Si no fuera por ti.

Capítulo once: El peor cumpleaños.

A las seis de la mañana en punto, Hitsugaya llegó a la oficina de su nueva editorial principal, que en realidad era la vieja principal, la primera, la que inició todo. Le traía tanto buenos como malos recuerdos estar aquí otra vez, pero luego de un par de semanas ya se había acostumbrado, y era bueno tener a viejos colegas trabajando con él.

Estuvo trabajando hasta que a poco de las siete de la mañana Hinamori, Matsumoto y Mijow invadieron su oficina.

-¿Por qué evitaste el desayuno? ¡Te prepare tus cosas favoritas por tu cumpleaños!- gimoteó Momo con preocupación.

-¿Dónde está Shimo-chan?- inquirió Rangiku sospechosamente.

-¿Dónde estabas anoche?- esa fue Shiky con una mirada picara, casi como si supiera exactamente lo que hizo la noche anterior.

-No es asunto suyo, vuelvan al trabajo.- gruñó molesto.

-¿No nos dirás ni siquiera dónde está Shimo-chan?- preguntaron las tres con un puchero.

-No. Ella volverá en la tarde, pregúntenle entonces.- él no quería tener que lidiar con sus chillidos ni reclamos.

-¡Eres malo!- se quejaron, pero afortunadamente se fueron dejándolo solo con sus pensamientos.

No es que ahora mismo estuviera de humor para pensar. Cada vez que pensaba solo pensaba en Karin que debía estarlo odiando ahora, y en Kiui, que lo odiaba desde el momento en que supo que era su padre. Shimo también lo preocupaba, pero al menos ella ahora estaba feliz con su madre y seguramente su hermano tarde o temprano la aceptaría. ¿Pero algún día podría aceptarlo a él?

Retazos de su conversación/discusión con Karin anoche volvieron a su memoria. Ella le dijo que estuvo desempleada, sin dinero y pasando hambre durante su embarazo, apenas había podido dormir en la noche pensando en eso. Cada vez que lo pensaba solo deseaba más y más no haberse ido, haber dormido a su lado, abrazarla y pedirle perdón.

Pero entonces recordaba a Vorarlberna, y solo deseaba arrancársela de la mente y no volver a verla jamás.

Y sin embargo, sí quería empezar a ganarse un lugar en la vida de su hijo, necesitará ayuda de su ex mujer.

Kiui parecía haber heredado una explosiva mezcla de lo peor del mal carácter de sus dos padres, siendo sarcástico e impulsivo a la par que frío y cruel, muy a diferencia de Shimo que tenía muchísima más paciencia que él pero podía reaccionar igual de violentamente que su madre cuando estallaba.

Iba a ser extremadamente difícil que le diera una oportunidad, y nunca lo lograría sin Karin de su lado.

Por mucho que le doliera estar cerca de ella, debía aprender a tolerarla sí quería comenzar a reparar todos sus grandes e imperdonables errores con Kiui. Fue un padre horrible y ni siquiera le dio el beneficio de la duda y sabía que debía pagar por eso, pero aun así quería estar cerca de él y enmendar sus faltas.

Era lo menos que podía hacer.

.

Karin acababa de empezar a hacer el desayuno cuando sintió un repentino beso en la mejilla.

-¡Buenos días, mami!- era Shimo, que siempre fue de despertarse temprano por su cuenta. -¿Cómo dormiste?- preguntó felizmente.

-Bien, mi cielo. ¿Cómo dormiste?- bajó la flama de la cocina que acababa de encender y se volteó para atraparla en un abrazo.

-¡Bien! Me sorprendió haber despertado aquí pero luego vi que había nevado anoche así que supongo que papá no me regresó a la mansión. ¿Dónde está él, por cierto? ¿Sí se quedó, verdad?- Karin negó con la cabeza. -¿Se fue anoche? Pero no nevaba mucho ¿verdad?- preguntó con clara preocupación.

-No… no tanto. Aun así él prefirió dejarte aquí e irse. Dijo que volvieras a su casa después de la escuela.- comentó intentando sonar natural. –En fin, mi cielo. ¿Qué quieres para desayunar? ¿Aún te gustan los panqueques con crema y la leche chocolatada?- cambió de tema rápidamente.

-¡Por supuesto! ¿Quieres que te ayude en algo?- preguntó emocionada.

-Bueno… también tengo que hacerle el desayuno a tu hermano. Voy a hacerle tortilla Tamagoyaki para que se le aplaque un poco el malhumor con el que seguro despierta. ¿Crees que podrías ayudarme con la mezcla de los panqueques mientras me encargo de eso?-

-Sé hacer panqueques y también Tamagoyaki, sé hacer muchas cosas, de hecho.- informó Shimo risueña mientras hinchaba el pecho con orgullo.

Karin la miró con ojos muy abiertos y una pequeña sonrisa. Su niña sin duda había crecido, Toshiro la crió muy bien tal como supuso.

-Bueno, en ese caso encárgate de los panqueques y yo de la tortilla.-

-¡Trato hecho!-

Después de terminar lo más importante y dejar a Shimo vigilando la comida, Karin le dijo que la espere porque iba a despertar a Kiui y eso podría tomar un tiempo, más cuando estaba de mal humor.

Entró a la habitación de su pequeño y se sentó a su lado en la cama. Él estaba envuelto entre sus sabanas, con la almohada sobre su cabeza. Intentó apartarla pero se dio cuenta que estaba siendo sujetada con fuerza por el niño.

-¿Kiui? ¿Estás despierto?- lo miró sorprendida. Normalmente casi nunca se despertaba solo a menos que estuviera demasiado enfermo. -¿Te sientes bien, amor?- de inmediato se preocupó. Él había salido sin un abrigo ayer en la noche en medio del frío solo unas pocas horas antes de que nevara.

-Estoy bien.- dijo con voz ronca. –Solo me despertó el escándalo en la cocina, y desde ya te digo que no pienso desayunar con esa mentirosa.- murmuró aún resentido.

-Kiui, tu hermana solo no te dijo la verdad desde el principio porque buscaba la forma correcta en la cual decírtela. Tú a veces también me mientes y yo no te llamó mentiroso todo el tiempo luego ¿o sí?-

-E-eso…- balbuceó un poco, antes de volver a gruñir. -¡Eso es diferente! ¡Ni la conozco! ¡Se supone que los hermanos son hermanos porque crecen juntos!- pataleó por debajo de las sabanas.

-Bueno, ella llegó un poco tarde, pero igual quiere crecer contigo y ser una buena hermana para ti.- intentó persuadirlo.

-¡Ella ya creció! ¡Y yo no necesito ninguna hermana! ¡Ni tampoco necesito un papá! ¡Solo quiero que todo siga siendo como siempre!- siguió pataleando, todavía apretando la almohada contra su rostro.

-Solo tiene dieciséis, puede crecer un poco más… y aunque su cuerpo deje de crecer, la mente siempre puede seguir creciendo.- intentó retirar la almohada una vez más, pero siguió apretándola. –Incluso yo sigo creciendo, solo que no en altura. Se le llama crecer como persona.- volvió a tirar de la almohada y esta vez funcionó, por lo que se encontró con el rostro pensativo de su pequeño. -¿Qué dices? ¿Vendrás a desayunar?- lo miró esperanzada. –Hice tortilla Tamagoyaki.- canturreó para tentarlo.

Él apartó la mirada y se cruzó de brazos, con un pequeño puchero malhumorado.

-Bien…- finalmente cedió. -¡Pero solo porque tengo hambre!- se levantó de un salto y Karin sonrió, empezando a buscarle la ropa para que pudiera bañarse. -¡Puedo buscar mi propia ropa, mamá!- refunfuñó corriendo para quitarle la ropa que había agarrado.

