Sí… He terminado Eternidad… ¡Qué triste! Me lo terminé en dos días por mi alta inspiración u.u Bueno, constará de 30 capítulos… Espero que sea suficiente para alargar esta historia tan demente XD

Agradecimientos a todos los que me comentaron n.n Para Antoniette Gray, karlaguilar, Arovi, atemxanzulove (SUERTE EN TU FIC :'D), dragonazabache, Tarrant HighTopp (Así es u_u cuando pongo ternura me siento bien… Lástima que ahora que escribo no estoy de muy buen ánimo pero ya me sentiré mejor n.n), A Certain Unfortunate Guy (Don't worry, if you want, write in english, because I understand you, I like your language because I wanna be an English Teacher n.n) Ariette5 (Ya me parecía raro que no me comentaras Jaja no te preocupes, te entiendo, pronto no podré verlos así que será tu turno de esperarme… GRACIAS POR TUS COMENTARIOS QUE LLEGARON A LOS 300!)…

Una pequeña larga respuesta a: Ryuketsu no Hana

QUE GRAAANDE TU COMENTARIO XD!Jejeje tu gran aparición me dio sorpresa n.n jejeje Lei una de tus historias, o más bien, serie de drables XD, está muy bueno y te felicito :'D Gracias por invitarme al grupo secreto RevolutionShipping, pero aunque quisiera, tengo un grave problema: PADRES PSICÓPATAS! Sep, me preguntan ¿en qué grupo estás? ¿de qué? Los conoces? Y será un graaave problema -.-U No puedo revelar mi verdadero nombre por el simple hecho de que además que no me gusta (ODIO MI NOMBRE) me traerá problemas… Seguiré de incógnito en fanfiction y en youtube, si quieres muéstrale mis proyectos al grupo, pero no me dejarán ingresar, lo siento u.u Respecto a tus críticas, sé que no me salvo de ellas, siempre habrá un error u.u y no me siento mal, de hecho me gusta que vas mis errores para que los vea, sobre las canciones… Soy principiante y lo siento XDDDD Soy muy tonta :c Sobre escribirla subrayadas, las cambiaré en mis futuros capítulos, pero por ahora no lo haré, pues no pondré ningún song-chapter por el momento como hasta en diez capítulos más n_nU Jajaja gracias por tus observaciones!

Bueno, he escrito mucho sin avanzar nada Vayamos al capítulo!

Capítulo 11: Malestar.

Tapó la olla para ahorrarse unos segundos al escuchar el timbre llamando. Abrió la puerta para encontrarse con los ojos del faraón.

— ¡Atem, qué sorpresa! — Expresó.

— Hola, Anzu. — Sonrió algo apenado. — ¿Te molesto?

— No, claro que no. Preparaba la cena, es todo. ¿Te sucede algo malo?

— Tú sabes que ahora vivo con Jonouchi, ¿verdad? — La ojiazul asintió.

— ¿Peleaste con él? — Al ver que el chico hacía una mueca, se sorprendió, pues él nunca hacía ese tipo de gestos. — ¿Atem?

—… Algo así. — Se rio. — Es un peligro en la cocina, así que escapé de sus extraños experimentos de comida. — Admitió. Anzu se rio y lo invitó a pasar. — Vine aquí si tenías un libro de recetas para que sea yo el que se encargue de cocinar. Solo sé cocinar pocas cosas…-

— ¿Cocinas? — Preguntó curiosa. — ¿Cómo qué cosas?

— Anzu… Son pocas cosas sin importancia… Quizá ya ni pueda hacerlo. — Se mordió el labio. — Creo que incluso el agua se quemaría. — Anzu sonrió conmovida por la pesadez de su amigo y colocó una mano en su hombro.

— Anda, cocinar no es como ser un esclavo, es más fácil de lo que crees. — Aseguró. — Pero, dime… ¿Acaso tu madre te enseñaba unas recetas cuando eras un niño?

—… Sí. — Sonrió cerrando los ojos. — Es extraño… Veo mi pasado tan lejano ahora que estoy contigo…— Anzu se sonrojó. El faraón, al darse cuenta de lo dicho, también sus mejillas se tiñeron de rojo. —… Y con los demás…— Trató de aclarar, pero ya lo había dicho. Necesitaba desviar el tema. —… Se siente como si toda mi vida como faraón fue un sueño.

— Un sueño, el cual nosotros también estuvimos. — El tricolor la miró. — Puede que sea lejano porque estás ahora con nosotros, pero cree que son memorias de tu corazón, las cuales jamás podrás olvidar, por más que creas que fue un sueño, fue real. — Bajó la vista ante la intensa mirada del faraón sobre ella, necesitaba quitarse de esos ojos violetas antes de que le diera un ataque al corazón. —… ¿Quieres cenar? Si me ayudas, tal vez te enseñe algo de lo que yo sé cocinar, aunque deberás venir seguido ya que son una gran variedad.

Él sonrió en respuesta, no le caería mal visitar seguido a su querida amiga cuando la necesitara.

— A cambio de algo.

— ¿…Ah?

— Me tienes que cocinar a mí también. — Le guiñó el ojo. El chico se sonrojó. ¡¿Qué dijo QUÉ?!

— Bromeas, ¿verdad?

— Claro que no. — Sonrió. — Quiero saber sobre tu familia, no hay mejor manera compartiéndola con la culinaria. — Se rio.

