Físicamente imposible.
(
L-Drago despierta)

Aunque Ginga tenía todo el poder de su furia justiciera respaldando cada golpe que daba con su yoblade, Doji tenía la experiencia y habilidad que daba ser un villano medianamente competente, a quien se le daban bien las bravatas ridículas que sólo podrían funcionar en yoluchadores menores de 16 años. Mientras más errantes, mejor.

Le tomó a Ginga un buen rato convertir su frustración e ira en combustible para su cosmos, y por fin derrotó a Doji. Pero era demasiado tarde.

El lloriqueo incesante y desconsolado de los gemelos rellenísticos, así como los alaridos de frustración de Ginga, habían perturbado el sueño del individuo que dormitaba en una cápsula. Lo cual nos da una idea de la intensidad de ambos fenómenos sonoros, pues la cápsula se encontraba en un sótano, y ellos se encontraban, como ya se ha dicho, en el último piso de la torre más alta. Sin embargo, habría que considerar que el cuartel de Shining Quasar estaba, de acuerdo a las técnicas de ingeniería de la época, construido exclusivamente con cartón corrugado, yeso, alambre de fierro de 2 mm de diámetro, alambre de cobre calibre 18, origami y 23 plegarias por m².

Esta combinación, sorprendentemente ligera y resistente, sin embargo, no tenía las suficientes plegarias por m² para resistir un estallido de cosmos tan intenso como el que provocó el sujeto recién despertado, y la mitad de los cuarteles de Shining Quasar se desintegraron con gran estrépito.

Sobre el único muro que había quedado en pie de esa sección, el recién despertado, que para estas alturas todo el que lea esto ya debe saber que es Ryuga, y que su nombre debería pronunciarse "riuga" y no "ralluga", vio con cara de esquizofrénico insomne canalla hacia donde estaban Doji y Ginga. Como si no diera ya bastante miedo, de repente comenzó una tormenta eléctrica que no venía a cuento, como si sólo existiera para ser una advertencia audiovisual a gran escala de que el tal Ryuga era peligroso hasta la médula. Que más valía alejarse. Que desencadenaría los horrores más espantosos en la historia desta verdadera historia.

–¡Tú! –señaló Ginga groseramente con el dedo, mientras llegaban sus amigos.

El señalado carraspeó.

–¡nO Me DeJAn DoRMIR!

–Al parecer, la energía liberada por la yobatalla ha sido suficiente para que Ryuga recupere sus fuerzas –caviló Doji en voz alta, lo que no le convenía en absoluto, y sonrió malvadamente.

Mientras, Ryuga se había desenlagañado los ojos y estirado las vértebras cervicales. Enfocó la vista hacia las personitas que estaban varios metros por debajo de él.

¡GiNGa HAgAnE! ¡QuÉ SOrPrEsA que vINieRAs!

–¡Devuelve a L-Draco de una vez, Ryuga! ¡Aunque, de todas formas, jamás te perdonaré! –se apresuró a agregar Ginga, como si temiera que pudieran pensar que los perdonaría.

¡sI QUIeres TEnErLo, vEN POréL! –invitó Ryuga, mostrando el curioso porta-yoblades artesanal, ridículamente caro, que llevaba en su brazo izquierdo. Parecía de oro sólido, aunque sólo era de chapa; pero, en un mundo donde las personas razonables transportaban sus yoblades, a lo más, en cajitas de plástico, lo suyo era una exageración.

–Los refrigerios –anunció con voz alta y clara un mayordomo, trayendo un carrito de servicio con bocadillos y bebidas. Doji parpadeó, asombrado. Cualquiera pensaría en evacuar un edificio cuando hay una explosión de cosmos gigante, pero este fiel sirviente se había apegado a sus órdenes y su deber y les había traído, por fin, las botanas requeridas. Claro que era un poco incómodo hacer de anfitrión ahora. Pero eso era culpa de Ryuga, por despertar de improviso y hacer volar la mitad del edificio. Al final, se encogió de hombros mentalmente, y señaló el carrito con un gesto.

–¿Gustan?

