Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Eviefan, yo solo traduzco.

Historia revisada y corregida por Isa.


~After the Honeymoon~

Capítulo11: Abuelo Charlie

Bella POV

Lentamente nuestras vidas comenzaron a tomar cierto ritmo. Devoré todos los libros sobre cuidados de bebé cuando llegaron, pero descubrí que ninguno era de mucha ayuda. Renesmee tenía su propio horario para las cosas y sin nada que preocuparme aparte de cuidarla a ella y a mi esposo, ambos nos dejamos llevar por la corriente. A nuestra hija parecía gustarle más estar despierta de noche, pero eso no era algo por lo cual estresarme. Edward no necesitaba dormir, así que aparte de despertarme en algunas ocasiones para alimentarla, conseguía todo el descanso que necesitaba. Entre más cálidos se fueron poniendo los días, Edward y Renesmee se me unían en mis caminatas. A nuestra hija no parecía molestarle pasear en la lujosa carriola que Alice le había comprado para Navidad, y yo estaba feliz de poder sacarla para que respirara aire fresco.

Actualmente Renesmee y yo éramos las únicas en casa. Edward había ido con Alice a Boston para recoger a mi padre en el aeropuerto, y mientras yo limpiaba la habitación de invitados, Renesmee dormía profundamente en el canguro rosa que tenía atado a mi hombro que pasaba por alrededor de mi espalda y mi cintura. Le diríamos a Charlie toda la verdad mientras estuviera aquí, esperaba que entendiera por qué necesitábamos mantener a Renesmee tan protegida.

Hace unos días le había llamado a Jake para decirle que había tenido al bebé y que nos estábamos preparando para contarle a Charlie. Mi mejor amigo me prometió que él y Billy le ayudarían a aceptar todo cuando Charlie regresara, y ahora parecía más o menos resignado a ser solo mi amigo.

Cuando terminé de limpiar la habitación de invitados, incluyendo las sábanas limpias en la cama, crucé el pasillo hasta la habitación de Renesmee. Estaba llenando una pañalera cuando escuché a Rosalie llamarme desde abajo. Ella y Emmett me iban a llevar a la tienda, algo sobre lo que Edward y yo habíamos peleado anoche después de darle a Renesmee su primer baño de esponja. Él todavía se preocupaba porque yo hiciera demasiado, incluso aunque Carlisle había dicho que era bueno que yo comenzara a reasumir algunas de las responsabilidades.

—¿Necesitas que hagamos algo? —preguntó Rose al entrar a la habitación con Emmett detrás de ella. Estaba repasando lista mental de cosas que necesitaría llevar para nuestro viaje a la ciudad, y eché un mameluco más antes de cerrar el cierre de la bolsa.

—Alguien necesita poner la base de su porta bebé en el carro.

—En realidad Esme compró varios porta bebés en caso de que alguno de nosotros necesitara llevarte a algún lugar —dijo Rosalie; parecía preocupada de que me fuera a molestar.

—Eso nos servirá mucho cuando la escuela comience de nuevo. —Dejé que Rosalie sacara a Renesmee del canguro y cuando mi hermana la tuvo, me lo quité decidiendo que lo dejaría.

Emmett y Rosalie iban enfrente, y yo iba atrás con mi bebé que seguía dormida cuando comenzamos el viaje. Mi hija estaba vistiendo un vestido azul clarito con estampado floral y con una capa de encaje sobre la suave tela. Alice insistió en que debía vestirla bien para Charlie y tenía que admitir que se veía linda en él. Dejé que Alice arreglara mi cabello, pero me negué a usar maquillaje, y elegí un par de pescadores sueltos y una blusa de manga corta que era bastante ordinaria, al menos para Alice.

