El tren ya había llegado, las vacaciones ya se habían acabado, era viernes, el último día ya. En la estación, dos muchachos esperaban mirando por encima de los hombros, a sus dos amigos. Ya habían dejado los baúles y sus cosas y ahora observaban como la gente subía al tren o como se despedían los padres y hermanos menores de algunos chicos.

_ ¡Chicos! – llamó un chico de pelo rubio que ambos reconocieron en el acto – Qué bien veros por fin, entre tanta gente es difícil ver, ¿y Remus?

_ Aún no le hemos visto – respondió James - ¿Qué tal con tus tíos? En tus cartas no contabas mucho.

_ No ha estado mal, pero me habría gustado veros. Remus me contó lo que estuvisteis haciendo.

_ Fue muy divertido y la familia de James es un cielo – alzó los brazos al cielo Sirius en un sentido dramático – Voy a terminar mudándome con ellos.

_ Yo creo que exagera – dijo James sacudiendo la cabeza y buscando mientras - ¡Ah, ahí está Remus! ¡REMUS! – gritó con todas sus fuerzas haciendo que prácticamente media estación se girase para mirarle y para observar como un chico de pelo castaño se acercaba a ellos, algo avergonzado.

_ Hola chicos – saludó casi en un susurro.

_ Remus, siempre pasando vergüenza ajena. El que tendría que estar sonrojado es James, no tú – dijo Sirius dándole una suave palmada en el hombro.

_ Sabemos que es imposible – dijo Peter refiriéndose a James más que a su otro amigo – Me alegra verte Remus.

_ A mí también me alegra veros – sonrió este menos avergonzado.

_ Bueno, dejad los baúles y subamos al tren – saltó James emocionado.

Peter y Remus sonrieron a casi un mismo tiempo y fueron a dejar las cosas donde tenían que dejarlas para luego ir a sentarse con sus dos amigos.

_ ¿Qué hora es? – preguntó Peter.

_ Van a ser casi las cuatro, saldremos enseguida – dijo Sirius mirando su reloj.

En efecto, el tren pitó indicando que se acercaba la hora de salida y minutos después, el tren se puso en marcha.

_ Si mal no calculo, llegaremos al castillo a las doce, así que no creo que necesitemos cambiarnos si después vamos a ponernos el pijama, ¿no? – preguntó James.

_ Lo dudo mucho, no valdría la pena cambiarse – dijo Remus abriendo el periódico de El Profeta.

_ ¿Algo interesante en las noticias? – preguntó Peter acercándose.

_ Nada del otro mundo y nada relacionado con mortífagos o algo raro – respondió este sin apartar la vista.

A las siete o así apareció la señora del carrito preguntándoles si querían algo. Entre los tres porque Remus tenía un bocadillo, compraron unos cachos de empanada y un poco de tarta de calabaza y se sentaron. Y a pesar de las insistencias de Remus, consiguieron hacerle comer un trozo de empanada y otro de tarta, compartiendo también el bocadillo. Remus no se había sentido tan aceptado en su vida y pensó que no encontraría mejores amigos en todo Hogwarts mejores que ellos.

La noche caía sobre ellos y apoyaron hacia un lado la cabeza intentando dormir. James y Peter lo consiguieron casi en el acto pero Sirius y Remus no tuvieron tanta suerte y se quedaron un rato hablando, incluso con los párpados cerrados, de casi todos los temas.

_ ¿Qué tal tu familia, por cierto? ¿Y tu abuelo? Supongo que ya estará bien – le preguntó Sirius de repente, abriendo por primera vez los ojos desde que los había cerrado.

_ Sí todos están bien – respondió enseguida Remus preocupado porque estuviera empezando a sospechar. Se le estaban acabando las excusas y ya ni sabía que diría. ¿Cómo se las iba a arreglar?

Antes de que pudiera pensar en algo, el tren se paró en seco avisando a los estudiantes que ya habían llegado y bajaron a la fría estación. Cogiendo sus baúles y sus respectivas lechuzas, se dirigieron al castillo en mitad de la noche y aguantando muchos bostezos. En media hora estuvieron en sus habitaciones y salas comunes con el jefe de su casa por delante, con su prefecto o con ambos que les informaron a todos la nueva contraseña. Cuando llegaron a su cuarto, se durmieron enseguida para dar paso al día siguiente.