-Bien, pero hace mucho frío afuera así que quiero que uses este pantalón.- sacó uno de tela gruesa. –Y elije una camiseta con mangas largas y también busca un suéter y también…-

-Ya sé, mamá, no te preocupes, me abrigare.- comenzó a rebuscar en su armario. –Bajaré cuando termine de ducharme. Ve con Shi… con Hitsugaya, sí quieres.-

-Kiui, no seas tan terco y sí quieres llamar a tu hermana por su nombre, llámala por su nombre.- negó con la cabeza pero salió de la habitación y bajó por las escaleras, justo a tiempo para escuchar el timbre sonar. Un escalofrío la recorrió de inmediato. ¿Sería Toshiro? Cuando abrió la puerta, se sintió aliviada y decepcionada en la misma medida al ver a Kouzu. –Oh… olvide que regresabas hoy.- rió nerviosamente.

-¡Hola, Karin-san!- la saludó animadamente, antes de envolverla en un gran abrazo, levantándola del suelo pues él era muchísimo más alto que ella, llegando al metro noventa de altura, y también siempre fue de personalidad muy alegre y afectuosa. -¡Te he extrañado! Siempre me echas de la casa últimamente.- la miró con un puchero mientras la devolvía al suelo.

-Lo siento… ha pasado mucho… Tengo mucho que contarte, de hecho.- se frotó el brazo, preguntándose cómo le explicaría que el padre y la hermana de Kiui se habían aparecido de la nada.

-¿Mamá?- la confundida voz de su hija la hizo voltear. Shimo estaba parada a unos metros de ellos con un cucharón en la mano y una mirada muy seria. –Ya apague las hornallas así que vine a buscarte y…- se fijó en Kouzu y en como mantenía las manos en sus hombros. -¿Quién es él?- preguntó en un susurro.

-Oh, él es Ikami Kouzu, es mi…-

-¡¿Mamá?!- el chillido de Kouzu la interrumpió. -¡¿Karin-san tiene una hija?!- la miró con la boca muy abierta de forma casi cómica.

-Es una larga historia.- rió nerviosamente. –Su nombre es Shimo y es mi hija mayor. Tiene dieciséis años.- presentó su hija a su mejor amigo con orgullo.

-Wow…- Kouzu seguía completamente atónito. -¡Es un placer conocerte!- no lo pensó dos veces y se lanzó a abrazar a su hija como sí la conociera de toda la vida. -¡Es tan increíble que Karin-san tenga una hija! ¡Y eres tan bonita como ella! ¡Y te pareces mucho a Kiui-kun!- de pronto se separó de golpe, llevándose las manos a los lados del rostro. -¡Oh, cielos! ¡Kiui-kun tiene una hermana mayor! ¡Este día está de locos!- Karin no pudo evitar reírse y se acercó a Kouzu para darle un par de palmaditas en la cabeza.

-Ya, ya, Kouzu. ¿Por qué no vas a la cocina y te haces algo para desayunar? Como olvide que ibas a venir no te prepare nada.-

-¡Está bien! Adoró cocinar.- sonrió felizmente y se encaminó a la cocina aun cargando su maleta. –Ehh… dejaré esto aquí y luego lo llevare a la habitación.- dejó la maleta a un lado del sofá.

-Bueno, iré a servir y a hacer la chocolatada y calentarla un poco, ya que hace frío.- le sonrió a Shimo mientras iba detrás de su amigo. -¡Ve a sentarte a la mesa, mi cielo! Tu hermano bajara en unos minutos.- se sentía muy bien el saber que sus dos hijos estaban en casa y podría servirles su desayuno favorito a ambos.

Cuando llegó a la cocina, Kouzu estaba muy concentrado haciéndose un Omelette muy elaborado, por lo que ella empezó a hacer la chocolatada para sus hijos sin hablar, hasta que repentinamente él dijo algo que la sorprendió.

-Karin-san… ¿Shimo-chan es hija de Hitsugaya Toshiro-dono?- eso casi la hace derramar toda la leche en el piso.

-¿Cómo demonios conoces a Toshiro?- lo miró con el rostro desencajado por la sorpresa.

-Lo he visto salir en la televisión, revistas y eso… También mi novia lee solo lo que publica su editorial, dice que es la mejor.- comentó con rostro pensativo. –Ha aparecido algunas veces con su hija, la prensa una vez hizo una broma de que como Hitsugaya-dono está casado con su trabajo Shimo-chan es hija del papeleo.- rió nerviosamente. –De hecho, la primera vez que lo vi me pareció muy familiar, mas nunca me imaginé que era el padre de Kiui-kun, ni mucho menos que tú eras la misteriosa ex esposa de Hitsugaya-dono.-

-¿Misteriosa ex esposa?- arqueó las cejas con incredulidad mientras esperaba que la leche se caliente.

-Aparentemente Hitsugaya-dono nunca te ha mencionado, así que nadie sabe quién es la madre de su hija, solo saben que él es divorciado, por eso especulan mucho sobre la identidad de la madre… o bueno, de tu identidad. A mi novia le gustan los programas de chismes, por eso lo sé.- explicó ante su mirada fija.

-Oh… Bueno, como sea, la verdad es que sí, Hitsugaya Toshiro es el padre de mis hijos. Aunque no recuerdo verlo en televisión…-

-Tal vez porque hace años que vendiste la televisión que tenías para pagar medicamentos que Kiui-kun necesitaba y ahora solo ven partidos de futbol en la portátil.- le recordó con un puchero en lo que seguía preparando su Omelette, puesto que a él si le gustaba mucho ver televisión.

-Ah, cierto.- se encogió de hombros, terminando de hacer la chocolatada y sirviéndola en dos tazas para luego sacar la crema y ponérsela a los panqueques. –Bueno, mejor para mí no verlo. Nos divorciamos por una razón, ya sabes.- se concentró en aplicar la crema y enrollar los panqueques, intentando no pensar en la noche anterior.

Kouzu volteó a verla y ella notó en sus ojos que quería hacerle muchas preguntas, tal vez el por qué se había aparecido hasta hoy, porque le quitó a su hija, porque Kiui no sabía nada de ellos, qué pasaría de ahora en adelante. Afortunadamente, él era demasiado educado para preguntar, por lo que solo asintió y siguió cocinando.

-Por cierto, Karin-san, note que no te hiciste desayuno para ti así que estoy haciendo un Omelette grande para darte la mitad.- le informó luego de unos minutos, haciéndola sonreír. Él le recordaba mucho a Yuzu.

-Gracias.-

Una vez terminó con el desayuno de sus hijos, colocó todo en una bandeja y se encaminó al comedor, sonriendo al ver a sus dos hijos sentados uno frente al otro. Era lindo verlos juntos, incluso sí se veían sumamente incómodos el uno con el otro.

-Muchas gracias, mamá.- Shimo le dio una hermosa sonrisa cuando colocó su plato y su taza frente a ella.

-De nada, mi cielo.- le acarició la mejilla. –Aquí tienes Kiui.- le dio su desayuno también.

-Gracias.- gruñó él secamente.

-¿Te lavaste las manos?- preguntó para asegurarse, a lo que él solo asintió bruscamente.

-¡Traje nuestro Omelette, Karin-san!- Kouzu entró al comedor con dos platos. -¡Espero que te guste! ¡Lo hice con mucho amor y…!... Oh, no… olvide tus cubiertos- Karin rodó los ojos, antes de reír.

-Voy por ellos.- se encaminó a la cocina, pero una pregunta de su amigo la hizo congelarse hasta los huesos.

-Karin-san… ¿Estás cojeando?-

Ella empezó a sudar. ¡Maldición! ¡Había creído que sí actuaba normal nadie lo notaría! ¡Maldito sea Kouzu!

-Claro que no… es solo un… calambre.- tragó saliva.

Era una mala excusa, pero no había modo en el infierno de que admitiera y menos delante de sus hijos que estaba así porque se pasó la noche con las piernas abiertas y su cretino ex esposo entre ellas después de nueve largos años.

-Oh… Ok.- afortunadamente, el único adulto en la habitación era demasiado ingenuo, y confiaba en que Shimo aún era lo suficientemente inocente para no sospechar.

