N.A.: Los personajes ni la historia me pertenecen, esto es una adaptación de un libro que me gusto mucho y pues me encanto la idea de adaptarla xD
Era evidente que el señor Hiroshi no estaba acostumbrado a cortejar. Parecía incómodo y tenso, y se atropellaba al hablar.
Sakura le sirvió otra taza de té mientras Tommy leía un libro junto al fuego. De vez en cuando le temblaban los hombros, señal de que tenía que controlar la risa causada por la conversación. Se preguntó cuánto tiempo más se quedaría el señor Hiroshi, teniendo en cuenta que apenas había dicho nada y que llevaba cinco minutos aclarándose la garganta.
—Yo… eh… me alegro de que su familia haya accedido a quedarse en Londres hasta septiembre, señorita Sakura.
—Sí, bueno, el tiempo acompaña. Aun así, ansío volver al frío del campo. ¿Alguna vez ha visitado los condados, señor Hiroshi?
—Mi familia es de Devon. Voy a verlos dos veces al año. Mis hermanas viven allí, y también mis sobrinos y sobrinas.
Sonó el timbre y Sakura rezó para que se tratara de una interrupción. Cualquier cosa con tal de librarse de la conversación con el señor Hiroshi.
Nakuru abrió la puerta de la sala y le dirigió a Sakura una mirada de reprobación.
—Hay un tal señor Li que quiere verla, señorita Sakura. Le he informado de que estaba con una visita, pero dice que no se marchará hasta que no lo reciba.
Tommy se puso en pie y se giró hacia ellas.
—Déjale pasar, Nakuru.
Sakura apenas podía respirar. ¿Qué señor Li? Si era Shaoran, ¿a qué había ido allí? Sabía que lady Sonomi lo había excluido de su lista de personas «aceptables».
Nakuru se dio la vuelta y emitió una leve exclamación al chocarse con Shaoran Li. No había esperado en la puerta, la había seguido. Nakuru lo bordeó y se alejó apresuradamente, sin duda a contárselo a su madre. El señor Hiroshi se levantó y Sakura hizo lo mismo. Shaoran pareció sorprendido al ver a su visita. Se quitó el sombrero e hizo una reverencia.
—Siento interrumpir, señorita Sakura, pero necesitaba verla.
—Yo… eh… debería irme —dijo el señor Hiroshi—. Volveré en otro momento más oportuno, señorita Sakura. Por favor, dígale a su madre que he preguntado por su salud —todos quedaron en silencio mientras el señor Hiroshi salía y cerraba la puerta de la sala tras él.
Shaoran se acercó con cara de extrañado.
—Necesitaba verte, literalmente —dijo.
—¿Desea un té, señor Li? —preguntó Tommy tras un silencio incómodo.
—No puedo quedarme mucho. Lo siento si he interrumpido.
—De hecho estamos en deuda con usted, señor —dijo Tommy con una carcajada—. Ahora, espero que me perdone, pero tengo que ir detrás de Nakuru antes de que llegue a la habitación de mi madre.
Una vez a solas, Shaoran se acercó a Sak y la observó con expresión desesperada.
—He tenido un sueño… no, estaba confuso. Creí haberte visto anoche después de dejarte en casa, y necesitaba asegurarme de que estuvieras bien.
—¿Dónde creíste verme?
—No quieres saberlo, Sak. Pero gracias a Dios estas a salvo —miró por la ventana, donde pudo ver al señor Hiroshi alejándose—. No se me ocurrió que pudieras estar con alguien.
—Es la primera vez que el señor Hiroshi me visita. Lady Sonomi le dio permiso. A juzgar por la mirada que te ha dirigido al salir, imagino que no volverá a venir.
Shaoran sonrió.
—Eso no me decepciona, Sak, aunque me doy cuenta de que él es mucho más aceptable para lady Sonomi de lo que yo seré jamás. No puedo evirar preguntarme si tú tienes los mismos gustos que ella en cuanto a hombres.