En todas esas semanas, lo único que pudieron hacer fue estudiar y aprenderse cuanto antes todo lo que habían aprendido.

Remus que tenía un problema el último día, le había pedido a McGonagall que ese día tuviera los exámenes otro día. Naturalmente, McGonagall le cambió el último día que era viernes al lunes siguiente. Como excusa a ese cambio, les dijo a sus amigos que McGonagall quería hablar con él de algo muy importante a partir de la noche del jueves pero que él no sabía nada. Claramente no fue la mejor excusa del mundo porque sus amigos habían alzado una ceja y se habían mirado entre ellos. Sin embargo, le aseguraron que le creían. Remus sospechaba que no y esperó que si preguntaban a McGonagall, esta afirmase la mentira.

Llegó la semana de los exámenes y mientras estaban en transformaciones, Sirius y James que nunca se sentaban muy alejados el uno del otro, a pesar de estar en mesas de uno, llamaron a la profesora y la preguntaron algo en un susurro. Ella respondió de la misma manera aunque algo molesta y Remus vio que sus amigos parecían casi decepcionado pero en parte aliviados. Se preguntó que les pasaría.

El timbre sonó y la profesora recogió los pergaminos mientras todos recogían sus cosas e iban saliendo por la puerta.

_ Señor Lupin, un momento. ¿Puedo hablar con usted? – le llamó la profesora antes de que este saliera. Este asintió y se acercó a su mesa de nuevo, despidiéndose de sus amigos. Cuando todos se fueron, ella cerró la puerta con un movimiento y le invitó a sentarse.

_ Sus amigos me preguntaron algo muy interesante hoy, señor Lupin – dijo sin más preámbulos – No me importa mucho que les mienta si así usted lo desea, pero le pediría que este verano reflexionase mucho sus mentiras antes de hacer una porque no tengo que estar yo mintiendo por usted, ¿me ha entendido?

_ Sí, profesora – respondió algo avergonzado. No pensó que le fuera a molestar mucho, pero quizá tendría que haber pensado en que la jefa de su casa era precisamente la más estricta y podría haber habido ese tipo de problema.

_ Bien, por esta vez lo dejaré pasar y que sepa que está a salvo. Puede irse ya.

Remus salió del aula dando las gracias y cuando llegó a la siguiente clase se inventó que estaban hablando de sus exámenes y para asegurarse que se acordaba que ese jueves a la noche tenía que ir a verla. Sus amigos no dijeron nada a eso ya que no era nuevo que Remus desapareciese durante días pero lo que le parecía extraño era que se pasaban mucho tiempo en la biblioteca, aunque siempre salían decepcionados y Remus se preguntaba cada vez más cuánto duraría ese castillo de mentiras y que podía decir la próxima vez, porque en el último mes le tocaba en los últimos días y por lo tanto, tendría que volver a casa antes. Pero aún no sabía que decir.

El único que parecía seguir fiándose más de él era Peter, aunque normalmente él no se daba cuenta de las cosas que sucedían a su alrededor así que no era muy sorprendente. Aun así, Sirius y James hablaban demasiado con él y al final Remus pensó que los tres ya sospechaban que él guardaba un secreto y debía de ser muy gordo para que no confiase en ellos. Pero ellos no lo entendían, en cuanto lo supieran, le abandonarían y se quedaría sin amigos de nuevo. Y nunca en su vida había tenido amigos y menos como ellos. Siempre salían a defenderle y si alguien se reía de él por su ropa, ellos se encargaban de que no pudiese volver a hablar de ello. Y Remus se sentía tan bien que pensaba que se estropearía si averiguaban su problema.

El mes fue pasando sin ningún problema y para los últimos días, Remus se había inventado que su madre le quería de vuelta tres días antes del fin de curso. Ninguno le preguntó por qué y Remus se preocupó bastante, así que les hizo prometer a todos que le escribirían para que le dijeran quién había ganado la copa de las casas. Todos le prometieron que le escribirían, así que cuando Remus se marchó por la mañana por la chimenea de McGonagall, estaba un poco más aliviado.

