Gema corrompida

capítulo 11: La primera misión.

Se había sumido tanto en esa lectura que ya se había olvidado de todo a su alrededor, se había sumergido en esas letras desde hacia varias horas y no había parado. Era increíble que lo leyera a esa velocidad, incluso se detenía para regresar a leer páginas anteriores cada que tenía una duda. Reaccionaba a veces con una frase sarcástica, una expresión rara o un gritito de asombro para al final seguir leyendo con los ojos muy abiertos, tomándose todo completamente en serio. Y finalmente terminó los cuatro libros.

—¿Y?... ¿Qué te pareció?— Connie miró fijamente a Peridot; la niña mostraba una expresión seria, estando a la espera de una respuesta honesta.

Peridot cerró el libro, llevó su mano al mentón y comenzó a pensar en la mejor forma de contestar.

—Toda esa búsqueda del padre de Lisa me pareció algo completamente innecesario, era obvio desde el principio que Plinkman moriría de todos modos. Y toda esa trama del hombre de un solo ojo... cuando Lisa perdió el ojo pude prever de inmediato el plot twist del último libro. Pero confieso que fue emocionante cuando se revela que el enemigo real estaba dentro de la burocracia mágica. Sí, una historia aceptable.

—Por supuesto, dejando de lado el final.— afirmó Connie de forma indignada—. ¿Una boda? Tantas batallas, toda esa historia de rebelión contra las leyes mágicas opresoras y al final lo único que importó fue un pastel. ¡No tiene sentido! Simplemente se olvidaron de lo esencial de la historia y su formula original para darnos un final comercial y lleno de estereotipos y poca originalidad.

—¡Ja! ¿Estás bromeando, verdad?— Peridot sonrió con sarcasmo—. ¡El final fue lo mejor de la saga!

—¡¿Qué?!— Connie se sorprendió.

—¡Te estás enfocando mal, Connie! ¡sólo piénsalo! Lisa y Archimicarus son una combinación ganadora; ella es la bruja con más potencial de su generación, él es el espíritu familiar más poderoso. Separados no son nada, pero juntos son el equipo más fuerte, juntos serían capaces de dominar las artes mágicas y así vencer a todos sus enemigos y quizá reinar el mundo espiritual. Unirse eternamente era su mejor elección. Y por cierto, amé todas las páginas del pastel.

—¡¿Es en serio?!— Connie se levantó del sofá, sin poderlo creer—. ¡Oh! ¡eres igual que Steven!

—¡Oye!— se quejó el niño híbrido, quien estaba sentado al lado izquierdo de Peridot y se había mantenido callado hasta ese momento.

—No te ofendas, Steven, es sólo que creí haber encontrado finalmente a alguien con un buen ojo critico.

—Oye...— volvió a quejarse Steven.

—En mi opinión ese fue el mejor final que le pudieron dar.— dijo Peridot con seguridad.

—¡Agh! Si ustedes lo creen así.— Connie se cruzó de brazos, resignada.

Los tres se encontraban en la sala de la casa de Steven con una pila de libros, dibujos y lapices de colores sobre la mesa. En la cocina, Perla se mantenía arreglando simétricamente un florero con hermosas rosas rojas; no era tan común tener flores decorando el hogar, pero claro era que daban un toque muy hogareño. Perla no prestaba atención a los niños y a la gema discutiendo sobre libros, a Perla le parecía algo irrelevante.

Connie observó a Perla unos instantes (estaba esperando a que la gema terminara de ordenar para poder irse a entrenar), después miró a su alrededor y luego hizo una mueca.

—Realmente quería conocer a Lapis.— dijo la niña morena—. Si tan sólo hubiera estado aquí hace un par de días hubiera podido conocerla.

—Desde que se fue no hemos sabido nada de ella.— Steven se deprimió un poco—. Pero ella dijo que estaría cerca... Sólo espero que esté bien.

—No la necesitamos con nosotros, esa gema está demente. ¡¿Olvidas que nos atacó?!

—En realidad sólo buscaba herirte a ti...— dijo el niño.

—¡Y eso lo hace aún peor para mí!

Del portal apareció Garnet, llamando la atención de todos, incluso de Perla. Garnet se veía más seria de lo usual.

—Algo sucede en las placas tectonicas de la Tierra, he rastreado el origen en una de las islas cercanas a un templo de gemas. Debemos irnos ya.