El desayuno fue uno de los más incómodos que Karin había tenido en su vida, pero aun así estaba muy feliz solo por el hecho de que su hija estaba allí. Sin embargo, eso no la cegaba al hecho de la tensión prácticamente palpable en el comedor.

Seguía distraída por lo que pasó con Toshiro la noche anterior, pero de vez en cuando notaba las miradas preocupadas que Kouzu le estaba enviando, lo que la hacía notar las extrañas miradas que Shimo le estaba enviando a Kouzu, mientras que Kiui de vez en cuando levantaba la mirada de su plato para mirar mal a su hermana. Ninguno hablaba más que para decir lo deliciosa que estaba la comida, así que sí. Eso fue muy incómodo.

Una vez terminaron de desayunar, Kouzu se retiró para ir a ponerse su uniforme de trabajo y Kiui hizo lo mismo solo que para ir por su mochila y un abrigo. Shimo estaba enviando un mensaje por su celular.

-Le avise a mi amiga que lleve mi uniforme así podré cambiarme al llegar a la escuela. Solo espero no tener problemas.- le informó.

-Ya veo.- contestó distraídamente mientras peinaba sus cabellos blancos entre sus dedos. –Dejaste crecer mucho tu cabello… es lindo.- le sonrió con dulzura al verla sonrojarse.

-Gracias.- susurró. –Oye, mamá… ¿Cuándo puedo volver a tu casa? Papá dijo que volviera a la mansión después de la escuela, y sé que Kiui no me quiere aquí, además que ahora la habitación restante está ocupada por Kouzu-san.- se mordió el labio. –Por cierto, ¿Kouzu-san es tu…?...-

-¡Mamá! ¡Ya voy a la escuela!- el grito de Kiui interrumpió su pregunta.

-¿Te abrigaste bien?- se levantó de la silla del comedor para acercarse a su hijo que ahora ya estaba casi en la puerta. Lo examinó asegurándose de que esté bien abrigado y luego le dio un beso en la frente. –Cuídate, y recuerda ir y volver con Kelly-chan.-

-Sí, sí, ya sé.- se cargó su mochila al hombro y miró ceñudo a Shimo por un momento, antes de volverse hacia su madre y murmurar una corta despedida, para después marcharse rápidamente.

Shimo suspiró, pareciendo sumamente devastada. Karin hubiera vuelto a su lado, pero entonces Kouzu apareció ya vestido con su uniforme de conserje de la clínica. Él estaba en su último semestre y apenas se graduara Ishida quería contratarlo como enfermero, pero hasta entonces trabajaba en la limpieza.

-¿Tú vendrás más tarde, Karin-san?- preguntó al ver que Shimo seguía allí, por lo que la aludida asintió. –Oh, bien. ¡Nos vemos en la clínica, entonces!- le dio un pequeño abrazo antes de salir no sin antes despedirse de la adolescente también.

-¿No llegarás tarde a clase, mi cielo?- se acercó a ella y se volvió a sentar a su lado. –Y también tienes que cambiarte a tu uniforme.-

-Sí, ya tengo que irme. Pero antes dime cuándo podré volver aquí.- la miró con sus lindos ojitos turquesas suplicantes que le derritieron por completo el corazón.

-Hija, sí fuera por mí no te dejaría ir nunca.- pasó una mano por su mejilla. –Hagamos esto, pásame tu número de teléfono y ya veremos cuándo podemos volver a vernos. Con suerte tal vez mañana.-

-Pero Kiui no me quiere aquí.- hizo una mueca.

-Pero Kiui tendrá que hacer lo que yo le diga porque soy su madre.- sonrió traviesamente, aunque luego se puso seria. –Hija, tu hermano es un poco… gruñón, y terco, muy terco. Sí dejamos que pasé por encima de nosotras entonces seguirá con esa actitud, sin embargo si le insistimos y nos imponemos entonces tarde o temprano cederá, sobre todo porque no tiene motivos reales para estar enojado contigo.- se cruzó de brazos. –Tu padre es otra historia… Será mucho más complicado que se lleven bien, pero no pienso dejar que te trate mal. Confía en mami.- le guiñó un ojo.

Shimo rió, dejando su silla para arrodillarse junto a la suya y abrazarse a su cintura.

-Realmente te extrañé.- murmuró con el rostro enterrado en su blusa. Karin sintió las lágrimas inundar sus ojos, sin embargo se contuvo para no derramarlas. Ya había llorado demasiado anoche y esta misma mañana. –Quisiera quedarme más pero… realmente debo ir a la escuela.- se apartó volviendo a ponerse en pie. -¡Oh, casi lo olvido!-sacó su celular. –Te daré mi número.-

La mujer tomó su celular de la mesa y ambas intercambiaron números, pero antes de que su hija pudiera guardar su celular la tomó de la muñeca cuando una idea le surgió. No era una idea que le gustará, pero al menos debía intentarlo.

-Podrías…- tragó saliva. -¿Podrías pasarme el número de tu padre? Solo por las d-dudas.- se frotó la nuca nerviosamente.

Ella la miró insegura, no obstante aun así le dictó el número telefónico de su progenitor.

-¡Muy bien, ya es demasiado tarde! ¡Debo irme!- una vez guardó su celular, fue a buscar su abrigo y corrió hacia la puerta, pero volvió a besarle la mejilla al ver que se había quedado muy atrás puesto que con su cojera no podía caminar muy rápido que se diga. -¡Adiós, mamá! ¡Espero verte pronto!- le sonrió dulcemente antes de irse cerrando la puerta tras ella.

Una vez estuvo sola, Karin rápidamente se sentó en el sofá y estiró las piernas, siseando de dolor. ¡Maldita sea! Ella salía a correr regularmente y jugaba futbol con su hijo siempre que podía, pero hace mucho que no le exigía tanto a su cuerpo como anoche.

Y es verdad que había deseado por años estar con él otra vez, y que la hizo sentir muy, muy bien, pero ahora se arrepentía muchísimo y no solo por el dolor muscular sino que por que la haya dejado de forma tan frívola haciéndola sentir como una zorra barata.

Y sin embargo él era el padre de su hijo, y lo quería en su vida incluso sí hacía la suya propia miserable con solo verlo.

Fue con un suspiró que tomó su celular y buscó el numero recientemente adquirido de su ex esposo presionando en el botón de llamar para luego presionar el aparato en su oreja. Toshiro normalmente no contestaba números desconocidos en su celular privado así que tuvo que marcar varias veces antes de que por fin atendiera.

-¿Quién es?- preguntó groseramente.

-Toshiro, soy yo, por favor no me cuelgues.- suspiró cansinamente, ya físicamente agotada solo con oír su voz. No sabía cómo aguantaría volverlo a tener frente a ella, pero debía intentarlo.

-Ka… Kurosaki ¿qué quieres?- puso notar la cautela en su tono.

-Necesito que vengas. Ahora mismo sí no tienes ninguna reunión o algo demasiado importante como para cancelarlo.-

-¿No puedes esperar a que termine de trabajar?-

-Para cuando termines de trabajar Kiui ya estará aquí y yo tal vez ya haya perdido las ganas de hacer lo que voy a hacer así que aprovecha y ven lo antes posible. Tienes una hora y media para aparecerte, me iré después.- sin más colgó.

Marcó el número de Videan y le avisó que llegaría dos horas tardes porque no se sentía muy bien. Ella le dijo que no había problema y que podía tomarse el día libre sí quería, pero Karin claro que le dijo que con dos horas bastaría, no quería faltar al trabajo a menos que fuera absolutamente necesario. Calculaba que con dos horas descansando ya sería capaz de caminar normalmente.

En media hora, para su sorpresa, Toshiro se apareció tocando la puerta y ella le gritó que pasara, por lo que se adentró en la casa hasta llegar a la sala y le indicó que se sentará en el sillón frente al sofá donde estaba sentada.