James, Sirius y Peter, por su parte, habían dejado la investigación por imposible por el momento y por mucho que sabían que Remus escondía algo, no querían apartarle del grupo porque era una gran persona y muy buen amigo. Pero fuese lo que fuese, ellos averiguarían la verdad tarde o temprano.

Cuando llegó la última cena que tendrían en Hogwarts, estaban todos muy contentos porque muchos hablaban que tendrían unas vacaciones muy buenas y que irían a muchos sitios. Antes de empezar a cenar, el director se dirigió a los alumnos y se hizo un silencio sepulcral.

_ ¡Otro año que se va! Esperamos que tengáis la cabeza más llena que cuando llegasteis. Ahora, si mal no recuerdo, es hora de contar los puntos de las casas y ver quién ha ganado. En cuarto lugar, con 340 puntos está Slytherin. En tercer lugar con 345 puntos, Gryffindor – las mesas que más se odiaban aplaudieron por hacer algo, sabiendo ya lo que tenían – En segundo lugar con 400 puntos, Ravenclaw y en primer lugar con 450 puntos la casa de Hufflepuff.

La casa de los tejones estalló en vivas y exceptuando a Slytherin, todos se unieron a los aplausos. Cualquier cosa era mejor a que ganasen las serpientes, pensaron James y Sirius al mismo tiempo que aplaudían. No muchos de Slytherin aplaudían y los que lo hacían, era con gran disimulo.

Al día siguiente, ya estaban en la estación preparándose para cuando viniese el tren y salir de allí, después de un curso muy largo. Había sido un curso muy intensivo y todo ya había acabado.

Los tres amigos se sentaron juntos con unos alumnos de Ravenclaw que no se negaron y pasaron el rato jugando al snap explosivo hasta que llegaron a la estación y tuvieron que bajarse.

_ Por favor, escribidme e invitadme a donde sea – decía Sirius en esos momentos mientras cogía su baúl – Creo que no sobreviviré un verano entero con la pesada de mi madre dándome una charla sobre "habría sido mejor Slytherin" o con mi hermano diciendo que yo siempre meto la pata...

_ Vale Sirius, lo hemos entendido. Te invitaremos las veces que quieras, pero yo pienso que exageras. Además, tu familia querrá conocernos – dijo James entornando los ojos.

_ Espero que no, no hablé demasiado sobre que tuviese amigos, aunque ella sabe que he hecho amigos porque se lo mencioné brevemente.

_ Por eso mismo querrá conocernos – le avisó Peter.

Sirius no tuvo tiempo de responder porque el tren paró y tuvieron que bajar a la estación. Peter y James enseguida vieron a sus padres. Peter se despidió contento de ellos y se fue con sus padres. Los padres de James saludaron a los dos chicos y preguntaron a Sirius por las notas y este respondió que había pasado curso. James quería esperar a ver a los padres de su amigo y cuando por fin los vieron, James sonrió cuando los señaló Sirius. Sirius resopló con disimuló y se acercó a ellos con la cabeza agachada como si le esperase un castigo. Detrás de los padres de Sirius, vieron a otros dos, que se acercaron a dos chicas que iban hacia ellos y que James conocía muy bien: eran las primas de Sirius, Andrómeda y Narcisa. La segunda no era muy querida por su primo y si mal no recordaba, Sirius solo apreciaba a Andrómeda.

_ Sirius venga, tenemos que irnos a casa – le dijo la mujer que James identificó como su madre – Despídete de... tu amigo – esto último lo dijo muy lentamente como si estuviera haciendo un esfuerzo.

_ Adiós James, ya nos veremos – se despidió Sirius de él.

_ Adiós Sirius, cuídate – dijo James. Después se giró y se fue con sus padres.

Sirius se giró hacia sus padres y empezó a tirar de su baúl sabiendo que iba a ser un verano muy largo.

Las chicas por su parte, estaban algo tristes porque iba a ser difícil verse durante el verano, pero había encontrado unas semanas en las que estaban todas: una de julio y las dos finales de agosto. Habían quedado que había que visitar la casa de Lily y la de Emmeline un día al menos y se habían despedido prometiendo las cuatro escribirse en cuanto pudiesen.

