Disclaimer: Severus y Harry son creaciones de J. K. Rowling. Yo les he hecho gritarse, pelear y discutir, pero aunque también lo hacían en los libros hay otras situaciones que jamás pasaron por la mente de su escritora, ¿o sí?

Supongo que os dais cuenta de por qué tardo tanto en escribir un fic. ¡Exacto! Me falta constancia, y tiempo y ¡arggghhh! Demasiadas cosas en la cabeza y demasiado poco tiempo para hacerlas, y (afortunadamente) no sufro de insomnio. Quizá es por eso que al día le faltan horas.

A ver, a ver, ¿dónde dejamos a nuestros protas? ¡Ah, sí! ¡Qué despistada! Están en un momento de futura intimidad y algo se les ha torcido, es cierto. De acuerdo, pues ya me callo y os dejo con el capítulo. Espero que la solución que encontrarán a su «problema» os resulte «satisfactoria» ;-)

Muchas gracias a todos los que estáis leyendo, y muy especialmente a papillon69, patyrickman, Paladium, Lun Black y Pandora0000, que me han regalado la luz de sus comentarios.

Por supuesto, gracias miles a mi beta, ItrustIbelieve.


Capítulo 11. Primeros ajustes

Harry estaba estupefacto. No por el crudo modo de exponer su problema (Snape nunca se había andado con chiquitas para decir las cosas claras), sino por el hecho de que el hombre estuviera enfadado con él de aquel modo, cuando él no era culpable de nada. De acuerdo, era culpa suya no estar preparado para una cosa así, pero jamás le pasaban ese tipo de cosas.

—Y, ¿cómo se supone que iba a saber yo que querrías acostarte conmigo? —Se defendió.

Snape lo contempló durante largo rato con el ceño fruncido, pero sin decir nada.

—¿Me has mentido? —preguntó finalmente, muy serio, y apartándose un poco del cuerpo de Harry.

—¿Mentirte respecto a qué?

—Dijiste que habías estado con otros. ¿Era mentira?

—¡No! Claro que no, ya te lo he dicho, no traigo nunca a nadie a mi casa. No quiero que sepan dónde vivo. Ya sabes que ni siquiera quiero que sepan cómo me llamo.

—Pues necesitamos vaselina.

—Y, ¿no puedes convocarla? —El hombre puso los ojos en blanco y se levantó, para quedarse sentado, volviendo a mirar a Harry—. De acuerdo, no puedes convocarla. Aunque tampoco necesitamos que haya penetración, ¿no? —El chico se alzó también y deslizó un dedo por el esternón del hombre, de modo muy leve, con la intención de producirle escalofríos—. ¿Qué te parece si te la chupo? Y luego me la chupas tú a mí.

Sin esperar respuesta, Harry comenzó a agacharse para apoderarse del completamente erecto pene de Snape con su boca. Pero el hombre lo sujetó fuertemente por los hombros antes de que llegara a su destino y lo obligó de nuevo a recostarse sobre las sábanas revueltas, echándose él encima y aprisionándolo con su fibroso cuerpo.

—Ni hablar —dijo con voz esforzada.

—Bueno, pues en la esquina hay una farmacia, puedo ir a comprarla.

—¿Con semejante erección entre las piernas? —preguntó Snape alzando las cejas, para acto seguido entrecerrar los ojos y lanzarle una mirada circunspecta—. ¿O es que en realidad quieres deshacerte de mí?

—Oh, no, no —se apresuró a decir Harry, negando vehementemente con la cabeza.

—Entonces, antes habría que rebajarla, ¿no crees?

Sin esperar respuesta por parte de Harry, el ex profesor se posicionó entre las piernas del chico, haciendo que sus erecciones se rozaran con lentitud. Apoyó sus manos sobre el colchón, a ambos lados de la cabeza de cortos cabellos azabache, y apretó los dientes mientras realizaba un movimiento de cadera que volvió a provocar que sus pollas se deslizaran la una sobre la otra.

