Disclaimer: Ya saben, nada de esto me pertenece, salvo la idea del fic y los personajes nuevos. Todo lo demás, es producto de la fantabulosa imaginación de la suprema reina, J.K. Rowling.

Nuevamente he decidido actualizar antes de tiempo. Espero les guste este capítulo ^^


11

Mocomurciélago

Las Tres Escobas rebosaba de gente. Aquel sábado había resultado ser un día bastante frío, con el viento helado que rugía sin descanso, por lo que la mayor parte de los alumnos de Hogwarts se habían refugiado en el local de Madame Rosmerta. Las calles de Hogsmeade se hallaban desiertas.

—¿Y tú qué opinas, Septimus? —le preguntó Iorwerth Zabini, tras tomar un sorbo de jarabe de cereza. Él era uno de esos casos extremadamente raros que detestaban la cerveza de mantequilla.

—Sí, sí, está bien —respondió Septimus, distraído, mientras escudriñaba con sus profundos ojos negros cada rincón a su alrededor. No había rastros de ella.

—¿De verdad? —insistió Iorwerth, enarcando una ceja, y compartió una mirada incrédula con el resto de sus compañeros de Slytherin que los acompañaban en aquella mesa—. ¿Entonces te parece bien que Eloise se sienta sexualmente atraída por los elfos domésticos?

—¡Oye! —se quejó Eloise, una chica bajita de cabello castaño. Sin embargo, al igual que el resto de sus amigos, no pudo contener la risa.

—Sí, claro, lo que quiera —respondió Septimus, sin prestar realmente atención a la conversación que se estaba gestando entre sus compañeros.

Iorwerth rodó los ojos, completamente fastidiado. Sabía perfectamente por qué su amigo se comportaba de aquella manera y, sinceramente, ya estaba harto. No es que le cayese muy bien la chica Potter, pero por las barbas de Merlín, ¡ya todo el mundo lo sabía! Bueno, a excepción de ellos dos. ¿Es que no se daban cuenta de que estaban hechos el uno para el otro o que, al menos, se querían como algo más que simples amigos?

Durante la siguiente media hora, Las Tres Escobas se llenó de charlas amenas, risas y el tintineo de los vasos al chocar. Pero Septimus Seaver seguía sin prestarle demasiada atención a aquel clima de desenfado, él tenía en la mente otro tipo de cosas. Se había propuesto vigilar la entrada, con la esperanza de que Lily ingresara en cualquier momento, pero aquel hecho se había dilatado demasiado.

Septimus suspiró y se bebió toda la cerveza de mantequilla que tenía en su vaso de un solo sorbo, como si eso fuera a darle ánimos. Sin decirle nada a sus compañeros, (aunque ellos tampoco necesitaban una explicación, pues lo intuían), Septimus se puso de pie dispuesto a marcharse. Tenía que hacerlo.

~ · ~ · ~

Mike Nathans le cogió la mano por encima de la mesa. Lily tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para ignorar a aquella vocecita que le gritaba a los cuatro vientos que se pusiera de pie de inmediato y saliera volando de allí. En su lugar, lo único que hizo fue fingir una sonrisa y aguardar unos segundos antes de quitar su mano debajo de la de Mike, para que el movimiento no resultase tan brusco. Decidió beber un sorbo de su batido para disimular su incomodidad.

Se encontraban en el salón de té de Madame Tudipié, un lugar pequeño y caluroso, repleto de mesitas redondas cubiertas de manteles que combinaban el verde y el rosa, y decorado con centenares de flecos y lazos que colgaban de las paredes. La mayoría de las parejitas que se encontraban allí, o bien charlaban animadamente o se comían la boca a besos. Lily y Mike eran uno de los pocos que permanecían en silencio, sin saber exactamente bien qué hacer.

—Te ves muy linda hoy —la piropeó Mike. Era ya la cuarta vez que le decía aquellas palabras.

Lily volvió a esbozar una sonrisa forzada, y sintió una punzada en los cachetes. Observó a Mike atentamente y deseó poder decirle lo mismo. Su compañero también se veía muy lindo. Era de por sí un chico bastante apuesto, y apara aquella ocasión había elegido su mejor atuendo. Llevaba, además, el cabello castaño perfectamente peinado hacia un costado, con mechones que le caían sobre el rostro de manera encantadora.

Pero a pesar de todo eso, las palabras simplemente se negaban a salir de la boca de Lily. Cada vez que lo miraba, pensaba en que su cabello era demasiado claro, que sus ojos eran muy azules, que su piel estaba muy bronceada o que su sonrisa enamorada pronto iba a provocar que ella vomitara corazones y flores.