Remus sabía que sus amigos no llegarían hasta la tarde a Londres y exceptuando a Sirius, llegarían muy tarde, así que hasta mañana no hablaría con ellos para informarles de su tiempo libre y de cuándo podrían quedar.

Remus había tenido suerte de que en julio iban a estar en un pueblo cercano al mar para ver si así dejaban de pensar que la ciudad que habitaban ahora tenía espíritus y así aprovecharían a estar de vacaciones. En agosto estarían de vuelta y ahí podía quedar con sus amigos. Así que Remus no tenía que inventarse más que una excusa ese mes y tenía todas las vacaciones para pensar en nuevas excusas para el próximo año. Eso tenía que añadirlo además, a que tenía deberes de todas las asignaturas. Pero como siempre se las había arreglado, no sería ningún problema terminarlos.

Seguro que sus amigos le escribirían para pedirle ayuda en algo, pero estaba acostumbrado y él les ayudaría las veces necesarias si eso evitaba que sospechasen de él.

Sirius entró en casa cuando ya era la hora de la cena. Su hermano Regulus fue corriendo a decir a su madre que Kreacher, el elfo doméstico que tenían, ya estaba preparando la cena y que había ido a avisarles para que se lavaran las manos.

_ Hoy compórtate Sirius, porque van a venir tus primas. Las tres – le dijo su madre subrayando la última frase con mala cara.

_ De acuerdo, madre – repuso este. Se metió en el baño para lavarse las manos y murmuró para sí mismo – Si ahora mismo me muriese, no me importaría. Andrómeda que se siente a mi lado, las otras pueden sentarse en la chimenea, no me importaría que ardieran.

El timbre de la puerta sonó y Sirius salió del baño sabiendo que no se podría quedar ahí toda la vida.

Vio a Kreacher abrir la puerta y a los primeros que vio, fue a sus tíos. Detrás de ellos pasaron su prima Bellatrix con su novio (o marido, no sabía si ya estaba casada) Rodolphus Lestrange, su prima Narcisa y Andrómeda. Kreacher las hizo pasar al comedor y Sirius entró por la otra puerta para que no le vieran, lo cual fue muy buena idea porque su padre estaba en línea recta de forma en que no le verían entrar.

Su madre ahora saludaba a su tía y tío y después saludó a sus sobrinas.

Bella enseguida alabó el vestido que llevaba su madre, que para Sirius era horrible.

Kreacher anunció la cena interrumpiendo, así que todos fueron a sentarse en la mesa. Sirius se puso en una esquina para evitar sentarse entre dos personas y Andrómeda se sentó a su lado. Sirius sonrió contento y la miró bien: Llevaba un vestido de color negro decorando el cuello, la parte baja del vestido y las partes de las muñecas de las mangas largas de color verde. El vestido en sí era muy extravagante y exagerado, lo cual le hacía horroroso. Sin embargo, el peinado que llevaba la mejoraba un montón. Al lado de su prima se sentó por orden de su madre Regulus, a su lado Narcisa, después Rodolphus y por último Bellatrix. Enfrente de ellos, los padres.

Empezaron a hablar de muchos temas, muy diferentes. Sirius solo hablaba con Andrómeda y de vez en cuando con sus padres cuando estos le preguntaban.

_ Por cierto mamá – dijo de repente Narcisa tan alto que todos callaron y su hermana mayor apartó a Rodolphus de ella – Andrómeda ha estado prácticamente huyendo de mí todo el curso y no me ha querido decir porqué. Decía que no estaba preparada.

_ Andrómeda, ¿es cierto? – se giró su madre para mirarla.

_ Yo-yo-yo... p-pues s-sí – tartamudeó completamente sonrojada.

_ Bueno hermanita, cuéntanos tu secreto – pidió Bella con una sonrisa.

_ Yo... es que... – dijo muy nerviosa y avergonzada – He... estado s-saliendo con... con un chico – dijo al final como si no quedase más remedio.

_ ¡Qué bien, cariño! – exclamó su padre – ¡Tendrás que presentárnoslo! ¿Cómo se llama?

_ Esto.. Bueno, le gusta que le llamen Ted – dijo al final teniendo cuidado con lo que decía.

