Dean había perdido el conocimiento cuando Sam lo soltó y cayó al suelo inconsciente, como un juguete roto.

Por ello, no escuchó el dardo tranquilizante al ser disparado por el rifle de Bobby, ni vio cuando impactó en el cuerpo de Sam. No escuchó gritar a su hermano, aunque más bien sonó como un gruñido animal, cuando recibió el impacto. Sólo era capaz de recordar los ojos fieros de Sam, que lo miraban hambrientos, su cuerpo acercándose a él y su abrazo casi mortal cuando estuvo a punto de apoderarse de su vida. Después todo se oscureció irremediablemente.

Al despertar tumbado en la cama, creyó que alguien le había pegado una paliza, porque se sentía machacado y el dolía todo el cuerpo, los oídos le chillaban y la cabeza le palpitaba como si hubiera tomado demasiadas cervezas.

Miró a su alrededor en busca de Sam, pero no lo encontró. Pensó que tal vez hubiera huido al sentirse amenazado o tal vez…; la cabeza comenzó a martillearle con fuerza, no debía seguir pensando.

"Eh, ya ha despertado." Bobby, apareció en la puerta, mirándolo, con la preocupación dibujada en el rostro. James estaba a su lado, llevando su rifle en la mano.

"No soy un vampiro, si es eso lo que estáis pensando." Dean trató de incorporarse, pero el peso de su propio cuerpo, fue demasiado grande y se dejó caer de nuevo sobre la cama. Bobby se acercó a él y se sentó a su lado en la cama. "Bobby, ¿Dónde está Sam?"

"Está en otra habitación." Dean se sentó en la cama, notando que todo a su alrededor daba vueltas, pero estaba decidido a ir a ver a su hermano. Se apoyó en Bobby y consiguió levantarse.

"Dean, has estado a punto de morir, has perdido demasiada sangre, descansa y mañana vas a verlo." Dean lo miró pero no dijo nada. Bobby sonrió con resignación, al darse cuenta del poco caso que le iba a hacer el chico, porque mientras no viera a su hermano, no descansaría un segundo.

Con pasos cortos, pero decididos, Dean llegó a la puerta y se dirigió a la otra habitación. James iba tras él, con el rifle todavía en la mano y sin ninguna intención de soltarlo. "He dicho que no soy ningún vampiro."

"No es por ti."

¿Sam, se trataba de Sam? Dean no podía creer que su hermano se hubiera convertido en un vampiro definitivamente, porque eso sólo podía significar una cosa, tendría que acabar con él tarde o temprano si no quería que lo matara él primero. Prefirió no pensar en esa posibilidad hasta que lo hubiera visto con sus propios ojos.

Antes de abrir la puerta, escuchó a James quitando el seguro de su arma. Dean iba a decirle algo, pero al sentir el ardor en su cuello, en el lugar en el que Sam le había mordido, supo que cualquier precaución sería poca si Sam decidía volver a intentar alimentarse de él. Respiró hondo y agarró el pomo con seguridad.

Al otro lado de la puerta, la habitación estaba en completa oscuridad y por un segundo Dean llegó a pensar, que su hermano no estaba allí. Pero entonces lo escuchó respirar. "¿Sam, Sammy estás ahí?" No hubo ningún tipo de respuesta, por lo que Dean decidió dar la luz. No sabía lo que esperaba encontrar antes de entrar, pero lo que vio en realidad, lo dejó perplejo.

El cuerpo de Sam estaba acurrucado en la cama, pero se dio cuenta que lo tenían esposado al cabecero. Parecía dormido porque no se movió cuando entró su hermano y a pesar de que a simple vista parecía el mismo Sam de siempre, cuando Dean se acercó a él, vio que no era así.

Su piel era pálida como si nunca hubiera visto la luz del sol y sus ojos entreabiertos, tampoco eran normales, sus pupilas parecían más grandes y de un color extraño, no de su castaño habitual, sino completamente negras. Dean se arrodillo hasta tener frente a si el rostro de su hermano y lo miró en silencio.

"Sam, ¿qué te han hecho?" Acarició su mejilla y se sorprendió de lo frío que estaba. Si en ese momento no se hubiera movido, habría pensado que estaba muerto. "Juro que mataré a todos esos bastardos."

