Digimon Apocalipsis

El pergamino de los Siete Sellos.

11. Un Ángel Caído

- "Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo y para vencer" - Apocalipsis, 6:1 y 6:2

Parte 1: Alice McCoy y Wallace.

Había pasado mucho tiempo en aquel mundo extraño, ahora mismo parecía que se aventuraba por un desierto infinito y desolado; el sol, como en anteriores ocasiones, era enorme y de color rojo, visible por los kilométros y kilométros de dunas carentes de cualquier vida. No había lagartos, ni siquiera insectos; solo era ella y las constantes presencias que parecían acercarse desde la lejania.

Mimi Tachikawa terminó por sobre ablandada por un nuevo tormento, la soledad absoluta y la total falta de esperanza. Se había convertido en una vulnerable piscológicamente, lo que el enemigo había estado esperando desde hace algún tiempo.

Ryota Matsuda se presentó frente de ella, interrumpiéndo su caminar.

La mujer mayor le observó con ojos vacíos, sin embargo siempre había una señal de temor. Ella intuía que en el interior del chico estaba una presencia terrible, la más terrible de todas.

- "Mujer, mirá como te ha tratado la vida" - el menor dijo burlándose de ella - "Te han quitado a tu marido, te han arrebatado tu mundo y te han arrancado a tu hijo no nacido" -

Mimi solo se limitaba a mirarle, dejando escapar lágrimas frías que viajaron por su mejilla. Cada burla, cada palabra proveniente del primer archidemonio* causaba una puñalada a su ya herido corazón. Le recordaba constantemente las horribles experiencias recientes y, con ello, olvidó todo lo bueno que ha experimentado a lo largo de su vida.

Como se había dicho antes, ya no le quedaban esperanzas; la vida misma parecía ser un tormento sin significado alguno.

- "Mujer, espero que entiendas. Todas tus desgracias no fueron coincidencias desafortunadas, desde el inicio nunca tuviste libertad alguna" - Ryota dijo - "Fue Él, quien cruelmente nos abandonó a todos. Todo es culpa del Patriarca de los Cielos, del Alfa y del Omega; para Dios, simplemente somos juguetes con fecha de caducidad, seres desechables de un experimento que terminó por botar a la basura" -

Las palabras del archidemonio comenzaban a surtir su efecto. La tristeza absoluta pasó a un gran odio; sus dientes eran apretados unos contra otros, el ceño era fruncido a no más poder, la fuerza con la que había formado sus puños ya comenzaba a lastimarla. Esa fue la intención del maligno, darle un objetivo al cual ella podría descargar todo su odio.

- "Eso es, mujer, odia a Dios. Sabes que todo es culpa suya" - Ryota exclamó enaltecido - "Juntos nos vengaremos de él, nos vengaremos de los hombres, nos vengaremos de la misma Tierra. Destruiremos juntos a este mundo imperfecto, contaminado por la plaga a la cual llaman humanidad; convierte ese propósito en tu destino y con mucho gusto te devolveré a tu hijo" -

- "¿Puedes hacer eso?" - Mimi preguntó sorprendida, con voz suave.

- "Mi querida niña, yo soy como un shinigami" - el archidemonio respondió - "Tengo poder sobre la vida y la muerte. Todas las almas deberán venir a mi en algún momento... Puedo devolverte a tu hijo, pero quiero que me des tu cuerpo para ser usado como instrumento de destrucción; sin esa condición, será imposible" -

- "¡Haré lo que sea!" - Mimi exclamó desesperada - "Te daré mi alma, lo que sea. Solo quiero que me devuelvas a mi hijo, solo quiero verlo que crecerá sano y salvo" -

- "Mujer, escuche tu deseo. De ahora en más, tu cuerpo deberá sacrificarse para traer al primer ángel caído a este mundo; cumplirás el destino que odiosamente Dios le encomendó en un principio, de esa manera el podrá ser libre" - Ryota dijo, casi con tono poético - "Ahora sigueme" - y dicho eso, le extendió la mano.

Mimi aun podía sentir la oscuridad que el chico encarnaba, pero esa sensación de peligro no la detuvo. Sin pensarlo demasiado, tomó la mano derecha de Ryota, la cual este había ofrecido.

- "Muy bien" - el aludido comentó con una gran sonrisa - "es hora de irnos" -

Un torbellino apareció, como un vórtice suspendido en el aire, el cual se encontraba solo a pasos de ellos. El archidemonio y la antigua elegida fueron tragados por el torbellino, la puerta de salida del Infierno mismo.

(***)

- "¡Claro! ¿Cómo pudimos llegar a ser tan ciegos?" - Walace se preguntaba una y otra vez.

Mientras, este mandaba correos de forma desesperada a sus amigos, intentando advertirles sobre lo que había descubierto. Sin embargo, no estaba en su conocimiento los últimos acontecimientos.

- "No te responderán" - Alice dijo, justo detrás de él.

- "¿Por qué no?" - Walace preguntó alterado - "Deberían hacerlo, estamos enfrentando el fin del mundo, ¿recuerdas?" -

Alice, quien era la encarnación del arcángel Metatron, no perdió la paciencia. Apenas si dió un suspiro.

- "Estan indispuestos" - ella respondió - "Lo que no sabes fue que en este mismo día, la ciudad de Shinjuku fue atacada. Fueron los Dioses Exteriores, razón por la cual los demás arcángeles no podrán ayudarnos. Debemos hacer esto por nuestra cuenta" -

- "¡Diablos!" - Walace maldijo en cuanto escuchó a la chica, aunque no pudo evitar preguntarse como es que ella sabía esto.

Por otro lado, Alice no le iba a dejar el tiempo suficiente para averiguarlo.

- "Debemos marcharnos ahora a Japón, no hay duda que el Emperador de los Demonios atacará en ese lugar" - ella dijo, tomándole de la mano sin ninguna explicación alguna.