—No creo que a ella le importe mi gusto. Su objetivo es encontrarnos marido. Aparte de eso, no nos ha preguntado por nuestras preferencias.
—Yo sí te lo pregunto, Sakura. ¿Qué prefieres?
Sakura sintió que le ardían las mejillas y miró al suelo. ¿Cómo podía decirle que lo prefería a él? aparte del beso que le había dado para demostrar su inocencia, prácticamente no había vuelto a tocarla desde la noche en Thackery's. Aunque ahora se sentía responsable de ella, Sak tenía la impresión de que ya no la deseaba de ese modo.
—Escucha bien, Sakura. Quiero que te quedes en casa, alejada de los problemas. Corres más peligro del que imaginas. Sea lo que sea lo que hay que hacer, yo me encargo.
—No pienso parar ahora. Acabaré con esto aunque muera en el intento.
—Eso, querida, es justo lo que temo.
Hubo un ruido en el pasillo y acto seguido se oyeron varias voces femeninas. Sakura emitió un gemido. Tommy, Nakuru y alguien más. Ojalá fuese Chiharu y no su madre. Se apartó de Shaoran con la esperanza de preservar algo de decoro.
—Esta noche —susurró él cuando la puerta se abrió y entraron todas.
¡Santo cielo! Estaban todas; su madre, Tommy, Nakuru y Chiharu.
—¿Qué es esto? —preguntó su madre.
—Mamá, te presento al señor Shaoran Li. Es el hermano de conde de Lockwood. Señor Li, le presento a mi madre, la señora Kinomoto.
—¿Li? Su nombre no está en la lista de Sonomi.
—Él… yo…
Shaoran dio un paso al frente, le tomó la mano a su madre y se la llevó a los labios.
—Señora Kinomoto. Por supuesto. La habría reconocido en cualquier parte. Es fácil ver el parecido familiar y de dónde han sacado sus hijas la belleza.
—Oh, bueno, sí. Mis hijas son adorables, ¿verdad?
—Desde luego. Y por favor, no culpe a la señorita Sakura. Había venido a devolverle algo que se le cayó en el parque el otro día cuando la vi paseando.
—¿Se le cayó? —su madre la miró con severidad—. ¿Qué se te cayó, Sak? ¿Cuántas veces te he dicho que eres demasiado descuidada?
—Yo… yo…
—No fue descuidada en lo más mínimo, señora Kinomoto. Iba acompañando a sus hermanas y tenía la atención en otra parte —Shaoran buscó en el bolseo de su chaleco y sacó un pañuelo de lino con los bordes de encaje—. Su pañuelo, señorita Sakura.
—Gracias, señor —contestó Sak aliviada.
—Bueno, ya que ha venido, podría a quedarse a tomar el té, señor Li —dijo su madre.
—Muchas gracias, señora Kinomoto, pero tengo una cita. Tal vez en otra ocasión.
—Sí, tal vez —dijo su madre, y acompañó a Shaoran a la salida.
—Ha estado cerca —le susurró Tommy a Sakura.
Sakura se quedó mirando el pañuelo. En una esquina estaban bordadas las letras N K. ¡Naoko!
Comenzaron a temblarle los dedos. ¿Cómo había conseguido Shaoran el pañuelo de Naoko?
—.
—.
—.
Shaoran iba por su tercera taza de café y estaba leyendo la sección de anuncios clasificados del Times cuando Tsukishiro llegó al salón de su club en la calle St. James. Se sirvió una taza de café antes de sentarse con aire distraído. El otro ocupante que había en la sala era un hombre mayor dormitando en su silla junto al fuego.
—¿Tienes algo? —preguntó en voz baja.
Shaoran apenas sabía por dónde empezar.
—Creo que estoy tras el rastro. Si no me equivoco, la ceremonia se realiza en un lugar distinto cada vez.
—Eso explicaría por qué hemos sido incapaces de localizarla. Cuando creemos que tenemos una pista, desaparece. Cuéntame más.