—Oh, bien. Hace mucho que no íbamos a una misión.— Perla dejó lo que hacía y se dirigió hacia Garnet, pasando cerca de la mesa donde estaban Steven y los demás.

—¿Se irán a una misión de gemas? ¿qué hay del entrenamiento?— dijo Connie, mirando a Perla.

—Tendremos que posponerlo para mañana.— Perla llegó al portal y se colocó al lado de Garnet—. Vamos, Steven... y ¡ah! ¡¿Dónde está Amatista?!

—No tenemos tiempo de esperarla, esto es urgente.— dijo Garnet.

—¡Sí! ¡nos vamos a una misión!— gritó Steven, emocionado, llegando al portal con sus compañeras.

—¡Esperen!— Connie corrió hasta ellos, continuaba mirando a Perla—. He estado entrenando desde hace algunos meses, creo que puedo estar lista para acompañarlos, ya saben, a una verdadera misión.

—No. No, no, no, Connie. Aún es muy pronto para ti.— dijo Perla sabiamente.

—¡Pero...! ¡he estado entrenando muy duro para esto! ¡ya es tiempo de que ayude al equipo!... quiero decir... ¿No es para esto que me entrena, señora?

—Perla, estoy seguro de que Connie puede hacerlo.— habló Steven.

—Connie, te prometo que pronto, pero por ahora es muy peligroso para una humana como tú.

Perla trataba de ser amable, pero se mantuvo firme en su decisión. Connie bajó la mirada, sintiéndose un poco ofendida aún cuando sabía que esas no eran las intenciones de Perla, habían herido sus sentimientos.

—Peridot.— Garnet llamó a la gema verde.

—Eh... ¿Sí?— Peridot la miró, nerviosa y sorprendida.

—No te metas en problemas.

Dicho esto el portal se activó y los tres se fueron, dejando a Connie y a Peridot solas en el templo. Ambas se miraron entre sí, sintiéndose abandonadas.

—Qué miedo, creí que me pediría ir a esa tonta misión.— murmuró Peridot para sí misma.

—¡Ah! ¡no puedo creerlo!— se quejó Connie, sentándose con frustración al lado de la gema verde—. A estas alturas ya debería poder ir a una misión con ellas, pero Perla aún duda de mi capacidad. ¿Es acaso porque soy humana?

—Ja. Claro que es porque eres humana. No se puede esperar a que una simple y débil humana lidie con problemas de gemas.

—¿Qué?— se molestó la niña—. Yo ya me he enfrentado a gemas mutantes y he vencido, puedo lidiar con problemas de gemas, no importa que sea humana.

—¿Gemas mutantes?

—Ya sabes, las fusiones forzadas.

—¡¿Te enfrentaste a esas cosas tan aterradoras?!

—Sí... Con ayuda de Steven.

A la casa entró Amatista, abriendo la puerta de golpe y sentándose al lado de las chicas, ellas la miraron extraño.

—Ey, ¿qué hay?

—Amatista, ¿dónde estabas?— preguntó Connie.

—Ehh... Ya sabes, paseando por ahí, pasando el rato, comiendo pizza.— habló con voz relajada—. ¿Y los demás?

—Se fueron a una misión.— contestó la niña.

—¡¿Qué?! ¡¿sin mí?!— Amatista puso cara molesta y cruzó sus brazos.

—¿Qué esperabas? Pasas todo el día fuera, nunca estás cuando se te necesita.— le reprochó Peridot, frunciendo el ceño.

—Bien, quién las necesita, espero que tengan suerte en arreglárselas sin mí.— dijo Amatista, aún molesta y sintiéndose ofendida.

—Pero tú les eres de utilidad... en cambio yo...— Connie bajó la mirada, desmotivada.

—¿Qué pasa, Connie?— Amatista miró a la niña, empezando a prestarle atención. Connie seguía mirando al suelo, sin ánimos.

—Sé que soy sólo humana, pero esperaba que con el entrenamiento pudiera ayudar a Steven. A veces pienso que no esperan... nada de mí. Yo quiero ser fuerte, necesito ser fuerte. Quiero ayudar.

—Ya no seas dramática, no las necesitamos, es más, seguro podemos hacer más sin ellas.

—¿Qué quieres decir?— la niña miró a la gema, expectante.

—Hay que ir a nuestra propia misión, ¿qué dicen? Sólo nosotras tres, por nuestra cuenta.— Amatista dio una sonrisa traviesa, una algo inquietante para sus compañeras.