No estaba seguro de aceptar, le encantaba la idea de estar más tiempo con ella, pero… No estaba muy de acuerdo con el trato, le daría mucha vergüenza. Según le había dicho Yugi, las chicas eran las que sorprendían a los chicos con cosas como esas… Sin embargo, a veces el chico debía seguirle el juego. ¿Esto era seguir el juego? Apretó los labios.

—…

— ¡Acepta, Atem! — Le animó. — Si tienes miedo a que me burle de ti, eso no pasará. — le aseguró. — Además… Será divertido.

Él sonrió.

—… Supongo que…

— ¡Gracias!

La ojiazul le estuvo enseñando principalmente recetas fáciles, tales como fideos, arroz… D vez en cuando ocurrían leves accidentes, causándoles gracia.

— ¿Sabes? Esto podría ser muy bien vendido en las pastelerías. — Comentó la bailarina a su amigo con una sonrisa. — ¡Cocinas bien! Creí que serías un poco más atolondrado como Yugi…— Admitió. — Pero no cabe duda que tienes muchos dones. Veo que aun recuerdas bastante bien la receta que te enseñó tu mamá. — Le señaló el postre con una sonrisa. — ¿Te lo preparaba en una de sus tantas fugas a la cocina? — Atem se rio por la pregunta.

— Lo hacía cuando me sentía triste o cuando papá no tenía tiempo para mí.

— Creí que él y tú eran muy unidos.

— Y Lo éramos… Así que el más mínimo momento de su ausencia, me sentía solo, pero me animaba enseguida gracias a mamá. — Se rio. — Recuerdo que Shimon nos descubrió y nos regañó… Nos estuvo vigilando casi dos meses para que no hiciéramos nada malo. — Anzu se rio. — Supongo que en eso… Se parece demasiado al abuelo de Yugi. — Miró el reloj de la cocina. — ¿Tan tarde es? — Anzu miró también el objeto.

— ¡Woah! ¡¿Ya son las once?!

—… Lo lamento, Anzu. Me quedé más de lo planeado.

— No, no. Fue mi culpa. Tú tranquilo. Te acompaño a tu casa.

— Pero es tarde…

— Yo y Jonouchi vivimos más cerca de lo que crees, encontré un atajo en el muelle. Vamos, tú tranquilo.

Él sonrió por la insistencia de su amiga, no había quien detuviera sus decisiones, ni siquiera él. Anzu se quitó el delantal que había estado teniendo todo el rato desde que había comenzado a cocinar y se colocó un abrigo. Ambos salieron del edificio y caminaron en silencio. La ojiazul cerró los ojos recordando cuando esos maleantes habían querido hacerle daño.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

"Perdió el equilibrio y volvió a caer al suelo. No podía moverse…

Vaya, vaya, vaya… Miren… A lo lejos… Una cena nos espera.

Se levantó nuevamente al oír esas palabras. No, estaba a punto de lograrlo, necesitaba perderlos, aunque sus rodillas dolieran como los mil demonios, debía alejarse.

¡Sepárense para agarrarla!

Aceleró sus escasos pasos hasta que finalmente llegó al muelle, pero sabía que la alcanzarían. No había nadie a su alrededor… Pero necesitaba a alguien…

¡SOCORRO! ¡QUE ALGUIEN…! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE! ¡YUGI, JONOUCHI, HONDA, ATEM! — Comenzó a llorar al mencionar este último.

¡NADIE TE AYUDARÁ!

Una mano la jaló con fuerza por atrás y ella soltó un fuerte grito de horror.

.

.

.

¡Suéltame!

¡Oye! ¡Anzu, espera! — La agarró por las muñecas.

¡NO ME TOQUES!

¡ANZU, SOY YO!

Anzu frenó su forcejeó y abrió los ojos. Se encontró con unos preocupados y desconcertados ojos violetas. Era Atem.

Anzu parpadeó repetidas veces para convencerse que el faraón no era una ilusión. Él estaba en frente ella, agarrándola de las muñecas con una expresión de miedo. Su garganta no lo soportó y un gritó ahogado escapó de sus labios, dejándose caer, sin embargo el chico no se lo permitió y la hizo caer suavemente. Seguido de esto, se arrodilló en frente de ella.

—… Anzu, ¿qué pasó? ¿Por qué…-?

Su pregunta no pudo ser terminada de pronunciar, ya que unos delgados brazos rodearon su cuello y sintió que las lágrimas de la ojiazul comenzaban a mojar su camisa. Lloraba con desesperación, pero a la vez de alivio.

¡Atem…! ¡Yo…! ¡Tenía miedo! — Lo abrazó con más fuerza. — ¡TENÍA MUCHO MIEDO!

Anzu se separó de él y lo miró. Sus ojos zafiros aun derramaban lágrimas e irradiaban súplica.

—… Abrázame. — Sollozó. — Abrázame, por favor. — Suplicó mirando el suelo. Se sentía una tonta, débil. Se sentía avergonzada de que el faraón la viese en ese estado tan lamentable. Aunque le suplicó que la abrazara, quizás no lo haría, solo seguiría observándola esperando una explicación.

Lo que no contó es que Atem le obedeciera, la estrechó entre sus brazos con fuerza, con protección y afecto. Sollozó nuevamente contra su hombro, se sentía cálida, protegida por él."