—Hubo un ritual anoche, pero no estoy seguro de quién está detrás.
—¿Hablaste con Wilson?
—No se mostró muy cooperativo. De hecho, no me extrañaría que le hubiese puesto precio a mi cabeza. No le gustó que le hiciera preguntas, y tampoco se creyó que estuviese realmente interesado. En cualquier caso, apostaría a que vendió a esas chicas para los rituales. Hay más de lo que sabes. La gente de Fay las encontró y las enterró sin armar escándalo. No quería llamar la atención de las autoridades.
—¿Entonces había más cuerpos de los que encontramos?
—De acuerdo con Fay, once, incluyendo a la Señorita Kinomoto. Y reconoció las marcas.
—Ya son doce. Los de la ronda nocturna de St. Giles encontraron un cuerpo casi al amanecer. Las mismas marcas y las mismas mutilaciones.
Shaoran sintió que se le revolvía el estómago. ¡Sus zapatos manchados de sangre! Dios, no. Aquél era su peor miedo.
—¿Tienes su descripción?
—Sí, pero eso no nos sirve de pista. Las hay de todos los tipos. Bajas, altas, rubias, morenas, prostitutas generalmente, salvo la señorita Kinomoto y algunas institutrices.
—Pero la de anoche. ¿Cómo era?
—Pelo castaño, pequeña, delgada.
Shaoran cerró los ojos y negó con la cabeza. No podía pensar en ello. Fuera lo que fuera lo que había hecho, ahora tenía la cabeza despejada y tenía que encontrar la manera de acabar con aquella masacre.
—Va a haber otro Sabbats; un ritual. El viernes trece —dijo.
—Yo he oído algo a lo que llaman el decimotercer rito.
Viernes trece. El decimotercer rito. ¿Sería el décimo tercer sacrificio?
—Mañana entonces. Creo que tenemos muy poco tiempo si queremos evitar otro asesinato.
—¿Crees? —preguntó Tsukishiro.
—Eso explicaría el aumento, ¿verdad? Los asesinatos anteriores podrían haber sido ensayos, sobre todo si todo estaba pensado para el rito que se avecina.
—¿Cómo podemos averiguarlo?
—Fay. Si alguien ha oído rumores, es él. Le pedí que averiguase dónde se celebrará. No me prometió nada, y ahora sabemos por qué; lo hacen en un lugar distinto cada vez para mantenerlo en secreto.
—Tarde o temprano alguien hablará. No puedo creer que lo hayan mantenido en secreto durante tanto tiempo.
—Tal vez no sea tan extraño —dijo Shaoran—. Anoche me drogaron. Había láudano en el vino, y el sabor había sido disimulado con sulfuro. Eriol y Takashi estuvieron allí anoche también, y también lo han olvidado casi todo. Pero recuerdo a una mujer. Dijo algo sobre apoderarnos de ella. Pero no recuerdo nada más hasta esta mañana.
—¿Quién más había?
—Llevábamos túnicas con capucha. No reconocí a nadie salvo a los de mi grupo. Eriol, Takashi, Yue, Clow, lord Amamiya, Wei y yo.
—¿Cuántos había?
—Al menos una docena, quizá más. Y la mujer.
—¿No recuerdas cómo llegaste a casa?
—No.
—¿Dónde estaba la señorita Kinomoto?
—La llevé a casa antes de reunirme con los demás. Tsukishiro, tienes que detenerla. No puedes seguir utilizándola cuando su vida corre peligro. ¡Ya la has puesto en peligro! Y no me hables de tu agente secreto. No lo he visto por ninguna parte. Nadie está protegiendo a la señorita Kinomoto.
—La estás protegiendo tú —dijo Tsukishiro—. Y otro agente está en su lugar, preparado para continuar si es necesario.
—Comprenderás que lo dude, Tsukishiro. La señorita Kinomoto ya ha sufrido daños.
