Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Saga/Máscara de Muerte.
Este capítulo tiene un poco de lemon, ya sabes de que va.
Capítulo 11. Respirando bajo el sol
Dohku observaba disimuladamente la situación. Solo unos ojos expertos hubieran podido sospechar que los documentos que tenía entre sus manos eran lo último a lo que prestaba atención. El patriarca y caballero de Libra permanecía cómodamente recostado en la loma, con una mano se sostenía la barbilla y con la otra pasaba unos papeles apilados, como si estuvise organizando unos papeles al aire libre.
No obstante lo que hacía era mantener vigilada la terraza de la cantina. Cuando Shaka, a su regreso cinco días antes, le había asegurado que todo había quedado arreglado, Dohku no había podido sino mostrarse escéptico. No obstante allí estaba la prueba, y Dohku tenía grandes problemas para ocultar su sorpresa y dar al traste con su espionaje.
Milo, Aldebarán, Shura y Máscara de Muerte. En la misma mesa, tomando unas cervezas. Y todavía nadie se había levantado maldiciendo al caballero de Cancer.
No estaba a distancia suficiente para oirles con claridad, pero le bastaba para saber que Máscara parecía estar sorprendentemente comedido. Desde luego no era que se hubiese convertido en otra persona, mas de una vez parecía haber soltado algún comentario de humor cruel, pero nada que derivara en una verdadera disputa, si bien Milo le había dirigido un par de miradas asesinas que hablaban claramente de que Máscara seguía sintiendo el placer de meter el dedo en las heridas de los demás.
Sorprendente. Para ser Máscara, aquello era un cambio revolucionario. Se le notaba, no estaba furioso, ni apocado, sencillamente parecía estar tranquilo. O todo lo tranquilo que podía estar ese hombre.
En ese momento Saga apareció. Dohku observó con intensidad, el caballero de Géminis avanzó con paso firme hacia la cantina y se detuvo frente a la mesa donde conversaban los otros caballeros de oro, estos le saludaron... incluido Máscara... con una sonrisa. Ahora si que Dohku tuvo verdaderos problemas para no coger los papeles y precipitarse hacia la cantina para preguntarles cuando se había producido la invasión de los ladrones de cuerpos y que sacaran inmediatamente al que se había metido dentro de Máscara.
Saga respondió al saludo y entró en la cantina, salió poco después con una jarra de cerveza y tomo un asiento que Shura le ofreció, los demás se apretujaron más alrededor de la mesa para dejarle sitio.
Saga se sentó a la zurda de Máscara de Muerte. Y ninguno de los dos parecía en absoluto preocupado por ello. Dohku se pellizcó, bueno, no pensaba quedarse allí sentado mucho más. Guardó los papeles bajo el brazo y se encaminó a la cantina, aquello tenía que oirlo, no se lo podía creer.
- Por fín.- Suspiró Máscara.
- ¿Por fín qué?.- Cuestionó Milo extrañado.
- Dohku viene hacia aquí.
Todos le miraron con igual extrañeza, mirando a Máscara y al patriarca aproximándose.
- Lleva diez minutos espiándo.- Explicó finalmente con una sonrisa burlona.
- ¿Espiándo?. Dohku no tiene necesidad de espiarnos.
- Espiarnos no. Espiarme. A mi.
Saga se sorprendió¿era paranoía de Máscara o simple observación?. Ciertamente Dohku tenía motivos para preocuparse por Máscara, no le extrañaría nada que quisiera vigilarle un poco.
- Algo habrás hecho.
Milo siempre sospechando, pero a Máscara no le importaba. Era cuestión de no darle importancia, igual que no había que dar importancia a sus propias salidas de tono.
- No, es pronto para que haya notado que he añadido guindillas a sus bolsas de té.
Aldebarán estalló en carcajadas, sin duda tomándoselo a broma, Milo frunció el ceño sin saber si reprenderle o no creerle, Shura soltó una risilla y Saga también, los dos creían que era posible que fuera cierto, pero no había que tomárselo mas que como una chiquillada, aunque la hiciera un hombre adulto.
Máscara tomó un sorbo de la cerveza, deliciosamente helada y perfecta para el bochorno del mediodía. Resultaba curioso cuanta agresividad se había evaporado de él. Máscara se sorprendía de sí mismo. Quizá es que algo de Ares también había estado en él todos aquellos años, envenenándole, consumiéndole, haciendole arder de odio. Y ahora se había ido.