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Sonrió apenas recordar el abrazo del chico que iba a su lado, sin duda él era el único que podía hacerlo sentir segura de todo mal o preocupación. Muchas veces la había hecho sentir de esa manera, pero internamente siempre se negó de ese sentimiento del cual le daba motivos para sonreír con sus amigos y con Él. No podía ser comparado con otra persona, porque él era especial, en todos los sentidos en que podría ser llamado de tal forma.

Atem recordaba lo mismo que la castaña, cuando la vio correr, llorar, sangrar en el muelle, presa de la desesperación, nunca había sentido tanto miedo de verla de tal forma. Ella nunca se había atrevido a abrazarlo quizá por cuál razón, pero no lo había hecho hasta esa noche. Un suspiro de alivio escapó de sus labios agradeciéndose a sí mismo de que hubiese estado en el muelle hasta tan tarde. De lo contrario, hubiera pasado algo que jamás se perdonaría.

Pero… Lo sucedido después del incidente…

Ambos se miraron y ambos rostros se tiñeron de rojo al solo recordarlo, así que apartaron rápidamente la vista del otro. Anzu se llevó su mano a su boca, mientras que el faraón se mordía el labio.

-F-la-s-h—B-a-c-k-

"— Anzu…— Frunció el ceño. — No vuelvas a hacer eso, pudiste haberte matado.

—… Pero no me pasó nada…— Apartó sus ojos de él. — Solo caí mal…

Aun así, ellos pudieron…-

Pero no lo hicieron. —Le interrumpió. — Porque estuviste ahí. — Tomó su mano. — Siempre estás ahí cuando te necesito.

Atem dejó de fruncir el ceño al oír esas palabras. Inconscientemente entrelazó sus dedos con los de ella, sorprendiéndola.

Pero tengo miedo de no poder protegerte siempre.

Anzu abrió los ojos por la sorpresa. Esas palabras… Tan llenas de significado, llenándola de esperanza, de que él quizá… Sintiera lo mismo por ella.

Atem se reprendió mentalmente por decirle eso, quizá arruinaría su amistad esa frase, pero no se arrepentía, él era sincero. Tenía miedo de que algo pudiera pasar con ella mientras él no estuviese cerca. De verdad le aterraba, también el futuro, de lo que podría venir ahora que se había quedado…

Anzu se paralizó al ver el rostro del ojivioleta acercarse lentamente hacia ella. Siempre soñó con un momento como ese, en una clase de situación como esa, pero nunca creyó que los nervios y la vergüenza fueran tan fuertes. Sin poder seguir sosteniendo contacto visual con el chico, cerró los ojos esperando que Atem acabara la distancia, ella era incapaz de moverse. Sus labios comenzaron a temblar al sentir el suave aliento del faraón a tan solo milímetros de distancia.

El momento se rompió al escuchar hervir el agua. Atem se separó bruscamente de ella, estaba sorprendido y molesto con él mismo. Se había dejado llevar por el momento y por su corazón…"

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

Ambos se detuvieron al llegar al muelle, pues vieron a una rubia muy familiar viendo las aguas con una expresión seria en sus ojos lilas.

—… ¿Mai-san? — Llamó la ojiazul. La rubia se giró al ser nombrada por una voz familiar y abrió los ojos con sorpresa al ver a la pareja.

— ¿Anzu? ¿Atem?

Ambos sonrieron. La ojiazul corrió hacia ella y la abrazó. Mai, algo sorprendida, correspondió el gesto con una compresiva sonrisa.

— ¿Cómo has estado, Mai-san? Hemos estado muy preocupados por ti. — Inquirió preocupada. Mai miró el suelo.

—… Necesitaba encontrarme a mí misma, lo siento, Anzu. Era un momento difícil para mí, que necesitaba superar. Espero que después de todo lo que he hecho, puedas perdonarme y que volvamos a ser amigas.

— ¿Bromeas? ¡Somos amigas desde hace mucho! — Tomó sus manos entre las suyas. — ¡Me alegras que ahora estés bien y vuelvas con nosotros! — Le regaló una cálida sonrisa.

El ojivioleta, admirando la escena, no pudo evitar sonreír. Su castaña era incapaz de guardar resentimiento por nadie, podía mostrarse tajante cuando la molestaban, pero cuando alguien la conocía de verdad, como él… Encontraba a una persona muy bondadosa.

— Gracias, Anzu. — Bajó la cabeza. — Significa mucho.

— No hay problema.

— Solo te falta hablar con Honda y Jonouchi. — Se atrevió a hablar el faraón.

La rubia de ojos lilas miró al chico, ambos se mostraban igualmente de serios. La castaña borró su sonrisa, preocupada.

— Tranquila, de seguro no habrá rencor y entenderán tus sentimientos. — Le animó.

Mai sonrió y miró a ambos. Ahora que se daba cuenta…

— Y ustedes… ¿De nuevo están en citas?

Reprimió soltar una carcajada, antes lograban disimular más, pero comparado con este momento…

Ambos rostros que tenía en frente se tiñeron de rojos, se miraron y apenas sus ojos se cruzaron, los apartaron del otro enseguida. Atem miró el suelo, mientras que Anzu miraba el cielo, pareciendo rogarle a Ra que la tragara la tierra…

—… ¿Adónde van?

— Ah… Acompaño a Atem a su casa. — Contestó la castaña.

— ¿Ah, sí?

— Sí. — Habló el faraón. — Hace unos días comencé a vivir con Jonouchi. —Mencionó.