Lily no entendía por qué había aceptado salir con él en primer lugar. Suspiró. Tal vez lo mejor sería decirle la verdad y no dejar que el pobre chico se siguiera haciendo ilusiones con ella. No era justo. Volvió a suspirar.

—Escucha, Mike… —comenzó ella.

—¿Sí…? —la animó él, pensando quizá que Lily tenía algo agradable para decirle.

—Esto ha sido un error.

Poco a poco, el rostro de Mike Nathans fue perdiendo color.

—¿Un error? —quiso corroborar.

—Realmente lo siento —se apenó Lily—. No es tu culpa. Es que yo…

—¡Lily! —la interrumpió una voz que ella conocía muy bien.

La pelirroja apartó la mirada de su cita para dirigirla a la entrada del salón de té de Madame Pudipié. Allí, estático junto a la puerta, se encontraba Septimus Seaver. Llevaba el cabello negro algo desordenado, con algunos rastros de nieve sobre sus hombros. La observó con sus penetrantes ojos negros, intentando trasmitirle con la mirada todas las cosas que le costaba poner en palabras, y luego salió.

Lily se mordió el labio, se disculpó con Mike Nathans y abandonó el local. Septimus la esperaba fuera, apoyado junto a un farol, con las manos en los bolsillos. La nieve que caía era ínfima, y daba jirones y danzaba en el aire. Sin saber exactamente cómo actuar, Lily se acercó despacio hasta donde se encontraba su amigo.

—¿Qué tal tu cita con Nathans? —inquirió Septimus.

Ella se cruzó de brazos, de repente sintiéndose a la defensiva.

—Muy bien —mintió—, hasta que tú nos interrumpiste.

Él sonrió de lado, con algo de arrogancia.

—Mentira. ¡Lo estabas pasando fatal! —se burló. Lily estuvo a punto de replicar, pero no dijo nada. Septimus se había puesto serio—. Escucha, Lily… Yo… tengo algo que decirte —parecía que le costaba encontrar las palabras. Ella aguardó—. Lily, yo…

—¿Me dejas por él? —gruñó entonces la voz de Mike Nathans, que acababa de abandonar el local de Madame Pudipié.

—No te dejo por nadie, nunca estuvimos juntos —le dijo Lily.

—¡Por supuesto que te deja, Nathans! —rió entonces Septimus—. Eres un bueno para nada, ¿por qué iba a querer estar contigo en primer lugar? ¡Nunca será tuya!

—¡Yo no soy de nadie! —se quejó Lily, observando a Septimus con reproche. Pero él no le prestaba atención.

—¡Cierra el pico, bicho raro! —le gritó Nathans, con la cara roja de ira.

—¿Y quién va a obligarme, tú? —lo desafió Septimus, sacando su varita.

—¡Basta los dos! —chilló Lily.

Un rayo violeta emergió de la varita de Mike Nathans. Septimus evitó el ataque por muy poco, mientras Lily gritaba que parasen, indignada. El chico de Slytherin se movió rápido hacia un costado y contraatacó. Pero Nathans no era para nada lento, así que también logró evitar el hechizo de Septimus.

Lily los observó a ambos, furiosa, sin poder creer el espectáculo que sus ojos estaban presenciando. Entonces ella misma sacó su varita y conjuró el maleficio Mocomurciélago más poderoso que la comunidad mágica había visto desde Ginevra Weasley.


Notas:

Mil gracias por los comentarios a Soloemma, Andy Voldy, alex (qué bueno que te guste y te mantengan intrigada mi historia :D), montaneriana (Septimus es cabezota, pero no tanto :P), NemesisC, Radioactive Shev, Serena Princesita Hale, ireyick, Luty Malfoy y Cecy Martinez. Como siempre digo, me pone muy contento. ¡70 reviews ya! Juro que al principio no pensé que esta historia me daría tantos buenos lectores como ustedes ^^

Espero que este capítulo les haya agradado. ¿Que piensan de la intervención de Septimus? ¿Y la reacción final de Lily? Es una chica con carácter, ¿no creen? xD

En fin. A la historia no le queda mucho, solamente uno o dos capítulos más :)

¡Nos vemos en la próxima entrega!

Saludos,

Alex Franco.

P.D.: Me hago un poco de publicidad e invito a los interesados a leer mi última viñeta, "J'amerais tellement", un Teddy/Dominique muy cortito :)