—Mmmmm… Severus —gimió Harry.

El chico empujó la cadera hacia arriba y se aferró con ambas manos a la espalda desnuda de su amante. Harry pensó en ello y se dio cuenta de que Snape se estaba convirtiendo en eso precisamente: su amante. Y quería que lo fuera durante mucho más tiempo que cualquier otro que hubiera tenido hasta entonces.

Los demás chicos con los que había compartido cama le habían hecho sentir bien. Satisfecho. Snape le hacía sentir necesitado, ansioso por más contacto. Y estaba convencido de que no se trataba únicamente por la falta de penetración. Notaba el cuerpo de Snape frotarse contra el suyo, de un modo erótico y sensual, bañándose en su aroma y en su sudor, y sintió cómo crecía su anhelo. Alzó la cabeza y mordió el mentón del hombre.

—¿Sabes una cosa, Potter? —dijo Snape, convirtiendo su movimiento de caderas en un rítmico ir y venir. Harry se dejó caer de nuevo contra la almohada y negó con la cabeza—: Cuando hayamos acabado… y, por el modo en que me miras no creo que tardes muchoohhhh —el insistente roce estaba llevando a Harry a un nivel de excitación difícil de superar, pero oír gemir a Snape fue una delicia sexual, y gimió en contrapunto—, utilizaré lo primero que pille en tu diminutaahh… cocina… para lubricarte y clavarte contra el colchón.

Harry sintió que las mariposas que notaba en el estómago desde que Snape lo había besado por primera vez, bajaban raudas a sus testículos cuando el hombre casi gritó la palabra «colchón». Estaba ansioso por que cumpliera su amenaza.

—Oh, Dios, Severus, quiero que lo hagas. Por favooooor…

El mundo de Harry se fundió a su alrededor. El contorno de la cabeza de largos cabellos grasientos, que se acercaba y se alejaba, se difuminó. Sentía su sexo húmedo y pulsante. Se notaba a sí mismo sudoroso y muy caliente. Un hormigueo recorrió sus testículos, subió ardiente por su polla y acabó saliendo como en una explosión de rociado goce. Perdió conciencia de sí mismo, simplemente se agarró con fuerza al hombre, intentando aferrarse tanto a él como a ese momento, para que el placer no acabara nunca.

En la lejanía, escuchó un suspiro ronco y una cálida humedad se extendió sobre su vientre. Un segundo después el peso del cuerpo de Snape, desplomándose sobre el suyo, lo hizo quedarse sin respiración, pero pronto se vio liberado al retirarse el hombre, y suspiró satisfecho. A su lado, cada vez más cerca, como si los sentidos de Harry estuvieran de vuelta, los jadeos entrecortados de su ex profesor lo hicieron sonreír.

—Dime que te ha gustado tanto como a mí —murmuró en un suspiro.

—Eso es imposible —le respondió el hombre, cuya respiración era algo pesada—. No puedo llegar a saber cuánto te ha gustado.

—Me has hecho ver las estrellas, ¿te parece suficiente?

—Así que ahora quieres que repasemos Astronomía —se mofó Snape, volviendo a sonar increíblemente sereno. Se apoyó sobre un codo y se ladeó en la cama, para mirar a Harry—. Bien, pero no soy muy experto en el tema, tengo que admitirlo.

El chico, que le había observado por el rabillo del ojo, se giró hacia él con una sonrisa amplia y honesta. Se sentía sudoroso, cansado y deliciosamente sucio.

—Tenías razón, Severus —dijo Harry, y seguidamente añadió—: Mmmm, me gusta mucho como suena: Severus. ¿Sabes una cosa? Hace unos meses, me corrí diciendo tu nombre.

—Vuelves a cotorrear —le advirtió Snape, pero su tono fue reposado.

—Oh.

—¿A qué estás esperando para vestirte, Harry?

—También me gusta cómo suena mi nombre en tu voz.