—¿Qué tipo de daños?
Shaoran negó con la cabeza. Por su parte, admitiría su error y expiaría sus pecados si se lo pedían, pero no podía poner en entredicho la reputación de Sakura sin su permiso. Utilizó un cambio de tema como respuesta.
—¿Has oído hablar de la Hermandad del Dragón de Sangre?
—Eso explicaría las marcas —dijo Tsukishiro—. La verdad es que no me importa el nombre. ¿Son esos los hombres que crees que están detrás de los asesinatos?
—Sí. Y encaja con lo que Fay me dijo. Los demás cuerpos han sido encontrados con las mismas marcas. No entiendo por qué les quitan un pedazo de piel de la frente, ¿Qué querrán con un trofeo así?
—¿Quién sabe? Teniendo en cuenta que es producto de las maquinaciones de un loco.
—De varios locos, diría yo. Sé que nosotros estábamos drogados, pero debía de haber quienes no lo estuvieran; al menos hasta el mismo punto que nosotros. No es la primera vez que ocurre. Hace dos semanas, antes de que me pidieras ayuda, asistí a un Sabbats donde le echaban sulfuro al vino. Al día siguiente, apenas recordaba nada. Anoche, de nuevo, no bebí tanto.
—¿Quién te dio el vino anoche?
—Yue, aunque no sé de dónde lo sacó. Antes… no lo recuerdo. Pero estuve con la misma gente las dos veces, Tsukishiro. Anoche, gracias a las túnicas, no reconocí a nadie salvo a los de mi grupo. Pero las ceremonias no se parecían en nada. La anterior era como las demás. Escandalosa y libertina. Pero no recuerdo que se cometieran mayores crímenes que beber alcohol y cometer adulterio. La de anoche sospecho que fue mucho peor. Y con otro cuerpo…
Tsukishiro se quedó callado durante varios segundos antes de asentir y suspirar profundamente.
—Si te preocupa tu participación en los acontecimientos de anoche, a no ser que te despiertes cubierto de sangre, no te preocupes. He visto el cuerpo. Fuera quien fuera quien lo hizo, se empapó con su sangre. Haber estado allí, drogado, no te convierte en culpable.
Shaoran respiró aliviado.
—Así que, si los rumores son ciertos, tenemos hasta mañana por la noche para poner fin a esto —añadió Tsukishiro.
—Dile a la señorita Kinomoto lo que estás haciendo y que no has archivado la investigación de su hermana. Sácala de esto y haré lo que me pidas. Cualquier cosa.
—Ojalá pudiera, Li. Por desgracia, puede que ella sea nuestro único medio para resolver esto. Ella puede reconocer al asesino, pero nosotros no, si descubrieran quién es y qué está haciendo, irán a por ella y estaremos preparados.
Shaoran arrugó el periódico y se puso en pie, tratando de contener la rabia que sentía.
—La sacrificarías con tal de resolver esto, ¿verdad?
—Para mi vergüenza, sí. Tiene que parar, no importa a qué precio.
El precio no sería Sak. Él se encargaría de ello.
—.
—.
—.
Angelo's estaba lleno de gente a esas horas de la tarde, y Shaoran había conseguido aliviar parte de su frustración y de los efectos de la noche anterior.
Estaba a punto de irse a casa a bañarse para ir a buscar a Sakura a Belmonde's y persuadirla para que se quedara en casa hasta el sábado, cuando Clow lo encontró y le rogó que se quedara a echar una mirada rápida. Se frotó la frente con la manga mientras Clow le lanzaba su chaqueta a Yue y tapaba la punta de su estoque con un corcho. No le gustaba utilizar las espadas romas de la academia.
Tras saludar llevándose el estoque a la frente, Clow hizo la ofensiva y comenzó a hablar; su táctica habitual para distraer a su oponente.
—Veo que no estás mal hoy. Tienes una capacidad inhumana, Li.
—¿Qué tal tú? —preguntó Shaoran.
