La moneda se movía entre sus dedos de un lado a otro constantemente, sin apartar sus ojos de la pizarra blanca. Frost, que estaba sentado a su lado con la portátil abierta e intentando concentrarse sin mucho éxito gracias a la falta de sueño, se había dado por vencido con su compañera. Le había insistido en que tomara un día de descanso, Korsak también lo había hecho. Estaban seguros que si Jane no lo hacía por su cuenta, Cavanaugh lo haría por ella.
—Se está burlando de nosotros. —La escuchó decir y cerró los ojos y suspiró. No era la primera vez que lo decía, pero no terminaba de entender por qué. El asesino no había vuelto hacer de las suyas por tres semanas ya, eso era algo bueno para los ciudadanos de Boston, pero no tanto para la investigación. Estaban con muchas preguntas y pocas respuestas.
—Tal vez se asustó después de la metida de pata con Victor y su esposa.
La mirada de Jane se dirigió hacia las notas sobre la interrogación de Victor. Ya con la cabeza más clara y sin el efecto de las drogas, Victor respondió a las preguntas de Frost y fue la misma historia. Mamrie Smitt no había visto a nadie más que a Victor en el suelo de la entrada, desangrándose. Eso era lo que tenían: una testigo, un hombre desangrándose y su esposa muerta.
—Has estado muy… —pausó cuando Jane le lanzó una mirada seria, esperando a que continuara. Se aclaró la garganta y continuó— trabajólica. Y no me lo tomes a mal, este caso es muy importante para todos y tenemos mitad de la fuerza en él y soy consciente que es más personal para ti pero necesitas descansar como todos los demás para poder darle con todo.
Jane tragó en seco y se lamió los labios lista para responder pero lo pensó dos veces. Frost tenía razón y lo sabía. Pero necesitaba mantenerse ocupada.
La puerta del salón de conferencias se abrió de repente, haciendo que los dos detectives reaccionaran sentándose derechos.
—Rizzoli. Mi oficina. Ahora. —dijo Cavanaugh y con la misma cerró la puerta.
—¿Y ahora que quiere? —Se preguntó a sí misma y se levantó haciendo una mueca.
Frost sacudió los hombros y la siguió con la mirada hasta que la puerta se volvió a cerrar. No estaba completamente seguro de lo que quería Cavanaugh pero tenía una idea. Había notado cómo la había estado observando esos últimos días. Tal vez y la obligue a usar las vacaciones que tenía acumulada.
—¿Señor? —preguntó Jane cuando cerró la puerta detrás de ella. Cavanaugh tomó asiento y le hizo una seña con la mano para que hiciera lo mismo y le acercó un archivo—. ¿Qué es esto?
—Es tu nuevo caso, Rizzoli —dijo serio.
—¿!Qué!? Ya tengo un caso —objetó y rechazando la carpeta la alejó de ella.
Cavanaugh colocó su mano sobre la carpeta, deteniéndola, y la miró a los ojos.'
—Es esto o unos días libres, Rizzoli. Tú decides.
Jane lo miró a los ojos con una mirada fulminante por varios segundos y acercó la carpeta hacia ella otra vez, chasqueando la lengua antes de abrirla para echarle un vistazo.
—Tu caso ha estado frío por tres semanas. Creo que un pequeño receso de él te aclarará la mente un poco y entonces podrás ver las cosas por un lado diferente.
—Ujum —contestó sin prestarle mucha atención, pensando que podría cerrar el caso ese mismo día o como mucho en tres días—. Creo que tienes razón.
Sus palabras tomaron por sorpresa al hombre y aclaró la garganta, cambiando de posición en su silla.
—El detective Korsak ya está informado, te ayudará con la investigación empezando mañana.
—¿Mañana?
—Su turno terminó hace una hora, Rizzoli.
Jane gruñó otra vez pero asintió y se levantó con la carpeta en la mano.
—Descansa, Rizzoli. —Jane se giró antes de cerrar la puerta y asintió intentando sonreír.
—Gracias señor.
—Doctora Isles —llamó su joven interno antes de tocar la puerta.
—Puedes pasar, James.
El joven entró con varias carpetas negras en sus manos y por un segundo se mostró confundido. Maura siguió su mirada y se percató que no tenía dónde ponerlas.
—¿Aquí está bien?
—Sí. —Soltó el bolígrafo sobre el reporte que terminaba y se apoyó en el espaldar de la silla, cerrando los ojos por un instante. Su escritorio estaba repletó de carpetas por cada lado y tenía varias cajas en suelo por revisar. Uno de los favores que le había pedido el gobernador era asegurarse que las notas de todas las autopsias en esas cajas estaban correctas. Era un trabajo fácil y que cualquier otro forense podría hacer pero la confianza que tenía en ella no la tenía con cualquiera.