—… Ah… Con Jonouchi, ¿eh?... — Miró el suelo unos segundos, hasta que alzó la vista. — ¿Puedo acompañarlos? Así, Anzu no tendrá que devolverse sola a casa. — Aseguró con una sonrisa incómoda. Atem sonrió conmovido.

— Pueden pasar a tomar un poco de té si quieren. — Invitó, rogando internamente que solucionara las cosas con Jonouchi de una buena vez. Anzu comprendió su plan y le siguió el juego.

— ¡Sí, es una gran idea! Jonouchi estará muy feliz de verte.

La rubia se sonrojó, provocando que sus dos amigos soltaran una suave risa.

— ¡¿De-De qué se ríen?!

— Es que…

— Es muy notorio. — Completó el chico.

— Lo que sientes por Jono… Es muy obvio. — Sonrió con ternura. — Espero que ambos vuelvan a ser los amigos de antes.

Mai sonrió con tristeza, pues decirlo era fácil, pero llevarlo a cabo… No lo era, sería complicado. Después de todo, la culpa seguía corriendo por sus venas y palpitaba dolorosamente su corazón. Atem y Anzu parecieron comprender su dolor, pues el faraón le había dirigido una triste mirada, mientras que Anzu le regalaba una sonrisa para reconfortarla. La rubia de ojos lilas no pudo evitar soltar una risa melancólica.

—… ¿Qué dices, Mai-san? — Le preguntó la chica un poco incómoda.

— Claro.

El trío comenzó a caminar para irse del muelle, pero una presencia hizo que Atem se detuviera y se girara bruscamente.

No había nadie… ¿Qué había sido eso? Y aún lo sentía, una cruel mirada posada en él. Si tuviera el artículo del milenio, podría verificar de quién se trataría. Pero no podía tocarlo… No por el momento.

— ¿Estás bien? — Se giró enseguida para mirar a Anzu y a Mai, esta última había formulado la pregunta, mientras que la ojiazul había posado una mano en su hombro con preocupación. Él sonrió.

— Sí, me distraje un poco.

Esa sensación no se iba, mientras caminaban, sentía cada vez más cerca la presencia, podía jurar que incluso había escuchado una leve risa de burla, pero miró a sus amigas, que parecían no notar nada. Quizá estaba paranoico, pero lo dudaba, siempre acertaba cuando sentía a alguien cerca, entonces… ¿Por qué no podía ver a nadie en la oscuridad? Había reaccionado cuando Anzu le había anunciado que habían llegado. Él usó sus llaves y abrió la puerta. No le sorprendió encontrarse, de nuevo, al rubio tirado en el suelo. Esta vez no estaba durmiendo, más bien estaba tirado como un cadáver, murmurando que tenía hambre.

—… Ya llegué. — Anunció con una ceja alzada.

El rubio alzó rápidamente la vista.

— ¡ATEM, AMIGO! ¡Estás aquí!

— Vengo con visita.

— ¿Ah, sí? ¿Quién?

Se hizo a un lado, dejando ver a la castaña con una sonrisa, y a una rubia con una expresión de sorpresa al verlo de esa manera. El rubio se sonrojó de la vergüenza, causando que Atem y Anzu reprimieran soltar una carcajada.

—… ¡Mai! ¡Qué-Qué sorpresa! — Expresó lo más calmado posible, pero por su tartamudeo, que maldijo, solo logró que Mai forzara una sonrisa.

—… Hola, Jonouchi.

— Anzu me enseñó unas recetas para que yo cocine, tú eres un asco. — Informó el faraón. Los ojos chocolate del rubio brillaron de la emoción.

— ¡Sí! ¡Gracias por ser su novia, Anzu! — Agradeció abrazándola.

— ¡¿Eh?! ¡JO-JONOUCHI! ¡NO SOY…!

— ¡NO ES MI NOVIA! — Lo jaló del brazo celosamente, apartándolo de su preciada castaña.

Mai se rio junto con el rubio por la inocencia de ambos chicos. Atem y Anzu se miraron y luego sonrieron de forma cómplice.

— Ambos prepararemos la cena, Jonouchi-kun.

El rubio palideció. Ninguno de los dos pronunciaba ese "kun" al llamarlo. Estaban planeando algo.

— Mai comentó en el camino que había traído unas cuantas películas.

— La mayoría son de terror. — Siguió el juego.

—… ¿D-de-de-de t-te-terr-terror? — Tartamudeó al ver las maléficas sonrisas de sus dos amigos.

— ¡Acompáñalo, Mai-san! — Animó la castaña tras empujar al faraón a la cocina.

Apenas entraron a la cocina, la cerraron rápidamente y pegaron su oído a la puerta para escuchar la conversación de la pareja.

— Bueno… ¿Verás la película o te da miedo?

— ¡¿EH?! ¡N-No! — Escucharon una risa presumida del chico. — ¡Jonouchi Katsuya no le teme a nada! ¡JAJAJAJA!... Jejeje…— Rio preso del pánico.

— Bien, vamos.

Escucharon que los pasos se dirigían a la habitación del chico, donde estaba la televisión. Ambos espías sonrieron, orgullosos de su trabajo.

— ¡MUY BIEN! ¡Me he inspirado! — Comunicó la castaña con una enorme sonrisa de victoria. Atem también sonrió. — Supongo que tendrán un avance, así que le prepararé un gran bufet a Jonouchi.

El faraón se rio.

— Bien, manos a la obra.

