Peri la scout.

Capítulo dios - el fin del amor.


Al pasar la noche en la habitación de las hadas sanadoras, comprendí que poco me importaba dónde, mientras estuviera con ella, mi Tink. Imaginé nuestra vida a lo largo de los años mientras la veía dormitar a mi lado, todas las aventuras que pasaríamos juntas, todo el camino que nos quedaba por recorrer.

–Preciosa– susurré, suficiente para hacerla sonreír, suficiente para que viniera a por mí, en busca de mis labios.

–Tú más– nos acurrucamos en nosotras, adorando otro momento dulce que duraría en mi paladar.

Ojalá poder pasar todo el día en la cama con ella, ¿sería tanto pedir?

–Me estoy hartando de hacer de niñera…– cerré los ojos de golpe, no podía creerme que fuera Chase otra vez.

–¿Por qué eres tan pesada?– dijo Tink por mí, refunfuñando con pesadez, haciéndome reír.

–Menudo par… así no se puede trabajar… Peri, seguimos en señal Cero, tengo que ponerte al día y como no vuelva contigo te las verás con Nyx, así que espabila.

–No estoy, vuelve mañana.

–¡Es una orden! no me obligues a sacarte a la fuerza– le saqué las flechas que llevaba en la espalda, apuntándola en círculos –Suficiente, quedas suspendida de tu talento indefinidamente por tu comportamiento.

–Oh, vamos, no te pongas así~– le frené el paso con las flechas cuando iba a salir, no las pudo apartar –Deja que me despida de Tink al menos.

Se tomó la molestia de darnos tiempo a desgana, sabía que lo haría, luego no tuve más remedio que irme con Chase.

Le hablé de lo que ocurrió con nuestras alas por el camino, todo apuntaba a que seguiría sin poder volar durante mucho tiempo. Nyx se encargó de ponerme al día al llegar, no me pidió explicaciones por desaparecer de esa forma al menos, pero no estaba especialmente contenta conmigo.

Por precaución, pidieron el recuento de todas las hadas y duendes de todo Pixie Hollow, mientras seguíamos en busca de un culpable, una razón. A media mañana nos llegó el recuento, cortesía de los guardianes de polvo de hada. Habían veintiocho hadas que no habían ido a por su ración diaria a las que teníamos que encontrar, Tink entre ellas dada su condición. Vidia también aparecía en la lista, pero pensé que seguiría durmiendo o algo por el estilo.

Fuimos tachando nombres, comprobando que no había desaparecido nadie, hasta que sólo quedó uno. Negué esa posibilidad, pero las horas no hicieron más que confirmarlo. Nadie sabía nada de Vidia, y yo era la última persona que la vio.

Investigamos su casa, hicimos preguntas, pero de nuevo, volvimos con las manos vacías. Se había esfumado sin más, sin ninguna pista que seguir, no me lo podía creer.

La tercera diosa, la probabilidad era demasiado baja para que fuera mera casualidad. Empezó a atardecer así que tuvimos que actuar cuanto antes. Establecimos un protocolo de seguridad para todas ellas, incluyéndome, incluyéndola. Si iban a por nuestras diosas, se lo pondríamos imposible.

Me quedé pensando en la reina, tenía sus guardias cuando desapareció, necesitábamos una fortaleza inquebrantable.

–… Chase y Periwinkle, os encargaréis de reunirlas a todas, os quiero aquí en menos de una hora y cómo me hagáis perder más tiempo os suspendo a las dos– salimos de allí sin pestañear.

Fuimos a por Tink la primera, aún no lo teníamos claro, pero si realmente iban a por las diosas no permitiría que ella fuera la siguiente.

Llegamos, mis latidos respiraron al verla, íbamos sin tiempo así que le dije que hoy saldríamos de excursión, y aunque extrañada, se alegró. Iba a odiar ocultarle la verdad, pero sentía que si se lo decía la preocupación la maltrataría.

Subió a Luz detrás de mí, y continuamos en Primavera para buscar a Silvermist, bajo la excusa de que teníamos que reclutarla para una charla, lo cual no era mentira del todo.

La encontramos jugando en el lago de los nenúfares, patinando tal vez, se llevó una sorpresa.

–¿Qué hacéis aquí? ¿Ha pasado algo? ¡Oh! ¿Es verdad que la reina no está?– preguntó de buenas a primeras, sin darnos tiempo a responder. No supe de dónde escuchó el rumor, supuse que muchos lo sabrían ya.

–Está enferma, o de vacaciones, o la excusa que más te guste, vámonos– respondió Chase sin darle importancia.

–Yuhu~ ¡a por los malos!– Tink estaba cada vez más confundida.

–Oye, ¿entonces es cierto? ¿la reina se ha ido?– me preguntó, detrás de mí, pegada a mí.

–E-es lo que tratamos de averiguar, por eso reunimos a las diosas…– no hizo más preguntas, sólo me abrazó más fuerte.