_ ¡Preséntanoslo! – se asomó Bella para mirarla.

Como si fuera la peor frase del mundo que se pudiera decir, Andrómeda se levantó de repente medio llorando y salió corriendo del comedor, quedando a todos asombrados. Sirius fue el primero en reaccionar y levantarse y fue a buscar a su prima.

_ ¿Pero qué la pasa? ¿Por qué ha reaccionado así? – preguntó la madre de Sirius.

_ Bueno, si mal no recuerdo, solo reacciona así cuando ha hecho algo que no nos gustaría a nosotros – dijo Bellatrix pensando.

_ ¿Eso significa... que su novio no nos gustaría? – preguntó dubitativa su madre con miedo a que fuera cierto.

_ Puede que se lo diga a Sirius, siempre le ha tenido a él más aprecio y él a ella – dijo de repente Regulus.

_ Es verdad... – dijo el padre de este – Veamos a ver dónde están.

No tardaron en averiguarlo, porque Kreacher dijo que les había visto en el patio de la casa.

Abrieron la puerta del exterior y salieron a fuera. En una esquina a lo lejos, vieron parte del vestido de Andrómeda y todos se acercaron con cuidado. Vieron que ella estaba intentando dejar de llorar y la oyeron decir:

_ ¡No-no puedo, Sirius! ¡N-no puedo ha-hacerlo! – hipaba Andrómeda entre sollozos – ¡Tengo mucho miedo!

_ Andrómeda... – susurró Sirius inclinándose hacia ella – ¡Tienes que decirlo! ¡Cuánto antes, mejor! ¡Podrás vivir tranquila!

_ Yo-yo-yo... ¡no sé si podré! ¡Es muy difícil! Él es...

Pero no pudo terminar la frase porque Sirius la interrumpió. Había visto a su madre y a Narcisa observando la escena y no sabía desde cuando escuchaban. Andrómeda también se dio cuenta y se levantó asustada.

_ ¿C-cuánto hab-habéis oído? – tartamudeó Andrómeda.

_ Andrómeda, ¿con qué clase de persona estás saliendo? – le preguntó su madre sin responderla.

_ Yo... – tragó saliva totalmente avergonzada – es... es un... – decía incapaz de terminar la frase y cogió aire y respiró lentamente – es un muggle – dijo entrecortada y evitando mirar a todos que abrieron los ojos sorprendidos.

_ ¡¿Qué es qué?! – gritó su madre lanzándose hacia ella. Sin embargo, no pudo alcanzarla porque esta la esquivó a tiempo y entre lágrimas se esfumó dejando a todos estupefactos.

Sirius aún no sabía que decir y cuando todos estuvieron más calmados, él aseguró que él no sabía nada, aunque no era cierto. Su madre no le creía pero como no tenía pruebas, no pudo decir nada. Al final se despidieron de sus tíos y de sus otras dos primas que aún hablaban asombradas de eso y se fue a su habitación. Rezó porque su prima se encontrase bien.

Lily había llegado de Hogwarts muy contenta y les explicaba todo a sus padres aunque lo hubiese escrito ya por carta. También les había contado que sus amigas y ella habían quedado para la próxima semana en su casa y que si no le importaba.

_ ¡En absoluto, cielo! ¡Pueden quedarse a cenar y dormir si les apetece! – le dijo su madre muy contenta de poder conocer a todas las amigas que Lily no había parado de mencionar en todo el año.
_ ¡Genial! ¡Les diré por carta que pueden quedarse! ¡Es fantástico! ¡Gracias mamá! – la abrazó muy contenta Lily.

Enseguida se puso a escribir a sus amigas muy contenta de poder quedar con ellas y de que se pudieran quedar, ya que a Severus le veía prácticamente siempre y no tenía la necesidad de verle tanto.

La semana terminó llegando y Lily se removía en el asiento del sofá todo el rato, hasta que al final sonó el timbre y se levantó de un salto sobresaltando a su hermana que hacía deberes en una mesa del comedor. Lily abrió la puerta y vio a Emmeline.

_ Hola Lily – saludó tranquilamente su amiga.