—¿Te has vuelto loca? Quiero decir, más de lo usual.— le dijo Peridot en tono molesto.

—¿Acaso tienes miedo, Peri?

—¡No intentes provocarme! ¡es una imprudencia y lo sabes!

—¿Qué dices, Connie? ¿Quieres demostrarle a Perla que estás apta para las misiones?— Amatista miró a Connie, la niña parecía insegura por un momento pero pronto frunció el ceño y asintió con confianza.

—¿Qué hay que hacer?

—¡Esto es una locura!— exclamó la gema del Planeta Madre.

—Bien, escuchen esto.— Amatista se acercó a las dos y se apegaron para escuchar el plan como equipo secreto—. Garnet ha estado hablando de limpiar la Guardería de las gemas mutantes, varias de ellas ya han estado escapando y causando disturbios en las ciudades. ¿Qué tal si vamos nosotras, encapsulamos a esas gemas y hacemos el trabajo antes de que Garnet lo haga? Nos llevaremos el crédito y las felicitaciones y jamás volverán a olvidarnos para ir a misiones.

—¡Eso es una completa locura!— gritó Peridot.

—Nunca he peleado realmente sin ayuda de Steven...— Connie dudó.

—Descuida.— la animó Amatista—. No tendrás su escudo, pero tendrás mi látigo y el cerebro nerd de Peridot.

—¡No pienses incluirme en tal misión suicida e innecesaria! ¡No hay necesidad de que una gema defectuosa, una simple humana y una peridot no apta para la batalla se arriesguen por un simple capricho!

—Creo que eres una gallina.— se burló Amatista, tomando la forma de una pequeña gallina morada, empezando a dar vueltas alrededor de Peridot—. Mirenme, mirenme, soy una gallina y estoy asustada, ¡oh! ¡tengo miedo! ¡una gema mutante va a atacarme!

—¡Agh! ¡está bien! ¡lo haré!— gritó Peridot, completamente enfadada, apretando los dientes—. ¡Pero terminamos y nos vamos! ¡¿quedó claro?!

Amatista sonrió, Connie también lo hizo. Las tres se dirigieron al portal, Connie cargaba la espada que utiliza en sus entrenamientos; una vez ahí, Amatista habló.

—Será la primera misión en serio de ustedes dos. Y supongo que es la primera misión que yo dirijo. ¡Esto será genial!

—Lo dudo.— murmuró Peridot.

El portal las trasportó hacia el portal de la Guardería, una vez ahí, las tres comenzaron a explorar. Era la primera vez que Connie se encontraba en ese lugar, ya había escuchado por parte de Steven sobre ese sitio, para qué fue creado y que Amatista fue creada ahí, pero nunca lo había visto; le pareció impresionante pero aterrador al mismo tiempo. Caminaron unos minutos pero no había rastro de ninguna gema mutante.

—Puede que todas hayan salido de aquí.— se preocupó Connie—. Quizá se fueron hace mucho.

—O quizá sólo se oculten de nosotras.— dijo Amatista, encontrándose ya aburrida.

—Bien, al no haber nada aquí lo mejor sería que volvamos al templo, ya no tiene caso seguir perdiendo el tiempo en este lugar.— dijo Peridot, cruzada de brazos. Amatista suspiró.

—Ah, creo que tienes razón, esta fue una pésima idea.— Amatista se encogió de hombros, resignándose a que no pasaría nada interesante.

Un ruido las alertó a las tres, como gemidos entre mezclados y agudos, sonidos de monstruos. ¡Eran las gemas mutantes! ¡estaban viniendo!

—¡Están aquí!— se alarmó Peridot.

—¡¿Pero dónde?!— Connie alzó su espada, viendo en todas direcciones sin encontrar nada.

Amatista invocó su arma y se preparó para la batalla, pero los monstruos ¿dónde estaban?

—¡Arriba!— exclamó Peridot—. ¡Están escondidos en los hoyos y sobre los inyectores!

Era verdad, varias de esas fusiones forzadas habían escalado y trepado, escapando de la vista de las tres. Los monstruos, al darse cuenta de la presencia de las chicas, se arrojaron de donde se ocultaban, aterrizando sobre ellas. Eran muchas, una docena mínimo.

Amatista, con su látigo, capturó a una de ellas, la jaló y la utilizó para golpear a dos más; Connie saltó sobre una de las criaturas y la cortó con su espada, haciéndola explotar, rápidamente giró y atravesó a otra que estaba a punto de atacarla. Peridot, por su parte, se ocultó tras una roca, sin saber qué hacer más que observar, realmente no había querido venir.