Anzu asintió y se colocó el delantal. Atem la observó y no pudo evitar sentir sus mejillas arder, pues la chica parecía toda una señorita de casa, con una hermosa sonrisa. Lo miró, y el apartó rápidamente la vista de ella.

— ¿Ocurre algo malo?

— ¡No, nada!

— Bueno… Ahora…

Lo siguiente no logró prestarle atención, pues al darle la espalda a la chica, se había golpeado la frente tratando de controlar sus impulsos, estaba solo con ella… Pero temía que ocurriera lo mismo que ocurrió cuando estuvieron solos en la casa de Yugi. No, si eso se repetía, o peor aún, o lograban un pequeño "avance", su adorada castaña quizá lo odiaría, por el evidente rechazo y su impertinencia.

— ¿Entendiste?

— ¿Eh?

— Atem…— Hizo un puchero. — ¡Estás muy distraído! — Pellizcó su mejilla con una severa sonrisa. — Presta atención si quieres que te enseñe.

Los actos de la castaña solo habían logrado que su sonrojo aumentara.

— Lava los vegetales, ¿quieres?

— De acuerdo…

Un incómodo silencio los mantuvo ocupados para no sentirse de esa manera tan tensa. Una vez que el faraón había terminado con su labor, siguió mirando el suelo, ya que le daba mucha vergüenza mirar a la cara a su amiga. Sin embargo, fue inevitable voltearse al oír una pequeña risa proviniendo de los labios de la joven.

— ¿Qué es tan gracioso?

— Nada. — Lo miró con una sonrisa. — Es solo que… Recordé cuando peinaste mi cabello. — Atem, en respuesta, miró el suelo, encogido por la vergüenza. — También… Cuando me dijiste que no importaba cuál fuese la situación, hubieras escogido quedarte con nosotros.

-F-l-a-s-h—B-a-c-k-

"—… ¿Los extrañas?

—… Se han ido— Susurró.

¿Y si no? ¿Y si no se hubiesen ido? — Detuvo la acción de Atem y lo obligó a que rodeara su cuerpo con sus brazos, sorprendiéndose ella misma y a él también. —… Si hubiesen seguido contigo… Si la opción de irte al mundo de las memorias estuviese en tus manos… ¿Hubieras querido irte?

Un largo e incómodo silencio inundó la habitación. Atem no contestaba, y eso la ponía nerviosa, sabía que el faraón era bastante sincero, puede que sonara cruel, pero también el silencio y el miedo lo hacían tratar de contestar lo menos ofensivo posible… O eso creía. Sintió los brazos del chico apresarla con más fuerza, mientras que este recargaba su mentón en la cabeza de ella, dándole un pequeño sobresalto.

—… Me quedaría aquí. — Anzu abrió la boca demostrando su sorpresa, a pesar de que Atem no lo había notado. — No importa de qué ángulo lo vea, me quedaría con ustedes, que me enseñaron tanto… Si mis padres hubiesen seguido conmigo… Ellos me hubieran entendido. — Sonrió. — No vuelvas a pensar eso. Sabes que a ustedes los aprecio demasiado, Anzu."

-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-

—… Nunca te irás, Atem… ¿Verdad?

El faraón la miró con sorpresa. Su voz había sonado triste, carente de esperanza que tanto la caracterizaba.

—… ¿Anzu?

— Lo siento. — Se rio tratando de aguantar las ganas de llorar. — Es solo que… Tuve una pesadilla… Y aun cuando trato de aferrarme a tus palabras… Aun así… Me da miedo.

No podía olvidarla, estaba presa del pánico. Había soñado que Yugi había ganado, que Atem se iba, que ni siquiera había visto atrás, solo se fue, dejando a todos, a Yugi, a Jonouchi, a Honda, a los demás… Y a ella. Aun podía recordar como esas puertas se cerraban, mientras él se iba sin vacilar. Se mordió el labio, sintiendo que una lágrima traicionera escapaba de sus ojos. Se quitó esa gota salada de su rostro con furia. Iba a seguir cocinando para olvidarlo, pero una mano intrusa la agarró de la muñeca y la atrajo a un fuerte abrazo. Soltó un jadeo de la sorpresa, pues la había estrechado con fuerza y le había quitado un poco de aire a sus pulmones. Definitivamente cada día, Atem la sorprendía más y más. Antes era frío, desconfiado y distante con ella, pero se sentía feliz de haber ganado un lugar en su corazón.

—… Anzu… Te prometo que siempre trataré de estar a tu lado, sin importar la situación. — La estrechó con más fuerza.

—… Atem…—Logró murmurar, ya que sus labios chocaban con el hombro del chico, impidiéndole hablar un poco. —… Yo…-

— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡UN FANTASMAAAAAA!

Ambos se separaron bruscamente por el grito. Corrieron a la habitación de Jonouchi y sorprendieron al rubio abrazar posesivamente a Mai por el miedo que le había causado la película. La castaña reprimió reírse de la pareja, mientras que el faraón les dirigió una sonrisa perversa a ambos.

— ¿Qué están "haciendo"? — Preguntó en tono divertido.

— ¿Tienes miedo, Jou? — Preguntó la castaña. — No te preocupes, Mai-san te consolará.

La pareja de rubios se sonrojó furiosamente y se apartaron enseguida. Atem y Anzu ya no lo soportaron más y soltaron una sonora carcajada.

