FELIZ CUMPLEAÑOS A MI! FELIZ CUMPLEAÑOS A MI! FELIZ CUMPLEAÑOS, FELIZ CUMPLEAÑOS... FELIZ CUMPLEAÑOS A MIIIII!
JAJAJAJA Voy a dejar algo muy en claro... YO LES AVISE LO QUE IBA A PASAR SI NO ME DEJABAN SUFICIENTES RR!
Habiendo aclarado eso les traigo el ULTIMO CAPITULO DE AZUL EXTREMO!
Como leyeron... este es el último Capítulo... el domingo que viene esteré subiendo el EPILOGO y el PLAYLIST para que se entretengan... Espero que les haya gustado... Yo estoy feliz con el resultado... Les comento que estoy pensando hacer una especie de "Precuela" con como se conocieron, el casamiento, etc... así que nada... cuando la tenga publicada les haré saber... ahora no las entretengo más, las dejo leer tranquilas! =)
Como siempre la historia es original mía y no se permite su copia total o parcial. Los personajes pertenecen a Stepehenie Meyer!
Gracias a mi Betta Angelica por bancarme con mis locas ideas!
EnjoY!
RECOMENDACION MUSICAL: In my veins (feat. erin mccarley) de andrew belle
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A LLORAR!
ESCENAS DE CAPITULOS ANTERIORES:
— ¡Bella! —gritó Edward detrás de ella. En un segundo su cuerpo había caído por una grieta en el hielo.
— ¡Estoy bien! ¡Estoy a salvo! —contestó poniéndose duramente de pie. La caída había sido brutal y dolía en todos los lugares incorrectos de su maltratado cuerpo.
— ¡Estoy bien! ¡Estamos bien! —respondió arrodillándose, todavía en el borde. Emmett sabía que su mejor amigo estaba a un paso de perder el norte.
Dicen que si algo puede salir mal, hay posibilidades de que incluso salga peor. Emmett se puso de pie a duras penas en el momento exacto en el que el sonido del ambiente se volvía en un silencio espeluznante. Luego ruidos más ensordecedores que el viento comenzaron a llegar desde lo más alto en los picos nevados. Mirando hacia arriba vio como el hielo de la cumbre comenzaba a resquebrajarse. Fue inevitable no entrar en pánico.
— ¡AVALANCHA! —gritó al grupo, empezando a correr hacia la grieta.
—Está perforado, cielo —susurró no queriendo que Edward los oiga.
— ¡No!.. —lloró ella, mientras sentía como las lágrimas calientes llenaban sus ojos.
—Diles que escalen más rápido —ordenó—. Bella tiene Edema —Ella se abalanzó sobre Demetri, intentando quitarle el radio, pero no antes de que la comunicación se cortara.
— ¡No…! —susurró Edward cayendo de rodillas. Se veía tan miserable, que el corazón de Bella empezó a llorar por dentro.
— ¡No lo sabes! —se quejó, arrodillándose junto a su marido. Él se abrazó con fuerza a su cintura.
—No… no tú —lloró. Aquello le partió el alma en fragmentos minúsculos.
—Ed…
—No, nena… yo realmente lo siento —tuvo que aclarar su garganta para despejarla antes de seguir hablando—. No me refiero solo ahora; me refiero a todo, Bella. Yo debería haberte apoyado, haber estado a tu lado como lo prometí. No emborrachándome por ahí.
—Yo…
—No digas nada. Solo quiero que sepas, que pase lo que pase aquí… yo todavía te amo, nena —de sus impresionantes ojos verde resbaló una lágrima solitaria.
— Ed… —llamó Emmett desde donde estaba. Edward había estado tratando de evitar lo inevitable. Él tenía realmente mucho miedo de acercarse a donde estaba su mejor amigo. Sabía que en el momento en que lo hiciera tendría que despedirse de él inevitablemente.