—Me alegro muchísimo de complacerte —sonrió Snape.

—Oh, me has complacido, te lo aseguro.

—Ya puedo morir feliz —ironizó el hombre—. ¿Te vistes?

—¿Vestirme? ¿Para qué?

—A menos que quieras ir desnudo a la farmacia…

—Oh, sí, claro, pero vuelve a decir mi nombre, ¿quieres?

—Potter.

—Mi nombre, no mi apellido —dijo Harry, enfurruñado, pero una sonrisa se escapaba por la comisura de sus labios.

—No soy un loro.

—Nadie lo diría —Harry alargó una mano hacia su rostro para pasar un dedo por la ganchuda nariz de Snape.

El hombre apartó bruscamente la mano de Harry y se colocó sobre él de nuevo, amenazante.

—A ver cuando te entra en esa bonita cabeza tuya…

—¿Bonita? —rió encantado el chico.

—Borrica, he dicho borrica —contestó Snape, muy serio, apretando fuertemente las muñecas del joven—. Y parece ser que no entiendes que quiero ser el primer hombre que te folle en esta cama.

Harry se retorció extasiado bajo la presión del cuerpo de su ex profesor. Podía notar como, lentamente, su polla parecía volver a la vida al oírle hablar en ese tono bronco y sensual junto a su oreja.

—Está bien —dijo sin aliento—. Si me dejas, me visto. No tardaré ni cinco minutos. No, tres minutos como mucho.

—Así me gusta —le mordió el lóbulo, cosa que hizo gemir a Harry y, acto seguido, le soltó las muñecas para lograr apartarse—. Ve rápido, te esperaré desnudo y no quiero resfriarme.

Harry saltó de la cama, abrió su armario y se vistió con rapidez. Se limpió las gafas, algo empañadas, con su camiseta y tras colocárselas de nuevo sobre la nariz, observó al hombre echado, completamente relajado y con los ojos cerrados. ¿Se había pasado la noche en blanco? Lo más probable era que únicamente hubiera cabeceado de vez en vez, sentado en esa incómoda butaca.

Sonrió, pensando en que la cama era lo suficientemente grande para los dos, sin necesidad de llegar a tocarse en toda la noche. Claro que, en ese instante, mientras lo observaba, le estaba costando horrores reprimirse para no deslizar las puntas de sus dedos por la pálida piel desnuda.

Debía reconocer que, a su modo de ver, era tan perfecto como lo había imaginado. El cuerpo delgado y duro, incluso algo huesudo, le resultaba tan atractivo que no podía apartar su verde mirada de él. Lo recorrió de pies a cabeza, tenía un delicioso vello oscuro cubriendo sus piernas, su pubis, su camino hacia el ombligo y el pecho. Adoraba ese pecho masculino y sin depilar, tan distinto al de los otros chicos con los que se había acostado.

—¿Piensas dejar de contemplarme en algún momento?

Lo dijo sin abrir los ojos, haciendo sonreír a Harry.

—¿Cómo puedes saber que te estoy mirando? —Le preguntó, pero como era de esperar no obtuvo respuesta—. Cuando vuelva tendrás que explicarme con cual de mis encantos te seduje primero y, a cambio, yo te contaré lo que me seduce de ti.

—Cuando vuelvas no perderemos el tiempo en hablar —hizo una pausa durante la cual se giró, tanteó con los ojos cerrados para coger una punta de la sábana y se cubrió el cuerpo hasta el pecho—, Harry.

El chico, sonriente, salió raudo de la habitación. De camino a la farmacia pensó que quizá sería conveniente comprar algo para desayunar. Estaba hambriento.

«««««»»»»»

Harry no había podido dejar de sonreír, ni en la farmacia, donde el señor Foster lo había mirado con el ceño fruncido ante su petición, ni en la pastelería de la señora Mirren, donde había comprado panecillos de Chelsea calientes y que llevaba en una bolsa de papel. Sólo dejó de hacerlo cuando llegó a su rellano, subiendo las escaleras lo más rápidamente que le permitía su tobillo dolorido, y se encontró con que la puerta de su apartamento estaba abierta.