Walace se sonrojó ante el contacto, la verdad sea dicha, Alice ya era una mujer hermosa aunque poco expresiva y que gustaba de usar vestidos del estilo gótico, lo que la hacía de aspecto intimidante para muchas personas.

- "El Dios Exterior también envió un agente para atacarnos desde la ciudad de Shinjuku" - Alice explicó - "Pero, por fortuna, Alphamon logró interceptarlo. Ya no será ningún problema en absoluto. Además, conozco la ubicación donde Satanás atacará" -, luego abrió un portal justo debajo de ellos.

Walace no tendría mucho tiempo para respirar cuando llegaron a su destino (donde Alice lo soltó), pues con asombro vio que se trataba de la ciudad de Odaiba, lo sabía pues ya la había visitado alguna vez. No demoraron mucho en encontrarse con el enemigo, lo cual fue una gran sorpresa para él y lo que demostraba que Alice se encontraba en lo correcto. El primer archidemonio, el rey del Infierno, iba a dar su primer golpe en Odaiba.

Siendo específicos, el edificio productor de TV.

- "¿Cómo fue que Alice lo supo?" - Walace se preguntó - "Esta chica es muy sorprendente. Supongo que es algo digno del primer arcángel" -

Ryota Matsuda pareció mostrarse sorprendido, sinceramente no esperaba compañía, aunque...

- "Alice McCoy, o debería decir Metatron" - Ryota dijo - "No has venido sola. Tu debes de ser Zadkiel. ¿Verdad?... ¿Ustedes han venido a detenerme? Cualquier otro motivo de su presencia en este lugar lo explicaría de forma satisfactoria" -

- "¡Asi es!" - Walace exclamó y en tono acusador dijo - "¡Fuiste muy obvio! ¡Tu eres el responsable de la desaparición de Mimi Tachikawa!" -

- "Nunca planeé que fuera un misterio" - habló el aludido - "Pero debo decir que me lo esperaba" -

- "¿Qué esperabas?" - Alice preguntó con desconfianza.

- "No te hagas la tonta" - el archidemonio respondió - "El gran arcángel Metatron no se quedaría de brazos cruzados mientras libero a uno de los ángeles caídos. Por fortuna, para mi es fácil engañarte; ya he tomado medidas al respecto" -

- "Tu" - Walace dijo con ira - "Devuélvenos a Mimi, o..." -

- "No está en este lugar" - Ryota le interrumpió - "Hice que Alice pensara que esta ciudad mundana iba a ser el objeto de la liberación del primer ángel, solo me quedé en este lugar para confirmar si caía en mi trampa. Al parecer todo salió como lo esperaba" -

- "¡Maldito!" - la aludida exclamó furiosa.

- "Ya no podrán hacer nada para detenerlo" - el menor dijo burlándose - "...ni tu..." - refiriéndose a Walace - "...y ni siquiera el mismo Adam Kadmon. Él será mío para cuando todo esto termine" -

Alice: - "Ese es tu plan entonces. ¿Crees que te lo voy a permitir? Adam Kadmon no será otro de tus peones" -

- "Estan hablando de Takato" - Walace pensó - "¿Qué será lo que piensa hacer? Alice parece saberlo" -

- "Tu no decidirás nada, ángel tonto" - Ryota se mofó - "No creo que lleguen a tiempo, el primer ángel caído aparecerá en Shinjuku, justo sobre los edificios de gobierno. Pero, para asegurarme, yo mismo me encargaré de eliminarlos a ustedes, par de entrometidos" -

La atmósfera ya se sentía pesada, era señal que el primer archidemonio se encontraba listo para luchar. Alice como Walace tuvieron que defenderse, pues su enemigo había atacado primero con lo que parecía ser una esféra espiritual, repleta de energías malignas. Sin embargo, ese ataque fue fácil de evadir y no logró dar en el blanco.

Lo que si hizo fue levantar una gran estela de humo; entonces Alice se dio cuenta, ese movimiento solo fue para distracción. El objetivo había sido nublarles la vista e impedirles distinguir de donde vendría el siguiente ataque. Sin embargo, Alice pensó que también podría usarse en su beneficio.

- "Walace, ya sabes donde ir" - Alice dijo - "Creo que tengo el suficiente poder para resistir yo sola, no hace falta que te quedes en este lugar" -

- "¿Estas segura?" - Walace le preguntó.

- "Esta fue la razón por la que te traje" - Alice le respondió - "Por si alguna eventualidad como esta llegaba a presentarse, confió en tí" -

- "¡No irán a ningún lado!" - pero, por desgracia, el rey del Infierno había escuchado toda la conversación.

Ya tenía en la mira a ambos y estaba a punto de desatar un ataque tan grande que esquivarlo ya no era opción. Ryota se encontraba levitando en el aire, usando sus manos como instrumento; las palmas de estas, las cuales habían estado una junta a la otra, se separaron para mostrar lo que era el sistema solar en miniatura, organizado en una forma de cruz.

- "Cruz Suprema" -

No hace falta decir que el lugar quedó devastado al instante. Transeuntes, trabajadores de la compañía, todas las personas que se encontraban cerca murieron; borradas del mapa. Todos los demás se dieron cuenta, una explosión como esa era imposible que fuera a pasar desapercivida; el caos y el miedo se transmitieron a cada persona sin excepción. Por otro lado, el ataque de Ryota demostró ser inefectivo en su propósito principal.

- "¿Qué? ¿Pero comó?" - el archidemonio se preguntó - "¿Dónde esta él? Se supone..." -

- "Eso estuvo cerca" - Alice dijo, con un leve tono de alivio.

- "¿Qué fue lo que hiciste?" - Ryota le pregunta, de forma malhumorada - "¿Dónde esta tu compañero?" -

Había usado uno de los ataques más poderosos de su arsenal, el que pertenecía al Señor Demonio Lucemon, ni más ni menos. A pesar de ello, Alice McCoy se las había arreglado para salir ilésa, y eso no era lo peor; su compañero Walace no se encontraba, dudaba mucho que hubiera sido vaporizado.

