Habían aparecido en mitad de los bosques, tuvieron caminar durante un par de horas para llegar a la casa. Los hechizos protectores no les permitirían transportarse más cerca de eso. Teri lideraba el grupo, al menos lo hacía hasta que Jonathan se puso a su altura. Parecía como si quisiese hablar con ella, pero sin ser él quien iniciase la conversación.
—Siento haber metido a ese chico en todo esto—se disculpó Teri por la presencia de Jace—. Pero encontrar a Valentine y Luke es prioritario a cualquier discusión.
Él asintió sin reprocharle nada. Aquel debía de ser un momento histórico en el que ambos se tragaban su orgullo y mantenían una conversación civilizada. Teri podría acostumbrarse a eso.
—Ya que nos estamos disculpando—empezó a decir él—. Voy a pedirte perdón en nombre de Clarissa e Isabelle, porque tú no tienes la culpa de todo lo que ha ocurrido. Que tu hermano sea malo no quiere decir que tú tengas que serlo.
Retrocedió antes de que ella pudiese decirle nada. Todavía tenía el corazón en un puño cada vez que alguien le echaba en cara que su hermano era el villano de la historia, una parte de ella siempre seguiría apostando por su inocencia. O al menos por una justificación racional para sus actos. Echó la vista atrás para ver a Jonathan junto a su hermana, era reconfortante y extraño saber que tenía un lado amable para ella también.
Encendió el cigarrillo que llevaba en sus labios, pronto anochecería así que tenía que dar prisa. Algo se estaba gestando en el Mundo de las Sombras, había informado a la Clave de ello, pero en Idris habían sido atacados y todos estaban como pollo sin cabeza intentando adivinar qué hacer a continuación. A Tatia lo que más le preocupaba era el bienestar de Jon, alguien lo quería muerto y ella no descansaría hasta tener la cabeza de quien había dado esa orden. Apagó la colilla con la punta de su bota y entró en la cafetería hasta la que se había desplazado, era un lugar que rara vez frecuentaban subterráneos o nefilim, un lugar única y exclusivamente de mundanos. El lugar perfecto para reunirse con alguien sin que nadie lo supiese. Se sentó tras una columna que ocultaba una mesa para dos. La pared del local estaba hecha con piedra auténtica, una de ellas estaba algo suelta. Tatia la sacó, asegurándose de que nadie la veía. En su interior había un teléfono móvil. Escribió con él un mensaje y volvió a guardarlo en el mismo lugar, justo antes de que el camarero se acercase a preguntarle qué iba a tomar. Pidió un café para entrar en calor, lo bueno de ese sitio era que cerraba tarde, lo que lo convertía en un lugar ideal para reunirse con criaturas de la noche. A partir de ese momento vio a gente entrar y salir hasta que las luces de las farolas se encendieron, anunciando el fin del día. No más de veinte minutos después de que eso ocurriese, la puerta se abrió de nuevo, por ella entró una joven asiática con chaqueta de cuero y botines con tacón. Se sentó frente a Tatia.
—Espero que sea importante—dijo la vampiresa molesta—. Raphael y los demás iban a ir a una fiesta.
—Siento estropear tu fascinante vida social, Lily—le contestó Tatia con sarcasmo.
La subterránea no cambió un ápice de su expresión neutral.
—Si hablas rápido, las dos saldremos ganando.
Tatia suspiró, tratar con Lily Chen podía ser un auténtico quebradero de cabeza. No era simpatizante de los nefilim, pero por alguna razón que escapaba a su comprensión, no le desagradaba la compañía de Tatia. Eso era un gran punto a su favor, ya que la vampiresa era su único contacto seguro en el Mundo de las Sombras. Habían hecho tratos con anterioridad en los que ambas acababan siempre saliendo beneficiadas.
—Alguien ha intentado matar a Jon—dijo la nefilim y la otra mujer la miró como si estuviese a punto de encogerse de hombros, no sera ninguna sorpresa que intentasen acabar con un cazador de sombras— . Alguien que se hace llamar el Maestro.