Benkei, Ginga, Kenta, Kyouya y Madoka intercambiaron miradas, confundidos. Habían desayunado muy temprano, cierto, pero no era buena idea aceptar comida de tus enemigos mortales, les habían dicho.

qUé BiEn, mUERo DE HaMbrE –soltó Ryuga desparpajadamente, de un salto bajó a donde estaba el carrito, y empezó a desayunar, literalmente.

Las condenadas cosas olían bien. Se veían bien. Aderezadas con el hambre de Ryuga, seguro sabían a cielo. Pero invariablemente...

–¡No, basta! –soltó Ginga, apartando a Ryuga del carrito–. ¡No tienes derecho a ser una persona normal!

Ryuga empezó a ahogarse por el repentino movimiento, así que Ginga detuvo su perorata. Francamente, no era la resolución que más le agradaba, pero...

¡Sin peros! ¡No podía acabar así!

–Con permiso del señor –dijo el mayordomo antes de darle marcialmente una palmada a Ryuga en media espalda. El golpe coincidió con un relámpago particularmente enorme. Y la garganta de Ryuga se desobstruyó.

GInGa hAGanE... –la voz de Ryuga, horrible de por sí, había adquirido un tono cthuluesco–. ¡SufIcIeNtE! ¡SI quEríAs peLEAr, PelEEmOS AhORA! –bramó y procedió el largo y complicado proceso para sacar a L-Draco de su portador. Tuvo que apretar los cuernos de los dragones que lo decoraban en cierto orden predeterminado, giró el cristal que cubría a L-Draco, dibujó con su dedo índice un patrón complicado por todo el portador, le dio tres golpecitos con los dedos índice y medio a la altura de su muñeca, silbó algo, saltó dos veces, bailó tap por 4 segundos, cantó un estribillo (afortunadamente, un trueno cubrió ese aterrador sonido) , insertó una llave en un cerrojo oculto, y presionó el cristal, que por fin se abrió.

–¿Acabaste? –preguntó Kyouya socarronamente.

Ryuga gruñó, y lanzó su yoblade contra Ginga tras el conteo reglamentario.

HuuuY, mIRA, Si Es eL inÚTil yObLaDe de tu iNúTIl PADRe.

–¡¿Qué dijiste?!

PuES LaverDaD. esE yObLade eS ITIl, ytu pAdRe ERa Un inúTIl meDIOcrE.

–¡CÁLLATE!

Mientras Ryuga y Ginga seguían intercambiando bravatas, y Ginga estaba recibiendo una paliza unilateral, Madoka y Benkei observaban a L-Draco con atención.

–¡Ah! –exclamó Madoka por fin, sacando su aparatejo endemoniado para estudiar yoblades–. ¡L-Draco gira al revés!

–¿Cómo que al revés? –preguntó Kenta.

–Sí, cuando arrojas un yoblade, gira en el sentido de las manecillas del reloj si lo ves desde la izquierda, pero L-Draco gira a contrarreloj.

–No, Madoka, no es eso –apuntó Benkei–. Un yoblade gira en el sentido contrario en el que fue enrollado. Si Ryuga acostumbra enrollarlo a contrarreloj, el primer lanzamiento será en el sentido opuesto, y volverá a enrollarse a contrarreloj. Y no es como si hubiera una regla que obligara a los yoluchadores a enrollar la cuerda en el sentido de las agujas del reloj. No, no es eso lo que tiene de raro L-Draco.

–Bueno, las cubiertas son algo confusas –opinó Kyouya, tomando distraídamente un pastelillo del carrito–. Parecen de esas tapas de rines que giran solas, y a veces en el sentido opuesto a la llanta.

–Sí, y deben haber sido colocadas expresamente para confundir.

–Bueno, eso sí que lo haría ilegal –asintió Madoka.

Doji rió malvadamente por unos segundos.

–¡No, no es nada de eso, amigos míos! No, ¡lo verdaderamente aterrador de L-Draco es que absorbe el poder de sus rivales!

–No somos amigos –masculló Kyouya, con la mitad de la boca llena de pastelillo.