- "Ya se encuentra muy lejos de aquí" - Alice le respondió - "¡Ahora esto es entre tu y yo!" -

- "Ahora tu me retendrás" - Ryota comentó ante eso - "Ya entiendo, usaste una kimera** para sacarlo de este lugar, una con la capacidad de volar y lograste hacerlo en tiempo record. Bien hecho, supongo que ahora es cuestión de tiempo" -

La batalla continuó y Alice se preparó para cualquier otro ataque. Con ese objetivo realizó una especie de pentagrama a toda velocidad, bastó con realizar una rápida posición de manos para luego apoyar una de estas sobre el suelo; una estela de humo apareció junto con la bestia que ahora cubría, esta misma se reveló a un gran lagarto de cuello largo, de escamas verdes y de grandes garras, su cabeza parecía ser de una víbora; aproximadamente mediría unos ocho metros, de la cabeza a la cola.

- "Asi es como los trae, por medio de una invocación" - el archidemonio pensó y con diversión dijo - "Es curioso, uno de los diez arcángeles que debe proteger a los seres vivientes hace caso omiso de ese deber. La creación de kimeras esta penada por numerosos actos en contra de la naturaleza, se supone" -

- "No me interesa" - Alice respondió, ya sin mucha paciencia - "Haré lo que sea necesario para evitar que le pongas un dedo encima. Pueda que la resurrección del primer ángel caído sea inevitable, pero eso no importará más cuando acabe con tu existencia. Cuando mueras ya no será necesario preocuparse por los Cuatro Ángeles que traerán el apocalipsis, pues no habrá nadie que intente traerlos a este mundo" -

- "Parece que hablas en serio" - Ryota dijo con sorpresa verdadera - "¿Quién lo diría? Pareces mucho más decidido. Extraño porque en el pasado siempre me pareciste un corbarde. ¿verdad, Metatron?" -

/***/

- "Si Alice no hubiera convocado a esa kimera a tiempo" - Walace reflexionaba mientras iba volando sobre una enorme águila de tres piernas - "Aun puedo sentir su ki emananado por todas partes. ¿Cómo pudo resistir ese ataque tan poderoso?" -

El joven, sobre la kimera, se dignó para ver atrás. La destrucción ocasionada por el maligno era de enormes proporciones, más allá de una manzana había sido afectada; los edificios en la zona habían sido devastados, señal que llevaba consigo la gran columna de humo negro que se elevaba por los aires. Cualquier persona que se hubiera encontrado en el lugar debió haber muerto, no había manera de que pudieran sobrevivir a una técnica de tal magnitud.

- "Ese desgraciado" - el muchacho de dieciocho años murmuró con rabia, haciendo que su agarre sobre la kimera voladora se volviera una molestia para este último; de seguro le debía estar doliendo pero, por fortuna, no era demasiado - "No puedo imaginarme, tanta maldad en un niño como ese..." -

Era cierto, la maldad más grande del universo caminaba bajo el aspecto de un niño, justo a la edad que tenía él cuando conoció por primera vez a Davis y los demás.

- "Además, aunque todo haya sido nada más que un engaño. ¿Cómo supo Alice donde encontrar a ese demonio?" - sus pensamientos pronto se centraron en ella.

Hace poco que la había conocido, desde ese primer instante en el DigiMundo, momentos antes del ataque de las fuerzas de Bagramon. Alice le había parecido misteriosa y distante, el saber que ella era la encarnación del arcángel Metatron, el máximo dirigente de las huestes celestiales, solo hizo extender esa brecha que sentía que existía entre ellos.

Con la fusión de las cuatro realidades pudo saber que la chica vivía en el mismo país que él y, por cuestiones del destino, terminaron por ser vecinos. Eso le dio la oportunidad de conocerla por lo que era posible en una semana; no hablaba mucho, por lo que la conversación siempre recaía sobre él, sin embargo le pareció una persona muy agradable. En otras palabras, había descubierto cierto encanto que lo motivaba a estar a su lado siempre.

- "Supongo que esto es estar enamorado" - pensó.

El simple rose con sus manos ya lo había emocionado, era una sensación que jamás olvidaría. Por ella, por la misión que le había encomendado, iba a luchar aunque tuvieran todas las de perder. También se lo debía Mimi, era una amiga suya y le había fallado; si no lograba salvarla, nunca se lo perdonaría.

Decidido, concentró su mirada en su siguiente destino, donde una dura batalla y el inicio de la Guerra Santa le estaría esperando.

(***)

Parte 2: Leviamon contra Megidramon.

- "Tommy, contéstame" - Takuya gritaba a su amigo mientras lo sarandeaba, sin embargo esa forma de llamar su atención no resultaba.

- "¿Será que es esto de los que nos habló Takuya?" - J.P susurró a Zoe, preocupado.

Todos tenían ese mal presentimiento.

- "¿Por qué tenía que pasar esto ahora?" - Takuya se preguntó a si mismo, frustrado.

Tanto como él, sus demás amigos se sentían impotentes; esto era sin excepciones. Kouichi, Junpei y Zoe, ninguno de ellos sintió que pudiera hacer algo para remediar la situación, al menos no en ese momento. De los labios de Tommy comenzó a escucharse una voz que, claramente, no podía pertenecerle; era cualquier cosa menos humano.

- "¿Entonces se los decidiste contar a ellos?" - la entidad maligna dijo, haciendo un mal intento por parecer dólido - "¿En vez de a mí? Yo que soy uno de tus amigos más cercanos, la verdad me hieres" -

Dicho esto, la presencia que poseía a Tommy Himi creó una ráfaga de viento alrededor del cuerpo, lo que terminó por lanzar a Takuya varios metros atrás. El impacto con el suelo terminó siendo mucho más soloroso de lo que había pensado, pues resultaba que había caído sobre su brazo lastimado.