—Debí de pasármelo muy bien. Aún siento los efectos en la sangre y en los huesos, aunque mi memoria está un poco borrosa. ¡Menudo dolor de cabeza!
—Parece que te has recuperado muy deprisa.
—No hasta hace media hora. ¿Y tú? ¿Qué recuerdas de la fiesta?
—Salvo la mujer de pie en el altar, nada.
—Ah, sí. La recuerdo —dijo Clow—. Menuda imagen, ¿verdad? Creo que se parecía bastante a tu lady Lace.
Shaoran parpadeó, desconcertado por la idea de que los demás también hubieran observado el parecido. ¿Habría sido elegida por esa razón? Clow utilizó su desconcierto para golpear con el corcho en su corazón.
—Tocado —dijo Shaoran—. ¿Me llevaste anoche a casa?
—¿Yo? Me gustaría decir que sí, pero debo admitir que no tengo ni idea de cómo llegué yo a casa —Clow se giró y miró a Yue—. ¿Fuiste tú, Yue?
Pero Yue negó con la cabeza. Shaoran lo observó y se preguntó si sabría más de lo que decía.
—¿Quién más estaba allí? —preguntó.
Clow saludó de nuevo y se puso en guardia.
—No lo sé. Tal vez fuese Wei quien nos llevó a casa.
Improbable. Wei ya iba tambaleándose antes de salir del bar. Se había mostrado más afectado por el vino que el resto.
—¿Has advertido algo raro esta mañana, Clow? —preguntó Shaoran.
—¿Aparte del mal sabor de boca y el dolor de cabeza? No.
—¿Y tú, Yue?
—Nada. Apenas recuerdo llegar al almacén.
Shaoran sospechaba que mentía. Se lanzó sobre Clow y lo pilló por sorpresa, de modo que anotó un tanto. Clow se echó hacia atrás y se frotó el brazo, como si Shaoran le hubiera hecho daño de verdad.
—Bueno —dijo Clow—. Ocurriese lo que ocurriese, debe de haber sido interesante empezar tan visiblemente.
—¿De qué sirve, si no nos acordamos? Para eso prefiero quedarme en casa y beber hasta perder el estado. Esperaba algo diferente. Algo excitante, al menos algo que me agitara la sangre. Lo único que he encontrado es más de lo mismo.
—Tendremos que ver qué podemos hacer con eso. ¿Estás seguro de que estás listo?
Shaoran asintió y Clow se acercó a él con decisión, obligándole a retroceder y a esquivar las estocadas. El corcho se cayó de la espada de Clow, pero este estaba tan concentrado en su ataque que parecía no darse cuenta. Ambos se golpearon a la vez.
Clow apartó el lateral de la cuchilla de Shaoran con el brazo y pareció sorprendido al ver la sangre en el bíceps de Shaoran. Shaoran apretó los dientes por el dolor y dejó caer la espada al suelo.
—¡Dios! —Exclamó mientras se llevaba la mano al brazo—. ¡Traed el botiquín!
Poco después, un empleado le había vendado el brazo y le había dicho que tendría que reposar durante un mes para evitar que se dañase el músculo de forma permanente. Yue le sujetaba la chaqueta mientras caminaban hacia el establo donde habían dejado sus caballos.
—Gracias a Dios que no te marea la sangre —dijo Clow—. Te compensaré por esto. Si hubiese sido Yue, se habría desmayado.
—Sabes que no es cierto, Clow —dijo Yue—. Aguanto perfectamente. Incluso anoche…
—Vamos, Yue, estaba bromeando.
A Shaoran le hubiera gustado oír el final de esa frase. El brazo comenzaba a picarle cuando se subió al caballo y miró a sus amigos.
—Esto no me detendrá, Clow. Si te enteras de algo…
—Serás el primero en saberlo. Te lo juro, Li.