_ ¡Emmeline! ¡Me alegro de verte, pasa! – la invitó a entrar.

La madre de Lily fue hacia la puerta porque había oído sonar el timbre.

_ Mamá, te presento a Emmeline. Emmeline, ella es mi madre – presentó Lily con una sonrisa.

_ Encantada Emmeline, puedes dejar tu mochila en la habitación de Lily mientras tanto, porque ahora el salón está muy ocupado. Y bueno, bienvenida. Espero que disfrutéis.

_ Es un placer, señora Evans. Estoy segura que disfrutaremos mucho aquí – sonrió Emmeline y después se dirigió a Lily – Voy a dejar esto en tu habitación.

_ Te acompaño. Mamá, abre la puerta si llaman – dijo Lily mientras subía las escaleras.

La madre asintió contenta y observó como las dos subían. Estaba segura de que Lily la enseñaría toda la casa si podía.

El timbre sonó y la madre fue a abrir la puerta. En la puerta se encontró a dos chicas: una de pelo rubio oscuro y otra de pelo castaño oscuro.

_ Buenas tardes, vosotras debéis de ser Violet y Charlize.

_ Y usted debe ser la madre Lily, tienen el mismo pelo – dijo la chica rubia – Es un placer. ¿Podemos pasar?

_ Claro – las dejó pasar – Lily y Emmeline están arriba a la derecha, han ido a dejar las cosas.

_ Vale, gracias – dijo Violet haciendo una pequeña sonrisa y fueron hacia las escaleras para subir. Se encontraron a Lily y a Emmeline en una puerta que era el baño y Lily las saludó muy contenta. Las guio hasta su habitación y dejaron sus mochilas sobre la cama de su amiga. Se pasaron un rato hablando sobre el resto de sus vacaciones y la cantidad de deberes hasta que decidieron salir de casa y Lily las guio por la ciudad. Visitaron unos lugares muy bonitos y luego Lily las guio a un café donde pidieron un granizado de limón que les animó a tomar Lily. Charlize fue la única que dijo que prefería un batido de chocolate, asegurando que el hielo no era bueno para su cuerpo.

Las chicas terminaron la noche cenando en casa de Lily afirmando que la cena estaba deliciosa e intentando hablar con la hermana de Lily a pesar de que esta, rara vez les respondía y si lo hacía era porque su madre la miraba raro.

Al final las cuatro subieron al cuarto de Lily a cambiarse y cuando el padre de su amiga las llamó para bajar, vieron que las cosas del salón las habían movido un poco para que tuvieran espacio. Dejaron los sacos de dormir sobre el suelo y Lily las dio una almohada a cada una antes de que se acostaran todas. Pasaron muchas horas hablando sobre lo que tenían por delante, la cantidad de problemas... Charlize en esos momentos se quejaba de que sus padres no la hacían mucho caso y casi siempre se pasaba o en casa de sus abuelos o en casa de sus tíos por culpa de que sus padres pasaban normalmente el tiempo trabajando o viajando de un lado a otro ya que trabajaban en el ministerio. Esa parte era la que Charlize más odiaba, pues decía que ellos querían que fuese como ellos pero ella prefería buscarse otra cosa. Lily como no sabía, no dijo nada pero escuchó atentamente a sus amigas para apuntar toda la serie de trabajos que mencionaban y que a ella le pudiesen gustar.

Al final terminaron durmiendo, pues al día siguiente las tocaría madrugar ya que a Violet y Emmeline las venían a buscar muy pronto. Charlize era la única que se iba un poco más tarde porque tenía que coger el tren hasta la casa de sus abuelos.

A la mañana siguiente Lily fue a abrir la puerta a los padres de sus dos amigas y más tarde acompañó a Charlize hasta la estación para volver después a casa, contenta de un día tan bueno.

Los chicos debido a las vacaciones que tenían la mayoría en julio habían quedado para agosto. La primera semana quedaron en la ciudad de Peter y Remus y fueron a la casa del primero un día de la semana. La segunda semana fueron al valle de Godric y se lo pasaron muy bien yendo de un lado a otro molestando a algunos que por lo visto le caían mal a James.

