10. Vacío invernal
El juego había acabado ya, pero Bella sólo lo comprendió varios minutos más tarde, cuando ya no podían hacer nada por cambiarlo.
Paul los seguía con las manos en los bolsillos, visiblemente molesto por la orden de Sam. Jacob la obligaba a caminar rápido, mirando alrededor con precaución. Bella sentía un poso de miedo frío que no ser marchaba. La mano sobre su hombro pretendía calmarla, pero el licántropo sólo conseguía transmitirle el nerviosismo que él mismo irradiaba.
-Voy a ver qué tal les va –dijo Paul de repente.
-No –gruñó Jacob sin mirarlo-. Sam dijo que vinieras.
-Voy con vosotros, ¿no? –replicó él con voz cortante-. Una ojeada y vuelvo. No tardo más de dos minutos.
-Paul… -empezó el otro licántropo.
Antes de que pudiera seguir, Paul ya se había dado la vuelta y se alejaba a grandes zancadas por donde habían venido. Jake observó su espalda un momento antes de gruñir algo y girarse hacia Bella.
-Da igual. Vamos.
Ella sólo asintió levemente.
Oscurecía. Las calles estaban ahora vacías. Siguieron caminando en silencio durante varios minutos. El licántropo la miraba continuamente, queriendo hablar sin atreverse a hacerlo. Bella fingía no darse cuenta. Con suerte, ninguno hablaría hasta que alguien más se reuniera con ellos…
-Bella.
La humana suspiró.
-¿Sí?
-He estado pensando –se interrumpió e hizo un gesto vago-, sobre lo que dijiste el otro día, ya sabes…
-Ahora no, Jake. Por favor –ella se paró y le miró a los ojos, suplicante. No estaba preparada para esa conversación. Él evitó su mirada y apretó la mandíbula.
-No, Bella. Necesito que sepas que… -calló de repente, frunciendo la nariz. Un gruñido resonó desde su garganta-. Vamos, Bella. Rápido.
Echó a correr, tirando de la muñeca de Bella. Ella intentaba mantener su ritmo, con una mezcla de terror y adrenalina. Jadeaba, pero se esforzó en seguir. Extrañamente, una parte de ella se sentía aliviada porque el intento de Jacob hubiese fracasado.
Como si le leyese el pensamiento, el licántropo la miró de soslayo.
-No te preocupes, Bella. Cuando lleguemos a la Push, te diré todo lo que tengo que decir. Porque vamos a llegar a la Push –añadió más para sí mismo.
Se detuvo bruscamente, y de alguna manera, Bella consiguió tropezar con sus propios pies al frenar. Cayó de rodillas. Aturdida, observó las líneas entre las baldosas, preguntándose porqué habían parado de esa manera. La mano de Jacob seguía aferrando su muñeca con la firmeza del acero. No le dijo nada, ni le ayudó a levantarse. Y esto la alarmó más que los temblores que recorrían el cuerpo del licántropo y descendían por su brazo.
Alzó la vista. Desde el otro lado de la calle, una figura les devolvía una mirada de ojos dorados. Bella observó la hermosa cara de Alice Cullen, sin saber si despertaba de un sueño o si acababa de sumergirse en uno.
-Suéltala, licántropo –ordenó ella, inexpresiva. No había amenaza en su voz, ni rabia. Sólo un profundo vacío.
Jacob apretó los dientes; los temblores se intensificaron. No dijo nada, pero asió la mano de Bella con más fuerza. La chica quiso decirle que le hacía daño, pero ni un sonido salió de su garganta. Sus ojos estaban fijos en la vampira que una vez había querido como a una hermana.
Alice no sonrió ni se burló del gesto del licántropo. No se enfureció, no comentó la tozudez suicida de los hombres lobo, no murmuró una amenaza ni formuló una predicción. Sólo torció los labios en un ínfimo gesto de contrariedad. Eso fue todo.
-Levántate, Bella –le susurró Jacob-. Corre. Yo me encargaré de ella.
