Capítulo 10

Lucy se quedó mirando la pared como una paciente lobotomizada y dejó que la conversación zumbara a su alrededor. Hacía medio minuto, Natsu la había dejado en esta habitación llena de mujeres que no conocía, con excepción de su ayudante, y la abandonó. No importaba que hubiera estado demasiado aturdida para protestar, todavía planeaba culparle de todo.

Sintió la mano de Wendy darle un tirón del codo y miró a la otra mujer que había corrido a su encuentro, en el segundo en que Natsu la había dejado en la puerta.

—Luna —Murmuró la peliazul, instándola a dar la cara a la multitud que se había congregado alrededor de ellas—. Todo el mundo ha estado esperando para conocerte. ¿Puedo presentarte?

Ahí iba con "Luna" de nuevo, a pesar de que Lucy seguía sin comprender cómo podía ser la hembra Alfa cuando ni siquiera era dragón. ¿No deberían tener normas sobre este tipo de cosas?

—Claro —Estuvo de acuerdo, ya que no podía pensar en una forma de estar en desacuerdo, y dejó a Wendy guiarla a una enorme silla, semejante a un trono, y la instó a sentarse. No se perdió del simbolismo de eso. Alzó la mirada hacia la dragón que estaba a su lado como una centinela y suspiró. ¿En qué diablos se había metido?

—Ésta es Minerva —Le presentó Wendy, una mujer alta, de pelo negro, quién parecía capaz de derrotar a Xena en una pelea justa, se acercó un paso hacia la silla y miró hacia abajo a Lucy con una expresión de evidente desaprobación—. Es policía en la ciudad de Alphabet City.

Ah. Eso lo explicaba. Probablemente trabajaba en el último turno, tardío, además. En el que todos los cuerpos tienden a ser encontrados.

—Un placer conocerte —Mintió. Se sentía horriblemente incomoda, sin saber si debía dar la mano, inclinar la cabeza o dejar que le besaran el anillo, no es que llevara uno. En lugar de eso, sonrió y esperó que esto no fuera demasiado largo.

Minerva la miró fijamente hasta que vio a Wendy fruncir el ceño. Cuando el silencio se prolongó durante unos segundos, Wendy comenzó a gruñir y Minerva la miró en estado de shock. Se sorprendió aún más cuando vio a la ayudante torcer los labios y enseñar los dientes en su gruñido.

—Te he presentado exactamente a tu Luna —espetó Wendy, su voz unas octavas más baja que unos segundos atrás—. Ten cuidado de no ofenderla con tu mala educación.

Minerva entrecerró sus ojos de policía, oscuros, planos y vagamente inquietantes y le enseñó los dientes en una mueca.

—Mis modales están bien para una reunión con humanos —Dijo entre dientes, sin apartar la mirada del rostro de Lucy—. Necesitará más que ser llamada con un título para ser mi Luna. Ella es humana. El hecho de que Natsu la haya follado no la convierte en mi Alfa.

La mujer le dio la espalda y comenzó a alejarse, y no hacía falta ser una Emily Post dragón para saber que acababa de ser insultada. A lo grande. Sin embargo no era del tipo que se hace a un lado y deja que la insulten.

—Puede que tengas razón. Dormir con Natsu probablemente no me haga tu Alfa, —Estuvo de acuerdo, levantando la voz por lo que el eco se escuchó claramente entre la silenciosa multitud que se había reunido para ver el intercambio. Esperó a que Minerva se diera la vuelta antes de terminar su declaración—. Después de todo, es obvio que no hizo mucho por ti.

Sabía que se había marcado un tanto cuando vio la cara de Minerva alternar entre pálida y rojo brillante. Genial. ¿No Sólo era una mujer policía con una posición, tenía que ser una celosa, despreciada amante también? Eso podía hacer el día de Lucy redondo. Sin embargo, había hecho su entrada y no podía retroceder ahora.

Casualmente, cruzó una pierna sobre la otra y se alisó una arruga invisible en sus mal ajustados pantalones vaqueros como si llevara metros de la más fina seda tejida.

—Pero hay una diferencia entre tú y yo, Minerva. Puede que Natsu haya follado contigo hace tiempo —Pasó los ojos de arriba a abajo por el cuerpo de la mujer, insinuando claramente que no podía entender qué locura le había entrado a Natsu—. Pero soy yo la que ha llegado a ser su compañera.

—¡Perra!