La mención de ese título hizo removerse a la vampiresa en su sitio. Tatia supo que había acertado de nuevo con su corazonada, Lily sabía algo.
—No hablo asuntos de subterráneos con nefilims.
—Lily.
—Bueno, tú me resultas...soportable—hizo una mueca al decir eso—. Haré una excepción contigo. Esto es todo lo que sé: existe un Maestro al que nadie ha visto, pero es un subterráneo. Uno muy fuerte y que guarda un gran rencor a los nefilim.
Asimiló las palabras de Lily, lo único que le había aportado era la naturaleza del Maestro, no sabía cuánto podría rascar de ahí, pero al menos tenía algo. Su próximo objetivo podría ser descubrir qué clase de subterráneo era y quizás de esta forma podría llegar a localizarlo.
—Gracias por tu ayuda.
Cogió un sobre del bolsillo interno de su chaqueta y lo puso sobre la mesa, lo empujó para que la mano de la vampiresa se hiciese con él. Dentro no había dinero, no era esa la clase de pago que necesitaba la subterránea. Se puso en pie para marcharse.
—Ten cuidado—dijo la voz de Lily a su espalda, se giró para mirarla, ella apartó la vista y la volvió a centrar en el sobre—. Ya sabes, no me haría gracia que muriese la única nefilim que no apesta.
Tatia le dedicó una media sonrisa.
—Cuídate tú también, Lily.
Finalmente llegaron a casa de los Herondale. No era precisamente modesta, aunque tampoco se podía equiparar a las mansiones que tenían en Idris. Sin duda tenía todo lo necesario para albergar a una gran familia si se lo proponía. Su fachada gris verdoso se mimetizaba con la arboleda a su alrededor. Jonathan vio a Teri sacar una llave con la que abrió la puerta. El interior olía a humedad y madera vieja. La joven Herondale cogió una piedra de luz mágica de su mochila y la puso en un hueco de la pared. Al hacer esto, toda la casa empezó a iluminarse. Jonathan se fijó en cada pequeño detalle de la casa, le resultaba fascinante. Esta llena de fotografías hechas con cámaras mundanas. Había libros apilados en distintos rincones, como si no hubiese estanterías suficientes para guardarlos todos. Había caos y al mismo tiempo orden. Teri señaló una de las puertas.
—Dejad vuestras cosas en el salón.
Todos obedecieron, menos Jonathan. Él se quedó con Teri en la entrada, vio que esta no podía apartar la vista de una fotografía familiar. Los Herondale eran más jóvenes, Luke apenas tendría cuatro años y ya tenía un aire siniestro que le daba escalofríos. Había otra fotografía, una más antigua en la que salía una versión adolescente de Amatis junto a un joven que se daba un aire a ella. La curiosidad pudo con él, se acercó más a Teri, provocando que ella se sobresaltase.
—¿Quién es?
Ella miró la fotografía, torció los labios.
—Es Lucian es...era mi tío.
Teri apartó la vista. Jonathan supo que no era buena idea indagar más, no iba a quebrantar la calma que por fin habían alcanzado. Prefería no discutir con ella, algo que empezaba a creer imposible. Si conseguían encontrar a su padre y llevarlo de vuelta a casa, quizás pudiesen aprender a ser amigos. Helen apareció de repente, parecía decepcionada.
—¿Dónde se supone que está la mandrágora?
Los dos miraron a la chica Herondale. Ella se mordió el labio y miró al techo, como si acabase de darse cuenta de algo.
—No lo recuerdo—confesó en voz baja—. Yo...no pude recordarlo. Pero tengo claro que está en la casa.
—Está bien—dijo Jonathan ganándose una mirada de sorpresa de ambas chicas, frunció el ceño—. La casa es bastante amplia, será mejor que nos dividamos.