Ella le miró con incredulidad. ¿Aún no había comprendido que no había nada que hacer? Alice jamás vendría sola. Los vampiros nunca la dejarían escapar.
La mirada del licántropo era suplicante. Bella apartó la mirada y se levantó con esfuerzo, sin dejar de apretar su mano caliente. Sí, Jacob lo sabía. Sabía que estaban rodeados, y que jamás habían debido separarse del resto, que jamás habían debido volver a Forks. Pero necesitaba un motivo para seguir luchando. Podrían escapar de los chupasangre. Volverían a la Push, se reirían de todo aquello, y se burlarían de Paul por haberse perdido una pelea asegurada. Harían como si no hubiese ocurrido nada de mención. Y él le diría a Bella lo mucho que la quería, y que no le importaba que la sanguijuela llamada Edward siguiera poseyendo su corazón.
Necesitaba creer que tenían una oportunidad, aunque los dos supiesen que no era cierto.
Se oyó entonces un rumor a su alrededor. Pasos lentos como los de un humano, pero tan leves como una hoja arrastrada por el viento. Bella ladeó la cabeza, lo suficiente para comprobar que cinco figuras terriblemente conocidas los rodeaban. Seis, contando con Alice. Supo sin vacilar quién era el que faltaba.
Él no estaba allí.
Y ella no sabía si alegrarse por ello, o gritar.
Súbitamente, Jacob la soltó. No lo vio moverse: después de todo, sólo era una patética humana; lo único que sus limitados sentidos distinguieron era que Jacob ya no estaba a su lado. Un fuerte rugido la sobresaltó, y se giró para encontrarse con el gran lobo castaño que la había salvado de Edward, tanto tiempo atrás. Atacaba a Emmett, que le devolvía los golpes con una sonrisa sádica. El licántropo saltó para arrancarle el brazo de un mordisco, pero la patada del vampiro lo empujó hacia atrás. Jasper se unió entonces a la pelea.
-¡NO! –gritó Bella furiosa. El ruido de la pelea ahogó sus palabras-. ¡Esto no es necesario!
-Lo es, Bella –dijo Alice, que de repente se encontraba detrás de ella-. El licántropo no te dejará marchar sin luchar. Debemos acabar con esto.
Bella abrió la boca, horrorizada. No. No permitiría que Jake fuese asesinado por su culpa. No él, la única persona que la había mantenido cuerda durante los últimos días.
Alice observó su expresión con detenimiento. Más allá, Jacob rugió, aplastado por Emmett.
-El licántropo no va a morir, Bella. Ninguno de ellos.
La humana se mordió el labio.
-¿Entonces…?
Un aullido interrumpió sus palabras, pero esta vez no era de Jacob. Un enorme lobo gris apareció de ninguna parte, cruzó la calle de dos saltos y se abalanzó contra Emmett. Le derribó de un zarpazo. Jacob aprovechó para escaparse. En lugar de atacar a Emmett se volvió contra Jasper, que estaba a punto de lanzarse contra su compañero.
Un rayo de esperanza se abrió paso para Bella. Paul había regresado. Ahora Jacob no estaba solo. Quizá…
Rosalie, que hasta ese momento se había mantenido prudentemente al margen, acudió en ayuda de su marido. Más allá, Esme se acercó para apoyar a Jasper. Sólo Carlisle quedaba inmóvil, observando la pelea. No era necesario que interviniese.
-No hay nada que hacer, Bella –murmuró Alice-. Pero los licántropos jamás se rinden, aunque sea una causa perdida. Es su naturaleza.
Ella se estremeció ante el desprecio que destilaban sus palabras, y por la frialdad que encubrían. Esa no era la Alice que conocía, siempre alegre y sonriendo. Su Alice era cálida, humana. Aquel ser era frío y calculador. Un vampiro.
A su lado, la joven inmortal siguió susurrando.
-Sólo espero que tú tengas más juicio que ellos. Sólo conseguirás alargar un final que se acerca inexorable. Y lo sabes.