-¿Finalmente vas a decirme qué quieres?- preguntó mientras se sentaba en el sillón dejando su maletín a un lado del mismo. –Tengo que volver al trabajo pronto.- la mujer se paró con dificultad del sofá y se encaminó hacia el hombre lentamente, ya sin querer esforzarse para mejorar y volver al trabajo cuanto antes. -¿Estás bien?- él notó lo extraño de su caminar. –Pereciera que…- ella no lo dejó terminar de hablar.

Apenas estuvo lo suficientemente cerca de él, toda su furia estalló y le volteó el rostro de una bofetada.

-Eres un bastardo miserable.- escupió entre dientes. –Debería echarte de mi casa y de mi vida, al igual que de la vida de Kiui, pero no lo haré porque sé que Shimo quiere que ustedes dos se lleven bien. Y también quiero que Kiui tenga a su padre, sin importar que este sea un gran imbécil.- se cruzó de brazos. –Ah, y feliz cumpleaños, hijo de puta.- sonrió cínicamente.

-Gracias, prostituta infiel.- masculló él con frialdad mientras frotaba su mejilla roja. Ella quiso abofetearlo de nuevo, pero sostuvo su mano antes de que pudiera y la empujó lejos con brusquedad. -¿Me llamaste solo para abofetearme?- alzó una ceja con desinterés.

Ella gruñó. Ya se arrepentía de haberlo hecho venir, no obstante ya estaba aquí así que lo mejor era acabar con esto de una vez.

-No, de hecho planeaba darte tu regalo de cumpleaños, porque a diferencia de lo que puedas creer las horas de sexo anoche no fueron el regalo de esta prostituta.- murmuró amargamente acercándose a la estantería donde varios libros polvorientos reposaban casi olvidados puesto que ella estaba demasiado ocupada para leer y a Kiui le gustaba más jugar. Sacó un gran libro muy grueso y se lo arrojó a la cara a Hitsugaya, que lo atrapó con facilidad utilizando una mano.

-¿Qué es esto?- miró con curiosidad el gran libro.

-Ábrelo.- volvió sobre sus pasos para sentarse en el reposabrazos del sillón.

Él abrió el libro y de inmediato sus ojos se ampliaron al ver que se trataba de un álbum de fotografías.

-¿Nuestra luna de miel?- susurró con voz apenas perceptible viendo las primeras imágenes.

-Este es el álbum que Yuzu nos regaló en nuestra boda.- sonrió con cariño al pensar en su fallecida hermana. –Solo pusimos un par de fotos de nuestro viaje a Okinawa y un par de fotos de cuando estaba con Shimo en el vientre y cuando lo encontré le agregue unas cuantas fotos de cuando ella era una bebita. Lo demás son todas fotos de mi segundo embarazo y de Kiui bebé. Después solo llegué hasta que tuvo tres años antes de que se llenara. Entonces compré otro álbum, pero aún no te lo daré. También tengo muchos videos, pero tampoco pienso mostrártelos por el momento. Y sí quieres…-

-Karin.- la interrumpió de pronto. -¿Por qué me das esto? No creí que quisieras regalarme algo tan valioso con lo mucho que pareces odiarme.- frunció el ceño mientras pasaba un par de páginas del álbum, aunque su gesto se suavizó al ver una foto de Shimo bebé.

-No te lo estoy dando.- rodó los ojos. –Bueno, sí te lo estoy dando, pero solo para que saques copias de las fotos o lo tengas un par de días, tendrás que devolvérmelo en unas semanas.- se encogió de hombros. –En realidad quería que lo vieras con Shimo, y Momo-san y Rangiku-san que también querrán ver las fotos, supongo.- él la miró con el rostro en blanco, antes de bajar la mirada.

-…Lo siento…- ella lo miró con sorpresa. –Lamentó haberte llamado… como te llamé… Y lamento haber sido tan… rudo, anoche. No era mi intención lastimarte.- musitó con las mejillas un poco rojas, provocando que el rostro de su ex esposa se volviera rojo escarlata.

-Ya no importa, te abofetee así que ya no me siento tan molesta.- se encogió de hombros una vez más. –Y el dolor se me pasará en un rato, aunque hubiera sido bueno tener a alguien que me ayudara a levantarme en la mañana cuando me sentía peor pero me acosté con un bastardo hijo de puta así que obvio eso era mucho pedir.- gruñó cuando un poco de su rencor no pudo evitar salir a flote.

Él hizo una mueca.

-Parece que sigues bastante molesta a pesar de la bofetada.- murmuró con amargura cerrando el álbum. –Sabes, al menos confirmé que Shimo salió igual que tú en eso. Las dos abofetean bastante fuerte.- volvió a frotar su mejilla afectada.

-¿Shimo te abofeteó?- lo miró con la boca abierta. –Eso es imposible, ella te ama demasiado, nunca lo haría.- él podía ser un bastardo hijo de puta y todo, pero su bebita lo adoraba incluso desde dentro de su vientre, siempre pataleando contenta al oír su voz.

-Lo haría después de que yo le revelará que tú me dijiste que estabas embarazada y no te creí. Tendrías que haberla visto… ella estaba increíblemente enojada. Incluso me insulto y dijo groserías.- Karin siguió boquiabierta. ¿Su bebé diciendo groserías? No podía imaginarla, ella parecía tan inocente como cuando tenía siete años. –Luego se disculpó y nos reconciliamos, claro, pero me culpa totalmente por haberla separado de su hermano.- apartó la mirada. –Y ahora parece que seguirán separados. Él nos odia a ambos.- ´

-Acaban de conocerlos y está molesto. Ya se le pasará.- al menos eso esperaba. –Como sea… ya deberías irte, yo también tengo que ir a trabajar en un rato.- sí las piernas se lo permitían, claro.

-¿No te sientes demasiado mal para eso?- la miró con ojo críptico. –Deberías quedarte a descansar sí tú…-

-Toshiro, ya no eres mi marido, no tienes que preocuparte por mí.- lo interrumpió fríamente.

Él se quedó con la boca abierta por un momento, como sí no supiera qué decir, luego tragó saliva y apartó la mirada.

-Cierto. Has lo que quieras.- se encogió de hombros. –Gracias por el álbum, te lo devolveré en una semana, esperó.- se puso en pie abrazando el libro contra su pecho. –Y sí necesitas algo, cualquier cosa, para Kiui o para lo que quieras, puedes llamarme.- tomó su maletín y empezó a caminar hacia la salida. –Nos vemos.- murmuró, y un segundo después ella escucho el portazo que dio al irse.

Se dejó caer en el sillón, maldiciendo internamente.

Eso había salido aún peor de lo que pensó, pero al menos no estaba llorando. Eso era una buena señal.

.

-Te lo digo, Kimi-chan, ese tipo era su novio. ¿Por qué otra razón viviría en su casa?- refunfuñó Shimo en medio de la hora del almuerzo mientras esperaban que Hei se apareciera. –Él la abrazó y ellos compartieron el desayuno y él la llamaba "Karin-san".- imitó con voz chillona. –Él era muy amable y Kiui parecía quererlo… ¡aun así no me agrada!- frunció el ceño.

-Pero hay algo que no entiendo…- murmuró Kimi pensativa. –Dijiste que ella estaba cojeando ¿verdad?-

-Sí… No lo noté al principio, pero la verdad tenía mucha dificultad para caminar.- murmuró pensativa. –Pobrecita, esperó que ya está bien. No sé qué tendrá para estar así de…- fue interrumpida por las risas de su mejor amiga. -¿Qué es tan gracioso, Kimi-chan? ¡Mi mamá se sentía muy mal!- la miró con disgusto por encontrar divertido el sufrimiento de su pobre y amada madre.