En la tienda, le enseñé a Emmett cómo poner el porta bebé de Renesmee en el compartimento para niños que tenía el carrito, estaba feliz de que él estuviera ahí para meter y sacar esa cosa del carro. Cuando estuvo acomodada saqué mi lista y guié el camino, dejando que ellos la empujaran. Mi cuñado fingía ser rudo, pero como al resto de los hombres en la familia, Renesmee ya lo tenía enredado alrededor de sus deditos. En más de una ocasión me he levantado de una siesta para encontrarlo en nuestra sala viendo un juego en el sofá mientras mi bebé dormía sobre su pecho. Más que nada compré papitas y otras botanas para la casa, esperando que él y Edward recordaran comprar cerveza ya que nosotros no podíamos hacerlo. Mi padre era ese tipo de hombre. También compre salchichas y carne molida, así podríamos hacer una parrillada al menos una vez esta semana. Había pasado un tiempo desde que había tenido que cocinar para alguien más que para mí y estaba esperando con ansias hacer eso para mi bebé cuando fuera más grande.

Cuando terminé las compras y me giré para decirles a Emmett y Rose que habíamos terminado, encontré a mi hija acurrucada en el fuerte brazo de él. Sacudí la cabeza.

—Hizo un sonido —se defendió mientras Rose me sonreía. No podía quejarme porque yo era igual a él, si hacía un sonido la revisaba, al igual que Edward.

La gente en la línea de la caja nos miraba, pero hacia mucho que me había acostumbrado a eso.

Mirando mi reloj me di cuenta de que llegarían con Charlie no mucho después de que nosotros llegáramos, y maldije por lo bajo porque la siguiente comida tendría que ser de biberón.

Íbamos a mitad del camino a casa cuando Renesmee estiró los brazos sobre su cabeza mientras doblaba las piernas contra su pecho gruñendo. Cuando soltó un agudo grito estiré el brazo y agarré su mano.

—Shh, aquí estoy —le dije. Giró la cabeza a la derecha y abrió la boca, haciendo ruiditos con los labios. Había empacado un biberón en su pañalera, así que lo saqué pero lo sentí demasiado frío. Mientras lloraba de nuevo me encontré deseando que el carro tuviera integrado un calentador para biberones.

Emmett me miró por el retrovisor.

—¿Quieres que encuentre un lugar para detenernos?

—No, solo llévanos a salvo a casa —dije, guardando el biberón y acariciando su manita mientras lloraba de nuevo. Parecía que Edward tenía razón al decir que esto sería demasiado para ella y me sentí culpable mientras sus llantos se transformaban en una rabieta hecha y derecha; ésta era la primera vez que la dejaba llorar tanto.

Sentí que mi garganta se cerraba al verla que seguía llorando y acaricié su pancita con la mano.

—Lo siento bebé, la próxima vez escucharé a tu papi y dejaré que alguien más vaya de compras —le dije sin obtener beneficio alguno.

En el momento en que llegamos a casa ya tenía el cinturón desabrochado y a Renesmee sobre mi hombro. Rosalie me abrió la puerta y la dejé ayudarme a salir mientras tranquilizaba a mi hija.

—Calentaré el biberón si quieres subir —se ofreció Rose y asentí, sintiendo cómo mis ojos se llenaban de lágrimas a la vez que Renesmee seguía llorando.

Cuando llegué a mi habitación me quité los zapatos y me senté en la cama, meciéndola gentilmente y cerrando los ojos mientras comenzaba a tararear su nana. Para mi alivio comenzó a tranquilizarse, y cuando Rose llegó con su biberón se lo tomó sin protestar. Rosalie se sentó junto a mí, al parecer sabía que necesitaba compañía.

—Anoche peleamos porque la iba llevar a la tienda. Edward dijo que se iba a abrumar, pero yo no le di importancia a lo que él decía —dije, todavía sintiendo el dolor en mi corazón por molestar a mi hija.

—A veces me pregunto cómo le hace mi hermano para conocer la respuesta correcta a las cosas. Está haciendo un buen trabajo como padre, ¿no? —preguntó, pasando su brazo a mi alrededor.

Pensé otra vez en la noche anterior, cuando lo encontré en la habitación de Renesmee meciéndola mientras le leía algo de una larga colección de historias para niños. A veces parecía estar más en sincronía con nuestra hija que yo.