Sí. Lo sabía.
Emmett y Rosalie inmovilizaron a Jacob contra el suelo, y los otros no tardaron en seguir su ejemplo con Paul. El lobo rojizo aulló, plasmando en su llamada toda la desesperación e impotencia que sentía. Tras unos segundos, el otro licántropo se unió a él. Ambos aullaron a coro, avisando a una manada que no llegaría a tiempo.
Y ella no podía hacer nada. Sólo le quedaba esperar a la merced de Alice, que vigilaba todos y cada uno de sus movimientos. No podría tener la satisfacción de haber luchado hasta el último aliento, porque no había lucha posible que pudiese librar.
Porque, a pesar de la importancia que le daban Jacob, Edward y los demás, sólo era una humana, débil, frágil y patética.
Sólo eres una humana más.
-Terminemos con esto –habló entonces Carlisle.
Su voz era severa y fría, tan vacía como la de Alice. Por primera vez, Bella se fijó en la jeringuilla que llevaba en la mano.
-Morfina –explicó serenamente, más para Bella que para los dos licántropos que pugnaban por levantarse-. Suficiente para hacer dormir a un lobo durante varias horas. Tiempo de sobra para eliminar nuestro rastro y desaparecer. Cuando quieran seguirnos, estaremos lejos de aquí.
-Hay dos lobos, no uno –objetó Jasper-. Edward dijo que sólo Jacob Black acompañaría a Bella.
-Un mero fallo de cálculos. Tendré que repartir la dosis –contestó el vampiro sin inmutarse-. Hay suficiente. Los efectos no durarán tanto, pero bastarán.
Se acercó, primero a Paul. El lobo gris se retorcía más que nunca, pero Jasper y Esme le mantenían sujeto. Siguió hablando mientras aplicaba la inyección, alzando la voz por encima de los gruñidos.
-No hemos roto el pacto. No hemos mordido ni dañado a la humana Bella Swan. No hemos matado a ningún hombre lobo. Ningún miembro de vuestra manada tiene derecho a exigir justicia –se levantó despacio y se encaró con el otro licántropo-. Hoy no morirá nadie. El pacto entre vampiros y hombres lobo se mantiene. Díselo a tu líder, Jacob Black.
-Cuando despiertes –añadió Emmett socarronamente.
Desde el suelo, Jacob volvió a aullar.
-Llévate a Bella, Alice –ordenó Carlisle sin mirarlas.
Ella asintió.
-Vamos, Bella –dijo en voz baja, rodeándola con sus brazos.
Bella intentó resistirse, pero ante la implacable fuerza de la vampira no supuso ninguna diferencia. Giró la cabeza para mirar a Jacob una última vez. El lobo rojizo seguía debatiéndose contra Emmett. Sus ojos oscuros se cruzaron con los de ella.
Algo cálido rodó por su mejilla. Antes de desaparecer, en brazos de Alice, se dio cuenta de que estaba llorando.
Esto tenía que ocurrir. Imagino que a estas alturas no le ha pillado de sorpresa a nadie.
Bella puede parecer bastante deprimente/débil/desesperante en este capítulo. Intentad poneos en su lugar: los vampiros la han secuestrado, ve como su mejor amigo y única esperanza para escapar es reducio y que ella no puede hacer nada para evitarlo. Es así: no puede. Al menos tiene dos dedos de frente y no se tira sobre Jacob para protegerlo (o en su defecto... intentar abrirse una herida con una piedra).
El numerito de la morfina, para quien no le haya quedado claro. La cosa es que ningún licántropo sufra daños (graves). Y eso es imposible llevándose a Bella delante de sus narices. Aunque se la lleven mientras luchan, van a seguir peleando hasta que alguien salga herido. Lo cual desembocaría en una pelea mayor, que se convertiría en una carnicería. Y no es precisamente eso lo que los Cullen quieren xD
Quejas, dudas y tomatazos, ya sabeis qué hacer.