—… ¡USTEDES…!— Se iba abalanzar sobre la pareja, pero Mai se lo impidió.

— Espera… Huele a quemado…

Atem y Anzu se miraron y pensaron lo mismo.

—… Oh no…— Murmuraron al unísono.

Anzu corrió a la cocina, mientras que Atem se quedaba ahí.

— Oye, Atem… Supongo que no arruinaron mi amada cena, ¿verdad? — Preguntó en tono amenazador el rubio.

— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAH!

Esa fue la respuesta por parte de Anzu desde la cocina. Atem fue a verla y la vio tratando de sacar algo en el horno.

— ¿Anzu?

— ¡NO ES JUSTO! — Se lamentó. — ¡No quería que se quemara!

Jonouchi reconoció ese aroma y lo siguió hasta la cocina junto con Mai.

— Anzu… ¿Quemaste una tarta de limón? — Al ver la decepcionada mirada de la ojiazul, supo la respuesta. — ¡MIERDA! ¡¿POR QUÉ?! ¡Era mi favorita! — Zamarreó a Atem. — ¡¿Qué estaban haciendo mientras dejaban que mi preciada tarta se quemara?!

Entonces lo recordó, tanto su rostro como el de Anzu se ruborizó de tan solo conmemorar aquel abrazo.

— ¡AJÁ! ¡Lo sabía! ¡¿Qué estaban haciendo?! ¡Confiésenlo!

Atem se zafó fácilmente del agarre del chico y le dio la espalda.

— ¿D-De qué te quejas? — Trató de aparentar que no había ocurrido nada en especial. — E-Es solo una tarta.

— ¡Es MI tarta favorita! — Se lamentó, luego miró a Anzu. — ¿No puedes hacer otra?

— No te quedan huevos ni harina…

— ¡MIERDA! — Volvió a agarrar a Atem del cuello y lo zamarreó. — ¡¿QUÉ HAREMOS AHORA?! ¡Me moriré de hambre!

— Pero ya tenemos la cena…— Logró articular por el mareo.

— ¡Pero yo quiero el postre!

Mai suspiró.

— Ustedes ya cenaron, ¿verdad? — Preguntó la rubia a la pareja. Ambos asintieron. — Bueno, como ustedes arruinaron a Jonouchi, tendrán que comprar lo que falta para que deje de llorar como niña.

— ¡¿QUÉ DIJISTE?! — Mai se tapó los oídos por el grito.

— ¿Lo harán? — Preguntó mirando la pareja.

— Pero no hay nada abierto a estas horas.

— Vayan a la casa de Honda, ¡está aquí cerca! — Sugirió el rubio. Sacó su teléfono. — ¡Lo llamaré!... — Marcó el número. —… ¿Hola? ¡Honda!... — Alejó su oído del teléfono.

¡MALDITO SEAS, JONOUCHI KATSUYA! ¡ES MÁS DE MEDIANOCHE! ¡¿QUÉ DEMONIOS QUIERES?! — Lograron escuchar de la otra línea. El chico colocó el altavoz al aparato.

—… Lo siento, viejo… Pero ¿tienes huevos y harina?

No te ayudaré a hacerle una travesura al profesor de matemáticas…-

— ¡No es eso! ¡A Anzu se le quemó la tarta!

¿Anzu? ¿Qué hace Anzu en tu ca…? No me digas, ¿es porque Atem también está?

Atem alzó una ceja sin entender por lo dicho, mientras que Anzu se sonrojaba y miraba el suelo. Mai se rio.

— Aparte de eso…— Bromeó el rubio. — Como me muero de hambre, vino a hacerme la cena, pero se le quemó el postre…

Muy bien, pero con una condición te daré lo que necesitas.

— ¿Cuál?

Yo también quiero tarta.

— ¡Claro! Pero también llamemos a Yugi, sería muy cruel dejarlo así.

Yugi debe estar durmiendo como YO lo estaba haciendo antes…

— Sí, sí… Como digas. Adiós y trae los huevos y la harina. — Colgó y marcó otro número. — ¡Muy bien! ¡Hora de llamar a Yugi! — Prendió el altavoz.

—… ¿Hola?

— ¡YUGI! Hola, amigo. ¿Te despertamos?

No, ya estaba despierto.

Los presentes al escuchar eso se miraron confundidos.

— ¿Por qué? ¿Acaso no puedes dormir? — Escucharon una suave risa al otro lado de la línea.

Algo así. ¿Recuerdas que mamá y el abuelo fueron de viaje? Pues sigue retrasado por las tormentas eléctricas, no podrán regresar por un buen tiempo.

Atem se sintió un poco culpable, había comenzado a vivir con Jonouchi, pero había dejado solo a su hermano.

— Yugi…— Se atrevió a llamarle.

¿Eh? ¡Ah! ¡Hola, Atem! ¿Cómo has estado?

—… Bastante bien, ¿y tú?

Más o menos, no he podido dormir muy bien estos días. Y ahora que me doy cuenta, ¿por qué llaman a estas horas? — El faraón iba a contestar, pero Jonouchi interfirió.

— Es una larga historia, te contaremos si vienes acá.

¿A tu casa? ¿Para qué?

— ¡Para comer! Anda, ven viejo. No queremos excluirte de toda esta diversión.

—… Gracias. Voy enseguida.

— Espera, Yugi. — Interfirió su hermano. — A estas horas es un poco peligroso, yo iré por ti.

—… Claro, gracias.