"Dean, ten cuidado." El mayor de los hermanos se dio la vuelta y se encontró con Bobby. "Ya sabes de lo que es capaz. Ese no es Sam."

"Lo se." A su mente regresaron las imágenes del momento en el que Sam, fuera de si, había estado a punto de matarlo. "Pero sigue siendo mi hermano y me encargaré de que vuelva a serlo." Dean miró de nuevo a Bobby. "Volverá a ser Sam, ¿verdad? No me ha matado, todavía tiene una oportunidad, ¿no es cierto?"

Bobby se sintió terriblemente mal por lo que estaba a punto de decirle a Dean al mirar sus ojos suplicantes, tan lejos ahora de la mirada de cazador implacable que él conocía del chico. "No lo se, Dean, es pronto para saberlo. Tal vez sea demasiado tarde."

Dean se levantó, tan rápido que estuvo a punto de marearse. "¿Cómo puedes decir eso? Tu mismo dijiste que si no consume su primera muerte, no es vampiro de verdad. ¿Qué es lo que ha cambiado?"

"Nada, pero depende de él. Ha estado muy cerca del otro lado, ha visto lo que ser un vampiro le ofrece y puede que…"

"No Bobby, ese de ahí," Dijo Dean señalando la cama en la que descansaba Sam. "sigue siendo mi hermano, con o sin ese maldito apetito de vampiro y si tengo que cargarme a todo ese clan de demonios nocturnos para asegurarme de que no lo vuelvan a tocar, no dudes que lo haré."

Antes de que Bobby pudiera contestarle, Sam se removió en la cama. Dean se olvidó de que el otro cazador se encontraba allí y volvió a agacharse al lado de su hermano. Esperó a que abriera completamente los ojos y aunque al principio se sintió raro al mirarlo a esos ojos tan inhumanos, respiró hondo e hizo que Sam juntara su mirada con él.

"Hola hermanito."

"Dean, hola." Sam sonaba cansado, terriblemente agotado y Dean estuvo tentado de pedirle las llaves de las esposas a Bobby para dejar que su hermano se relajara. Pero no lo hizo, sabía que a los vampiros les gustaba jugar con la mente humana.

"Esperare fuera." Bobby se marchó sin esperar respuesta, incluso dudó de que Dean le hubiera escuchado o se diera cuenta de que dejaba la habitación

"¿Cómo te encuentras? Me has dado una buena paliza ahí fuera."

"Lo siento, no era mi intención, pero tenía que comer." Dean sonrió con tristeza al oír a su hermano, a la persona que creía menos capaz de hacer daño a nadie hablar así y apartó unos mechones del rostro de Sam. "Dean, tengo hambre, estoy hambriento."

"Lo se Sammy, pero es mejor así, tienes que sacarte de encima todo el veneno y los restos de sangre que has ingerido." Dean apenas podía hablar con normalidad mientras veía el sufrimiento en los ojos de su hermano, sus ansias por alimentarse, su desesperación.

"Dean, por favor, sólo necesito comer, luego estaré mejor." Dean se dijo a si mismo antes de entrar en la habitación, que las súplicas de Sam no le afectarían, que dijera lo que dijera no se podía dejar impresionar, pero a cada minuto que pasaba, su fuerza de voluntad se iba haciendo más pequeña. "No lo entiendes, no me encuentro bien, necesito alimentarme. ¿Vas a dejarme morir?"

¿Cómo podía decirle eso? De todo lo que Dean estaba preparado para escuchar, eso le superaba con creces. Se levantó y estuvo tentado para marcharse, dejar que el veneno se fuera marchando sólo y esperar a que Sam se encontrara mejor sólo. Pero no podía dejarlo en aquella fría y solitaria habitación, no podía marcharse y escuchar los gemidos de angustia cuando el hambre fuera acuciante, o cuando simplemente necesitara que su hermano mayor estuviera a su lado. ¿Qué clase de hermano sería entonces?

En lugar de salir, se sentó en la cama, junto a Sam, notando como este se acercaba a él. En su mente se repetía una y otra vez, que aquel no era del todo su hermano, que aunque estuviera dentro, Sam no dominaba su cuerpo en ese momento, sino una terrible criatura a la que había que exterminar de alguna forma y la única que conocía era dejarlo morir de hambre.