Más pronto que tarde ya habían derrotado a todas ellas, Amatista se apresuró a encapsularlas. Connie se encontraba algo cansada, pero sonreía, victoriosa.

—Las gemas mutantes son mucho más fáciles de vencer que las gemas corruptas.— dijo Amatista, terminando de encapsular a las gemas pegadas.

—Entonces... ¿es todo?— Connie miró a su alrededor, pero ya no había rastro de más fusiones forzadas.

—Volvamos al templo y restreguemos nuestra victoria al resto de las Crystal Tontas.— dijo Peridot, sonriendo de forma burlona.

—Pero si tú no hiciste nada.— se burló Amatista. Peridot la miró feo.

Las tres caminaron de regreso al portal, estaban a unos pasos de llegar pero de un momento a otro un rugido más se escuchó, uno mucho más fuerte que el resto, tan fuerte que las hizo temblar a las tres. Al voltear no pudieron evitar notar la enorme gema mutante que se acercaba por el estrecho camino de la Guardería, ¡pero era enorme! era como cuatro veces más grande que Garnet (y Garnet está muy alta), tenía cinco ojos, siete brazos y cuatro piernas, además de una boca enorme llena de dientes. Se acercaba rápidamente, esquivando las rocas e inyectores, trasladándose como una aterradora araña. Volvió a rugir, abriendo su enorme boca, revelando una segunda dentadura más atrás de la primera.

¡Ahhh!— gritaron las tres, y al demonio la misión, el valor y la rebeldía, ¡a correr!

Escaparon lo más rápido que podían correr sus piernas, estaban tan cerca del portal, pero la criatura las alcanzó y les cerró el paso. Les rugió con fiereza, como si las quisiera comer. Correr de regreso no les serviría de nada, estaban a merced de ese monstruo.

—¡¿Qué vamos a hacer ahora?!— gritó Peridot, temblando de terror.

Connie también temblaba, retrocedió un paso y apretó la espada en sus manos sabiendo que estuvo a punto de soltarla por el miedo. Estaba asustada y no contaba con el escudo de Steven para protegerla. Era la que más riesgo corría a diferencia de sus compañeras, ya que era sólo una humana de una sola vida. Tenía mucho miedo. Pero aún así... Dio un grito de batalla y se lanzó a enfrentar a la criatura, pero fue detenida por el brazo de Amatista.

—Salgan de aquí.— les dijo Amatista a Peridot y a Connie. La morada invocó su látigo y miró al monstruo frente a frente, sin temor— Yo me encargo.

—¡Pero, Amatista!— gritó Connie, pero fue jalada del brazo por Peridot.

—¡¿Qué esperas?! ¡vámonos!

Las dos se fueron y Amatista se quedó.

—¡No serás capaz de derrotarme!— Amatista pescó a la criatura de un par de brazos con su látigo pero la gema mutante se movió bruscamente, haciendo que Amatista saliera lanzada y se golpeara contra las rocas.

Amatista gruñó con enfado, se lanzó contra su oponente dando giros a gran velocidad, le golpeó al chocar contra él, después volvió a lanzar un ataque con su látigo, capturándola, pero el monstruo era tan fuerte que jaló a Amatista, arrastrándola mientras se movía. Amatista sujetaba el látigo con fuerza, aún cuando sabía que la victima estaba siendo ella y no afectaba a la fusión forzada.

Por su parte, Peridot corría sin saber a dónde ir, aún jalaba a Connie del brazo, pero la niña estaba muy preocupada.

—¡Peridot! ¡Peridot!— le gritó—. ¡Peridot!

—¡¿Qué quieres?!— la gema miró a la niña con molestia, se suponía que estaban escapando.

—¡Quiero volver! ¡no quiero que Amatista luche sola!

—¡¿Bromeas?! ¡Es una amatista! ¡un cuarzo! ¡Ella está hecha para luchar, nosotras no! ¡moriríamos si regresamos!

Connie se liberó del agarre de Peridot y la miró con el ceño fruncido.

—¡Pero tenemos que salvarla!

—¡Eres sólo una humana!

—¡No me importa! ¡yo quiero protegerla! ¡sé que puedo proteger a mis amigos! ¡sé que puedo proteger a Steven!