Dicho esto colgó. Atem se colocó un abrigo e iba a salir, pero antes de salir alguien agarró la manga de su saco con insistencia. Sabía de quién se trataba, al parecer se le había vuelto un hábito sin darse cuenta. Se giró para mirar a Anzu con una sonrisa.

— Iré solo, necesito hablar con él.

—… ¿Está todo bien? — La expresión de Atem se volvió dolorosa.

No. No lo estaba. Nada estaba bien, todo este tiempo había tratado de borrar o al menos negar aquel sentimiento hacia la persona que tenía en frente. A causa de haberse enamorado, Yugi se mostraba muy temeroso con él, quizá por qué. Enamorarse de la castaña había provocado que su hermano se mostrara desconfiado con él, y dolido. No era culpa de Anzu, no le sorprendía que Yugi también estuviese enamorado de ella, pues era una chica maravillosa de buenos sentimientos. El problema era él mismo, dejándose enamorar porque había sufrido de muchas maneras, psicológica y físicamente a causa de salvar el mundo. Había herido a sus amigos, a Yugi y a ella. Aun así, ellos se quedaron con él, lo aceptaron en su época. Lo apreciaban, siendo que él… No lo merecía.

—… No lo sé, Anzu. — Tomó su mano que agarraba su abrigo y la apartó lentamente. — Yo…

— No quiero que me mientas de nuevo. — Le interrumpió, sabiendo que él lo haría, Atem la miró con sorpresa al descubrirlo. —… Si no quieres hablar de ello, entenderé. Pero no más mentiras. ¿Prometido?

—… Lo prometo. — Sonrió, logrando que la ojiazul también sonriera y lo dejó ir.

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Pero… Algo no andaba bien. Atem se había ido, luego de unos veinte minutos, llegó Honda, seguidos de otro par de minutos, llegaron ambos hermanos. Los que los extrañó a todos, es que ninguno se mostraba feliz. Parecía como si hubiesen peleado, o no querer dirigirse la palabra. Jonouchi quiso preguntarle a Atem, pero una mano le impidió el paso. Miró a la persona que se lo había impedido: Mai.

—… ¿Qué haces?

— Sé muy bien a quién te vas a dirigir y qué vas a preguntarle. No lo hagas.

—… Mai…

— Déjalos un momento en paz, de seguro hay algo por lo cual necesitan luchar, pero deben enfrentarse primero.

— ¿Qué quieres decir?

— Estoy segura que tú también… Debes saber que esos dos… Miran a la misma persona… De la misma manera.

—… Sí. Lo sé.

— Hablar con uno de ellos, solo causará malestar en el otro, porque creerá que lo estás dejando de lado. — Jonouchi iba a protestar, pero Mai habló primero. — Sé que ellos nunca pensarían de esa manera, pero en ese estado quizá… Lo hagan.

Ambos dirigieron su vista a Anzu, que miraba preocupadamente a Atem, que se había excluido de la celebración, con los brazos cruzados apoyado en la pared mirando el suelo con una molesta expresión. Pero… ¿De verdad era molestia? Porque podían notar más dolor que enojo, o eso creyeron.

—… "Oh no…"— Pensó el rubio. — "Fue a buscar a Yugi…"

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k-"

¡Pero ese no es el punto! Ahora… ¡Lo que YO quiero saber es…! ¿Qué quiso decir Anzu con el rompecabezas? ¿No se supone que es tuyo? ¡Explícate! ¿Acaso te quita vida como lo hacen los juegos de las Sombras?

—… Juego de las Sombras…— Repitió. — ¿Tú crees que tenga que ver con las Sombras?

—… ¿Por qué? ¿Tú no piensas igual?

—… Nunca lo vi de esa forma. — Contestó al sentarse en la cama del rubio. — Solo creí… Bueno, pensaba que eso dependía de Yugi como una autodefensa psicológica… Pero ahora ya no sé qué pensar.

Atem, ¿qué te hace el rompecabezas cuando te hace… daño?

El faraón lo miró en semblante serio.

Desangramiento tanto interno como externo, convulsiones, descargas eléctricas recorren todo tu cuerpo, como si destruyeran tus entrañas, causando horribles presiones en el pecho. — Contestó tranquilamente. Sin embargo, Jonouchi sintió miedo de la idea de sentir semejante cosa.

—… ¿Hablas enserio? — El ojivioleta asintió. —… ¿Solo Anzu lo sabía?— Volvió a asentir. — ¿Por qué no nos contaste?

Se lo dije a Anzu y ahora te lo repito a ti: No quiero preocupar a nadie.

"-F-l-a-s-h—B-a-c-k—E-n-d-s-"

En medio del trayecto… Quizá fue inevitable aunque sea rozarse un poco, quizá por eso Atem estaba tan pálido y apartado de todos, quizá para no preocupar a Anzu. Jonouchi apretó los puños, sintiéndose completamente inútil por la situación. Si le decía a Anzu, traería más problemas. Si se acercaba al faraón, quizá lo correría, exigiendo espacio personal. Si iba con Yugi, quizá hablaría de la misma forma amarga como lo hizo cuando le pidió quedarse con él en su casa.

— Sé cómo te sientes, Jonouchi. — El rubio miró a Mai, que lo miraba con tristeza. — Yo tampoco puedo hacer nada, por más que quiera. No sé qué ocurre con Atem, pero debe ser grave, pues el día que nos encontramos…— Se mordió el labio. — Lo encontré en mal estado, como si estuviese a punto de morir.

