Los días habían pasado con rapidez para los dos jóvenes Slytherin, viendo como el tiempo parecía cobrar vida y emprendía vuelo frente a sus ojos con tal sigilo que no se daban cuenta de la hora hasta que sus amigos iban a buscarlos o entraban a su habitación para dormir, interrumpiendo el hermoso momento que habían creado. Dentro del enorme y majestoso castillo el rumor -que había dejado de ser rumor para darle paso al hecho- de la relación de los dos chicos había corrido por todos los pasillos, no era como si le molestara a Armus, ni se hable de Tom, quien estaba más que feliz por poder mostrar a el mundo mágico que el niño-que-vivió era suyo.
—Maldición, el proyecto de Runas Antiguas —murmuró Armus deteniendo su paso—. Maldición, maldición, maldi...
Una suavidad en sus labios le hizo callar cualquier palabra que iba a salir de ellos, tragando con gusto todos sus pensamientos para sonreír en medio del beso.
—Creo que ya he perdido el significado de 'maldición' —anunció Tom sonriendo—. Vamos por tus cosas, amor.
—No me voy a mover hasta que vuelva a tener tus labios contra los míos —haciendo un puchero, Armus miró a su novio con fingido enojo.
Tom rió ante el berrinche de su pareja. Los alumnos que pasaban sólo sonreían al ver a la pareja del año, más cuando estaban en vivo y en directo, aunque no todos estaban de acuerdo con esa pareja, sobre todo las antiguas parejas (o pasatiempos, como les solían llamar) del ojiverde.
Algunos eran tan molestos que se creyeron capaces de espetarle en la cara del castaño lo bien que podía llegar a besar Harry o cómo se iba a dar cuenta de que sólo le estaba utilizarlo para olvidarles, cosa completamente estúpida si contamos que, después de un mes, Armus no había cambiado de pareja, como solía hacerlo antes de la llegada de Thomas. Era muy claro para la mayoría de los estudiantes, hasta de los maestros, que la pequeña serpiente de oro ya había encontrado a su compañero definitivo, hasta los Gryffindor más idiotas podían notar eso.
Lamentablemente para los valientes que se osaban en escupir en la cara de Tom todo sus momentos con el azabache terminaban en la Enfermería con el único recuerdo de dos ojos rojos mirándolos con burla.
—¿Besar a mi chico?—preguntó el castaño medio rubio frunciendo el ceño— No me bastará con tan sólo besarlo —bromeó.
—Podemos terminar en la habitación —contestó guiñando el ojo—, pero si no me das el beso puede que cambie de opinión...
Thomas Sayre se apresuró en invadir con un inundador cariño los labios de su pareja, oyendo como unos pequeños suspiros se oían a su alrededor, hasta que algo llamó su atención.
—¡Colin Creevey! —rugió el ojiesmeralda, un rugido que haría al mismísimo Godric Gryffindor orgulloso del Slytherin.
El mayor miró a su lado y vio a un chico de Gryffindor parado a su lado con una cámara en sus manos, apuntándoles con ella. Creevey casi dejó caer todo su peso en su trasero al ver como el novio de su héroe se acercaba a él y se posaba de forma amenazante, o eso pensaba la mayoría.
—¿Cómo salió?—preguntó sonriendo.
El Gryffindor sonrió de igual manera, le mostró la foto -la cual había salido de alguna parte de la cámara- y luego de la dio con alegría.
—¡Thomas! —chilló indignado Harry mientras miraba a su novio inflando los cachetes, haciendo a más de uno suspirar y querer maldecir al nombrado por dejar solo a un cosa tan adorable como lo era Harry.
—¡Harry! —imitó el mayor mientras caminaba a su dirección y le mostraba la foto— Dime, ¿acaso esto no es perfecto?
El Elegido se acercó a ver la foto y sonrió al ver a los dos jóvenes que salían en ésta besarse con cariño. Agarró su varita y, con un pequeño hechizo, hizo que la imagen se moviera, dejando a los dos novios fascinados por lo que veían.
—Colin, ¿y si te contrato para una sesión de fotos?—preguntó el Black sonriendo— Merlín, no sé porqué estudias magia si ya tienes este hermoso don.
El chico se sonrojó haciendo reír a Armus, quien revolvió sus cabello con cariño antes de robar la mano de su novio y salir corriendo a su Sala Común para recoger el trabajo olvidado de su escritorio.
A nadie le asombraba la actitud que habían tomado las dos cabezas de Slytherin. Desde que se había difundido el rumor de que eran novio o, en todo caso, desde que habían empezado a salir, los dos chicos se encontraban más sonrientes y alegres, hasta tal punto de hablarle a estudiantes de Gryffindor como si fueran amigos de toda la vida. Los demás estudiantes de Slytherin empezaron a seguir el ejemplo de sus dos lideres y convivían un poco más con personas fuera de su Sala Común, aunque el odio obtenido por muchos integrantes de distintas casa parecía intacto.
Algo que no le importaba en lo absoluto a la pareja, no almenos que se metieran con alguno de ellos, cosa que Thomas nunca permitiría.
—Tom —murmuró el disfrazado azabache mientras dejaba su libro y miraba hacia arriba, encontrándose con la mirada de su novio.