-Más bien adolorida.- meneó las cejas sugestivamente. Shimo solo parpadeó. –Sabes, Copito, a veces odio que seas tan inocente.- puso los ojos en blanco. –Pon tu mente de genio a trabajar y suma dos más dos. Tu padre llegó muy tarde en la madrugada anoche, tu madre amaneció muy adolorida esta mañana. ¿Qué crees que pasó?- la menor de las dos frunció el ceño… y luego se encogió de hombros, sin tener la menor idea. –Agh, sí serás… ¡Tus padres tuvieron una noche de sexo alocado!-

-¡Kimi-chan, no digas eso!- chilló de inmediato, con el rostro completamente en llamas.

-¿Y ahora qué demonios le hiciste a la chiquita, Kimi?- Hei eligió ese preciso momento para aparecerse, con sus dos primos detrás de él mirándola con curiosidad.

-¿Estás bien, Shimo-chan?- sus primos hablaron al mismo tiempo, sentándose cada uno en uno de sus lados, ya que Kimi esta vez estaba sentada frente a ella, por lo que Hei se sentó a su derecha.

-Yo no le hice nada, solo señalé lo obvio.- se excusó Kimi alzándose de hombros.

-¿Y qué es lo obvio?- en ese momento los hermanos Vorarlberna se aparecieron y se sentaron cada uno en los extremos de la mesa. –Porque parece que Hitsugaya-chan está muy avergonzada.- continuó con su oración el mayor de los rubios de ojos verdes.

-No es asunto tuyo, niño rico.- gruñó Hei.

-Dejen de pelear, por favor. Me duele la cabeza.- Shimo por fin desenterró el rostro de entre sus manos y se frotó las sienes. –Ayer fue un día muy duro…-

-¿Qué te pasó?- preguntó Miyu preocupada.

-Yo… te contaré luego.- sonrió nerviosamente, no queriendo decir nada frente a Yiu y Yui. No es que los rubios le desagradaran, pero sí que la incomodaban un poco aunque no estaba segura de por qué. –Hoy es el cumpleaños de mi padre, pero puedes venir mañana a mi casa y hablaremos tranquilas.-

-Claro, suena bien.- le apretó el hombro cariñosamente. –Deséale feliz cumpleaños a Oji-san de mi parte, esperó poder verlo mañana, ha pasado mucho tiempo.-

-Yo a la que quiero ver es a Oba-san.- refunfuñó Yukiteru. (N/A: Oba-san significa tía, Obaa-san o Baa-chan es abuela.)

-Ya pronto la veras, Nii-chan, deja de quejarte.- Miyu lo miró con un puchero irritado.

-¿Verán a mi mamá? ¿Cuándo?- los miró con ojos interesados.

-Pues en navidad.- dijeron los dos de nuevo al mismo tiempo.

-Hmm…- Shimo se quedó pensativa, pero no dijo nada más.

A la salida de la escuela, jaló de la muñeca a Kimi y Hei para correr hacia la escuela primaria en un intento por interceptar a Kiui y acompañarlo a casa, pero al verla su hermanito hizo una mueca y arrastró a su amiguita Kelly para dejarlos atrás. Eso hizo su ánimo desinflarse, por lo que no le quedó de otra que cambiar el rumbo para volver a la mansión.

Hei salió disparado directo a la cocina para asaltar la nevera, probablemente, por lo que Shimo aprovechó y jaló a Kimi hacia su habitación para continuar su conversación de antes.

-Oye, ahora que lo pienso…- murmuró la pelirroja mientras se recostaba sobre sus muchas almohadas color azul pastel. -¿No te dijo tu prima que tu mamá está soltera? Sí está soltera entonces ese hombre que viste no puede ser su novio, y más porque sí lo fuera no se habría acostado con tu padre ¿no crees?-

-¡Eso no lo sabemos con certeza!- refunfuñó Shimo mientras se sentaba en uno de los almohadones de su cuarto.

-¡Pero claro que sí!- rodó los ojos. –Es obvio. ¿Por qué estás tan en contra de la idea? ¿No qué querías que tus padres estén juntos otra vez? ¿O ya no quieres?- alzó una ceja.

-¡Claro que quiero! Es lo que más quiero.- suspiró con tristeza. –Lo he querido desde siempre, desde que nos separamos. Solo quiero estar con mi padre y mi madre juntos otra vez, y desde que sé de Kiui lo quiero mucho más. Quiero que los cuatro seamos una familia otra vez.- la idea la hizo sonreír, sin embargo su rostro se enserió poco después. –Pero todo está saliendo mal. Kiui me odia y también odia a papá, nuestros padres se odian entre ellos y yo aún no los perdonó; a él por alejarnos de Kiui y a mamá por engañarlo con ese rubio. Todos estamos odiando a alguien. Eso no es bueno en una familia.- hundió con pesar sus mejillas en sus puños.

-Tu familia ha estado rota mucho tiempo, Copito.- Kimi se levantó de sus cojines para mirarla con tristeza. -¿No crees que es mejor… desistir? Incluso sí tus padres estuvieron juntos anoche tal vez lo mejor para ellos es estar separados. Sí se odian tanto entonces forzarse a tener una relación solo por sus hijos no es saludable.- recomendó aunque con pena.

-Ya sé, no quisiera forzarlos… ¡Pero es que estoy tan convencida de que aún se aman!- se levantó de golpe del almohadón. –Mi papá ha estado soltero por muchos años, y todavía tiene esa fotografía en su escritorio. Mamá no dejaba de mirarlo ayer, y quería creer que ella también ha estado soltera, pero luego apareció ese Kouzu-san.- pisoteó. –No quería creer que fuera su novio, ella no lo mira para nada del mismo modo en el que miraba a mi papá, pero él vive en su casa y la abraza y comparten el desayuno y Kiui lo quiere y…- su ánimo volvió a desinflarse. -¿Qué tal si llegamos tarde?- se abrazó a sí misma.

¿Ya habrían perdido la oportunidad de ser una familia? Era la primera vez que se lo planteaba desde que se enteró de la existencia de su hermanito. La verdad no quería ni pensar en ello. Antes de que ese Kouzu apareciera había creído firmemente que todo se arreglaría, no obstante ese hombre implantó una duda en ella.

¿Era demasiado tarde?

-Bueno, sí realmente el tal Kouzu-san es novio de tu madre, entonces ella lo engañó con tu padre anoche.- comentó Kimi con la mirada fija en el techo. –Eso significa que tanto no lo quiere, y sí tanto no lo quiere… podemos separarlos.- volvió la mirada a ella con una sonrisa traviesa.

-¿Estás totalmente convencida de que mi padre llegó a la madrugada anoche?- preguntó un poco insegura todavía.

-Sip, mi madre, Hei y yo nos quedamos hasta tarde mirando películas y no escuchamos el auto de tu papá en ningún momento. Él tuvo que llegar después de las tres y media, lo que da tiempo suficiente a que haya estado con tu pobre mami que esta mañana apenas podía caminar.- meneó las cejas una vez más. –Es sumar dos más dos, Copito.- ella apartó la mirada, con el rostro muy rojo.

-Bien, entonces supongo que sí estuvieron juntos.- no necesitaba esa imagen mental pero ni modo. –No debería extrañarme, mi mamá ya engañó a papá así que ahora está engañando a su nuevo novio.- no le gustaba pensar en eso, constantemente reprimía el recuerdo, no obstante sí su mamá ya engañó una vez podía engañar otra vez.

-Esta vez tu padre es el amante, qué ironía.- Kimi rió.

-Y eso significaría que ella no quiere tanto a su nuevo novio, o bien que ama más a mi padre. Por lo tanto no debería ser tan difícil hacerla terminar con ese tipo.- un poco de esperanza regresó a ella. -¿Pero cómo?- miró desesperada a Kimi. –No soy buena con las ideas maliciosas. ¿Deberíamos llamar a Hei?- él siempre fue talentoso en destruir cosas, ya sea propiedad privada o relaciones.

-Oye, yo también tengo un buen historial de travesuras.- su mejor amiga se vio casi ofendida. –De hecho estaba pensando en un modo de confirmar sí tu madre todavía ama a tu padre. Es de un modo muy sencillo, de hecho.- se jactó.