Shaoran asintió y se alejó. El brazo era el menor de sus problemas. No podía dejar de pensar que Clow y Yue estaban implicados de algún modo. ¿Era correcto lo que le decía su instinto? ¿Clow era el agente secreto de Tsukishiro? ¿O estaría implicado en los rituales?
—.
—.
—.
El pulso de Sakura se aceleró al oír los sonidos ya familiares del juego. Belmonde's.
—El señor Li aún no ha llegado, señorita —le dijo Biddle mientras recogía su capa—. Tal vez quiera esperarlo en el salón privado.
—No, iré a echar un vistazo, señor Biddle. Tal vez vea a alguien que conozco.
—Como desee, señorita —dijo Biddle, y le hizo una reverencia con cierto retintín.
Sak estaba preguntándose si ése sería el tipo de aprobación disimulada que tendría que soportar el resto de su vida cuando Clow la interceptó en mitad del salón principal.
—Hola, mi querida lady Lace. Sak, ¿verdad?
—Así es —contestó tras una pausa—. Pero preferiría que no me llamase así en público.
La agarró del brazo y la condujo hacia el cuenco de ponche.
—¿Tiene una reputación que proteger? Muy bien. Yo puedo ser muy discreto, querida —dijo él mientras le ofrecía un vaso de ponche.
—Muchas gracias.
—¿Va a reunirse con el señor Li esta noche?
—Espero verlo en algún momento de la velada.
—Deduzco que usted y él han… llegado a un entendimiento.
—No es lo que está insinuando, Clow.
—Llámame Reed, pues espero que pronto podamos conocernos mejor. Nuestra última charla fue interrumpida por la aparición de Li. Espero que no nos importunen esta noche. Vamos, siéntate conmigo.
La otra interrupción de aquella noche había sido el beso. Aún no había eliminado a Clow como sospechoso, pero la idea de besar a alguien mas después de Shaoran resultaba odiosa. Un poco vacilante, aceptó el brazo de Clow y permitió que la llevara a una de las alcobas. Cuando se dispuso a correr la cortina, lo detuvo.
—Por favor, milord, no me gustan las sorpresas. Esta vez quiero ver a cualquiera que se acerque.
—Oh, desde luego que sí, Sak. Pero vamos. Bébete el ponche y te traeré otro.
Sak simplemente sonrió y dio un trago al ponche. No iba a permitir que Clow la emborrachara.
—¿Estáis intentando seducirme, milord?
—Veo que soy demasiado transparente —contestó él con una sonrisa—. Pero, dado que no estás comprometida con Li, deduzco que estarás abierta a otras ofertas.
—Eso dependería de la oferta.
—Eso dependería de ti, querida —dio un tragó a su vaso y se sentó en el banco a su lado—. Alguien de tu… calibre no aparece muy a menudo. Guapa, encantadora, lista, segura e irresistible. Así que lo más sensato sería preguntarte cuánto estás dispuesta a ceder.
—Eso aún está por ver.
—Nunca pensé que te rendirías fácilmente, Sak. Ni que serías barata.
—Gracias por el cumplido —dijo ella—. Al fin encuentro a un hombre que lo entiende.
—¿Entonces llevo razón? Excelente. Háblame de ti, querida.
—Como ya habrá imaginabas, milord, soy nueva en Londres. Aún estoy descubriendo este mundo.
—¿Tan provinciano es tu hogar?
—Acaso no es provinciano todo comparado con Londres?
—Desde luego —convino él—. ¿Entonces tu familia no ha salido mucho en sociedad?
—No mucho. Después de todo, en nuestras circunstancias, apenas podíamos permitirnos venir durante la temporada.
—¿Hay más aparte de ti? Qué maravilloso pensar que haya más como tú. ¿Cuántas más, Sak? Ojalá tuvieras muchas hermanas. ¿Y son vírgenes, como tú?
¿Vírgenes? Sak tragó saliva. Por muy errónea que fuese esa suposición en su caso, seguía resultando insultante. Aunque, si realmente fuese de familia humilde y sin dinero para dotes, tal vez estaba buscando protectores para sus hermanas. Si tuviera hermanas.