- "¡Takuya!" - exclamó una Zoe Orimoto muy preocupada, las heridas de su amigo se habían vuelto a abrir.

Todos sus amigos corrieron hacia él, ya que ellos tenían la misma preocupación que la chica; ayudaron a Takuya a levantarse mientras escuchaban la risa de la entidad, quien era uno de los Siete Señores Demonio de los digimon; capaz de helar la sangre de cualquiera que la escuchase.

- "Desgraciado" - Takuya gruñó - "Devuélvenos a Tommy" -

- "¿Devolverlo? No creo que se pueda" - el poseído respondió con una fría sonrisa - "Estoy muy a gusto en este cuerpo, me he encariñado con él. Ádemas, su amigo me necesita" -

- "¡Esa es una mentira!" - Kouichi exclamó con furia.

- "¿En serio, Guerrero de la Oscuridad? Tu no eres nadie para juzgar" - respondió con burla - "¿Acaso tengo que recordar tu trato con Cherubimon hace tantos años? Él te ofreció el poder, tu simplemente lo aceptaste; al igual que su joven compañero ahora. Yo soy el único que puede liberarlo de su desesperación, puedo darle lo que desea" -

- "¡Callate!" - Takuya gritó mostrando odio hacia el demonio - "Juro que si vuelves a decir una palabra, cualquier palabra... Juro que te mato, no tienes derecho a decir nada maldito" -

El Demonio se burló con una carcajada oscura.

- "¿Matarme? ¿Tu, un ser insignificante? No saben cuanta lástima me dan humanos, tan débiles, tan frágiles, tan estupidos. No saben el gusto tan grande que me otorgaría el matarlos en este instante, es tan tentador que lo haré ahora mismo, sucios mortales" -

El cuerpo de Tommy se elevó por los cielos, extendiendo sus brazos y mirando al cielo, una sonrisa maligna se dibujó en su rostro.

- "Takuya" - la voz de Agunimon le llamó desde sus pensamientos - "Tienes que defenderte, debes usar el poder de los digi-spirits" -

- "Pero... pero es un amigo, no puedo lastimarlo" - Takuya le dijo a su compañero espiritual - "Debe haber otra forma que no sea luchando, puede que..." -

- "No hay tiempo" - Agunimon respondió - "Tu, mejor que nadie sabe de lo que es capaz el Señor Demonio que habita en su interior. Leviamon tiene un poder de persuación demasiado grande, la única forma de liberar a su amigo es derrotando a ese demonio en una batalla" -

Sin embargo, ya era demasiado tarde. El ataque del Señor Demonio tenía un rango demasiado grande, no podía ser evadido ni bloqueado; muchas personas tenían los minutos contados. Leviamon estaba más que dispuesto a asesinar a cuantos humanos pudiese, su objetivo era extender el terror y la desesperanza para los sobrevivientes de otras locaciones; en otras palabras, mientras el Señor Demonio de la Envidia siguiera con vida, nadie en el mundo humano se encontraría a salvo.

- "¡Muere, mundo decrépito!" - este exclamó - "Cauda" -

Fue como si la Tierra recibiera el puño de la furia de Dios, o como si un meteoro cayera del cielo, se produjo un cráter de gran tamaño mientras la onda de choque comenzó a recorrer toda Shibuya. Los edificios que se cruzaban en el camino del impacto fueron derribados con facilidad. Quienes estaban a distancias más seguras, vieron con horror como el lugar brillaba con intensidad mientras ellos eran víctimas de un terremoto que sacudió todo el país de Japón.

De la devastación, Leviamon pudo observar como un pequeño digimon de color blanco y grandes orejas se alejaba del lugar, sin embargo no puso demasiado cuidado en él; no valía la pena perder su tiempo con eso. Lo que si llamaría su atención provino directamente del DigiMundo.

- "¿Acaso fueron tan locos para hacerlo?" - Leviamon se preguntó al instante que sintió su presencia a través de los mundos - "De verdad piensan destruir todas las dimensiones. Que idiotas, será mejor que me encargue del problema por mi mismo" -

Y, sin mucha dificultad, el chico poseído abrió un portal hacia el DigiMundo para luego desaparecer por este.

(***)

El DigiMundo entero se estremeció con la sola presencia de Megidramon, mientras la señal del Digital Hazard brillaba en su pecho; pedazos de tierra se elevaban mientras otros se hundían, columnas de luz roja surgían desde el interior de las piedras y el cielo se ennegrecía, los digimon solo tenían acceso a la luz que brindaban los relámpagos que se desataban por todas partes. Daba el aspecto que era el fin de su mundo.

Dorbickmon, uno de los Generales de Bagramon, vio con temor lo que había soltado en el DigiMundo.

- "Si esto sigue así, todo el Mundo Digital será destruido... incluyendo al Señor Bagramon, tengo que ejecutar la siguiente parte del plan" - pensó - "Sin embargo, con estas heridas..." -

El Guerrero Dragón miró el lugar donde debería estar su brazo izquierdo, el cual había perdido en la batalla contra Gallantmon y MagnaGarurumon, donde estaba perdiendo una gran cantidad de datos. Se ponía cada vez más débil con el transcurrir de los minutos, si iba a hacerlo tenía que actuar ahora.

- "Debes resistir" - la voz de Lucemon se hizo presente en su cabeza - "El poder del anticuerpo seguro sellará los poderes malditos del Digital Hazard, con eso evitaremos la destrucción de nuestro mundo, pero debes darte prisa" -

- "Entiendo" - Dorbickmon respondió.

Del interior de su cuerpo sacó una bola de luz brillante, el anticuerpo X. Entonces, de un salto, arremetió con su cuerpo contra el enorme Dragón Demonio; usando todo su peso envió a Megidramon a tierra, estampándolo contra el suelo; en ese momento pensó que sería su oportunidad para introducir la esfera de luz en el cuerpo del Dragón.