Se acercó a la carrera, sacó su varita del bolsillo del pantalón, y se disponía a entrar con ella en alto, amenazante, cuando escuchó las voces que provenían del interior.

—… qué ha hecho con Harry? —preguntó una voz preocupada.

—Estoy seguro de que en realidad no quiere saber eso, señor Weasley —respondió Snape en un susurro helado.

Harry no pudo evitar sonrojarse y sonreír, todo a un tiempo. Volvió a guardar su varita y abrió la puerta, adentrándose en el saloncito y cerrando tras él.

—Buenos días —dijo—. Ya he vuelto.

La escena ante él no dejó de parecerle ridícula, a la par que entrañable. Ron, al que había oído desde la puerta, estaba plantado frente al sofá, de espaldas a la ventana, con el rostro encendido casi tanto como su cabello. A sus pies, los restos destrozados de la mesita de centro, y sentados en el sofá ante él, se hallaban Hermione, en la esquina más cercana a la puerta, y Snape, con una sonrisa altiva y enfundado en un albornoz granate que le venía pequeño. Su albornoz. Un escalofrío recorrió la columna vertebral del chico.

—¡Harry! —dijo Ron, asombrado—. ¿Estás bien?

—Sí, sí, estoy bien, tranquilo, sólo he ido a… —de pronto Harry escondió a su espalda el paquete de la farmacia, y mostró la bolsa de papel—… a por el desayuno.

Se acercó a la cocina, guardó subrepticiamente la vaselina en un cajón y colocó los panecillos sobre una fuente. Luego volvió ante Ron para ofrecérselos.

—Estábamos preocupados por ti —dijo el pelirrojo, sin poder remediar el coger un panecillo.

—Lo sé, Ron, pero estoy bien. Vamos, coge otro —dijo blandiendo la fuente ante él.

El chico no se hizo de rogar, y además cumplió con lo que Harry quería, que era que se mantuviera callado un tiempo, mientras masticaba con premura el primero de sus panecillos.

Cuando Harry se giró hacia Hermione, pudo ver que la muchacha estaba sentada con el bolso en su regazo y la mirada perdida.

—¿Qué le pasa a Hermione? —preguntó, mirando a los otros dos hombres.

Snape se encogió de hombros, se levantó ligeramente para poder alcanzar un panecillo y se lo llevó a la boca. Harry se había quedado fascinado con sus movimientos cuando el murmullo de Ron lo sacó de su ensoñación.

—Es que Snape nos ha abierto la puerta como su madre lo trajo al mundo, y se ha llevado un susto.

—No parecía muy asustada —aportó Snape—, sino, más bien… fascinada.

Ron enrojeció violentamente y por poco no se mordió un dedo cuando se llevó el panecillo a la boca de nuevo.

—Ha «shido» muy violento, «Haddy» —murmuró mientras masticaba.

—Bueno, es comprensible —susurró Snape, mirando a la lejanía—, parece que Arthur no ha podido evitar favorecer más a unos hijos que a otros. Inconvenientes de ser el sexto chico de la familia, ¿verdad, señor Weasley?

—¿Qué insinúa? —preguntó Ron después de tragar con dificultad.

Snape le dio un pequeño bocado a su panecillo y lo masticó con calma antes de decir:

—No todos los Weasley están igual de bien dotados. Es evidente que la mejor parte se la ha llevado uno de sus hermanos mayores.

—¡¿Qué?! —gritó el muchacho—. ¿Qué insinúa? Charlie es…

—¿Charlie? —preguntó Harry con una sonrisa, y Snape lo miró imperturbable mientras Ron enrojecía aún más que antes—. Vaya, Charlie está cañón.