—Creo que os he dado la impresión equivocada, señor Clow. Cuando he dicho «nuestras» circunstancias, me refería a mi madre, mi padre y mi hermano. No tengo hermanas.
—Y yo que me había hecho ilusiones. No debes bromear así, querida. Pero dime, ¿tu padre no se opone a tus actividades?
—Murió hace varios años.
—Pero tu hermano…
—Está sirviendo a la corona. Está en la Armada de su Majestad.
—Qué pena que no tengas ningún miembro masculino en la familia que se ocupe de tus necesidades.
—Pero yo soy un tema aburrido, señor Clow. Por favor, habladme de vos.
—Ah, una historia triste ésa —se detuvo para terminarse el ponche—. Soy hijo único. Mis padres murieron cuando yo estaba destinado en la península. Para cuando tuve noticia de su enfermedad, era demasiado tarde para venir. Era difícil localizarnos, como imaginarás. Aunque no estoy seguro de que Li me hubiera permitido ir en cualquier caso. Fueron… días difíciles. Es increíble lo frágiles que somos los humanos. Cómo aceptamos el momento de la muerte…
Sak se estremeció. No quería pensar en eso.
—¿El señor Li era vuestro oficial?
—Estaba por encima, y alguien tenía que mantener el orden en mitad de aquel caos. Incluso alguien que estuviera completamente enloquecido. Pero no hablemos de cosas desagradables. Prefiero pensar en ti, querida. En nosotros.
—¿El señor Li estaba enloquecido?
—Bueno, sí. Viéndolo con perspectiva, supongo que todos lo estábamos. No era fácil abrazar a un amigo herido que se moría, o apuntar con el rifle, mirar a la cara del enemigo y apretar el gatillo. Pero cada vez fue haciéndose más fácil. Uno al final acaba perdiendo su humanidad. Cuando se apodera de ti el ansia de sangre… Supongo que Li era el peor porque también llevaba la carga por todos nosotros. Una pena, la verdad, pues ahora es capaz de… cualquier cosa.
¿Shaoran era capaz de cualquier cosa? Sak sintió un escalofrío, preguntándose si se habría equivocado con él.
Clow advirtió su escalofrío y le tomó la mano.
—Oh, y yo que quería conseguir un beso tuyo. En vez de eso te he disgustado. Lo siento, querida. ¿Te advertí que no debíamos hablar de la guerra, verdad? Ahora bébete el ponche y te traeré otro.
—Sí, pero no pensé que… quiero decir que no había visto ese lado del señor Li. Parece tan gentil, a pesar de su rudeza.
—Sí. Por eso lo llamamos lord Libertino. Puede parecer atormentado y arrepentido un instante, y al siguiente es todo perversión y maldad. Uno nunca sabe lo que va a hacer. Pero ya hemos hablado demasiado y Li acaba de llegar. Quiero un beso, Sak. ¿Te reunirás conmigo mañana por la noche aquí?
Sakura miró hacia el vestíbulo y vio que Shaoran la había visto y se acercaba a ellos. Casi desesperada, sabiendo que intentaría impedírselo, se inclinó hacia su acompañante.
—Besadme ahora, Clow.
—¿Y enfadar a Li? Jamás. Una cosa es besarte y otra hacerlo delante de Li. No quiero ser víctima de su ira. Ya he recibido mi parte esta tarde. Di que te reunirás conmigo mañana aquí a las nueve en punto. Y sería mejor que no se lo mencionaras a Li. Encontraría la manera de detenernos.
—.
—.
—.
Bueno, bueno perdón chicas he tenido unos ciertos problemas y apenas pude actualizar pero bueno como poco a poco se acerca el final ps ya ven
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Espero un reviwe chicas
Se les agradecería y espero actualizar la próxima semana pero bueno no aseguro nada
Besitos***