Dejó la jarra sobre la mesa y la mano de Saga rozó la suya. Máscara apartó la mano de inmediato, no bruscamente, pero si de forma consciente. No estaba seguro de por qué, la presencia de Saga no le molestaba en absoluto, de hecho le agradaba estar en compañía de alguien con... bueno, la unica persona que podía entenderle por cuanto sabían. Los secretos que compartían. Había un vínculo entre ellos.
Pero al mismo tiempo quería hacer hueco entre ellos. Ahora que Ares era historia no podía estar pensando en Saga. Aquello había terminado. Cierra la puerta, baja el telón, corre las cortinas. Ahora había hecho las paces con Saga. Punto final. Era lo mejor para Saga.
Dohku se acercó y saludó alegremente, los caballeros de oro, excepto Máscara, hicieron el ademán de incorporarse para saludarle adecuadamente, con una inclinación. Pero Dohku les indicó que lo dejaran, no era necesario.
El caballero de Libra se sentó con ellos como uno más para disfrutar de aquella camaradería de mediodia en torno a unas bebidas. La conversación derivó a la famosa celebración de honor para honrar la era de paz, la organización Kido de la señorita Saori iba a montar una fiesta por todo lo alto para promocionar lo que esperaban fuera una edad de oro para la humanidad entera. Pronto charlaban despreocupadamente sobre la fiesta, las chicas...
- El caballero Aioria debería atreverse a invitar a Marin.
- ¿Marin, la amazona del Águila?.- Replicó Milo.- Demasiado dura, no me extraña que Aioria no se decida.
- Se van a pasar la vida mirándose y su orgullo no les dejará decirse nada.- Dictaminó Aldebarán con lástima.
Con aquel punto de partida siguieron todas las conjeturas sobre parejas de baile, y la queja constante de que Afrodita, el hermoso Afrodita, se había llevado el corazón de todas las mujeres hermosas de Grecia, incluida la mitad de las amazonas.
- ¡Pero si parece una mujer!.- Bufó irritado Milo.
- Pero es un perfecto caballero, en el mas amplio sentido de la palabra.- Replicó Dohku, divertido.- Mucho me temo que ninguno podemos ganarle en artes de seducción.
- Os aseguro que pronto tendremos toda una generación de niños griegos con rasgos suecos.- Pronosticó Máscara con malicia.
Rieron de buena gana. La conversación continuó de forma similar, inofensiva, burlona... Agradable. Entre amigos.
- ¿Tienes tú a algún acompañante?.- Le preguntó Dohku con evidente curiosidad.
Máscara iba a responder que no pensaba ir a la fiesta, ni ponerse un estúpido esmoquin, pero se quedó sin palabras al notar una mano cálida en su muslo.
Saga. Su mano estaba en su muslo, cálida a traves de la tela de los vaqueros.
Dohku aun esperaba una respuesta, obviamente extrañado por la espera. Y Máscara no pensaba dejar que se diese cuenta del motivo.
- No... no tengo.
La conversación derivó hacia una discusión sobre las máscaras de las amazonas, cuestionando su utilidad medio en serio medio en broma. Máscara no lo escuchaba.
La mano se movió, un vaiven suave, en otras circunstancias hubiera sido relajante, pero ahora no lo era, no era que no le gustase, es que no era algo esperado precisamente. Miró a Saga, que le correspondió con una sonrisa suave, como si le pidiera perdón por lo inesperado pero no tuviera intención de remediarlo. Era una sonrisa tan cálida como aquella mano. Aquella mano que se deslizaba a la sensible cara interna... si seguía subiendo encontraría la hinchazón torturada contra la dura tela de los pantalones...
El calor del mediodía no era la única razón por la cual una gota de sudor resbaló por la sién de Máscara, el caballero dió un trago a la cerveza y practicamente la vació en el mismo gesto.
Saga observó casi hipnotizado la nuez de Máscara subiendo y bajando mientras bebía, la piel brillaba por el sudor y una gota resbaló desde la sien, recorriendo el rostro por la mandíbula hasta desviarse por el cuello y desaparecer en las clavículas.
No había planeado poner su mano en el musculoso muslo de Máscara, sencillamente le había parecido correcto. Cuando Dohku había preguntado por una pareja, Saga había querido enviar un mensaje a Máscara sin decirlo ante los demas. No había tenido intención de dejar la mano pero una vez ahí, había querido prolongar el contacto.