Pero Ron seguía enfadado, probablemente por haber cometido semejante desliz.

—Es usted un… ¡pervertido! —gritó—. ¡¿Qué le hizo a mi hermano?! ¡¿Qué le hizo a Charlie?!

—Nada que él no quisiera —contestó Snape con total tranquilidad—, además fue él quien vino a mi mazmorra a buscarme.

—¡Eso es mentira! —gritó Ron, rojo de la ira.

Harry se mordió la parte interna de los carrillos para evitar reír, no quería que su amigo se ofendiera todavía más, e intentó imponer paz.

—Severus, por favor —susurró, aunque el hombre solo le lanzó una mirada inocente y cogió otro de los panecillos de la fuente que Harry aún sostenía en sus manos. Se giró hacia su amigo para intentar tranquilizarle—. Ron, mira, estoy bien, ¿vale? Agradezco muchísimo que hayáis venido a verme, y que os preocupéis por mí, pero me gustaría que nos dejarais solos y…

—Sí, Ron, vamos —dijo Hermione, saliendo de su mutismo y obligando a que las miradas de los tres hombres convergieran en ella—. Mejor nos marchamos. Harry, ya hablaremos —se levantó y poniendo una mano sobre su brazo derecho se puso de puntillas y le dio un beso, acercándose a su oreja para susurrarle—: ¿De verdad va todo bien? —El chico asintió seriamente y Hermione le sonrió—. Me alegró mucho. Ya os dejamos solos.

Agarró del brazo a Ron, que sacaba humo por las orejas y miraba enfurecido a Snape, y le arrastró hacia la puerta. Harry los acompañó.

—Llevaos un panecillo para el camino —les dijo, y Ron consiguió coger dos con su mano libre—. Adiós, chicos, ya hablaremos, os lo prometo. Gracias otra vez.

Apenas habían cerrado la puerta y Harry ya había vuelto frente a Snape, había dejado caer la fuente sobre el sofá y casi se arrancaba la ropa en lugar de quitársela. Cuando estuvo completamente desnudo se sentó a horcajadas sobre las piernas del hombre.

—Quítate esto —le dijo mientras forcejeaba con el albornoz granate.

El hombre le agarró de las muñecas y se las llevó hacia atrás, haciendo que Harry perdiera su precario equilibrio y cayera hacia adelante, sobre él y su boca expectante. Se besaron con energía, que se traducía en una pelea llena de gruñidos por asumir el control.

Cuando Snape le soltó los brazos, el chico se separó unos milímetros y deslizó sus manos por detrás del cuello del pocionista. Suspiró ostensiblemente, mostrando su total satisfacción.

—Parece que hemos encontrado algo que tenemos en común.

Snape deslizó sus manos sobre los prietos glúteos de Harry y le apretó contra él.

—¿Ah, sí? ¿Y qué es?

—Bueno, está claro. Los dos hemos estado con un Weasley, tú con Charlie y yo con Ginny.

—¿Qué te hace pensar que tengo tan mal gusto? —preguntó Snape.

—¿Cómo? —Se extrañó el chico, alejándose un poco más para mirarle a los ojos—. Acabas de decírselo a Ron —y ante la ceja alzada del hombre continuó—: ¿Como ibas a saber sino que Charlie está bien dotado?

—En realidad, el que parece saberlo es tu amiguito —murmuró Snape—, yo sólo he dicho que vino a buscarme a la mazmorra, y es cierto. Cuando vino a Hogwarts para el Torneo de los tres magos, me pidió que le hiciera una poción para las quemaduras de dragón —Harry le miraba anonadado mientras el hombre seguía desgranando su historia—. Yo normalmente no preparaba pociones tan fuertes, lo máximo que os podíais hacer los estudiantes eran quemaduras por las pociones, nada tan grave como la del fuego de un dragón, así que fue un cambio agradable y se la hice gustoso. A un precio muy asequible.

Harry soltó una sonora risotada.