-¿Qué tienes en mente?-

-Simple.- sonrió con falsa inocencia. –Dile a tu mamá que tu papá está saliendo con mi madre.- sugirió.

Shimo la miró con el rostro en blanco, antes de lanzarle una almohada.

-¡Esa es una idea terrible!- le chilló frotándose las sienes.

-¡Claro que no! ¡Es brillante!- insistió. –Le diremos que mi madre es novia de tu papá, sí se pone celosa aún lo ama, sí no le importa dejamos de perder el tiempo en esto. ¡Es rápido y efectivo!-

-Bien, supongamos que lo hago.- Shimo cruzó los brazos sobre su pecho, sus ojos brillando con frialdad hacia su mejor amiga. –Se ponga celosa o no… ¿Qué seguiría después? Tarde o temprano descubrirá que es mentira y tal vez solo empeoré las cosas.-

-No necesariamente.- se encogió de hombros. –Simplemente dile… ¡Dile que tu papá y mi madre salen juntos desde hace mucho tiempo! No es del todo una mentira.- sonrió pícaramente.

-…Esto no va a terminar bien…- gimoteó ya sabiendo que cedería ante la idea de Kimi. Siempre fue mala diciéndole que no.

.

-¿Entonces tienes un papá y una hermana?- susurró Kelly con los ojos muy abiertos una vez Kiui finalizó con su historia sobre los acontecimientos del día anterior.

-Por desgracia.- asintió secamente.

Su madre se quedó haciendo horas extras en clínica, así que se quedaría con Kelly y el señor Ishida hasta que la tía Videan volviera con su madre y ella lo llevara a casa donde probablemente cenarían lo que su tío Kouzu les tuviera preparado y luego irían a dormir.

-Siempre supe que había algo raro en Onee-chan, también note que se parecía mucho a ti, aunque jamás podría haber imaginado que era tu hermana.- murmuró asombrada. –Y es que wow… parece de película.-

-Película de terror.- refunfuñó el niño.

-Pero ahora tienes un papá. ¿No estás feliz? A mí me gusta tener a mi papá y a mi mamá, y tampoco me hubiera molestado un hermano mayor.- balanceó sus piernas sentada en su cama junto a él.

-No quiero un papá. ¿De qué me serviría? Todos dicen que sus papás juegan al futbol con ellos y hacen bromas divertidas, pero mamá ya hace eso conmigo, y por lo poco que vi de mi papá, parece un tipo aburrido.- bufó. –Mejor que vuelva a Tokio y que se lleve a su hija también. ¡Ella es una mentirosa!-

-A mí me agrada Onee-chan.- musitó la niña, ignorando la mala mirada que le lanzó el niño. –Ella es linda. ¿Por qué no le dices que te pida perdón y ya? Las mentiras no son taaaaaan graves, todos mentimos, incluso tú le mientes a tu mamá a veces.- lo señaló con una mirada acusadora.

-¡Es diferente!- gruñó un poco a la defensiva. –Tú no sabes lo que estoy pasando así que mejor no opines.- se cruzó de brazos.

-Bien, bien.- ella rodó los ojos. -¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Solo seguirás enojado todo el tiempo? Tu mamá te regañara.- señaló.

-Ya lo sé… Ella realmente quiere que Hitsugaya se quedé. Pero seguro que no me dirá nada por negarme a ver a Hitsugaya, creo que ella tampoco quiere que Hitsugaya esté en la casa así que en eso no me discutirá. El problema es que, aunque no quiere a Hitsugaya, sí quiere a Hitsugaya, así que…-

-¡Kiui, ya para!- chilló Kelly frenando su palabrería. -¿Por qué llamas a los dos por su apellido? Tienen nombres así que úsalos, o llámalos tu padre y tu hermana, es demasiado confuso cuando haces eso…- lo miró mal.

-Da lo mismo.- chasqueó la lengua. –No pienso llamarlos así. Son extraños, no llamas a los extraños como si fueran tu familia.-

-Pero tal vez no sea tan malo. ¿Recuerdas a nuestro compañero de clase llamado Rinji? Sus padres están separados y su papá siempre le da mucho dinero y regalos geniales.- le recordó.

-Sí, pero él tiene que ir a pasar todos los fines de semana en su casa. ¡Yo no quiero dejar a mamá para estar con ese tipo que ni conozco! Prefiero que me dé bronquiolitis otra vez.- apenas decir eso, estornudó. –Oh, rayos… ¡Me retractó, me retractó! No quiero bronquiolitis, en unos días es navidad y ya empiezan las vacaciones de invierno.- lloriqueó frotándose la nariz.

-¡Eso te pasa por tonto!-

-¡Cállate, cabeza de chicle!-

-¡Sí quiero, rey de los tontos!-

-¡Ese insulto apesta, sabelotodo descerebrada!-

-¡Al menos tiene sentido, no como todo lo que acabas de decir, mula terca!-

-¡No soy mula, tú lo eres!-

-¡No, tú!-

-¡No, tú!-

Siguieron gritándose hasta que el padre de Kelly llegó y fueron obligados a disculparse y bajar la voz. Luego de eso perdieron interés en el tema anterior y simplemente se pusieron a jugar lucha de pulgares hasta que la madre de Kiui finalmente llegó a recogerlo.

Una vez llegaron a casa de inmediato el buen tío Kouzu les sirvió la cena donde hablaron de cosas que nada tenía que ver con padres o hermanas. Y todo habría estado bien… de no ser porque un repentino ataque de tos sacudió todo su cuerpo justo antes de que pudiera tomar el último bocado de su plato.

-¡Kiui!- su madre de inmediato corrió a su lado y presionó una mano en su frente. –No tienes fiebre…- suspiró aliviada. -¿Te duele la garganta? ¿Te duele el pecho? ¿La cabeza? ¿Has estado…?...-

-Estoy bien, mamá.- una vez terminó de toser, de inmediato intentó tranquilizarla. –Solo un poco de tos, es normal en estas épocas. Mañana empieza el invierno.- le recordó con una sonrisa nerviosa, deseando que el karma no quisiera vengarse por lo que dijo antes y en serio le diera bronquiolitis.

-Bien…- ella se apartó un poco desconfiada. –Aun así mañana te llevaré a la clínica y te revisaremos junto con Vid-nee-san, ¿quedó claro?- uso su voz severa.

-¿Puede ser después de la escuela?- suspiró desganado. Odiaba tener que hacer el chequeo médico, porque generalmente encontraban otras razones para darle más de esas horribles medicinas.

-Lo pensaré.- le pellizcó dulcemente la mejilla.

Refunfuñando, Kiui decidió ir a ver cómo estaban sus mascotas pese a que estaba más cansado que de costumbre. Pero bueno, ya luego iría a dormir.

.

Una vez acabó su indeseada cena de celebración por su cumpleaños, Toshiro escapó de los intentos de Matsumoto y Mijow de querer emborracharlo y se encerró en su despacho. Una vez dentro notó el álbum que su ex esposa le había dado y no pudo resistir la tentación de caminar hacia su escritorio, sentarse y tomarlo.

Había querido esperar a verlo con su hija, pero no estaba seguro del impacto emocional que esto tendría en él así que no le haría mal echarle un vistazo, aunque sea a las primeras páginas, solo para prepararse emocionalmente a la hora de verlo con Shimo.

Abrió el álbum y sus ojos volvieron a encontrarse con las imágenes de él y Karin en su luna de miel. Eran muy pocas, pero aun así lo golpearon con fuerza. En una de las imágenes ellos estaban totalmente despeinados y con ojeras pues acababan de despertar de una larga noche de no parar de hacer el amor y ella estaba tan feliz que tomó la cámara, lo arrastró al balcón y les sacó una foto con la playa de fondo.

