido junto a mi padre o mi madre a la catedral expresamente para ver las gárgolas y hacerme una foto junto a ellas. Sin embargo, después de que prohibieran la entrada a la segunda planta no había tenido la oportunidad de volver a verlas tan de cerca. Una sonrisa cubrió mi rostro cuando la idea de hacerme una foto surgió por mi mente. ¿Sería una estupidez desaprovechar la oportunidad, cierto?
Con el pensamiento de fotografiarme junto a la gárgola me acerqué hasta quedar a pocos centímetros de ella y deslizando mi dedo sobre la superficie de mi yo-yo me preparé para realizar la foto. Sin embargo, nunca llegué a poder pulsar el gatillo y hacer la fotografía, porque una figura lejana que saltaba sobre los tejados comenzó a acercarse a mí a toda velocidad. Ni decir tiene que nada más verla me puse en alerta y me di la vuelta para poder confrontar a la persona que tan rápidamente hacia mí se dirigía.
Sin dudarlo dos veces comencé a girar el yo-yo, manteniendo la posición de defensa que tantas veces había visto a la antigua Ladybug hacer en el pasado. La figura no tardó mucho en aproximarse y tras unos minutos de haberla descubierto ya estaba en frente de mí. No negaría que en aquella situación me lamenté de no ser la portadora de Plagg, de hecho deseé muchísimo haberlo sido. La oscuridad reinaba sobre los tejados de Notre Dame y distinguir los rasgos de aquella persona con tan poca luz era todo un reto.
Aunque había algo que sí podía ver por mí misma, y eso eran sus brillantes ojos violetas que se distinguían a pesar de la distancia que manteníamos. Como si de una pesadilla se tratara, un recuerdo horrible se apoderó de mi mente al divisar aquella peculiar mirada. El déjà vu se proyectó en mis pensamientos y velozmente reconocí a la persona portadora de esos ojos violetas. La sensación de miedo tan familiar que sentía hizo que reconocerla como la policía que me había apresado en el interior de la basílica meses antes fuera mucho más sencillo.
—T-tú eres... —a pesar de mi intento de sonar firme, lo único que salió de mi garganta fue un tímido balbuceo que, para mi mala fortuna, pareció ser escuchado perfectamente por la chica. O al menos eso me dejó ver cuando oí vagamente una risa proveniente de ella y cargada de burla.
—Nos volvemos a encontrar, Ladybug— su voz, al contrario de la mía, fue totalmente autoritaria y con cierto tono venenoso que me erizó la piel por completo. Intenté mantenerme fija, sin dejarme intimidar por ella, pero cada vez mis intentos resultaban más inútiles, ya que su sola presencia me hacía temblar. Nunca nadie había estado tan cerca de robarme los pendientes, solo ella, y eso bastaba para provocarme miedo—. O debería decir Antibug, ese nombre te queda mejor teniendo en cuenta que solo eres su suplente. Después de todo no eres la verdadera Ladybug, ¿o me equivoco?
Si bien el miedo seguía controlándome, este se vio un poco desplazado por la ira que empezaba a surgir dentro de mí. Yo misma me reconocía como la suplente de Ladybug pero, el hecho que me comparara con uno de los akumas que más daño había hecho a París, hizo que algo dentro de mí se encendiera.
—¿Sabes? Me trae sin cuidado lo que te traigas entre manos, puedes hacer lo que quieras con tu vida. Puedes seguir robando joyas, o cualquier otra cosa. Pero hay algo que no pienso permitir —tragué saliva cuando la vi dar varios pasos y pude ver su aspecto mejor —, que sigas manchando el nombre de Ladybug con tus estúpidos robos — tras decir eso me pude fijar mejor en ella y hubo algo que captó mi atención de inmediato. Llevaba puesto un traje con tema de zorro, y eso solo significaba una cosa... La persona que tenía delante mía era la portadora del miraculous del zorro, la dueña de Trixx.
