Los personajes son la mayoría de S. Meyer. La historia se basa en Twilight.


10. Salvaje

Salvaje. Jasper estaba hecho un salvaje. Ya no le importaba nada ni nadie. Ni siquiera María. Había notado su desprecio hacia él y eso solo había hecho que su rencor hacia ella y hacia su existencia vampírica aumentara.

Él simplemente se dedicaba a seguir órdenes. Cazaba, peleaba y mataba. Entrenaba a los neófitos, los llevaba a la guerra, conquitaban territorios y al año los aniquilaba. Parecía que cerraba sus sentimientos, su corazón y se transformaba en un cuerpo antibalas y antiemociones.

Su relación con María era casi nula. Ella le daba órdenes y él las acataba. Nada más. Ya no más besos, ni palabras de amor por parte de ella llenas de mentira. Él se limitaba a vivir su existencia como el monstruo que creía que era.

Ya no hacía nada de lo que le gustaba. Abandonó su árbol, sus salidas atléticas por el desierto. Hasta había dejado de leer. No sabía que hacer. Me partía el alma verlo así. Sabía que él se había cerrado a los sentimientos porque ellos lo habían lastimado.

Hacía medio año, aproximadamente, que tuve visiones de María matándolo y luego él matándola a ella. Fueron horribles y estuve a punto de correr hacia donde él se encontraba a buscarlo y alejarlo de allí. Por más que el dijera que no la amaba, yo sé que todavía tenía cierto afecto hacia su creadora. Y, por otra parte, no iba a permitir que esa perra se acercara a mi destino, al hombre que estaba destinado a ser mi amado compañero toda la vida. Pero cuando había decidido dirigirme allí, vi otras visiones. Todas eran borrosas. Mostraban que, en realidad, ninguno de los dos había tomado una decisión.

Eventualmente, a la larga, María se dio cuenta que sin él jamás podría controlar a su amado ejército cambiante de neófitos. Y él se dejó vencer por última vez por sus sentimientos.

Pero eso no significó que su relación hubiese mejorado. Todo lo contrario. Yo notaba cómo Jasper intentaba de ocultar que no se enteraba de las emociones que María tenía para con él. Luego de tantos años siguiéndolo conocía a la perfección sus reacciones. Y me ponía tan mal saber que ya no tenía ninguna de felicidad o asombro.

Miré por la ventana de mi apartamento. El día estaba gris, caía una fina nieve y no había ni rastros del sol. Una visión vino a mí de repente. Por su estado sabía que iba a ser en un futuro bastante lejano:

Estábamos tirados en nuestro hermoso prado. Había flores rojas por todo el pasto. En el medio del mismo había un gran roble que nos daba sombra. Me gustaba Forks. No sé por qué todos se empeñaban en pensar que eran mejores nuestras otras casas. Aquí, por más que no había sol, teníamos el bosque al lado de nuestra casa. No me molestaba no ver mucho el sol. Mi sol personal estaba a mi lado.

-¿En qué piensas, loquilla?- me miraba sonriendo. Tenía una pequeña arruga en la frente que acentuaba su cicatriz de la ceja. Eso significaba que estaba intrigado. Sonreí y pasé mi pulgar por su arruguita y en seguida se suavizó.

-Pensaba en que ¿quién necesita del sol cuando se tiene a la persona más brillante y hermosa que es capaz de iluminar toda la estancia al lado?- escuché como mi voz rebotaba en su cara. Mi aliento hacía una pequeña corriente de aire que chocaba en su rostro y volvía a mi empapada de su aroma.

Escuché como reía. Esa risa era mi sonido favorito en el mundo. Me senté en su regazo y lo miré a los ojos. Esos ojos que tanto amor me transmitían. Me gustaba que no tuviéramos necesidad de hablar para expresar cuánto nos queríamos. Él lo podía ver en mis ojos y sentir y yo podía escuchar casi su alma a través de los suyos.

Tomo mi rostro con toda la suavidad que solo él puede tener conmigo. Como si fuera una muñequita que se puede romper en cualquier momento y me acercó a él. Besó mis labios como si fuera el roce de una mariposa. Lo miré de nuevo con ansias de que profundizara ese beso. Me había quedado gusto a poco. Una amplia sonrisa recorrió su rostro y una ola de deseo me invadió mi cuerpo. Sin más me besó con toda la pasión y el amor que nos teníamos. Amaba a mi esposo y él me amaba a mí. No necesitaba de nada más en este mundo para ser feliz.

Parpadeé. Sonreí y lloré (en el sentido figurado claro). Amaba las visiones en las que estábamos juntos. Eran como un bálsamo de esperanza para mi solitaria vida. Pero no podía dominar lo suficiente el hecho de que aparecieran porque no sabía en qué tenía que centrarme para que lo hicieran.

Me encantaban sí, pero también e hacía sufrir el hecho de no poder estar con él todavía. Un hueco en mi corazón inmóvil se abría por su ausencia y sabía que no se llenaría hasta que estuviese con él, refugiada en sus brazos.

Estaba tranquila, pensando en él. Viendo por la ventana cómo colocaban el cartel de "Feliz 1938" en la boutique que había en frente a mi edificio cuando una visión me llenó de felicidad.


Como hacía mucho que no posteaba decidí que se merecían 2x1. Asique aquí le traigo un nuevo capítulo.

Bueno, Alice por fin ha tenido otra visión de ellos dos juntos. Lo cierto que estas escenas son mis favoritas.

A partir de aquí, mis queridas, esto se pone bien interesante. Muy poco falta para que Alice y Jasper se encuentren por fin.

Espero sus reviews que me tienen un poco abandonada! De todas maneras les agradezco mucho que me lean!

Saludos y hasta la próxima!