Máscara se sintió mas controlado tras el trago frio, sentía una bola de nervios la boca del estómago.
- Tengo que irme.- Apenas fue un murmullo pero le oyeron, de modo que no resultó tan violento el ponerse en pie de forma veloz y marcharse sin mirar atras.
Saga miró marchar a Máscara mordiéndose el labio inferior, quizá había sido demasiado osado. Pero demonios, no quería dejar que lo que tenía con Máscara se enfríara, le sentía muy cerca y quería sentirle aun más cerca, siempre. Nadie más, nadie en el mundo podría comprenderle como le podía comprender Máscara. Y viceversa.
A Dohku no le pasó desapercibida la mirada de Saga sobre el caballero de Máscara a medida que este se marchaba, sus ojos hablaban de un afecto profundo. Shaka no le había dicho nada de eso, pero claro, Shaka era reservado para con todos, tanto cosas suyas como ajenas.
Cuando había mandado a Máscara de Muerte y a Saga había esperado acabar con el resentimiento, lo había conseguido. Y muy bien. Ahora veía que algo más había sucedido en la India. Algo bueno.
Máscara se sentía como un hombre objeto, mas concretamente como un perchero. No sabía como le había convencido Afrodita para acompañarle a comprar un esmoquin. No, ahora que lo pensaba no le había hecho falta ser convencido, sencillamente había bajado con Afrodita al pueblo charlando y de pronto habían acabado en una tienda de ropa.
- Este es magnífico. ¿Qué opinas?
Era una pregunta retórica, porque invariablemente la respuesta era la misma, "Es el mejor, me encanta¿nos vamos ya?". Máscara ya ni siquiera hizo el esfuerzo, miró a Afrodita sin verlo, se encogió de hombros y miró al suelo sin dejar se sostener la montaña de modelos deshechados.
- Casi se me olvida, Milo dijo que pareces una mujer.- Comentó con interes venenoso por supuesto.
- ¡Ese escorpión se cree mejor que yo por ser nativo de grecia!.- Exclamó Afrodita ofendido desde el probador.- Me tiene envidia, eso tiene.
A Máscara poco le importaba lo que Milo dijera, pero se dió el gustazo de poner al caballero de Piscis en pie de guerra, siempre era más divertido cuando se ofendía. Era cierto que Afrodita parecía una mujer, pero el caballero siempre se defendía diciendo que su belleza era "andrógina". Andrógina un cuerno, parecía una mujer.
- Maldita sea, llevamos aquí una hora y media, todos te quedan bien, elige.
- Tengo que estar deslumbrante, cabeza de yunque, es un gran acontecimiento.
- Ya lo estas, demonios, van a cerrar la tienda así que date prisa.
Aun así pasó un cuarto de hora más hasta que Afrodita se decidió por uno. Máscara ni siquiera se molestó en mirarlo, le quedaría magnífico, como todos.
- Bien, ahora podemos comprar el tuyo.
No había querido ir a la fiesta pero... había cambiado de idea...
Máscara eligió uno al azar del montón que se había probado Afrodita, por supuesto necesitaría uno de otra talla, Afrodita y él medían lo mismo pero Máscara tenía mas masa múscular y estructura osea, Afrodita era esbelto como... como una mujer, por mucho que eso le molestara.
- Tienes el pelo cano, no puedes llevar un esmoquin gris de espiga, idiota, parecerá que tienes cincuenta años.- Gruñó Afrodita exasperado.
- Pues elige tú, yo no tengo idea.
Afrodita murmuró una queja pero se entregó a la tarea en tanto Máscara se alejaba a mirar desinteresadamente por el resto de la tienda. Entonces vió pasar a Saga por delante de la tienda, al otro lado del espejo del escaparate. Hubiera pasado de largo sin verle, pero Máscara salió por la puerta.
- ¡Saga, espera!
El caballero de Géminis, vestido de forma casual, como todos los caballeros cuando abandonaban el Santuario sin una misión, se paró en seco y se volvió entre sorprendido y alegre.
- Nos encontramos de nuevo.- Saludó.
Máscara se quedó callado, no tenía ni idea de por qué había parado a Saga... no, espera, tenía que hablar con él de lo ocurrido. Se le subieron los colores. El otro hombre se acercó tranquilo, su postura casual calmó a Máscara lo suficiente para hablar.
- Mira, me gusta... me gusta esta situación, todo está tranquilo.- Máscara se frotó la nuca, era un inutil para esas cosas.- Quiero que siga así.