La siguiente era Fawn, la cual apareció como si fuera capaz de escuchar a Luz a distancia, fue directa a por mí.

–Vaya, así que escoltando a delincuentes, ¿qué han hecho esas dos granujillas?– dijo refiriéndose a Sil y a Tink mientras acariciaba a mi montura.

–Las necesitamos, y también te necesitamos a ti, estamos en apuros y- –me cortó.

–Vaya vaya, así que lo scouts necesitan mi ayuda eh~ ¿puedes decirlo otra vez? Suena demasiado bien.

–Déjate de rencores, esto es serio y no tenemos tiempo– Chase la hizo callar –Vámonos.

Y así, marchamos las cinco hacia Invierno, sólo quedaba Spike. Era la primera vez que íbamos, la curiosidad de Tink le hizo preguntar cosas de las que ni nosotras sabíamos. Poco antes de llegar, preguntó por las demás diosas, me sorprendió que recordara que eran siete sin contarnos, seis obviando a Narrow. Le conté quienes eran, tenía derecho a saberlo dada la situación.

–¿Entonces después iremos a por Vidia?– tardé demasiado en responder.

–Vidia ha desaparecido también, os llevamos a un lugar seguro y si vuelvo a escuchar otra de tus preguntitas te aseguro que te llenaré la boca de nieve– por lo visto Chase no tenía demasiada paciencia.

–Déjala que haga preguntas, es tan inocente~– miré a Sil incrédula, ¿inocente Tink? La hizo silenciar en vergüenza de todos modos.

Dimos con Spike, no fue fácil encontrarla echándose una siesta en el bosque de la escarcha.

–¿Puedo venir yo también?– dijo una animada amiga suya.

–No– respondimos a la vez.

De camino a las montañas de los scouts, Tink preguntó susurrando por los poderes de cada una de las diosas. Le dije que esperara a que llegásemos, pero insistió, mucho, incluso me amenazó con hacerme cosquillas.

Terminé cediendo, imposible resistirme a ella, le conté todo lo que sabía.

Nyx nos recibió como si llevara días en espera, dijo que teníamos el alojamiento y la seguridad necesaria para que nadie ni nada entrara o saliera sin permiso, estaban terminando de prepararlo todo.

Nos dieron una charla sobre la situación en la que estábamos, sin secretos, sin florituras. La cruda realidad nos azotó a unas más que otras, estábamos en peligro.

Yo me encargaría de vigilarlas desde dentro, con un buen arsenal de flechas a mi disposición. Pensé que nada podía salir mal con tanta preparación, era imposible que se llevaran a alguien y se lo repetí a Tink otra vez, creyéndomelo.

Finalmente llegamos a nuestra habitación compartida, con tres literas y lo necesario para pasar la noche.

–Qué guay, hacía tiempo que no hacía una pijamada~– dijo Fawn, demasiado contenta, trepando a una de las literas –¿puedo usar mi poder aquí?– preguntó a medio camino.

–¿Qué poder tienes tú?– preguntó Silvermist.

–Ah claro, tú no habías nacido aún, mira– su ropa se le quedó por encima, fue rápida quitándosela como si nada, saltó desde lo alto para ponerse a corretear por la habitación, terminó ronroneando encima de Sil.

Esta iba a ser una larga noche.

–Chicas, no estamos aquí para divertirnos, es probable ni siquiera veamos salir el sol– Spike plantó la seriedad de golpe, pero Fawn no se detuvo.

–Bueno, si va a ser la última mejor que nos divirtamos ¿no?– parpadeé incrédula ante el optimismo de Sil, se puso a perseguir al zorrillo lanzándole gota de agua, salpicándonos, alborotando la habitación.

Me quedé pegada a Tink, ella era la que estaba más asustada.

–Tranquila, esta vez no nos pillarán por sorpresa, si alguien consiguiera siquiera burlar la seguridad que tenemos me encargaré de trincharlo con las flechas que tenemos aquí, eso suponiendo que pueda encontrarnos primero– no la tranquilicé, ni un poquito, sus ojos me pedían mimos.

–Tengo miedo Peri…

–Lo sé cielo, yo también. Espero que esto termine pronto… y podamos volver a casa– Fawn fue a saltar hacia nosotras, pero se detuvo en el aire rodeada por un aura azulada.

–Lo siento, pero es que me estaba poniendo de los nervios– Spike la congeló en el aire, cortándoles el rollo. Intervine.

–Vale chicas, ¿podemos estar tranquilas por un rato? Esto no es fácil para ninguna de nosotras, no estamos aquí por gusto y mucho menos para descontrolarnos, estamos en peligro y nos comportaremos hasta que dejemos de estarlo.

Spike soltó a Fawn, y subió a su camilla de mala gana para transformarse en hada de nuevo.

–Pero entonces esto es muy aburrido~– se quejó, colgando sus brazos desde la litera.

–Sí, lo es y no vamos a hacer nada para remediarlo, si quieres salir a corretear por ahí te esperas a que nos dejen salir.