—Creí que tendría todo resuelto cuando la tuviera, pero lleva tiempo hacerlo —dije, sonriendo cuando mi hija abrió los ojos y me miró.

—Nadie es perfecto, y aprenderás lo que ella necesita. Creo que estás haciendo un buen trabajo, y estoy feliz de que estés dispuesta a compartirla —me dijo Rosalie cuando la abracé con mi brazo libre.

.

Media hora después, mientras mezclaba la hamburguesa con algunas especias y salsa, escuché el auto llegar y sonreí, yendo al fregadero para lavarme las manos. Renesmee estaba en la sala dormida en su columpio, le gustaba el movimiento que hacía de lado a lado. Saludé a mi padre en nuestro pequeño recibidor y le di un gran abrazo.

—Estoy tan feliz de que hayas venido —le dije.

—Yo también —dijo, alejándose y mirándome—. Te ves feliz —dijo al final.

—Soy muy feliz, y también estoy un poco cansada. Ahora ven a conocer a tu nieta —dije, agarrando su mano. Edward bajó las escaleras para unirse a nosotros. Se nos adelantó y cuando llegamos a la sala ya tenía a nuestra hija en brazos—. Charlie, conoce a Renesmee —dije.

Mi papá estiró los brazos y sentí una calidez en mi corazón al ver a Charlie cargarla por primera vez.

—Qué hermosa damita eres —susurró suavemente Charlie mientras le besaba la frente y la arrullaba. Ella se acurrucó en él.

—Le gusta que la mezan —dije después de un momento y le mostré a mi padre la mecedora. Tenía la sensación de que no la íbamos a tener de regreso a menos de que necesitara comer, y estaba feliz de ver que mi padre la aceptaba tan bien, esperaba que pudiera retener las preguntas al menos un día.

Cuando estuvo lista la cena, ayudé a Charlie a poner a Renesmee en su gandulita, poniéndola en modo vibrador, y él se sentó a la mesa.

—Bells, esto se ve increíble —dijo Charlie cuando puse los platos de carne a la parrilla y vegetales en la mesa.

—Y, ¿cómo te va en el trabajo? —pregunté finalmente al terminar mi segundo elote.

—Bastante bien. Estamos implementando nuevas medidas de seguridad y ahora todos los oficiales tienen que usar chalecos antibalas. Se supone que ya deberíamos hacer eso, pero siendo Forks y sin tener mucha acción lo hemos dejado de lado.

Estaba contenta de escuchar que estaban tomando más precauciones. Había estado preocupada de que regresara a trabajar después de lo que pasó, y esperaba que con las nuevas medidas en su lugar todo fuera un poco más seguro.

Cuando terminamos de cenar Charlie insistió en limpiar. Renesmee seguía dormida así que la dejamos donde estaba. Mi esposo se encargó de los trastes cuando tuvimos el café listo y llevé a mi padre a la sala.

—¿Cómo va todo contigo? —preguntó mi padre, sentándose en el otro sofá frente a mí.

—Bastante bien. Todavía estoy muy cansada, pero ella es una niña muy buena.

Asintió tomando de su café y esperé.

—Ahora, ¿me dirás por qué mantienes en secreto su llegada?

Edward se nos unió y dejó a Renesmee en los brazos de Charlie. Tenía que admirar su plan; con ella ahí mi padre nunca, ni en un millón de años, estallaría al decirle nuestro secreto.

—¿Recuerdas hace tiempo cuando me fui a Phoenix porque pensaste que Edward y yo habíamos tenido una pelea? —comencé. Él aparto la mirada de Renesmee para verme a mí.

—Lo recuerdo, ¿y a qué te refieres con que yo pensaba eso? —preguntó manteniendo la voz tranquila. Quizás dejarlo cargar a la niña no fue tan buena idea, pero Edward sabría si ella estaba en algún tipo de peligro y se la quitaría si era necesario.

Respirando profundamente comencé:

—Esa noche me fui porque alguien me perseguía, alguien que me hubiera lastimado a mí y a ti si conseguía la oportunidad.