- Seguir así.- Repitió el otro.- ¿Cómo sigue?
- Siendo amigos.
Saga desde luego que no va a aceptarlo. Ellos dos jamás, nunca, podrán ser solo amigos. Les une algo demasiado profundo, el pasado ha sido aceptado y vencido, pero es algo que no se borra, se acepta y se domina, no se destruye. Y es algo más, tienen algo más allá de Ares que ha germinado durando mucho tiempo pese a la dureza de la tierra. Máscara tiene que sentirlo también. Es seguro que tiene que sentirlo. ¿Por qué pone pegas?.
No pudo discutir más porque en ese momento Afrodita salió de detrás de unos roperos con un par de trajes. El caballero saludó a Saga con una leve reserva que este no le tuvo en cuenta.
- Tienes que probártelos.
El caballero de Cancer alzó la vista al techo con desesperación y entró en los probadores. Quería acabar con aquello cuanto antes, nunca ha habido un hombre al que le gustara probarse ropa sin un objetivo práctico directo. Y sospechaba que Afrodita solo tardaba tanto cuando iba en compañía de otra persona, por el placer de fastidiar.
Máscara no se molestaba en fijarse mientras se vestía, nunca había llevado un traje elegante de modo que tenía poca o ninguna idea de como se suponía que debía quedarle exactamente, una cosa era una foto de un desfile y otra ponérselo él. Descorrió la cortina.
- ¿Y bien?
Los dos hombres le miraron de arriba a abajo, haciendole sentir horriblemente incómodo. Pero lo peor era la sonrisa maliciosa de Afrodita.
- Tiene demasiados hombros, con esas hombreras parece un armario, o un jugador de rugby.
Hablaba para Saga, mirándole pero como si no estuviera allí. Maldito fuera, como odiaba que hiciera esas cosas. El caballero de Geminis ahogó una risilla, muy bien, muy graciosos, Máscara se cruzó de brazos irritado.
- Ja-ja-ja.- Cerró la cortina y cogió el otro traje.
Afrodita disfrutaba simulando frivolidad. Era una mascarada perfecta combinada con su cara bonita y le permitía muchas cosas. Y Máscara, aun sabiéndolo, se lo consentía.
- Tardas mucho¿necesitas ayuda?
- ¡No!.- Pero para todo había límites.
Pero lo cierto fue que Máscara tuvo que dedicar un buen rato a conseguir ponerse recto el maldito chaleco sin arrugar toda la camisa, y aun así no estaba quedando bien, o como él creía que debía quedar bien.
La cortina se abrió y Saga entró en el probador.
- No necesito ayuda.
- Cuanto antes termines antes nos iremos. ¿no es así?
Máscara asintió y dejó que Saga le ayudara a ponerse correctamente el chaleco, que había arrugado la camisa, y después la chaqueta. Saga se inclinó ligeramente frente a él para atarle chaqueta.
Olía bien, Máscara miró los dedos elegantes atando botón a botón y el cabello rubio pajizo tan cerca de su rostro que casi le hacía cosquillas en la nariz. De pronto se dió cuenta de la familiaridad con que estaban actuando sin apenas haberse percatado de ello, o quizá si se percataban.
- Ya está.- Saga miró el reflejo de Máscara en el espejo, y sus miradas se encontraron en este.
- Te queda bien.
Máscara le dió la razón, aunque no podía asegurar nada, bueno, el chalecho rojo oscuro era bonito. Las manos de Saga se apoyaron en sus caderas, incluso sobre la chaqueta, el chalecho y la camisa el contacto tenía algo íntimo. Máscara se estremeció y apoyó las manos sobre las de Saga para apartarlas con firmeza.
- No debes.
- ¿Por qué?
- Tenemos otra oportunidad, otro futuro. No podemos repetir...
- No estamos repitiendo nada.- Replicó Saga.
Máscara se volvió, cansado de hablarle al reflejo en el espejo en vez de al Saga auténtico.
- No me obligues a ser cruel.- Su expresión era severa, pero no llegaba a sus ojos.
- ¿Estas seguro?.- Saga hablaba como si en vez de en un probador estuvieran en una bonita cala junto al mar.
- Si.- Mentiroso.- Todo ha terminado y me alegro, me siento bien. Quiero dejarlo así.
- Pero puede estar mejor.- Replicó Saga, se acercó más, uniendo sus cuerpos, muy cerca, rozándose.- Nadie nos comprendera tanto como nosotros.