—¡¿Por qué es tan importante para ti?! ¡Esta no es tu pelea!

—¡Se volvió mi pelea cuando atacaron a mi Tierra y mi a mejor amigo!

Un rugido las alarmó, ambas voltearon y vieron al monstruo corriendo directo hacia ellas, detrás iba Amatista, quien sujetaba con su látigo al monstruo como si fuera correa, pero estaba siendo jalada por él, no podía detenerlo.

—¡Cuidado!— gritó Amatista.

—¡Ahh!— gritaron Peridot y Connie.

La criatura saltó muy alto, pasando por arriba de la gema y la niña, se estrelló contra los muros de la Guardería, provocando un fuerte sonido y después una avalancha de rocas que cayeron al suelo. La criatura fue aplastada por una roca enorme y explotó volviendo a lo que eran unas gemas pegadas. Amatista cayó al suelo, tosiendo por la cantidad de polvo. Las rocas seguían cayendo y el polvo no dejaba ver nada.

—¡Amatista! ¡Peridot!— gritó Connie, mirando a todas partes pero no lograba ver nada más que polvo y rocas chocando contra el suelo.

Unas rocas, no muy grandes, pero sí peligrosas, aparecieron cayendo a dirección de Connie, tan rápido que la niña no se dio cuenta. Un golpe como ese seguro la mataría.

—¡Connie!— gritó Peridot al ver lo que sucedía.

Sin pensarlo, actuando sólo por impulso, la gema del Planeta Madre corrió hasta la niña y la empujó con todas sus fuerzas. Las rocas cayeron sobre ellas.

—¡No!— gritó Amatista, logrando ver lo que había ocurrido.

Las rocas dejaron de caer, el polvo se disipó, Amatista corrió hasta la pila de rocas que habían caído sobre sus amigas.

—Oh, no.— dijo la gema de la Guardería, sus ojos se comenzaron a humedecer—. Todo es mi culpa...— agitó su cabeza, tratando de deshacerse de las lágrimas y de ese pensamiento.

Amatista empezó a escarbar entre las rocas, en busca de sus amigas.

Pero debajo de esas rocas, había un hueco vacío, como una cueva sin salida, en donde Connie abrió los ojos pero no vio nada por la oscuridad; tosió por el polvo pero se recuperó rápidamente, trató de ponerse de pie pero apenas había espacio suficiente, se golpeó la cabeza.

—¿Peridot?— habló la niña, temerosa.

—Aquí.— contestó la gema con voz débil pero malhumorada—. ¡Ay! ¡estás pisándome!

—¡Ah! ¡lo siento!— Connie se dejó caer al suelo, sentadose para estar más cómoda. Peridot emitió luz desde su gema, haciendo posible que pudieran ver en ese estrecho lugar y una a la otra—. ¿Dónde estamos?!

—¡¿Cómo que dónde estamos?! ¡Estamos bajo tierra! ¡literalmente! ¡Ñeee! ¡Nunca debí acompañarlas a este lugar!— Peridot lucía muy golpeada y maltratada. La gema instintivamente se tocó la frente para comprobar que no se había agrietado. Se encontraba bien, pero le dolía todo—. ¡Me salvé por pura suerte! ¡¿pero qué sentido tiene?! ¡ahora moriré aquí!

—Peridot...— Connie la miró con asombro—. Salvaste mi vida.

—¡¿Y qué si lo hice?! ¡ya no importa ahora!

—Te arriesgaste... por mí.— Connie seguía con su impresión.

—... Sí, lo hice.— Peridot se sonrojó y miró hacia otra parte.

—No te preocupes, estoy segura de que Amatista nos sacará de aquí.— dijo la niña, aunque en el fondo sentía miedo e inseguridad.

Hubo silencio por unos segundos incómodos. Peridot abrazaba sus piernas, con una graciosa expresión molesta en su rostro.

—Entonces, ¿tú eres de las que arriesgaría su vida por la de alguien más? Realmente me equivoqué contigo, Peridot.— Connie rompió el silencio. Se sonrojó un poco—. Lo siento, y gracias por salvarme.

—Mi cuerpo sólo se movió, yo realmente no daría mi vida por ninguno de ustedes.— Peridot frunció aún más el ceño—. Este planeta está enloqueciéndome.

—Esto es lo que los amigos hacen, se protegen los unos a los otros.

—Sí, ya me lo han dicho.— Peridot suspiró y bajó la mirada—. Pero, Connie, tú eres una humana débil e insignificante, morirás si intentas proteger a Steven.