Charlie cerró los ojos respirando profundamente y exhaló concentrándose en el bebé en sus brazos. Continué cuando me miró y le conté el resto de lo que había pasado, incluyendo que James era un vampiro.

Mi padre se quedó sentado tranquilo y meciendo ligeramente a mi hija mientras procesaba todo lo que le había dicho hasta ahora.

—¿Vampiros?

—Sí —dije, manteniendo también la calma.

Miró de Renesmee a mí, la preocupación dominaba sus facciones.

—¿Hace cuánto que sabes esto, Bella? —preguntó, llevándose a Renesmee al hombro cuando ella se puso inquieta.

—Casi desde el día que conocí a Edward —respondí, rezando porque lo aceptara.

De nuevo, me miró por mucho tiempo, bajando la vista a mi mano envuelta en la de Edward, girando la cabeza para besar a Renesmee, que estaba cómoda en ese lugar.

—Estás diciendo la verdad, ¿no?

—Sí —dije de nuevo.

Asintió y cerró los ojos.

—¿Qué significa esto para ti y cómo es posible? Porque si me estás diciendo la verdad Renesmee no debería estar aquí.

Era difícil seguir y Edward me ayudó, explicándole a mi padre que Carlisle fue el primero, contándole todo. En cierto punto Renesmee se despertó para comer y yo seguía amamantándola cuando Edward terminó.

Lo que Charlie dijo después nos sorprendió:

—Siempre me pregunté cómo tu padre podía trabajar tanto en el hospital con tan poco descanso. Entonces, ¿hay algo más que debería saber? Bells, ¿cómo te sientes con todo esto?

—Siento como si finalmente encajara, pero hay algo más que deberías saber, Charlie. La razón por la que tenemos que mantener el nacimiento de Renesmee en secreto es para que los vampiros en Italia no se enteren. Algún día regresaran para verificar que Edward haya cumplido su promesa, pero por ahora estoy feliz de seguir con vida —dije, sabiendo que mis palabras hacían feliz a Edward.

—Te perderé, ¿no?

—No. No estoy segura de qué pasará cuando me convierta, Charlie, pero no dejaré que eso pase. —Edward nos había dejado solos y regresó con una cerveza para mi padre. Dejé que mi esposo tomara a nuestra hija para sacarle los gases y me senté con Charlie—. Sé que esto es mucho para digerir, pero no quiero perderte, Charlie. Desearía que Renée pudiera saber, pero ahora ella tiene a Phil y es feliz con su vida.

.

Cuando le dimos las buenas noches a Charlie, Edward y yo nos instalamos en nuestra habitación. Después de que acostó a Renesmee en su moisés, apagamos todas las luces menos una y Edward se metió a la cama detrás de mí, envolviendo sus brazos a mi alrededor al jalar mi cuerpo al suyo. Acarició mi cuello y yo me sentía aliviada de que Charlie estuviera comenzando a entender nuestra necesidad de mantener secretos.

—Lo manejó bastante bien —susurré, contenta de estar en los brazos de mi marido y de solo ser nosotros dos por tanto tiempo como Renesmee lo permitiera.

—Estaba aliviado de saber finalmente. Pude escuchar algunos de sus pensamientos. Creo que ya lleva tiempo sabiendo que en este mundo hay más de lo que la gente sospecha.

Cuando comenzaba a dormirme sentí que se levantó y escuché cómo abría y cerraba nuestra puerta. Lo oí cuando regresó y me giré cuando se sentó recargado en las almohadas con nuestra hija en su pecho. Había luz suficiente para ver la silueta de su cuerpecito y la miré intentar levantar la cabeza. Al ver que no podía soltó un agudo gritito. Me acerqué a ellos y comencé a sobarle la espalda mientras Edward tarareaba su nana y en unos minutos se volvió a dormir.

La mañana siguiente después del almuerzo, Charlie vino con Renesmee y conmigo a nuestra caminata diaria, él iba empujando la carriola en la que ella dormía.