— Emmett, no lo hagas —suplicó—. Por favor, no tú también. No me dejen solo.
— Edward, ya no hay tiempo —gimió—. Por favor, dile a Rosie que la amo —tosió—. Y a los niños. ¿Sabes? Ellos te quieren… siempre serás su tío Ed. Cuídalos por mí, cuida de Bells también… sé que la amas… no la dejes ir.
— ¡No! —Se quejó, gritando desesperado arrodillándose a su lado—. ¡No te despidas maldita sea! ¡No lo hagas!
Emmett lo tironeó de la manga y llorisqueando como un bebe Edward cayó contra él, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello. Se sentía como un niño pequeño.
—Te quiero, hermano… siempre te querré.
CAPITULO 11:
Demetri siguió intentando duramente llegar a la superficie. No hacía más que clavar el pico y resbalar una y otra vez. Bella cada vez estaba peor; Edward sabía que tenía que ser sincero consigo mismo y aceptar lo inevitable. Pronto perdería no solo a su mejor amigo, a su hermano del alma, sino también a su mujer. La única mujer a la que había amado irrevocablemente durante desde que la conoció en aquel bar de mala muerte, y a la que sabía que aún amaría después incluso de perecer en aquella aterradora montaña.
Un gritó de frustración se escapó de Demetri, mientras volvía a caer sobre su trasero. Él había empezado a toser hacía un tiempo;pezado a toser hacía un tiempo, no era tan malo como el estado de Isabella, pero no dejaba de ser una mala señal. Ya solo les quedaban unas pocas dosis de Dex, por lo que necesitaban alguna señal para el equipo de rescate. Esperaban que no estuvieran muy lejos. Demetri gruñó una vez más y acabo por revolear uno de los picos al aire.
Entonces… Edward tuvo una idea.
Dejando a Bella tendida entre un montón de mantas extras, corrió hasta una de las mochilas vaciando su contenido con rapidez. Encontró en el fondo algunas bengalas, tomó la bolsa que las contenía y los palos de unión de una de las carpas. Aquel truco ya le había funcionado a Bella una vez, solo esperaba que volviera a servir.
Corrió hasta donde estaba Demetri y le explicó el plan rápidamente. Entre ambos, tomaron los palillos de la carpa uniéndolos entre sí, formando uno más largo y ataron la bengala en la punta. Lo primero iba a ser destrabar la salida.
—Bien, vamos a ello…
Edward se colocó bajo el hueco, con Demetri detrás. Entre ambos izaron rápidamente la luz, con el tiempo justo para que el explosivo saltara haciendo volar los pedazos de hielo. Ambos tosieron con fuerza cuando el agua filtró en sus pulmones. Demetri terminó escupiendo más sangre. Antes de continuar con la siguiente fase del plan, controló a su mujer. Bella, apenas respiraba; su rostro estaba blanco ceniciento y sus labios azules.
—Aguanta —suplicó apoyando su frente contra la de ella, varios grados más helada. —Por favor, amor. Aguanta. Hazlo por mí —besó su rostro y volvió donde estaban las cosas.
Tomando la navaja suiza de su bolsillo y la bolsa descartable donde habían estado guardadas las bengalas, corrió hasta el cuerpo abandonado de James. Se negaba a destrozar el cuerpo de su hermano, como si fuera un cordero de sacrificio. Abrió un buen agujero en el estómago, y tragando la bilis que subía por su garganta, llenó la bolsa con los fluidos y la sangre de James.
Entre ambos hombres, ataron la bolsa llena en uno de los palos, junto a una de las luces. Con un breve asentimiento, subieron la bolsa por el agujero que había quedado. Cuando la bolsa llegó arriba, el tiempo cronometrado de la bengala acabó y voló por los aires como si fuera el cuatro de julio.