Si la mujer hubiese saltado primero y calumniado después, podría haber sido capaz de patearla a otra dimensión, pero con eso, lo único que consiguió fue golpear el respaldo de la silla y enviarla a volar con ella encima. Lucy se había deslizado fuera antes de que el sonido "p" se hubiera formado completamente en los labios de Minerva y en el momento en que la dragón se dio cuenta que su presa se había escapado, Wendy y otra mujer se habían interpuesto entre las combatientes y se enfrentaban a Lucy con los dientes al descubierto.

—¡Retrocede! —gruñó Wendy y Lucy tuvo que parpadear un par de veces antes de darse cuenta que estaba viendo a la misma peliazul que esa mañana había pensado que era tímida. Es curioso cómo un poco de violencia podía cambiar su opinión de alguien.

Se puso de pie, se sacudió el polvo del culo con las manos y se asomó por detrás de los dos hombros dragón, lo que significaba que realmente no podía ver una maldita cosa. Metiendo las manos entre sus dos auto-impuestas guardaespaldas, las apartó y se adelantó hasta que pudo ver a su atacante a los ojos.

—Ten cuidado de a quién llamas perra, Minerva —advirtió, encontrando la mirada furiosa de la otra mujer con la suya propia. ¿Y qué si sus rodillas chocaban por dentro? En este caso las apariencias eran lo único que importaba—. Sólo una de nosotras se vuelve escamosa una vez al mes, y créeme cuando digo, que no soy yo.

Minerva gruñó y cambió su peso hacia delante. Las mujeres de pie detrás de Lucy empezaron a avanzar, pero las detuvo alzando una mano. Si por algún giro extraño del destino, era realmente la compañera de Natsu, no estaba dispuesta a pasar el resto de su vida dejando a alguien más pelear sus batallas y defenderla frente a una loba feroz.

—Quiero dejar esto perfectamente claro, Minerva —dijo, con voz firme a pesar de su malestar interior—. El hecho de que no soy dragón no se le ha escapado a nadie. No a mí y ciertamente no a Natsu. Si a él no le importa que sea humana, entonces no es de tu maldita incumbencia. ¿Entendiste?

—Es de mi incumbencia cuando desfilas delante de la manada como una igual —Gruñó la dragón—. Es de mi incumbencia cuando tú te postulas como la hembra Alfa, a pesar del hecho que no podrías ganar un juego del tira y afloja contra una de nuestras crías recién nacidas. Eres débil, y en nuestro mundo, un líder débil es un líder muerto.

—Pero no tengo que ser tan fuerte como tú —Lucy se enderezó recta y firme y animó a alguna de las otras mujeres en la sala a desafiarla, Minerva incluida. Podían ser capaces de patearle el culo, pero eso no significaba que tuviera intención de acobardarse frente a ellas—. Yo soy la compañera del Alfa. Eso me hace la hembra Alfa te guste o no. No importa si no puedo luchar y ganar, porque si pones una sola mano sobre mí, Natsu te arrancará los intestinos y se dará un banquete con ellos. Así que dime una vez más cómo no merezco ser la Alfa.

Minerva mantuvo su mirada fija un latido de corazón. Dos. Tres. Entonces tragó visiblemente algo muy amargo y miró hacia otro lado. Lucy sintió que se le doblaban las rodillas de alivio.

—Muy bien —Asintió, fingiendo estar confiada, segura de sí misma, convincente y un centenar de otras cosas que nunca había estado en su vida—. Me alegro de haberte conocido, Minerva. Ahora sal de mi salón antes de que olvide ser agradable en la victoria.

La otra mujer salió por la puerta como si tuviera un hierro candente atascado en el trasero, pero al menos se fue. Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Lucy tomó una respiración profunda y dejó escapar un suspiro.

—Bueno —Dijo, volviéndose hacia Wendy—. Eso fue divertido. ¿Por qué no me presentas a todas las demás?

Pasar una tarde entera en una habitación llena de mujeres dragón sin emparejar resultó ser una de las experiencias más educativas de la vida de Lucy. Entre algunas de las más espeluznantes y francamente aterradoras descripciones de relaciones sexuales que jamás había oído, se las arregló para reorganizar la historia del apareamiento dragón, la Caza de Compañeras y ser Alfa de una manera mucho más coherente de lo que Natsu había sido capaz de lograr.

—Así que hablaba en serio acerca eso —Dijo, sentada en el suelo con las piernas cruzadas junto a unas cajas de pizza vacías. Era casi el anochecer y había estado "hablando con las chicas" la mayor parte de la tarde—. ¿Si Natsu no hubiese tomado una compañera, su primo Zancrow podría honradamente obligarle a dimitir como Alfa? ¿Sólo porque no tenía compañera y cachorros? ¿Eso no es un poco loco?