—…

— No te lo dije porque Atem me lo pidió.

Ambos sintieron un peso muerto en el estómago al ver al ojivioleta mayor ponerse rápidamente de pie y salir del departamento. Honda y Yugi no lo notaron, pero Anzu sí. La ojiazul se puso rápidamente de pie y lo siguió. Jonouchi se iba a levantar, pero Mai lo agarró del brazo.

— Llamarás la atención de los demás, eso será un gran problema.

—… Pero Anzu…

— Ella pasó desapercibida, no te preocupes. — Aseguró.

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Anzu salió del departamento y bajó las escaleras. Estaba oscuro y no lograba localizar al faraón. Giró su cabeza a ambos lados, no podía ver nada. Odiaba la oscuridad, la hacía sentir insegura. Escuchó una tos proviniendo a su derecha. Caminó hasta visualizar la silueta del chico, que estaba apoyándose con una mano en su rodilla, mientras que con la otra se cubría la boca. Contuvo su respiración al notar la causa de cubrirse la boca, estaba… tosiendo sangre. Aceleró sus pasos hasta que quedar frente a frente a él. Miró el suelo viendo el charco de sangre que había quedado, ya que Atem había parado de toser. Lo volvió a mirar y él se estaba limpiando la sangre que quedó de la comisura de sus labios.

Tibias lágrimas de la ojiazul se mezclaron con el charco de sangre del ojivioleta. Anzu rodeó sus brazos en su torso, lo estrechó con cuidado y afecto, mientras que Atem apoyaba pesadamente su frente en el hombro de la castaña, jadeando debido al insoportable dolor en su pecho. Ni siquiera tenía fuerza de decirle algo para que dejara de llorar o corresponder su abrazo. Sus fuerzas se habían desvanecido.

—… An…zu…— Susurró, preso del cansancio respirando agitadamente.

— No digas nada…— Se sintió culpable de oír su voz tan quebrada por el llanto. — Estoy aquí, contigo…

Él ya no dijo nada más, porque era incapaz. No lograba entenderlo.

Había ido por Yugi, habían hablado cosas de la escuela, de sus amigos y eso había todo, incluso pudieron hablar con la misma confianza de siempre, pero su hermano se mostraba muy triste y ese fue su gran error. Cuando le preguntó si sucedía algo malo, tuvo que agarrarlo de los hombros para que no cruzara la calle con la luz del semáforo roja. Las descargas no tardaron en recorrer sus entrañas y lo peor es que no pudo soltarlo el resto de lo que quedaba a que cambiara a la luz verde, pues su hermano menor se mostraba un poco cansado y distraído, sentía que se caería en cualquier segundo, así que prefirió hacer lo correcto y sujetarlo. Por eso se había mostrado cortante con los demás, pues no quiso exponer su dolor. No quería preocupar a Jonouchi ni a Mai, no ahora que ellos podrían arreglar sus problemas y seguir adelante, no ahora que sus amigos estaban juntos y felices, no ahora que Yugi estaba triste y el solo enterarse de su situación lo pondría peor.

Pero había olvidado un insignificante detalle, Anzu era… Muy observadora.

— "Perdóname, Anzu…"— Pensó al escucharla soltar un gemido por el llanto.

Continuará…

WOAH, WOAH! Qué triste, ¿no? Bueno, no escribí este dolor porque me sienta mal psicológicamente… Pero… Muy bien, les contaré, fue muy raro XD Pero creo que La organización secreta Rossana's Mind está decayendo…

La razón? Simple, la jefa, Rossana (Osea yo) hace dos días sufrió un accidente… Okay dejaré de hablar en tercera persona xDDD Bueno, el domingo estuve fuera de la ciudad y me golpeé en la cabeza, extremadamente fuerte. Me subí al auto para volver a casa y en todo el trayecto sentí unas enormes nauseas, con ganas de vomitar y un insoportable dolor de cabeza… Llegué, muerta de frío, y luego fui a dormir… Saben lo que pasó al día siguiente? VOMITÉ ALGO ROJO, por un momento me asusté, pues creí que era sangre, hasta ahora no sé qué fue… Estaba con dolor de cabeza y con fiebre. (ÁMENME POR LO QUE HICE POR USTEDES) Y aun así, estuve escribiendo este capítulo TAAAAAAAN LARGO para ustedes, pues siento que lo merecen porque ya tengo 300 reviews! Como a las diez de la noche, mi papá me llevó a urgencias, ya que en todo el día no pudieron pues estaban trabajando y les mentí diciendo "Me siento mejor", pero cuando llegaron me vieron en un estado de convulsión XD el doctor dijo que fue debido al fuerte golpe que me provocó mareos, dolores de cabeza y malestar me recetaron unos remedios y eso es todo jejeje… Bueno, trabajé ayer en mi amada organización pues no quiero abandonarlos… Gracias a Dios hoy amanecí como nueva, pero quise expresarles mi dolor físico en este capítulo, así como Atem terminó :c Bueno, ojalá que les haya gustado…

Reviews?

PD: Planeo hacer un One-shot de YuGiOh de esta pareja, pero no tiene nada que ver con este fic xD Es solo como un simple basado en el final, cuando Atem se fue :c Bueno tiene final feliz, cuando lo suba, si quieren lo leen n.n

Rossana's Mind Cambio y Fuera!