Varias gotas cayeron directo contra ellos y Edward podía ver la sangre manchando algunas partes del hielo dentro del agujero, por lo que supuso que el plan había funcionado. Solo quedaba esperar. Volvió donde Bella, y abrazándola con fuerza se quedó dormido rápidamente.
— ¡Edward! ¡Vamos, Edward! —Demetri sacudió otra vez al hombre. No le importaba si salía o no con vida, Emmett ya había muerto y no estaba seguro sobre si la mujer todavía estaba con vida, pero por desgracia, sabía que no podía sobrevivir sin Edward.
El sonido de un silbato volvió a escucharse por sobre el ruido del viento. ¡No podía ser! Edward se despejó del sueño rápidamente, poniéndose de pie. Le costaba creer lo que estaba escuchando. Después de dos tortuosos días, los habían encontrado.
— ¡Están aquí!—exclamó en un susurro. Su garganta ardía y estaba muerto de frío, tiritando como una hoja en otoño. — ¡Están aquí!
Dando gracias al cielo, se puso de rodillas para despertar a Bella. El panorama asustó la mierda fuera de él. Bella estaba demasiado inmóvil, pálida y con los labios azules. El pulso de Edward comenzó a temblar de tal forma, que no pudo siquiera comprobar sus signos vitales. Empezó a jadear fuerte, el aire se negaba a entrar en sus pulmones, un claro sino de un ataque de pánico en puertas. Demetri seguía llamándolo, pero él no era capaz de responder, era incapaz siquiera de escucharlo con claridad.
— ¡Edward! —gritó empujándolo.
—Lo siento —susurró con lágrimas resbalando por su rostro, mientras besaba los fríos labios de Bella—. Te amo… Te amo tantísimo.
Un sollozo lastimero, más animal que humano escapó de su dolorida garganta y tomo todo de él para obligarse a dejar el cuerpo de su mujer allí, tendido sin protección. Lo único de lo que estaba seguro, era de que bajaría por Bella a como diera lugar. Él la llevaría a casa, donde podría descansar en paz.
El sonido del silbato volvió a oírse y luego el pequeño cacharro cayó dentro del agujero. Demetri lo tomo, había un papel enrollado dentro. Lo quitó e hizo sonar para avisar que estaban vivos. El papel decía "BANG". Iban a volar la entrada. Edward corrió hasta donde estaba el cuerpo congelado de su mujer, arrastrándola a un costado detrás de unas piedras, cubriéndola con su propio cuerpo para protegerla mejor. Demetri salió disparado, ocultándose al otro lado, justo en el momento en que todo el infierno se desataba.
Pedazos de hielo y piedra volaron por los aires, despejando la entrada a la grieta donde habían quedado atrapados. Cuando sus oídos dejaron de pitar, y parte del aturdimiento despejó su cerebro Edward se movió para ver a quien estaba asomando la cabeza. Jacob.
— ¿Edward? – preguntó.
— ¡Jacob, gracias a Dios! —gritó, lágrimas de felicidad, mezcladas con el hielo derretido y tierra bajaban por sus mejillas.
— Ya estamos aquí, amigo. Vamos a sacarlos. ¿Bella está bien? —Edward no supo que responder. — Contesta, Edward. ¿Cómo está ella? ¿Por qué no puedo verla?
Gimió en silencio otra vez cayendo de rodillas, mirando el cuerpo inerte de su mujer y sacudió la cabeza negando—. Tenemos que llevarla a casa —susurró. En el silenció que siguió a su declaración, él pudo oír como su corazón se rompía en mil pedazos muy pequeños. — Tiene que descansar en paz. – murmuró con la mirada perdida en las paredes de hielo casi color azul.
La primera de las cuerdas descendió y Edward ató con fuerza el cuerpo de Bella. Besó su frente una última vez y se quedó viendo como ella era alzada por sus compañeros. El sol del amanecer llegando a su rostro como si fuera el mayor de los milagros.
No se olviden de leer el epilogo el DOMINGO QUE VIENE!