Kana, la mujer que había formado la otra mitad de su escudo dragón contra Lucy, se encogió de hombros.

—Es una tradición. Eso es sólo una manera de cómo funcionan las cosas.

—Sí, pero eso no significa que sea menos loco.

—Bueno, tienes que darte cuenta que las cosas no siempre fueron tan fáciles para los dragón como lo son ahora —explicó Wendy—. Ahora estamos integrados en el resto del mundo, incluso si seguimos siendo un gran secreto. Pero unos pocos cientos de años atrás, la gente nos quemaba en las hogueras por ser discípulos de Satanás.

—Pensé que era a las brujas a las que quemaban en las hogueras.

—Una falacia, en realidad, ya que la mayoría de las brujas fueron colgadas. A los hombre dragón los quemaban. O decapitaban. O les disparaban con balas de plata, una vez que la pólvora hizo su aparición.

—Yay… —Lucy hizo una mueca.

—Exactamente —afirmó Kana—. Así que puedes ver cómo asegurarse de que cada manada tendría una nueva generación para salvarnos de la extinción se convirtió en una prioridad muy alta. Realmente podrían haber sido sólo leyendas, si no fuera por los Derechos de Cría.

Lucy supuso que era verdad, pero no estaba segura de por qué todavía se aplicaba en el siglo XXI. Y no estaba realmente segura de por qué se aplicaba a una humana. Removió su refresco y vio los cubitos de hielo dando vueltas como corredores en un circuito de NASCAR.

—¿Los Derechos de Cría se aplican en este caso? —Preguntó mientras levantaba la cabeza para encontrarse con los ojos de Wendy—. Quiero decir, no importa que Natsu pueda decir que soy su compañera, realmente no puede ser verdad. ¿Puede?

Kana la miró un poco horrorizada.

—¡Por supuesto que es verdad! Los dragón no mienten sobre el apareamiento. Es un vínculo sagrado.

—No quería decir que piense que Natsu miente —La tranquilizó—. Sólo que puede estar un poco... confundido. Quiero decir, él es dragón, pero yo no. Soy humana. Ni siquiera sé si somos... compatibles de esa manera. ¿Son los dragones y los humanos de la misma especie? ¿Podemos tener hijos juntos?

—Por supuesto —dijo Kana—. Los dragones y los humanos están relacionados de una manera muy similar a los dragones y los perros domésticos. Son biológicamente especies diferentes, sin embargo comparten el suficiente ADN mitocondrial para poder, y de hecho lo hacen, aparearse y tener descendencia viablemente reproductiva. De hecho, la evidencia empírica parece apoyar la hipótesis de que la descendencia de una unión dragón-humano puede tener incluso un sistema reproductivo más fuerte que cualquiera de sus respectivos padres, debido a la introducción de nuevas y variadas formas de ADN a la reserva genética.

Lucy parpadeó.

—Oh.

Wendy se inclinó para murmurarle una explicación.

—Kana es profesora de biología en la Universidad de Nueva York. Investigación genética.

Lucy repitió.

—Oh —Seguro que lo era. ¿Por qué no? ¿Por qué poner límites al surrealismo que rápidamente estaba llegando a abarcar la vida de Lucy?—. ¿Entonces estás diciendo que Natsu podría dejarme embarazada?

Kana se encogió de hombros.

—Cierto.

—¿Ha ocurrido antes? Quiero decir, ¿hay un montón de dragones corriendo por ahí?

Wendy sonrió.

—No tantos, creo que Kana estaba dando los datos teóricos, no un caso de estudio. Hay historias de que ocurrió en el pasado, pero nunca he conocido a nadie acoplado con un humano. Sin embargo, se supone que es un paseo. Las historias dicen que algunos cachorros traspasan sus talentos a las madres. Pueden tener la suerte de apropiarse de cosas como los reflejos rápidos o una mejor visión nocturna, mientras están embarazadas. ¿No es fantástico?

A Lucy se la abrieron los ojos como platos.

—Sí, fantástico.

—Eso sí, es sólo una conjetura —dijo Kana—. Pero debido a la conexión física entre la madre y el cachorro, hace que sea lógico.

El uso repetitivo de la palabra "cachorro" drenó el color de la cara de Lucy más rápido que la gripe.

—¿Tendré... cachorros?

Kana vio la sonrisa de Wendy y se rió entre dientes.