—Ya entregué los resultados del laboratorio a los detectives.
—Gracias, James. —Retomó la pluma y terminó el reporte firmándolo.
—Aun me queda una hora, me aseguraré que todo esté limpió y preparado para el lunes.
Maura sonrió agradecida. El joven había sido de gran ayuda, si no fuera por él y su equipo, estaría mucho más atrasada de lo que estaba. El tiempo extra que había hecho esa semana había ayudado muchísimo pero no había sido suficiente. Cuando Jame salió de la oficina, Maura abrió la gaveta a su lado derecho y sostuvo la tarjeta entre sus dedos, volviendo a leer las letras en ella.
—Detective Jane Rizzoli… —susurró. Había pasado casi un mes y no había vuelto a escuchar de la mujer. Se preguntaba si era a causa del cuadro, de haberle ocultado que era ella. Muchas veces marcó el número en la tarjeta pero nunca se atrevió a llamarla. "Por algo no me habrá llamado… ¿Tal vez no quiere mantenerse en contacto conmigo? Pero yo tampoco la he llamado…" —pensaba, suspirando abatida.
En un impulso agarró el celular y marcó los números una vez más. Su dedo casi toca el botón de llamar cuando el aparato vibró en su mano y dio un respingo por la sorpresa que le causó notar que una llamada le entraba.
—¿617? —Lo reconoció como un código de área de Boston—. Acaso… —Presionó el botón sin pensarlo dos veces—. Doctora Isles.
—Doctora, le tengo una propuesta —dijo una voz conocida.
Jane abrió la puerta de su casa, comenzando a sentir el peso del cansancio acumulado. El carro de Gabriel no estaba estacionado en el garaje así que eso significaba que aún no llegaba. Cerró la puerta detrás de ella y miró el reloj en la pared del salón, haciendo una nota mental de que Gabriel llegaría en una hora y media.
Se quitó la chaqueta en el camino a la cocina y sacó una cerveza fría del refrigerador; se dio un trago antes de sacar el celular y escribir rápidamente un mensaje de texto. "¿Pizza?" No tenía fuerzas ni ganas para cocinar algo. El cocinero era Gabriel, ella se conformaba con cualquier cosa que se pusiera en el microondas y estuviera listo en cuatro minutos.
Gabriel había sido muy considerado con ella por las últimas tres semanas. El trabajo la había absorbido y las pesadillas eran más regulares. Le había insistido en ir con Patricia otra vez, la última vez la había ayudado, pero después de la primera semana sin ningún resultado, Gabriel dejó de insistir y Jane estuvo agradecida por ello.
Se quitó los zapatos y se estiró un poco antes de dejarse caer sobre el sofá. Jo Friday saltó a su lado y Jane acarició su cabeza inconscientemente, sonriendo mirando como el perro movía su cola de un lado a otro.
—Eres feliz con algo tan simple —le dijo y Jo movió la cabeza hacia un lado como si estuviera confundida. Jane sonrió y se hundió en la comodidad de su sofá, notando el paquete que había al lado de su puerta—. "Maura" pensó y exhaló con fuerza. El paquete había llegado dos días después de que Maura regresara a Nueva York y desde entonces se había quedado ahí.
Gabriel se había ofrecido para moverlo pero ella se lo prohibió. Y hasta hoy en día no entendía por qué lo había hecho. Estaba confundida y en un estado de negación increíble. Al menos era consciente de ello o eso pensaba. Sí, era consciente que Maura le había confesado que era su cuadro pero en su mente Maura seguía siendo Maura si no abría ese paquete y confirmaba que era ese cuadro. No tenía sentido y lo sabía. Lo único claro que había tenido en su cabeza por esas semanas era que no podía abrir ese paquete. Aún no.
"No tiene sentido que piense en estas cosas ahora" —Pensó y cerró los ojos decidida a relajarse pero el sonido de su celular dejándole saber que tenía un mensaje de texto impidió que lo hiciera.
"Perfecto. Compraré tu favorita en Babbo's"
Era una mujer afortunada. Sí que lo es.
—Jane —escuchó seguido por unos toques en la puerta.
—Pasa —gritó—. No me voy a parar —murmuró para sí misma, sabiendo que era muy posible que su madre ya estuviera a punto de abrirla—. ¿Qué pasó, Ma?
—¿A qué te refieres? Es viernes. ¿Recuerdas que habíamos quedado para hacer la receta de nana?
—Oh…
—Lo habías olvidado. ¿Y todo este reguero? —decía mientras hacía camino hacia la cocina con varias bolsas con los ingredientes necesario para hacer el mejor estofado del mundo.
—¿Reguero? —Hizo una mueca al caer en cuenta que se refería a sus zapatos y chaqueta sobre el espaldar de la silla—. Le dejaré saber a Gabriel que ya no compre pizza —dijo mientras escribía el mensaje.