Volvió a poner su mano sobre la mejilla de Sam y al hacerlo, escuchó como se aceleraba la respiración de su hermano y como un suspiro intenso salía de su boca al notar el contacto con su piel cálida y al sentir el olor de su cuerpo y de su sangre. Dean apartó la mano un instante después con rápidez, al notar como la boca de Sam se acercaba a su mano.

Sam gruñó al perder el contacto con su mano y lo observó con una mirada de odio. Dean estaba seguro de que si hubiera tardado un momento más en retirar la mano, Sam hubiera podido llegar a morderle. Puso su otra mano en el pecho de Sam y notó su respiración agitada. Buena señal, pensó, su cuerpo estaba luchando con el veneno invasor.

"Dean ¿por qué no me escuchas? Esto es increíble, la sensación de poder, la fuerza, es algo que no se puede describir con palabras."

"No Sam, eso es una mierda, ¿serás capaz de matar inocentes cada vez que el hambre se apodere de ti? Se supone que luchamos contra cosas como esa en la que te quieres convertir, no nos unimos a ellas."

"Dean vamos, no seas así." Mientras hablaban, Dean no se dio cuenta que Sam estaba haciendo tanta fuerza con las esposas, que estaba a punto de liberar una de sus manos por completo. "Puedo dominarme, es sólo que ahora estoy demasiado débil y necesito algo de comer."

"Si claro, como cuando has estado a punto de matarme ¿verdad?"

"No pretendía matarte, quería que fueras como yo, invencible y poderoso como nadie en el mundo. Solos, tu y yo. ¿Te imaginas lo que podríamos hacer?"

"Demasiado daño. ¿Y que quieres Sam, volver a alimentarte de mi otra vez? Porque la verdad es que yo no estoy muy por la labor ahora mismo."

"Creo que eso ya no importa." Una vez que había conseguido distraer completo a su hermano y que había roto las esposas, Sam era libre de hacer lo que quisiera.

Sin que Dean pudiera hacer nada por evitarlo, Sam se lanzó sobre él, con los movimientos rápidos de un felino y lo tumbó en la cama, colocándose él encima de su hermano. Dean estaba inmovilizado y se sentía todavía demasiado débil como para luchar.

Otra vez no, pensó Dean.

Sam lo miró desde arriba y sonrió al sentirse victorioso. Bajó la cara hacia el rostro de su hermano y lo miró a los ojos, mientras disfrutaba con el aroma de la sangre fresca que estaba a punto de obtener de su víctima.

"Te he ofrecido la libertad, Dean, la vida eterna, pero tu la has rechazado. Así que sólo me queda una cosa por hacer." Durante un segundo, Dean, vio un brillo diferente en los ojos de su hermano y creyó ver en ellos al Sam que él conocía.

Mientras veía como se aproximaba a su cuello de nuevo y sentía su aliento demasiado cerca de su piel, Dean tuvo que pensar rápido.

"¡Espera!" Sam levantó la cabeza y lo miró intrigado. "De acuerdo, he cambiado de opinión, quiero probar lo que se siente siendo un vampiro." Sam sonrió de nuevo. "Pero dime una cosa, ¿estás dispuesto a olvidar a papá o a Jessica? Con el tiempo, dejarás de pensar en ellos, serán parte de un pasado muy lejano."

Dean había conseguido lo que quería, Sam se había detenido, estaba dudando y eso le daba tiempo para hacer algo. Sam disminuyó la presión que tenía sobre el cuerpo de su hermano y eso le dio una pequeña oportunidad a Dean. Sin saber muy bien como pudo hacerlo, consiguió quitarse de encima a Sam y logró ponerse encima de él, sujetando sus manos con las suyas y evitando que pudiera levantarse para atacarle.

"Sam mírame, soy yo, Dean, soy tu hermano y se que en algún lugar dentro de ese cuerpo, sigue vivo mi hermanito pequeño, Sammy todavía está ahí y no el monstruo que se ha apoderado de él, así que voy a luchar el tiempo que haga falta hasta que lo dejes en paz."

"¿Dean que estás diciendo?" Sam trató de incorporarse, pero Dean lo volvió a empujar hacia abajo. "¿No ves que soy yo, Sam?, sólo que ahora me siento mucho mejor, más fuerte que nunca y quiero compartirlo contigo."