Combatir no era lo mío, me quedó claro cuando Renarde —como decidí apodarle— comenzó a enfrentarse a mí. Mi experiencia peleando contra otros era nula, por el simple hecho de que no me había dedicado a ello. Tanto Chat como yo eramos ladrones de guante blanco, lo que se traducía en que nunca usábamos la fuerza que nuestros trajes nos otorgaban, sino que nos dedicábamos a simplemente evadir cualquier pelea que tuviéramos que hacer de una manera u otra. Como mucho nos defendíamos con nuestras armas de algún dardo paralizante que se dirigiera a nosotros o alguna red, pero nada más.
Al contrario Renarde se veía que llevaba luchando durante bastante tiempo y se notaba mucho en sus golpes, todos coordinados, que reflejaban la experiencia de los años. La sincronía con la que peleaba y lo difícil que se me hacía hacerle frente me dejó en claro un hecho; estaba completamente en desventaja contra ella, ya que portaba un miraculous original y sin fallas, y además era muy buena peleadora. Ambos hechos estaban en mi contra y, sin la posibilidad de hacer un Lucky Charm como mis predecesoras, era más que obvio que no sería capaz de durar mucho tiempo más en aquella pelea tan desequilibrada.
Como si mi plegaria hubiera sido escuchada, en un momento dado Renarde resbaló por culpa del rocío, dándome la oportunidad de correr y esconderme tras una de las torres de la catedral. Huir era imposible porque acabaría encontrándome antes de que pudiera resguardarme en mi casa, además que corría el riesgo de que descubriera mi identidad, si es que todavía no lo había hecho. Solo tenía una posibilidad, seguir peleando, aunque supiera que la derrota estaba asegurada desde antemano. Miré mi bolso, allí donde escondía aquellos objetos a los que había bautizado como mis propios Lucky Charms y donde sabía que estaban mis únicas esperanzas para poder vencer aquella batalla. Lo abrí rápidamente mientras escuchaba los pasos de Renarde acercarse a mí lentamente, como si disfrutara de aquella situación, y saqué una de las cosas que deseaba que pudiera ayudarme a cambiar el sentido de la balanza a mi favor.
Antes de que llegara hacia donde estaba, salté sobre ella sorprendiéndola en el proceso y rocié el contenido del aerosol que llevaba entre mis manos, logrando detener sus posibles ataques al estar demasiado entretenida frotando sus ojos ante el escozor que sentía en ellos. Me aventuré a acercarme y conseguí con mi yo-yo arrebatarle el collar donde se escondía el kwami del zorro. Había conseguido la victoria, sus continuas maldiciones mientras intentaba aliviar el picor de sus ojos me lo garantizaba. Sin embargo lo que hizo a continuación, tras haberme maldecido varias veces en un idioma que creía que era italiano, logró que no cupiese en mi asombro.
Vi perfectamente como sacaba delante mía una caja idéntica a la que había albergado a Tikki cuando la encontré y que tenía en su interior una peineta de color dorado que comenzó a brillar nada más ser mostrada. Justo delante mía apareció un kwami de color amarillo y profundos ojos azules que no paraba de mirar preocupada a la mujer de pelo rubio a la que me había enfrentado anteriormente y que no paraba de frotar sus ojos llena de frustración.
—Maldita seas— me maldijo de nuevo. Ante el insulto pude ver que el kwami amarillo fruncía su boca, como si detestara como se había dirigido hacia mí— Pollen, tránsformame— todavía sorprendida, vi como aquella fémina volvía a transformarse delante mía, solo que con otro kwami. El hecho de poseyera dos miraculous, en vez de uno como yo, me trastocó tanto como para no dejar de observar embobada su transformación hasta que esta dirigió su trompo de manera amenazante hacia mí.
Una nueva pelea entre ambas surgía y yo seguía sin asimilar que la misma mujer se estuviera enfrentando nuevamente a mí, solo que con un traje de abeja en vez de uno de zorro. La pelea volvió a estar a su favor nuevamente y a mí no se me ocurría nada para cambiar el rumbo de la misma. Jamás había peleado y el hecho de hacerlo por tantísimo tiempo, siendo la primera vez que lo hacía, estaba haciendo mella en mí. El cansancio me jugaba malas pasadas y ocasionaba que más de una patada y golpe con su trompo me hiriera. No podría durar por más tiempo, no con el agotamiento que sentía y el desánimo que sentía por haber creído que había ganado por unos instantes.