—¿Llegará pronto?
—Dos horas como mucho. —Se levantó del sofá y se acercó a la cocina, observando a su madre sacar las verduras y la carne—. ¿Acaso esta es otra receta 'secreta' que no me dejarás anotar?
—Para qué si tú no cocinas.
—Ouch. Madre. Hieres mis sentimientos. —Se tocó el pecho fingiendo un tono dolido.
—Por cierto, encontré esto. —Sacó una revista y se la acercó a Jane que dejó la botella de cerveza a un lado y entrecerró los ojos al ver el nombre de la revista.
—¿Art News? Desde cuándo leo esto, Ma? ¿Desde cuándo leo revistas?
—Esa te gustará —dijo convencida.
—No tengo mucho tiempo para leer —Notó un marcador sobresaliendo por el costado y la abrió— y no creo que me… —Las palabra se ahogaron en su garganta al ver la fotografía que cubría toda la página—… guste.
—Aja. —Su madre le dio la espalda y comenzó a limpiar y pelar los vegetales.
—¿Cómo encontraste esto? —Preguntó sin apartar la mirada de la foto. Se sentía como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que vio ese rostro.
—Tengo mis conexiones.
—Ma…
—¿Qué? Te noté más interesada en el arte y quise actualizarme, ya sabes, cultura y todo eso.
—Aja…
—Y di con eso. Por lo general siempre aparece con su madre, pero me sorprendió ver que saliera sola en esa foto.
—¿Desde cuándo estás leyendo estas revistas?
—Ya te dije… tengo mis conexiones y conseguí todas desde principio de año.
Jane la miró atónita.
—Eres consciente de que no me interesa tanto el arte, ¿verdad? Esto no era necesario. Porque muestre un poco de interés en un cuadro no quiere decir que de repente soy amante del arte o viva y muera por él.
Angela dejó el cuchillo sobre la tabla de madera y se giró cruzando los brazos con una mirada seria que dejó a Jane boquiabierta.
—¿Si has mostrado tanto interés por ese cuadro, por qué sigue allí?
Jane no entendió a qué se refería hasta que su madre señaló con su dedo el paquete al lado de la puerta.
—Cómo sabes… Gabriel. Gabriel te dijo. —Se frotó la frente con sus dedos. ¿Acaso su marido era como sus hermanos que no podía decir un simple "No" cuando su madre les preguntaba algo?
—No has querido hablar conmigo…
—He estado muy ocupada con el trabajo, Ma —la interrumpió y hasta a ella le sonó a una excusa barata.
—¿Acaso discutieron antes de irse? Espero que no le hayas hecho nada, Janie.
—¿¡Por qué piensas que le hice algo!? —Agarró la botella de cerveza nuevamente y se terminó lo que quedaba de una.
—Solo preguntaba. Me agradó mucho y parece una mujer muy simpática y educada.
—Lo es —convino más rápido de lo que le hubiera gustado y miró la foto de una Maura sonriente y más bella que nunca. Victor tenía razón, podría pasar por modelo.
—¿Por qué no abres el paquete entonces?
—No es momento aún.
Su madre la miró por encima del hombro y para su sorpresa no hizo más preguntas. ¿Cómo podría su madre entender lo que ese cuadro significaba? Si ni siquiera ella sabía. La persona desconocida que llegó a admirar simplemente por un cuadro, la misma persona que quería conocer… esa persona era ella. Había repetido en su cabeza cientos de veces la conversación que tuvo con Maura en la primera exposición y luego en la segunda. Las preguntas que le había hecho Maura sobre el cuadro aquella primera vez y cómo olvidar cuando le dijo que se sentía atraída por el artista. Maura tenía razón… había intentado decirle en las dos ocasiones, pero siempre hubo una interrupción y aún no logra entender cómo se le pasó por alto.
—Me gustaría verlo cuando decidas abrirlo.
—Claro que sí, Ma.
Frost alzó la mirada, atento cuando vio a sus compañeros entrar con sonrisas en los labios, extrañaba ver esa satisfacción al cerrar un caso. Korsak se disculpó para ir por una taza de café y Jane se quitó la chaqueta dejándola sobre su silla antes de sentarse.
—Podría decir que eso fue un record.
—Aprende novato.
El hombre sonrió. Le gustaba ver a la Jane que conocía.
—Cavanaugh se veía muy complacido y tiene buenas noticias. —No pudo contener la sonrisa y se maldijo mentalmente al notar el brillo en los ojos de la mujer. Ya comenzaba a prepararse mentalmente para la pregunta que veía venir.
—¿Y tú por qué tan sonriente?
—¿Acaso no puedo estar feliz por el éxito de mi querida compañera?