Sin embargo, Megidramon, quien esta poseído por la furia, quitó a Dorbickmon de encima suyo con el golpe de su cola.

Este se levantó como pudo mas no fue lo suficientemente rápido, Megidramon lo atrapó con su cola, enredándola sobre su cuerpo como si esta se tratara de una gran serpiente constrictora.

- "Es tan poderoso" - Dorbickmon se dijo a si mismo - "Ni porque estuviera al cien porciento de sus capacidades, no creo que pudiese liberarme del agarre de este monstruo con tanta facilidad" -

Había sido inmovilizado casi por completo, la excepción a ello era el brazo que aun conservaba y en el cual estaba sosteniendo el anticuerpo X. Megidramon se mostraba hambriento, botando saliva ácida por medio de su boca, esta se escurría por los afilados y duros dientes que poseía; lentamente el Dragón Demonio abrió sus mandíbulas, ofreciendo a Dorbickmon una mirada de primer plano al interior del monstruo.

En ese momento, a Dorbickmon se le ocurrió una idea, un plan desesperado para lograr su objetivo y, con eso, evitar que el DigiMundo fuera completamente destruido.

Cuando Megidramon estuvo a punto de arrancarle la cabeza, Dorbickmon metió su brazo restante en la boca de la bestia; en consecuencia, su brazo terminó por ser devorado por el Dragón Demonio, haciendo que su pobre víctima emitiera un doloroso grito de dolor. Megidramon ni siquiera se molesto en masticar lo que había agarrado por su boca, solo lo pasó entero.

Pero fue cuando Megidramon perdió el control de si mismo, convirtiéndose en objeto del dolor más desgarrador; el anticuerpo X ya comenzaba a trabajar en el interior de su cuerpo. El Dragón Demonio terminó cayendo al suelo de espaldas, retorciéndose sobre este luego de haber soltado a un moribundo Dorbickmon por algún lado.

- "Lo hice" - Dorbickmon dijo, ya casi sin aliento alguno.

Lo sabía, sentía que iba a morir en la fria tierra. Este era su destino final, lo que obtuvo después de estar al servicio de Bagramon y de dirigir sus tropas por tantos años. Sin embargo, el General caído no se arrepentía de lo que había hecho; todo lo contrario, estaba satisfecho con sus logros, con sus batallas, esa era la vida del guerrero que siempre había querido cuando era joven.

La vista se nublaba, su mundo perdía color y definición. Era el momento de abandonar este mundo y, así, Dorbickmon desapareció, fragmentado en datos que fueron llevados por el aire.

Nadie lo observaba, pero el cuerpo de Megidramon pasaba por una metamorfósis; con éxito había asimilado el anticuerpo X que debía entregarsele. Su cuerpo comenzaba a arder, como si estuviese a punto de explotar; parecía que un fuego incandescente intentara salir de su interior, dando un aspecto a su piel de lava seca y agrietada. Una armadura surgió para recubrirlo y, además, sus garras y huesos sobresalientes de su cuerpo se volvieron más prominentes, más fuertes y mucho más afilados. Sus alas habían sido reemplazadas por dos grandes llamaradas de fuego.

La señal del Digital Hazard había desaparecido y, con ello, el Peligro Digital que azotaba a todo el DigiMundo. Los cielos fueron despejados y la luz del sol reinó nuevamente, la tierra había dejado de sacudirse y cambiar; la paz había regresado a todo el Mundo Digital, pero era innegable la marca que el Digital Hazard había dejado sobre todo el paisaje.

Fue en ese instante cuando Leviamon llegó al Mundo Digital, justo en el Territorio Sagrado, donde había sido liberado el Dragón del Caos.

- "De verdad lo hicieron" - pensó el niño poseído - "Pero el Peligro Digital se detuvo y, sin embargo, aun puedo sentir la presencia de ese monstruo. Habrán sellado el Digital Hazard de alguna forma" -

Entonces divisó a Megidramon con sus ojos, fue grande su sorpresa al ver lo diferente de su aspecto.

- "¿Qué fue lo que le pasó? ¿Por qué se ve tan diferente?" - al analizarlo con más detenimiento, la respuesta vino a su cabeza - "Eso debe ser, usaron el anticuerpo X en él" -

Megidramon pareció que se encontraba solo, buscaba con su mirada a cualquier otro ser viviente al cual devorar; el siguiente que divisó fue al humano que era poseído, quien además le observaba desde los cielos.

- "¿Quieres pelear?" - Leviamon exclamó en cuanto el Dragón Demonio hubiera volado en su dirección.

El Señor Demonio lo esquivó, de no haberlo hecho seguro hubiera sido tragado por las fauses de su adversario.

Luego, con el mismo ataque que había destruido gran parte de Shibuya, arremetió contra el Dragón Demonio. El cielo se estremeció cuando Megidramon fue impactado, este digimon cayó al suelo tiempo después, creando un cráter de tamaño considerable.

Mas Leviamon volvió a sorprenderse cuando Megidramon hubiera salido iléso de su ataque.

- "Es mucho más fuerte de lo que pensé" - el Señor Demonio murmuró - "Es esa armadura que lo recubre, así será muy difícil llegar a causarle daño" -

Esa era una de las pocas veces que tenía que mostrar todo su poder ante un oponente, la primera vez había sido cuando luchó en la primera gran guerra contra los Caballeros Reales de antaño. Luego debió de enfrentar a Craniummon en el mar de las Tinieblas, quien ahora era dueño de un poder desconocido, mucho más grande de lo que su imaginación hubiera podido concibir, ahí fue derrotado y su cuerpo original destruido, razón por la cual había inflitrado su alma dentro del cuerpo de un humano, el cual poseía ahora.