Podía notar fácilmente que cada ataque era peor que el anterior y aquello me hizo reflexionar sobre si antes Renarde solo había estado jugando conmigo y por ello solo había mostrado una pequeña cantidad del poder que tenía. Aquella posibilidad cada vez era más grande y mi impotencia por apenas poder hacerle frente también aumentaba. El fin de la pelea se aproximaba, lo podía notar mientras veía como su sonrisa llena de triunfo surcaba su rostro. Sin embargo, me veía incapaz de hacer nada. Su fuerza era increíblemente mayor a la mía, ¿cómo podría hacerle frente a alguien como ella sola? Lo único que me mantenía de pie era el poder perder a Tikki, quien siempre me había apoyado y se había vuelto junto a Alya una de mis mejores amigas. La kwami roja se había vuelto uno de mis pilares y por eso no quería que la apartasen de mi lado, porque sino me derrumbaría y sería incapaz de volver a enderezarme.
Renarde volvió a sorprenderme de nuevo y se alejó de mí, manteniendo las distancias y observándome detenidamente.
—¿Por qué no te rindes? — aquella me pregunta me enfadó y mucho, ya que la respuesta para mí era más que obvia —No tienes ninguna posibilidad frente a mí, tu aspecto lo refleja perfectamente. Si seguimos así acabaré hiriéndote gravemente. Por más coraje que me dé verte con el traje de mi antigua compañera sobre tu cuerpo, soy incapaz de herir tanto a una civil. Ríndete y esto terminará antes.
—No pienso cederte a Tikki tan fácilmente — la escruté con la mirada y por primera vez pude hablarle firmemente.
—Sin duda eres más terca de lo que pensé en un principio— tomó el trompo entre sus dedos y jugó con él por unos segundos—. Como desees, Antibug — sujetó el trompo fijamente entre sus dedos —. ¡Picadura! —gritó fuertemente, invocando el poder de su miraculous y corriendo hacia mí con una velocidad estrepitosa. Quise huir de ella pero no me dio tiempo a hacerlo, ya que ella logró impactar su aguijón sobre mi pecho paralizándome por completo.
Fue una sensación peculiar, mis músculos estaban completamente paralizados y por ello era incapaz de siquiera cerrar mis pestañas, pero la sensibilidad de mi piel se mantenía intacta. El roce contra esta lo sentía perfectamente y podía sentir con claridad el tenue roce de los dedos de Renarde deslizándose hacia mis orejas. La misma horrible sensación que la última vez me invadió y volví a sentir miedo de nuevo ante la mujer que tenía justo a delante. En la primera ocasión Chat pudo rescatarme, pero esa vez no iba a salvarme nadie. Ninguna persona sabía que ella estaba a punto de robarme los pendientes, porque nadie nos podía ver a semejante altura. Resignada, por saber que aquel era el fin, comencé a llorar por la impotencia, ya que era lo único que podía hacer. Llorar como una niña pequeña que es incapaz de hacer aquello que tanto desea.
Por no poder cerrar los ojos al estar completamente paralizada pude ver como la mujer rubia se detenía antes de arrebatarme mis pendientes y no negaría que aquello me sorprendió, pero más lo hizo cuando esta se alejó e hizo una reverencia que supe de inmediato que ella no quiso hacer. Su rostro mostraba tanto frustración como sorpresa mezcladas, por tanto adiviné que ella tampoco sabía qué estaba ocurriendo.
Lo siguiente que realizó fue volver a caminar hacia mí solo que cruzó por mi lado y se posicionó detrás mía, siendo ocupado su anterior lugar por un chico castaño con un traje con temática de mono.
—Hola Ladybug, ¿necesitas una ayudita?
¡Feliz Navidad a todos! ;)