Le besó. Máscara no opuso resistencia alguna, era tan natural como dar un trago de agua, aspirar una bocanada de aire. Juntaron sus cuerpos como hacía cinco días, cuando se habían agradecido mutuamente, pero esta vez habia hambre en su contacto, necesidad de sentirse lo mas cerca posible, fundirse.
Máscara enterró las manos en la espesa melena, aferrándose como un naufrago a su tabla, el mundo parecía disolverse a su alrededor. Y Saga era tan real, tan firme, tan... duro. Se unió más, intentando amoldarse desesperadamente.
La mano de Saga se amoldó a su entrepierna y Máscara ahogó un gemido de placer en el beso húmedo y caliente. Empujó con las caderas exigiendo, su muslo tocó la dureza de Saga, que le imitó frotándose contra él.
Allí estaban, frotándose como gatos en celo en el probador de una tienda. La idea, mas que avergonzarle le excitó, Saga lamió los labios de Máscara y se frotó sin dejar de masajearle la hombría. Al cuerno con precipitarse, se deseaban. Notaba la carne caliente contra su palma y no deseaba otra cosa que bajar la cremallera y...
La voz de Afrodita les llegó clara y con un fuerte subtítulo de divertida irritación.
- El traje no está pagado y no habrá tiempo de llevarlo a la lavandería.
Se habían olvidado por completo de Afrodita. Saga se ruborizó profundamente y se separaron con reticencia. Máscara se acomodó los pantalones para suavizar la incomodidad, pero su mayor problema era que su resolución de evitar una relación con Saga se iba desesperadamente por el desagüe.
- Saga.
- ¿Si?
- Sal del probador antes de que Afrodita lo llene de rosas venenosas.- Musitó.
Cuando Máscara terminó de cambiarse y ponerse su ropa de calle, Saga se había marchado, probablemente huyendo de la mirada crítica de Afrodita. Quien ahora la dirigía hacia Máscara, no sin un trasfondo de preocupación. Lo que le recordaba a Máscara que tenía que hablar con su viejo amigo.
- Tú tenías razón.
Afrodita cogió el traje doblado que le tendía con una expresión de extrañeza.
- Sobre Ares, era un imbecil prepotente y no era bueno para mi. Tú tenías razón, siempre la tienes.
- Oh... ¡Pues ya era hora de que te dieras cuenta de algo tan evidente!. ¡Yo siempre tengo razón!
Después de pagar y abandonar, al fín, la tienda, los dos se encaminaron de regreso al santuario a paso ligero para llegar antes de que la noche cayera por completo y subir las intrincadas escaleras se convirtiera en una odisea.
- De modo que Saga quiere meterse en tus pantalones.
- No seas vulgar, no te pega.
Afrodita soltó una melodiosa carcajada que hizo suspirar a varias mozas que no le quitaban el ojo de encima.
- Pero así es, en un probador, cielos, al principio pensé que tenías un ataque de asma.
- Seguro.
- ¿Qué ocurrió en la India?. De pronto toleras a Saga, eres amistoso con él, y ahora esto, y no creas que me tragaré que no querías y te has resistido.
Máscara no quería hablar del encuentro con Ares, no era que le torturara, pero representaría una explicación demasiado larga y ni siquiera tenía todas las respuestas, era algo que había sucedido, lo entendía y así estaban las cosas.
- Nos hemos perdonado y aceptado, eso es todo. Supongo que ahora somos amigos.
- Los amigos no se meten mano, yo desde luego no pienso hacerlo.
El caballero de Cancer suspiró, había sido natural, tan completamente en su lugar. No era por el pasado con Ares, bueno, en parte, pero ya sabía que no era por Ares, era Saga. Siempre había sido Saga. Amaba a Saga, le había amado sin saberlo durante años, amando los destellos de Saga en Ares.
Lo sensato era olvidar aquel amor¿verdad?. Por mucho que Saga pensara lo contrario, Máscara no creía que fuese una buena idea. Sencillamente se resistía a pensar eso. No tenía ni idea de como era una relación amorosa normal pero no estaba seguro de poder tener una.
Nota de la autora: No es que Máscara esté deprimido, es que tiene miedo de una relación, teniendo en cuenta la única que ha tenido, quiere algo de tiempo tranquilo para si mismo, estar sentimentalmente solo... pero se le pasará en seguida, para eso está Saga, que le va curar del todo en el próximo capítulo que ya tengo pensado y será Lemon. ; )
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