—Aja… Claro —Lo estudió con la mirada y Frost suspiró aliviado cuando Cavanaugh abrió la puerta del salón de conferencias y la llamó.
—Rizzoli.
—No puedo creer que ya me vaya a romper las pelotas. Acabo de llegar —dijo en un susurro entre dientes.
—¿Sí, señor?
—Necesito hablar con usted —avisó y cerró la puerta.
Jane se levantó de su silla con un quejido que sonó más a un gruñido y miró a su compañero de reojo y luego a Korsak que llegaba con su taza de café.
—Piensa que son buenas noticias —intentó animar Frost pero solo se ganó una mirada asesina de la mujer.
—¿Acaso tú estás en esta también? —Le preguntó seriamente a Korsak que solo se sacudió de hombros y negó con la cabeza.
—Rizzoli es para ahora. —Cavanaugh había abierto la puerta y solo se asomó para decirle eso antes de volver a cerrarla.
Lanzándoles una última mirada a sus compañeros, Jane se dio media vuelta y entró en el salón de conferencias que ahora solo era utilizado para la investigación del caso de ellos tres. Tomó asiento al final de la mesa ovalada y esperó las buenas noticias, que esperaba que fuera que estaba de vuelta en el caso.
—Buenas noticias, Rizzoli… pero antes de nada quiero felicitarte por cerrar tan rápido el caso que te asigné.
Jane se mordió la lengua para no responder que ese caso lo pudo haber cerrado hasta un principiante.
—Estás de vuelta en caso.
—Esas sí que son buenas noticias.
—Hay más.
—Aja… —¿Por qué tenía el presentimiento de que las buenas noticias se iban a joder?
—Tendrán un nuevo miembro en la investigación. Les ayudará en lo que sea necesario.
—¿¡Qué!?
—No interrumpa, detective. La pericia de esta persona y el conocimiento que tiene sobre el caso y sobre El Cirujano son esenciales en esta investigación. Los detectives Frost y Korsak están de acuerdo con mi decisión y piensas de igual forma.
"Esos malditos… así que ya estaban en esto…" —pensó, levantándose de la silla y cruzando los brazos.
—No es objeto de debate, Rizzoli. Ahora… —Chequeó su reloj y asintió—. Estará en tres minutos. Quédese aquí para darle la bienvenida oficialmente.
—¿Oficialmente? —murmuró una vez sola. ¿Cómo podían quedar de acuerdo en algo tan importante como un nuevo integrante en el equipo sin consultar con ella primero? Frost y Korsak se las iban a pagar.
"Tres minutos, he" —lanzó una mirada al reloj en la pared y siguió la manilla con cada segundo hasta que pasaron dos minutos—. "Nuevo compañero y uno que llega tarde, genial" —pensó al notar que había pasado dos minutos y treinta segundos exactos.
—Jane.
Jane dio un respingo y se dio media vuelta colisionando con una de las sillas y casi cae si no fuera por sus reflejos y sus manos que detuvieron la caída al aferrarse del borde de la mesa con rapidez. La puerta de la entrada permanecía cerrada y ya habían pasado tres minutos. Hubiera jurado que había escuchado su nombre. Que había escuchado su voz. ¿Acaso tan mal estaba?
—Hola, Jane. —Una imagen apareció en la pared gracias al proyector. La mujer sonreía y saludaba con su mano en el video.
El cuerpo de la morena se giró lentamente, procesando lo que estaba viendo.
—¿Maura? —Se preguntó si la podía escuchar y obtuvo su respuesta cuando la sonrisa de la mujer se amplió.
—Espero que podamos trabajar bien como un equipo. —Su voz resonó entre las cuatro paredes y Jane no hizo y no podía hacer más que mirarla boquiabierta.
—Maura… —sonrió contagiándose por la sonrisa de la imagen enfrente de ella.
N/A: Había prometido un capítulo más largo que esto pero no se pudo por varias razones. PERO, espero tenerlo súper pronto. También quiero disculparme por el atraso con la publicación de este capítulo. El plan era publicar mínimo una vez a la semana pero hace dos semanas que estoy trabajando horas extras (Y obligatorias) en mi trabajo… lo cual me dejan como mucho unas miserables tres horas, como mucho, de mi día. En conclusión, estoy hasta sorprendida de haber podido escribir este capítulo ya que lo hice con dolor de cabeza…
PD: Si no lo ven venir, yes… habrá algo de comunicación a distancia por varios capítulos. Reitero otra vez que este es un fanfic "Slowburn" que como dicen en Inglés "If is not your cup of tea… Sorry" Para aquellos que les gusta el Slowburn (en otras palabras que las cosas se desarrollan lento) lo pasarán lindo : )
Gracias por todos los comentarios, son las mejores! 3