La silueta del gigantesco Señor Demonio de la Envidia se hizo visible alrededor del joven Tommy, el cual se hizo más tangible de acuerdo a los minutos que pasaban. Pronto el gran cocodrilo rojo de dos colas encaró al Dragón Demonio, quien se había arrojado otra véz sobre él y que había mordido una de sus dos colas.

Leviamon aulló de dolor para luego sacudirse, logrando librarse del hambriento Megidramon.

- "¿Con qué tienes mucha hambre?" - Leviamon le dijo a su adversario.

"Rostrum"

Un haz devastador emergió de la boca del demonio apocalíptico*** con gran fuerza y velocidad, pero Megidramon también era ágil, por lo cual pudo evadir el ataque de su siguiente presa sin muchas dificultades. El haz impactó con la tierra, causando una gran explosión que arrasó con todo lo que estuviese a su paso.

Megidramon luego se preparó para lanzar uno de sus propios ataques, su boca ya mostraba señales de la potente llamarada que surgía. Era la Flama de Megido, la cual dio con el gran Señor Demonio y se extendió por todo el cielo. Solo cuando pareció que no existía nada más que las llamas, Megidramon se detuvo. Sin embargo, Leviamon aun se encontraba con vida pero con quemaduras por todo su cuerpo.

A pesar de ello, su boca se torcía en una sonrisa hacia su adversario.

- "¿Crees que con esto voy a morir?" - Leviamon preguntó con burla - "Que bestia más estupida" -

El cuerpo del Señor Demonio comenzaba a regenerarse, su poder no había descendido en los más mínimo. Como un depredador de primera clase, Leviamon atrapó a Megidramon por su cola, arrastrándolo consigo a un lago que había visto cerca del lugar; en otras palabras, se sumergió en el agua con el Dragón Demonio, lugar donde tendría la ventaja.

En el interior del lago lo soltó mientras descendía a las profundidades. Ahí Megidramon no tendría tiempo para responder, pues Leviamon comenzó a golpearlo con su cuerpo una y otra vez, emergiendo de todas partes; al Dragón del Caos le costaba mucho poder detectarlo a tiempo, ahora llevaba todas las de perder.

Y, en un momento de descuido, una de las colas azotó a Megidramon, mandándolo al lecho del lago.

Megidramon ya comenzaba a perder el sentido, de lo más profundo de su ser vino el instinto de supervivencia más básico. Era gobernado por una fuerza de voluntad que le impedía morir, esta solo se intensificó cuando sintió una fuerza de otro mundo llamarle, era como un canto de sirena que no era capaz de resistir.

En su dirección venía otro disparo de energía pura, el cual esquivó en movimiento relámpago.

Leviamon miró con molestia el nuevo giro.

- "Si esa torpe bestia no era capaz de moverse de forma apropiada en el agua" - pensó con ira - "Si que es resistente esta molestia" -

El dragón preparó otro ataque, el más fuerte de todo su arsenal, era un rugido de tal magnitud que, por si solo, producía una gran onda de choque que se extendió por los 360 grados. No hubo modo que Leviamon pudiese evitarlo, su poder de destrucción superaba con creces al que él mismo podía llegar a causar; el Señor de los Demonios fue golpeado por el aullido infernal, el cual vaporizó el lago en segundos y lo envió a volar a una enorme distancia. El lugar donde cayó Leviamon no fue de importancia para el Dragón Demonio, ya había perdido el interés en él.

Siguiendo su instinto, Megidramon voló directo hacia el lugar que lo estaba llamando, el lugar que ahora tenía acceso gracias al descuido de Leviamon, quien no cerró la puerta digital cuando llegó al DigiMundo.

(***)

Parte 3: La historia de Uriel.

Durante la batalla entre el ángel Uriel y la semilla de Yog-Sothoth apareció un terremoto repentino, el cual no duró mucho e hizo que el monstruo desfigurado perdiera el equilibrio. La pelea ya estaba durando demasiado tiempo y el ángel pensó que ya era hora de terminarla.

- "¡Esto acaba ahora!" - Uriel exclamó.

Y en sus manos, sostuvo dos espadas de alcance corto que sacó del interior de sus ropajes; las cuales fueron bañadas por una especie de aura, el propio poder del ángel guerrero. De un saltó, Uriel atacó con sus espadas en forma de cruz, con ese acto derrotó a su enemigo al partirlo en cuatro pedazos.

- "¿Qué hiciste?" - Henry le preguntó sorprendido.

- "No es momento para eso" - mas el ángel evitó la pregunta - "Puedo sentirlo, este edificio esta plagado de ellos. La pelea aun no acaba" -

En ese momento, Yamaki y todo su equipo volvió a salir del cuarto oscuro, presintiendo que la lucha había terminado y para evitar que objetos pesados de aquel cuarto les cayera encima debido al corto temblor.

- "¿Qué demonios era eso?" - Yamaki exigió saber.

- "Un infectado por la semilla de Yog-Sothoth" - Uriel respondió - "Un parásito que solo obedece las órdenes de su creador, ahora mismo cada persona habitante del edificio debe encontrarse infectado; sería un riesgo inaceptable dejar que esas cosas escapen a las calles, la única solución razonable sería escapar de aquí cuanto antes y destruir el lugar, lo más pronto posible" -

- "¿De qué rayos está hablando?" - Wanyu Wong le preguntó molesto.

Henry :- "Destruir el edificio. ¿No es algo extremo?" -

- "Es la única manera" - el ángel respondió con semblante serio, no estaba bromeando.

- "¡¿Estás diciendo que está bien matar a los cientos de personas que trabajan aquí?!" - el padre de Henry reclamó furioso por las respuestas frías del otro, mientras sujetaba al ángel de la túnica.