—De verdad es hermosa —observó mi padre. Ya me había sorprendido cambiando un pañal sucio él solito, algo que Emmett todavía no podía hacer.

—Se parece a Edward —dije.

—También veo algo de ti en ella. Parece que tienes todo bien controlado. Renée batalló para ajustarse y cada vez que llorabas ella lo hacía también. No recuerdo la cantidad de veces que llegué a casa y tuve que calmarlas a las dos. Es por eso que me sorprendí mucho el día en que empacó y se fue. Nunca lo vi venir y temía por ambas porque ella no parecía poder hacerlo por sí misma.

—A lo mejor eso es lo que ella quería, cometer algunos errores y descubrirlo. El día que llegaste aquí, bueno la noche antes de eso, Edward y yo tuvimos un desacuerdo sobre que yo me la llevara la tienda. Dijo que se abrumaría y que yo debía esperar a que ustedes dos fueran. Hice que Renesmee se enojara de verdad conmigo, pero era una de esas cosas que necesitaba descubrir por mi cuenta. —En cierto modo entendía por qué mi madre me tomó y se fue. Renée siempre dijo que sentía que Charlie era más un padre que un esposo y había ocasiones en que así era con Edward y conmigo, pero él estaba aprendiendo a dejar de hacerlo, y yo estaba aprendiendo a hablar con él cuando algo me molestaba.

Cuando llegamos a la casa Charlie cargó a Renesmee mientras Edward metía la carriola, y después de besarlo me fui a la cocina para calentarle un biberón a nuestra hija. Cuando estuvo listo fui a la sala, donde me encontré a mi padre teniendo una conversación con mi hija que estaba descansando en el hueco de su brazo.

—Toma —dije, ofreciéndole el biberón.

—Creí que le dabas pecho.

—Así es, pero hay algo más que necesita como parte de su dieta —dije. Esperaba que lo entendiera.

—Oh —dijo un poco sorprendido. Charlie se tensó, Renesmee lo sintió y comenzó a llorar—. Shh, el abuelo no pretendía hacer eso —la arrulló Charlie ofreciéndole el biberón.

Mi padre pudo calmarla y lo dejé solo con mi hija.

En la cocina agarré un vaso para servirme jugo, me senté en la mesa justo cuando Edward entró.

—¿Qué estás pensando? —preguntó, sentándose en la silla que estaba a mi lado.

—Solo deseaba que no se tuviera que ir mañana.

Cuando Edward tomó mi mano lo miré.

—Creo que podremos ir a la boda de Ben y Angela. Carlisle tiene algunas cosas que hacer en Seattle ese fin de semana y Esme quiere hacerle algunos ajustes a la vieja casa para ponerla en venta.

Ahora mis esperanzas estaban despiertas.

—¿Renesmee podrá manejar un viaje tan largo?

—Creo que sí. Estamos pensando en contratar otro jet privado para evadir todo el lío en Boston y para entonces ella ya debería estar lista para su primer viaje largo.

Pensé en eso por unos minutos mientras ayudaba a Edward a limpiar la cocina.

—Supongo que en realidad no podemos presumirla, ¿verdad?

—No, por las mismas razones que Charlie no puede decirle a nadie más que a Billy y Sue —respondió Edward dándome otro plato del lavavajillas. Mi padre había hablado ayer con Billy y él le dijo que le explicaría su lado de la historia cuando regresara a Washington.

Cuando la cocina estuvo limpia regresé a la sala, encontrándome a mi papá viendo televisión y Renesmee estaba con la espalda contra su pecho, mirando a su alrededor.

—¿Intentas hacerla una fan del béisbol? —pregunté al acercarme a la mecedora. Renesmee encontró mi rostro y parpadeó antes de llorar suavemente, haciéndome saber lo que quería.

—Es muy alerta —dijo Charlie cuando la cargué y la puse sobre mi brazo bocabajo, sobando su espalda con mi mano libre mientras sus brazos y piernas colgaban de cada lado. Le gustaba que la cargaran de esa forma, era algo que Charlie me había mostrado ayer mientras tenía uno de sus berrinches más largos.

