Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.


Capítulo 10

Y así fue como me convertí en la versión femenina de mi buen amigo Flash. Salí de debajo de Edward haciendo que su cara se estrellara en la almohada, y corrí hacia el baño en una fracción de segundo. Cuando llegué a mi habitación, me lancé hacia mi cama a metro y medio de distancia y aterricé justo cuando Emmett abrió la puerta.

- ¿Bella? – preguntó Emmett suavemente, caminando hacia mí. Solté un ronquido para hacerlo más creíble y él se sentó al borde de la cama – ¿Bella?

Mi cabello estaba tapando mi rostro, pero aun así pude ver a Rose asomándose a la puerta con el sartén de huevos humeantes en la mano. Sonrió cuando solté un segundo ronquido y volvió a la cocina.

Emmett me quitó el pelo de la cara y cerré los ojos – Bella, sé que no estás durmiendo.

Abrí un ojo y lo miré. Estaba sonriendo – ¿Cómo lo sabes? – pregunté con voz ronca.

- Tienes muchas mañas para dormir, pero roncar no es una de ellas – me dio una nalgada y solté un gruñido, odiaba cuando me hacía eso – Nada va a salvarte de comer.

Suspiré derrotada y me senté, al menos no sospechaba que estaba en la habitación de Edward.

- Vamos, entonces – dijo cargándome en su hombro como un saco de papas, me aflojé como una muñeca de trapo – El olor a tocino está matándome.

Escuché la risa de Edward cuando Emmett entró en la cocina conmigo a cuestas. Rose había terminado y estaba sentada en la mesa frente a Edward, así que Emmett me puso en la silla que había entre los dos y luego se sentó frente a mí. Durante todo el desayuno, Edward y yo evitamos la mirada del otro, pero no había una incomodidad evidente.

Cuando terminamos de comer, Rose dijo que debía irse y Emmett pareció haber sido disparado – ¡¿Tienes que irte?! – exclamó indignado.

- Sí – respondió entregándole la camiseta que le había prestado.

- ¡¿Por qué?!

Rose levantó una ceja – Porque esta no es mi casa. ¿Tal vez porque he estado usando este pijama por tres días? ¿o porque si no me voy Edward tendrá una compañera de habitación permanente?

Emmett y Edward se enderezaron como una varilla con la última pregunta de Rose, pero yo no me sobresalté, sabía que lo había hecho a propósito. Rose tenía una vena sucia.

- ¿De qué… - empezó a decir Edward, pero Rose lo interrumpió.

- Para tu mala suerte, Edward, he de irme - la expresión en su rostro era totalmente seria y, aun así, estaba tratando de ser graciosa.

Por Dios… ¿Qué demonios sucedía con ella? Solo pasó dos días aquí y ya estaba siendo bromista y habladora.

- Está bien, ahora sé que definitivamente tienes que irte – dije empujándola hacia puerta.

Emmett se ofreció para llevarla, y como no me quería quedar en casa con Edward, dije iría también.

- Así que… ¿te gusta Edward? – le susurró Emmett a Rose mientras caminábamos por el estacionamiento hacia el Jeep. Su tono era algo inseguro.

Ella me echó una mirada rápida por encima de su hombro y yo la fulminé con la mirada. Sus labios formaron una maliciosa media sonrisa, pero guardó silencio. Buena chica. Dejé que se sentara adelante con Emmett para que yo pudiera despatarrarme en el asiento trasero, me sentía un poco floja hoy.

Rose vivía en una parte bastante acomodada de la ciudad. La casa en la que Emmett aparcó era grande, de dos pisos y con un jardín delantero de césped falso salido de un catálogo. Levanté la cabeza del asiento y me asomé apenas por la ventanilla para ver salir por la puerta delantera de la impresionante casa a una mujer. Era rubia, bajita y extraordinariamente hermosa, su parecido con Rose era evidente. Tras ella, apareció un hombre alto e imponente, su cabello era de un rubio más oscuro que el de la mujer a su lado, un color miel. Se quedaron de pie en el porche, mirando el jeep fijamente.

- Gracias, Emmett – dijo Rose, su voz había vuelto a ser la de antes de acción de gracias, apagada y carente emoción – Te veré en el instituto, Bella.