–Jo~ Al menos podríamos jugar a algún juego para matar el tiempo, no seas tan scout…– miré a Tink, no le hacía ni pizca de gracia, no me la imaginé jugando con las demás.

–Os aconsejo que durmáis, descansad vosotras que podéis y esperad al amanecer en silencio, eso es todo.

–Buah, qué rollo. Vale, de acuerdo, pero mañana jugamos sí o sí, es una promesa– le contesté con cualquier cosa, si esta noche desaparecía alguien, no tendríamos tiempo para juegos.

Quedé sentada en la cama, sorprendida por el caso que me hicieron. Tink se tumbó, esperando a que lo hiciera yo también, pero no, no me movería de allí en toda la noche, no iba a descansar, apenas iba a parpadear. Tenía que estar atenta por si alguien entraba a la habitación, nuestras vidas dependían de ello.

La noche oscureció por completo, ya todos dormían, o eso creía. Fawn bajó de su camilla con su fino pijama ondeando, se sentó a mi lado silenciosa.

–¿Quieres un poco de compañía? No puedo dormir contigo tan cerca.

–¿No puedes o no quieres?

–Las dos, ¿crees que aparecerá alguien por esa puerta?– preguntó con un extraño tono serio, viniendo de ella.

–No lo sé, espero que no, somos cinco y si es cierto que cada noche desaparece una diosa, no quiero que un veinte por ciento se lleve a Tink.

–Egoísta. ¿Y si viene a por ti?

–Eso sería lo mejor, mis flechas son más rápidas que los relámpagos, y no veo ninguna nube por aquí arriba.

–¿Y… qué harías si se llevaran a Tink? Si de pronto te dieses la vuelta y no estuviera.

–Me tiene agarrada con las dos manos, creo que me daría cuenta.

–Responde. ¿Seguirías… protegiéndonos?

–¿Por qué preguntas eso?

–Sólo… tengo un mal presentimiento. Mi olfato animal me dice que algo malo nos acecha, espero que esta vez me equivoque– apoyó su cabeza en mi hombro, respirando entrecortada –Me quedaré contigo despierta hasta que amanezca…

–No es necesario, pero si insistes– y así nos quedamos, sigilosas, en una calma demasiado estática.


[Tink]

Desperté como si me estuviera ahogando en el agua y saliera a la superfície de golpe, traté de calmar mi pánico respirando, temblando, con la infernal sensación en mi pecho que tuve tras la tormenta, esa sensación vacía, cruel, despiadada. La necesitaba, necesitava verla.

–Peri– en mi cama estaba Fawn, dormida en una posición extraña, no vi a mi Peri desde allí, todas parecían dormidas –P-Peri– empecé a temblar, sabía que iba a estar allí, por alguna parte, pero por alguna tonta razón no la veía aún.

Salí de la cama medio mareada, con mi corazón sufriendo y una voz temblorosa poco distante de un susurro.

–Peri ¿dónde estás?– me costaba respirar, no estaba soñando, todo seguía oscuro y aquella odiosa sensación no se iba –Peri…– seguí, dando vueltas sobre mí misma, queriendo chillar de pánico pero este mismo me lo impedía, tenía un nudo en la garganta. No podía dar más que tambaleos por la habitación, esperando a que ella apareciera y me salvara de una caída en picado hacia el abismo –P-Peri…

Mi boca estaba seca, mis nervios agrietados, tropecé con mis propios pies y terminé en el suelo, rota, sola, sin sentir el segundo latido de mi vida, con esa horrible, horrible sensación en mi pecho que me susurraba que no estaba, que se la habían llevado, que no la volvería a ver.

–Peri… ¿dónde estás?– caí tumbada sin fuerzas en el suelo, en el centro de la habitación, lagrimando dolor sin consuelo, sintiendo las cuchilladas de la soledad maltratándome para el resto de mi vida –Vuel…ve.

Ignoré lo ocurrido después de aquello, me convertí en una masa inmóvil sin emociones. Las caras que mis ojos reflejaban, las palabras que mis orejas recibían, nada de aquello servía si nadie me traía a mi Peri.

Después de aquello, caos.

No comí, ¿cómo podría? ¿cómo podría ni siquiera sobrevivir con la falta de mi propósito? Dejaría que la muerte me consumiera, que aquél ser me llevara con ella, y esperé al tiempo a que me devolviera mi segunda mitad o se llevara lo que quedaba de mí.

Y esperé, esperé todo el día, toda la noche, solamente para descubrir al despertar Spike desapareció, a pesar de los tantos refuerzos de los scouts. Estábamos sentenciadas. Eso era todo. No había esperanza para ninguna de nosotras.

Solo deseé ser yo la siguiente, únicamente para terminar con aquél dolor que mi cuerpo y mente eran incapaces de soportar. Cada segundo, cada latido, me acercaba un poco más al dios de la muerte, y yo sólo quería que el tiempo corriera, sólo eso.