La tercera semana fueron de nuevo a la ciudad de Peter y Remus para ir esta vez a casa de Remus una vez y luego pasarse el rato divirtiéndose. La cuarta semana no podía quedar Remus porque tenía que ir a casa de sus abuelos así que esa semana solo se estuvieron escribiendo cartas para ver que tal estaban y que tal iba todo por ahí.

Remus en realidad decía que todo iba bien, cuando sus tres días en los que las noches eran muy largas iban muy mal.

A la cuarta semana y última decidieron ir a la casa de Sirius y aprovechar la tarde para ir al callejón Diagon y comprar las cosas que necesitarían para su segundo año y que el colegio ya les había enviado por carta. Sirius le había pedido expresamente a Remus que James le prestase ropa porque su madre era un poco especial en ese sentido. A James no le importaba prestársela y Remus no había tenido mucha opción pues sentía que si decía que no, se quedaría sin amigos, así que el día 29 quedaron los tres juntos y se dirigieron después a la casa de Sirius. Este estaba casi al lado de la puerta para evitar que cualquier otro la abriese y vigilaba a su elfo por si se le ocurría abrirla antes que él. El timbre sonó y Sirius fue con rapidez hacia la puerta antes siquiera de que llegase su elfo. Al abrir, se encontró con sus tres amigos sonriendo.

_ ¡Hola chicos! – saludó Sirius contento.

_ Hola Sirius, ¿nos vamos o pasamos y luego nos vamos? – preguntó James.

Sirius iba a responder pero su madre ya estaba detrás de él e interrumpió la escena.

_ Vosotros debéis ser los amigos de Sirius – dijo ella con una sonrisa que parecía más bien forzada – pasad, por favor.

_ No pasa nada madre, ya nos íbamos. Vamos a aprovechar para comprar nuestras cosas para el siguiente año – dijo enseguida Sirius antes de que sus amigos hicieran caso a su madre – Luego estaremos a la cena, ¿recuerdas?

_ Cierto, es verdad – admitió ella – Bueno, pues dejad lo que no necesitéis a Kreacher. Él lo subirá a tu cuarto, Sirius.

_ De acuerdo – dijo él a regañadientes. Indicó a sus amigos para que dejaran aquello que no fueran a necesitar y Kreacher las cogió y fue a subirlas murmurando.

_ Bueno, pues ya está – dijo la madre – Yo querría que fuera Regulus con vosotros, pero seguro que terminaría cansado además de que me dijo que quería ir conmigo mañana, así que estaréis solos. ¿Seguro que os las arreglaréis?

_ Seguro señora Black. No nos pasará nada – asintió con fervor Peter.

_ Hasta la cena madre – se despidió Sirius. Cerró la puerta y suspiró sin mucho disimulo como si fuera lo peor del mundo.

Cuando se alejaron de la casa, empezaron a hablar.

_ Oye Sirius, ¿tus padres son muy ricos? – preguntó Remus, aunque creía conocer la respuesta.

_ Mi familia es bastante rica, sí – asintió con pesadez Sirius – Y ya os dije que toda mi familia ha estado en Slytherin excepto yo por el momento. Imaginaos que piensan de aquellos que proceden de familias muggles. Ya sé que os pido mucho, pero evitad decir cualquier cosa que tenga que ver con muggles. Lo último que necesito ahora es más castigos por parte de mi madre.

_ ¿Por qué? ¿Qué hiciste? – preguntó James extrañado.

_ Según ella, mentir sobre lo de Andrómeda. Ella cree que ya lo sabía y que tendría que haber dicho algo. Yo obviamente le dije que era mentira, que yo no sabía nada – se encogió de hombros Sirius – Pero no me creyó.

_ Pero ella tiene razón – dijo Remus alzando una ceja – Realmente sabías lo de tu prima.

_ Ya, pero no quería cargármela más. Solo me faltaba... – bufó Sirius – Bueno, aparte de mis padres van a estar mis tíos y mis otras dos primas. Y por mucho que mi prima Bella parezca muy mona y una dulzura, ni se os ocurra acercaros a ella. Creedme.

_ De acuerdo – dijeron todos a un mismo tiempo.