"Si realmente eres mi hermano ¿Por qué todavía no me has preguntado por John?, ¿Por qué no me has dicho donde lo tienen?, ¿Por qué me obligas a estar aquí, tratando de que vuelvas a ser tu mismo y no me dejas ir en busca de mi hijo?"

A Dean le dolió más de lo que hubiera creído llegar a decir aquello, porque mientras había estado pendiente de Sam, apenas había pensado que su pequeño estaba entre esas criaturas, fuera de la seguridad de su familia, alejado de él. Entonces supo que tenía que acabar cuanto antes con aquella locura.

Sam abrió la boca para contestar, pero no lo hizo, de nuevo estaba dudando, poco a poco, Dean estaba consiguiendo hacerse con él, aunque le estaba costando más de lo que él hubiera deseado.

"¿Dean?" Por primera vez en muchas horas, la voz de su hermano sonó tal y como era la de Sam, pero Dean no estaba seguro de que se tratara realmente de Sam y no de una de las tretas del demonio que habitaba dentro de su cuerpo. "Dean, lo siento, no se, no se lo que me ocurre, es como si no pudiera dominar mi propio cuerpo."

Dean sintió que los brazos de Sam dejaban de hacer fuerza y ya no trataban de agarrarlo, que no intentaba levantarse, sino que permanecía tumbado en la cama. Dean por fin podía respirar tranquilo, aunque todavía no se levantó de encima de su hermano.

"Dean, ¿ha terminado?, quiero decir, ¿cómo podemos estar seguros de que no volveré a atacarte?"

El mayor acercó su brazo hasta Sam, mientras este se incorporaba. "Muérdeme."

"¿Qué! No voy a morderte, ¿te has vuelto loco?"

"Lo leí en el diario de papá. Cuando una persona consigue volver a la normalidad, las pocas que lo consiguen, sienten repugnancia ante el sabor de la sangre humana. Así que, vamos, muérdeme."

"Dean, yo no, no puedo."

Cansado de todo el esfuerzo realizado por contener a su hermano, Dean se dirigió a su hermano con toda la seriedad de la que fue capaz. "Sam, tenemos que estar seguros de que no te vas a volver loco en cualquier momento y tenemos que hacerlo lo antes posible, porque quiero recuperar a mi hijo más que nada en el mundo. Así que no pierdas más el tiempo y muérdeme de una vez."

Dean volvió a acercarle el brazo. Sam lo miró a los ojos, sabiendo que hasta que no lo hiciera, Dean no se iba a quitar de encima de él y no podría pensar en como rescatar a John, obviamente era algo que tenía que hacer por mucho que se odiaría por hacerlo.

Respiró hondo y cogió con su mano el brazo de su hermano, cerró los ojos y le mordió con fuerza. Dean sintió el intenso dolor y notó como la sangre comenzó a correr por su brazo, pero no dijo nada, ni el más mínimo sonido de dolor.

Al escuchar de nuevo el rifle, Dean se volvió hacia la puerta. "No dispares." Justo después, Sam lo soltó, escupiendo la sangre que había injerido y maldiciendo como si se tratara de caer en mal estado, mientras Dean caía agotado sobre la cama y respirando con dificultad y algo aturdido. "Bienvenido, Sam."

"¡Dean!" Sam cogió de nuevo el brazo de su hermano y tapó con su mano la herida que no dejaba de sangrar. "¡Bobby, ayúdame!" Su hermano tenía los ojos cerrados y parecía estar dormido. "Dean ¿puedes oírme?" Pero no hubo respuesta.

"Le dije que tenía que descansar, será mejor que lo haga ahora antes de caer rendido cuando nos enfrentemos a los vampiros."

Sam estaba mirando a su hermano, mientras Bobby le curaba la herida del brazo. Cuando el hombre terminó ayudó a Sam a tumbar en la cama a su hermano y los dejó de nuevo solos. "¿Por qué tienes que se ser tan cabezota?"

Sam creyó que no le había oído, pero saliendo por un segundo de su semiinconsciencia, Dean le contestó. "Porque soy el hermano mayor y tengo la razón." Sam sonrío mientras Dean volvía a cerrar los ojos otra vez. "Gracias por salvarme la vida otra vez." Se levantó de la cama y cogió un sillón que había junto a la ventaba, lo colocó junto a la cama y se sentó en él, sin quitar la vista de Dean.