—Eres un chico malo, Severus —le dijo cuando se hubo calmado.

—Y bien, aparte de los deliciosos panecillos habrás traído algo más, espero —le dijo el hombre muy serio.

—Ajá —dijo Harry mientras cogía uno y se lo llevaba a la boca, seguía hambriento—. «Eshtá» en un cajón de la «cojina».

—Vayamos por él entonces, ya hemos hablado demasiado. —Snape se levantó, aún con las manos en el compacto trasero de Harry y le llevó en volandas hasta la encimera de la cocina americana. Harry, por su parte, y con el panecillo entre sus dientes, deslizó al fin el albornoz por los hombros de Snape y lo hizo caer al suelo, en mitad de la sala—. ¿Este cajón?

Sin esperar respuesta, el hombre lo abrió y encontró la pequeña caja envuelta en papel fino, adornado con el logotipo de la farmacia. Lo destapó con una única mano mientras con la otra sujetaba contra su pecho a Harry, que aprovechaba el momento para mordisquearle y lamerle el lóbulo de la oreja.

Finalmente siguieron su camino hasta llegar a la habitación y allí Snape posó con delicadeza el cuerpo de Harry sobre el colchón, y se colocó encima. Se besaron con ansia, hasta que el chico consiguió escurrirse de debajo del cuerpo que le aprisionaba y se intercambiaron las posiciones. El hombre se dejó hacer, y cuando Harry se sentó a horcajadas sobre su cadera, aprovechó para sacar de la caja el botecito de vaselina y desenroscar la tapa.

—Me temo que esto es para mí, Severus.

—Por supuesto que es para ti.

—No —se agachó hasta llegar al encuentro de sus finos labios y le besó en la comisura—, me refiero a que lo necesito yo.

Harry le arrebató el bote de entre los dedos y volvió a sentarse sobre el hombre, que puso sus manos bajo la cabeza y le miró con una sonrisa ladeada.

—¿Te vas a preparar tú mismo? —preguntó—. ¿Para demostrarme que sabes lo que haces?

—Nop —Harry se deslizó hacia atrás y se colocó entre las piernas del hombre—. Me refiero a que voy a prepararte a ti.

—Me temo que no estoy de acuerdo con eso.

—Vamos, Severus, te has portado muy mal engañando a Ron, y eso me obliga a ser el primero —acto seguido añadió con fingida aflicción—: De veras lo lamento.

—Sí, ya veo cómo lo lamentas —dijo Snape.

Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos apenas sin pestañear, sopesándose, intentando averiguar hasta dónde estaba dispuesto a llegar el otro con tal de no dar su brazo a torcer. Tras largo rato de mutua inspección, Harry estaba preparado para hacer el siguiente movimiento, pero Snape se le adelantó. De pronto, alzó sus piernas para apoyarlas en los hombros de Harry, dejando su diminuta entrada a merced del chico.

—Adelante entonces, haz que lo lamente yo también.

Harry, sorprendido, se lanzó hacia adelante para besarle con fiereza. Había estado a punto de darse por vencido y quería agradecerle a Snape el regalo que le estaba ofreciendo. ¿Quién iba a esperar que se mostraría tan dispuesto a la primera de cambio?

—No te preocupes, seré cuidadoso. Te gustará.

—Eso ya lo veremos.

Harry preparó concienzudamente a Snape con la vaselina. Deslizaba sus dedos dentro y fuera del cuerpo del hombre, mientras éste parecía hacer verdaderos esfuerzos por no dejarse llevar, hecho que le resultaba encantador, a la par que excitante. Para Harry, tener a Snape en su cama, abierto para él y dispuesto a todo, era tal premio, que aquellos fueron los mejores preliminares de su vida, y cuando finalmente posicionó su lubricada polla contra el dilatado ano de Snape y empezó a entrar en él, pensó que estaba adentrándose en el cielo.