- "Ellos ya están muertos" - el aludido respondió con indiferencia - "Si seguimos esperando, todos en la ciudad se verán comprometidos. Tengo el poder necesario para detener esto en el acto, con su consentimiento o no lo haré, destruiré este lugar" -

Wanyu lo soltó en ese momento, presintió que era imposible detenerlo, al menos por mano suya. Solo podía hacerle una pregunta más.

- "¿Quién eres?" -

- "Mi nombre es Uriel, yo soy un ángel del Señor" -

- "¿un ángel?" - Mitsuo preguntó con incredulidad.

- "El universo es más grande que lo que usted cree, señor Mitsuo" - Uriel dijo cuando escuchó el comentario - "Usted solo es una pieza insignificante de este mundo, gobernada por el destino y que se encuentra a merced de los grandes poderes" -

- "Será mejor obedecerlo" - Henry habló de repente - "Él es el único que conoce lo que esta sucediendo, además es cierto que él es un ángel, puedo explicarlo pero ahora no es el momento. Debemos salir de aquí" -

- "De acuerdo" - Mitsuo Yamaki decidió dar el consentimiento por todos los que estaban presentes, aunque algunos de ellos no estuviesen de acuerdo - "¿Por dónde saldremos? Supongo que las escaleras no son una opción" -

Uriel solo se limitó a asentir, dándole la razón a Yamaki.

- "Entonces tenemos una opción" - este último dijo - "en el cuarto oscuro se encuentra un pasadizo secreto, este conduce hacia la sotea del edificio donde un helicóptero espera. Podemos usarlo" -

De ese modo, Mitsuo Yamaki guió al ángel, sus empleados y al ex-tamer por aquel pasadizo secreto, el cual se encontraba al final del cuarto oscuro y que solo era accesible por medio de una contraseña especial y el saber, por supuesto, donde encontrarla; esto era porque se encontraba bien camuflada con las paredes del recinto. Una vez solucionado ese problema, tuvieron que ascender por una serie de escaleras de metal, en un lugar donde el silencio reinaba, interrumpido solamente por las pisadas y los ocasionales bramidos y rugidos de los monstruos que ahora invadían piso por piso.

Uriel iba al frente del grupo, Henry Wong y Mitsuo Yamaki le seguían a tan solo unos pasos atrás y, detrás de ellos, estaban Wanyuu Wong, Riley Ootori y Tally Onodera.

- "Veo que te preocupas mucho por Takato. ¿No es así?" - Henry dijo de repente, tratando de darle sentido a la conversación que habían tenido antes de ser atacados.

- "Hablas del señor Adán, supongo" - Uriel respondió.

Yamaki deseó preguntar cuál era su tema de conversación, mas decidió escuchar solo por el momento. Luego, tendría que recordarse interrogar al muchacho sobre todo lo que estaba ocurriendo.

- "Desde el inicio, yo fui designado para cuidarlo" - Uriel dijo - "Enemigos como los Dioses Exteriores siempre han consentido la entropía del cosmos. Lo único que los separa de la destrucción del Universo es la barrera que el mismo Adam Kadmon ha puesto. La vida no podía desarrollarse de forma apropiada con ellos al mando, es por eso que Dios ordenó a sus diez arcángeles y al mismo Adam Kadmon pelear un guerra para expulsar a esos horrores cósmicos, desterrarlos más allá del horizonte de eventos" -

- "¿Ganaron?" -

- "Por supuesto que ganamos" - Uriel respondió con orgullo - "De no haberlo hecho, ninguno de ustedes hubieran podido nacer. Aunque ellos siempre dieron problemas, pero eso no va del porque es tan importante. De hecho, yo debo compensar lo que pasó en esa ocasión..." -

La batalla contra los vastagos de Azathoth, el necio sultán de los demonios, había terminado por fin en un joven Universo. El resultado había sido su derrota y destierro a los confines del cosmos, y significaba una victoria para la milicia celestial, en específico, para los Diez Arcángeles Guerreros y Adam Kadmon. La calma regresaba y el cosmos ahora crecía con total libertad.

Adam Kadmon, quien no había cambiado en aspecto durante el último par millón de años, miraba en particular un cúmulo de estrellas que crecía y crecía con el tiempo; por alguna razón se sentía atraido a esa parte del cosmos. Ese lugar, muchos años después, sería la gran vía lacteá.

- "Señor Adam" - Uriel lo llamó, apareciéndo por su espalda - "Parece muy pensativo" -

- "¿Cómo puedes saber?" - Adam le cuestionó.

- "Eso es porque siempre que necesita reflexionar, viene a este lugar del paraíso para observar siempre ese mismo lugar" -

- "Vaya que me conoces" - Adam comentó - "Bueno, me atrapaste. Si estoy pensando en algo, por eso estoy aquí" -

- "Puedes contármelo" - Uriel pidió - "Estas bajo mi cuidado de todas formas, además debo compensar el hecho que no pude asistirte en la Guerra contra la Gran Oscuridad" -

- "No necesitaba ayuda para eso" - Adam le respondió de forma altanera - "Azathoth resultó ser un estupido, en el sentido literal de la palabra. Los únicos con los que debimos preocuparnos fueron de los Dioses Exteriores Nyarlathotep y Yog-Sothoth, sin embargo, ellos no pudieron con nosotros. Hubiera sido un desperdicio traerte a la batalla" -

- "Entonces fue fácil" -

- "Por decirlo de algún modo, no fue algo que los Diez Arcángeles no pudieran manejar por su cuenta" -

- "¿Y luego?" - Uriel preguntó.

Adam suspiró, lo conocía bien. El ángel de mayor tamaño no se marcharía a menos de que escupiera todo lo que tenía en su mente, al igual que no era su intención ocultar nada, por lo que prosiguió.

- "¿Tu sabes qué es lo que hay guardado en los confines de paraíso? Ese lugar al que Metatron nos prohibió ira cualquiera de nosotros" -

- "Si, de lo que no se que hay. ¿A qué quieres llegar?" - Uriel le dijo con cierto recelo, algo le estaba dando mala espina.