Llegaron al callejón Diagon y primero fueron a las tiendas que tenían en común, ya que tenían que comprar algunas cosas en las mismas tiendas. Remus no podía comprar demasiado como fue en el caso de los libros que tuvo que coger de segunda mano. En el otro caso, fue capaz de comprar más o menos todo. Al final, cuando terminaron de comprar lo necesario, fueron a la heladería y Sirius les invitó a un helado a todos. Más tarde, cuando vieron que ya se acercaba la hora de la cena, se levantaron de la mesa y se fueron del callejón pasando por el Caldero Chorreante y se dirigieron hacia la maravillosa Londres. Dieron gracias a que llevaban una ropa bastante usual de esos tiempos porque si no todos se habrían girado para mirarles. Los tres llevaban unas camisas de distintos colores y unos vaqueros anchos.

Sirius se dirigió a la puerta de su casa y llamó.

Como si Sirius ya lo supiera, saludó a su elfo Kreacher que les había abierto y se dirigió con sus amigos hacia el baño después de haber subido a su habitación para dejar lo que habían comprado.

_ Recordad, las personas no mágicas, no existen en esta casa. Y no mencionéis a Andrómeda, ¿de acuerdo? – les dijo Sirius mirando a sus tres amigos – Y sed amables. Lo digo por ellos, no por ti Remus.

Todos asintieron con la cabeza y siguieron a su amigo hacia el gran comedor. Era realmente enorme y todos se quedaron asombrados de lo hermoso que era pero ninguno dijo nada porque se suponía que ya estaban acostumbrados a las cosas ostentosas. Sentados estaban ya los señores Black, padres de Sirius y Regulus, los otros señores Black que eran sus tíos y sus dos primas: una que ya conocían y era Narcisa y otra que supusieron que sería Bellatrix. Realmente Sirius tenía razón en que no era fea y era muy guapa, pero se le veía un poco que ni en sus sueños se casaría con un mestizo y menos aún con un muggle y su cara tenía en esos momentos un profundo desprecio mientras hablaba con su hermana menor pero dejó de poner esa cara en cuanto vio a los amigos de su primo y su expresión cambió a una más dulce y amable.

_ Bueno, para los que no sepáis, ellos son James, Remus y Peter – presentó Sirius señalando a cada uno de sus amigos cuando decía su nombre – Chicos, ya conocéis a Narcisa, ella es Bellatrix y ellos son mis tíos.

_ Un placer – dijeron a un mismo tiempo mientras Kreacher iba sirviendo la comida. James se iba a abalanzar sobre su plato pero Sirius le dio un pisotón en el pie y James miró a su amigo con mala cara. Sirius le dijo con una mirada que esperara.

_ Bueno, nuestro Sirius no ha caído en Slytherin como toda nuestra familia pero estoy segura de que seguirá pensando lo mismo de los sangre sucia – dijo de repente su madre – Seguro que vosotros pensaréis lo mismo.

Los tres amigos se apresuraron a asentir en silencio y a esperar a que pudiesen comer. El padre de Sirius llegó en esos momentos, saludó a todos cortamente y se sentó. Es entonces cuando todos empezaron a servirse la comida lentamente y comiendo delicadamente. Los tres amigos, poco acostumbrados a eso, intentaron imitar a su amigo que comía con una delicadeza mal fingida.

El 1 de septiembre llegó por fin y todos se encontraron en la estación del tren muy contentos por empezar un nuevo curso, por aprender nuevas cosas o mismamente por ver a sus amigos de nuevo. Los padres se despedían de ellos, recordaban a sus hijos que no hicieran nada malo...

Los cuatro amigos se sentaron en el mismo compartimiento y Regulus se despidió de ellos para sentarse en otro. No tenía ganas de estar con su hermano y Sirius tampoco.

FIN

&&& Bueno, pues esto ya ha acabado! :D Juro de verdad que los siguientes serán mucho mejor! La siguiente entrega será el segundo y tercer año (a lo mejor el cuarto lo incluyo también, aunque lo dudo), después el cuarto y quinto año (o quinto y sexto) y el último sexto y séptimo (o sólo séptimo) ^^ En fin, esa es la idea en general! Espero que hayáis disfrutad y R&R (que es leed y comentad, traducción literal de Read and Review)! Nos vemos &&&