—No lo haré, porque Steven también me protege a mí.— Connie sonrió de forma melancólica—. Yo sé que se preguntan qué hace una humana involucrándose en asuntos de gemas, incluso a veces yo también dudo de mí misma, pero cuando veo a Steven sólo sé que quiero protegerlo y no me importa si me pongo en riesgo. Yo y él somos un equipo, nos protegemos mutuamente, sé que juntos no podrán vencernos.

—¿Como Lisa y Archimicarus?

—Sí, como Lisa y Archimicarus.— Connie se sonrojó enormemente al recordar el final del libro—. Ellos son muy diferentes, pero se protegen porque juntos son más fuertes... y porque se quieren.

—¿Entonces se casarán algún día?

Connie bajó la mirada, con la cara roja, sonrió de forma nerviosa y cerró los ojos.

—No lo sé.

—Porque tú y Steven podrían ser un equipo imparable si entrenan lo suficiente.

—¿Sabes de lo que trata un matrimonio?— Connie miró a Peridot, alzando una ceja.

—Hay unas cuantas cosas en el libro que no pude comprender.— admitió Peridot, sin darle mucha importancia.

—El matrimonio es entre dos personas que se aman.— la niña volvió a sonrojarse.

—¿Amor? Ese sentimiento me es indiferente, no es cosa de gemas, sólo nubla el juicio y te hace perezosa.

—No es así, el amor te hace más fuerte.— Connie sonrió enormemente y Peridot la miró con confusión.

—Ya veo, por eso Lisa y Archimicarus se hicieron novios y se casaron.— hizo un gesto pensativo—. Connie, ¿qué hacen los novios?— Peridot ya sabía más o menos lo que eran los novios, pero no sabía demasiado al respecto.

—Bueno, ellos...— se puso a pensar—. Se toman de la mano, salen juntos, se besan...

—¿Qué es besar? Lo leí cuando Lisa y Archimicarus se casaban y no entendí esa parte.— preguntó con interés.

—Un beso... Un beso es... ¿Me permites tu mano?— Peridot se confundió por esa petición, pero le cedió su mano a Connie, Connie la tomó y la besó—. Eso es un beso.

—¿Qué?— Peridot miró su mano, sin comprender—. ¿Y para qué sirve? ¿qué hace?

—No hace nada, sólo te hace sentir mejor.— Connie sonrió—. Los amigos y familia lo hacen, pero con los novios es algo diferente.

—¿De qué forma?

—Ellos se besan en los labios.

Peridot abrió mucho los ojos, iba a decir algo pero un rayo de luz del sol atravesó las rocas. Amatista las había encontrado.

—¡Ahí están!— exclamó la gema morada.

—¡Amatista!— dijeron Connie y Peridot, aliviadas al verla. Amatista ayudó a las dos a salir de ahí.

—¡Creí que se habían muerto!

—Estuvo a punto de ser así, sabía que esto no era una buena idea.— Peridot cruzó sus brazos.

—Será mejor que no contemos este inconveniente a las demás.— habló Amatista.

—¡Es muy tarde para eso!— se escuchó una nueva voz. Las tres miraron y se aterraron, ¡era Perla!

—Perla.— murmuró Connie.

—Amatista, ¿qué es esto? ¿por qué las trajiste a la Guardería?— habló Perla, molesta.

—¡Ustedes se fueron a una misión sin nosotras! ¡no nos íbamos a quedar sentadas en la sala!

—¡Amatista! ¡Peridot y Connie no están listas! ¡y tú ni siquiera te encontrabas en la casa!

—Perla, yo sólo quería probar que soy capaz de hacer esto.— le dijo Connie, poniéndose al frente—. Quería probarte que estoy lista.

—Connie, estás siendo irresponsable, ¡pudiste salir herida!— la regañó—. ¡Eres una humana! ¡debes tener más cuidado!

—¡Yo no soy sólo una humana! ¡yo sé usar la espada! ¡fui entrenada por ti! ¡puedo ayudar en las misiones!

—¡Es aún muy peligroso para ti!

—¡Yo no soy una inútil, Perla! Yo soy capaz de más, no me importa si no creen en mí. ¡Sé lo débil que puedo ser! ¡pero quiero protegerlos! ¡quiero estar ahí para Steven! ¡quiero estar siempre ahí para Steven! Él significa mucho para mí, no soporto seguir mirando mientras él se pone en riesgo. ¿Acaso no soy...? ¿acaso no seré nunca parte del equipo?