–Y eso también es físicamente imposible –agregó Benkei.

–Ah, pero lo es –insistió Doji–, ¡PORQUE L-DRACO SE ALIMENTA DE LAS EMOCIONES NEGATIVAS!

–¡Absurdo! –insistió Kyouya.

–Y físicamente imposible –repitió Benkei, un poco cansado.

–¡Pero para L-Draco y Ryuga no hay imposibles! ¡Hasta invocan rayos que tienen truenos instantáneos!

–Bueno, eso sí es cierto –concedió Madoka.

–¡Nada de eso importa! ¡De todos modos, Ginga va a ganar! –intervino Kenta.

–¿Por qué? ¿Porque Ryuga le está explicando lo mismo que yo a ustedes en este momento, por poco conveniente que parezca para nuestros planes, y por tanto será capaz de escapar del poder de L-Draco? ¿Porque es el protagonista? –ironizó Doji.

Como para rematar el punto de Doji, Ryuga por fin cortó la cuerda del yoblade de Ginga. Pegasus cayó en manos del mayordomo.

–Ah... el joven Ryuga me ha dado una prenda.

–¡No, no es así! ¡Fue un accidente! –se apresuró a aclarar Doji. ¡No iba a dejar que este mayordomo tan capaz, en el que nunca había reparado antes (indudablemente, señal de su capacidad), se le fuera de las manos!

–Y la prenda pertenece al joven Ginga. De acuerdo al juramento que pronuncié al tomar mi investidura mayordómica...

–¡Nooooooooooooooooo, porfiiiiiiiiiiiiis! ¡Te subo el sueldo! ¡Te sindicalizo!

–... y a los códigos establecidos en el Cónclave de 1762...

–¡Te... te regalo un cactus!

yAjalO, dOjI. TieNes más MayORdomoS de LoS QUe NECesitAs, dE TODaS FoRmas –intervino Ryuga, que había vuelto para retomar su desayuno.

–¿Qué está pasando?

–... y, finalmente, por la honra de mis antecesores, debo abandonar el servicio de esta casa y entrar al de la familia Hagane –finalizó el mayordomo su larga letanía protocolaria.

Ginga, impactado todavía por el hecho de perder ante Ryuga, haber alimentado a L-Draco con su furia y, por consiguiente haber fracasado doblemente en su misión, no se enteró de nada. Ni siquiera de cuando su flamante nuevo mayordomo lo subió a un carruaje, donde ya estaban sus amigos, y los llevó a todos de regreso a la ciudad por una pintoresca ruta.

Algo no le cuadraba a Kyouya. O, más bien, le estaba cuadrando, pero no sabía dónde. (No es albur.)


Nota de la autora (aclaración absurda, pues esto no tiene editores ni revisores de ningún tipo): Desconociendo el mecanismo interno de un lanzador de beyblade, sólo puedo suponer que sería cuestión de invertir los engranajes para conseguir que un beyblade girara en el sentido opuesto al acostumbrado. O cuestión de jalar la guía con la mano opuesta, si, como he sospechado toda la vida, los beyblades deberían salir disparados hacia abajo en vez de hacia adelante; pero si me equivocara, eso haría que el beyblade saliera disparado hacia quien lo lanza. Naturalmente, después de tener que revolver medio cuarto para encontrar un yoyo y sumergirme en mis investigaciones, no me da la gana ponerme a estudiar beyblades, menos si no puedo desarmar un lanzador. Si alguien puede arrojar más luz sobre esta cuestión de "es estúpido que se asombren de que L-Drago gire al revés, lo asombroso era que Dranzer cambiara de dirección instantáneamente sin que se colapsara el universo", se le agradecerá.

Este capítulo fue publicado antes del fin de semana porque me voy de vaga y olvidaría subirlo al regresar.

Ah, y como planeo retomar mi ciclo de traducciones de Lucathia, no habrá nuevos caps de yoblade en un rato (de entre un mes y 6 semanas. Dudo que dure dos meses. Por otro lado, puede que muera durante mis vagancias y, por consiguiente, nunca lo retome.)