Bajó del auto y caminó hacia el porche de su casa a paso lento. Emmett no movió el auto, como yo, se quedó mirando fijamente los hombros caídos de Rose. Sus padres la seguían con la mirada, y cuando llegó hasta ellos, empezaron a hablar. Parece que estaban teniendo una acalorada conversación, bueno, en realidad, parecía que el padre de Rose estaba enunciando un acalorado discurso, porque Rose y su madre estaban completamente inmóviles. Emmett suspiró y miré hacia él, se pasaba las manos por el cabello repetidamente pareciendo enojado. Puso la mano en la palanca para poner el auto en marcha y miré por última vez hacia la casa de Rose justo a tiempo para ver a su padre alzar su brazo derecho con la palma abierta, y la abofetearla.

- Dios mío… - dije incorporándome de todo en el asiento, al mismo tiempo en el que Emmett abrió la puerta y salió del auto.

Llegó hasta ellos en rápidas zancadas, tomó a Rose del codo y la arrastró hacia el auto sin decirle una sola palabra a sus padres.

- ¡Tú, muchacho indecente! – gritó el padre de Rose avanzando por el camino de entrada – ¡¿Quién te crees que eres?!

Emmett metió a una temblorosa Rose en el asiento de copiloto y cerró de un portazo antes de girarse hacia su padre. Me bajé precipitadamente del auto al reconocer su postura. Esa fue la forma en que se paró cuando le rompió la nariz a Paul por haber dicho que era una frígida después de haberse enrollado conmigo en la fiesta de Sam en la reserva. Y cuando golpeó al hermano mayor de ese niño que había hecho que Seth tropezara y tirara su helado en el parque, por haber dicho que nuestro hermanito era un "jodido blandengue".

- Emmett, tranquilízate – dije poniendo ambas manos en su pecho – Es el padre de Rose.

- La golpeó – respondió respirando pesadamente. Nuestros padres nunca pusieron una mano sobre nosotros, así que ver al padre de Rose hacerlo, era impactante para él. Y para mí.

El airado hombre llegó a donde estábamos, pero no nos prestó atención a nosotros, miró a Rose por la ventanilla del auto – ¡Rosalie Lilian Hale, quiero que bajes de ese auto en este instante! ¡No me hagas sacarte de ahí yo mismo!

Rose se quedó paralizada donde estaba y Emmett empujó contra mis manos – Atrévase a hacerlo, y juro por Dios, que arrancaré cada una de sus manos – dijo en una voz baja, pero mortal.

- ¿Estás amenazándome? – preguntó ofendido, luego desvió la vista hacia Rose – ¿Estás son el tipo de personas con las que te relacionas, Rosalie? Este muchacho irrespetuoso no tiene signos de tener una buena educación – miré hacia atrás y él respondió a mi furiosa mirada con una de desprecio – Y esta chica, ¿Qué es esa ropa andrajosa que lleva? Una señorita decente no se viste con unos pantalones tan cortos como esos. Parece no tener una pizca de vergüen…

Esta vez no pude contener a Emmett cuando empujó hacia adelante y salí disparada hacia el padre de Rose quien me hizo a un lado como si fuera una molesta mosca. Caí al suelo sobre mis manos y rodillas, la grava cortando mi piel. A mis espaldas hubo un gruñido, un golpe, la puerta del auto cerrándose con fuerza y el nombre de Emmett gritado por Rose. Cuando pude levantarme y girarme hacia ellos, Emmett estaba más furioso de lo que lo había visto en un tiempo, Rose había tomado mi antigua posición y gotas de sangre caían de la nariz de su padre. Me estremecí y desvié la mirada.

- Váyanse – dijo Rose despegando las manos del pecho de Emmett. Él abrió la boca para hablar, pero ella no lo dejó – Estoy bien. Solo váyanse.

- Emmett… - dije levantando mis manos para que las viera.

Debíamos irnos. Porque primero, las cosas se pondrían peores con el padre de Rose si nos quedábamos. Y segundo, si seguía alrededor de tanta sangre iba a desmayarme. Puede que Emmett también lo hiciera, ninguno de los dos somos buenos con la sangre.

- Oh por Dios – dijo Emmett dando un paso hacia atrás cuando vio mis manos y rodillas sangrantes, luego miró la nariz del padre de Rose y palideció – T-tenemos que irnos. S-san-sangre.