Connie soportaba las ganas de llorar, pero no pudo evitar derramar lágrimas cuando fue abrazada por Perla. Connie lloró mientras se dejó abrazar por la gema, aunque no estaba segura del motivo del abrazo.

—Yo sé cómo te sientes, Connie. Sentirte que nadie espera nada más de ti, pero yo creo que eres capaz de mucho. Es sólo que me preocupa, Steven estaría muy triste si te pasara algo.

—Si Steven está conmigo, sé que estaré bien.

—Ustedes son un equipo maravilloso. Por eso sé que deben estar juntos.— Perla besó la frente de Connie, haciendo que la niña sonriera—. Yo entiendo eso.

Connie abrazó a Perla con fuerza, sonriendo de felicidad. Perla suspiró y se secó las lágrimas; Connie muchas veces lograba conmoverla ya que le recordaba mucho a sí misma.

—Pero siguen estando en problemas, especialmente tú, Amatista.— les dijo Perla, separándose un poco de la niña.

—No puedo creerlo.— Amatista apartó la mirada, molesta.

Peridot no dejaba de ver a Perla y a Connie. Así que eso era un beso. Algo que le das a alguien a quien le tienes afecto, para hacerlo sentir mejor.

La gema del Planeta Madre llevó sus manos a los labios, cerrando los ojos para recordar algo sucedido unos días atrás. Así que de eso se trataba.

—Ronaldo...— murmuró, tan bajito que nadie más escuchó.

Peridot miró al cielo, sabiendo que el espacio estaba mucho más allá de las nubes. Recordó el mensaje que le había enviado Jaspe. Diamante Amarillo había enviado a una gema a la Tierra para ayudarla con la misión, una gema mala, llegaría en pocos días. Peridot sabía que muy pronto tendría que cortar esos lazos que había formado en la Tierra.

¿Pero cómo?

Sentía un dolor en su pecho cada que llevaba sus dedos a los labios y recordaba que tendría que traicionar a todos. No, ya no quería hacer esto.


Mientras que en el original se desarrolla la relación de Peridot con las Crystal Gems, yo en mi fanfic quiero que desarrolle más relación con los humanos. Por eso en este capítulo desarrollo una amistad entre Peridot y Connie. Y aunque no lo muestre en mi fanfic, la relación de Peridot con las Crystal Gems es similar al de la serie, aunque quizá con unas pocas diferencias. Mientras en el original Peridot está obligada a convivir con las Crystal Gems y ayudarlas a salvar la Tierra, en mi fanfic está con ellas para traicionarlas después. En el original Peridot las ayuda porque teme por su vida, en mi fanfic Peridot trabaja para el Planeta Madre pero empieza a temer por las amistades que está formando.
Quiero profundizar en la relación de Peridot con los humanos. A veces cuando vemos la serie mi hermana me dice, refiriéndose a Peridot, "Steven no la saca a pasear" con esto mi hermana quiere decir que Steven no lleva a Peridot a Ciudad Playa a conocer a los humanos (además sé que en el fondo mi hermana quiere así como yo que Peridot conozca a Ronaldo xD)

Sé que quieren ver más de Peridot y Ronaldo y que en este capítulo Ronaldo ni salió xD pero les prometo que aparecerá en el siguiente capítulo :3

Por cierto, aún no estoy segura de qué hacer con el Cluster, quiero decir, mi fanfic toma un rumbo diferente al de la serie pero la idea de un "Cluster" la agregaré tarde o temprano en mi fanfic, pero aún no sé si mencionar que hay o había un Cluster en la Tierra en mi fanfic (dado los acontecimientos en mi historia, un Cluster próximo a emerger en la Tierra sería un problema para Yellow Diamond por algo que pasará en un futuro...) Tendré que ver cómo solucionan el problema del Cluster en el original para saber qué hacer con él, pero no es algo que afecte mucho a la historia.

Un dato curioso, mi idea original era que Peridot perdiera su forma física en este capítulo, pero al final decidí que la perdiera durante la pelea contra Lapis para hacer esa batalla mucho más épica jeje

Por cierto, pueden seguirme en Tumblr, estoy con el nombre de GabyGirl1243. no subo muchas cosas, sólo algunas teorías y dibujos random, y reblogueo algunas imágenes graciosas jeje

¿reviews?