—Lo sé. Anoche estaba intentando levantar la cabeza cuando Edward la tenía sobre su pecho.

Cuando comenzó a quejarse Edward se la llevó, besándome antes de subir las escaleras para prepararla para dormir.

—Desearía que te pudieras quedar más —le dije al sentarme en el sofá.

Charlie apagó la televisión.

—Yo también, Bells. Voy a intentar verte más seguido ahora que sé todo. Quiero ser parte de la vida de Renesmee tanto como de la tuya.

Nos abrazamos y no me sentí incómoda por mostrarle a Charlie lo mucho que lo quería.

La tarde siguiente papá estuvo listo para irse. Renesmee parecía sentir nuestro humor sombrío porque estuvo mucho más llorona y no muy feliz a menos de que alguien la meciera o caminara por la casa con ella. Edward y Alice se iban a llevar a Charlie de regreso a Boston, y yo estaba feliz de que a mi padre comenzara a agradarle un poco más mi esposo. No estoy segura de que Charlie esté listo para que yo me convierta en vampiro, pero lidiaríamos con eso cuando llegara el tiempo.

Mientras abrazaba a Charlie antes de que se fuera, Edward se paró bajo la sombra de la cochera paseando con nuestra hija.

—Que tengas buen viaje, papá. Llámame cuando llegues a casa.

—Lo haré, Bells, te quiero. Cuida bien a mi nieta.

Nos separamos y Edward se acercó dejando a Charlie cargar a nuestra hija. Ella nos hizo saber con bastante rapidez que no estaba feliz y cuando se fueron me llevé a mi bebé enojada a mi habitación.

—Shh, verás al abuelo en unos meses —la arrullé mientras Renesmee lloraba con fuerza contra mi hombro.

Me acosté de lado con ella en la cama y la puse sobre su costado de frente a mí. Le di pecho y eso pareció calmarnos a ambas. Me di cuenta de que entre más me calmaba yo, más se calmaba ella, y me pregunté si sería capaz de sentir las emociones como su tío Jasper. Tendría que pedirle que la observara un día que no estuviera feliz para ver si podía notar algo. Pasé la mayor parte de la semana con Charlie y no mucho tiempo a solas con Edward. Mientras Renesmee seguía comiendo encendí la televisión y puse el canal local del clima para ver un poco del pronóstico. Iba a ser una tarde fría y despejada, pero despejada era la clave.

Moví la mano detrás de mí y busqué en mi mesita de noche hasta que encontré mi teléfono y lo abrí marcando el número de Esme.

—Hola Bella, es bueno saber de ti —respondió.

—También es bueno escucharte. ¿Carlisle y tú tienen planes para esta tarde?

—No, ¿necesitas algo? —preguntó con esperanza y le sonreí a mi hija.

—Sí. Quería ver si podía convencer a Edward de manejar al lago que está cerca de la ciudad. Esperaba que ustedes dos pudieran venir a cuidar a su nieta.

—Nos encantaría.

Le dije que le llamaría cuando él regresara y después de colgar acomodé la cabeza sobre la almohada, cerrando los ojos para pasar algo de tiempo en tranquilidad con mi hija.

Edward POV

Me di cuenta que ese paseo con mi esposa era algo que realmente necesitábamos ambos. Estacioné en uno de los estacionamientos cercanos al parque y tomé la mano de mi mujer, contento de que este parque cerrara tarde. Me contó que Renesmee sentía las emociones fuertes y coincidí que podía tener razón. Era algo que tendríamos que vigilar. Encontré una banca vacía junto al lago y nos llevé en esa dirección. Después de que Bella se sentó tomé su mano y dejé una caja en ella.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo —dije esperando que no se fuera a enojar. La luna iluminaba el lago y cuando abrió la caja de terciopelo, la luz se reflejó en el diamante que estaba en el centro del pequeño pendiente en forma de ángel que colgaba de un collar de oro. —Quería que tuvieras algo especial para celebrar el nacimiento de Renesmee.