Caminó hacia el asiento del conductor de su jeep y corrí hacia el auto antes de que arrancara sin mí. Me senté en el asiento trasero otra vez, pero esta vez lo hice para que la sangre permaneciera fuera de su vista. Estaba empezando a marearme, así que recosté mi cabeza de la ventanilla y cerré los ojos tratando de ignorar el ardor de mis manos y rodillas.

Llegamos a casa más rápido de lo que pensé, y, aun así, yo estaba completamente grogui. Emmett se bajó del auto y empezó a caminar hacia el elevador, pero luego volvió cuando recordó que seguía en el asiento trasero. Caminó de un lado para el otro murmurando para sí mismo, sabía que quería ayudarme a bajar, pero no quería acercarse a la sangre. Éramos dos completos cobardes cuando alguien sangraba. Cerré los ojos otra vez, todo estaba dándome vueltas.

De repente, la puerta en la que estaba recostada se abrió y caí sobre Emmett – Vamos, nena – oh, no era Emmett, sino Edward. Bueno, no importa, solo esperaba no vomitar sobre él.

Cuando abrí los ojos otra vez, estaba en mi habitación. Edward estaba sentado junto a mí, terminando de vendar mi mano izquierda. Me miró con preocupación – ¿Estás bien?

- ¿No hay más sangre? – pregunté tratando de ver mis rodillas. Estaban vendadas. Edward negó con la cabeza y yo suspiré con alivio – Estaré bien siempre y cuando no haya sangre involucrada.

- ¿Qué pasa con ustedes y la sangre? Sabía que Emmett tenía problemas con eso, pero no pensé que sería un completo inútil cuando su hermana pequeña está herida. Cuando me llamó, creí que te habían disparado o algo por la forma en que habló.

Suspiré – No tengo idea, solo sé que siempre hemos sido así. Emmett entra en pánico cuando la ve y a mí el olor me pone mala – era mentira, sí tenía idea. Emmett aún no lo sabía, pero cuando mi vida se fue al traste, y descubrí una horrible verdad sobre mi niñez, la abuela me dijo la razón de nuestra fobia a la sangre.

En la caja había cartas, muchas cartas. Y junto a las cartas, había fotos. Casi la misma cantidad que las cartas. Mis dedos temblorosos tomaron unas cuantas, pero cuando miré la primera, se derramaron por el suelo.

Era ella.

Reconocí su cabello castaño claro largo y ondulado, y sus ojos marrones. Era la chica que bajaba las escaleras conmigo en ese sueño recurrente que tenía cuando era más pequeña.

Tía Victoria, una voz infantil gritó en mi mente, tan fuerte, que tuve que poner mis manos a cada lado de mi cabeza.

Cuando no pude sostenerme, apoyé mis manos en el suelo mientras jadeaba como si hubiera estado corriendo kilómetros. Miraba las fotos esparcidas, pero se iban haciendo borrosas a medida que las lágrimas llenaban mis ojos.

- Esa es mi bebé – dijo la abuela detrás de mí, su voz cargada de tristeza - ¿Te acuerdas de ella ahora?

Tía Victoria, volvió a gritar la voz infantil en mi cabeza.

Cerré los ojos con fuerza y los volví a abrir - ¿Do-dónde está?

- Su sangre dejó profundas marcas en Emmett y en ti.

Levanté la mirada de una foto en la que Emmett y yo estamos en los columpios del patio trasero de la abuela, y ella, la tía Victoria, está entre nosotros sonriendo ampliamente – Te-tenía un sueño… ella… bajaba las escaleras conmigo, pero no había final.

La abuela no dijo nada por un rato, y giré hacia ella para saber si seguía allí. Estaba de pie tan quieta como una estatua y sus ojos llenos de lágrimas me miraban fijamente – La perdí al final de esas escaleras.

Me puse un brazo sobre los ojos. Mi piel se erizó por el recuerdo. Esa había sido la última conversación pacifica que tuve con la abuela, justo antes de que todo explotara.

Estaba empezando a deprimirme, pero la voz de Edward me alcanzó - No sé a qué te refieres con el olor, ya que se supone que la gente no puede oler la sangre, pero pasemos a otro tema – dijo con tono escéptico - ¿Qué, en nombre de Dios, sucedió? ¿Te lanzaste del auto en movimiento o algo así?