—No, por lo que puedes calmarte. Los cachorros dragón se parecen a los bebés humanos. El cambio es algo que tenemos que aprender a hacer. Algunos cachorros precoces aprenden más pronto, sobre los siete u ocho años, pero la mayoría adquieren sus habilidades en la pubertad.

El alivio hizo que Lucy se hundiera contra las patas de la silla en la que estaba apoyada.

—Está bien. Eso es un poco menos aterrador. Eso sí, sólo un poco, porque, ¿hola? ¿Adolescentes cachondos no son lo suficientemente duros de tratar, pero adolescentes cachondos que pueden cambiar por sí mismos a hombres dragón? —Se estremeció—. Pero voy a tomar lo que pueda conseguir.

Wendy la miró como si Lucy le hubiera entregado las llaves de la ciudad.

—¿Así que estás bien con ello entonces? ¿No te importa ser la compañera de Natsu? ¿No te importa tener hijos y quedarte con la manada?

Al exponerlo de esa manera, las palabras hicieron que Lucy se moviera incómodamente, por lo que se defendió.

—Bueno, no estoy corriendo y gritando, ¿verdad?

—Creo que hay un término medio entre correr gritando y vivir felices para siempre con nuestro Alfa —Kana le dio una mirada severa.

Lucy se retorció.

—Dame un respiro. Esto es mucho a lo que adaptarse, lo sabes. Antes de anoche, ni siquiera sabía que Natsu quisiera llevarme a cenar, por no hablar de que iba a lanzar esta cosa de los compañeros sobre mí. Necesito un poco de tiempo para acostumbrarme a esto.

—Tienes alrededor de tres horas —Wendy miró el reloj y de nuevo a Lucy—. Es posible que desees darte prisa.

El recordatorio de la hora y la caza que tendría lugar esa noche creó nudos de tensión en el estómago de Lucy.

—Sí, cierto. La Caza de Compañeras. Acerca de eso...

Wendy se cruzó de brazos y la miró.

—¿Qué pasa?

La intranquilidad se apoderó de ella y suspiró. ¿Cómo se suponía que tenía que explicarle a alguien que había crecido dentro de la cultura dragón que ser perseguida en la oscuridad por Magnolia por una manada de hombres dragón no conseguía exactamente que sus jugos fluyeran? De hecho los congelaba tan sólidamente como a un cubito de hielo.

—Mira, sé que esto es una tradición para los dragones, pero en realidad es algo que ni siquiera puedo concebir. Quiero decir que la idea es... terrorífica.

Kana asintió.

—Estoy segura que lo es, para una humana. Quiero decir, para empezar eres una mujer, lo que te hace por definición más débil que un hombre, y cuando se le agrega la condición humana a la ecuación y que nuestros hombres son fácilmente diez o veinte veces más fuertes que un no dragón...

Lucy gimió y enterró el rostro entre las manos.

—Kana —Interrumpió Wendy—. No estás ayudando.

La científica se sonrojó como una adolescente.

—Oops. Lo siento.

—Luna, no tienes nada que temer. Nuestro Alfa te protegerá. No hay ninguna posibilidad que uno de los otros hombres te capture. Natsu lo mataría antes de que te tocara.

De alguna manera los nervios de Lucy se suavizaron un poco cuando la mano de la otra mujer le acarició la rodilla.

—¿Y si algo sale mal? ¿Qué pasa si Natsu se lesiona o se distrae? ¿Qué ocurriría entonces?

—No va a suceder —Repitió Wendy—. El Alfa no lo autorizará.

Lucy se rió ahogadamente en su frustración.

—No creo que al destino le preocupe particularmente lo que Natsu "autorice". La suerte no es algo que vaya a mostrar el vientre porque Natsu juegue al dragón feroz.

Wendy parpadeó ante eso. Frunció el ceño y miró a Kana, la confusión claramente escrita en su rostro. Lucy se limitó a sacudir la cabeza al darse cuenta que estas mujeres honestamente no podían comprender la idea de que una persona, un ser o una idea no inclinaran la cabeza ante el Alfa Dragon Slayer.

Kana se encogió de hombros, como indicando que no sabía por qué su Luna estaba gimoteando, se giró hacia Lucy.

—Pero Luna —Explicó, deliberadamente lento como un profesor de matemáticas a un alumno de siete años un poco denso—. El Alfa te protegerá. Sólo tienes que confiar en él.

¿Confiar en el hombre de cuya cordura estaba empezando a dudar?

—Claro —Murmuró—. De acuerdo. No hay problema.