Había otro par de fotos en las que prefirió no pensar mucho y en cambio comenzó a ver las fotos de ella en su primer embarazo. Él estaba en cada una de esas fotos, abrazándola por detrás con una mano en su vientre, cargándola, rodando los ojos ante su desastroso intento de cocinar, besándola… Prefirió pasar rápido por esas imágenes y se topó con la cosa más tierna que alguna vez hayan visto sus ojos: Shimo bebé.

No pudo evitar sonreír ante las pocas imágenes de su bebita siendo literalmente una bebita, tampoco eran muchas pero eran muy valiosas y se maldijo no por primera vez de no haberse llevado las fotos con él. Había querido evitar llevarse las fotos donde Karin apareciera también, pero debía admitir que las mejores fotos eran con ella, contenían los recuerdos más felices de su vida, estando los tres juntos.

Pero ahora eran cuatro, eso lo comprobó al seguir pasando páginas y ver a las fotos de Shimo detenerse abruptamente. Entonces vio un collage de Karin posando de costado con una mano en su vientre apenas abultado, señal de que estaba probablemente a fines de sus dos meses de embarazo.

Las siguientes páginas contenían collages de ella posando de costado para mostrar el crecimiento de su vientre a lo largo de los nueve meses. Y aunque se veía muy bonita (no es que fuera a admitirlo), apenas prestó atención a eso.

Lo primero que notó fue el cambio de vivienda. En el primer collage ella seguía en la casa donde criaron a Shimo hasta su divorcio, pero luego la casa desapareció dándole lugar a una especie de departamento con paredes mohosas.

Luego notó la ropa. Karin nunca fue de las que le dieran mucha importancia a las prendas de vestir, pero sí que exigía cierta calidad en sus atuendos, sin embargo la ropa se veía cada vez más y más desgastada pese a que eran prendas que no conocía y que por lo tanto debían ser nuevas.

Lo siguiente que notó lo hizo estrechar los ojos y tensar la mandíbula. Aun con el embarazo más avanzado, ella seguía usando uniformes de enfermera y de camarera, seguía teniendo ojeras en prácticamente todas las fotografías, se veía más pálida de lo normal y sus brazos eran más delgados que nunca.

¿Qué demonios había estado pasando durante su embarazo? ¿Y por qué demonios él no estuvo allí para cuidar de ella? Tal vez debería haberse dejado emborrachar después de todo, quizás así no se sentiría tanto como una mierda, otra vez.

El pensamiento no se quedó mucho en su mente, sin embargo, porque luego se encontró con la nueva cosa más tierna que habían visto sus ojos: Kiui bebé.

Cualquier otro pensamiento voló fuera de su mente ante la imagen de su hijo más pequeño recién nacido. En esa foto debía tener solo un par de días, estaba siendo sostenido por Karin que sonreía orgullosa a la cámara y era tan pequeño que probablemente su cabecita habría cabido perfectamente en su mano… sí hubiera podido cargarlo…

Un nudo se instaló en su garganta al recordar el desprecio con el que su hijo lo había mirado la noche anterior.

No debería ser así. Nada debió ser así. Se sentía como el peor padre del mundo y una parte de él quería estrangular a Karin mientras que otra solo quería rogarle perdón de rodillas; pero la mayor parte de él no quería nada más que abrazar a su hijo, poder escuchar que lo llamará papá, disculparse por haberle fallado incluso desde antes que naciera.

Miró la siguiente foto casi con temor, notando que en esa él tenía sus ojitos bien abiertos, dejando notar el color turquesa brillante idéntico al suyo, ojos que miraban curiosos a su madre mientras ella acariciaba su mejilla con ternura.

Observó cada imagen de su hijo bebé con atención, sin poder dejar de mirar pese a que el nudo en su garganta solo se hacía más y más grande. Se sentía un poco masoquista por no poder apartar los ojos, pero quería seguir mirando. Estas fotos eran lo único que tendría de consuelo para todo lo que se había perdido, aunque más que consolarlo solo aumentaba su impotencia y rabia hacia sí mismo, y aun así no quería dejar de mirar.

Kiui era un bebé muy lindo, no podía decidir quién era más adorable entre él y su hermana a pesar de que extrañamente tenía un semblante serio y enojón en la mayoría de las fotos, pero eso no le quitaba lo adorable sino todo lo contrario. Cuando encontró una foto de él por fin sonriendo, no pudo evitar sonreír también.

De repente, fuertes golpes en la puerta lo hicieron levantar la vista del gran álbum de fotografías.

-¡Papá! ¡¿Estás ahí?! ¡Llevo golpeando un largo rato! ¡Voy a entrar!- la puerta se abrió lentamente y su hija asomó la cabeza con duda. -¿Estás…? ¡Oh, sí estás! ¡Tengo tu re…!...- entró y comenzó a acercarse a él con una sonrisa, pero esta de golpe se esfumó. –Papá… ¿estabas llorando?- lo miró preocupada.

Toshiro parpadeó, dándose cuenta solo entonces que sus ojos estaban aguados. Seguramente se veían rojos y por eso ella pensó que estuvo llorando cuando en realidad estaba a poco de hacerlo. Agradecía la interrupción, siempre detestó llorar. Sabía que era humano y tenía sentimientos y eso, pero llorar seguía siendo una de las muestras de debilidad más grandes que existían y odiaba sentirse débil. Se suponía que él era fuerte, fuerte por todos sus seres queridos, por su hija… y ahora por su hijo también.

-No.- tomó aire en un intento de recomponerse. -¿Qué sucede, Shimo? ¿Necesitas algo?-

-Yo… umm…- dudó un poco, pero luego metió la mano en uno de los grandes bolsillos de su sudadera y sacó su libreta de dibujo, y aparte un marco de fotografía. –Tengo tu regalo de cumpleaños.- sonrió vacilante.

-Oh.- eso lo hizo sonreír. Ella siempre esperaba al final del día para darle un regalo. -¿Qué tienes para mí, cariño?-

-Bueno… Primero que nada: esto.- sacó una hoja ya arrancada desde dentro de su libreta y se la tendió.

Él miró curioso la hoja, y casi se atraganta al ver un dibujo perfectamente detallado y realista de la playa de Okinawa.

Okinawa solía ser su lugar favorito para vacacionar, incluso aunque siempre odio la playa, se convirtió en su lugar favorito porque Karin lo amaba. Siempre que podían iban aunque sea un fin de semana y claro que llevaban a Shimo, que también amaba el lugar. Después de que se divorciaron solo llevó a Shimo allá una vez, y fue por un viaje de negocios, ninguno disfrutó de la estadía allí; demasiados recuerdos.

A pesar de que la playa ahora era solo fuente de recuerdos agridulces, por alguna razón Shimo creyó buena idea hacerle un dibujo de ella en su cumpleaños. Claro que también había dibujado muy detallado y hermoso como siempre a Hyorinmaru, su dragón favorito de la mitología japonesa, saliendo del océano para emprender vuelo hacia las nubes.

Le provocaba sensaciones encontradas, pero aun así era un dibujo hermoso, incluso se tomó la molestia de colorearlo. Y el que sea hecho por su hija lo hacía apreciarlo aún más.

-Gracias.- le sonrió suavemente mientras colocaba la hoja con cuidado junto al álbum. Luego se encargaría de enmarcarla y colocarla en su habitación o tal vez su oficina, igual que hacía con cada dibujo que ella le daba.

Su primer dibujo, hecho cuando solo tenía un año de edad y a pesar de que contenía a Karin en él, seguía enmarcado colgado en lo alto de su oficina. Ella había intentado dibujar a su pequeña familia de tres, y era un dibujo increíblemente bueno para una bebita de un año, así que, ex esposa infiel en él o no, todavía lo atesoraba.

-De nada.- sonrió aliviada, probablemente habría pensado que podría no gustarle. Quiso decirle que todo lo que ella hiciera era precioso, pero entonces siguió hablando. –Y ahora… aquí tienes mi segundo regalo.- le tendió el marco.