Suspiré más pesado esta vez – Es una larga historia – dije con cansancio, pero Edward se quedó en silencio esperando que le dijera, así que le conté lo que pasó.

Edward se enojó por lo que el padre de Rose hizo, pero también se enojó con Emmett, por no tener el suficiente cuidado y haber dejado que yo saliera lastimada. Eso me hizo recordar lo que dijo esta mañana. Lo miré fijamente mientras él guardaba las cosas que había usado para curarme en el botiquín. Su barba había crecido mucho estos dos días y su cabello era un desastre, pero no se veía desaliñado, se veía atractivo. Muy atractivo.

Abrí la boca para hablar, pero Emmett asomó la cabeza tímidamente por la puerta. Se lo agradecí internamente, puede que hubiera dicho alguna cosa de la que me arrepentiría más tarde.

- Ya no hay sangre, gran cobarde – dijo Edward en tono burlón.

Emmett caminó dentro de la habitación y se acostó en la cama junto a mí – ¿Quieres que hablemos de tus problemas con esos animalitos de ocho patas?

Edward lo fulminó con la mirada – Cállate, idiota. Al menos puedo ser un hombre y matar una araña, si aparece en la habitación de Alice.

Empujé a Edward suavemente para que lo dejara en paz y me apoyé sobre mi costado dándole la espalda para poner una mano vendada en la mejilla de Emmett – ¿Estás bien?

Emmett frunció el ceño – Si te refieres a la sangre, estoy bien – su expresión se tornó furiosa – Pero si te refieres a que esté bien con que haya dejado a Rosie con ese hombre, la respuesta es no.

- Rose dijo que estaba bien, no debes preocuparte demasiado – dije para tranquilizarlo, pero yo misma estaba preocupada.

La cama se hundió cuando Edward se acostó a mi otro lado – ¿En verdad le rompiste la nariz a ese hombre? – preguntó impresionado.

Emmett irguió la cabeza para fulminar a Edward con la mirada – Te sientes muy cómodo, ¿no?

- Espera – dijo antes de pasar un brazo por mi cintura y arrastrarme hacia él, haciendo que quedáramos en una posición de cuchareo – Ahora sí estoy cómodo.

- ¡Edward! – exclamamos Emmett y yo al unísono.

Edward se reía a carcajadas mientras Emmett me arrastraba de regreso hacia donde estaba. Los dos empezaron a discutir, y cuando se cansaron, nos quedamos allí recostados en un silencio cómodo.

Antes de que abriera los ojos, sabía que había alguien a mi lado. Su respiración era fuerte en mis oídos, como la de Él. Mi corazón empezó a acelerarse y mi respiración también. Quería gritar, intenté hacerlo, pero no podía, mis labios parecían estar sellados.

Una mano caliente tomó mi brazo, y cuando abrí los ojos bruscamente, eran ojos verdes los que me miraban, no marrones.

Estás a salvo. Edward está aquí.

Lo sé.

Levanté los brazos y los envolví alrededor de su cuello, desesperada por sentir su olor y confirmar que de verdad era él. Seguía escuchando las fuertes respiraciones, se escuchaban detrás de mí.

Está aquí.

Quería salir de aquí, necesitaba salir de aquí – Sácame de aquí, Edward. Por favor. Sácame de aquí – mi voz era frenética – Sácame, por favor.

Edward no hizo ningún ruido, solo me abrazó por la cintura y me sacó de la cama, llevándome a la sala de estar. Me puso sobre el sofá, y en cuanto estuve libre de sus brazos, me levanté de ahí y corrí hacia la puerta de entrada.

- ¡Bella! – gritó Edward en susurros, me alcanzó antes de que lograra abrir la puerta – ¡Espera!

Forcejeé para que me soltara - ¡Suéltame! – grité en susurros también, para evitar que Él despertara – Está aquí, no sé cómo, pero está aquí. Tengo que irme, Edward. Quiero irme.

Edward me miró con preocupado horror, pero no me soltó - ¿Quién, Bella? ¿Quién está aquí?


Hi!

El cap está recién salido del horno, espero que les haya gustado.

Espero sus opiniones. Un beso para ustedes!

Nos leemos en el próximo!

Bye!