Bella se puso una mano en la boca y respiró profundamente.

—¿Me lo pones?

Tomé la caja, saqué el collar y un momento después estaba alrededor de su cuello.

—No sé qué decir —susurró y pasé mi brazo a su alrededor.

—No necesitas decir nada.

Cuando me miró lágrimas brillaban en sus ojos. Incliné la cabeza y se las quité a besos antes de moverme a sus labios, abrazándola al mismo tiempo que ella me abría su boca. Su sabor y olor siempre eran embriagadores y estaba muy consciente de sus manos entre nosotros desabrochando los botones de la camisa que yo estaba usando. No mucho después Bella se sentó a horcajadas en mi regazo, pasando sus manos por mi pecho, calentándome por fuera y por dentro. Rompí el beso presionando mis labios sobre su barbilla, bajando por su cuello siempre consciente de que estábamos en un lugar público y no en nuestra habitación. Su respiración se detuvo cuando desabroché los botones de su blusa y cuando mi mano izquierda agarró por completo su pecho.

—No deberíamos estar haciendo esto —suspiró, incluso aunque sus manos estaban dentro de mis pantalones. Gruñí cuando acunó su mano sobre mi sensible e hinchada longitud. Levanté mis caderas contra sus manos mientras liberaba su pecho izquierdo de los confines de su sostén. Nadie estaba cerca de nosotros y estábamos bajo la sombra de un sauce llorón. Cuando mis labios se cerraron sobre su pecho el movimiento de su mano se detuvo brevemente antes de empezar de nuevo, apretándome con más fuerza mientras yo bebía la cálida leche que usualmente era solo para nuestra hija.

Bella echó la cabeza atrás, sacó las manos de mis pantalones y se dejó caer sobre mí.

Con la otra mano liberé su otro pecho pasando el pulgar sobre su pezón mientras mordía gentilmente el que tenía en la boca, sintiendo cómo mi propia liberación se acercaba rápidamente.

La respiración de Bella se detuvo e inclinó la cabeza hacia mí. Nos besamos y un momento después gritó al sentir cómo llegaba su liberación, poderosa y consumidora causó también la mía.

Mi mujer empezó a temblar y moví la mano a un lado, cogiendo mi chaqueta para ponérsela a ella antes de ayudarla con su sostén y blusa.

—No planeamos esto muy bien, ¿verdad? —preguntó Bella quitándose de mi regazo.

—No estaba planeando esto —dije a la ligera y se sonrojó.

Cuando llegamos a casa entré por la puerta de la cocina y me cambié en mi habitación después de limpiarme, poniendo los pantalones sobre el borde del cesto de ropa sucia antes de bajar las escaleras.

Bella le estaba mostrando a Esme el collar que le había regalado y Carlisle estaba sentado en la mecedora arrullando a Renesmee.

—¿Cómo se portó?

—Creo que tienen razón sobre lo que observaron. Se exaltó mucho después de que se fueron —dijo con suavidad.

La cargué en mis brazos y soltó un llantito antes de acurrucarse más cerca de mi cuerpo.

Cuando mis padres se fueron Bella y yo nos fuimos para arriba. Esme le había dado un biberón antes de que llegáramos a casa y esperaba que durmiera en su moisés por unas cuantas horas como lo había hecho unas noches antes, pero tenía la sensación de que eso no pasaría.

Una vez acostado en la cama con mi mujer, Bella mencionó eso:

—Me pregunto si va a tener problemas con esto. Me sentí muy triste hoy cuando se fue Charlie y ella resintió eso hasta que me tranquilicé. Tal vez por eso estaba tan alterada el día en que fuimos al supermercado.

—Shh, tenemos tiempo para pensar en eso —le dije, besando su frente mientras Bella se acercaba más a mí. La idea de Esme de la manta eléctrica había mejorado mucho nuestras vidas y por un rato Bella y yo pudimos descansar solos con nuestra hija cerca.