Era un marco bonito, de madera tallada y de apariencia resistente, pero él no podía dejar de notar un pequeño detalle. Estaba vacío.

-¿Esto es… para el dibujo?- preguntó dudoso, ya que no creía que cupiera.

-No.- rió, aunque después su gesto se ensombreció. –Es para… es por sí algún día decides dejar de maltratar la foto de tu boda y darle un marco digno.- murmuró en voz apenas audible.

Él casi deja caer el marco.

-¿Qué?- susurró para no chillar. -¿De qué hablas?... ¿Cómo sabes de esa foto?- reformuló la pregunta al darse cuenta de que era muy obvio de qué estaba hablando.

-La encontré un día por casualidad… Hace un par de años.- él se llevó una mano a la frente. ¡Maldita sea! –Sé que todavía la tienes, y sé que tal vez quieras romperla, teniendo en cuenta el nivel de daño que le has hecho al marco y al cristal… Pero sí decides algún día sacarla de ese cajón no para algo más que romperla… Bueno, ahí tienes un marco.- sonrió nerviosamente.

-Shimo…- se frotó las sienes. –Mira, te agradezco tu regalo, pero no sé sí usare el marco para lo que quieres. Probablemente encuentre otra foto que usar.- se cruzó de brazos, sin realmente querer hablar de la foto que creyó tener bien escondida. Ella hizo un puchero. –No me mires así, Shimo. No sé en qué estés pensando pero mi relación con tu madre ya es historia. Se acabó.- dijo tajante.

Entonces, por alguna razón, ella pareció enojarse mucho. Lo miró roja de la ira, con sus ojos llenos de indignación.

-Y sí realmente es historia y ya se acabó…- se llevó los puños a la cintura. -¿Entonces por qué te acostaste con ella anoche, eh, papá?- lo miró con ojos entrecerrados.

Él la miró con el rostro completamente desencajado por la sorpresa. ¿Su bebé acababa de hacerle una pregunta respecto a su vida sexual? ¡¿Qué el mundo ya se había vuelto loco?! ¡¿Y cómo demonios se enteró, de todos modos?! ¿Karin no le dijo, verdad? No, ella no lo haría. Será traicionera pero nunca fue estúpida. Y Shimo… Shimo tampoco era estúpida, pero aun así nunca esperó este tipo de cosas de ella.

-Y-yo… yo…- tartamudeó, sintiendo su rostro arder por la completa vergüenza. Se sentía como sí él fuera el adolescente aquí. –C-co… c… ¿Cómo sabes eso?- finalmente soltó patéticamente, sin saber qué más podría decir al ser atrapado con la guardia baja.

Shimo se quedó con la boca abierta.

-¡Entonces sí era cierto!- lo señaló incrédula y él quiso abofetearse. ¡Maldita sea! ¡Debería haberlo negado todo! Ahora ya era tarde… ¡Qué idiota! –Tú y mamá…- ella también se sonrojó, pero luego su rostro palideció y lo miró con ojos muy abiertos. –Oye… no es que quiera detalles ni nada, por favor no… pero según la clase de educación sexual me veo en la obligación de hacerte una pregunta muy importante.- lo miró ceñuda. -¿Sí usaron protección, verdad?- ahora él palideció.

Y entonces, hizo algo que nunca creyó que haría frente a su hija, menos gritando, y menos jalándose de los cabellos como un psicópata: maldijo.

-¡MIERDA!-

Y ella hizo algo totalmente fuera de lugar, en vez de mostrarse disgustada o sorprendida por su lenguaje, jadeó con el rostro lleno de felicidad expresada en una enorme sonrisa.

-¡Otro hermanito!- aplaudió entusiasmada.

Él la miró con el rostro en blanco. Casi no reconocía que esta fuera su hija, pero en la situación actual no estaba dispuesto a lidiar con ella, no cuando parecía la reencarnación de Yuzu mezclada con la capacidad de Matsumoto y Hinamori de sacarle canas verdes.

-Hitsugaya Shimo, ve a tu habitación en este preciso instante.- mandó señalando la puerta de su oficina.

Eran pocas las veces en las que se veía en la necesidad de castigar a su hija, aun así ella no pareció molesta, sino que se fue casi brincando mientras seguía balbuceando cosas sobre "otro hermanito" y "ahora sí se tendrán que casar otra vez" entre otros disparates que prefirió ignorar.

Enterró el rostro entre sus manos y gimió pesadamente. Este definitivamente era de lejos el peor cumpleaños de su vida…

Las palabras de su hija resonaron en su mente.

¿Podría ser verdad? ¿Su irresponsabilidad lo perseguiría haciéndolo lidiar con aún más consecuencias por sus actos impulsivos?

¿Karin podría estar embarazada?

Ya no era tan joven, pero tampoco era tan mayor. Tenía treinta y cuatro, algunas personas decidían tener hijos a esa edad. Y ella siempre fue especialmente… fértil… Salió embarazada de la única vez que de idiota irresponsable olvidó usar protección cuando tenían diecisiete, y también de la única vez en meses que tuvieron relaciones poco antes de divorciarse. Sí no estaba usando ningún tipo de anticonceptivo, entonces la probabilidad era alta.

Tragó saliva y miró a su celular. Ella lo llamó esa mañana, así que tenía su número guardado en el móvil. Era tarde en la noche, aunque no tan tarde, sí la llamaba seguramente atendería. Pero ¿debía hacerlo?

Sí no lo hacía probablemente la intriga no lo dejaría dormir, así que por el bien de sus pobres empleados que tendrían que lidiar con él muy gruñón mañana, lo mejor era quitarse la duda ahora mismo… O al menos esa excusa se dio a sí mismo para convencerse.

Tomó una profunda respiración y agarró su celular. Buscó en los registros de llamadas y rápidamente halló el número de su ex mujer. Vaciló por un momento, pero volvió a respirar hondo y por fin apretó el botón de llamar.

Presionó el celular en su oreja y esperó unos cuantos segundos antes de que finalmente la escuchara atender.

-¿Toshiro?- su voz se oía llena de sorpresa, y también un poco ronca, como… como sí hubiera estado llorando. -¿Qué quieres?- esa pregunta salió con mucha más brusquedad.

-Lamento llamar tan tarde.- fue lo primero que se le ocurrió decir. –Quería… quería disculparme una vez más por haber sido tan grosero contigo. Esperó que te sientas mejor ahora.- y se refería tanto a emocional como físicamente.

-No es asunto tuyo.- ok, parecía no estar de humor ahora. –Sí solo quieres hablar de estupideces voy a colgar.-

-Espera.- apretó la mandíbula, obligándose a sí mismo a no perder la paciencia esta vez. –En realidad quería hacerte una pregunta…-

-Escupe, Hitsugaya.-

Rodó los ojos ante su brusquedad. Ahora ella estaba siendo grosera y estando demasiado a la defensiva, pero no tenían tiempo de gritarse el uno al otro. Había cuestiones mucho más importantes que atender. Cuestiones que podrían cambiarlo todo.

-Bien, como quieras.- sí quería que fuera directo, entonces iba a ser directo. –Cuando te cogí anoche no use protección, por eso quería preguntarte sí usas algún tipo de anticonceptivo o debo preocuparme por otra sorpresa en nueve meses.-

La línea al otro lado se quedó en silencio y él se preguntó sí se había sobrepasado una vez más, pero entonces la respuesta de Karin a su pregunta le llegó de forma muy clara y concisa.

-¡MIERDA!-

Obviamente eso era un no. Lo que obviamente significaba que estaban jodidos.

Continuara...


Holaaaa! :D

Y finalmente aquí tienen la actualizacion! n.n Lamento no haber podido traerles esto antes pero hubo cambio de planes xP

Ahora dejenme q actualizo mis otros Long-fics y apenas pueda les traigo el proximo cap! ;D

Ojala q esto les siga gustando y muchas gracias por sus reviews, son la alegria de mi kokoro! :'D

Los personajes de Tite Kubo!

Merezco un review? :')

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!