- "Estuve conversando con Miguel acerca de eso, parece ser un enorme tabú, casi tanto como ahora lo es hablar acerca de los Dioses Exteriores. Si en ese lugar se encuentra algo tan peligroso como para poner en riesgo todo lo que conocemos. ¿No crees qué toda la milicia celestial debería estar informada? Esa norma de Metatron me parece una completa tontería. Es mas, Metatron ha estado en el puesto de jerarca por mucho tiempo; dice que sus ordenes son provenientes de la palabra de nuestro Padre, pero solo él puede contemplarlo. ¿Por qué ninguno de los otros puede hacerlo? ¿Por qué yo no puedo conocer a nuestro Padre? ¿Qué tipo de cosas Metatron oculta de nosotros?" -

Uriel, en lo profundo de su ser, se horrorizó ante lo que escuchaba. De hecho, aun no podía creerlo... ¿Cuestionar la palabra de Metatron, el Jerarca del Cielo? Todos en paraíso confiaban en él ya que sus mandatos provenián de Dios. Nunca había tenido dudas de eso, era la primera vez que escuchaba decir tales palabras y pensar que ese primero era Adam Kadmon, el Primordial, la primera creación de Dios. Tenía que convencerle que desistiera de tales pensamientos pero no sabía que decir en el momento; en poco tiempo, Adam Kadmon había dado buenas razones para desconfíar.

Sin embargo, todo eso tenía que ser una mentira.

- "No andes diciendo esas cosas sin fundamentos" - Uriel le regañó, como haría un hermano mayor al pequeño cuando hace algo que no es debido - "Se que tienes mucho deseos de ver a nuestro Padre, yo también quiero hacerlo pero ya sabes como son las cosas. Hay reglas que ninguno de nosotros podremos transgueder..." -

- "¡Todo se trata de tus malditas reglas!" - Pero Adam Kadmon lo calló - "Eres como un simple perro faldero que espera el hueso de su amo. ¿Dónde esta el libre albedrio que se nos fue otorgada al momento de nacer? Además, deja de tratarme como un niño pequeño, ya soy lo suficientemente grande como para tomar mis propias decisiones" -

Esto tenía que ser una rabieta, mas ya no podía hacer nada para cambiar la mentalidad del ángel más pequeño.

- "Si lo que hacen falta son pruebas, se donde conseguirlas" -

- "No pensaras ir ahí" - Uriel exclamó sobresaltado - "No puedo permitirte ir" -

- "¿En serio? ¿Me tomarás como un prisionero, tal como lo hicieron con Lilith? No creas que no me he dado cuenta como se manejan las cosas" - Adam se burló - "No pienso ser la marioneta de nadie, se supone que yo gobernaré todo algún día. Tengo el derecho de saber cual es la verdad. ¿Es tanto pedir?" -

Lo de Lilith había sido lamentable, Uriel no deseaba que Adam tuviera el mismo destino que ella. Con esa intención agarró su brazo cuando ya estaba dispuesto a marcharse, algo que molestó al otro ángel mucho más de lo que ya estaba.

En ese instante, el cuerpo de Uriel fue repelido de forma violenta, sujeto a una fuerza que Adam Kadmon manipulaba a voluntad. Luego de eso, el terror le invadió cuando fue receptor de la mirada furiosa del contrario; lo hacía sentir impotente, insignificante.

- "Iré, es todo lo que diré... Sabes, estoy decepcionado, realmente pensé que podría confiarte esto... pero me doy cuenta que solo puedo confiar en mi mismo. Nos veremos, viejo amigo" -

"No le comprendí, no le apoye... eso debió haberle dolido mucho, se debió haber sentido tan solo y luego. La verdad, ni se porque te cuento esto; tan solo eres un humano"

- "También le fallaste" - Henry mencionó con algo de melancolía - "Pero, no puedo evitar preguntármelo. ¿Qué era lo que había en ese lugar? ¿Qué era tan peligroso para que a todos se les hubiese prohibido verlo" -

- "Bueno, supongo que no es necesario mantenerlo oculto por más tiempo... Había una buena razón para que Metatron nos pidiera jamás entrar a esa sección de paraíso, lo que se encontraba en ese lugar era... el Maligno" -

- "¿el maligno?" - Yamaki preguntó, realmente curioso por saber.

- "Satanás, el primer archidemonio, el Padre de las Mentiras y la razón por la cual el mal existe" - Uriel respondió - "De ese maligno estoy hablando" -

- "El enemigo que busca destruir este mundo" - Henry se dijo en pensamientos.

El grupo continuó subiendo las escaleras hasta llegar a su destino, el último piso, mas estaban por descubrir que no se encontraban tan solos como creían. El lugar tenía signos de lucha, una descarnizada por la cantidad de sangre y viseras que se encontraban esparcidas. Varias semillas de Yog-Sothoth habían entrado solo para conocer su destino, habían sido destrozadas; quien lo hizo se encontró observando a los recién llegados.

- "¡Imposible!" - Uriel exclamó con temor.

Ese ser que veían al frente era la encarnación del miedo y era muy conocido por los ángeles; era uno de los traidores. Él apenas vestía con una bata de laboratorio que habrá quitado a una de sus víctimas, yacía de cunclillas. Tenía el aspecto de un humano, pero no podía distar más de ello; de cabello marrón claro y ojos de color verde, era un chico de la misma edad de Henry.

- "Tu eres..." -

- "No esperaba más visitas, ustedes no son vastagos del Dios Exterior. ¿verdad?... Por lo que veo, son simples humanos" - el extraño sujeto dijo con una voz que helaba la sangre - "Es una fortuna encontrarme con seres civilizados, dejenme presentarme... Mi nombre es Abaddon, soy uno de los Cuatro Caballos del Apocalipsis, un Ángel Caído" -

Fin del Capitulo.