—¿Hmm...?
—¿Quieres ir a mi casa estas vacaciones?
—¿Tu casa? —preguntó el ojimiel saliendo de su mundo y mirando a la, según él, pequeña e indefensa criatura que se encontraba recostada en su estómago— Eso... ehh... sí, me encantaría... pero, ¿por qué?
Harry sonrió y cerró su libro para acomodarse boca abajo, recargándose en sus codos y viendo con cariño y amor a su pareja.
—Porque quiero que conozcas a mi familia —declaró—, aunque debes jurar algo...
—¿Qué debo jurar, mi estrella? —preguntó sentándose y acariciando el cabello de su amado.
—No divulgar lo que veas, escuches, sientas o descubras allí dentro —contestó cerrando los ojos para disfrutar las caricias—, mi familia no es... eh... normal, y esconde uno que otro secreto que no deben llegar a oídos ajenos.
—¿Oídos ajenos?
—Lo entenderás cuando lo veas.
Tom asintió y siguió acariciando el cabello de su chico. Que Harry quisiera presentarle a su familia era que, después de tanto tiempo -aunque no mucho, hay que admitir-, quería hacer las cosas formales, algo que le fascinaba completamente, pensó que sólo iba a pasar eso cuando él mismo se lo pidiera... aunque debió haberlo sospechado desde el día que Harry decidió agarrar su mano en frente de toda la escuela y, después de un momento, besarlo. Acciones que parecían lejanas en comparación al tiempo que ha pasado con él.
Debía admitir que fue el mejor día de su miserable vida.
Ahora todos sabían que su querido héroe tenía dueño, pero... ¿qué pasará cuando su pequeño y hermoso niño se entere de quién es en realidad? No quería pensarlo, puesto que estaba seguro que las cosas no irían bien después de eso y, por más que lo pensaba, no tenía ni una idea de cómo decirle algo tan importante a su chico, ¿y si lo odiaba? No sería algo de extrañarse, mató a sus padres frente a él cuando sólo tenía un año de edad. ¿Cómo se lo tomaría? Tal vez debía decirlo con sutileza y empezar a darle un poco de pistas.
—¿Yo un día podré ir a tu casa, Tom? —preguntó la estrella con interés, empezando a repartir ligeros besos por el abdomen del mayor.
—Claro, ¿qué te parece las próximas vacaciones? —entre más tiempo tuviera, mejor.
—Injusto —balbuceó mientras enterraba sus besos en el, ahora, cuello de su novio.
—Quiero conocer bien a tu familia, querido —excusó mientras hacía su cabeza hacia atrás, dando más espacio libre a los besos de su chico.
Harry siseó y se subió al estómago de su pareja, dirigiendo sus besos a los labios de éste con desesperación. Thomas respondió el beso con intensidad, empezando a acariciar la cintura de su novio y, de paso, bajar un poco hacia su espalda y acariciar con suavidad sus bien proporcionadas nalgas.
—Lo mataré —el siseó llenó la habitación y Harry se bajo rápidamente del cuerpo del mayor para poder agarrar a Ómorfos antes de que empezara a hacer una revuelta— ¡¿Cuántas veces he dicho que no hagas eso frente de mí?! —dijo indignado.
—Perdón —susurró Harry acariciado a su fiel compañero—, pensé que habías ido a cazar algo...
—¡Cazar! ¡Casar es lo que harás tú cuando te preñes con ése!
Tom empezó a toser tratando de disimular el asombro al oír esas palabras. Armus no sabía que podía hablar pársel, ¿qué pasará si lo hiciera? Tal vez se empezara a hacer la idea que salía con el Señor Orcuro...
—Dos hombres no pueden tener un hijo —aclaró Tom sentándose en su cama para ver al hermano de carácter de su hermosa Nagini—. Claro, no de la forma natural.
Armus y la serpiente se le quedaron viendo por un largo tiempo, empezando a poner incómodo al joven Lord.
—Me agrada —siseó Ómorfos—. Te doy permiso de tener pequeños humanos con Armus, sólo que no antes de los 30, por favor.
—¡Ómorfos! —regañó el chico sonrojado— ¡No digas cosas como ésas! —Tom rió por lo bajo, recibiendo una miraba matadora del pelinegro—... ¡Y tú! ¿Por qué mierdas no me dijiste que hablabas...? ¡Todas las cosas vergonzosas que le he dicho a Ómorfos y tú...! ¡Tú lo entendiste todo!
Tom soltó una carcajada afirmando la pregunta no formulada del menor, causando que su antiguo sonrojo no sea nada del que ahora tenía en su rostro.
—Dos semanas —siseó molesto.
—¿Dos semanas? —preguntó Tom pensando— Son las vacaciones...
—Dos semanas de abstinencia —siseó molesto.
—¿Q-Qué? Pero...
—Y suerte con encontrar un lugar en mi casa donde yo esté solo...
—Armus...
—Y dormiré en mi cama lo que queda de clases —dijo empezando a caminar hacia su cama con Ómorfos en brazos.
Y sí, Armus durmió todas los días faltantes para vacaciones en su cama, que Tom se metiera a dormir con él a mitad de la noche, molestando a Ómorfos de paso.
