10. Sorpresa

Bella POV

Solo había oscuridad, nada más. Era como si una venda tapara mis ojos y no pudiera ver más allá de ella.

¡Maldita sea! ¿Qué sucede? ¿Por qué no obtenía ningún tipo de información viendo su mente? Eso jamás me había sucedido nunca en todos mis años de inmortalidad.

Salí inmediatamente de la cocina. Llegué justo antes de que Edward se marchara. Se dio vuelta y me observó, anhelante. Podía saber exactamente que quería sin necesidad de leer su mente.

-Adiós Edward. Nos vemos mañana- me acerqué conteniendo el aliento y besé su mejilla con delicadeza.

-Adiós. Alice te dirá como llegar a casa.

-Si, claro.

Ni bien se retiró, cerré la puerta y continué respirando. Si bien no me hacía falta hacerlo, ya era una costumbre adquirida luego de tantos años de fingir ante los humanos.

Alice me miró, esperando que dijese algo.

-Lo siento Alice, no quise hacer eso. Menos frente a ti.

-No es culpa tuya Bella, es tu… Naturaleza. Pero de veras temí por ese pobre chico.

-No me lo digas, vi tu cara… Y tus pensamientos. Gracias por haber intervenido. Creo que salvaste una vida hoy.

-Sin tu autocontrol no hubiera servido de nada. Solo quiero hacerte una pregunta.

-Adelante.

-Es que es un tanto incómoda. Temo que te enfades.

-Hazla Alice, sin rodeos. No me molestaré contigo.

-¿A qué huelo? Digo, se supone que distingues a cada uno por su olor. ¿Por qué el es diferente a los demás?

-Bien, por extraño que te parezca, tú me recuerdas a las violetas.

-¿Violetas? Eso si que no me lo esperaba. ¿Y en cuanto a lo demás?

-Creo que eso tendré que contártelo luego.

-¿Por qué?

-Porque están a punto de llegar tus padres. Y no te espera nada agradable.

Edward POV

Salí de la casa mareado y confundido. La cabeza me daba vueltas y solo conseguía pensar en una cosa. Bella.

Tanteé con mis manos mis bolsillos buscando las llaves de mi auto. Había comenzado a llover a cántaros por lo que si no me apuraba me empaparía por completo.

Me costó abrir la puerta pero finalmente entré a la cabina de conductor. Hacía calor comparado con el frío de afuera.

Encendí el motor y arranqué el auto. Tuve que dar un giro en U aunque allí no estuviera permitido.

Una vez en casa, aparqué el coche en la acera y entré. Mamá estaba sentada en su silla favorita. Ni bien me oyó llegar, se dio vuelta y se levantó.

-Edward, ¿dónde estabas? Sabes que no me gusta que te vayas sin avisar.

-Perdona Esme. Salí a dar una vuelta, es que no conseguía dormir.

-Estaba muy preocupada- dijo abrazándome.

-Ay mamá… Siempre tan sentimental. ¿A que no sabes? La casa de los Moore ya ha sido comprada.

-¿Cómo lo sabes?

-Fui allí. Creí que estaría desocupada y por tanto sería un buen lugar para reflexionar y despejarme. Al estacionar mi auto enfrente noté que el cartel de venta no estaba, además de que había un Chrisler aparcado frente a ella. No pude contener la curiosidad, bajé del coche y toqué el timbre.

-No te imagino haciendo ese tipo de cosas. El señor "no me gusta hacer sociales."

-¡Mamá!- grité.

-Shh…No querrás que Emmett se despierte.

-¿Y papá?

-En el hospital. Hubo un accidente, salió hace cinco minutos.

-Oh.

-¿Y quién vivía allí?

-Me atendieron dos chicas muy jóvenes, probablemente de mi edad. Sus nombres son Alice y Bella.

-¿Sólo ellas?

-No creo, pero en ese momento aparentemente no había nadie. Mañana vienen aquí, les haré conocer el pueblo.

-Que amable de tu parte Edward- si, seguramente, lo mío era pura amabilidad. Que ingenua era Esme.

-Bueno, supongo que ya es hora de dormir. Hasta mañana Esme.

-Hasta mañana hijo. Tú podrías llamarme madre ¿no?

-Okay, hasta mañana mamá.

Subí las escaleras despacio. Temía que si iba más rápido tropezaría. Últimamente y, sobre todo, luego de ver a Bella, estaba actuando de manera muy torpe.

Una vez arriba entré al baño, me lavé las manos y salí.

Antes de llegar a mi cuarto, oí los ronquidos desparejos de Emmett, quien dormía en la habitación contigua a la mía.

Me tumbé en mi cama y miré el cielo raso. Bella…

Caí dormido unos instantes después. Y allí comenzó un extraño sueño.