—Aaaahhh… —jadeó cuando su miembro se encajó por entero en el cuerpo del hombre, que le acogía apretándose a su alrededor. Se quedó quieto, apenas sin aliento, y miró a Snape a los ojos.

El cabello del hombre, grasiento, se desparramaba sobre la almohada de sábanas blancas de la cama de Harry, que le sonrió, guiñándole un ojo.

—¿Piensas moverte en algún momento de este siglo?

El chico rió, provocando involuntariamente, una vibrante sacudida que le resultó muy placentera. Por la expresión de Snape, pudo ver que a él también le había gustado.

—Si me lo pides de ese modo…

Estaba enterrado hasta la base, y las piernas de Snape seguían apoyadas en sus hombros, así que se echó hacia adelante al tiempo que lanzaba la cadera hacia atrás, abandonando la calidez de su amante, aunque se detuvo a medio camino, afianzó las manos sobre el colchón y volvió a adentrarse de nuevo, soltando un gruñido.

Snape entrecerró los ojos, pero de su garganta no salió ni un triste murmullo. Harry, percatándose de que no demostraría nada, se empeñó en hacerle hablar.

—¿Así te parece bien, Severus? —Le preguntó—. ¿O prefieres mejor así?

En un segundo había vuelto a salir y, modificando ligeramente el ángulo de su cadera, volvió a penetrarle. No supo si había rozado su próstata, pero Snape apretó los dientes, así que volvió a repetir la misma maniobra.

—Dímelo, vamos, dime si te gusta…

Pero Snape seguía empeñado en permanecer en silencio. Se limitaba a seguir echado en la cama, con los brazos en cruz, agarrándose a las sábanas mientras Harry embestía contra su cuerpo cada vez con más ahínco. No quiso darse por vencido, y se esforzó, jadeante, en dárselo todo al hombre. Se apoyó en una única mano, y la otra la deslizó entre el cuerpo de los dos para agarrar su polla y poder masturbarle al mismo tiempo.

—Aaaahhh… vamos… vamos… Severus… háblame… ¡joder! ¡Háblame!

Harry se sentía al borde, la fricción le estaba llevando al límite, y el silencio a la locura. Nunca antes se había sentido tan cerca del orgasmo y al mismo tiempo tan lejos. Sintió una presión en sus testículos y pensó que no podría seguir, así que detuvo su movimiento, aunque la mano con la que le proporcionaba placer a Snape no paró.

—Basta, suéltame —le dijo el hombre en aquel momento, y Harry abrió los ojos para perderse en los de él, confuso.

Snape le agarró la mano con la que le masturbaba y se la apartó, para luego alzarse de la cama, agarrar de la cadera al chico y forzarle a seguir con el movimiento de vaivén. Harry no se hizo de rogar. Con Snape firmemente apretado contra él, volvió a penetrarle con insistencia, aunque no duró más que unas pocas embestidas.

—Así, así —murmuró Snape, y Harry sonrió bobamente mientras la presión de sus testículos volvía y acababa por derramarse en su interior. Snape también sonrió, le clavó las uñas durante un par de segundos y se dejó caer hacia atrás con un suspiro—. Te quiero a cuatro patas, Harry. Ahora. No me hagas repetírtelo.

Pero no hubiera hecho falta su amenaza, porque él le obedeció sin rechistar. Salió del cuerpo de su amante entre escalofríos y temblores, y en apenas unos minutos, y tras haber sido lubricado debidamente, Snape le agarraba por las caderas desde atrás, hincándose con entusiasmo en su trasero. Harry gemía extasiado mientras su cabeza chocaba una y otra vez contra el cabecero de la cama al ritmo que marcaba Snape contra su próstata.

Cuando el hombre se corrió en su interior, Harry volvía a tener una erección.


Nota final: Creo que sobran las palabras. Parece que está todo solucionado, ¿no? Aunque os advierto de que aún les quedan algunas experiencias que vivir a este par de tortolitos. ¡Os espero en la próxima actualización!